UNIVERSIDAD DE MALAGA Facultad de Filosof?a y Letras MUJER Y SALUD: LAS ESCUELAS DE MEDICINA DE MUJERES DE LONDRES Y EDIMBURGO TESIS DOCTORAL Presentada por D?. PILAR IGLESIAS APARICIO Dirigida por el Dr. D. JUAN JES?S ZARO VERA M?laga 2003 A mi marido e hijos con cari?o JUAN JES?S ZARO VERA, Doctor y Profesor Titular del departamento de Traducci?n e Interpretaci?n de la Universidad de M?laga, CERTIFICA que la tesis doctoral Mujer y salud: las escuelas de Medicina para mujeres de Londres y Edimburgo ha sido realizada bajo mi direcci?n y re?ne las condiciones suficientes para ser presentada y defendida en sesi?n p?blica con vistas a la obtenci?n del grado de doctora. Y para que conste a los efectos oportunos, firmo el presente certificado en M?laga a 30 de mayo de 2001. Firmado: Juan Jes?s Zaro Vera. Mujer y Salud Introducci?n 1 INTRODUCCI?N Elecci?n y justificaci?n del tema Cuando hube de determinar un tema de investigaci?n para la tesis doctoral, durante el primer a?o del bienio 1994-96 en que realic? los Cursos de Doctorado, tom? la decisi?n de investigar sobre alguna mujer anglosajona que hubiese realizado una labor con repercusi?n social. El azar me llev? a encontrar el nombre de una mujer, Elsie Inglis, doctora y sufragista y decid? centrar mi trabajo en ella. Posteriormente, la propuesta de la Dra. B?rbara Ozieblo de realizar un trabajo de investigaci?n sobre la primera mujer graduada en medicina en los Estados Unidos, me puso en contacto con la figura de Elizabeth Blackwell. Y as? naci? ya mi voluntad de dedicar la tesis doctoral al estudio de las pioneras de la medicina en Inglaterra y la creaci?n de la escuela de medicina de mujeres de Londres, tarea que me ha acompa?ado los siete ?ltimos a?os. Ahora bien, si Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett o Sophia Jex-Blake, hubiesen sido hombres, esta tesis no habr?a sido escrita, pues los hechos descritos en ella no habr?an sucedido. Si hubieran sido hombres, habr?an accedido sin dificultad a las aulas de las universidades de su ?poca, habr?an realizado las pr?cticas pertinentes en las salas de los hospitales sin obst?culo alguno, se habr?an presentado a las pruebas de un tribunal examinador sin encontrar trabas para ello, y nadie habr?a discutido la oportunidad de su pertenencia a una sociedad m?dica. Pero encontraron obst?culos y Mujer y Salud Introducci?n 2 trabas. Y ello se debi? ?nicamente a su condici?n de mujer, de persona del sexo femenino. Por tanto, esta tesis, debe inscribirse dentro del ?mbito de los Estudios de la Mujer. Es una tesis de g?nero. Porque no hablamos de hechos aislados, de la an?cdota de tres historias individuales: hablamos de que la mitad de los seres humanos han sido durante siglos considerados como inferiores, enfermos, tendentes a la inestabilidad ps?quica, c?mplices del diablo, dependientes de otros seres humanos, intermedios entre el hombre y el animal en la escala evolutiva, incapaces de realizar actividades intelectuales y de ostentar cargos de responsabilidad en la sociedad, inestables, maliciosos, d?biles de raz?n y dominados por su sensualidad y sus emociones; y han sido excluidos de derechos personales y civiles; todo ello, a?n vigente en parte en la actualidad, en raz?n del hecho radical de pertenecer al sexo femenino. Es por ello, que gran parte de la tesis es un recorrido por siglos anteriores a aquel en que sucedieron los hechos objeto de la misma, y una mirada a las mujeres a lo largo de la historia. Constituye esta tesis, pues, una m?nima contribuci?n a los estudios sobre la historia de las mujeres realizados en las universidades espa?olas, aportando informaci?n sobre un cap?tulo m?s en el caminar de la mujer hacia la consecuci?n de sus derechos como persona, su dignidad y su libertad. Organizaci?n de la Tesis Esta tesis pretende aportar a los Estudios de la Mujer realizados en la universidad de M?laga informaci?n sobre un cap?tulo concreto de esa historia: la lucha librada por las mujeres en Inglaterra, en la segunda mitad del siglo XIX, para acceder a la ense?anza y el ejercicio profesional de la medicina como doctoras, y la creaci?n de escuelas de medicina para mujeres como medio para conseguir su objetivo, ante la imposibilidad de ser admitidas en las facultades y escuelas existentes. Ahora bien, al realizar mi investigaci?n sobre este tema, encontr? que los argumentos esgrimidos para impedir el acceso de la mujer a los estudios superiores y la pr?ctica de la medicina ten?an su fundamento en una visi?n de la mujer cimentada en presupuestos religiosos, antropol?gicos, m?dicos, que a su vez se enraizaban en creencias y pr?cticas anteriores, y nos llevaban a los or?genes de nuestra cultura. Ello ha hecho que la tesis comience con un cap?tulo dedicado a la visi?n de la mujer en el mundo cl?sico, fundamentalmente en aquellos textos fuente del conocimiento m?dico durante siglos: Mujer y Salud Introducci?n 3 el corpus hipocr?tico, Arist?teles, y Galeno. En el cap?tulo II, recorremos la visi?n de la mujer desde la Edad Media hasta el siglo XIX, a trav?s de la religi?n, la medicina y la filosof?a. Y ambos son la antesala de los cap?tulos III y IV, en que nos centramos en la visi?n de la mujer en el siglo XIX. En ellos analizamos los argumentos aportados por la antropolog?a, la biolog?a, la craneolog?a, el evolucionismo, la psicolog?a y la ginecolog?a, para seguir construyendo una imagen de mujer que justificaba su exclusi?n social. Pero si los perjuicios contra la mujer tienen un asentamiento hist?rico, en lo que es, en fin, la historia del patriarcado, tambi?n la lucha de las pioneras de la medicina moderna, debe enraizarse en la historia de la mujer en un triple sentido. Por una parte es preciso relacionar el movimiento de mujeres doctoras con el quehacer de la mujer para conseguir su dignidad y desarrollo personal pleno a lo largo de los siglos anteriores; por otra parte, es preciso ver su relaci?n con el movimiento de mujeres del siglo XIX, cuna del feminismo moderno, del que es parte constituyente. Y, por ?ltimo, es preciso tambi?n tener en cuenta la presencia de la mujer en el cuidado de la salud y entroncar la historia de las doctoras pioneras con la larga historia de la mujer como sanadora. Por ello, dedicamos el cap?tulo V a la lucha por los derechos de la mujer a lo largo de los siglos, y el VI a la historia del papel de las mujeres en el cuidado de la salud. En los cap?tulos posteriores, se hacen m?ltiples referencias al movimiento de mujeres en el siglo XIX. El cap?tulo VII sirve de clarificaci?n de algunos datos y conceptos relativos a la organizaci?n de la clase m?dica y de la ense?anza de la medicina, imprescindibles para comprender los avatares de las mujeres doctoras al tratar de incorporarse a las escuelas de medicina y la pr?ctica profesional. El objeto principal de estudio de esta tesis tiene unas protagonistas con nombres y apellidos y era preciso, pues, hacer un breve estudio biogr?fico de las mismas. Ello se lleva a cabo en los cap?tulos VIII, IX y X, quedando el cap?tulo XI dedicado, fundamentalmente, al tratamiento dispensado por la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo a Sophia Jex-Blake y sus compa?eras. Los cap?tulos XII y XIII se centran en la historia de las escuelas de medicina de mujeres de Londres, Edimburgo y Glasgow. En ellos se hace referencia a la formaci?n de doctoras para la India, y en la creaci?n de los hospitales de campa?a de mujeres durante la primera guerra mundial. El cap?tulo XIV se refiere a otra importante labor de las doctoras pioneras: la creaci?n de hospitales de mujeres, dirigidos y atendidos ?nica y exclusivamente por personal femenino. Mujer y Salud Introducci?n 4 La tesis finaliza con unas conclusiones y se completa con una amplia bibliograf?a relacionada con los temas tratados en los distintos cap?tulos, y tres Anexos, en los que se recogen diversos documentos. El Anexo I recoge el juramento que deb?a formular ante el obispo la mujer aspirante a comadrona licenciada en la Inglaterra del siglo XVII. En el Anexo II se incluyen veinticinco textos relacionados con los hechos acaecidos en la universidad de Edimburgo entre los a?os 1867 y 1874, y el Anexo III reproduce el contenido del folleto informativo sobre la escuela de medicina de mujeres de Londres del curso 1891-92. Evidentemente, el tema de la mujer en la historia de la salud, como receptora y dispensadora del cuidado, es tan amplio que cualquiera de los cap?tulos podr?a haber derivado en una tesis completa. La numeros?sima cantidad de estudios sobre la mujer en habla inglesa, realizados tanto en Inglaterra como en Estados Unidos durante los ?ltimos a?os, ha hecho dif?cil la selecci?n de la bibliograf?a a consultar. Fuentes consultadas e investigaci?n de campo Comenc? la b?squeda de referencias bibliogr?ficas sobre Elizabeth Blackwell en el departamento de Historia de la Medicina de la universidad de M?laga. Consult? asimismo, en aquellos primeros pasos iniciales, las bibliotecas de la facultad de Medicina de la universidad Complutense y del Instituto Internacional de Madrid. Obtuve mis primeras fuentes sobre estudios de g?nero e historia de las mujeres en las bibliotecas de las facultades de Filosof?a y Educaci?n de la universidad de M?laga, y, muy especialmente, en el fondo cedido por la Asociaci?n de Estudios Hist?ricos sobre la Mujer a la Biblioteca General. Gran parte de las obras consultadas han sido facilitadas por la Wellcome Library de Londres, directamente, durante mis visitas a la misma, y, sobre todo, a trav?s del servicio de pr?stamo interbibliotecario de la facultad de Filosof?a de la universidad de M?laga. He completado mi investigaci?n con visitas a la ciudad de Londres, donde he consultado los fondos de la Wellcome Library y el Archivo del Royal Free Hospital, que conserva la documentaci?n relativa a la historia de la London School of Medicine for Women, visitando asimismo otros centros de inter?s para el tema de la tesis como el museo de Florence Nightingale y The Garrett, quir?fano del siglo XIX situado en la torre de St. Thomas?. He visitado asimismo la ciudad de Hastings, cuna de Sophia Jex- Blake y residencia de Elizabeth Blackwell durante los ?ltimos a?os de su vida, en cuyo Mujer y Salud Introducci?n 5 museo tuve acceso a algunos art?culos y documentos relativos a ambas doctoras. He visitado diversos hospitales de la ciudad de Londres: London Hospital, St. Thomas?, St. Bartholomew?s, y el Royal Free Hospital. En las visitas a estas instituciones he tenido acceso asimismo a bibliograf?a de gran utilidad en la redacci?n de la tesis. He realizado tambi?n un reportaje fotogr?fico de algunos de los lugares relacionados con las doctoras pioneras y la London School of Medicine for Women, en las ciudades de Londres y Hastings. Significaci?n personal Esta tesis no ha sido redactada, como hubiera sido deseable, desde la tranquilidad de una dedicaci?n casi exclusiva a la tarea de investigaci?n. La b?squeda de material ha sido llevada a cabo, en parte, en tiempo robado a las vacaciones y a m?ltiples obligaciones que por circunstancias personales y familiares han poblado estos a?os. La imposibilidad de gozar de una beca de investigaci?n, al no existir actualmente las licencias por estudio para personal docente de la Consejer?a de Educaci?n de la Junta de Andaluc?a, ha hecho preciso combinar la redacci?n de la tesis con la tarea escolar, mezcl?ndose las historias de las mujeres del pasado con los tab?es que a?n pesan sobre nuestras adolescentes. Personalmente, la elaboraci?n de esta tesis me ha supuesto un peregrinaje, un camino inici?tico de encuentro con mis ra?ces como mujer. De la riqueza aportada a nivel personal, s?lo yo puedo dar fe. De su valor acad?mico, le toca juzgar al tribunal competente. Agradecimientos En primer lugar al Curso de Doctorado de Estudios Hist?ricos de la Mujer, que me permiti? entrar en contacto con la historia de las mujeres. Al departamento de Historia de la Medicina, de la facultad de Medicina de la universidad de M?laga, que me abri? amablemente sus puertas al comienzo de mi andadura como investigadora. A los servicios de Biblioteca y Hemeroteca de esta universidad y, muy especialmente, a Gracia Navas por su gentileza personal y su diligencia en la consecuci?n de material de pr?stamo interbibliotecario. A Victoria North, encargada del archivo del Royal Free Hospital de Londres, que me brind? su colaboraci?n para investigar en el mismo. A Mujer y Salud Introducci?n 6 Neil McIntyre, profesor de la facultad de Medicina de Londres, autor de un libro sobre la London School of Medicine for Women, de pr?xima publicaci?n, que amablemente acept? revisar el cap?tulo dedicado a la misma. A Juan Jes?s Zaro, director de la tesis, por su apoyo y confianza desde el momento de comienzo de la investigaci?n. A todas aquellas personas de mi ?mbito personal, familiar y de amistad, que me acompa?aron y animaron en estos a?os, muy especialmente a mis amigas y compa?eras de trabajo, que compartieron conmigo muchas charlas sobre mi investigaci?n, y a Felipe-Miguel Escudero Rodr?guez, mi compa?ero en la vida real, que ha sido, adem?s, el realizador del reportaje fotogr?fico que acompa?a la tesis. A todos, gracias. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 7 CAP. I. LA VISI?N DEL CUERPO DE LA MUJER EN EL MUNDO CL?SICO ?Men and women are essentially different creatures, not only in their biological equipment, but in their needs, capacities and functions. Men and women also differ in the way they were created and in the social function assigned to them by God. Men are ?naturally? superior, stronger and more rational, therefore designed to be dominant?Women are ?naturally? weaker, inferior in intellect and rational capacities, unstable emotionally and therefore incapable of political participation? Men, by their rational minds, explain and order the world. Women by their nurturant function sustain daily life and the continuity of the species. While both functions are essential, that of men is superior to that of women? Men have an inherent right to control the sexuality and the reproductive functions of women, while women have no such right over men. Men mediate between humans and God. Women reach God through the mediation of men.? 1 I. La construcci?n cultural de la diferenciaci?n sexual ?Existen realmente dos sexos? ?En qu? y c?mo nos diferenciamos hombres y mujeres? Seg?n lo que denominar?amos saber vulgar, la respuesta ante esta pregunta puede ser la de que es ?obvio y objetivo que hay hombres y mujeres?. Pero, realmente, desde un conocimiento m?dico y cient?fico, esto es todo menos obvio. S? podemos observar en todo caso que la mayor?a de seres humanos presentan caracteres sexuales primarios diferenciados en la edad adulta y que, la mayor parte de esta mayor?a, 1 Lerner, Gerda. The Creation of Feminist Consciousness. From the Middle Ages to Eighteen-Seventy. O.U.P. Oxford, 1993, pp. 3-4 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 8 presenta caracteres sexuales secundarios que permiten la diferenciaci?n: mayor cantidad de vello en el hombre, mamas m?s desarrolladas en la mujer, etc., sobre todo durante los a?os que podemos considerar de capacidad reproductora. Podr?amos asimismo afirmar que la diferencia radical es que la mujer posee ?tero y el hombre pene, que la mujer pare y el hombre no. Pero, como los profesionales de la medicina conocen por experiencia, en ocasiones se atribuye el sexo femenino a beb?s que carecen de ?tero y ovarios, pero que no presentan tampoco ?rganos genitales masculinos, aunque su sexo cromos?mico sea XY. Y hasta ah? llega lo que podemos considerar objetivo y obvio. Tambi?n podemos afirmar que gran cantidad de seres humanos tienden a aparearse con otros seres humanos de distinto sexo, siendo, por tanto, heterosexuales, si bien el placer sexual puede ser conseguido de otras formas (masturbaci?n, relaci?n homosexual...), y un gran n?mero de seres humanos viven una identificaci?n sexual distinta de la que determinan sus ?rganos genitales y sus cromosomas. ?Son la diferenciaci?n cromos?mica, as? como la anat?mica y fisiol?gica, suficientes para determinar la formaci?n del concepto de hombre y mujer, en diferentes momentos de la historia? ?Lo son para justificar la asignaci?n de diferentes roles sociales en las distintas culturas? Tambi?n es obvio que no. Seg?n Raquel Osborne, ?nadie niega que haya que conceptualizar de alguna forma las diferencias entre el macho y la hembra humanos, porque su anatom?a y sus capacidades reproductoras difieren, al menos por ahora.? 2 Sin embargo, "resulta cuando menos pobre un an?lisis que limite la riqueza de lo real a tan s?lo dos tipos absolutos, en este caso el femenino y el masculino. De esta forma, se reduce toda la posible variedad de actitudes y comportamientos del ser humano a esa pareja de variantes que, a fuerza de simplificaci?n, resulta un vulgar estereotipo de realidades mucho m?s complejas y amplias. Un rasgo a?adido de quienes utilizan las dicotom?as en un sentido manique?sta y no dial?ctico consiste en que acaban proponiendo un sistema de segregaci?n sexual, porque si el universo mundo no se divide m?s que en dos partes, y una de ellas es superior a la otra, no se puede abogar sino porque contin?e separado lo que, a su juicio, ya lo est? de hecho.? 3 La mente humana, para manejar y aprehender la realidad compleja e inaprensible, impone sobre ella esquemas mentales, tal como el principio de contradicci?n. La dicotom?a hombre-mujer hay que entenderla, m?s que como una realidad dada por la biolog?a, como una construcci?n mental elaborada a partir de datos 2 Osborne, Raquel. La Construcci?n Sexual de la Realidad. C?tedra. Madrid, 1993, p. 56 3 Idem. pp. 61-62 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 9 fisiol?gicos, anat?micos, ideol?gicos, culturales, etc., que nos ayuda a clasificar la variada complejidad de los seres humanos. Tendr?amos que imaginar la sexualidad humana m?s bien como un cont?nuum en que convergen variad?simos aspectos y matices situ?ndose cada ser humano en un punto, o en distintos puntos del cont?nuum en diferentes momentos de su vida, y no como dos opuestos: hombre-mujer. ?C?mo se construye el sexo y el g?nero culturalmente? ?C?mo se han construido a lo largo de la historia? ?C?mo construye cada ser humano su identidad sexual a partir de diversos factores biol?gicos, psicol?gicos, culturales, sociales, etc.? Los conceptos de sexo y g?nero son construcciones mentales que var?an en cada ?poca y en los que influyen de forma notable elementos ideol?gicos, religiosos, prejuicios culturales, etc. En general un individuo es adscrito a un sexo u otro desde el nacimiento ante la evidencia de los genitales externos. Existe una correlaci?n obvia entre los genitales y el papel de un individuo en la propagaci?n de la especie, pero ninguna cultura considera la diferencia en los genitales externos como suficiente por s? misma para justificar la completa separaci?n entre los roles masculino y femenino en la sociedad. M?s bien, las culturas justifican esta divisi?n bas?ndose en otros rasgos menos aparentes, de orden f?sico, mental y emocional, que se suponen son diferenciadores de los sexos de forma natural. Los rasgos que en una cultura se atribuyen como naturales, propios de la forma de ser masculina o femenina, forman la construcci?n del sexo en esa sociedad, pudiendo variar ampliamente de una a otra cultura, y de una a otra ?poca. Se trata de estereotipos a los que a menudo no se ajustan las personas concretas. Los roles sociales atribuidos a cada sexo vienen a constituir el g?nero, y se justifican en nombre de los rasgos naturales propios de cada sexo. Como veremos a lo largo de la tesis, en distintas ?pocas, la filosof?a y la ciencia vienen a proporcionar argumentos que justifican y consolidan los prejuicios impuestos desde la religi?n y la organizaci?n social, sin cuestionarlos. ?C?mo se construye la visi?n de la mujer en la ?poca victoriana, momento hist?rico en que vivieron las doctoras objeto de estudio en esta tesis? Dada la influencia que el pensamiento cl?sico tiene en la visi?n de la mujer y la sexualidad femenina a lo largo de la historia, y de forma importante en el siglo XIX, resulta fundamental realizar en este cap?tulo un breve an?lisis de la visi?n del cuerpo y la fisiolog?a de la mujer en el mundo griego y latino. En el siguiente cap?tulo estudiaremos las corrientes ideol?gicas, filos?ficas y cient?ficas de siglos posteriores que contribuir?n asimismo a la construcci?n de la visi?n del cuerpo y la psique de la mujer victoriana. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 10 II. La construcci?n de sexo y g?nero en el mundo griego Es preciso tener en cuenta el fondo social e ideol?gico en que se gestan las concepciones cient?ficas de los autores estudiados. Aunque en la Grecia antigua, la mujer parece haber gozado de mayor importancia, la mujer ateniense de la ?poca cl?sica es un ser inferior, sin derecho a la ciudadan?a, relegada al gineceo como esposa y madre de futuros ciudadanos, o concubina del se?or del oikos; amante culta de lujo en el caso de las hetairas, o simple esclava o prostituta. Los pensadores y literatos griegos la suponen d?bil, inclinada a la bebida y al desenfreno sexual. La diferenciaci?n sexual queda explicada en el mito griego de la creaci?n de la primera mujer, Pandora, recogido por Hes?odo, quien presenta a la humanidad como formada originariamente por un solo sexo, el masculino. En la tradici?n judeocristiana y en los mitos de creaci?n de otras muchas culturas, el hombre tambi?n aparece antes que la mujer, y ?sta procede posteriormente del cuerpo masculino, lo que significa que comparte el origen con el hombre, pero est? subordinada a ?l. Zeus env?a la mujer a los hombres como castigo por haberles sido entregado el fuego robado por Prometeo. Es modelada con agua y arcilla por Hefestos el Patizambo. Atenea la engalana y le ense?a a tejer. Afrodita le infunde una irresistible sensualidad y Hermes le concede una mente c?nica y un car?cter voluble. La mujer, pues, ?es un mal, un mal tanto m?s temible cuanto m?s apasionadamente lo buscan quienes lo padecen; un mal adornado con todo tipo de seducciones y capaz de toda clase de artima?as; un mal del que sin embargo el hombre no puede prescindir.? 4 Pandora es la primera novia, que ser? desposada por Epimeteo, para salvar ?ste a su hermano Prometeo de la furia de Zeus. Pandora es la portadora de la caja que encierra ?todos los males que pod?an infestar a la humanidad, como la Vejez, la Fatiga, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasi?n.? 5 , y al abrirla, traer? todos los males, desgracias y cat?strofes a la vida del hombre. Esta visi?n negativa y culpabilizadora de la mujer es fundamental para comprender muchas de las interpretaciones de procesos fisiol?gicos y psicol?gicos femeninos. ?Por qu? construye el hombre esta visi?n? Seg?n Peter Walcott, ?The Greeks believed women to be incapable of not exercising their sexual charms and that the results were catastrophic, irrespective of whether or not women set out to cause trouble 4 Mosse, Claude. La Mujer en la Grecia Cl?sica. Editorial Nerea. Madrid, 1990, p. 109 5 Graves, Robert. Los Mitos Griegos. Vol. I. Alianza Editorial. Madrid, 1996, p. 185 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 11 deliberately or acted in a blissful ignorance, of what they were doing...? 6 ?Cu?l puede ser la causa profunda de esta actitud? Seg?n el mismo autor, ?Greek attitudes towards women were conditioned by man's fear of woman?s sexuality?. 7 Las interpretaciones cient?ficas proporcionan la justificaci?n racional para el mantenimiento del patriarcado y la relegaci?n de la mujer. Podemos decir, siguiendo a Kate Millet, que la imposici?n del dominio masculino en el patriarcado, al igual que en otras formas de dominaci?n, como el racismo o la esclavitud, ?is justified on the grounds that the ?enemy? is either an inferior species or not human at all. The patriarchal mentality has concocted a whole series of rationale about women which accomplish this purpose tolerably well. And these traditional beliefs still invade our consciousness and affect our thinking to an extent few of us would be willing to admit.? 8 III. Las Fuentes Las fuentes fundamentales, en que nos centraremos para el estudio de la visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico, ser?n el corpus hipocr?tico, Arist?teles y Galeno. El Corpus Hipocr?tico y los tratados de biolog?a de Arist?teles Hip?crates fue un m?dico contempor?neo de S?crates, originario de Cos, que escribi? sus obras en j?nico, por ser el dialecto literario de su ?poca. Por ello, el j?nico qued? posteriormente como lengua de los escritos m?dicos en Grecia. El corpus hipocr?tico es una colecci?n de unos sesenta tratados de medicina, escritos probablemente entre la segunda mitad del siglo V y la primera mitad del siglo IV a. C. Por tanto, no todos los autores fueron contempor?neos ni todos proced?an de la Jonia aunque utilizasen tal dialecto por la raz?n indicada anteriormente. Tampoco se sabe con exactitud cu?ntos tratados pueden atribuirse a la autor?a directa de Hip?crates. Su contenido es variado, y no ofrecen una teor?a m?dica uniforme, ni siquiera aquellos que se han atribuido generalmente a Hip?crates. Lo que s? tienen en com?n es que sus autores son m?dicos con experiencia que parten de la observaci?n de los pacientes en vez de razonamientos abstractos, como en el caso de Arist?teles, y est?n escritos con la finalidad, eminentemente pr?ctica, de mejorar la actividad terap?utica, y no de 6 Walcott, Peter. Women, the Mythological Evidence, en MacAuslan, Peter y Walcott, Peter (edits.) Women in Antiquity. O.U.P. Oxford, 1996, p. 93 7 Idem, p. 100 8 Millet, Kate. Sexual Politics. Virago Press Ltd. (5?. edic.). Londres, 1989, p. 46 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 12 establecer teor?as acad?micas. De estos sesenta tratados, diez est?n dedicados a temas ginecol?gicos. Los hipocr?ticos no realizaron disecciones del cuerpo humano, ni tampoco llevaron a cabo disecciones de animales, con objeto de extrapolar sus descubrimientos para un mejor conocimiento de la anatom?a y fisiolog?a humanas. Otra caracter?stica com?n, es que tratan de explicar las funciones corporales y las enfermedades como resultado de causas naturales, sin intervenci?n sobrenatural. Pretenden, pues, dar explicaciones cient?ficas y no m?gicas. Los hipocr?ticos consideraban que el cuerpo humano estaba formado por cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. En la misma ?poca en que fueron escritos los tratados hipocr?ticos, ?there were non-Hippocratic physicians writing at this time, notably those of the Sicilian ?school?, Acron adn Philistion.? 9 Exist?an, pues, otras escuelas en Grecia, especialmente la escuela de Sicilia, con los doctores-escritores Acron y Filisteon, mucho menos emp?ricos, y que basaban sus conocimientos de fisiolog?a en los cuatro elementos y el pneuma, en vez de la teor?a de los humores hipocr?tica, pero apenas han sobrevivido algunos fragmentos de sus escritos. En la segunda mitad del siglo IV, posteriormente a la mayor?a de los tratados hipocr?ticos, Arist?teles insistir? fundamentalmente en la diferencia fr?o-caliente y h?medo-seco. Tres de sus obras resultan fundamentales en el tema que nos ocupa: la Historia de los Animales (HA) las Partes de los Animales (PA), y Generaci?n de los Animales (GA). Explicaremos aqu? brevemente la teor?a de los humores, atribuida a los hipocr?ticos, y completada despu?s por Galeno, m?dico romano del siglo II d. C. Galeno ?tras la huella de Arist?teles, establece que todo est? compuesto de cuatro elementos: fuego, aire, tierra y agua. A los elementos, constitutivos de la materia, vienen a agregarse, de dos a dos, las cuatro cualidades de lo caliente, lo fr?o, lo seco y lo h?medo.? 10 Cada humor queda adem?s relacionado con uno de los cuatro temperamentos: col?rico, sangu?neo, flem?tico, y melanc?lico. El fuego, caliente y seco, se relaciona con la bilis amarilla y el car?cter col?rico; el aire, caliente y h?medo, con la sangre y el temperamento sangu?neo; la tierra, fr?a y seca, con la bilis negra y el temperamento melanc?lico, y, finalmente, el agua, fr?a y h?meda, con la flema y el temperamento flem?tico. 9 Dean-Jones, Lesley Ann. Women?s Bodies in Classical Greek Science. Clarendon Press. Oxford, 1996, p. 13 10 Thomasset, Claude. La Naturaleza de la Mujer, en Historia de las Mujeres. 2. La Edad Media. Taurus. Madrid, 2000, pp. 72-104, p. 78 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 13 Los planetas estaban tambi?n asociados con los distintos elementos y sus cualidades, al igual que los distintos alimentos. El cuerpo humano quedaba as? ligado al cosmos, y todas sus funciones fisiol?gicas y sus caracter?sticas psicol?gicas eran explicadas por la misma teor?a. Las emociones pod?an modificar el nivel de calor y humedad del cuerpo. La enfermedad era un desequilibrio en la combinaci?n de los humores y pod?a ser tanto causa o resultado de un estado emocional. Las terapias iban encaminadas a reestablecer la armon?a. Muchas de las interpretaciones del cuerpo humano y de la sexualidad, as? como las terapias aplicadas durante siglos, tuvieron como base esta teor?a. Los escritos aristot?licos e hipocr?ticos respecto a la anatom?a y fisiolog?a de la mujer parecen oponerse en diversos aspectos. Y el hecho es que la teor?a aristot?lica de la fisiolog?a femenina desplaz? a la hipocr?tica y nos fue posteriormente legada a trav?s de Galeno, dominando la medicina occidental hasta el siglo XVIII. La medicina en Alejandr?a En los dos siglos siguientes a la muerte de Alejandro el Grande en el 323, el foco de la actividad cient?fica pas? de Grecia a Egipto. En esta ?poca comenzaron a practicarse disecciones de cad?veres, lo que forzosamente hubo de modificar la opini?n de los doctores sobre el cuerpo humano. Sin embargo, los escritos m?dicos de esta obra se perdieron, salvo peque??simos fragmentos. Destacan Her?filo, Padre de la Anatom?a (primera mitad del siglo III a. C.), quien escribi?, al menos, un tratado de ginecolog?a, y Erasistrato, Padre de la Fisiolog?a. Her?filo pose?a un conocimiento m?s completo del cuerpo humano porque practicaba disecciones de cad?veres, aunque algunas de sus descripciones de la anatom?a femenina manifiestan la influencia de haber practicado disecciones de animales hembras. Fue el primero en describir los ovarios. Es citado por Sorano y Galeno como autoridad en aquellos pasajes que ponen el bienestar de la mujer por delante de su capacidad reproductora. Su enfoque se acerca m?s a Arist?teles que a los hipocr?ticos, pues consideraba que los ?rganos sexuales masculinos y femeninos estaban formados por las mismas partes y eran an?logos. La medicina en Roma Durante esa misma ?poca, el tratamiento de las enfermedades en Roma depend?a en gran parte de los cabezas de familia, que se guiaban por las instrucciones de los populares manuales de cuidados m?dicos. El primer texto que marca el triunfo de la Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 14 medicina griega en Roma es el de Celso en el siglo I d. C. Se conservan sus ocho libros De Medicina, escritos en lat?n, con referencias a la fisiolog?a femenina en el libro tercero. Plinio el Viejo, tambi?n del siglo I, escribi? una Historia Natural en 37 libros. Sorano, nacido en Efeso, se form? en Alejandr?a y practic? en Roma durante el final del siglo I y comienzos del II. Escribi? varios tratados m?dicos en griego. Tan s?lo sobrevive su Ginaecia, tratado en cuatro libros, que tratan de la fisiolog?a femenina, su patolog?a, la concepci?n, el embarazo y el parto y el cuidado del reci?n nacido y el beb?. Sorano es el principal representante de los metodistas, que se distinguen por no elaborar complejas teor?as. Clasificaban todas las enfermedades en tres estados corporales b?sicos: relajado, constre?ido y mixto, y tend?an a usar los mismos tratamientos para hombres y mujeres. Tras identificar la enfermedad, administraban el tratamiento que provocase el estado opuesto en la parte del cuerpo correspondiente. Las terapias ginecol?gicas de Sorano eran humanas y no agresivas para la paciente, y se hicieron muy populares entre las comadronas y otras personas dedicadas al cuidado de la salud de las mujeres en la antig?edad. Galeno naci? asimismo en un centro m?dico de la Jonia, P?rgamo. Ejerci? activamente en Roma durante la segunda mitad del siglo II d. C. Tiene referencias ginecol?gicas en toda su obra, pero tan s?lo un tratado espec?ficamente ginecol?gico, otro sobre embriolog?a y otro sobre reproducci?n. Era versado en los hipocr?ticos, Arist?teles y los alejandrinos. Las obras de Galeno y el corpus hipocr?tico constituyen el n?cleo principal del saber m?dico desde el siglo II al VI. Posteriormente, los autores ?rabes refundir?n los textos gal?nicos, que volver?n a la cultura occidental a trav?s de distintos tratados de medicina, fundamentalmente el Canon de Avicena, manteniendo su influencia desde el siglo XII hasta el siglo XVII, e, incluso, posteriormente. El centro de la actividad m?dica se desplaza de la siguiente forma: Jonia-Atenas- Alejandr?a-Roma. La diferencia cultural marca un contraste importante entre la tradici?n alejandrina y la romana. Ahora bien ?en qu? medida recog?an los tratados escritos por hombres la informaci?n que pose?an las mujeres y el punto de vista de las mujeres? ?Qu? papel desempe?aban las mujeres en el cuidado de la salud? A ello nos referimos en el apartado siguiente. Las mujeres doctoras en el mundo cl?sico Plat?n en la Rep?blica usa el ejemplo de una mujer m?dica para probar la igualdad de cualidades del alma masculina y femenina. Existe una inscripci?n del siglo Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 15 tercero o cuarto en honor a la comadrona y doctora Phanostrate. Asimismo existe otra inscripci?n del per?odo helen?stico tard?o en honor a Antiochis de Tlos por su experiencia en medicina. ?The healing skills of a Greek queen, Artemsia (about 350 B.C.) were praised by Pliny, Strabo and Theophrastus. She was credited with discovering wormwood as a cure for a wide range of disorders. Several species of the flower named after her were prescribed for women?s health problems? 11 . Destaca la historia de Hagnodike (o Agnodice), la supuesta primera mujer m?dica reconocida por la historia. Seg?n la leyenda las atenienses no ten?an siquiera comadronas antes del tiempo de Her?filo, y muchas mujeres prefer?an morir antes de ser atendidas por un m?dico var?n. Hagnodike se disfraz? de hombre y estudi? medicina con Her?filo en Alejandr?a. Despu?s de vuelta a Atenas practic? la ginecolog?a siempre disfrazada de hombre y descubriendo su verdadero sexo a aquellas pacientes que no quisieran ser atendidas por un hombre. ?She was found out by jealous male colleagues who denounced her to the court. Tried and found guilty of the illegal practice of medicine, she was sentenced to death.? 12 Ante esta sentencia, las mujeres atenienses se unieron para protestar acusando a los hombres de no ocuparse del bienestar y la salud de sus esposas. En esta primera revuelta femenina, las mujeres amenazaron, seg?n Brooke ?to commit mass suicide? 13 y, seg?n Achterberg, ?they threatened to condemn their husbands and withhold them certain favours if she were not released immediately.? 14 Los atenienses aceptaron la exigencia de sus propias esposas e hijas, y cambiaron la ley para permitir a las mujeres practicar la medicina. Podemos considerar dos hip?tesis: una, que Hagnodike existi? como personaje real y la historia recoge hechos verdaderos, y otra, que la historia de Hagnodike es la forma m?tica de explicar la promulgaci?n de leyes que permit?an la existencia de mujeres doctoras (dedicadas ?nicamente al tratamiento de otras mujeres). Se justificaba as? la existencia de las mujeres doctoras, no por su val?a personal o derecho de la mujer a entrar en la esfera p?blica y profesional, sino para salvaguardar el pudor de las dem?s mujeres. 11 Achterberg, Jeanne. Woman as Healer. Rider, Londres, 1990, p. 32 12 Brooke, Elisabeth. Women Healers. Portraits of Herbalists, Physicians, and Midwives. The Women?s Press. Londres, 1993, p. 14 13 Idem, p. 11 14 Achterberg, Jeanne, o.c. p. 32 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 16 Se pueden atribuir bastantes escritos ginecol?gicos de la Antig?edad y el per?odo bizantino a autoras femeninas. Hay dos tratados titulados Enfermedades de las Mujeres atribuidos a mujeres: Cleopatra en el per?odo helen?stico y Metrodora en el siglo V d. C. Aecio atribuye varios cap?tulos de ginecolog?a a una mujer llamada Aspasia, nombre coincidente con el de la amante de Pericles, aunque, ciertamente, debe tratarse de otra mujer de ?poca posterior. Plinio, en trono al a?o 50 d. C. menciona varias mujeres autoras de tratados m?dicos. Una de ellas, Elephantis, era tan bella que ?she was obliged to lecture behind a curtain so as not to distract the attention of her students.? 15 Otra contempor?nea de Plinio, Lais, ?wrote on abortions and was famed for her cures of malaria using menstrual blood.? 16 El n?mero de casos de pacientes masculinos y femeninos referidos en los tratados hipocr?ticos hace suponer que las mujeres siguieron recurriendo a la medicina tradicional y a los cuidados ofrecidos por otras mujeres (aunque no fuesen reconocidas como doctoras), en vez de ser atendidas por doctores. Los partos referidos en los tratados son casos que presentan dificultades especiales, de lo que podemos deducir que los partos normales eran atendidos en su mayor?a por otras mujeres con experiencia, o por comadronas. IV. La diferenciaci?n sexual La diferenciaci?n sexual en la filosof?a presocr?tica Los pitag?ricos ligaban lo masculino con la derecha, lo bueno, lo caliente, lo limitado, y la unidad, entre otras cosas; y lo femenino con lo izquierdo, lo malo, lo fr?o, lo ilimitado y la pluralidad. Parm?nides tambi?n asociaba a las mujeres con lo izquierdo, y defend?a que los fetos femeninos se formaban en la parte izquierda del vientre. Sin embargo, consideraba que las mujeres eran m?s calientes que los hombres. Emp?docles vuelve a la tradici?n pitag?rica de Sicilia, y afirma que las mujeres son m?s fr?as que los hombres. Arist?teles dice expl?citamente que Parm?nides defend?a que la prueba de que las mujeres eran m?s calientes estaba en el flujo menstrual. La sangre se identificaba con lo caliente, por tanto si las mujeres pod?an perder sangre sobrante en la menstruaci?n, ello era prueba de que ten?an m?s sangre que los hombres y, por tanto, eran m?s calientes. Emp?docles, tambi?n seg?n Arist?teles, manifestaba lo contrario. 15 Idem, p. 32 16 Idem, p. 32 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 17 Arist?teles no lo explica, pero podemos suponer que Emp?docles aduc?a que la p?rdida de sangre provocaba la mayor frialdad de las mujeres. Resumiendo, para los presocr?ticos, la mayor diferencia entre la naturaleza de los hombres y las mujeres era la diferencia de calor de sus cuerpos, y la principal evidencia emp?rica para probarlo era la sangre menstrual. La diferencia de calor como causa de la diferencia sexual ser? fundamental en Arist?teles, dando por supuesta la mayor fragilidad y debilidad de la mujer. ??Por qu? los cuerpos femeninos est?n marcados por lo peque?o y lo endeble? Por una falta de calor vital que entra?a una debilidad del metabolismo, de la cocci?n, como dice Arist?teles, lo que explica al mismo tiempo el flujo de las reglas.? 17 En su tratado sobre los animales Arist?teles se refiere ampliamente al cuerpo femenino. Este cuerpo, dotado de un cerebro m?s peque?o que el del hombre, ?est? inacabado como el de un ni?o y carece de semen como el de un hombre est?ril. Enfermo por naturaleza, se constituye m?s lentamente en la matriz, a causa de su debilidad t?rmica, pero envejece m?s r?pidamente porque ?todo lo que es peque?o llega m?s r?pido a su fin, tanto en las obras artificiales como en los organismos naturales?. Todo esto, ?porque las hembras son por naturaleza m?s d?biles y m?s fr?as, y hay que considerar su naturaleza como un defecto natural?.? 18 Ninguna diferencia con el hombre es considerada por Arist?teles, en un sentido positivo; por ejemplo, el poseer la mujer pechos de mayor tama?o, lo interpreta como signo de su falta de calor y exceso de humedad. Se nace mujer por un defecto, una especie de debilidad o impotencia en el semen paterno. La mujer, en el sistema aristot?lico, es definida continuamente como ?el defecto, la imperfecci?n sistem?tica respecto a un modelo? 19 , el masculino. La mujer es un hombre disminuido. La escasa diferenciaci?n sexual antes de la pubertad en Arist?teles y los hipocr?ticos La idea de que hab?a una diferencia de temperatura continu? siendo una creencia cient?fica durante el per?odo cl?sico, pero no exist?a acuerdo entre los hipocr?ticos sobre qui?n era m?s caliente o m?s fr?o. Ahora bien, el aspecto en que los hipocr?ticos coincid?an es en que las mujeres son m?s h?medas que los hombres. Y de nuevo la prueba es la p?rdida menstrual. Tanto los hipocr?ticos como Arist?teles consideraban 17 Sissa, Giulia. Filosof?as del g?nero: Plat?n, Arist?teles y la diferencia sexual, en Duby, George y Perrot, Michelle (edit.) Historia de las Mujeres. 1. La Antig?edad. Taurus. Madrid, 2000, pp. 90-134, p. 117 18 Idem, p. 115 19 Idem, p. 116 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 18 que la diferencia sexual no era importante en los ni?os, y s?lo se hac?a aparente en la pubertad. La physis, o naturaleza, sexual no se desarrolla hasta la pubertad. Seg?n Arist?teles en la pubertad el cuerpo del hombre cambia de forma m?s dr?stica que el de la mujer, hasta entonces los dos sexos son muy similares. Tras la pubertad, sin embargo, el cuerpo femenino se diferencia en muchos aspectos del masculino. La menarquia es explicada por Arist?teles y los hipocr?ticos como la manifestaci?n de la naturaleza femenina oculta hasta entonces. La menarquia y la primera relaci?n sexual seg?n Arist?teles y los hipocr?ticos La pubertad marcaba el comienzo de la adolescencia para los chicos, previa a la asunci?n de sus deberes de ciudadanos. Sin embargo, se consideraba que las chicas eran capaces de cumplir su rol de adultas en el matrimonio y la maternidad a la edad de catorce a?os. Es posible que muchas ni?as no hubiesen tenido su primera regla a esta edad, pero la menarquia supon?a el final de la pubertad y no el principio. Pese a las diferencias entre distintos tratados hipocr?ticos, podemos concluir que para ellos la pubertad era una edad socialmente determinada, probablemente alrededor de los catorce a?os, en la que se consideraba que las j?venes ten?an una cierta cantidad de sangre acumulada en sus cuerpos. Esta sangre acumulada en la matriz, flu?a dentro del vientre y desde all? sal?a en forma de sangre menstrual si la joven estaba abierta. En caso contrario, la sangre pod?a desplazarse a una zona cercana al coraz?n, donde causaba una sensaci?n de asfixia, que provocaba s?ntomas similares a la epilepsia y terminaba a menudo en tentativas de suicidio. Para evitarlo, la muchacha deb?a casarse y perder la virginidad tan pronto como alcanzara la edad social determinada como pubertad. Esto indica que se consideraba que la relaci?n sexual eliminaba alg?n impedimento que hubiese evitado la menstruaci?n. ?The blood is trapped in the womb by a constricted stoma which the moist, warming friction of intercourse will open up. In the absence of intercourse, closure is the normal state of the stoma, which is why all women in their reproductive years should remain sexually active.? 20 Tal estoma se cierra durante largos per?odos de inactividad sexual, durante el embarazo y durante gran parte del mes cuando la mujer no est? menstruando, para retener la sangre en el vientre. Los hipocr?ticos aceptaban que era posible que el vientre de una muchacha se abriese 20 Dean-Jones, Lesley Ann, o.c. p. 51. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 19 por s? mismo sin relaci?n sexual, pero en este caso la apertura se retrasar?a m?s all? de la edad ?ptima en una muchacha no casada. Arist?teles cree que el desarrollo de chicos y chicas en la pubertad es paralelo, y explica ambos como una nueva utilizaci?n del alimento, previamente empleado en el crecimiento del cuerpo, para la producci?n de los fluidos reproductivos: el semen y la menstruaci?n. Aunque Arist?teles sit?a la pubertad a los catorce a?os para chicos y chicas, coincidiendo con la norma social establecida, cree que el semen no es f?rtil hasta que el joven alcanza los veinti?n a?os, y que, aunque las muchachas muy j?venes pueden concebir, tienen embarazos dif?ciles y deber?an tambi?n esperar a la misma edad que los hombres a?os para reproducirse. Para Arist?teles la menarquia era el comienzo, no el final, de la transformaci?n de la ni?a en mujer. Los hipocr?ticos aceptaban que la mujer produc?a semilla, con lo que no pod?an comparar la menstruaci?n con el semen. Para Arist?teles la mujer no contribuye con semilla. Establece un paralelismo entre semen y menstruaci?n, de lo que se sigue que, al ser inconcebible en su mentalidad la producci?n de dos fluidos reproductivos por parte de la mujer, ?sta no puede aportar semilla a la fecundaci?n. Arist?teles cre?a que cualquier cierre del estoma era una condici?n patol?gica, que deb?a corregirse mediante cirug?a. No consideraba que la relaci?n sexual fuese imprescindible para producirse la menstruaci?n, aunque s? cre?a que ensanchaba los conductos en ambos cuerpos. V. La menstruaci?n Veamos en este apartado la gran importancia otorgada a la sangre menstrual en la definici?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico, tanto por los hipocr?ticos, como por Arist?teles y, posteriormente, por Galeno. La acumulaci?n de sangre menstrual. Explicaci?n hipocr?tica El Tratado sobre las Mujeres atribuye la menstruaci?n a la naturaleza de la carne de la mujer, que es blanda y esponjosa, lo que provoca que su cuerpo absorba excesiva cantidad de sangre procedente del est?mago. En otro tratado se dice que ciertos rasgos de personalidad pueden modificarse mediante ?a regimen which redresses the balance between the fire and water in the soul? 21 , pero otras caracter?sticas psicol?gicas no pueden tratarse porque se deben a la naturaleza m?s o menos porosa de la carne, entre 21 Idem, p. 56 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 20 ?stas se?ala el autor ser ?irascible, frivolous, deceitful, straightforward, hostile, and kindly.? 22 En Historia de los Animales, Arist?teles se?ala una lista de rasgos psicol?gicos masculinos y femeninos. ?The male is depicted consistently as more spirited and savage (which would correspond to ?irascible and ?hostile?) and the female as softer and more easily tamed (which would correspond to ??frivolous? and ?kindly?. He also describes the female as ?more deceptive? and the male as ?more simple?.? 23 La correlaci?n entre ambas listas sugiere que se utilizaba la naturaleza de la carne femenina para dar una base cient?fica y natural a los estereotipos culturales sobre el f?sico y el car?cter de las mujeres. La diferencia de tama?o entre los pechos masculino y femenino tambi?n se utiliza como indicador de la medida en que el cuerpo de la mujer es m?s esponjoso que el del hombre. En un tratado hipocr?tico se afirma que existe una vena en cada pecho que mantiene la mayor parte de la conciencia. De ah? deduce el autor que si una persona est? a punto de volverse loca, la sangre se almacena en los pechos. Las mujeres ten?an siempre m?s sangre en sus pechos que los hombres, lo que pod?a proporcionar una base cient?fica a la creencia de que las mujeres siempre estaban m?s cercanas a lo irracional que los hombres. La observaci?n de los fen?menos fisiol?gicos que resultan obvios (crecimiento de los pechos, menstruaci?n, etc.) sirve para crear una construcci?n mental cultural que viene a otorgar validez cient?fica a los prejuicios y estereotipos previamente impuestos en la cultura, dando como natural la atribuida debilidad y falta de estabilidad emocional de la mujer, lo que justificar? su dependencia del hombre. Si el hombre y la mujer ten?an una constituci?n f?sica similar, el modo de vida era clave para mantener sus cuerpos diferenciados. Si la mujer llevase una forma de vida m?s similar a la del hombre, dejar?a de ser mujer. Dos tratados plantean una teor?a alternativa a la del paso de la sangre sobrante. En esta otra teor?a, ?menstrual blood is a secretion, or ?foam? of the humours coursing through the vessels of a woman?s body in great abundance because she is so moist by nature. The secretion is produced by the agitation of the body fluids due to the monthly fluctuations in temperature.? 24 22 Idem, pp. 56-57 23 Idem, p. 57 24 Idem, p. 59 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 21 Teor?a de la menstruaci?n de Arist?teles En el est?mago el alimento se transforma en sangre mediante una forma de cocci?n. La sangre es llevada del est?mago al diafragma donde recibe del coraz?n el pneuma o principio vital, que la hace m?s adecuada para alimentar el cuerpo humano. El resto de sangre que no se emplea para alimentar el cuerpo vuelve a cocerse gracias al calor natural y se transforma en semen en el cuerpo del hombre. Y la diferencia de calor entre hombre y mujer explica la producci?n de semen o sangre menstrual. La mujer tiene un residuo mayor de sangre por necesitar menos alimento (cuerpo m?s peque?o, menor cantidad de pelo, forma de vida m?s sedentaria, etc.) y adem?s no puede producir la cocci?n final por ser m?s fr?a. Su residuo final se presenta en forma de sangre menstrual. La naturaleza no permite que la mujer utilice todo su alimento en su propio cuerpo a fin de que disponga de sangre sobrante para alimentar al feto en caso de embarazo. Por tanto, la fuente de la menstruaci?n en los hipocr?ticos son los humores agitados, y en Arist?teles es el sobrante del alimento ingerido. En el hombre, el pneuma baja directamente del coraz?n a los conductos seminales y hace posible que se produzca la ?ltima cocci?n del residuo seminal en los test?culos. El pneuma tambi?n produce la formaci?n de los pechos en el hombre y en la mujer. El residuo seminal acumulado en el pecho desciende en la pubertad y la regi?n tor?cica se llena de pneuma: a mayor cantidad de residuo en la mujer mayor aumento de los pechos. C?mo se acumula la sangre menstrual Para los hipocr?ticos la sangre acumulada en la carne porosa pasa a una red de peque?os vasos que se extienden por todo el cuerpo, de ?stos a otras venas mayores y de all? al ?tero. Cre?an que las partes porosas y esponjosas absorb?an la humedad con facilidad pero no la descargaban de igual forma. El descenso de la sangre de la carne al ?tero sucede en un momento determinado del mes, no a lo largo del mismo. Arist?teles, sin embargo, cre?a que el ?tero era el recept?culo natural del residuo seminal femenino y que la sangre menstrual flu?a en el mismo de forma natural a lo largo de todo el mes. La sangre menstrual permanec?a en el ?tero hasta que se utilizaba en la reproducci?n o hab?a alcanzado tal volumen que ten?a que ser evacuada para evitar que absorbiese el semen. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 22 Funci?n de la menstruaci?n en la salud de la mujer Los hipocr?ticos pensaban que la menstruaci?n hac?a posible que una mujer mantuviese su salud y que la sangre menstrual s?lo se utilizaba en el embarazo tras la concepci?n del feto. Aunque estuviese vac?o la mayor parte del mes, el ?tero ten?a un papel profil?ctico importante en la concepci?n hipocr?tica de la fisiolog?a femenina. La diferenciaci?n sexual de la menstruaci?n y los pechos se explica por la naturaleza esponjosa de la carne femenina. La menstruaci?n y el ?tero forman un sistema profil?ctico en el cuerpo de la mujer. Se utilizan en la procreaci?n, pero son el resultado de una diferencia entre el hombre y la mujer que no tiene la procreaci?n como ?nico objetivo. Para este fin, el hombre posee un pene y ambos producen semilla, y, dado que el hombre produce mayor cantidad de semen y m?s agitado, su cuerpo tiene m?s pelo. Hay dos causas fundamentales para explicar las diferencias observables entre hombre y mujer, y es la diferencia entre la carne masculina y femenina, en vez de la diferencia entre los fluidos reproductivos, la que dicta la incapacidad de la mujer para actuar como el hombre. Los hipocr?ticos consideraban a la mujer distinta del hombre. Por supuesto, era inferior, pero al ser distinta se la pod?a considerar en sus propios par?metros. Pero ello llevaba en ocasiones, a formular hip?tesis peregrinas como en el caso del ?tero vagabundo. Hay una fuerte preocupaci?n sobre la cantidad de sangre perdida en la menstruaci?n. Un texto hipocr?tico la cifra en aproximadamente una pinta, lo que supone de siete a ocho veces lo que se considera normal actualmente. Para los hipocr?ticos la causa m?s probable de cualquier enfermedad en la mujer era la retenci?n de la menstruaci?n. A fin de favorecer el paso de la sangre al ?tero y su posterior expulsi?n era saludable para la mujer mantener relaciones sexuales. Esta idea de que la relaci?n sexual es necesaria para asegurar una menstruaci?n normal, que seguir? presente a lo largo de los siglos, puede reflejar el deseo del hombre de ser el protagonista no s?lo de la procreaci?n y del placer sexual de la mujer, sino tambi?n de su salud, como agente activo en el mecanismo de la menstruaci?n. La retenci?n de la menstruaci?n pod?a provocar dolores de cabeza, gota, fiebre, hemorroides, dolores en las caderas y costados, problemas pulmonares, sofoco y p?rdida de la raz?n, sobre todo en las j?venes v?rgenes. En otros casos, la acumulaci?n de sangre menstrual pod?a infestarse y transformarse en pus, causando intenso dolor en el vientre. Cuando finalmente llegaba la hemorragia, el pus sal?a con la sangre durante un periodo de siete a nueve d?as. A continuaci?n la mujer sufr?a ?lceras que pod?an Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 23 provocar la esterilidad. Si la mezcla de pus y sangre no era expulsada pod?a provocar un tumor o salir por una herida en la ingle. Si la mujer padece supresi?n de la menstruaci?n durante un per?odo de tres meses ?sufrir? sofocos de vez en cuando e igualmente tendr? fiebre, temblores y dolor en la regi?n lumbar.? 25 Tras cuatro meses, la mujer presenta la orina espesa, el est?mago duro, rechinar de dientes, p?rdida de apetito e insomnio. Al quinto mes, aumentan estos s?ntomas y al sexto ?ya ser? incurable y se ver? aquejada con m?s virulencia por los signos anteriores, a los cuales se a?adir?n estos: estar? alterada y se mover? de un lado a otro de tanto en tanto, sufrir? lipotimias, vomitar? pituita y le acometer? una terrible sed al estar el vientre ardiendo a causa de la sobreabundancia de sangre en la matriz.? 26 Si la retenci?n se prolonga, la mujer padece agudos dolores de est?mago y de espalda, no puede expulsar heces ni orina, sufre inflamaci?n de las piernas y partes inferiores del cuerpo, ataques y dificultades de lenguaje, y finalmente la muerte es inevitable. Se mencionan, en este mismo tratado, dos casos de mujeres que dejaron de menstruar tras el abandono por parte de sus maridos. En estas mujeres, la sangre menstrual retenida produjo la aparici?n de rasgos masculinos: vello corporal, cambio de voz, etc. Y en el peque?o tratado Sobre las Enfermedades de las V?rgenes, se narra como en algunas muchachas v?rgenes, la sangre sube hacia el diafragma. Ello produce entorpecimiento del coraz?n primero y, despu?s, sopor, delirio y locura, ?las mujeres se vuelven locas a consecuencia de la inflamaci?n aguda; a consecuencia de la putrefacci?n, sienten deseos de matar; a consecuencia de la tiniebla que se les forma, sienten terrores y miedos; a consecuencia de la presi?n ejercida sobre el coraz?n, desean estrangular y a consecuencia del deterioro de la sangre, su esp?ritu, agitado y angustiado, se pervierte. Adem?s la enferma dice cosas terribles. (Las visiones) la mandan saltar y arrojarse a los pozos o estrangularse como si fuera mejor y tuviese alg?n tipo de utilidad...? 27 Todo ello hace recomendable el matrimonio temprano de las p?beres, a fin de evitar tales males. Esta idea permanecer? asimismo en vigor en siglos posteriores, como veremos en el cap?tulo siguiente. 25 Enfermedades de las Mujeres, I, en Tratados Hipocr?ticos. Gredos. Madrid, 1988, p. 51 26 Idem, p. 51 27 Zaragoza Gras, Joana. ?Medicina y diversidad de g?neros. Arenal,, Vol. VII, n. 2 (julio-diciembre), a?o 2000, pp. 341-358, p. 351 (recoge texto del Tratado sobre las V?rgenes, trad. De San Mingote, Lourdes, Gredos, Madrid, 1988 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 24 La retenci?n de la menstruaci?n se considera causa de casi todas las enfermedades, incluidas aquellas que sufren tambi?n los hombres. Los hipocr?ticos suger?an diversos remedios para favorecer la bajada de la menstruaci?n: ba?os de vapor, pesarios, dietas, brebajes de distinto tipo e incluso pesarios elaborados con animales tales como el pulpo, la sepia o las huevas de sepia, e incluso escarabajos, orugas y gusanos. Tambi?n el exceso de p?rdida de sangre menstrual puede provocar problemas. Un texto hipocr?tico indica que las mujeres que menstr?en durante m?s de cuatro d?as pueden sufrir p?rdida de color, letargo, fiebre, anorexia, ansiedad, p?rdida de peso, y debilidad general, as? como dolores en las caderas y, finalmente, esterilidad. El exceso de deseo sexual pod?a ser, asimismo, causa de empeoramiento de su situaci?n. De esta forma, el cuerpo de la mujer no s?lo requiere un reajuste mensual para mantenerse sano, sino que, adem?s, tal reajuste est? en constante riesgo de malfuncionamiento y supone un riesgo grave para la salud de la mujer, bien sea por exceso o por defecto. Arist?teles consideraba que la ?nica utilidad de la menstruaci?n era proporcionar material para la concepci?n y crecimiento del feto. El ?tero y la menstruaci?n tienen un ?nico fin: permitir la reproducci?n. Como hemos visto anteriormente, Arist?teles explica las diferencias por el mayor calor del hombre que le permite cocer el alimento a un grado mayor para formar el l?quido seminal. Arist?teles considera a las mujeres m?s similares a los hombres que los hipocr?ticos, pero s?lo puede mantener esta teor?a manteniendo asimismo el principio de la superioridad masculina en todos los aspectos, aunque ello suponga inconsistencias y el desprecio de algunas realidades anat?micas f?cilmente observables. Para los hipocr?ticos, la debilidad de la mujer, su carne porosa, produce la menstruaci?n, la descarga del exceso de sangre menstrual cada mes previene al cuerpo de la mujer de contraer enfermedades, lo que representa en cierto modo una visi?n positiva y terap?utica de la menstruaci?n, ahora bien, la mujer vive amenazada por el riesgo de retenci?n, lo que le causar? grave enfermedad. Para Arist?teles, la producci?n de sangre menstrual en favor de la procreaci?n causa la debilidad de la mujer, la menstruaci?n no tiene finalidad terap?utica, sino que constituye en s? misma un riesgo de debilitamiento de la mujer. En ambos casos, la mujer es un ser en permanente riesgo de enfermedad, por raz?n de su propia naturaleza. Se ve el cuerpo de la mujer como proclive de forma natural a la enfermedad, se atribuyen a su fisiolog?a una serie de caracter?sticas psicol?gicas negativas y se Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 25 considera su aparato reproductor como causa de pr?cticamente todas sus enfermedades, todo ello produce una visi?n negativa de la mujer como ser enfermo, d?bil e inferior al hombre por naturaleza, visi?n que se repetir? posteriormente y llegar? a la ?poca victoriana, junto con una inexplicable obsesi?n por los riesgos de la retenci?n de la menstruaci?n en la mujer. VI. El vientre de la mujer Usaremos la palabra vientre como sin?nimo de ?tero o matriz, el lugar del cuerpo de la mujer donde tiene lugar la concepci?n y desarrollo del feto. ?The Hippocratics refer to the womb as a ?vessel?... and Hanson has suggested that it was conceived of as a jug? 28 En el tratado Sobre la Naturaleza de los Ni?os, se dice que el vientre puede tener muchas bolsas y que los animales que pueden tener m?s de una cr?a en cada parto tienen el ?tero dividido en varias bolsas lo que permite que se desarrolle un feto en cada una. Puede que esta apreciaci?n provenga de la observaci?n del ?tero de la cerda y explica el que los hipocr?ticos se refieran al ?tero femenino en plural. Arist?teles afirma asimismo ?that all wombs are in two parts? 29 , basando su razonamiento en el hecho de que los test?culos masculinos son dos. Puede que se refiriese a los ovarios a los que considerar?a entonces an?logos a los test?culos, aunque no describe qu? papel desempe?an en la procreaci?n. Los hipocr?ticos ignoran totalmente la existencia de los ovarios. Tanto para ellos como para Arist?teles el aparato reproductor de la mujer se limita al vientre, denominado en plural debido a la creencia de que est? formado por dos o m?s cavidades, tal como se hab?a observado en el ?tero de otros mam?feros. La descripci?n de estas cavidades como cuernos, sugiere que ten?an una vaga idea de la forma del ?tero humano y asum?an que las cavidades interiores se plegaban a los contornos producidos a partir de las trompas de Falopio. Supon?an que el ?tero se llenaba de sangre procedente del resto del cuerpo por unas aperturas existentes en los salientes de las trompas. Y cuando el ?tero estaba lleno, la sangre sal?a al exterior a trav?s de un estoma. Excepto durante el embarazo, un estoma cerrado era un s?ntoma patol?gico especialmente com?n entre las j?venes v?rgenes y las mujeres que hab?an dejado de ser sexualmente activas. La sangre acumulada en el ?tero, en caso de permanecer cerrado el estoma, pod?a permanecer en ?l y pudrirse o ser arrastrada a otras 28 Dean-Jones, Lesley Ann , o.c. p. 65 29 Idem, p. 67 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 26 partes del cuerpo a trav?s de los canales que comunicaban el ?tero con todo el resto del cuerpo, causando los da?os indicados m?s arriba, o formando un tumor. Los hipocr?ticos imaginaban, tambi?n, que el ?tero ten?a la capacidad de desplazarse a cualquier otra parte del cuerpo, y citan casos en que se un?a a distintos ?rganos: el coraz?n, el h?gado, el cerebro, la vejiga y el recto. Esta creencia en un ?tero m?vil aparece en el Timeo de Plat?n, quien lo caracteriza como un animal irracional vagando por el cuerpo de la mujer en busca de satisfacci?n sexual y embarazo. Seg?n los hipocr?ticos, el embarazo y la humedad proporcionada por la relaci?n sexual mantienen al ?tero en su sitio. La falta de relaci?n sexual produce sequedad y el ?tero es atra?do entonces por ?rganos m?s h?medos. Las mujeres mayores, que no tienen relaciones sexuales ni menstr?an, las mujeres j?venes que no tienen relaci?n sexual de forma habitual y las j?venes viudas que han tenido hijos suelen sufrir estos desplazamientos. El ?tero pod?a descender completamente y asomar por la vulva como resultado de tener relaciones sexuales demasiado pronto tras el parto. Quiz?s la observaci?n de casos de prolapso de ?tero llev? a los m?dicos hipocr?ticos a la creencia en un ?tero vagabundo. Cabe la suposici?n de que al no existir el ?tero en el cuerpo masculino, los hipocr?ticos creyeran que no hab?a lugar espec?fico para este ?rgano en el cuerpo humano. Aunque ten?an que conocer que los ?teros de las hembras de otras especies estaban sujetos por tendones, no extendieron este conocimiento al cuerpo humano. Una y otra vez el conocimiento emp?rico es rechazado si puede suponer una modificaci?n de la visi?n del cuerpo de la mujer. En el tratado Sobre las Enfermedades de las mujeres se describen algunas de las causas y formas del desplazamiento de ?tero. As?, en el caso de las mujeres que no tienen relaciones sexuales y de las mujeres maduras, la matriz se proyecta hacia el h?gado, produciendo ?sofocos al entorpecer la v?a respiratoria que hay en la regi?n del vientre.? 30 Cuando esto sucede, ?la parte blanca de los ojos se vuelve hacia arriba se siente fr?o y algunas mujeres, incluso, se ponen l?vidas y les rechinan los dientes, afluye la saliva a la boca y llegan a parecer pose?das por la enfermedad de Heracles? 31 , es decir, la epilepsia. Si la matriz se desplaza a la cabeza, la enferma acusa dolor de las venas de la nariz y la parte inferior de los ojos, sufre letargo y puede expulsar espuma por la boca al mejorar. Puede tambi?n desplazarse hacia los costados o la regi?n lumbar o hacia abajo, estrangulando la vejiga. La causa principal es la sequedad por falta de 30 Enfermedades de las Mujeres, I, en Tratados Hipocr?ticos. Aguilar. Madrid, 19 p. 59 31 Idem, p. 60 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 27 relaci?n sexual, como es el caso de v?rgenes y viudas, aunque tambi?n pueden provocarlo otras causas como la mala nutrici?n, el exceso de actividades o alg?n ejercicio pesado. Esta creencia en la movilidad del ?tero y su tratamiento mediante fumigaciones aparece ya en la medicina egipcia, de donde podr?an haberla tomado los hipocr?ticos. El Papiro Kahum, fechando unos dos mil a?os antes de Cristo, atribuye el dolor de ojos y el dolor de pies en las mujeres a un desplazamiento del ?tero. ?A later Egyptian work, the Ebers Papyrus (ca. 1550 B.C.), recommends cures designed to lure the uterus back into the abdomen as if it were an independent living organism.? 32 Las curas recomendadas son similares a las que aconsejan los hipocr?ticos y se mantienen posteriormente. Adem?s de ser un ?rgano aut?nomo y m?vil, el ?tero buscaba ser saciado: ?many of the symptoms suffered by women ?depression, hallucinations, pain in various parts of the body- were ascribed to ?starvation? of the organ. Accordingly, Egyptian physicians would fumigate the vagina with ?dry excrement of men? in an effort to gratify the womb?s ?appetite? for sex.? 33 Los hipocr?ticos parecen creer en la existencia de una especie de tubo, que pasa a trav?s del diafragma y conecta la cavidad nasal y la vagina de la mujer, lo que, unido a la creencia en la atracci?n del ?tero por los olores agradables, justificaba la utilizaci?n de remedios arom?ticos. Se utilizaban aromas para corregir la posici?n del ?tero, por ejemplo sentando a la mujer sobre un recipiente con perfumes suaves y agradables, al tiempo que se le daban a oler sustancias repelentes a fin de propiciar de nuevo el desplazamiento del ?tero hacia la parte inferior del cuerpo. Asimismo, un m?todo favorito de los hipocr?ticos para decidir si una mujer pod?a o no quedar embarazada era sentarla sobre algo que tuviese un fuerte aroma (el ajo es un ingrediente com?n de estos preparados) y comprobar si se pod?a percibir el olor a trav?s de su boca, como prueba de que el tubo estaba o no bloqueado. Uno de los tratamientos aconsejados en los tratados hipocr?ticos para las mujeres, sobre todo viudas y v?rgenes, que sufrieran graves ataques de histeria, atribuida al desplazamiento del ?tero por sequedad, es el siguiente: ?hacer fumigaciones de sustancias malolientes por la nariz y arom?ticas en la matriz, tomar purgantes, volver a fumigar la matriz consustancias 32 Dixon, Laurinda S. Perilous Chastity. Women and Illness in Pre-Enlightenment Art and Medicine. Cornell University Press. Ithaca (EEUU),1995, p. 16 33 Idem, p. 16 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 28 arom?ticas, y aplicar un pesario de escarabajo de buey, que conven?a mezclar con miel, ung?ento egipcio o aceite rosas. Al cabo de dos d?as se deb?a hacer una irrigaci?n en la matriz consustancias arom?ticas, luego introducir mediante pesario poleo, aunque lo mejor para las v?rgenes ser?a, se dice en el tratado, que cohabitaran con un hombre, y para las viudas que quedaran embarazadas (Nat.mul. 3, VII 314 y 316 L.)? 34 La creencia se mantiene a trav?s de los siglos. Areteo de Capadocia, m?dico griego que vivi? en Alejandr?a a finales del siglo I de nuestra era, segu?a afirmando que ?tero se asemejaba a un animal y ten?a movimiento propio y aconsejaba a las j?venes el matrimonio para mantenerlo bajo control, al igual que lo har?n los doctores del siglo XVI y XVII, como veremos en el cap?tulo siguiente. Hay diversas interpretaciones de esta creencia en la capacidad de movimiento del ?tero: una puede ser que los s?ntomas del ?tero desplazado fuesen una expresi?n del sentimiento de opresi?n padecido por las mujeres. Otros autores consideran que ?sta es una construcci?n mental masculina, para privar a las mujeres del control de su propia sexualidad y justificar el dominio de sus esposos. El ?tero viene a ser un animal salvaje que tiene vida y deseos propios y que amenaza con subyugarla salvo por la intervenci?n del hombre (m?dico o esposo). Los ?rganos a que se dirige preferentemente el ?tero desplazado (coraz?n, h?gado, cerebro) eran todos considerados como posible sede de la psique. El empleo de perfumes para atraer al ?tero recuerda el uso del incienso para invocar a los dioses. El concepto de la necesidad de relaciones sexuales para evitar la sequedad y posible desplazamiento del ?tero, proporcionaba un argumento para justificar la obligaci?n de la mujer de aceptar las demandas sexuales de su esposo, pero tambi?n al mismo tiempo brindaba una justificaci?n a las mujeres para solicitar relaciones sexuales sin que ello supusiera usurpar el rol de iniciativa er?tica del hombre. Arist?teles no comparte la creencia de que el ?tero pueda percibir olores y, bas?ndose en la observaci?n de hembras de otras especies, afirma que el ?tero est? sujeto por tendones. Sin embargo tambi?n cree que el ?tero vac?o puede desplazarse hacia arriba y causar una sensaci?n agobiante y explica el prolapso de ?tero como resultado de la falta de relaci?n sexual. Mantiene que el ?tero se desplaza hacia abajo y s?lo volver? a su posici?n cuando la mujer est? embarazada, aunque no d? explicaci?n racional para ello. Los hipocr?ticos, sin embargo, desaconsejaban las relaciones sexuales en este caso. S? acepta Arist?teles el uso de pesarios para comprobar si una 34 L?pez Salv?, Mercedes. ?F?rmacos de mujeres?, en Arenal, Vol. VII, n. 2 (julio-diciembre 2000), pp. 301-321, p. 318 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 29 mujer puede concebir. Si no se puede percibir el olor a trav?s de la boca, ello significa que los pasajes del cuerpo est?n cerrados. Arist?teles cree que la secreci?n seminal se origina en el ?rea del diafragma y, cuando pasa a los genitales, cualquier movimiento que se origine en la parte inferior vuelve al pecho y desde all? se hace perceptible el aroma en el aliento. Tambi?n puede pasar la descarga seminal del pecho a los ojos (la parte m?s seminal de la cabeza), as? que otra forma de comprobar que todos los pasajes del cuerpo est?n abiertos, ser?a echar un pigmento en los ojos y ver si colorean la saliva. VII. La procreaci?n Los primeros a?os de la infancia los pasaba el ni?o/a con la madre y se reconoc?a el lazo afectivo entre ambos. Sin embargo, la madre jugaba un papel poco importante para determinar la identidad p?blica o privada del hijo/a. Arist?teles afirma que las madres aman a los hijos m?s que los padres, pero, no obstante, mantiene asimismo que el hijo es parte de su padre hasta que alcanza la madurez. En caso de viudedad o divorcio, los hijos se quedaban generalmente en la casa del padre mientras que la madre volv?a a la casa de su padre. Si un hombre no ten?a hijos varones, los hijos de su hija pod?an heredar su hacienda pero s?lo se les consideraba realmente descendientes de la l?nea del abuelo si su padre era pariente del mismo. Se consideraba que una mujer no pod?a mantener la l?nea paterna si no se casaba con un pariente. En la mitolog?a, los dioses se apoderan de la capacidad de parir: Zeus da a luz a Atenea de su cabeza y a Dionisos de su muslo. Esquilo hace que Apolo disculpe a Orestes por el asesinato de su madre, dado que ?sta no es sino su nodriza. Aunque no se pod?a negar el hecho de que las mujeres par?an a los hijos, s? exist?an teor?as en contra de que aportasen semilla para su creaci?n. ?Cu?l era la contribuci?n de la mujer a la procreaci?n? Existen dos corrientes fundamentales: Anax?goras, Alcmaeon, Emp?docles, Parm?nides y Dem?crito, junto con la mayor parte de los hipocr?ticos aceptaban que la mujer s? aportaba semilla para la formaci?n del embri?n. Por tanto ?sta parece haber sido la teor?a predominante en los per?odos arcaico y cl?sico. Otros pensadores, como Di?genes, Anax?goras, algunos pitag?ricos y, sobre todo, Arist?teles, niegan la aportaci?n femenina. Los que negaban la existencia de semilla femenina cre?an que la ?nica contribuci?n de la mujer a la reproducci?n era el flujo menstrual. Los que cre?an que tanto el hombre como la mujer aportaban semilla para la creaci?n de un nuevo ser, Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 30 consideraban la menstruaci?n como otra contribuci?n femenina adicional a la semilla, sin la cual el embri?n formado a partir de las dos semillas no podr?a crecer ni desarrollarse. Ninguna teor?a pretendi? nunca que el hombre pudiera realizar tal aportaci?n, sustituyendo as? la funci?n de la menstruaci?n femenina. En los mitos de creaci?n de Dionisos y Atenea, ha sido necesaria primero la presencia de una mujer para formar y alimentar al embri?n. Por tanto, podemos afirmar que ?whatever theory was held on female seed, there was a general consensus among the Greeks that menstrual blood was indispensable in procreation.? 35 La sangre menstrual era la materia de que se formaba el cuerpo del ni?o/a y su dieta b?sica durante el per?odo de desarrollo hasta el nacimiento. Y, pese a la estructura patrilineal de la sociedad griega, la ley ateniense permit?a el matrimonio de hermanos del mismo padre pero consideraba incestuoso y prohib?a el matrimonio entre hermanos de la misma madre. Los hipocr?ticos consideraban que la sangre menstrual no se utilizaba en el acto de concepci?n del embri?n, sino posteriormente. La concepci?n se produce por la uni?n de la semilla masculina y la femenina. Ahora bien, ?c?mo explican los hipocr?ticos el origen de los fluidos seminales masculino y femenino? La fricci?n del pene produce una agitaci?n del cuerpo que provoca que la parte m?s potente de los humores se separe formando espuma. El pene est? conectado a los vasos que contienen los humores en todo el cuerpo y por tanto, su fricci?n provoca un movimiento de los humores en todo el cuerpo. La edad de aparici?n del fluido seminal y la menstruaci?n es similar para hombres y mujeres, pero la menstruaci?n no se produce en el momento de la relaci?n sexual como la eyaculaci?n. Por tanto, aunque existe un paralelismo entre menstruaci?n y semen, no son an?logos. El fluido seminal de la mujer no es la menstruaci?n, sino que aparece en el momento de la relaci?n sexual: ?In Nat. Puer. 20 (vii. 508. 6-7) the author remarks that the passages are opened for menses and seed in a young girl at the same time, but unlike a man a woman could not become agitated enough to separate out completely the most potent part of the humours into seed until she had actual sexual contact.? 36 En otro tratado se se?ala que los vasos est?n abiertos para el paso de la menstruaci?n y el l?quido seminal, pero s?lo la agitaci?n de la relaci?n sexual puede provocar que ?ste 35 Dean-Jones, Lesley Ann , o.c. p. 152 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 31 se separe de los humores. La semilla femenina no es observable como el semen masculino, y, seg?n los hipocr?ticos es expulsada a veces al exterior y a veces al interior del ?tero. Se discute en qu? medida los hipocr?ticos tuvieron en cuenta la experiencia de las mujeres. Una de las principales influencias puede ser la creencia en la existencia de semilla femenina: ?The belief that both male and female seed were needed to generate a child is Rousselle?s prime evidence that the Hippocratics derived their reproductive theories from a female oral tradition which wished both to have it acknowledged that women played an equal role in procreation and to ensure that their desires were taken into consideration into intercourse.? 37 Sin embargo, las descripciones del placer de la mujer en la relaci?n sexual no parecen basarse en experiencias reales. Siempre se considera que el placer se produce por la fricci?n del pene en la vagina y cesa con la eyaculaci?n del hombre. Tan s?lo un texto hipocr?tico, y Arist?teles, muestran alg?n conocimiento de la existencia del cl?toris. En las terapias hipocr?ticas contra la esterilidad nunca se indica c?mo excitar a la mujer. Tan s?lo se aconseja al hombre que siga manteniendo relaciones sexuales, puesto que la repetici?n de la actividad llegar? a despertar el deseo femenino. El goce sexual no es prueba de que la mujer se quedar? embarazada, pero el embarazo s? es prueba de que goz? en la relaci?n. Arist?teles sin embargo s? aceptar? que la mujer puede concebir sin gozar. A partir de la teor?a de las dos semillas, los hipocr?ticos pod?an explicar el parecido de los hijos/as con la madre, pero se planteaba el problema de por qu? era necesario el padre si la mujer proporcionaba la semilla y la materia de que se formaba el embri?n. En un tratado hipocr?tico se explica que por s? misma cada semilla es demasiado h?meda para solidificar el fluido menstrual, incluso unidas las dos semillas s?lo pueden lograrlo en un d?a del mes. Esto aclara algunos de los fen?menos constatados por los hipocr?ticos: a) las mujeres s?lo conciben en un determinado momento del ciclo menstrual, por lo que la presencia o ausencia de menstruaci?n tiene que desempe?ar alg?n papel en la concepci?n; b) los hijos/as pueden parecerse a ambos padres; c) una mujer no puede concebir sin un hombre. 36 Idem, p. 155 37 Idem, p. 157 La autora hace referencia aqu? a Rousselle, Aline. Porneia. On Desire and the Body in Antiquity. Oxford, 1988 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 32 Algunos hipocr?ticos explicaban el parecido por la teor?a de la pang?nesis, es decir, por la teor?a de que la semilla proced?a de todo el cuerpo. Otros cre?an que estaba almacenada en el cerebro y acud?a a los ?rganos genitales en el momento de la relaci?n a trav?s de la m?dula espinal. Las caracter?sticas de los hijos estaban determinadas por el progenitor que hab?a suministrado mayor cantidad de semilla de esa zona. Emp?docles, seg?n Arist?teles, consideraba que todas las partes del cuerpo exist?an en el semen en miniatura. Lo cual es rebatido por Arist?teles planteando c?mo viven estas partes, y que su uni?n dar?a lugar a la formaci?n de una especie de hom?nculo. Muchos textos hipocr?ticos reconoc?an la necesidad de una especie de teor?a organizativa para explicar el parecido y, sobre todo, la diferenciaci?n sexual. La diferenciaci?n sexual era explicada por los hipocr?ticos seg?n uno de estos dos modelos: o bien la semilla era femenina o masculina por su cualidad predominante, o bien se hac?a masculina o femenina por influencia del medio. El sexo final se establec?a porque un elemento superaba al otro, bien en cantidad o por la calidad del medio en que se desarrollaba. Una creencia com?n era que el sexo del feto estaba determinado por el lado del ?tero en que ca?a la semilla o por el test?culo del que proced?a. Arist?teles llega a citar casos de hombres que copulan con un test?culo sujeto para producir descendencia masculina o femenina. La izquierda est? siempre ligada a la mujer y la derecha al hombre. El lado derecho del cuerpo es siempre m?s favorable y m?s caliente que el izquierdo. El semen procedente del test?culo derecho ten?a m?s posibilidades de dominar la materia femenina, pero era la proporci?n entre semen y l?quido menstrual lo que determinaba el sexo del feto. Seg?n algunos hipocr?ticos, la semilla era neutral y la mayor o menor presencia de l?quido menstrual determinar? la humedad del ?tero y, como consecuencia, engendrar un hijo o una hija. As? un tratado aconseja al hombre tener relaciones cuando la menstruaci?n est? terminando o ha cesado totalmente para engendrar un ni?o y durante la menstruaci?n para engendrar una hija. El mismo tratado sugiere tambi?n la posibilidad de sujetar un test?culo seg?n el sexo que se quiera procrear. Otro tratado afirma que la semilla es fuerte o d?bil y que tanto el hombre como la mujer pueden producir ambos tipos. Si ambos progenitores emiten semilla fuerte, el feto es masculino, si ambos producen semilla d?bil, procrear?n una hija. Si una semilla es d?bil y otra fuerte, la que predomine determinar? el sexo. Otro tratado explica los gemelos de distinto sexo, diciendo que el semen se emite en una serie de espasmos y en cada uno puede emitirse semilla de diferente clase. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 33 De acuerdo con otro autor hipocr?tico la semilla tiene un elemento c?lido y otro h?medo, si predomina el primero, la semilla es masculina, si predomina el segundo, es femenina. Se puede controlar el sexo a engendrar siguiendo una dieta seca o h?meda. Ambos principios son necesarios, aunque es mejor tener mayor cantidad de elemento c?lido (pero no en exceso, pues causar?a enfermedad). Se puede establecer una tipolog?a de mejor a peor: si ambas semillas son masculinas nace el mejor tipo de hombre; el siguiente tipo es cuando la semilla paterna es masculina y la materna femenina; el tipo de hombre m?s afeminado, o inferior, es aquel en que la madre aport? semilla masculina y el padre semilla femenina. La misma jerarqu?a se aplica a las mujeres: el mejor tipo es el procedente de dos semillas femeninas; el siguiente, el procedente de semilla materna femenina y paterna masculina, y el peor, son las mujeres varoniles que recibieron semilla masculina de la madre y semilla femenina dominante del padre. Seg?n este mismo tratado, la semilla s?lo puede solidificar y dominar los fluidos en un d?a del mes. S?lo existe un breve plazo en el mes, antes de que el fluido menstrual comience a inundar el ?tero, en que se puede concebir un hijo. Una vez que la sangre menstrual ha comenzado a humedecer el ?tero, habr? excesiva humedad y s?lo podr? concebirse una hija. Otros tratados no son tan estrictos al limitar el n?mero de d?as en que se puede engendrar, pero coinciden en se?alar el per?odo m?s favorable para la concepci?n: justo despu?s de la menstruaci?n cuando el ?tero estar?a vac?o y la semilla no ser?a arrastrada por el flujo de sangre menstrual. Los hipocr?ticos no cre?an que la concepci?n se produjese en el mismo instante en que ambas semillas entraban en contacto, sino m?s bien que exist?a un per?odo durante el cual se mezclaban y solidificaban hasta formar el embri?n. Hay dos d?as que resultan particularmente importantes para la procreaci?n: el primero tras la relaci?n sexual y el s?ptimo, porque consideran que durante estos siete d?as muchos posibles embarazos terminan de forma espont?nea, en cuyo caso no se habla de abortos, sino de flujos. Esta creencia popular es tambi?n recogida por Arist?teles. Es significativo que todos los abortos en que los doctores hipocr?ticos reconocen haber participado, se dice que son de embriones de siete d?as o menos. Evidentemente lo que describen como fetos de siete d?as tienen que serlo de per?odos mucho m?s avanzados, pero de esta forma los m?dicos quedan dentro de la ley. Las propias mujeres estar?an interesadas en mantener esta creencia as? como la de que ellas eran capaces de reconocer cu?ndo sus ?teros hab?an absorbido la semilla tras la relaci?n sexual. Tanto Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 34 estas creencias como la obsesi?n en torno al peligro que supon?a la retenci?n de la menstruaci?n, resultaban construcciones mentales ?tiles tambi?n a las mujeres en tanto que les permit?an un cierto control sobre la regulaci?n de sus embarazos y un cierto enmascaramiento de pr?cticas abortivas. La jerarqu?a sexual en la teor?a aristot?lica de la concepci?n. Por una parte, ya hemos insistido en que Arist?teles consideraba que la ?nica aportaci?n de la mujer a la concepci?n era el fluido menstrual. Pero, al mismo tiempo, era consciente de que las mujeres pod?an producir alg?n tipo de flujo durante la excitaci?n sexual, aunque argumentaba que al ser emitido desde un lugar diferente de donde sent?an placer, no pod?a considerarse similar al semen, no era semilla. Y s? era consciente de que las mujeres pod?an concebir sin sentir placer. La teor?a de Arist?teles viene a solucionar la pregunta de por qu? necesitaban las mujeres al hombre si ellas mismas produc?an semilla y fluido menstrual para alimentar al embri?n. La respuesta aristot?lica es que el hombre proporciona la causa formal y la mujer la material. Arist?teles acepta que en algunas especies inferiores los dos principios generativos de materia y forma coexisten en un mismo organismo. Pero siempre que es posible la Naturaleza tiende a separar las partes que realizan funciones especializadas. La especializaci?n es pues un signo de las especies superiores. Y, por supuesto, la hembra aportar? el principio inferior, la materia. El proceso de la concepci?n seg?n Arist?teles Todo lo que se transmit?a al feto est? en los residuos seminales (el semen y la sangre menstrual), y ambos eran el resto de la comida recocida en el est?mago, el h?gado y el coraz?n hasta conseguir el suficiente calor vital como para llevar consigo el alma nutritiva y poder ser utilizada en el crecimiento del nuevo ser. Esta cocci?n era posible gracias al calor vital del pneuma. La mujer tiene calor vital suficiente para poseer las facultades del alma humana en s? misma, pero no para realizar una cocci?n del alimento que le permita producir un l?quido seminal lo suficientemente caliente para llevar estas mismas facultades. La mujer s?lo puede proporcionar la materia en un estado tal que pueda recibir la forma superior que imprime en ella el residuo seminal del hombre. Arist?teles consideraba que, con vistas a procrear, era mejor tener relaciones cuando hubiese en el vientre una cantidad adecuada de l?quido menstrual, sin especificar exactamente cu?l era este momento. S? dijo que muchas mujeres conceb?an mejor justo Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 35 despu?s de la menstruaci?n porque el resto de sangre menstrual que quedaba en el vientre era la cantidad adecuada para que el feto empezara a formarse. Tambi?n cre?a que algunas mujeres conceb?an mejor durante la menstruaci?n, confundiendo la menstruaci?n con el sangrado de las hembras mam?feras en celo. La sangre menstrual, con menos calor, puede almacenarse en el ?tero. El semen tiene que sufrir la ?ltima cocci?n justo antes de la eyaculaci?n. Es el calor producido en el pene durante el acto sexual lo que provoca la cocci?n final de la sangre acumulada en los vasos que van de los ri?ones a los test?culos, gracias al pneuma que baja desde el coraz?n. El semen masculino no aporta materia para la creaci?n del feto, sino que es ?nicamente la causa eficiente que transfiere la forma del padre a la materia de la madre y se evapora tan pronto como ha realizado esta funci?n. Una de las dificultades que plantea esta explicaci?n es el tiempo que se necesita para que se lleve a cabo la concepci?n, y otra el parecido de los hijos con los progenitores. El sexo del feto se determina al final de la concepci?n y perfecciona, o completa, dicha concepci?n. Si el pneuma del padre tiene suficiente calor vital para dominar completamente la materia aportada por la madre, se crea un hombre. Pero si el pneuma del semen del padre es dominado por la materia de la madre, se produce una mujer. El esperma masculino posee una potencia, o dynamis, en virtud de la cual el padre transmite el alma al hijo: ?el macho es quien realiza la generaci?n, pues ?es ?l quien introduce el alma sensitiva, ya sea directamente, ya sea por intermedio del semen.? El principio ps?quico es vehiculizado por el esperma gracias a la naturaleza neum?tica y caliente de ?ste, consecuencia de su cocci?n cabalmente cumplida. Entre el padre y el embri?n hay, pues, transmisi?n de alma.? 38 Y, adem?s, el esperma ?posee el principio de la forma? 39 . El nuevo ser no puede desarrollarse en cualquier sentido, sino que recibe la forma de su genus. ?El macho proporciona la forma y el movimiento? 40 , la posibilidad de desarrollo del nuevo ser. El hombre, por tanto, aporta al hijo, alma, forma y movimiento; la mujer, cuerpo, materia y pasividad. 38 Sissa, Giulia, o.c. p. 119 39 Idem, p. 119 40 Idem, p. 119 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 36 VIII. El embarazo y el parto Se consideraba que la duraci?n del embarazo oscilaba entre siete y diez meses. Los partos de ocho meses presentaban un mayor riesgo para los beb?s, por ser el momento en que el feto descend?a en el ?tero y pod?a contraer m?s enfermedades. El embarazo era considerado una situaci?n de riesgo y debilidad para la mujer. Seg?n Arist?teles en su Historia de los Animales, las mujeres sufren desde el comienzo de su embarazo de mareos, dolores de cabeza, r?pidos cambios de humor, y otras molestias, que aumentan en los embarazos de fetos femeninos. Un tratado hipocr?tico refiere casos de mujeres embarazadas que comen tierra y carb?n. El tratado hipocr?tico Sobre las Enfermedades de las Mujeres menciona la probabilidad de abortos en los tres o cuatro primeros meses y sus posibles causas; si el ?tero es demasiado grande o demasiado peque?o, si la mujer coge demasiado peso, o si come mucho o demasiado poco, si bebe en exceso, si sufre un susto, si es golpeada, o si hace demasiado ejercicio. Se?alemos que Plat?n en Las Leyes aconseja la gimnasia prenatal, aunque recomienda se evite el ejercicio mental. Y Arist?teles aprobaba la relaci?n sexual durante el embarazo, se?alando que las mujeres que ten?an relaciones poco antes de dar a luz ten?an partos m?s r?pidos. El desarrollo del embri?n masculino era mucho m?s r?pido que el del embri?n femenino: ?Aristotle thought the male was fully articulated (and about the size of a large ant) after 40 days, a girl after 90, and it was at these times too that they began to move. Nat. Puer. 18 (vii.500. 1-2) places the times at 30 and 42 days respectively. A pregnancy with a girl was therefore much more likely to be delayed till the tenth month and was generally harder in every way. The mother suffered more pain, more swollen legs , more strange desires, and had a worse colour when she was carrying a girl.? 41 El parto se produce, seg?n el texto hipocr?tico Sobre la Naturaleza de los Ni?os, cuando la sangre menstrual no es suficiente para alimentar al feto y ?ste rompe las membranas con movimientos espasm?dicos para buscar alimento. El papel de la mujer en el parto es pasivo, no se cre?a que se produjeran contracciones uterinas que provocasen la expulsi?n, sino que toda la actividad del parto depend?a del feto. El ?tero seg?n los hipocr?ticos era activo para absorber la sangre menstrual y el semen masculino, y para moverse en busca de humedad, pero no para expulsar el feto. 41 Dean-Jones, Lesley Ann., o.c. pp. 210-11. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 37 Todos los partos descritos en el corpus hipocr?tico son partos anormales en alg?n sentido. ?C?mo resuelven los hipocr?ticos estos partos dist?cicos? Si el beb? es demasiado grande o est? mal colocado o no tiene fuerzas para abrirse camino, en el tratado Sobre las Enfermedades de las Mujeres, se aconsejan los siguientes procedimientos: en primer lugar ba?ar a la madre y administrarle ciertas sustancias; si esto no basta, administrarle alguna sustancia que la obligue a estornudar, mientras se le sujetan la nariz y la boca, a fin de que el estornudo provoque la expulsi?n del beb?. Si tampoco esto es efectivo se aconseja sacudirla at?ndola a una cama, o a una escalera. Este procedimiento se llevaba a cabo atando a la mujer a la cama, por el pecho, axilas y mu?ecas, con tiras de tela o cuero. Se coloca un mont?n de paja en el suelo bajo la zona de la cabecera de la cama, para elevarla, y dos hombres fuertes levantaban la cama hasta una posici?n vertical y la dejaban caer suavemente, procurando hacer coincidir el movimiento con las contracciones uterinas: ?Other methods Hippocratics used for shaking the parturient in dystocia advised tying the woman to a ladder which was raised and then dropped, still others shook the parturient while she was held either under her armpits, or by her hands and feet. 42 Si las sacudidas no provocaban el parto, se recurr?a a otras medidas. En el caso de presentaci?n de nalgas u hombros, se reintroduc?a el feto en el ?tero y se le manipulaba para colocarlo en posici?n de cabeza. Si ello no era posible se proced?a a extraer al feto desmembr?ndolo, tratando de salvar a la madre, con la inevitable muerte de un feto, demasiado d?bil para salir por s? mismo. Recogemos un texto, sobre la extracci?n del feto cuando no es posible recolocarlo y provocar el parto, que puede aproximarnos a la vivencia que representar?a para muchas mujeres la atenci?n de un parto dist?cico: ?Every foetus which is dead and has either a leg or a hand sticking out is best treated as follows: if possible, thrust it back inside and turn its head first; if this is impossible and it is swollen, dismember it in the following way. Cut off the head with your knife, crush it with your compressor (so that it won?t get in your way), draw out the bones with your bone- extractor, and thrusting with your hook along the collar bone so that it will hold, draw it along, not forcibly, but a little at a time, relaxing your grip and again straining. When you have drawn it along, but it is on its shoulders, cut off both hands at the joints with the shoulders... If it can move, draw the rest out easily; but if it does no obey, split the foetus? chest open all the way to the throat. Take care not to cut in the region of its belly and strip bare some bone, for belly and intestine and faeces go out; and if 42 Hanson, Ann Ellis. Continuity and Change: Three Case Studies, en Pomeroy, Sarah B. (edit.) Women?s History and Ancient History. The University of North Carolina Press, Chapel Hill, 1991, p. 92 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 38 some of these do fall out, the case is already a more troublesome one. Then compress its sides and draw its shoulder blades together, and the rest of the foetus will travel out easily, unless it has already swollen in its abdomen... If the hand or the leg of the dead foetus are fallen out, it is best to thrust both back in, if at all possible, and to straighten the foetus? position. If you cannot do this, cut off whatever is outside, as high up as possible; grope for the rest, push that back in, and turn the foetus? head first. When you are about to turn the baby or to dismember it, you should trim your fingernails. The knife you use for cutting should be more curved than straight, and you should cover up its tip with your fingertip as you grope and lead the baby on its path, for fear lest you touch the uterus. (Morb. Mul. 1.70 (?B?) = 8:146-48). 43 Resumiendo, podemos afirmar que los hipocr?ticos consideraban el ?tero como un ?rgano pasivo durante el parto. Por tanto pasivo era el papel de la mujer durante el mismo. Es el feto quien se abre paso para nacer. Los embarazos de fetos masculinos eran m?s favorables para la madre, cuya salud pod?a verse favorecida por el hecho de estar embarazada de un ni?o en vez de una ni?a. Los ni?os se formaban m?s r?pidamente y se mov?an antes que las ni?as. Los partos de ni?as eran m?s dif?ciles por ser ?stas m?s d?biles y tardar m?s en abrirse camino. Posteriormente, Sorano manifest? su desacuerdo con la t?cnica de las sacudidas, aunque consideraba que, pese a todos los riesgos que llevaba consigo, el desmembramiento del feto pod?a practicarse como forma de salvar la vida de la madre. Galeno describe el ?tero como un ?rgano con propiedades tanto de retenci?n como de expulsi?n. Sus disecciones de animales hembras en estado de gravidez y la influencia de Hi?rofilo, quien identific? los tejidos musculares que forman este ?rgano, pueden haber influido para hacerle conocer las contracciones uterinas Poseemos poca informaci?n sobre partos normales, pero podemos deducir que ?stos eran atendidos por las propias mujeres, quienes se transmit?a los conocimientos oralmente, por lo que s?lo tenemos referencia en los tratados m?dicos sobre partos dist?cicos. Parece que las mujeres daban a luz sentadas en una silla de parir o sobre el regazo de otra mujer. La expulsi?n de la placenta pod?a requerir la administraci?n de sustancias y el uso de pesarios. En el momento de la expulsi?n, las mujeres que atend?an a la madre lanzaban un grito ritual de alegr?a. Tras la expulsi?n de la placenta, la madre y el beb? recib?an un ba?o ritual. En muchos lugares el beb? era envuelto o vendado con tiras de tejido, para evitar da?os en las extremidades. El nacimientos se anunciaba al resto de la comunidad colocando s?mbolos en la puerta de la casa: una corona hecha con 43 Idem, p. 93. Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 39 ramas de olivo si era un ni?o, y un trozo de lana si era una ni?a. La madre parece haber sido considerada impura hasta el momento de la ceremonia de imposici?n del nombre que ten?a lugar al d?cimo d?a tras el nacimiento. Un cierto tiempo despu?s del parto, la madre visitaba el altar de una de las diosas del nacimiento, Artemisa entre otras, para dar gracias por su parto, llevando una prenda como ofrenda. Recordemos que, tanto en Grecia como en Roma, el reci?n nacido pod?a ser expuesto, es decir abandonado, si as? lo decid?a el padre, y que, probablemente, eran expuestas m?s ni?as que ni?os. Respecto a las hemorragias post-parto, en el tratado sobre Las Enfermedades de las Mujeres se dice que la madre sangra durante treinta d?as tras el parto de un ni?o y cuarenta y dos tras el parto de una ni?a. Arist?teles sugiere que cuarenta d?as son el l?mite de una hemorragia post-parto normal. Se deb?a evitar la relaci?n sexual durante este tiempo, por considerarse que pod?a provocar prolapso de ?tero. La formaci?n de la leche materna se explicaba como una conversi?n de la sangre menstrual que ya no era precisa para la formaci?n del feto. Los hipocr?ticos cre?an que la sangre menstrual pod?a transformarse en leche, incluso en el caso de mujeres no embarazadas. Arist?teles explicar? la transformaci?n de la sangre en leche por efecto del calor del pneuma que provoca la hinchaz?n de los pechos. En la mujer no embarazada, el residuo seminal que hab?a descendido al ?tero no volv?a generalmente al pecho para una cocci?n final, pero en la embarazada, la sangre menstrual no utilizada para el desarrollo del feto, no pod?a evacuarse porque el estoma estaba cerrado durante el embarazo, as? este residuo acumulado volv?a a los pechos y se transformaba en leche. Una vez nacido el beb? su succi?n actuaba para seguir atrayendo la sangre menstrual a los pechos desde el ?tero, aunque ?ste ya no estuviese cerrado. Existe otra teor?a sobre la producci?n de la leche en algunos hipocr?ticos y en algunos escritos aristot?licos: la presi?n del ?tero sobre el est?mago provoca que las partes grasas de los alimentos pasen a la carne de la madre y se transforman posteriormente en leche por acci?n del calor procedente del ?tero. IX. La menopausia Los textos cient?ficos conceden muy poca importancia a la menopausia, sobre todo en comparaci?n con la gran atenci?n dedicada a la menarquia y la menstruaci?n. Podemos suponer dos causas para ello, una que pocas mujeres alcanzaran esta edad, y, otra, que siendo considerada la mujer fundamentalmente como un ser para la Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 40 procreaci?n, se le conced?a poca importancia en el momento en que dejaba de servir para tal funci?n. Seg?n Arist?teles, la mayor?a de las mujeres dejaban de menstruar en torno a los cuarenta a?os, aunque se conoc?an casos de mujeres f?rtiles hasta la cincuentena. X. Contracepci?n y aborto Pese a los numerosos consejos sobre las mejores condiciones para lograr un embarazo, en la Grecia cl?sica, las familias numerosas eran excepci?n. Podr?an influir varios factores, adem?s de las pr?cticas abortivas propiamente dichas: deseo de no dividir excesivamente la herencia, escasa relaci?n sexual con la esposa, exposici?n de reci?n nacidos, alta mortalidad infantil, etc. Se utilizaban pociones y sustancias aplicadas que podr?an actuar como anticonceptivos o como abortivos: ?El texto De materia medica de Diosc?rides (40-80 D.C.), al a?adir datos a la informaci?n sobre hierbas de Teofrasto (300 A.C.) inclu?a muchas recetas de bebidas que conten?an, supuestamente, elementos esterilizantes tales como hojas o corteza de espino, hiedra, sauce y ?lamo. Se afirmaba que si se com?a col e leche de cabra se estimulaba el impulso sexual, pero disminu?a si se com?a seca. Por otra parte, si se colocaban bayas de enebro en el pene o en la vulva se obten?a como resultado una esterilidad temporal. Los textos hipocr?ticos al recomendar ?misy? parece que se refer?an al sulfato de cobre... Disc?rides sugiri? untar los genitales con goma de cedro y aplicar alumbre al ?tero. Tales sustancias ser?an consideradas hoy d?a eficaces, en la medida en que fueran o no capaces de inmovilizar al esperma... Disc?rides hac?a referencia a un supositorio de menta y miel que se introduc?a antes del coito y a un pesario picante para despu?s... Es posible que algunas mujeres griegas ensayaran el sistema del ritmo, aunque con pobres resultados seg?n es de suponer, ya que se cre?a que la concepci?n era m?s probable inmediatamente antes o despu?s de la menstruaci?n.? 44 Los textos m?dicos ofrecen referencias a distintas pr?cticas abortivas, tales como: ?el uso de perforaciones, pesarios, pociones orales, supositorios, fumigaciones y cataplasmas. Adem?s de esto, dar saltos, copular en exceso, las fiebres, los v?mitos y las hemorragias desempe?aban un papel en la provocaci?n de un aborto.? 45 En el tratado Sobre la Naturaleza del Ni?o se describe el consejo dado por el autor a una mujer para provocarle la expulsi?n de la semilla mediante saltos. Distingue entre 44 McLaren, Angus. Historia de los Anticonceptivos. Ediciones Minerva. Madrid, 1993, p. 41 45 Idem, p. 42 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 41 pr?cticas abortivas que utilicen sustancias y las que aconsejan saltos y movimientos para provocar la expulsi?n. Sorano proporciona una descripci?n de varios m?todos anticonceptivos para contraer o bloquear la entrada del ?tero. Manifiesta que algunos m?dicos, incluido ?l mismo, s?lo practican abortos cuando peligra la vida de la madre. Asimismo existen referencias a la utilizaci?n del coitus interruptus y a la pr?ctica de coito anal heterosexual, como aparece reflejado en las pinturas de los vasos. Las creencias de que la mujer pod?a saber cuando hab?a retenido o no la semilla y de que la concepci?n propiamente dicha no se produc?a hasta el s?ptimo d?a despu?s del coito, pod?an resultar ?tiles tanto a los m?dicos como a las mujeres para provocar abortos encubiertos, bajo el pretexto de curar retenciones de la menstruaci?n, sin violar el principio del juramento hipocr?tico: no dar? pesarios para provocar un aborto. Pese a no conocerse la existencia de leyes que prohibiesen el aborto, ?ste ?era considerado causa de impureza por muchos cultos, al igual que la maternidad. A las mujeres que hab?an sufrido cualquiera de las dos experiencias les estaba prohibido entrar en los santuarios religiosos hasta que no hubiera pasado un per?odo de tiempo determinado. Una inscripci?n de c.100 A.C. en un templo de Filadelfia en Lidia dedicado a Dionisio, prohib?a la entrada a aquellos que usaban afrodis?acos, abortivos, y magia anticonceptiva.? 46 El feto s?lo era considerado humano en potencia. No se planteaba, por tanto, el dilema moral como podemos entenderlo actualmente. Ni siquiera despu?s del nacimiento, el padre griego, o romano, tiene la obligaci?n moral de aceptar a su hijo, siendo posible su abandono. S?lo la mujer viuda puede decidir el aborto por s? misma. La mujer casada no puede decidir sobre la vida del hijo, porque ello es atentar contra una propiedad del marido. En el mundo greco-romano, s?lo el padre tiene potestad para decidir sobre la vida de los hijos. XI. Conclusi?n sobre la visi?n del cuerpo de la mujer en la Grecia cl?sica En la visi?n griega de la anatom?a y fisiolog?a femeninas, encontramos la mayor?a de los conceptos que configurar?n la construcci?n de sexo y g?nero durante siglos, incluida la ?poca victoriana. En primer lugar la interpretaci?n del sexo: sexo ?nico o doble sexo: para los hipocr?ticos, la mujer es absolutamente distinta del hombre, para Arist?teles la mujer es un hombre disminuido cuyo cuerpo s?lo se 46 Idem, p. 44 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 42 aproxima al ideal. En segundo lugar, la importancia atribuida a la menstruaci?n. Las teor?as sobre el cuerpo de la mujer se basan poco en la observaci?n, disecci?n, etc., y mucho en los fluidos excretados, sobre todo, la menstruaci?n. La diferencia fundamental entre hombres y mujeres -la naturaleza m?s o menos esponjosa de su carne seg?n los Hipocr?ticos, y el grado de calor seg?n Arist?teles-, se manifiesta en la continua acumulaci?n y expulsi?n de sangre menstrual por parte de las mujeres. Toda la vida de la mujer, sana, enferma, embarazada, etc. se explica mediante la menstruaci?n. Para los Hipocr?ticos, la hemorragia menstrual no tiene ning?n proceso an?logo en el cuerpo del hombre. El exceso de sangre en sus cuerpos provoca que las mujeres est?n en un riesgo permanente de enfermar. La menstruaci?n es el mecanismo que las libera de tal riesgo, con lo cual toda retenci?n o exceso supone un grave peligro para la salud de la mujer. En la teor?a aristot?lica la sangre menstrual corresponde al semen masculino, pero en un grado inferior de cocci?n, y su producci?n s?lo es importante en funci?n de la procreaci?n, no proporciona ning?n beneficio al cuerpo de la mujer por s? misma. Dos puntos en com?n en ambas teor?as son: a) la menstruaci?n es el primer fen?meno que diferencia a hombres y mujeres; b) los cuerpos de todos los seres humanos (hombres y mujeres) est?n formados a partir de la sangre menstrual que nutre al feto en el ?tero materno. Pr?cticamente todos los trastornos f?sicos y ps?quicos que pudiera sufrir una mujer se atribu?an a alg?n desorden en sus reglas. La desaparici?n, escasez o excesiva abundancia de la hemorragia menstrual son causa de grave riesgo para la salud de la mujer, que queda constituida en un ser al borde permanente de la enfermedad. No aparecen, sin embargo, referencias a la menstruaci?n en las obras literarias, ni bromas en las comedias (cuando s? las hay respecto a otros procesos fisiol?gicos), ni se recogen mitos ni tab?es respecto a la mujer menstruante. ?Tal vez el ejemplo m?s asombroso de la ausencia de tab? asociado a la mujer menstruante en la Grecia antigua sea el que tanto Hip?crates como Arist?teles animan positivamente al hombre para que tenga relaci?n sexual con su mujer aunque se encuentre en el per?odo menstrual.? 47 Tampoco existen referencias a otras pr?cticas com?nmente aplicadas en las culturas que mantienen tab?es hacia la mujer menstruante, como puede ser la 47 Dean Jones, Lesley. ?El cuerpo de las mujeres en la ciencia griega cl?sica?, en Arenal, Vol. II, n. 7 (julio-diciembre 2000), pp. 267-300, p. 278 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 43 prohibici?n de elaborar o servir alimentos a los hombres, o acudir a los lugares sagrados. La raz?n para explicar esta falta de tab? respecto a la menstruaci?n (tan com?n en casi todas las culturas) puede residir en el propio mito de creaci?n de la mujer. En la mitolog?a griega la mujer es, desde su origen, inferior, absolutamente distinta del hombre, la mujer es un castigo para el hombre, un castigo que los dioses hacen necesario, un mal imprescindible, y la mayor se?al de esta inferioridad y diferencia natural, inherente, es la menstruaci?n. No es preciso separar o se?alar de forma especial a la mujer durante ese per?odo, ya est? separada, marcada, radicalmente en todo momento. Si pensamos tambi?n que los tab?es respecto a la menstruaci?n representan el temor masculino al poder de la mujer menstruante (que sangra sin morir, que posee el principio de la vida, etc.), podemos recordar que en la sociedad griega el dominio total del hombre, la falta de ?reas de poder o influencia de las mujeres, siempre sometidas a su kyrios, parece hacer innecesario un rito o un tiempo en que se evite su posible influencia perniciosa. Puede que el hecho de haber circulado teor?as cient?ficas que explicaban la menstruaci?n como algo natural y al mismo tiempo perfectamente de acuerdo con la visi?n negativa de la mujer, haya suplido la funci?n m?gica del mito y el tab?. El cuerpo de la mujer era peligroso durante todo el per?odo de fertilidad (la Pitia de Delfos ten?a que ser mayor de 50 a?os y se vest?a como una virgen, las ni?as ten?an que someterse al rito del oso antes de la pubertad, etc.), desde la menarquia a la menopausia, no s?lo durante los d?as de la menstruaci?n. Podr?amos decir, pues, que en el mundo griego el tab? de la mujer no se limitaba al per?odo de menstruaci?n, sino a toda su vida, especialmente los a?os de su fertilidad: ?... la teor?a m?dica de la antigua Grecia corrobora la dominaci?n f?sica y mental masculina con su explicaci?n de la menstruaci?n como resultado final de una debilidad f?sica del cuerpo femenino durante todo el mes. Fuera del contexto m?dico no hab?a necesidad de referirse al per?odo real de p?rdida de sangre menstrual para apuntalar la idea masculina de que las mujeres eran m?s d?biles; esto quedaba sobreentendido en las alusiones m?s generales a la fisiolog?a femenina.? 48 En tercer lugar, las aportaciones cient?ficas vienen a manifestar que la mujer es, por su propia naturaleza, un ser inferior, d?bil, inadecuado para la vida p?blica, con poco control de su libido, etc. El substrato en que se enra?zan estas interpretaciones es 48 Idem, p. 289 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 44 una cultura que concibe a la mujer como un mal necesario. Al mismo tiempo, las teor?as cient?ficas confirman la necesidad y conveniencia de que la mujer quede relegada al ?mbito privado, justifican el sistema social imperante. La inferioridad biol?gica cient?ficamente probada podr? justificar el tipo de relaci?n de sometimiento de la mujer al marido que defiende Arist?teles en su obra Pol?tica: ?...como hemos visto, la ciencia de la administraci?n dom?stica tiene tres partes: una la relaci?n del due?o al esclavo... otra, la relaci?n paterno- filial, y la tercera, la relaci?n conyugal... pues es una parte de la ciencia dom?stica el gobernar a la esposa y a los hijos - a unos y a otra como a hombres libres, aunque no con el mismo sistema de gobierno, sino ejerciendo sobre la esposa un gobierno de tipo ?pol?tico? y sobre los hijos un gobierno de tipo mon?rquico-; el var?n, en efecto, es, por naturaleza, m?s apto para el mando que la mujer...? 49 En el gobierno pol?tico se supone la igualdad de las personas y pueden turnarse en el papel de gobernador y gobernado, pero no sucede as? entre hombre y mujer: ?S?lo que la relaci?n entre var?n y hembra, aun siendo an?loga a esa, mantiene una desigualdad permanente.? 50 La mujer participa del alma y de las virtudes morales, de moderaci?n, valent?a y justicia. Y ello es as? para que cumpla mejor su funci?n de gobernada, a imagen de la propia alma humana que tambi?n tiene una parte que gobierna, la racional y otra gobernada, la irracional. As? queda la mujer marcada por una inferioridad biol?gica y se le asigna como natural un papel de sumisi?n, imprescindible para el buen funcionamiento de la sociedad. Finalmente, se aplica absolutamente un doble sistema de permisividad sexual para hombres y mujeres, contradictorio con la visi?n de los mismos. La mujer es considerada como portadora de un ?tero insaciable, incapaz de la ansiada sofrosine, y, en el caso de la mujer honesta, la esposa por engu?, la madre de ciudadanos atenienses, se la somete a una vida de escasa pr?ctica sexual con un esposo desconocido para ella en muchos casos hasta el d?a de la boda. Al hombre, a quien se considera capaz de sofrosine, no esclavo de los apetitos sexuales, se le brinda, sin embargo, todo un ampl?simo abanico de posibilidades de actividad sexual a lo largo de su vida. De adolescente, puede ser el amante de un adulto. Antes de su matrimonio, en torno a los treinta a?os, puede disfrutar de la relaci?n homosexual con adolescentes. Puede disfrutar, ya casado, de la relaci?n con su esposa y con una o m?s concubinas que habiten en su propia casa. Y, en todo momento, puede asimismo tener relaci?n con 49 Arist?teles. Pol?tica, Libro I, Cap. 12, 1259 b, Madrid, Aguilar, 1982, p. 704 50 Idem, p. 704 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 45 prostitutas y hetairas y cualquier mujer esclava de su oikos. La estatua que aparece en la Fig. 1, procedente del Parten?n, puede simbolizar el ideal femenino de la Grecia cl?sica: la mujer sin cabeza, carente de raz?n y pensamiento, envuelta en bellos pa?os, pero privada de pies que le permitan la movilidad al espacio p?blico, reducida a los ?rganos que reproductivos: vientre para engendrar y amplios pechos para amamantar. XII. Sorano y Galeno En el siglo I de nuestra destaca el m?dico Sorano de Efeso, autor de un tratado de ginecolog?a de gran influencia en siglos posteriores. Sorano interpretaba los ?rganos femeninos como la inversi?n de los masculinos, pero no aceptaba la teor?a del ?tero vagabundo y desaconsejaba el matrimonio demasiado temprano para las j?venes. Galeno recoge la visi?n aristot?lica del sexo ?nico. Todos los ?rganos sexuales de la mujer son la inversi?n de los del hombre, y de ah? su menor perfecci?n. Siguiendo su s?mil de los ojos del topo, ?los genitales femeninos ?no se abren? y quedan como una versi?n imperfecta de lo que hubieran sido si se hubieran exteriorizado. Los ojos del topo ?permanecen como los ojos de otros animales cuando todav?a est?n en el ?tero?, y as?, siguiendo esta l?gica hasta su conclusi?n, la matriz, la vagina, los ovarios y los ?rganos externos permanecen por siempre como si estuvieran todav?a dentro de la matriz. Forman en el interior de s? mismos como una vertiginosa cascada, la vagina, un pene nonato y eternamente precario, la matriz como un escroto atrofiado, y as? sucesivamente.? 51 Respecto a la contribuci?n de la mujer a la procreaci?n, Galeno defiende la teor?a de las dos semillas, pero insiste en que ?la semilla del progenitor femenino es menos poderosa, menos ?informante? que la del progenitor masculino, por la propia naturaleza de la hembra. Ser hembra significa tener una semilla m?s d?bil, incapaz de engendrar, no como cuesti?n emp?rica, sino por imperativo l?gico. ?Desde luego la hembra debe tener los test?culos m?s peque?os y menos perfectos y el semen que generan debe ser m?s ligero, m?s fr?o y h?medo (porque esas cosas se siguen necesariamente de un calor insuficiente)? (UP 2.631). De este modo, en contraste con Hip?crates, Galeno mantiene que la calidad de las respectivas semillas procede de la jerarqu?a de los sexos. La semilla del hombre es siempre m?s espesa y c?lida que la de la mujer por la misma raz?n que el pene es protuberante y no queda sin desarrollo en el interior del cuerpo, como el ?tero y los ojos del topo: los 51 Laqueur, Thomas. La Construcci?n del Sexo. Cuerpo y G?nero desde los Griegos hasta Freud. Ediciones C?tedra. Madrid, 1994, p. 60 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 46 humanos son los animales m?s perfectos y el hombre es m?s perfecto que la mujer por un exceso de calor.? 52 Recogemos, finalmente, una cita de un texto gal?nico sobre la menstruaci?n. Observemos c?mo no se deduce aqu? de la anatom?a o la fisiolog?a femenina la necesidad de llevar una vida m?s recluida, como suceder? despu?s en la ?poca victoriana. Se da por supuesto su vida en el ?mbito de lo privado y de su mayor inactividad se deriva la necesidad de expulsar humores acumulados. En cualquier caso, siempre aparece como un hecho inalterable, natural, la inferioridad femenina y su exclusi?n del ?mbito p?blico. Este texto pone de manifiesto dos aspectos importantes ya mencionados, que se repetir?n en el tratamiento m?dico de las mujeres en ?pocas posteriores: relacionar todas las enfermedades femeninas con aspectos ginecol?gicos y considerar que la supresi?n de la menstruaci?n puede causar grav?simas enfermedades. ??Acaso la naturaleza no proporciona a todas las mujeres una purgaci?n mensual, despidiendo la sangre? En efecto, la mujer, por el hecho de vivir en casa, de no dedicarse a trabajos pesados ni estar bajo el sol, almacena una gran cantidad de humores, y por esto necesita esta evacuaci?n, como remedio natural.... En efecto, el feto suele alimentarse con la sangre del ?tero. Despu?s del alumbramiento, la leche que se forma en las mamas es tambi?n, en cantidad no peque?a, una evacuaci?n (de la sangre), puesto que la sustancia de la leche y de los menstruos es la misma, y las venas son, por as? decirlo, las fuentes comunes de ambos r?os.... Quisiera por tanto, que conocieras la verdad afirmada por mis propias palabras, y es la siguiente: la mujer si tiene purgaciones normales, no sufre de podagra, ni de dolores articulares, ni de inflamaci?n de los pulmones, ni de pneumon?a; tampoco est? expuesta a la epilepsia o a la apoplej?a, ni es afectada por la falta de respiraci?n o de voz. ?Acaso cuando hay el flujo menstrual la mujer es atacada por la locura, por el letargo, por convulsiones, temblores o escalofr?os? Viste alguna vez a la mujer con menstruaciones normales sufrir de melancol?a o de man?a, o tener cefalea o ser ahogada por la angina o ser acometida por alguna enfermedad grave de esta especie? Por el contrario, si se suspende el menstruo, cualquier enfermedad la aqueja, y se sana nuevamente cuando vuelven las evacuaciones.? 53 Veamos en el cap?tulo siguiente c?mo heredan y contin?an estas creencias los siglos posteriores. 52 Idem. pp. 82-83 53 Galeno. La Sangr?a: Contra Erasistrato, Cient?ficos Griegos, Vol.II. Aguilar, Madrid, 1970, pp. 896-7 Mujer y Salud Cap. I. La visi?n del cuerpo de la mujer en el mundo cl?sico 47 Fig. 1. Estatua procedente del friso del Parten?n. Museo Brit?nico. Londres. Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 49 CAP. II. CONSTRUCCI?N DE SEXO Y G?NERO DESDE LA ANTIG?EDAD AL SIGLO XIX ?The Judeo-Christian cosmology that informs Western civilisation sees the female body and female sexuality in the person of Eve as responsible for the downfall of mankind. For thousands of years, women have been beaten, abused, burned at the stake and blamed for all manner of evil simply because of their sex.? 1 I. La creaci?n de la mujer en la tradici?n judeocristiana En el G?nesis, cap. I, vers. 26, 27 y 28, se hace la siguiente narraci?n de la creaci?n: ?Y por fin dijo Dios: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra; y domine a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a las bestias, y a toda la tierra, y a todo reptil que se mueva sobre la tierra. Cre?, pues, Dios, al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le cre?, cre?los var?n y hembra. Y ech?les Dios su bendici?n y dijo: Creced y multiplicaos, y henchid la tierra, y ense?oreaos de ella, y dominad a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a todos los animales, que se mueven sobre la tierra.? 2 Seg?n esta primera versi?n el hombre y la mujer son creados, al mismo tiempo, despu?s que el resto del universo, y reciben conjuntamente la misi?n de multiplicarse y de dominar la tierra. 1 Northurp, Christiane. Women?s Bodies, Women?s Wisdom. Piatkus. Londres, 1998, p. 5 2 G?nesis, I, 26-27 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 50 Sin embargo, en el cap?tulo II del G?nesis, se hace una narraci?n diferente de la creaci?n, tras crear el universo, crea Dios al hombre del barro de la tierra: ?Form?, pues, el Se?or Dios al hombre del lodo de la tierra, e inspir?le en el rostro un soplo o esp?ritu de vida, y qued? hecho el hombre viviente con alma racional.? 3 Inmediatamente despu?s crea los r?os que fecundar?n el ed?n, coloca al hombre (var?n, no existe a?n la mujer) en medio de ese para?so y le encomienda su cuidado as? como la prohibici?n de comer del fruto del ?rbol del bien y del mal. S?lo entonces, decide Dios crear a la mujer: ?Dijo asimismo el Se?or Dios: No es bueno que el hombre est? solo: hagamos ayuda y compa??a semejante a ?l.? 4 Y a?n antes de proceder a la creaci?n de la mujer, present? ante Ad?n el conjunto de los animales creados, y Ad?n les dio nombre, signo de su superioridad sobre ellos. ?Llam?, pues, Ad?n por sus propios nombre a todos los animales, a todas las aves del cielo, y a todas las bestias de la tierra: mas no se hallaba para Ad?n ayuda o compa?ero a ?l semejante.? 5 Es ahora cuando Dios crea a la mujer: ?Por tanto, el Se?or Dios hizo caer sobre Ad?n un profundo sue?o: y mientras estaba dormido, le quit? una de las costillas, y llen? de carne aquel vac?o. Y de la costilla aquella que hab?a sacado de Ad?n, form? el Se?or Dios una mujer: la cual puso delante de Ad?n.? 6 En esta segunda narraci?n, es Ad?n quien da nombre a la mujer, al igual que hab?a hecho con los animales, y decide su destino com?n: ?y dijo Ad?n: esto es hueso de mis huesos, y carne de mi carne: llamarse ha, pues, hembra, porque del hombre ha sido sacada. Por cuya causa dejar? el hombre a su padre, y a su madre, y estar? unido a su mujer; y los dos vendr?n a ser una sola carne.? 7 Hay tres diferencias fundamentales entre las dos narraciones, cuya interpretaci?n ha tenido una enorme influencia en la construcci?n de la visi?n de la mujer en el mundo judeocristiano. En la primera narraci?n hombre y mujer son creados al mismo tiempo, de la misma forma y ambos son creados a imagen y semejanza de Dios. En la segunda, el hombre es creado primero, la forma de creaci?n es diferente, y, ?no clear statement is made of woman or man being created in God?s image.? 8 Teniendo en cuenta estas diferencias, el G?nesis permite tres interpretaciones distintas de la creaci?n: el hombre y la mujer son iguales, la mujer es superior al hombre, o el hombre es superior a la mujer. La primera narraci?n permite afirmar la 3 Idem, II, 7 4 Idem, II, 18 5 Idem, II, 20 6 Idem, II, 21-22 7 Idem, II, 23-24 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 51 igualdad entre ambos, creados de igual forma, a imagen y semejanza de Dios y recibiendo juntos igual bendici?n y mandato. En la segunda narraci?n, hay dos puntos fundamentales sobre los que argumentar cualquiera de las tres interpretaciones: la materia de que est? formada la mujer y su condici?n de compa?era. Teniendo en cuenta el material de que fue formada la mujer, muchos te?logos argumentaron la inferioridad y dependencia de Eva respecto a Ad?n, por haber sido creada de una de sus costillas. Sin embargo, tambi?n se usar? esta diferencia como argumento a favor de la superioridad de la mujer, considerando que la costilla, de la que fue formada Eva, era un material superior al barro que dio origen a Ad?n. Otra postura, es la defensa de la igualdad de ambos sexos, fundiendo elementos de las dos narraciones: ?An alternative analysis advanced by Mieke Bal focuses on the nature of creation in the rib story in support of the conclusion that woman and man were created as equals.? 9 Su argumento, que logra dar una unidad a las dos versiones del texto b?blico, es que el primer ser creado del barro era asexuado. Dios lo somete a un sue?o en que procede a dar vida, a partir de este primer ser asexuado, al hombre y a la mujer. Ambos son, pues, creados, en esta interpretaci?n, al mismo tiempo y de la misma manera, siendo, por tanto, iguales. Y en cuanto a la misi?n de la mujer como compa?era, de ella puede derivarse tambi?n una interpretaci?n de igualdad, considerando que un compa?ero no puede ser superior ni inferior. O, bien, se puede deducir su inferioridad, por ser creada como un ser dependiente, subordinado del hombre, cuya ?nica raz?n de existir es ser un mero auxiliar de otro superior. Pese a que el texto b?blico pudiera tener distintas lecturas, y a que parece claro que si se sigue la del primer cap?tulo, se afirmar?a la igualdad de hombre y mujer, sin embargo, ?by far the most prevalent interpretation of the genesis creation story in the Christian tradition is that of man as metaphysically superior to woman.? 10 Esta interpretaci?n fue la apoyada por distintos padres de la Iglesia. En el siglo I, el fil?sofo Fil?n de Alejandr?a explica la creaci?n de Eva a partir de una costilla de Ad?n ?because woman is not equal in honour with man.? 11 La mujer es inferior al hombre y le debe obediencia, ?Philo argued that God formed woman from man?s rib rather than from the earth in order to guarantee that man would rule over woman, and that she in turn 8 Tuana, Nancy, The Less Noble Sex. Indiana University Press. Indian?polis, 1993, p. 8 9 Idem, p. 9 10 Idem, p. 10 11 Idem, p. 10 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 52 would serve him.? 12 El hecho de haber sido creada despu?s que el hombre confirma tambi?n su inferioridad, y la formaci?n a partir de la costilla asocia, adem?s, a la mujer con el mundo de las sensaciones y las pasiones, en vez de la raz?n. ?Philo?s association of woman with sensation and the passions became a standard tenet of Christian theology.? 13 Esta interpretaci?n se mantendr? en otros te?logos. Santo Tom?s de Aquino insistir? en que la ?nica raz?n de ser de la mujer, como compa?era, es la procreaci?n, pues cualquier otro rol puede ser desempe?ado por el hombre. A partir de la narraci?n b?blica se extrae otro fuerte argumento contra la mujer: ella es la causa del pecado original, de la p?rdida del para?so. ?It was Eve whose weakness led to the fall of Adam and to the sickness, toil, and death that all humans must endure. As with Pandora, Eve?s moral weakness was the cause of man?s suffering.? 14 Para San Agust?n, el pecado de Eva prueba su necesidad de estar subordinada al hombre. Dada su facilidad para ser enga?ada, la mujer necesita gu?a y control. La narraci?n de la ca?da confirma, seg?n estas interpretaciones, que la mujer es m?s susceptible de dejarse arrastrar por el demonio, idea que seguir? presente en la persecuci?n de brujas siglos m?s tarde. Por otra parte, el pecado de Eva condena a la mujer a sufrir enfermedades y dolores derivados de sus funciones procreadoras, y la dependencia absoluta del hombre. Cada mujer debe purgar con su sacrificio el pecado original. Tambi?n esta idea quedar? presente durante siglos, la recoger? Lutero, pese a su defensa de la igualdad de hombre y mujer en el momento de la creaci?n, y tambi?n pensadores posteriores como Locke, o los doctores victorianos que se negaban a la administraci?n de cloroformo en el parto: ?The pain that woman experiences in childbirth is due not to convention, but is a fact of nature arising out of God?s punishment for disobedience, so too, the subjection of a wife to her husband is not the result of any arbitrary social structure. Woman?s subordination to man has ?a Foundation in Nature?.? 15 La virginidad, que se recomienda en m?ltiples tratados religiosos, es superior al matrimonio, y dentro del matrimonio es mejor la abstinencia o, en todo caso, la negaci?n del placer. Se determinar?n qu? d?as y momentos deben quedar excluidos de toda pr?ctica sexual. Adem?s, la menstruaci?n y el parto hacen impura a la mujer, que 12 Idem, p. 157 13 Idem, p. 11 14 Idem, p. 79 15 Idem, p. 160 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 53 deber? purificarse tras el mismo antes de poder acceder al templo. La mujer casada deber? imitar a las v?rgenes castas, para alcanzar una mayor perfecci?n religiosa. II. La defensa de la virginidad en la Antig?edad La exaltaci?n de la virginidad para la mujer cristiana comienza en el siglo IV. Es entonces ?cuando por primera vez la sexualidad femenina empieza a tener un puesto central y claramente articulado en el pensamiento cristiano...el imaginado cierre f?sico o inviolabilidad de los ?rganos sexuales de la virgen funciona simb?licamente en la ret?rica de este per?odo para reforzar las fronteras sociales e ideol?gicas. Estrechamente ligada a la construcci?n de la ortodoxia, la figura de la virgen se pone a menudo en contraste con la figura de la ramera her?tica.? 16 El tratamiento m?s antiguo de la virginidad femenina y la prostituci?n her?tica lo realiza Alejandro de Alejandr?a, coincidiendo con el comienzo de la pol?mica arriana y la ascensi?n de Constantino. Este autor, junto con el obispo antiarriano Atanasio, San Ambrosio, San Jer?nimo y San Agust?n, ser?n los pensadores que insistir?n especialmente sobre la virginidad femenina. Atanasio, en su obra Carta a las V?rgenes, pone a la Virgen Mar?a como modelo de mujer sumisa, obediente, modesta y con un estricto control de su compostura f?sica. La mujer se transforma en s?mbolo de la comunidad: la mujer virgen es la comunidad fiel a la ortodoxia, y la ramera expresa el peligro de los que rompen la ortodoxia y se oponen a la jerarqu?a de la Iglesia. Ambrosio, en su obra Sobre las V?rgenes, contin?a con la doble visi?n de la mujer. San Jer?nimo, especialmente en su Ep?stola 22, dedicada a instruir a la joven virgen Eustochium, pone especial inter?s en la preservaci?n de la virginidad, que debe defenderse de todo peligro, incluidos los pensamientos. El placer sexual hab?a sido ya condenado. Seg?n San Agust?n, ?it is sexual intercourse, or rather, sexual pleasure, that has transmitted original sin from generation to generation.? 17 Su obsesi?n sobre la represi?n de la sexualidad, llega al extremo de suponer que antes de la ca?da, Ad?n y Eva pod?an realizar el acto sexual sin placer. El placer es un castigo por la desobediencia cometida. El placer es un castigo 16 Virginia Burrus. La Sexualidad de las Mujeres Ascetas en la Antig?edad Cristiana, en P?rez Jim?nez, Aurelio y Cruz Andreotti, Gonzalo (edits.) Hijas de Afrodita: La Sexualidad Femenina en los Pueblos Mediterr?neos. Ediciones Cl?sicas. Madrid, 1995, p. 137 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 54 impuesto por Dios por causa del pecado de Eva. Y el placer experimentado en el acto sexual, aun cuando ?ste sea realizado con intenci?n de procrear, constituye un pecado venial. Distintos padres de la Iglesia insisten en que el exceso de amor entre los esposos es una ofensa a Dios. ?Thomas Aquinas reiterated the same idea: marriage being directed toward the generation of offspring, any man who loves his wife too passionately offends against the good of matrimony and may be termed an adulterer.? 18 Son numerosas las referencias de los padres de la Iglesia a la maldad de la mujer. Sirva de ejemplo la definici?n ofrecida en el siglo V por Hesechios de Jerusal?n al decir que ?toda mujer nacida era un ?instrumento defectuoso, una fr?gil vasija, una olla quebrada.?? 19 En un Thesaurus bizantino del siglo XIII ?a la pregunta ?qu? es mujer? Se nos dice que es simplemente la amiga y ?rgano del demonio, la fuente de todo mal, una bestia salvaje y desvergonzada , una serpiente venenosa, un almac?n de suciedad, una trampa sexual que es insaciable.? 20 La mujer, ser inferior por su propia naturaleza, pod?a librarse de tal limitaci?n, renunciando a ser mujer, siendo como un hombre, mediante el voto de castidad. Se recomendar? la castidad incluso dentro del matrimonio y encontramos distintas mujeres que eligieron una vida de actividad religiosa, exigiendo de sus maridos el mantenimiento de un matrimonio en que se eliminasen las relaciones sexuales. Podemos considerar desde la perspectiva actual que la insistencia en la virginidad y la castidad representaban una limitaci?n para la mujer, pero, si tenemos en cuenta los matrimonios impuestos y la falta de libertad de las mujeres, la opci?n de la virginidad, la vida asc?tica, y la castidad pod?an representar una forma de oposici?n por parte de la mujer al control sexual y social sobre su vida. Por otra parte, la exaltaci?n de la virginidad femenina pudo tener, como manifiesta Virginia Burrus, la consecuencia de servir para ?controlar y subordinar a las mujeres ascetas en particular y a las mujeres en general, lo que acab? por hacer particularmente asequible la etiqueta de ?hereje? (y luego de ?bruja?) para insistir en la complicidad de las mujeres.? 21 17 Ranke-Heinemann. Eunuchs for Heaven. The Catholic Church and Sexuality, Andr? Deutsch Ltd. Londres, 1990, p. 64 18 Idem, p. 50 19 Aglaia Kasdagli. El Papel de las mujeres en Bizancio, en P?rez Jim?nez, Aurelio y Cruz Andreotti, Gonzalo (edits.), o.c. p. 175 20 Idem, p. 175 21 Idem, p. 160 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 55 III. Construcci?n del conocimiento sobre cuerpo y sexualidad en la Edad Media Son escasos los textos m?dicos disponibles tras la ca?da del Imperio Romano. En el siglo VI es traducida la Ginaecia de Sorano, lo que permite divulgar sus teor?as. Pero la primera fuente a la que podemos referirnos para conocer la representaci?n de la mujer en la Edad Media son las Etimolog?as de San Isidoro de Sevilla, del siglo VII. El tipo de descripci?n anat?mica inaugurado por San Isidoro, respeta rigurosamente el principio de finalidad. ?Las palabras que se conservan para definir la mujer s?lo sirven para evocar su funci?n principal: hasta su debilidad f?sica, prenda de sumisi?n al hombre, favorece la procreaci?n.? 22 La mujer es un ser dominado por sus ?rganos reproductivos. En el siglo VI Moschion traduce la Ginaecia de Sorano de ?feso, siendo ?ste uno de los pocos textos disponibles hasta finales del siglo XI. Ser? en este momento cuando los escritos griegos lleguen nuevamente a Occidente, a trav?s de los textos ?rabes. Alfano de Salerno traduce la obra De Natura hominis, de Nemesio de Emesia, m?dico del siglo IV de nuestra era. Y Constantino el Africano realiza la principal contribuci?n: ?gracias a las traducciones de Constantino el Africano, realizadas en el curso de la segunda mitad del siglo XI, tenemos a nuestra disposici?n los conocimientos de la medicina ?rabe: Pantegni, de Al? ibn-al-Abb?s (siglo X); Viaticum, de Ibn-al-Jazzar; De coitu, quiz? del mismo autor, y una obra que ejercer? gran influencia en el pensamiento medieval: la seudo gal?nica De spermate.? 23 Se funden las escuelas hipocr?tica y gal?nica con los conocimientos de la medicina ?rabe, y, sobre esta base, se ir?n creando nuevos tratados m?dicos, muy especialmente en la famosa escuela de Salerno. Las teor?as de Sorano de ?feso quedan ampliamente ignoradas. En el siglo XIII, Gerardo de Cremona traduce las dos obras principales de la medicina ?rabe: el Canon de Avicena y el Liber ad Almansorem de Rhazes. Y, finalmente, primero Miguel Scot y despu?s Guillermo de Moerbeke, en la segunda mitad del siglo XIII, traducen De Animalibus de Arist?teles. El comentario de Alberto Magno sobre esa misma obra aristot?lica, probablemente ?sea una de las obras cient?ficas m?s importantes para descubrir la representaci?n de la mujer que pod?a darse en la mente de un religioso ilustrado y un gran esp?ritu cient?fico del siglo 22 Thomasset, Claude. La Naturaleza de la Mujer., en Duby, George y Perrot, Michelle, (edits.) Historia de las Mujeres. 2. Edad Media, pp, 72-104, Taurus. Madrid, 2000, p. 72 23 Idem, p. 74 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 56 XIII.? 24 La traducci?n de la obra De usu partium de Galeno no llegar? hasta la primera mita del siglo XIV. Se producen obras que comentan las distintas teor?as en materia de anatom?a y fisiolog?a. La primera es el Dragmaticon, de Guillermo de Conches, que recoge los conocimientos aportados por las traducciones de Constantino el Africano. En la segunda mitad del siglo XIII, aparecen varias obras enciclop?dicas: Speculum Naturale, de Vicent de Beauvais, De Proprietatibus Rerum, de Barthelemy el Ingl?s, De Naturis Rerum, de Alejandro Neckham. ?Todas estas obras estudian el proceso de la procreaci?n, del embarazo y tratan con particular cuidado la anatom?a y la fisiolog?a femeninas.? 25 IV. El sexo ?nico Durante siglos, el corpus hipocr?tico y, sobre todo, Arist?teles y Galeno, ser?n el fundamento sobre el que se basen las teor?as que expliquen la anatom?a y fisiolog?a femeninas. Existir?n dos posiciones b?sicas en la construcci?n de la visi?n del sexo: la teor?a aristot?lica y gal?nica del sexo ?nico, seg?n la cual la mujer es un hombre disminuido, un var?n imperfecto, y la teor?a de los dos sexos, que afirma la existencia de una diferencia absoluta y radical entre hombre y mujer. Hasta el siglo XVII predomina el modelo de sexo ?nico. Se crey? durante siglos ?que las mujeres ten?an los mismos genitales que los hombres, a excepci?n de que, como dec?a Nemesius, obispo de Emesa, en el siglo cuarto: ?los suyos est?n en el interior del cuerpo y no en el exterior?. Galeno, que en el siglo II d. de C. desarroll? el modelo m?s aceptado y duradero de la identidad estructural, aunque no espacial, de los ?rganos reproductores masculinos y femeninos, demostr? finalmente que las mujeres eran esencialmente hombres en los cuales una falta de calor vital ?de perfecci?n- se hab?a traducido en la retenci?n, en el interior, de las estructuras visibles en el hombre.? 26 Tom?s de Cantimpr?, en su obra De Natura Rerum, cita veintid?s veces la Anatomia vivorum, atribuida a Galeno, que insiste en la similitud entre los ?rganos masculinos y femeninos. Esta creencia est? presente en los textos ?rabes traducidos, y perdurar? a lo largo de los siglos: 24 Idem, p. 75 25 Idem, p. 75 26 Laqueur, Thomas. La Construcci?n del Sexo. Cuerpo y G?nero desde los Griegos hasta Freud. C?tedra. Madrid, 1994 p. 21 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 57 ?Los textos ?rabes transmitidos por las traducciones toledanas de finales del siglo XII retoman con fuerza el ideal aristot?lico y gal?nico de una similitud inversa entre los ?rganos masculinos y femeninos. Esta constataci?n est? claramente enunciada en el Canon de Avicena: ?Digo que el instrumento de la generaci?n en la mujer es la matriz (matrix) y que ha sido creado similar al instrumento de la generaci?n en el hombre, es decir, la verga y lo que la acompa?a. Sin embargo, uno de estos instrumentos es completo y est? dirigido hacia el exterior, mientras que el otro es reducido y est? retenido hacia el interior constituyendo, de alguna manera, el reverso del miembro viril. La envoltura de la matriz es como el escroto, el cuello (vaginal) como la verga. En las mujeres se encuentran dos test?culos igual que en los hombres, pero en estos ?ltimos son m?s grandes, est?n dirigidos hacia el exterior y tienden a adoptar una forma esf?rica: en las mujeres son m?s peque?os, de una esfericidad un tanto aplanada y est?n situados en el interior de la vulva.? El paralelismo se lleva a todos los planos del aparato genital,....... a los atributos femeninos se les atribuye, desde esta perspectiva, una talla o una cantidad inferior. La analog?a entre los ?rganos de los dos sexos ser? en adelante sistem?tica en la literatura m?dica medieval............. la mujer est? descrita por referencia al hombre.? 27 La interpretaci?n del sexo ?nico se defender? no s?lo en los distintos tratados de anatom?a medievales, sino que se mantendr? incluso tras las disecciones que comienzan a practicarse en el norte de Italia a finales del siglo XIII y comienzos del XIV y, con mayor amplitud en los siglos XV y XVI. Los datos que brindaban los cuerpos diseccionados se interpretaron de manera que pudiera seguir teniendo vigencia el modelo de sexo ?nico, o m?s bien la interpretaci?n del cuerpo femenino como una versi?n inferior y en funci?n del masculino. Y, siguiendo a Galeno, una explicaci?n generalizada de la diferenciaci?n femenina, ser? la inferioridad en calor vital, lo que provocar? asimismo inferioridad f?sica e intelectual. V. Anatom?a del cuerpo femenino. Son de gran importancia, por la influencia que tienen en autores posteriores, los conocimientos m?dicos de Isidoro de Sevilla, agrupados en los libros IV y XI de las Etimolog?as. San Isidoro sigue la teor?a griega de los cuatro elementos y su correspondencia con los cuatro humores del cuerpo humano: sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla. A trav?s de sus etimolog?as que pretenden demostrar el ordenamiento del cuerpo humano de acuerdo con el orden del cosmos, sigue transmitiendo una determinada visi?n del hombre y la mujer: Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 58 ?As?, en este momento inicial de la Edad Media, aparece un lenguaje que revela una determinada concepci?n de la mujer; el hombre queda ya proclamado como ser completo y sin misterio. Todo ello con un m?todo y un lenguaje terriblemente eficaz. Su nombre (vir) se deriva de la fuerza (vis), mientras que la mujer (mulier) recibe el suyo de la blandura (millities)..... La demostraci?n etimol?gica va a proporcionar una estructura no s?lo a la conciencia sino tambi?n al inconsciente. La mujer es f?sicamente m?s d?bil para que le sea imposible rechazar el deseo del hombre que, en tal caso, se dirigir?a hacia otros objetos. El finalismo de Isidoro intenta justificar todos los detalles a fin de establecer una armon?a del mundo que evite los excesos antifeministas a los que se entregar?n determinados te?logos algunos siglos m?s tarde. De todos modos, ya aparece el miedo del hombre ante la insaciable actividad sexual femenina: ?Las hembras est?n m?s sometidas al deseo (libidiosiores) que los machos, tanto entre los seres humanos como entre los animales.? 28 El gran impulso cient?fico a la anatom?a medieval viene dado en el siglo XI con el Pantegni, traducci?n de Constantino el Africano de la obra ?rabe del siglo X, al- Kunn?s al-malik? de Al? ibn al-Abb?s al-Maj?si, a que nos hemos referido anteriormente. En la versi?n original se describen como ?rganos genitales: la matriz, las mamas, los test?culos, los vasos esperm?ticos y la verga, sin se?alar los ovarios. En la traducci?n, al elegir los t?rminos latinos, Constantino no diferencia entre matriz y vulva. Asimismo al describir la matriz traduce fibras por pelos, contribuyendo as? a crear en la visi?n de un ?tero cubierto interiormente por pilosidades. Asimismo desaparece en su traducci?n el t?rmino referente al cl?toris. En ambas versiones se describe el ?tero como formado por dos c?maras o cavidades, una a la derecha y otra a la izquierda. A lo largo de la Edad Media se mantendr? la creencia en la existencia de cavidades y pilosidades en el interior la matriz. En la obra de Guillermo de Conches, Dragmaticon philosophie, las pilosidades tendr?n la funci?n de retener el semen, contribuyendo a la procreaci?n. Seg?n este autor las prostitutas tienen menos hijos porque, debido a sus frecuentes coitos, su matriz est? encenagada y las pilosidades est?n recubiertas, por lo que no pueden retener el semen y concebir. La Escuela de Salerno produjo tres grandes anatom?as: la Anatom?a Cophonis o Anatomia Porci, la Segunda Demostraci?n (escritas entre el 1100 y el 1500) y la Anatom?a Magistri Nicolai Physici (escrita en la segunda mitad del siglo XII), de la que existen tres versiones distintas. 27 Jacquart, Danielle. Thomasset, Claude. Sexualidad y Saber M?dico en la Edad Media. Labor Universitaria. Barcelona, 1989, p. 25 28 Idem, p. 8 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 59 1. La Anatomia Cophonis basa su estudio en la disecci?n de la cerda. Reconoce la presencia de los ovarios, denominados test?culos, y atribuye al ?tero siete c?maras o cavidades. 2. La Segunda Demostraci?n Salernitana se basa tambi?n en la disecci?n de la cerda, pero est? muy influida por el Pantegni de Constantino el Africano. La matriz se describe como teniendo dos orificios, uno exterior, llamado collum matricis y otro interior, el os matricis, que se cierra a partir de la s?ptima hora siguiente a la concepci?n. Est? revestida en su interior de pilosidades y tiene dos c?maras, y no siete. 3. La Anatom?a Nicolai describe a la matriz como recubierta de pilosidades y dividida en siete c?maras, tres a la derecha, tres a la izquierda y la s?ptima en el centro. Los ni?os son engendrados en las c?maras de la derecha y las ni?as en las de la izquierda, la central est? reservada a los hermafroditas. Esta obra parece estar influida por la traducci?n del tratado De Spermate. A finales del siglo XIII la disecci?n de cad?veres humanos en la universidad de Bolonia comienza a ser un importante elemento del estudio anat?mico. Destaca Mondino de Luzzi, cuya obra Anatomia, concluida en 1316, se utilizar? en la formaci?n m?dica durante dos siglos. Gran importancia tiene asimismo el comentario del Canon de Avicena, realizado por Gentile da Foligno. Pero la observaci?n de cuerpos reales diseccionados no logr? demostrar la falsedad de la teor?a de las c?maras uterinas. Mondino de Luzzi menciona la presencia de siete c?maras haciendo la salvedad de que son una especie de cavidades para que el esperma pueda coagularse con la sangre menstrual. Gentile da Foligno afirma que no existen ventr?culo, pero s? ciertas c?maras a pesar de que en la disecci?n no aparecen divisiones. Mondino mantiene asimismo la idea hipocr?tica de un paso entre ?tero y seno. El cl?toris recibe distintos nombres, y aparece confundido con otras partes de los ?rganos genitales femeninos. Avicena y Albucasis se refieren a ?l como un saliente que debe ser corregido por la cirug?a. Los tratados de Anatom?a posteriores, tales como De humanis corporis fabrica (1543), y el Epitome (1543), del italiano Vesalio, o el Isagoge brevis, (1522) de Berengario, siguen forzando la representaci?n del cuerpo de la mujer para demostrar la correspondencia entre ?rganos femeninos y masculinos. El ?tero de Vesalio, en su obra De humanis corporis fabrica (1543), pese a haber sido dibujado a partir de la disecci?n del cad?ver de una joven, tiene una apariencia absolutamente f?lica. En 1546, Charles Estienne publica La dissection des parties du corps humain. Aun cuando el autor pretenda describir de forma satisfactoria los ?rganos femeninos, pues ?trata de mostrar Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 60 ?gr?ficamente todo lo que hay en el cuerpo de la mujer, adem?s de lo que se halla en el hombre?? 29 , no deja de seguir la autoridad gal?nica. Existe, asimismo, una gran dificultad para encontrar una nomenclatura clara para designar los ?rganos genitales de la mujer: no existe el lenguaje que distinga los ?rganos masculinos de los femeninos. Incluso un autor como Falopio, ?permaneci? vinculado al sistema centrado en el hombre y a pesar de su ret?rica revolucionaria asumi? el t?pico de que ?todas las partes que est?n en los hombres se encuentran presentes en las mujeres?. Y si no lo estuvieran podr?a suceder que las mujeres no fueran humanas.? 30 Thomas Vicary, cirujano jefe en la corte de Enrique VIII, en el cap?tulo noveno de su obra The Anatomy of the body of Man, describe los ?rganos genitales masculinos y femeninos, refiri?ndose al ?tero como ??an instrument susceptive that is to say a thing receiving or taking... the likeness of it as it were a yard reversed or turned inward having testicles likewise aforesaid?? 31 . El famoso cirujano franc?s Ambroise Par? en su libro De l?Anatomie, ?explica que la matriz es un ?rgano espec?fico de la hembra, pero no deja de recordar, por otra parte, la inquebrantable verdad que se resume en esta lapidaria f?rmula: la mujer es la inversa del hombre.? 32 Se citan casos de cambio espont?neo de sexo en la pubertad, comprensibles desde esta concepci?n de un solo sexo. Una falta de calor hace que los ?rganos no alcancen su completo desarrollo y salgan al exterior, quedando retenidos, ocultos. Un aumento de temperatura puede ayudar a que se produzca el completo desarrollo del ?rgano atrofiado hasta ese momento. Es la fascinaci?n por los hermafroditas, recogida en obras como la del franc?s Jacques Duval. Estos cambios de sexo siempre son de mujer a hombre, lo contrario ser?a antinatural, puesto que todo debe tender a alcanzar la perfecci?n y el hombre es la perfecci?n. Durante siglos se imaginan los ?rganos sexuales femeninos con forma de botella redonda de cuello largo y estrecho colocada invertida. ?This peculiar simile resulted from the belief that the vulva, vagina, and uterus of women were not separate 29 Berriot-Salvadore, Evelyne. El discurso de la medicina y de la ciencia, en Duby, George y Perrot, Michelle (edits.) Historia de las Mujeres. 3. Del Renacimiento a la Edad Moderna, Taurus. Madrid, 2000, pp. 385-431, p. 389 30 Lacqueur, Thomas, o.c. pp. 173-174 31 Vicary, Thomas. The Anatomy of the body of Man. Early English Text Society, extra series, 53, 1888, p. 11, citado en Fletcher, Anthony. Gender, Sex and Subordination in England 1500-1800. Yale University Press. New Haven (EEUU), 1995, p. 35 32 Berriot-Salvadore, Evelyne, El discurso de la medicina y de la ciencia, o.c. p. 389 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 61 anatomical components but a single, self-contained organ.? 33 Incluso cuando el anatomista holand?s Jan Swammerdam inyecta cera en un ?tero diseccionado, formando as? un molde de su forma real, muchos doctores siguen manteniendo la interpretaci?n gal?nica de la construcci?n uterina. Otras representaciones del ?tero como las recogidas en la obra De formatio foetu, de Hieronumus, de 1624, o en la traducci?n al ingl?s de las obras de Ambrois? Par?, realizada en 1678 por Thomas Jonson, siguen el modelo de la botella invertida, en el que ?the vagina appears as an inside-out penis and the rounded womb as an inverted scrotum, undeveloped and imperfect.? 34 Ya en el siglo XVII se producir?, a partir de la observaci?n directa que proporcionaban las disecciones de cuerpos humanos, el descubrimiento o reconocimiento del cl?toris, anteriormente ignorado en las obras de anatom?a. En 1559 Realdo Colombo declaraba haberlo descubierto. Gabriel Falopio, sucesor de Colombo en Padua, ?insisti? en que ?l ?Falopio- vio primero el cl?toris y que todos los dem?s eran unos plagiarios. Kaspar Bartholin, distinguido anatomista de Copenhague en el siglo XVII, a?adi? a su vez que tanto Falopio como Colombo se vanagloriaban en reivindicar el ?descubrimiento o primera observaci?n de dicha parte?, el cl?toris, que realmente era conocido por todo el mundo desde el siglo segundo?. 35 Tambi?n Vicary parece aludir a la existencia del cl?toris, cuando se refiere a una membrana llamada tentigo en lat?n, siendo este t?rmino, en el siglo XVI, una palabra claramente relacionada con el placer sexual. A lo largo del siglo XVII se va produciendo un desplazamiento hacia el reconocimiento de dos sexos diferenciados, con un mayor inter?s por la fisiolog?a, las funciones espec?ficas de cada sexo. En su obra Observationes Anatomicae, de 1561, Gabriele Falloppio reconoce oficialmente la existencia del cl?toris. El ?tero deja de ser un pene invertido, y se le presta un nuevo inter?s por su funci?n en la reproducci?n, manteni?ndose intacta la teor?a de los humores. El inter?s por el ?tero femenino determinar? una visi?n de la mujer y sus trastornos imperante durante el siglo XVII y presente a?n en la visi?n m?dica de la mujer del XIX. El propio Par? y otros cirujanos del siglo XVI se refieren al cl?toris como una excrecencia musculosa, una malformaci?n que requiere la intervenci?n quir?rgica. Aunque esta operaci?n, que constituir?a una 33 Dixon, Lucinda S, Perilous Chastity, Women and Illness in Pre-Enlightenment Art and Medicine. Cornell University Press. Ithaca (EEUU), 1995, p. 117 34 Idem, p. 120 35 Thomas Laqueur, o.c. pp. 124-125 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 62 escisi?n del cl?toris, parece ser extremadamente infrecuente en el mundo occidental, el hecho de que los cirujanos la a aconsejen, puede suponer que ?les m?decins pensent extirper les tendances ?lubriques? de la femme, mais surtout peut-?tre supprimer l?ambivalence sexuelle par l?ablation d?une partie qui ?ressemble ? la verge virile?.? 36 Los libros de medicina ingleses del siglo XVII reconocen tambi?n la existencia del cl?toris, que siguen equiparando al pene masculino, como hace Helkiah Crooke, en su obra Microcosmographia, publicada en 1615. Este estudio constituye la anatom?a funcional masculina y femenina m?s influyente en la medicina del siglo XVII hasta la publicaci?n de la versi?n inglesa de la Anatomia de Bartholin, en 1668, que inclu?a ?a full description of the anatomy of the clitoris which is described as ? women?s chief seat of delight in carnal copulation? and as crucial to orgasm.? 37 Para Crooke la mujer era una compa?era imprescindible para llevar a cabo la procreaci?n. Ambos representan la perfecci?n de la raza humana. Pero sigue reconociendo una diferencia de temperatura, superior en el hombre que en la mujer. Por otra parte, para Crooke el cerebro es la parte m?s noble y divina del cuerpo, ?the habitation of wisdom, judgement and understanding? 38 . El hombre es m?s racional que la mujer, por tanto m?s perfecto. Con la Anatomia de Bartholin y la Anatomy of Human Bodies Epitomised, publicada por Thomas Gibson en 1682, o la Anatomy of Humane Bodies de William Cowper, publicada en 1697, ?we enter a new mental world and encounter the beginnings of a new cultural construct: two incommensurable sexes.? 39 Tambi?n en la segunda mitad del siglo XVII, se producen otros descubrimientos: el holand?s Regnier de Graff, con su obra Nuevo tratado de los ?rganos genitales de la mujer, en 1672, y las investigaciones del ingl?s Harvey y el dan?s Stenon aportan una nueva visi?n de la concepci?n: ?todos los animales, incluido el hombre, tienen origen en un huevo, y no en un huevo formado en la matriz por la cocci?n de uno y otro semen, sino de un huevo, que existe, antes del coito, en los ovarios de la mujer.? 40 William Harvey, en su obra Disputations Touching the Generation of Animals, publicada en 1653, propone la teor?a ovista de la generaci?n: el huevo o primordium femenino es al mismo tiempo causa material y formal del nuevo ser, pero requiere ser alumbrado o insuflado de vida por el hombre. El posterior descubrimiento de los espermatozoides, 36 Berriot-Salvadore, Evelyne. Un Corps, un Destin. La Femme dans la M?decine de la Renaissance. Honor? Champion. Par?s, 1993, p. 224 37 Fletcher, Anthony, o.c. p. 37 38 Idem, p. 40 39 Idem, p. 41 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 63 llevado a cabo por el alem?n Luis de Ham y los holandeses Huygens y Leeuwenhoek, restituye al hombre su papel en la generaci?n. Muchos doctores se oponen a estas nuevas teor?as, en el primer caso porque ello atribuye a la mujer todo el honor de la procreaci?n, en el segundo porque no puede admitirse que el ser humano proceda de una especie de gusano. En la teor?a del sexo ?nico, la posesi?n del pene era la expresi?n de poseer, de entre las categor?as ambivalentes: caliente-fr?o, seco-h?medo, activo-pasivo, formado- informe, aqu?llas que defin?an el g?nero masculino, consideradas superiores, y le permit?an al individuo ostentar un determinado status social. El viejo modelo, ?en el que hombres y mujeres se ordenaban seg?n su grado de perfecci?n metaf?sica, su calor vital, a lo largo de un eje de car?cter masculino, dio paso a finales del siglo XVIII a un nuevo modelo de dimorfismo radical, de divergencia biol?gica.? 41 De ello nos ocuparemos en otro apartado de este cap?tulo. VI. Menstruaci?n y lactancia: etapas de una purificaci?n Bas?ndose en Galeno, cuyas teor?as dominan el saber desde el siglo XII, se mantiene la creencia en la depuraci?n de la sangre por una serie de cocciones, y la interacci?n de las cuatro cualidades primarias: seco-h?medo, c?lido-fr?o, y los cuatro humores. Desde Isidoro de Sevilla, las menstruaciones se relacionan, por etimolog?a, con el ciclo lunar. A Tr?tula se debe la expresi?n estar con la flor para denominar la menstruaci?n, bas?ndose la met?fora en que los ?rboles no producen frutos sin flores y las mujeres no conciben sin menstruaci?n. Cuando la mujer no est? embarazada, la menstruaci?n sirve fundamentalmente para expulsar los residuos que no han sido objeto de una posterior cocci?n, falta de calor o falta de actividad f?sica m?s intensa como se supon?a suced?a en las hembras de otras especies. Tr?tula la atribuye una especie de regulaci?n del temperamento femenino, ayudando a eliminar la humedad excesiva. La sangre menstrual servir?, adem?s, para alimentar al feto durante el embarazo y el periodo de lactancia: ?una vez que el ni?o ha venido al mundo, toda la sangre menstrual refluye a las mamas por una modificaci?n del sistema circulatorio que fue un enigma para los autores medievales. La afinidad entre la leche y la sangre menstrual mantenida por Hip?crates y repetida y precisada por 40 Berriot-Salvadore, Evelyne. El discurso de la medicina y de la ciencia, o.c. p. 406 41 Lacqueur, Thomas, o.c. p. 24 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 64 Galeno, es una idea retomada sin descanso por la Edad Media. ...esta afirmaci?n aparec?a en las Etimolog?as de Isidoro de Sevilla: ?La sangre utilizada para la nutrici?n del ?tero va a las mamas y adquiere la calidad de leche?. Una serie de teor?as aceptadas constantemente, como fue el caso de ?sta, acabaron siendo firmes componentes de la idea del mundo jam?s cuestionadas durante cerca de cinco siglos.? 42 El autor ?rabe Al? Ibn al-Abb?s explica c?mo el feto se forma a partir del semen (masculino y femenino) y de la sangre menstrual. Del esperma se formar?n las partes blancas: enc?falo, huesos, cart?lagos, y de la sangre menstrual se forman el h?gado y las dem?s partes carnosas, excepto el coraz?n que nace de la sangre de las arterias. Posteriormente a la formaci?n del h?gado, ?ste sigue recibiendo la sangre menstrual para alimentar y favorecer el crecimiento del feto. El mejor alimento del ni?o ser? la leche, por ser similar al que ha recibido en el ?tero: sangre menstrual, transformada por efecto de una fuerte cocci?n que se realiza en las mamas, cuya carne es de una sustancia similar a la leche y est?n situadas cerca de la fuente natural de calor que es el coraz?n. ?El parentesco establecido entre la sangre menstrual y la leche tendr? consecuencias en la vida sexual de la mujer. El coito parece ser especialmente nocivo durante la lactancia: Avicena recuerda que sus efectos son los de enturbiar la sangre menstrual y corromper el olor de la leche. Pero lo que se pone en primer lugar es la incompatibilidad entre fecundidad y lactancia.... la sangre menstrual no puede a un mismo tiempo asegurar la nutrici?n del embri?n y transformarse en leche, la simultaneidad de las funciones pondr? en peligro la vida de los dos ni?os.? 43 Las creencias m?gicas que suponen una visi?n negativa de la menstruaci?n son muy frecuentes. La Souda (enciclopedia del siglo X) menciona al fil?sofo Heraiskos, quien era tan sensible a la influencia de la menstruaci?n que sufr?a de jaquecas si o?a hablar a una mujer menstruante. Dice tambi?n que exist?an en Alejandr?a mujeres que iban por las casas recogiendo los pa?os utilizados por otras mujeres durantes sus reglas, para arrojarlos al mar, a fin de que fueran purificados por la acci?n del agua salada. Aunque la tradici?n cristiana no mantuvo las regulaciones de purificaci?n jud?as, s? incorpor? la idea de que los trastornos ligados a la reproducci?n eran el castigo de Eva por su desobediencia y existi? durante la Edad Media un importante debate sobre si la Virgen tuvo que experimentar la experiencia de la menstruaci?n. ?Intercourse during menstruation (ranked with adultery in Leviticus 18:19) was said by Christian writers to produce deformed 42 Idem, p. 49 43 Idem, pp. 68-69 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 65 children .... Christian texts in fact say very little about menstruation, which could remain private, though the discomforts of pregnancy and the pains of childbirth are lavishly described in the interests of virginity. Sometimes it was necessary to discuss the question whether a menstruating woman may approach the altar for communion; Jewish tradition certainly, and Greek tradition probably... would require her to stay clear of holy places when she was polluted by blooshed. Dyonysus of Alexandria (Canonical Letter 2, PG 10.1281) thought there was no problem: surely no woman would want to take communion in the circumstances....Gregory the Great (Letter II. 64. PL 77.1196), answering a question form Augustine of Canterbury, observed that menstruating women ?and men who had had seminal emissions- did usually abstain, not because they were contaminated but because of the emotional turmoil which accompanied the physical event.? 44 En la Edad Media se cre?a, siguiendo una tradici?n ya recogida por Plinio, que ?la sangre menstrual imped?a germinar los cereales y agriaba los mostos; por su contacto mor?an las hierbas, los ?rboles perd?an sus frutos, el hierro era atacado por el orillo y los objetos de bronce se ennegrec?an; los perros que la hubieran sorbido contra?an la rabia. Igualmente pose?a la propiedad de disolver la cola de bet?n contra la que no pod?a ni el mismo hierro.......el ni?o engendrado durante la regla es pelirrojo.? 45 Asimismo se ten?a la creencia de que la mirada de la mujer menstruante pod?a empa?ar los espejos, lo que llev? a relacionarla con el basilisco, animal fabuloso nacido del organismo de un gallo de cinco a seis a?os. El basilisco empa?a las superficies pulimentadas, trasmitiendo con su mirada los humores venenosos, lo que le provoca la muerte. La obra De secretis mulierum insiste en el tema de la mirada mal?fica de la mujer durante sus reglas. Alberto Magno explica as? lo que ?l denomina la infecci?n de los ojos causada por el flujo menstrual: ?al ser el ojo un ?rgano pasivo, recibe durante la regla el flujo menstrual, que lo impregna; as?, cualquier objeto situado ante un ojo ?monstruo? resultar? infectado. Al no existir la noci?n de contagio, ser? el aire el que, al alterarse en contacto con un elemento nocivo, transmita el mal. Desde el punto de vista de la fisiolog?a, esta explicaci?n encaja perfectamente en las teor?as aristot?lica y gal?nica de la visi?n: en ellas el aire tiene la funci?n de intermediario necesario entre el ojo y el objeto. ? 46 No s?lo los objetos recibir?n esta influencia mal?fica, sino que la mirada venenosa de la mujer menstruante y de la menop?usica, que retiene en su interior humores malignos, 44 Clark, Gillian. Women in Late Antiquity. Clarendon Press. Oxford, 1999. p. 79 45 Jacquart, Danielle. Thomasset, Claude, o.c. p. 70 46 Idem, p. 71 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 66 puede provocar la muerte de los ni?os en su cuna. Adem?s la mujer que menstr?a puede ser tambi?n causa de generaci?n de seres monstruosos. Una vez m?s se atribuye a la mujer una negatividad basada en su propia naturaleza: ?la mujer es venenosa precisamente en virtud de su mecanismo fisiol?gico. La explicaci?n que permitir? la fabricaci?n arbitraria de hechiceras y brujas aparece ya a finales del siglo XIII... una mala nutrici?n hace a?n m?s peligrosas a las viejas de las clases inferiores de la sociedad. Nunca el antifeminismo ha llegado tan lejos, jam?s se le han puesto en las manos argumentos tan poderosos, pues, en efecto, la mujer puede ser principio de destrucci?n de la especie misma a la que pertenece....... El discurso hostil a la mujer goza del aval de la autoridad cient?fica y posee argumentos tan bien establecidos que podr? permitirse cualquier exceso.? 47 ?C?mo conseguir una explicaci?n l?gica que a?ne las dos visiones de la sangre menstrual: como residuo impuro y como materia formativa y alimento del embri?n? Santo Tom?s en la Summa Teologica ?establece una mediaci?n entre la sangre menstrual y el embri?n. Se trata de una sangre especial ?digerida durante m?s tiempo?, depurada y purificada: ?Esta sangre depurada (que en la Virgen Mar?a resulta ser muy pura) queda, en cualquier caso, mancillada por una cierta corrupci?n, por una impureza debida a la concupiscencia, pues s?lo es atra?da al ?tero por la copulaci?n?: Para el Aquinate, la sangre menstrual es s?lo el residuo de la elaboraci?n de esta segunda sangre y no contiene m?s que impurezas. Santo Tom?s admite, pues, la existencia de tres humores: un semen que no interviene en el proceso de la generaci?n pero facilita la uni?n de la pareja, la sangre menstrual y la sangre que constituye el embri?n, elaborado a partir de esta sangre impura.? 48 El Canon de Avicena interpreta asimismo que la sangre menstrual se divide en tres partes: una se une al esperma para formar los miembros que proceden del esperma y aumentarlos nutri?ndolos; otra sirve por coagulaci?n para rellenar los huecos de los miembros principales y formar carne y grasa; y una tercera parte es el residuo que permanece hasta el parto y es expulsado despu?s como superfluo, explicando as? los l?quidos expulsados por la parturienta y la p?rdida de sangre durante la cuarentena. Y Avenzoar explica que la sangre que alimenta al feto procede de la vulva, siendo una de las sangres m?s elogiables, pues si fuera alimentado por la sangre menstrual, morir?a. 47 Idem, p. 72 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 67 VII. La semilla femenina y el placer en la mujer A lo largo de toda la Edad Media est? presente la pol?mica sobre el esperma femenino. Siguiendo a Galeno, la mayor?a de autores occidentales, influidos por la medicina ?rabe, mantendr?n hasta el siglo XIII la existencia de un semen femenino. Siempre bas?ndose en la analog?a con la fisiolog?a masculina, esta creencia llevar? consigo la consideraci?n de que es preciso el placer de la mujer en el coito para que exista procreaci?n, lo cual implica un aspecto positivo para la mujer; el reconocimiento del placer femenino y su intervenci?n activa en la procreaci?n, y otro negativo, la creencia de que la mujer violada que quedaba embarazada hab?a consentido aunque fuera inconscientemente, puesto que sin placer no hab?a emisi?n de semen ni, consecuentemente, procreaci?n. Entre los defensores de la teor?a aristot?lica de una sola semilla podemos citar a Gil de Roma, con su obra De formatione corporis humano in utero. En todo caso el esperma femenino tendr?a una calidad inferior al masculino, siendo una especie de humor intermedio entre el semen y la menstruaci?n, llegando a afirmarse que no es necesario para la concepci?n. Averroes defiende la posibilidad de embarazo sin emisi?n de esperma femenino, poniendo como ejemplo el caso de mujeres fecundadas por el agua del ba?o que conten?a semen masculino. Contin?a en siglos posteriores la discusi?n sobre el placer de la mujer y su contribuci?n a la procreaci?n. De hecho ?la causa m?s frecuente de esterilidad proviene ?seg?n lo explican Par? y Li?bault y lo confirma Mauriceau en su tratado de 1668- del poco placer que tiene la mujer durante el acto ven?reo, pues no s?lo no produce ning?n semen, sino que rechaza el esperma masculino debido a la crispaci?n del orificio uterino.? 49 Por ello aconsejan a los padres tener en cuenta los deseos de las hijas y no obligarlas a contraer matrimonio contra su voluntad. Ya en el siglo XVI, Margarita de Navarra se hab?a apoyado en la teor?a de la emisi?n de semen por parte de la mujer, para condenar, en un cuento de su obra Heptameron, los matrimonios sin amor, que condenan a la pareja a la esterilidad. La causa real del proceso entablado contra Ambroise Par? en 1575 no parece ser la aducida falta de autorizaci?n para publicar sus obras, sino el esc?ndalo causado ?por los cap?tulos sobre ?La manera de cohabitar y de engendrar?, sobre ?La esterilidad?, sobre ?La membrana llamada 48 Idem, p. 73 49 Berriot-Salvadore, Evelyne, El discurso de la medicina y de la ciencia, o.c. p. 415 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 68 himen?, que escritos con excesiva libertad, pueden incitar a la juventud a la lujuria.? 50 Las autoras de tratados para comadronas, como Louise Bourgeois, Jane Sharp y Madame de la Marche, segu?an defendiendo la vinculaci?n entre placer, orgasmo y generaci?n, aunque parece dif?cil imaginar que su conocimiento de la experiencia real de las mujeres no les permitiese tener conciencia del hecho de que era posible concebir sin gozar. Esta teor?a seminista tiene un aspecto positivo, al otorgar al placer de la mujer un papel imprescindible en la procreaci?n y reconocer que el matrimonio impuesto puede impedir que tal placer se produzca. En los procesos por violaci?n, los doctores son llamados a testimoniar: si la mujer no ha quedado embarazada, el doctor puede aducirlo como prueba de que no ha existido placer sexual y ?sin el consentimiento del coraz?n, la virginidad moral queda intacta. La violaci?n, a ojos del m?dico, es entonces una mera agresi?n de la que la mujer es v?ctima y no culpable.? 51 Pero la misma teor?a se convierte en un instrumento de injusticia contra la mujer violada que ha quedado embarazada: el embarazo indica que experiment? placer y consinti? a la relaci?n. La mujer es, en estos casos, doblemente v?ctima del ataque sexual, en nombre de la ciencia m?dica. Los moralistas del renacimiento, como Jean-Louis Viv?s, Tom?s S?nchez o Jean Bouchet, escriben tratados regulando la relaci?n sexual dentro del matrimonio, cuya principal funci?n es la procreaci?n y el remedio de la concupiscencia. Bouchet clasifica distintos tipos de acto sexual, seg?n la motivaci?n de los esposos, algunas de las cuales pueden constituir pecado venial o mortal. Sin embargo, algunos doctores aportan una visi?n m?s positiva de los ?rganos genitales y de la relaci?n sexual, independientemente de su funci?n reproductora. As? Jacques Duval ?en ?voquant ?l?excellence des parties genitales? propose d?ailleurs de renoncer ? certains vocables: non plus ?honteuses? mais ?nobles? puisqu-elles sont le principe m?me du corps humain? 52 . Jean Li?bault defiende el valor del acto sexual que no persigue la procreaci?n. 50 Idem, o.c. p. 416 51 Idem, o.c. p. 417 52 Berriot-Salvadore, Evelyne. Un corps, un destin. La femme dans la M?decine de la Renaissance. , p. 78 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 69 VIII. El control de la fertilidad En la Antig?edad no existe el concepto de feto animado, es decir poseedor de alma, desde el mismo momento de la concepci?n. Ahora bien, s? se considera que la finalidad de la relaci?n sexual es la procreaci?n y se condenar? toda pr?ctica que evite la misma. A lo largo de la Edad Media encontramos una contradicci?n entre la prohibici?n de toda pr?ctica anticonceptiva y la informaci?n sobre las mismas. Podemos suponer que era patrimonio del conocimiento popular de las mujeres el uso de pociones y pesarios para impedir la fertilidad, as? como filtros amorosos y pociones afrodis?acas. En este sentido aportan una informaci?n interesante los libros penitenciales que se utilizan desde el siglo VI hasta el XI. El texto del espa?ol Pedro Hispano, Thesaurus Pauperum representa un intento de divulgar los conocimientos m?dicos de la ?poca. Incluye 116 recetas relativas a la fecundidad y la sexualidad, de las que 34 son afrodis?acos. Una forma de control de natalidad natural fue tambi?n el retraso en la edad de contraer matrimonio, sobre todo en las zonas rurales, as? como otros recursos naturales tales como la lactancia prolongada. Se dan diversos consejos a las parejas para decidir el sexo del hijo en el momento de la procreaci?n. ?La motivaci?n de los m?dicos es expl?cita: el conocimiento perfecto de los mecanismos de la concepci?n dar?a al hombre el poder que detentaba, seg?n Santo Tom?s, en el estado de inocencia en el que el sexo del hijo s?lo depend?a de la voluntad de los padres.? 53 Obras tales como L?art de faire des gar?ons, de Michel Procope Couteau, o el Livre de la G?n?ration, de Jacques Sylvius, van encaminadas al tal fin. Tambi?n el Examen de ingenios para las ciencias, del espa?ol Juan Huarte de San Juan, considerado precursor de la psicolog?a diferencial moderna, incluye consejos encaminados a la elecci?n del sexo del hijo engendrado. Sylvius presenta una doble matriz. La parte derecha, situada junto al h?gado, recibe la sangre de mejor temperatura, lo que hace que ?la generaci?n que se mantiene del lado derecho del ?tero desarrollar? un macho, mientras que si el semen masculino y el femenino caen malhadadamente del lado izquierdo, no producen m?s que una hembra.? 54 Por ello, se aconseja a la mujer yacer del lado derecho tras el coito. Al hombre se le aconseja sujetar el test?culo izquierdo a fin de que el semen proceda del derecho. Todo ello para lograr engendrar un beb? de sexo masculino, porque, por supuesto, la elecci?n 53 Idem, p. 409 54 Berriot-Salvadore, Evelyne. El discurso de la medicina y de la ciencia, o.c. p. 409 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 70 se inclinar?a a la procreaci?n de un hijo var?n, por muy diversas razones. Como expone Lauren Joubert, en su obra Les erreurs populaires, estos conocimientos favorecer?n a ?los hombres que deseen tener varones, tanto por su servicio como por la sucesi?n de los bienes, honores y dignidades.. y aunque s?lo fuera por la excelencia del sexo hay razones para desearlo.? 55 Con estos consejos, los m?dicos se atribuyen ya un gran protagonismo en la generaci?n de seres humanos. Sus conocimientos pueden proporcionar la clave para lograr la procreaci?n de los hijos del sexo deseado. Juan Huarte llega a proponer una sociedad ut?pica en que los matrimonios se organizasen bajo el consejo y control m?dico. En los casos de esterilidad, se tiende a considerar que la causa radica en la mujer cuya humedad y frialdad impide que fructifique el semen del hombre. Incluso se llega a decir que la esterilidad es un castigo que Dios impone a las mujeres para obligarles a doblegar su orgullo y ser conscientes de su imperfecci?n: ?La esterilidad, que proviene de una falta de calor o de un desorden moral, es, por definici?n, una enfermedad femenina.? 56 Contra esta opini?n elev? su cr?tica Louis de Serres en 1625 con su obra Nature, cause, signes et curations des empechements de la conception,et de st?rilit? des femmes, quien afirmaba que ambos sexos son igualmente susceptibles de padecer esterilidad. IX. La mujer enferma Siguiendo el estudio de Laurinda S. Dixon veremos en este apartado c?mo reflej? la enfermedad de la mujer la pintura de los siglos XVI y XVII. En primer lugar nos referiremos a tres grabados de Hendrick Hondious basados en una obra original de Brueghel el Viejo, cuyo t?tulo es Peregrinaje de las Epil?pticas a la Iglesia de Molenbeck. En estos grabados vemos cuatro mujeres de mediana edad, conducidas por dos hombres cada una. ?The women display all the symptoms of chorea lasciva, pain and dejection, uncontrolled screaming, swooning, and convulsive movements. All four have enlarge abdomens, indicating bellies inflated with sour uterine vapours.? 57 Al fondo del tercer grabado vemos otros hombres en actitud de lanzar a otra mujer al r?o, y una quinta mujer aparece sentada junto a un ?rbol, en actitud tranquila, posiblemente 55 Idem, p. 409 56 Idem, p. 392 57 Dixon, Laurinda S, o.c. p. 41 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 71 por haber sido ya sometida a la cura de agua fr?a. Estos grabados representan mujeres afectadas por un tipo de enfermedad, conocida generalmente en castellano como baile de San Vito, que sufr?an sobretodo las mujeres, especialmente solteras y prostitutas. ?Sometimes called Saint Vitus? dance, Saint John?s dance, or the dancing plague, the ailment was characterized by uncontrolled leaps, screams, convulsions, and delirious dancing, after which the victims fell senseless to the ground.? 58 La Iglesia trataba de curar a estas enfermas aplic?ndoles exorcismos. Paracelso rebate la concepci?n sobrenatural del origen de la enfermedad y la atribuye a un trastorno uterino. El ?tero ser? responsable del comportamiento irracional, de la locura, de la mujer. ?No admirer of the female sex, Paracelsus believed that natural weakness predisposed chaste and promiscuous women alike to this passion ?since women have more imagination and restlessness and are more easily conquered by the very strength of their nature?.? 59 La mujer es v?ctima de su deseo sexual, que le hace perder el control de la raz?n. El remedio propuesto por Paracelso es el sometimiento de la enferma a una cura violenta: encerrarla a pan y agua en un lugar oscuro, golpearla, o, ??the best cure, and one which rarely fails, is to throw such persons into cold water?.? 60 Son muy numerosas las pinturas, especialmente de autores holandeses, que recogen el tema de la mujer enferma. En ellas la mujer aparece generalmente recostada sobre almohadones en un sill?n de respaldo alto, con los brazos ca?dos a lo largo del cuerpo o sobre su regazo, con el escote del vestido abierto, su piel acusa una intensa palidez y en ocasiones su mirada parece perdida. Tanto las ropas de la mujer como la decoraci?n del interior donde se encuentra nos hablan de una joven de clase media o alta. En la mayor?a de las obras hay una quemador del que pende una cinta. Y, en varias de ellas, la habitaci?n est? decorada con un tapiz o cuadro que recoge escenas er?ticas. Las mujeres representadas en estos cuadros acusan todos los s?ntomas del llamado furor uterino, provocado por el desplazamiento del ?tero o la retenci?n de la menstruaci?n. Los vapores encerrados en el ?tero literalmente asfixian a la mujer. Ambroise Par? atribuye el furor uterino fundamentalmente a la supresi?n de la menstruaci?n que produce la putrefacci?n de la semilla femenina. Y la causa principal es la ausencia de relaciones sexuales, por lo que su consejo para las mujeres casadas 58 Idem, p. 40 59 Idem, p. 41, incluye cita de Paracelso, Diseases, 157 60 Idem, p. 43, citando a Sorano, On the Origin of Suffocatio Intellectus, 182 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 72 ?was to engage in frequent and ?wanton copulation with their husbands? Virgins and widows, however, had to content themselves with such exercise as was aceptable for gentlewomen. Par? also advocated less dignified curative measures, such as pulling the pubic hair of his female patients.? 61 La masturbaci?n como forma natural de obtener el placer sexual para las mujeres que no tuvieran relaciones sexuales, estaba, evidentemente, prohibida como un pecado inaceptable. Sin embargo, se recurr?a a veces a ella bajo la forma de un tratamiento aplicado por las comadronas, que consist?a en frotar ?stas los ?rganos genitales de la enferma con un ung?ento, hasta provocar su recuperaci?n, al hacerles evacuar el semen putrefacto. Este pr?ctica fue objeto de pol?mica entre los doctores: no pudiendo directamente permitir el placer sexual por s? mismo, era preciso justificar la masturbaci?n por su finalidad de expulsi?n de la materia que enfermaba a la mujer y, adem?s, ello deb?a de suceder sin voluntad de experimentar placer por parte de la enferma: ?the important element was the matter of volition. If patients shed the bad seed against their will or at lest without their own consent, it was acceptable.? 62 A principios del siglo XVII, Moxius, en su obra De Methodo Medendi, dedica un cap?tulo entero a la discusi?n de la conveniencia de esta pr?ctica. El t?tulo, Is the Physician Permitted to Expel Directly the Corrupt Semen that Induces Death?, indica por s? mismo que para justificarla es preciso insistir en la gravedad de los s?ntomas padecidos por la enferma. Par? atribuye tambi?n el furor uterino a la inactividad de las mujeres de clase alta. Esta creencia de que la mujer obrera o campesina no sufre ciertos males propios de la naturaleza de las mujeres adinerada permanece tambi?n durante siglos. Por tanto, Par? aconseja como tratamiento y prevenci?n, no s?lo la actividad sexual, por supuesto, dentro del matrimonio, sino tambi?n una vida de cierta actividad. Estas dos creencias permanecer?n posteriormente. Ahora bien, ?qu? actividades se recomiendan a la mujer para mantener su salud? Actividades dom?sticas y algunas diversiones, como ciertos tipos de m?sica, nunca una actividad intelectual intensa, puesto que el estudio y la lectura, especialmente en temas cient?ficos, matem?ticos o filos?ficos, pod?an enfermar a la mujer. La mente de la mujer, m?s d?bil que la del hombre debido a su falta natural de calor, le imped?a realizar esfuerzos de tipo intelectual, pues ello ir?a en detrimento de su salud y el desempe?o de su funci?n reproductiva, pudiendo llegar a provocar el 61 Idem, p. 44 62 Thompson, Lana. The Wandering Womb. A Cultural History of Outrageous Beliefs About Women. Prometheus Books. Nueva York, 1999, p. 70 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 73 aborto en las embarazadas. ?...women should marry young, remain sexually active, engage in physical labor, deny themselves the comforts of the good life, and take care not to ?overburden? their minds.? 63 El ideal m?dico reforzaba as? el religioso y social. La literatura del siglo XVI refleja tambi?n la creencia en el ?tero como animal que provoca trastornos a la mujer. As?, por ejemplo, en la famosa obra Gargantua y Pantagruel, Rabelais, quien hab?a estudiado medicina en la universidad de Montpellier, pone en boca de uno de sus personajes, el m?dico Rondibilis, una disertaci?n sobre ese animal que las mujeres tienen en su cuerpo, que hace temblar su cuerpo y las conduce a la confusi?n. El ?tero es una especie de fiera que la mujer tiene que controlar mediante el ejercicio de la virtud. La mujer enloquecida por efecto de su ?tero incontrolado est? cerca de la bruja, endemoniada y arrastrada por su debilidad a mantener relaciones con el diablo, objeto de persecuci?n durante siglos. A finales del siglo XVI, el holand?s Johan Weyer y el ingl?s Edward Jorden niegan la intervenci?n demon?aca en los trastornos femeninos y buscan una relaci?n org?nica entre mente y cuerpo en los s?ntomas del furor uterino, tambi?n conocido como sofoco o asfixia de la madre. Jorden ?blamed the psychic symptoms of the disease on the brain, which he believed to be especially susceptible to uterine vapors. He accepted the old theories of sexual abstinence and interrupted menstruation as instigators of furor uterinus and added ?pertubations of the minde? to the rooster.? 64 Su aportaci?n fundamental consiste en apuntar a la importancia de un tratamiento psicol?gico, recomendando que los parientes y amigos contribuyan a mejorar el estado de ?nimo de la enferma. En 1621, Robert Burton publica su obra Anatomy of Melancholy. Aunque la mayor parte de este amplio tratado est? dedicada a la melancol?a sufrida por los hombres, Burton dedic? un cap?tulo espec?ficamente a las mujeres. Al igual que Jorden, Burton ?attributed the varied symptoms of ?maids?, ?nuns? and widows? melancholy? to a misplaced uterus and spoiled menstrual blood poisoning the body by means of noxious vapors. Emotional trauma, idleness, and celibacy aggravated the condition.? 65 El tratamiento difiere seg?n el sexo del paciente. A los hombres se les aconseja realizar alguna actividad intelectual, aunque no sea demasiado intensa, y gozar de algunas diversiones, lo que ayudaba a restablecer el equilibrio de los humores. ?Women, by 63 Dixon, Laurinda S, o.c. p. 206 64 Idem, p. 47 65 Idem, p. 49 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 74 contrast were warned against the dangers of too much physical comfort and counseled to busy themselves with mundane domestic labor.? 66 Tambi?n se atribuye la enfermedad a una etiolog?a diferente, seg?n la padeciesen hombres o mujeres. A ?stas se les aplicaba con frecuencia el t?rmino de hist?ricas, significando as? que el origen de sus trastornos radicaba en el ?tero. Y se consideraba tan frecuente entre las j?venes solteras, ?that it became known in medical circles as morbus virgineus, the disease of virgins.? 67 La misma sintomatolog?a, experimentada por los hombres, se denominaba melancol?a o hipocondr?a y su origen se ubicaba en las v?sceras: h?gado, bolsa biliar, intestinos, etc. A finales del siglo XVII se usan estos t?rminos indistintamente, reconociendo la existencia de una sintomatolog?a com?n. Dentro de los estudios dedicados al furor uterino, destaca la universidad de Leiden, en la que se presentaron treinta y dos disertaciones sobre el tema entre 1625 y 1696, periodo que coincide con la representaci?n de j?venes enfermas en la pintura holandesa. Pero un cambio importante en el enfoque de la enfermedad lo aportaron dos doctores ingleses, Thomas Willis, antiguo alumno de Leiden, que public? sus obras en lat?n en 1671 y Thomas Sydenham. Los estudios de Willis tuvieron amplia divulgaci?n siendo traducidos al holand?s en 1677 y al ingl?s en 1684. Bas?ndose en las autopsias realizadas a mujeres que hab?an sufrido los s?ntomas del furor uterino, Willis negaba la teor?a del desplazamiento del ?tero, considerando que la enfermedad era de origen desconocido. Thomas Sydenham corroboraba la teor?a de Willis y consideraba que era un desajuste entre la mente y el cuerpo lo que provocaba los trastornos. Por ello Sydenham es considerado como el primero en atribuir la histeria a un trastorno psicol?gico. Pero las teor?as de estos dos autores no fueron f?cilmente aceptadas. William Harvey mantuvo la creencia en el movimiento aut?nomo del ?tero, considerando el furor uterino incurable y provocado ?by unhealthy menstrual discharges or from over-abstinence from sexual intercourse when the passions are strong.? 68 La mayor?a de doctores del siglo XVII continuaron aceptando la interpretaci?n gal?nica, reforzada ahora con las teor?as astrol?gicas. Las mujeres estaban sometidas a la influencia de la luna, que controlaba todos los fluidos, incluido el menstrual, lo que reforzaba su naturaleza inestable. Esta influencia pod?a causar incluso 66 Idem, p. 204 67 Idem, p. 112 68 Idem, p. 53, cita a Harvey, William. The Works of William Harvey, M.D., 1847, 542 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 75 la locura, de ah? el origen de la palabra ?lun?tico?. ?An abundance of the cold, moist humor of phlegm could result in sloth and fatigue, qualities that, along with mental instability, came to define the essential feminine nature.? 69 ?Qu? tratamientos se aplicaban a la mujer que sufr?a los s?ntomas del furor uterino? Algunas mujeres sufr?an desmayos, precedidos de intensa taquicardia, que las hac?an yacer inertes durante horas o incluso d?as, narr?ndose casos de mujeres que fueron enterradas vivas, incluso una mujer que revivi? cuando iban a comenzar a practicarle la autopsia tras su muerte por furor uterino. Se recomendaba en esos casos colocar a la mujer con la espalda recostada en almohadones, no completamente tumbada para permitir que los fluidos corporales descendiesen y permitiesen el regreso del ?tero asfixiante. Otro tratamiento para provocar la reacci?n de la enferma, era el ya comentado en el cap?tulo anterior, de aplicar olores desagradables a la nariz, acompa?ado a veces por fumigaciones vaginales de olores agradables. La base de esta pr?ctica es la creencia en la capacidad del ?tero de sentirse atra?do por ciertos olores. El acercar a la nariz de la joven una cinta quemada o alg?n otro olor fuerte, pretend?a tambi?n provocar el estornudo, ?as a sudden sneeze was thought capable of abruptly forcing the uterus back into place? 70 , remedio sugerido en los papiros egipcios y en los tratados hipocr?ticos, que Tr?tula recomendaba para comprobar si la enferma estaba viva o muerta. Otro tratamiento frecuente, tambi?n recomendado por los hipocr?ticos y descrito en los textos de Tr?tula, era la aplicaci?n de ba?os de agua fr?a y enemas para purgar los humores y refrescar y humedecer el ?tero. Pod?an aplicarse enemas de agua de rosas o violetas, o de agua fr?a en que se disolv?an diversas plantas consideradas fr?as, como endibias o amapolas. Algunos grabados, caricaturizaban esta pr?ctica, en la que la aplicaci?n del enema ven?a a ser una simulaci?n de la relaci?n sexual. Las sangr?as se aplicaban, asimismo, con frecuencia, a veces, tras la utilizaci?n de los enemas. ?The practice of ridding the body of humoral waste or lessening a ?plethora? of blood by bleeding was a legitimate method of healing from the time of Galen up to the mid nineteenth century.? 71 Se sol?a practicar la sangr?a de una vena del tobillo, una alternativa m?s desagradable era la aplicaci?n de sanguijuelas en la vulva. Este tratamiento en realidad ?nicamente contribuir?a a aumentar la debilidad de mujeres que 69 Idem, p. 54 70 Idem, p. 147 71 Idem, p. 153 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 76 sufr?an s?ntomas de anemia. Y, respecto a la alimentaci?n, se aconsejaba una dieta compuesta por alimentos suaves tales como huevos, pescado, lechuga y frutas, evitando las sustancias secas y calientes como chocolate, caf? y tabaco. La mujer embarazada es tambi?n considerada una enferma. El embarazo es ?un estado pat?geno que perturba violentamente el sistema humoral y destruye el equilibrio psicol?gico.? 72 Seg?n Louis de Serre, la mujer embarazada se transforma en una especie de tercer sexo, un nuevo ser, presa de una fisiolog?a desordenada. Su imaginaci?n se altera de tal modo que puede influir en el feto, marc?ndolo con los rasgos imaginados por la madre. De ah? se deriva la creencia, a?n vigente, en los ?antojos?. La mujer puede transmitir al feto los rasgos del marido o del amante y ?elle peut ?galement imprimer sur ce corps mall?able toutes les images ?tranges qui auront frapp? son esprit.? 73 Las referencias a partos de monstruos son frecuentes y podemos interpretar, desde el presente, que serv?a esta teor?a para explicar las malformaciones cong?nitas de origen entonces ignorado. Una vez m?s, la mujer es culpabilizada, de su imaginaci?n depende la creaci?n de un ser monstruoso o deforme. Si el embarazo es un estado patol?gico, requiere unas recomendaciones m?dicas: la mujer debe cuidar su cuerpo, evitar todo accidente que pudiera perjudicar al embri?n, usar una alimentaci?n moderada, evitar tanto el exceso de inmovilidad como el exceso de trabajo, y, velar para que, por causa suya, no le suceda desgracia alguna al feto que porta en su vientre. Se aconseja evitar las relaciones sexuales durante el embarazo, por los da?os que podr?an causar a la madre y al hijo. Pero al mismo tiempo, muchos autores consideran que la pre?ez aumenta la libido femenina y se preguntan si las molestias del embarazo y los dolores del parto no est?n causados ?par la nature ?libidineuse? de la femme ? puisqu?on remarque que les femelles, chez les animaux, ont une d?livrance ais?e.? 74 Evidentemente el parto represent? durante siglos un riesgo importante para la salud y la vida de la mujer. Pero de nuevo se responsabiliza a la propia mujer de su sufrimiento, al plantearse algunos doctores si la intensidad de las dolores sufridos durante el parto no se deber?n a su mayor o menor virtud. Nos encontramos, pues, nuevamente, con la teor?a de la mujer como ser en permanente riesgo de enfermedad y condenada a una perpetua esclavitud de su sexualidad. Un ser dominado por un ?tero ?vido de semilla masculina, cuya 72 Berriot-Salvadore, Evelyne. El discurso de la medicina y de la ciencia, p. 421 73 Berriot-Salvadore, Evelyne. Un corps, un destin. La femme dans la M?decine de la Renaissance, p. 133 74 Idem, p. 138 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 77 insatisfacci?n puede provocarle incluso la muerte. Para evitar, pues, la enfermedad, su naturaleza le exige establecer relaciones sexuales dentro del matrimonio, siendo ?sta la ?nica forma de satisfacci?n sexual aceptada. En nombre de la debilidad de su naturaleza, se le priva de toda actividad social o intelectual, que no sea la vinculada al ?mbito dom?stico. Una vez dentro del matrimonio la relaci?n sexual deber? tambi?n realizarse con una serie de limitaciones impuestas por los consejos m?dicos y religiosos, y casi ?nicamente dirigida a la procreaci?n. La mujer casada ser? una permanente embarazada, siendo el embarazo un nuevo estado patol?gico. El parto, el nacimiento de un nuevo ser, vocaci?n natural, sentido ?nico de la existencia de la mujer, la coloca en un nuevo riesgo, y debe ser motivo de sufrimiento para purgar el pecado original por el que la primera mujer trajo el mal al mundo. No es extra?o que en una cultura impregnada de tales creencias, transmitidas por el saber m?dico y el saber popular, la literatura y la pintura, las mujeres sufrieran una serie de s?ntomas hist?ricos, tal y como se esperaba de ellas. X. El descubrimiento de los dos sexos En el siglo XVIII, se pasa de considerar a la mujer como una versi?n inferior del hombre en un ?nico eje vertical del sexo, a considerarla como una ser absolutamente diferente. Hombre y mujer son los extremos de un eje horizontal cuya parte intermedia est? totalmente vac?a. El sexo, y los sexos: masculino y femenino, tal como lo concebimos actualmente, ?fue inventado en el siglo XVIII.? 75 Los ?rganos genitales ser?n la expresi?n clara, el fundamento, de esta diferencia inconmensurable. Los ?rganos genitales, el ?tero primero y los ovarios posteriormente, definen y controlan el ser de las mujeres. Se da ahora nombre a los ?rganos femeninos que carec?an de ?l y se insiste en la diferencia del resto de la anatom?a: esqueleto, sistema nervioso, etc. La diferenciaci?n de g?nero y roles sociales permanece pero ahora su fundamento es la diferenciaci?n de sexos. En 1770, Lazzaro Spallanzani logr? la inseminaci?n artificial de una perra. El debate sobre la posibilidad de que las mujeres conciban sin experimentar placer se inclinar? cada vez m?s hacia la separaci?n entre orgasmo y procreaci?n. Y, en algunos casos, se da una visi?n del orgasmo como turgescencia de los ?rganos reproductores sin precisar sentimiento, deseo, o placer por parte de la mujer. La anatom?a se basa ahora en las disecciones, y las universidades crean museos con Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 78 ?rganos diseccionados. La representaci?n de los ?rganos femeninos alcanza un realismo cuyo m?ximo exponente es la Anatomy of the Gravid Uterus, del ingl?s William Hunter, publicada en 1774. En 1714 Robert Whytt ?described the body as in sympathy with the nerves, the ?instrument of sensation?, which he believed carried a fine fluid throughout the system.? 76 Los cambios bruscos en la circulaci?n del fluido nervioso, producido por las emociones intensas, provocaban los s?ntomas de la enfermedad. Tanto hombres como mujeres pod?an sufrir de nervios, pero de nuevo este desorden era m?s com?n en las mujeres, debido a su debilidad. Tanto Whytt como Van Swieten incorporaban a su teor?a la vieja influencia uterina: los humores corruptos acumulados en la matriz pod?an irritar los nervios. Con el nuevo siglo el discurso m?dico utiliza una nomenclatura m?s positiva para referirse a las mujeres y sus trastornos: ?they were now described as ?delicate? instread of ?slothful?, their bodies ?tender? instead of ?feeble?, their minds of an ?exquisite irritability? rather than ?weak?.? 77 Su naturaleza delicada le lleva a ser m?s sensible a los est?mulos. Al mismo tiempo, se empieza a considerar el exceso de sexo, en vez de la abstinencia, como causa principal de las enfermedades de la mujer, llegando a afirmar Whytt, en 1740, que s?lo las v?rgenes se ve?an libres de los trastornos derivados de la sexualidad. Se recomienda el ejercicio y la vida al aire libre como saludables, lo que aparece asimismo reflejado en la pintura de escenas campestres y j?venes mecidas en columpios. El pensamiento ilustrado desplaza la interpretaci?n religiosa para sustituirla por la racional y natural. Pero, en el llamado siglo de las revoluciones, la defensa de la libertad, la tolerancia religiosa y los derechos individuales, no llegar? a las mujeres en igual manera que a los hombres. Se dejar? de justificar su inferioridad en nombre de un castigo b?blico, pero se justificar? en nombre de su naturaleza, como lo hace el m?dico fil?sofo Pierre Roussel, en 1775, con su obra Sistema f?sico y moral de la mujer o Cuadro filos?fico de la constituci?n, del estado org?nico, del temperamento, de las costumbres y de las funciones propias del sexo. Toda la constituci?n de la mujer es expresi?n de su vocaci?n natural en la maternidad. Y sus enfermedades provienen de la ruptura con su naturaleza: de nuevo la mujer sana y feliz es la que cumple el orden social para ella establecido. En 1777, Johan Peter Frank en su obra System einer 75 Idem, p. 257 76 Dixon, Laurinda S, o.c. p. 224 77 Idem, pp. 224-225 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 79 Vollstandigen Medicinishen Polizey (Sistema del Pol?tica M?dica Completa), defend?a la obligaci?n del estado para imponer, de acuerdo con las autoridades m?dicas, normas de vida saludables a los ciudadanos. Deber?an sancionarse los bailes que pudieran da?ar la salud de la mujer, prohibir a las j?venes el uso de cors?s y otras prendas que pudieran perjudicar futuros embarazos. Los grandes pensadores de la Ilustraci?n como Voltaire, Kant o Rousseau no destacaron por su exceso de sensibilidad hacia la mujer. Voltaire segu?a manteniendo la debilidad a que la somet?a su fisiolog?a, a causa de la menstruaci?n. Rousseau, precursor de la democracia moderna, defensor de la bondad natural del individuo, se convierte en abanderado de una visi?n de la mujer como ser en funci?n del hombre. En el libro quinto del Emilio, titulado Sof?a o la mujer, comienza afirmando que la mujer es igual al hombre en todo menos en el sexo. Pero establecida esta primera igualdad, seguir? una diferencia radical. La diferencia biol?gica sexual marca una diferencia moral: ?De cette diversit? na?t la premi?re difference assignable entre les rapports moraux de l?un et de l?autre, L?un doit ?tre actif et fort, l?autre passif et faible: il faut n?cessairement que l?un veille et puisse, il suffit que l?autre resiste peu.? 78 Y a partir de este principio que acaba de establecer, concluye que ?la femme est faite sp?cialement pour plaire ? l?homme. Si l?homme doit lui plaire ? son tour, c?est d?une n?cessit? moins directe: son m?rite est dans sa puissance; il pla?t par cela seul qu?il est fort. Ce n?est pas ici la loi de l?amour, j?en conviens; mais, c?est celle de la nature, ant?rieure ? l?amour m?me.? 79 Por tanto, la mujer es, seg?n este principio, un ser en funci?n de otro, un ser despersonalizado. Adem?s la funci?n sexual no determina la vida del hombre, pero s? la de la mujer: ?le m?le n?est m?le qu?en certains instants, la femelle est femelle toute sa vie, ou du moins, toute sa jeunesse.? 80 Y los deberes derivados del sexo tampoco son iguales. La mujer debe responder pr?cticamente de la m?xima responsabilidad respecto a su funci?n sexual, y aceptarlo sin queja, puesto que ello es conforme a la raz?n y la naturaleza. ?Quand la femme se plaint l?-dessus de l?injuste in?galit? qu?y met l?homme, elle a tort; cette in?galit? n?est point l?ouvrage du pr?jug?, mais de laraison: c?est a celui des deux que la nature a charg? du d?p?t des enfants d?en repondr? ? l?autre.? 81 Existe una mutua dependencia, pero el hombre s?lo depende 78 Rousseau, Jean-Jacques. L?Emile ou de l?Education, Flammarion, Paris, 1966, p. 466 79 Idem, p. 466 80 Idem, p. 470 81 Idem, p. 470 Mujer y Salud Cap.II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad al siglo XIX 80 de la mujer para la satisfacci?n de sus deseos, la mujer ?par leurs d?sirs et leurs besoins? 82 . El pensador ilustrado describe a continuaci?n una dependencia tan s?lo comparable a la de un esclavo respecto de su amo. La belleza, el honor, la inteligencia de la mujer no existen, carecen de valor, si no son reconocidas por el hombre: ?il ne suffit pas qu?elles soient estimables, il faut qu?elles soient estim?es; il ne leur suffit pas d??tre belles, il faut qu?elles plaisent; il ne leur suffit pas d??tres sages, il faut qu?elles soient reconnues pour telles; leur honneur n?est pas seulement dans leur conduite, mais dans leur r?putation...? 83 Defiende Rousseau que la mujer reciba educaci?n, pero para llevar a cabo su funci?n maternal. La mujer queda definida por su naturaleza nuevamente, y su participaci?n en el ?mbito social queda tambi?n limitada por esa misma naturaleza. El modelo del sexo ?nico ha quedado totalmente desplazado por el modelo de la diferencia radical. Ambos modelos de explicaci?n del cuerpo de la mujer tienen en com?n el ser productos culturales: ?...los nuevos conocimientos sobre el sexo no respaldan en modo alguno las tesis sobre la diferencia sexual hechas en su nombre. Ning?n descubrimiento singular o grupo de descubrimientos provoc? el nacimiento del modelo de dos sexos, precisamente por las mismas razones que los descubrimientos anat?micos del Renacimiento no desplazaron al modelo unisexo: la naturaleza de la diferencia sexual no es susceptible de comprobaci?n emp?rica. Es l?gicamente independiente de los hechos biol?gicos, porque una vez incorporados ?stos al lenguaje de la ciencia constituyen tambi?n el lenguaje del g?nero, al menos cuando se aplican a una interpretaci?n culturalmente importante de la diferencia sexual. En otras palabras, casi todas las afirmaciones relativas al sexo est?n cargadas desde el principio con la repercusi?n cultural de las mismas propuestas. Pese al nuevo estatus epistemol?gico de la naturaleza como sustrato de las distinciones y pese a la acumulaci?n de hechos sobre el sexo, la diferencia sexual no fue m?s estable en los siglos que siguieron a la revoluci?n cient?fica de lo que antes hab?a sido. Dos sexos inconmensurables eran, y son, productos culturales, en la misma medida que lo era, y es, el modelo unisexo.? 84 82 Idem, p. 475 83 Idem, p. 475 84 Lacqueur, Thomas, o.c. p. 265 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 81 CAP. III. LA CONSTRUCCI?N DE LA VISI?N DE LA MUJER EN LA EPOCA VICTORIANA ?In Sex, Acquirements, and in the quantity and quality of natural endowments whether of Feeling or Intellect, you are the Inferior.? 1 ?Have you any notion how many books are written about women in the course of one year? Have you any notion how many are written by men? Are you aware that you are, perhaps, the most discussed animal in the universe?? 2 En este cap?tulo, veremos qu? aportaciones de la fisiolog?a, la antropolog?a, la filosof?a, la sociolog?a y la biolog?a contribuir?n a la construcci?n de la visi?n de la mujer en la ?poca victoriana, partiendo ahora del supuesto de la diferencia entre ambos sexos. El pr?ximo cap?tulo se dedicar? ?ntegramente a la visi?n desde la ginecolog?a. Es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que hay una serie de creencias propias de la ?poca que condicionan la visi?n de la mujer: 1. La inseguridad creada en la mente de los intelectuales (hombres blancos de clase media alta) por la teor?a de la evoluci?n. El hombre deja de ocupar el lugar de rey de la creaci?n. ?C?mo salvar la angustia de sabernos cercanos al primate? Descubriendo que existe un hueco en la escala evolutiva ocupado por los considerados grupos inferiores: personas de otras razas, salvajes, y mujeres. 1 Palabras del poeta Coleridge a su mujer, Sara, seg?n cita tomada de Miles, Rosalind, The Women?s History of the World. Paladin, Londres, 1990, p. 221 2 Woolf, Virginia, 1920. Citada en Russett, Cynthia Eagle. Sexual Science. The Victorian Construction of Womanhood. Harvard University Press. Cambridge (EEUU). (5?. edic.), 1995, p. 1 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 82 2. Otras influencias de la teor?a de la evoluci?n: La selecci?n natural y la selecci?n sexual seg?n Darwin y otros autores, as? como la divisi?n fisiol?gica del trabajo como signo de m?s alto grado de evoluci?n y civilizaci?n. Tambi?n la creencia en la mayor influencia de la herencia sobre el ambiente y los condicionamientos culturales, lo que aumentar? una visi?n fatalista del destino del ser humano en la ?ltima parte del siglo XIX. 3. Una visi?n mecanicista del mundo v?lida para lograr el avance de la revoluci?n industrial, extendiendo principios de la f?sica y la mec?nica a la comprensi?n del ser humano. As? por ejemplo la teor?a de la conservaci?n de la energ?a, que se utilizar? para validar cient?ficamente la creencia en la imposibilidad de la mujer de dedicarse al estudio, pues ello ir?a en detrimento de la maternidad. 4. La preocupaci?n por clasificar a los seres humanos y probar cient?ficamente los fundamentos de tal clasificaci?n, manteniendo las diferencias de status y poder, pero cambiando los argumentos filos?ficos o religiosos por argumentos cient?ficos. La preocupaci?n por insistir en la diferencia entre hombres y mujeres y no en su naturaleza humana com?n. 5. Pretender comprender la mente humana siguiendo un modelo basado en los conocimientos biol?gicos. 6. La profunda relaci?n entre ideolog?a e investigaci?n cient?fica: los investigadores del XIX est?n l?gicamente condicionados por una mentalidad, creencias, etc. Sus investigaciones no s?lo est?n condicionadas por unas creencias aprior?sticas, sino que vienen a reforzarlas y confirmarlas .?Scientists of the Victorian era made their measurements and constructed their theories initially believing, for the most part, in the physical and mental inferiority of women.? 3 Era inevitable que los investigadores estuvieran condicionados por los conocimientos y creencias de su ?poca, pero, adem?s, en muchos casos, sus investigaciones respecto a la mujer y otros grupos sociales considerados inferiores, no cumpl?an algunos o todos los requisitos que una investigaci?n cient?fica deb?a tener seg?n el credo de la ?poca, fundamentalmente el escepticismo y el conocimiento objetivo, no contaminado por emociones, prejuicios e intereses personales. Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 83 I . La diferencia anat?mica de hombres y mujeres Durante la segunda mitad del siglo XIX existe una gran preocupaci?n por medir y clasificar las diferencias entre los distintos seres humanos, incluyendo las diferencias entre hombre y mujer. Analizaremos brevemente algunas de las teor?as cient?ficas que influyeron especialmente en la visi?n de la mujer. La frenolog?a Franz Joseph Gall, a finales del siglo XVIII, observ? que sus compa?eros de universidad m?s brillantes en los estudios, ten?an ojos saltones. Esta observaci?n le llev? m?s tarde, siendo ya un neuroanatomista, a tratar de establecer una relaci?n entre facultades mentales y rasgos observables. Su trabajo, ampliado por su disc?pulo Johann Gaspar Spurzheim, inaugur? la frenolog?a, cuyo fundamento era que el cerebro es el ?rgano de la mente. Se supon?a la existencia en el cerebro de distintas facultades, cada una localizada en un ?rea particular de la corteza cerebral. De la correlaci?n de ciertos rasgos de comportamiento con prominencias craneales espec?ficas, infer?a Gall la localizaci?n dentro del cerebro de ?rganos que dirig?an dichas facultades. Por tanto, la frenolog?a se basaba en la correlaci?n entre el comportamiento y la configuraci?n craneal. Se llegaron a definir treinta y siete facultades y su correspondiente localizaci?n. ?Qu? aportaba la frenolog?a a la visi?n de la mujer? Sencillamente, confirmaba, una vez m?s, la imagen de la mujer cultural y socialmente impuesta. Spurzheim part?a del supuesto de que exist?a una diferencia natural en la disposici?n mental de hombres y mujeres que la educaci?n no pod?a modificar. Las mujeres ten?an menos vigor intelectual y menos capacidad de reflexi?n, no pudiendo extender su capacidad de razonamiento m?s all? del mundo visible. En el hombre, el intelecto predominaba sobre los sentimientos, que, sin embargo, dirig?an la vida de las mujeres. Las mujeres eran m?s t?midas y cuidadosas, los hombres m?s combativos. Las mujeres sent?an necesidad de aprobaci?n y los hombres autoestima. Asimismo las mujeres ten?an mayor amor al hogar y tendencia a depender afectivamente del ambiente y objetos que las rodeasen. Cada sexo experimentaba el amor de distinta manera: el deseo sexual era predominante en los hombres, lo que se manifestaba anat?micamente en poseer un cerebelo mayor, y las mujeres destacaban por su capacidad de amor a los ni?os. 3 Idem, p. 189 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 84 Si la configuraci?n del cr?neo indicaba la personalidad, podr?amos decir que el destino de cada individuo estaba escrito en su cr?neo. Pero los fren?logos aceptaban la posibilidad de reforma, las facultades m?s d?biles pod?an fortalecerse mediante el adecuado ejercicio. La frenolog?a ven?a a ofrecer un concepto de la mujer como ser humano poseedor de muchas facultades humanas, aunque no todas. Algunas feministas inglesas de los a?os 20 y 30 apelaron a la frenolog?a para probar justamente la falta de diferencias demostrables entre los cerebros masculino y femenino: ?One Scottish feminist told her audience that ?phrenologists had proved, and she herself would prove, that women?s brains were capable of being improved to a degree which would make them equal and even excel the men in all the better accomplishments of our common nature, and give them power to break the chains of the tyrant and the oppressor, and set them completely free.?? 4 Los fren?logos americanos apoyaron la entrada de las mujeres en la profesi?n m?dica. Lydia Folger Fowler, esposa del fren?logo Lorenzo Fowler entr? en 1849 en el Central Medical College de Siracusa, la primera escuela de medicina norteamericana que recibi? mujeres de forma regular (no excepcionalmente, como el caso de Elizabeth Blackwell, graduada ese mismo a?o en Geneva), y fue asimismo nombrada profesora de dicha escuela. Los hermanos Fowler, Lorenzo y Orson, defend?an un concepto de la mujer ?as a human being in her own right endowed with many, if not all, human potentials.? 5 Jessie Fowler, hija de Lorenzo y Lydia Fowler, y Millicent Fawcett sostuvieron que no era deseable pretender que hombres y mujeres ten?an las mismas facultades, sino m?s bien que la situaci?n social y pol?tica deb?a permitir a las mujeres libertad suficiente para desarrollar y expresar sus propias capacidades, que permitir?an a la mujer ser una buena enfermera, doctora, m?sica, artista, escritora, etc... La antropolog?a f?sica Insistiendo en el aspecto de las facultades de cada sexo, la frenolog?a ofrec?a una teor?a que aceptaba la visi?n tradicional de la mujer del siglo XIX abriendo campo al mismo tiempo para algunas de sus nuevas aspiraciones menos convencionales. Sin embargo, en los a?os posteriores, comenz? una nueva tendencia cient?fica que insist?a en las limitaciones en vez de en las posibilidades: se insistir? en que las caracter?sticas propias y diferenciadoras de la mujer le impiden asumir los nuevos roles propuestos por 4 Idem, p. 21. Incluye nota citada por la autora en p. 211 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 85 las feministas. La antropolog?a f?sica pretend?a que las caracter?sticas corporales determinaban las facultades mentales: las diferencias de sexo, color, tama?o, etc. eran de importancia capital para establecer una nueva ciencia del ser humano. Y no se pod?a escapar de los dictados de la naturaleza. Coexistieron dos corrientes antropol?gicas: la Etnolog?a y la Antropolog?a F?sica. La primera atribu?a la inferioridad de otras razas a un efecto del ambiente y la cultura. Por tanto, dicha inferioridad pod?a remediarse mediante la educaci?n y otros cambios sociales y culturales. Con este esp?ritu de un cierto paternalismo benevolente hacia otras razas de hermanos menores naci? en 1843 la Sociedad Etnol?gica de Londres. Por otro lado la antropolog?a f?sica, que surge a mitad del siglo, diferenci?ndose de la anatom?a, la zoolog?a y la medicina, trat? desde el principio de clasificar a las razas por su estructura f?sica, siendo ?sta determinante de su condici?n de inferioridad. Los etn?logos se basaban en el estudio de la cultura y el lenguaje, los antrop?logos f?sicos, en el estudio de las caracter?sticas f?sicas: lo importante era determinar las diferencias anat?micas entre las diversas razas, tratando de encontrar la justificaci?n cient?fica de la desigualdad entre los seres humanos. Con esta mentalidad, James Hunt cre? la Sociedad Antropol?gica de Londres. Los miembros de la dicha Sociedad Antropol?gica pretend?an demostrar cient?ficamente la inferioridad de ciertos grupos humanos, entre ellos las mujeres, basada en sus caracter?sticas fisiol?gicas naturales y no en la cultura, la educaci?n, el ambiente, etc. ?There is an ?unequal degree of perfectability? among races, wrote Paul Broca. Some could, others could not, attain a high degree of civilization: ?Never has a people with a black skin, woolly hair, and a prognathous face, spontaneously arrived at civilization? In America, the ?inferior character of the Negro?, sanctioned the institution of slavery; in Africa, colonial subjugation. Yet not only blacks but also Polynesians, Chinese, Celts, and, in general, ?such races as?, since historical times, have taken little or no part in civilization ?were consigned to the ash heap of history?. To that same ash heap anthropologists relegated women.? 6 El principal representante de esta corriente es Paul Broca, quien lleg? a afirmar que unos seres humanos pod?an alcanzar un nivel de perfecci?n y otros no. Se trataba de construir la base cient?fica del racismo y de la inferioridad de la mujer. Paul Broca lleg? a advertir que cualquier cambio en el orden sexual y social del siglo XIX provocar?a un 5 Stern, Madeleine B. Head and Headlines: The Phrenological Fowlers. University of Oklahoma Press., Oklahoma, 1971, p. 166 6 Russett, Cynthia Eagle, o.c. p. 27 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 86 cambio en la evoluci?n de las razas, por tanto, los antrop?logos deb?an estudiar cuidadosamente la condici?n de las mujeres en la sociedad. Otro autor, Thomas Bendyshe, se?al? que las mujeres eran en algunos aspectos tan inferiores respecto al hombre como los negros respecto a los europeos. Diferencias anat?micas y fisiol?gicas Se estudiaron las diferencias anat?micas, fisiol?gicas y craneales. Desde 1860 hasta el final de siglo se acumularon datos sobre estos tres campos. La obra de Havelock Ellis, Man and Woman, publicada en 1894, ofrece una resumen de las diferenciaciones establecidas. Seg?n Ellis, las mujeres eran m?s infantiles, m?s bajas y m?s ligeras. Ten?an la cabeza y el tronco m?s largo, el cuello y las extremidades m?s cortos. Se planteaba nuevamente el problema de c?mo interpretar las diferencias anat?micas para probar la inferioridad previamente supuesta. As?, Ellis citaba la afirmaci?n de J. Ranke en el sentido de que el tronco corto es signo de superioridad en un ser humano, pero lo rechazaba dado que los negros ten?an los troncos cortos, aunque las personas de raza amarilla lo ten?an largo. Las mismas contradicciones dif?ciles de salvar surg?an respecto a la longitud de las extremidades. La mayor diferencia ?sea entre hombre y mujer radicaba en la estructura de la pelvis. Ellis no reconoc?a la diferencia craneal como fundamental. El rostro de la mujer era peque?o en comparaci?n con su cabeza m?s alargada (lo que podr?a indicar una superioridad en la evoluci?n) pero sus mand?bulas y dientes eran m?s protuberantes (signo de inferioridad evolutiva). En cuanto a los procesos fisiol?gicos, los hombres com?an m?s y su sangre era m?s densa y roja. La sangre femenina ten?a menos gl?bulos rojos y menor peso espec?fico. El hombre ten?a un pulso m?s lento y mayor capacidad respiratoria. Los hombres mostraban gran superioridad muscular, poseyendo el doble de fuerza y una mayor precisi?n de movimientos. La gran diferencia fisiol?gica era la menstruaci?n, suficiente por s? misma para explicar por qu? las mujeres no pod?an alcanzar nunca el mismo nivel de actividad social y profesional que los hombres. En el pr?ximo cap?tulo volveremos sobre el tema de la visi?n de la menstruaci?n como una condena de la mujer a la debilidad, la enfermedad, y la inactividad durante la ?poca victoriana. La craneolog?a Heredera de la frenolog?a la craneolog?a, o estudio del cr?neo y el cerebro, floreci? a partir de 1860, partiendo del convencimiento de que el tama?o del cerebro Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 87 reflejaba la mente y las caracter?sticas del individuo. En 1869 George Harris, presidente de la Sociedad Antropol?gica de Manchester, public? en el n?mero 7 del Journal of the Anthropological Society un art?culo titulado ?On the distinctions, mental and moral, occasioned by a difference of sex?, en el que conclu?a que ??the superiority of the male to the female is everywhere seen? and that both God and Nature approved of sexual distinctions?. 7 Era preciso probar estas afirmaciones cient?ficamente. Luke Own Pike, miembro de la Sociedad Antropol?gica de Londres, sugiri? en ese mismo a?o la investigaci?n de la mente femenina, teniendo en cuenta la interdependencia de la mente y el cuerpo, si el cuerpo del hombre y la mujer son diferentes, tambi?n deben serlo sus mentes. Allan McGrigor, en su art?culo "On the real differences in the minds of men and women", publicado tambi?n en el mismo n?mero de 1869 de la revista de la Sociedad Antropol?gica, afirmaba que ?women?s brains were analogous to those of animals: in them the organs of sense were overdeveloped to the detriment of the brain proper. This explained the observed fact that women were sensitive and emotional, less guided by reason than men. If women were to be educated their innate intuitive faculties might be destroyed.? 8 A partir de datos tomados de la obra de Carl Vogt, Lectures on Man, McGrigor afirmaba que el cr?neo de las mujeres se asemejaba al de los ni?os y las razas inferiores. La medida del cr?neo pod?a convertirse en el instrumento cient?fico para probar la inferioridad femenina. La craneolog?a puede definirse como una serie de t?cnicas para medir todos los ?ngulos y dimensiones posibles del cr?neo. No constitu?a una teor?a cient?fica, pero part?a de las principales convicciones en que se basaba la frenolog?a: Primero, el cerebro era el ?rgano de la mente; segundo, el tama?o y forma del cr?neo reflejaba fielmente el cerebro, por tanto, la medida del cerebro pod?a sustituirse por la medida del cr?neo, y, tercero, el tama?o del cerebro indicaba la capacidad mental. Siguiendo un paralelismo con la fuerza y masa muscular, se deduc?a que un cerebro mayor era indicativo de mayor inteligencia. El cerebro se consideraba ahora como una unidad funcional, por tanto, su medida global pod?a tomarse como medida de la capacidad mental y era un instrumento muy ?til para realizar comparaciones no de individuos aislados sino de grupos raciales. Distintos autores insistieron en demostrar mediante la craneolog?a la afinidad entre 7 Fee, Elizabeth. ?Nineteenth-century Craniology: The study of the female skull?. The Journal of the History of Medecine, n. 53, 1979, pp. 415-433, p. 418 8 Idem, p. 417 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 88 ni?os, mujeres y pueblos primitivos, probando as? su inferioridad. James Hunt, en su art?culo ?On the Negro's place in nature?, publicado en 1864, ya hab?a afirmado que ?there is no doubt that the Negro's brain bears a great resemblance to a European female or child's brain and thus approaches the ape far more than the European, while the Negress approaches the ape still nearer.? 9 Hermann Schaaffhausen, en su art?culo ?On the primitive form of the human skull?, publicado en la Anthropological Review en 1868, afirmaba tambi?n que ?male skulls were more advanced than female ones, just as European skulls were more advanced than those of other races, adult skulls than those of children, and human skulls than those of animals.? 10 Los rasgos fisiol?gicos m?s primitivos eran, por tanto, los compartidos por varios de estos grupos inferiores. Tras ardua investigaci?n Schaaffhausen concluy? que los cr?neos femeninos ten?an varios rasgos en com?n con otros ?rdenes inferiores: ??the projection of the parietal protuberances, the lesser elevation of the frontal bone, the shorter and narrower cranial base, and...the more elliptical dental arch and the inclination to prognathism?, these then were signs of incomplete development.? 11 Algunas de las mediciones que se consideraron fundamentales inicialmente fueron el ?ngulo facial, que pod?a medirse con un instrumento dise?ado por Pieter Camper en 1770, y el ?ndice cef?lico, o proporci?n entre la longitud del cr?neo y su anchura, concebido por el antrop?logo suizo Anders Adolph Retzius, y perfeccionado por Broca y su disc?pulo Topinard. Seg?n el ?ndice cef?lico, los seres humanos pod?an dividirse en tres grupos: los dolicoc?falos (de cabezas alargadas), los braquic?falos (de cabezas anchas) y los ortoc?falos (de cabeza media). La interpretaci?n de los datos estuvo nuevamente llena de contradicciones: Retizius supon?a que los dolicoc?falos (como ?l mismo) pose?an mayor capacidad mental, como lo probaba el que lo fueran los pueblos n?rdicos y teut?nicos. Broca, por el contrario, afirmaba la superioridad intelectual de los braquic?falos, entre los que se contaba. Las mismas contradicciones exist?an respecto a las mujeres. Topinard, en un intento desesperado por salvar la validez del ?ndice cef?lico y la inferioridad de la mujer, lleg? a afirmar ?that woman was "less dolichocephalic in the dolichocephalic races but also less brachycephalic in the bracychephalic races??. 12 El propio Paul Topinard, ante las dificultades 9 Hunt, James. ?On the Negro?s place in nature?. Anthropological Society Memoirs. 1863. I: 17. Cita tomada de Elizabeth Fee, o.c. p. 421 10 Fee, Elisabeth, o.c. p. 422 11 Idem, p. 423 12 Russet, Cynthia Eagle, o.c. p. 33 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 89 encontradas, propuso el abandono de esta medida como criterio en el que basar la diferenciaci?n de los sexos. Podemos afirmar que el ?ndice que se mantuvo como fundamental dentro de la craneolog?a fue la correlaci?n entre el tama?o y peso del cerebro y la capacidad mental. Desde la d?cada de los 80 al fin de siglo, los investigadores dise?aron nuevos instrumentos y t?cnicas m?s variadas para medir el cerebro, generalmente a partir del cr?neo vac?o. Paul Broca lleg? a acumular 500 cr?neos y m?s de 180.000 medidas. Alg?n autor consider? que eran precisas 5.000 mediciones en un cr?neo para proceder a su clasificaci?n correcta y se crearon asociaciones para procurar la consecuci?n cerebros de intelectuales fallecidos para su estudio. Se tuvieron tambi?n en cuenta el n?mero de fisuras y circunvoluciones, la forma global del cerebro, el mayor desarrollo del l?bulo frontal en los hombres y del occipital en las mujeres, etc. Broca centr? gran parte de su trabajo en la diferenciaci?n de sexos, y tanto ?l como otros cient?ficos seguidores de la craneolog?a coincid?an en una manifestaci?n un?nime: los cerebros de los hombres eran aproximadamente un diez por ciento, como media, m?s grandes y m?s pesados que los de las mujeres. El psic?logo darwinista George Romanes, autor del libro Mental Evolution in Man, publicado en 1889, afirmaba la inferioridad intelectual de la mujer sobre esta base: ?Seeing that the average brain- weight of women is about five ounces less than that of men, on merely anatomical grounds we should be prepared to expect a marked inferiority of intellectual power in the former.? 13 Romanes lleg? a considerar la diferencia mental entre los animales de ambos sexos tan fundamental que cre?a pod?a hablarse de especies psicol?gicas distintas. Frenchman Delauney lleg? a afirmar que incluso entre los grupos humanos m?s inteligentes... ?the skulls of a notable proportion of women more nearly approach the volume of the skulls of certain gorillas than that of better developed skulls of the male sex.? 14 Una cr?tica importante a la craneolog?a vino de la mano de Karl Pearson y sus alumnas del University College de Londres, Alice Lee y Marie Lewnz, dos de las primeras mujeres cient?ficas, aplicando m?todos estad?sticos al estudio de la biolog?a y la psicolog?a. En su estudio ?Data for the problem of evolution in man - a first study of the correlation of the human skull?, publicado en 1901, y basado en las medidas de tres 13 Romanes, George J. "Mental differences between men and women" Nineteenth Century, n. 21, 1887, pp. 654-672. Cita tomada de Fee, Elizabeth, o.c. p. 429 14 Russett, Cynthia Eagle, o.c. p. 36 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 90 grupos de personas: treinta y cinco hombres miembros de la Sociedad Anat?mica de Dubl?n, treinta estudiantes mujeres del Bedford College y otros treinta y cinco hombres profesores del University College, Alice Lee lleg? a la conclusi?n de que no exist?a tal correlaci?n. Por tanto, deduc?a, si no se pod?an extraer correlaciones individuales, las comparaciones raciales y sexuales no ten?an significado alguno. Alice Lee recibi? numerosas cr?ticas. Pearson public? un estudio apoyando las conclusiones de Lee, ?On the correlation of intellectual ability with the size and shape of the head?. Los diferentes estudios de Pearson y sus alumnas llevaron al abandono, en los primeros a?os del siglo XX, de la idea de que se pod?a relacionar la capacidad mental con la forma o tama?o del cerebro y el cr?neo. En su lugar, vendr?an a desarrollarse los tests de habilidades mentales, que seguir?an teniendo la intenci?n de clasificar a los seres humanos, para reforzar y racionalizar las divisiones sociales previamente existentes. Podemos concluir con Elizabeth Fee, que : ?craniology served to legitimize and reinforce existing relations between the sexes: the dominance of men, defined as more intelligent and more advanced on an evolutionary scale, and the corresponding subordination of women. And this was only one of a series of social and political distinctions which craniology served to reinforce: equally important, and more generally known, was its function in reinforcing an existing racial hierarchy........ As long as there are entrenched social and political distinctions between sexes, races or classes, there will be forms of science whose main function is to rationalize and legitimize these distinctions.? 15 II. Las aportaciones del evolucionismo La teor?a de la recapitulaci?n Seg?n esta teor?a cada organismo individual repite en el curso de su vida la historia de su especie, pasando por todos los estadios de desarrollo previos. Bas?ndose en tres disciplinas biol?gicas complementarias: la embriolog?a, la anatom?a comparada y la paleontolog?a, se justificaba desde la recapitulaci?n la afirmaci?n formulada por los antrop?logos f?sicos y los psic?logos de que las mujeres, los ni?os y los salvajes compart?an muchos rasgos en com?n, ocupando las mujeres y los pueblos primitivos lugares inferiores en la escala biol?gica que ven?a a culminar, como rey de la evoluci?n, en el hombre adulto de tipo caucasiano. Desde el punto de vista de la filogen?tica, la mujer representaba el pasado de la raza y desde el punto de vista ontogen?tico, cada mujer era una eterna adolescente, pues en ese punto se deten?a su desarrollo. Seg?n Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 91 James McGrigor Allan de la Anthropological Society de Londres, ?physically, mentally and morally...woman is a kind of adult child... man is the head of creation. The highest examples of physical, mental and moral excellence are found in man.? 16 Tanto el infantilismo atribuido a la mujer como su cercan?a a los pueblos primitivos eran signos evidentes de su inferioridad. ?Observing that ?the female European skull resembles much more the Negro skull than that of the European man,? Carl Vogt added: ?We may be sure that, whenever we perceive an approach to the animal type, the female is nearer to it than the male?? 17 , teor?a mantenida por diversos autores, como hemos visto en el punto anterior. G. Stanley Hall, psic?logo norteamericano, y sus disc?pulos, destacan en el estudio de la relaci?n entre salvajes, ni?os y mujeres. Hall presentaba a la mujer como una adolescente perpetua y una salvaje perpetua, cuya principal funci?n era ser la transmisora de los rasgos de la especie humana a nivel filogen?tico y ontogen?tico. Hall, representante de las tendencias paternalistas hacia la mujer, propon?a una educaci?n que tuviera en cuenta las caracter?sticas naturales de la mujer y su funci?n primordial: la maternidad. La educaci?n femenina deb?a basarse en la intuici?n, evitando la especializaci?n, y las exigencias del trabajo intelectual, las normas de conducta, los horarios, etc., que se exig?an a los muchachos. Incluso propon?a que el descanso dominical se acumulara para las estudiantes mensualmente coincidiendo con los d?as de su periodo menstrual. Los evolucionistas buscaron tambi?n explicaci?n a la existencia de subnormalidades, tendencias criminales, etc. a trav?s de tres teor?as: los atavismos o aparici?n de rasgos no presentes en una o varias generaciones anteriores; la degeneraci?n o retroceso en la evoluci?n, cuando ciertas condiciones provocan un empobrecimiento del individuo que se transmite despu?s por herencia a los descendientes; y, finalmente, la interrupci?n del desarrollo, que pod?a producirse durante la etapa embrionaria, como en el caso de los retrasados mentales, o bien en la pubertad, como suced?a con los negros y las mujeres. La recapitulaci?n fue especialmente importante para los estudios criminol?gicos de Cesare Lombroso, quien estaba convencido de que los criminales constitu?an ?a pathological type, a kind of special species, or subspecies, of man with distinct physical 15 Fee, Elisabeth, o.c. p. 433 16 Russett, Cynthia Eagle, o.c. p. 55 17 Idem, p. 55 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 92 and mental characteristics.? 18 De acuerdo con la teor?a de la recapitulaci?n, los antrop?logos, entre ellos, Havelock Ellis y Henry Maudsley, hallaban paralelismos entre los ni?os y los criminales. Y por supuesto este paralelismo inclu?a tambi?n a la mujer. La mujer pose?a m?s y peores tendencias negativas que el hombre, rebosando venganza, envidia y crueldad. ?Inside the normal woman lurked ?the innocuous semi- criminal?, rendered harmless for the most part by ?piety, maternity, want of passion, sexual coldness, by weakness and an undeveloped intelligence?..... The female criminal combined the worst of both sexes.? 19 La mujer buena lo era en funci?n de su debilidad y falta de inteligencia, la mala era terrible: ?excessively erotic, weak in maternal feeling, inclined to dissipation, astute and audacious, she often added to these unlovely traits ?the worst qualities of woman: namely: an excessive desire for revenge, cunning, love of dress, and untruthfulness, forming a combination of evil tendencies which often results in a type of extraordinary wickedness.?? 20 Incluso el hecho observable de que las ni?as maduran antes que los ni?os, constitu?a un signo de que la mujer no alcanzaba nunca un nivel de desarrollo similar al del hombre y, seg?n McGrigor Allan, su maduraci?n m?s temprana era comparable a la de los frutos y animales m?s bajos en la escala zool?gica. Selecci?n natural y selecci?n sexual Darwin manten?a la diferencia de rasgos psicol?gicos entre hombres y mujeres, atribuyendo a ?stas mayor ternura y generosidad, y afirmaba rotundamente que el hombre consegu?a mejores resultados en toda tarea que exigiese pensamiento, raciocinio, imaginaci?n o simplemente el uso de los sentidos y de la habilidad manual, de lo que infer?a que ?if men are capable of a decided preeminence over women in many subjects, the average of mental power in man must be above that of woman?. 21 Siguiendo a Darwin, George John Romanes desarroll? una teor?a de la fragilidad mental femenina como consecuencia de su fragilidad f?sica. Seg?n Romanes las mujeres carec?an de originalidad, pose?an menor capacidad de juicio y de adquisici?n de conocimientos, eran menos tenaces y decididas, si bien sobresal?an en una mayor evoluci?n de los ?rganos sensoriales, rapidez de percepci?n, intuici?n, afecto, simpat?a, devoci?n, negaci?n de s? mismas, piedad y moralidad. Los hombres piensan, las 18 Idem, p. 71 19 Idem, p. 73 20 Idem, p. 73 21 Idem, p. 41 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 93 mujeres sienten, pero esta capacidad emocional tiene su aspecto negativo, puesto que seg?n Romanes las mujeres siempre est?n a punto de perder el control de su voluntad y sus emociones. ?In extremis, the result was hysteria, but even the normal emotional state of woman was one of ?comparative childishness?, that is, a generally unreasonable temper. As with her feebler intellect, however, so too with her erratic emotions: strength counterbalanced weakness.? 22 La inferioridad femenina s?lo pod?a explicarse y aceptarse como necesaria para la reproducci?n de la especie. La capacidad emocional de la mujer era consecuencia y causa de su destino, llegando a afirmar algunos autores que la extensi?n del abdomen en las mujeres era la base f?sica de sus sentimientos altruistas. Se defend?a el instinto materno como natural en la mujer pero negando, por parte de muchos autores, la fuerza de su instinto sexual. Harry Campbell llev? a cabo, en 1891, una investigaci?n titulada Differences in the Nervous Organisation of Man and Woman. A partir de las encuestas realizadas, fundamentalmente a los hombres de clase obrera que trataba en el hospital, sobre la sexualidad de sus esposas, lleg? a la conclusi?n de que las mujeres pod?an concebir y tener hijos perfectamente, sin experimentar deseo ni placer sexual e, incluso, formul? la especulaci?n de que la sexualidad femenina tend?a a disminuir. ?C?mo explic? Darwin, siguiendo la teor?a de la evoluci?n, las diferencias psicol?gicas entre hombres y mujeres? Porque, entre los pueblos civilizados, los hombres luchan por la subsistencia y las mujeres no. Evidentemente Darwin, como otros pensadores de su ?poca, ignoraban absolutamente la realidad de las clases trabajadoras de los pa?ses civilizados, las mujeres que trabajaban jornadas interminables en los talleres de costura, las que se arrastraban en las minas, las doncellas, las institutrices, las campesinas... Darwin tuvo que forzar sus teor?as de selecci?n natural y selecci?n sexual para explicar por qu? las mujeres no desarrollaban rasgos necesarios para la supervivencia como sucede en otras especies. Al contrario que en otras especies animales en la especie humana la hembra no elige, sino que es elegida, y la selecci?n natural no act?a como freno de la selecci?n sexual, sino que la refuerza. Al depender econ?micamente del hombre no desarrolla sus mismas capacidades, falta de desarrollo que es transmitida de generaci?n en generaci?n. Seg?n Darwin, mejorando la educaci?n de unas pocas mujeres de ?lite se mejorar?a paulatinamente la capacidad de sus descendientes femeninas. 22 Idem, p. 43 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 94 La teor?a de la selecci?n sexual fue atacada fundamentalmente por los socio- bi?logos escoceses Patrick Geddes y J. Arthur Thompson, en su obra Evolution of Sex. Los seres masculinos y femenino poseen una constituci?n radicalmente distinta, a partir de su metabolismo, que la educaci?n o el ambiente no pueden variar, seg?n la famosa frase de los autores: ??What was decided among the prehistoric Protozoa can not be annulled by Act of Parliament?.? 23 Estas caracter?sticas quedan expresas ya desde el ?vulo y el espermatozoide: ?female animals are held to be ?larger, more passive, vegetative, and conservative?, while males are smaller, more active, of higher body temperature and shorter lived.? 24 Considerando los organismos vivos similares a las m?quinas transformadoras de energ?a, asocian la placidez y mayor tama?o de las hembras con el anabolismo o funci?n metab?lica constructiva, y el menor tama?o y actividad de los machos con el catabolismo o metabolismo destructivo. De su constituci?n pasiva o activa, se derivan las caracter?sticas psicol?gicas de mujeres y hombres: emociones altruistas relacionadas con la maternidad, constancia en el afecto, paciencia, mayor estabilidad y sentido com?n, mayor capacidad de apreciar los detalles sutiles, mayor rapidez de intuici?n, mayor apertura mental, para las mujeres; para los hombres, mayor independencia y valor, mayor pasi?n, mayor actividad, lo que les proporciona un amplio abanico de experiencias que aumenta su capacidad intelectual y su originalidad y su capacidad de abstracci?n. La biolog?a justifica la separaci?n de ?mbitos para hombres y mujeres, la diferencia biol?gica justifica la social y no puede cambiarse la biolog?a por decisiones parlamentarias. Geddes y Thompson afirman la radical diferencia de hombres y mujeres y el gran da?o social que supondr?a el acceso de ?stas al ?mbito laboral, pero no insisten en la inferioridad, sino en la diferencia y la complementariedad. Propugnan algunas medidas para un futuro mundo ut?pico que resultan innovadoras en su ?poca: dedicaci?n de cada ser humano, hombre o mujer, desde su esfera espec?fica, a su pareja y sus descendientes; reducci?n de la natalidad, utilizando m?todos anticonceptivos si fuera necesario, si bien se aconseja sobre todo la castidad; una nueva ?tica de los sexos, o reajuste de c?mo ambos se consideran y se tratan en todas las ?reas de la vida; un aumento de la educaci?n de las mujeres sin entrar jam?s en competencia econ?mica con los hombres. 23 Idem, p. 91 24 Mosedale, Susan Sleeth, ?Science Corrupted: Victorian Biologists Consider The Woman Question?. Journal of the History of Biology, vol. 11, n. 1, primavera 1997, pp. 1-55, p. 33 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 95 La divisi?n fisiol?gica del trabajo Bajo la influencia de la teor?a econ?mica de la divisi?n del trabajo, ya en 1834, Milde-Edwards hab?a se?alado que la especializaci?n de partes dentro de un organismo era signo de alto rango en la escala de la evoluci?n. Darwin, Spencer, y otros evolucionistas aplican el desarrollo de esta idea especialmente a la reproducci?n. En un art?culo an?nimo, titulado ?Our six-Footed Rivals?, publicado en el n?mero 12 de la revista Popular Science Monthly, de 1877-1878, fundada en mayo de 1872 para proporcionar un foro al autor Herbert Spencer, se afirma que ?among vertebrates, and especially in mankind, the function of the female sex seems limited to nurture -intra and extra-uterine - of the young....?Were men immortal and non reproductive, woman's raison d'?tre would disappear?? 25 La reproducci?n mediante la uni?n de dos sexos diferenciados se consideraba de utilidad biol?gica, psicol?gica y ?tica. Los dos sexos eran complementarios y esto marcaba el m?s alto grado de evoluci?n. Por tanto, todo intento de disminuir las diferencias se podr?a considerar como una involuci?n. Quiz?s el principal representante de esta teor?a sea el soci?logo evolucionista Herbert Spencer, quien trat? de se?alar las caracter?sticas de una sociedad ut?pica futura, basada en especializaci?n y cooperaci?n. III. Influencia de la f?sica y la mec?nica. La ley de la conservaci?n de la energ?a En 1882, una mujer, Miss M. A Hardaker, public? un art?culo titulado ?Science and the Woman Question?, en la revista de divulgaci?n cient?fica, Popular Science Monthly. En dicho art?culo, la autora afirmaba que ?men will always think more than women.? 26 Evidentemente, este argumento mis?gino no ten?a mucho de original. Pero Hardaker daba un razonamiento basado en la ley de conservaci?n de la energ?a, que ejerc?a gran fascinaci?n sobre las mentes cient?ficas del siglo XIX. Aplicando a los organismos vivos la Primera Ley de la Termodin?mica, se considera que los seres humanos tienen una cantidad constante de energ?a. El cuerpo es considerado como una m?quina como se refleja en el art?culo publicado en Popular Science Monthly, titulado ?The Human Body as an Engine?. Esta visi?n tiene varias consecuencias: la mente se analiza desde un punto de vista f?sico, se produce lo que se ha llamado la naturalizaci?n de la mente. Existe una correlaci?n entre las manifestaciones mentales y las fuerzas 25 Russett, Cynthia Eagle, o.c. p. 136 26 Idem, p. 104 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 96 f?sicas. El concepto de fuerza nerviosa ser? clave en este sentido. La fuerza nerviosa, la fuerza cerebral, la energ?a vital del cuerpo est?n directamente relacionadas con la cantidad de alimentos digeridos por cada individuo y se podr? utilizar despu?s en distintas actividades. Los hombres comen m?s, por tanto, tienen mayor fuerza nerviosa. La teor?a de la econom?a del cuerpo y la ley de energ?a fija tienen una consecuencia direct?sima para las mujeres: la mujer no puede dedicarse a tareas intelectuales porque requiere esa energ?a para mantener el ciclo menstrual, para procrear. El estudio en las mujeres ir? directamente contra la maternidad y la continuidad de la especie. Miss Hardaker conclu?a en su estudio que el hombre siempre ser?a superior a la mujer, si ?sta no encontraba una forma de reducir su mayor tama?o. Diversos autores escribieron sobre esta visi?n mecanicista del cuerpo humano. W. K. Clifford lleg? a concluir que la identificaci?n entre mente y materia. ?There was, then, no immaterial mind, no free will, and no supernatural divinity.? 27 El concepto de la correlaci?n de fuerzas f?sicas y mentales tuvo consecuencias pr?cticas y filos?ficas. A partir de los a?os 1860, se elabor? una teor?a que defin?a la salud mental como la conservaci?n de la fuerza nerviosa. ?Health depended upon moderation in the expenditure of energy, while nervous exhaustion or worse threatened the profligate spender.? 28 De aqu? se deriva la construcci?n de una nueva enfermedad, caracter?stica de intelectuales del siglo XIX: la neurastenia de la que hablaremos en el siguiente cap?tulo. Esta teor?a reforzaba, por supuesto, la creencia del perjuicio que la actividad intelectual representar?a para las mujeres, restando energ?a a la actividad reproductora. Adem?s justificar?a las terapias consistentes en reposo absoluto, con prohibici?n de toda actividad, incluida la simple lectura, aplicada por muchos doctores a las mujeres que sufrieran alg?n malestar de tipo psicol?gico. En esta teor?a se basar?n dos de los grandes detractores del acceso de la mujer a la educaci?n superior: el americano Edward Clarke, profesor de Harvard, y el ingl?s Henry Maudsley. En su obra Sex in Education, or a Fair Chance for the Girls, publicada en 1873, Clarke defend?a la imposibilidad de que el organismo realizara bien dos funciones distintas: ?Adolescent girls, then, needed to abate brain work during the years of reproductive development: ?It is... obvious that a girl upon whom Nature, for a limited period and for a definite purpose, imposes so great a physiological task, will not have as much power left for the tasks of the 27 Idem, p. 111 28 Idem, p. 112 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 97 school, as the boy of whom Nature requires less at the corresponding epoch.?? 29 Ilustraba Clarke sus consejos con algunos casos cl?nicos de pacientes que le hab?an consultado por sufrir una debilidad cr?nica como consecuencia de haber dedicado algunos a?os de su pubertad al estudio. Otros autores, como Harry Campbell, deduc?an que la mujer ten?a m?s fuerza nerviosa, lo que la hac?a m?s inestable, en general, y m?s propensa a sufrir trastornos mentales. Herbert Spencer formul? otra teor?a para explicar c?mo compensaba el organismo femenino el gasto de energ?a que ten?a que invertir en la fisiolog?a de la reproducci?n: ?Young women, he concluded, stopped developing both physically and mentally at a stage somewhat less advanced than that attained by young men. This developmental arrest was the cost of reproduction.? 30 Evidentemente, ello supon?a una merma en sus capacidades intelectuales y en su control emocional, como si hubiesen quedado detenidas en un estadio inferior de la evoluci?n: ?in particular they lacked ?those two faculties, intellectual and emotional, which are the latest products of human evolution ?the power of abstract reasoning and that most abstract of emotions, the sentiment of justice.?? 31 Henry Maudsley, superintendente del Manchester Royal Lunatic Asylum, editor del Journal of Mental Science, y profesor de jurisprudencia m?dica del University College de Londres, fue una figura clave en el desarrollo de una teor?a evolucionista de la mente. La funci?n natural de la mujer era la maternidad, que consideraba inferior al noble oficio de hacer nacer ideas. Afirmaba la diferencia natural entre hombres y mujeres: ?When we thus look at the matter honestly in the face, it would seen plain that women are marked out by nature for very different offices in life from those of men, and that the healthy performance of her special functions renders it improbable she will succeed, and unwise for her to persevere, in running over the same course at the same pave with him. ??.? 32 29 Idem, p. 117, incluyendo cita de Clarke, Edward Sex in Education, James R. Osggod and Co. Boston, 1873, pp. 54-55 30 Idem, p. 119 31 Idem, p. 119, incluye cita de Spencer, Herbert, ?Psychology of the Sexes?, en Popular Science Monthly (1873-1874), p. 32 32 Maudsley, Henry. ?Sex in Mind and Education?, en Fortnightly Review, vol. 15, 1874, pp. 466-483, p. 467 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 98 La mujer es esclava de sus funciones fisiol?gicas. Ni siquiera la mujer que renuncie a la maternidad podr? tener acceso a los estudios superiores y profesiones intelectuales, dadas las exigencias de su fisiolog?a: ?whether they care to be mothers or not, they cannot dispense with those physiological functions of their nature that have reference to that aim, however much they might wish it, and they cannot disregard them in the labour of life without injury to their health. They cannot choose but to be women; cannot revel successfully against the tyranny of their organization.? 33 Hombres y mujeres son diferentes, la diferencia de sus ?rganos genitales influyen tambi?n en la diferente constituci?n de su mente. Y por ello deben seguir una educaci?n diferente. Maudsley reconoce que hay mujeres que siguen con ?xito una educaci?n superior, pero ello va, no s?lo en detrimento de su salud, sino que : ?they do it at a cost to their strength and health which entails lifelong suffering, and even incapacitates them for the adequate performance of the natural functions of their sex.? 34 El hombre y la mujer tienen esferas radicalmente diferentes. La mujer debe recibir educaci?n, pero adecuada a su naturaleza: ?it must be admitted that they are entitled to have all the mental culture and all the freedom necessary to the fullest development of their natures.? 35 En 1877, uno de los m?s famosos cirujanos brit?nicos, Lawson Tait, apoy? los argumentos de Clarke y Maudsley, defendiendo la tesis del tratamiento de las mujeres menstruantes como inv?lidas. En su obra Diseases of Women, afirmaba que si sufre de dolor menstrual ?the girl should be removed from school and that ?for six months, all instruction, especially in music, should cease?.? 36 La prohibici?n de la ense?anza de la m?sica se basaba en considerar que ?sta excitaba las emociones, provocando as? graves trastornos relacionados con la menstruaci?n. La muchacha menstruante deb?a recibir un trato especial. ?He believed that treating girls the same when menstruating as at other times and not making them rest caused ?serious disease in young ladies?. The sufferer from pain should be confined to bed for several days before and after the period.? 37 Estas opiniones fueron compartidas por numerosos ginec?logos, que insit?an en que la estimulaci?n del cerebro femenino mediante la actividad intelectual ?caused stunted 33 Idem, p. 467 34 Idem, p. 474 35 Idem, p. 482 36 Dally, Ann, Women under the Knife. A History of Surgery. Hutchinson Radius. Londres, 1991, p. 93 37 Idem, p. 93 Mujer y Salud Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 99 growth, nervousness, headaches, neuralgia, difficult childbirth, hysteria, inflammation of the brain, and insanity.? 38 Los argumentos de Clarke y Maudsley fueron rebatidos por numerosas mujeres feministas, profesionales de la educaci?n y la medicina. En 1874, a?o siguiente a la publicaci?n de la obra de Clarke, aparecieron varios libros de autor?a femenina, en respuesta al mismo. Uno de ellos, fue el titulado, Woman?s Education and Woman?s Health: Chiefly in Reply to ?Sex in Education?, cuya autora firmaba como Comfort and her husband. Otros dos eran antolog?as, una editada por Julia Ward How, titulada Sex and Education. A Reply to Dr. E.H. Clarke?s Sex in Education, y otra, editada por Annie C. Brackett, titulada, The Education of American Girls Considered in a Series of Essays. Un grupo de mujeres de Boston solicitaron a la doctora Mary Putnam Jacobi la redacci?n de una respuesta a los argumentos de Clarke, desde una base cient?fica. Aprovechando que el premio Boylston, convocado anualmente por la Harvard Medical School, propon?a como tema de estudio para la convocatoria de 1874, los efectos de la menstruaci?n en las mujeres, Mary Putnam Jacobi present?, de forma an?nima, seg?n las normas de este prestigioso premio de Harvard, el ensayo titulado ?The Question of Rest for Women During Menstruation?, consiguiendo el Boylston, por la calidad de su trabajo. ?The study challenged conservative medical opinion on the subject with sophisticated statistical analyses and case studies, concluding that there was ?nothing in the nature of menstruation to imply the necessity, or even the desirability, of rest for women whose nutrition is really normal.?? 39 En 1881, Emily y Augusta Pope, doctoras graduadas en el New England Female Medical College, y Emma Coll, una de las primeras alumnas de la University of Michigan Medical School, publicaron los resultados de una encuesta aplicada a 430 mujeres doctoras, que hab?an realizado bajo el patrocinio de la American Social Science Association. La encuesta mostraba que estas mujeres, que hab?an realizado estudios superiores y ejerc?an la profesi?n m?dica, gozaban de mejor estado de salud que la media de la poblaci?n femenina. En Inglaterra, Elizabeth Garrett replic? asimismo a Maudsley en un texto publicado en la Fotnightly Review. Por la importancia del tema, el tratamiento y la visi?n de la mujer en la ginecolog?a del siglo XIX, ser? objeto de estudio m?s detallado en el pr?ximo cap?tulo. 38 Idem, p. 93 39 Morantz-Sanchez, Regina Markell. Sympathy and Science. Women Physicians in American Medicine. O.U.P. Nueva York, 1985, p. 55 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 101 CAP. IV. LA MUJER SEG?N LA GINECOLOGIA DEL SIGLO XIX ?We are dealing with an existential terror of women... men have deep rooted castration fears which are expressed as horror of the womb... These terrors form the substrata of a myth of feminine evil which in turn justified several centuries of gynocide...? 1 Aclaremos en primer lugar el origen de la palabra ginecolog?a. En 1630, el profesor de Medicina de la universidad de Rinteln (Alemania), Joannes Petrus Lotichius (1598-1669) public? un tratado sobre la naturaleza de la mujer, bajo el t?tulo de Gynaicologia. Es interesante se?alar que este autor negaba la doctrina de la inferioridad femenina, afirmando, por el contrario, que la mujer era f?sicamente perfecta. El t?rmino Gynaecologia, con la graf?a adoptada posteriormente, apareci? por vez primera como t?tulo de un tratado m?dico legal sobre la sexualidad femenina, publicado en 1730 por el doctor de Dresden, Martin Schurig, que inclu?a temas tales como la ninfoman?a, la castidad, el coito pre-nupcial, la violaci?n, el vaginismo, el lesbianismo, etc. Ambos aspectos, el discurso sobre la naturaleza de la mujer y el inter?s m?dico-legal sobre las funciones sexuales de la mujer, formar?n parte importante del an?lisis de la feminidad que se desarrolla durante el siglo XIX y pretendemos analizar brevemente en este cap?tulo. No podemos separar la visi?n de la mujer ofrecida por los antrop?logos, fil?sofos, bi?logos, etc., de la ofrecida desde la ginecolog?a, ambas se complementan y Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 102 se desarrollan a partir de un sustrato ideol?gico com?n, pero esta ?ltima requiere un tratamiento m?s extenso. Hemos visto c?mo la mujer fue considerada durante siglos, siguiendo la visi?n de Arist?teles y Galeno heredada despu?s por la tradici?n cristiana, como un hombre disminuido, y sus ?rganos sexuales como la versi?n invertida de los ?rganos masculinos. Hemos comentado asimismo c?mo los descubrimientos de la anatom?a fueron conduciendo durante los siglos XVII y XVIII a la construcci?n de la visi?n de hombre y mujer como sexos diferentes. La mujer qued? entonces definida en funci?n de los ?rganos que la diferenciaba radicalmente, lo que queda patentemente reflejado en la frase de Van Helmont (1577-1644) ?Propter solum uterum mulier est id quod est?. A mediados del siglo XIX, se establece la teor?a ovular de la menstruaci?n, que consideraba que ?sta era provocada por la liberaci?n del ?vulo, coincidiendo, por tanto, con la fertilidad y el momento de mayor deseo sexual en la mujer. Esta teor?a lleva a considerar los ovarios como el ?rgano fundamental de la sexualidad femenina, la sede de la diferencia esencial, hasta el extremo de que el m?dico franc?s Achille Ch?reau (1817-1885) propuso cambiar la frase de Van Helmont por esta otra: ?Propter solum ovarium mulier est id quod est?. Este desplazamiento del centro de la feminidad a los ovarios es fundamental para comprender la pr?ctica de la ovariotom?a, la castraci?n femenina, de que hablaremos m?s adelante.?Woman was, by definition, disease or disorder, a deviation from the standard of health represented by the male.? 2 Seg?n la medicina victoriana, la mujer es un ser definido y limitado por sus ?rganos y funciones sexuales y un ser enfermo o al borde de la enfermedad, tanto f?sica como ps?quica, siendo esta enfermedad provocada por las mismas funciones y aparato reproductor que la definen. ?...woman?s physical and mental peculiarities derive from her reproductive function and that pathology defines the norm of the female body...? 3 De forma que podr?amos decir que, seg?n la medicina victoriana, la mujer es una enferma en virtud de su propia naturaleza, su propia raz?n de ser, que es la reproducci?n de la especie. Los trastornos y el malestar psicol?gico de las mujeres quedan explicados por su propia naturaleza y fisiolog?a, sin cuestionar en ning?n caso la forma de vida harto desequilibrante que se le impone. 1 Dworkin, Andrea. Cita tomada de Miles, Rosalind. The Women?s History of the World. Paladin Grafton Books. Londres, 1990 2 Moscucci, Ornella. The Science of Woman. Gynaecology and Gender in England 1800-1929. C.U.P. Cambridge, 1990, p. 102 3 Idem, p. 102 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 103 Analicemos brevemente algunos de los apartados fundamentales: la menstruaci?n, el placer sexual en la mujer, el embarazo, el parto, el control de natalidad y las enfermedades de las mujeres y su tratamiento. I. La menstruaci?n La ?poca victoriana mantiene la concepci?n griega de la menstruaci?n como forma de eliminaci?n de residuos superfluos o limpieza del organismo, llegando a creer que en caso de producirse amenorrea, se originar?an hemorragias vicarias de la menstruaci?n en otros ?rganos tales como la nariz, las enc?as, etc. Varios autores trataron incluso el tema de la menstruaci?n masculina, entre ellos el ginec?logo ingl?s Alfred Wiltshire, el m?dico americano V.O. King y el neurofisi?logo ingl?s Thomas Laycock, quien propuso la teor?a de la periodicidad vital o sujeci?n de todos los fen?menos fisiol?gicos a ciclos temporales fijos. En los a?os 50 se formul? la teor?a ovular, seg?n la cual ?it was the spontaneous release of the egg which caused menstruation, and the onset of menses coincided not only with the fertile period, but also with the peak of sexual desire in woman.? 4 Se manten?a as? un paralelismo entre el periodo de celo de las hembras de otras especies y la menstruaci?n de la hembra humana. Manteniendo esta analog?a el zo?logo franc?s F?lix-Archim?de Pouchet (1800-1872), y Alfred Wiltshire en su obra Lectures on the comparative physiology of menstruation?, publicada en 1883, consideraban que la mayor frecuencia de la menstruaci?n en las hembras humanas era consecuencia de la civilizaci?n. Las condiciones de vida de las sociedades civilizadas favorec?an el mantenimiento de mayor n?mero de descendientes y con tal fin hab?a aumentado la frecuencia del periodo de celo en la mujer, lo cual es falso tanto desde el aspecto sociol?gico como desde el biol?gico. La menstruaci?n y los peligros que la misma supone para la salud de la mujer es un tema permanente en los tratados ginecol?gicos del siglo XIX. En Domestic Medicine, obra de divulgaci?n escrita por William Buchan, muy popular durante los siglos XVIII y XIX, la secci?n dedicada a la menstruaci?n quedaba incluida bajo el ep?grafe de enfermedades de la mujer. Seg?n este autor la conducta observada por la mujer al comienzo del ciclo menstrual era determinante para su futura salud y felicidad: ?Such is her delicacy at this stage that ?taking improper food, violent affections of the 4 Idem, p. 34 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 104 mind, or catching cold... is often sufficient to ruin the health, or render the female ever after incapable of procreation?.? 5 La menarquia era considerada un per?odo de riesgo de aparici?n de enfermedades f?sicas y mentales: ?Menarche was the first stage of mental danger, requiring anxious supervision from mothers if daughters were to emerge unscathed. Doctors warned that moral insanity could easily begin at adolescence......Dr Edward Tilt described female adolescence as indeed a state of ?miniature insanity??. 6 Evidentemente no es extra?o que las adolescentes sufrieran trastornos psicol?gicos dado que la menarquia supon?a una ruptura traum?tica entre el tipo de vida de la infancia, m?s libre y cercana a la de sus hermanos, y la represi?n de la actividad sexual, social e intelectual que se le impon?a en la pubertad. Recordemos las teor?as de Clarke y Maudsley sobre los riesgos que entra?aba para la adolescente el estudio y la actividad intelectual. La adolescencia supon?a para el muchacho la incorporaci?n al mundo del conocimiento y de su futuro papel en la sociedad, para la muchacha era la entrada en un mundo de limitaciones y prohibiciones. En palabras de un doctor de la ?poca: ?puberty which gives the man the knowledge of greater power, gives to woman the conviction of her dependence.? 7 La menstruaci?n en s? misma era un tiempo de enfermedad e inestabilidad emocional, aunque no se produjera ning?n trastorno aparente. El ginec?logo A.O. Kellogg (1828-1888), en un art?culo publicado en el American Journal of Insanity, afirmaba que ?during the menstrual cycle, woman has far less mental ability and less control over her emotions. Even when the menstrual function is healthy, Kellog believed, it could make a woman, especially one of a ?nervous, excitable temperament?morose, taciturn, wayward, fidgety and impatient, frequently manifesting a certain nervous irritability bordering on hysteria?. Given this, an imbalance of the menstrual functions was sure to bring on insanity.? 8 El doctor George Man Burrows, en su obra Commentaries on Insanity (1828), afirmaba que ?everybody of the least experience must be sensible of the influence of menstruation on the operations of the mind. In truth, it is the moral an physical 5 Shuttleworth, Sally. Female Circulation: Medical Discourse and Popular Advertising in the Mid- Victorian Era, en Jacobus, Mary; Fox Keller, Evelyin and Shuttleworth, Sally, (edits.) Body Politics. Women and the Discourse of Science. Routledge. Londres, 1990, p. 50 6 Showalter, Elaine. The Female Malady: Women, Madness and Culture, 1830-1980. Virago. Nueva York, 1987. p. 56 7 Idem, p. 57 8 Nancy, Tuana. The Less Noble Sex. Indiana University Press. Indianapolis, 1993, p. 99 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 105 barometer of the female constitution.? 9 Seg?n Burrows, cualquier trastorno menstrual provocar? una forma equivalente de trastorno mental. En los casos de amenorrea, el flujo menstrual que no es expulsado al exterior puede dirigirse al cerebro causando un da?o irreparable. Tanto los doctores m?s respetables como los curanderos vendedores de remedios populares contribu?an a dar una imagen de la mujer como esclava de los procesos tir?nicos de su ciclo menstrual. La menstruaci?n estaba rodeada de numerosos tab?es y se la denominaba con eufemismos, la mayor?a de car?cter negativo: turns, monthlies, poorliness, being unwell, siendo el m?s significativo el t?rmino the curse (la maldici?n). El mayor riesgo para la salud de la mujer resid?a, como hemos dicho, en la inhibici?n de la hemorragia menstrual. Tanto en la pubertad, como durante sus a?os f?rtiles y la etapa pre-menop?usica ?the dark obstructions within the body that cause irregular flow are to be sought out and ?cleansed?; invigorating purity will result from this ritual purgation that rids the body of ?morbid blood?, restoring the modest maiden to a state where surface appearance is not belied by the state of her bodily secretions.? 10 Tanto los tratados de ginecolog?a como los libros de divulgaci?n y los anuncios publicados en revistas y peri?dicos muestran una obsesi?n por evitar la amenorrea. Eran muy frecuentes los anuncios de pastillas destinadas a prevenir la retenci?n del flujo menstrual, remedio que pod?a venir a ser una forma encubierta de aborto. Los argumentos en que se basa la publicidad de este tipo de pastillas giran en torno a los graves trastornos que la amenorrea supone para la mujer. Veamos, a modo de ejemplo, el anuncio de las Pastillas del Dr. Barker aparecido en el Leeds Intelligencer del 15 de marzo de 1851, ??for regulating the secretions and keeping them in a healthy condition, and for removing all affections depending on irregularities, such as general weakness, nervousness, giddiness, pains in the head, breast, side or stomach.?? 11 El cuidado que la mujer debe poner para evitar un trastorno relacionado con la menstruaci?n es extremo: debe proteger su cuerpo y su mente, evitar el fr?o y el exceso de calor, el ejercicio y la excesiva pasividad y toda emoci?n que pueda alterarla: 9 Burrows, George Man. Commentaries on the Causes, Forms, Symptoms, and Treatment, Moral and Medical, of Insanity. Londres, 1828. Nueva York, Arno Press, 1976. p 146, cita tomada de Shuttleworth, Sally. Female Circulation: Medical Discourse and Popular Advertising in the Mid- Victorian Era, in Body Politics. Women and the Discourse of Science, p. 47 10 Idem, p. 51 11 Shuttleworth, Sally, o.c. p. 50 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 106 ?The female should force herself to keep calm and cheerful during her menses since ?every part of the animal economy is influenced by the passions, but none more so than this. Anger, fear, grief, and other affections of the mind, often occasion obstructions of the menstrual flux, which prove absolutely incurable.?? 12 Si bien se consideraba que la amenorrea era una de las principales causas de trastorno mental en la mujer, y la preocupaci?n por su tratamiento era claramente obsesiva, no es ?sta la ?nica enfermedad relacionada con el ciclo menstrual, cuyo funcionamiento, por otra parte, no se conoc?a hasta entrado el siglo XX. En la obra de John Forbes, Cyclopeadia of Practical Medicine, publicada en 1833, la lista de enfermedades espec?ficamente femeninas relacionadas con la menstruaci?n es amplia: amenorrea, dismenorrea, menorragia, patolog?a de la menstruaci?n, leucorrea, etc. ?Qu? tratamientos recomendaban los doctores para tratar tan temidos males? La aplicaci?n de descargas el?ctricas en la pelvis o la aplicaci?n de sanguijuelas en los ?rganos genitales, e incluso en el ?tero, son algunos de los tratamientos recomendados por prestigiosos ginec?logos, recogidos en diversos art?culos del Lancet o en la obra Retrospect of Practical Medicine and Surgery, de W. Braithwaite. Exist?a asimismo preocupaci?n por el control del fluido seminal en el hombre. Un ejemplo de enfermedad masculina construida por la clase m?dica del siglo XIX es la espermatorrea o emisi?n incontrolada de semen. Veamos qu? diferencias fundamentales existen entre las dos enfermedades relacionadas con los fluidos masculino y femenino: espermatorrea y amenorrea. El fluido masculino es positivo, debe ser retenido en el organismo y no debe despilfarrarse. El fluido femenino es negativo, su retenci?n supone la enfermedad f?sica y mental y, en muchos casos, la muerte; debe, por tanto, eliminarse. La mujer necesita tener una actitud pasiva e inactiva, f?sica e intelectualmente, para permitir el fluir al exterior de su residuo menstrual; el hombre debe mantener una vida activa f?sica e intelectualmente. Requiere, asimismo, una continua supervisi?n de la madre y de la clase m?dica, as? como recurrir al uso de distintos medicamentos y terapias para evitar la siempre amenazante enfermedad; el hombre, aunque tambi?n exist?an remedios para la espermatorrea, se espera que sea capaz de usar su voluntad para autocontrolarse. El hombre es auto-suficiente, la mujer es dependiente. Un ejemplo de la divulgaci?n de estas ideas, repetidas por m?ltiples doctores de la ?poca, son las conferencias pronunciadas en el Leeds 12 Idem, p. 59, incluyendo nota de Buchan, William, Domestic Medicine, p. 273-74 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 107 Mechanics?Institute, entre otras la del Dr. Samuel Smiles, sobre ?Self-Help in Man? y la del Rev. W.M.Guest, sobre ?Mental Improvement and Discipline?. La dependencia de la mujer de la clase m?dica es un exponente m?s de su dependencia respecto al hombre, fundamentalmente el padre o el marido en el mundo anglosaj?n, el padre, el marido y el confesor en el cat?lico. Adem?s con la insistencia en la necesidad de cuidados m?dicos por parte de la mujer, los doctores victorianos se aseguraban una clientela de clase media y alta, y con ello su prestigio social y beneficio econ?mico correspondiente. El ginec?logo W. Tyler Smith afirm? en un art?culo publicado en The Lancet que ?the state of the obstetric art in any country may be taken as a measure of the respect and value of its people for the female sex; and this, in turn, may be taken as a tolerably true indication of the standard of its civilization.? 13 Seg?n este autor, la sociedad brit?nica daba tal valor a la mujer como procreadora que la proteg?a de todo tipo de riesgo, releg?ndola a una vida inactiva. Tal era el valor de la mujer embarazada y parturienta que deb?a prohibirse que fuese atendida por comadronas, puesto que su presencia degradaba la obstetricia, ?the triumph of civilization, was signalled by the transference of ?the allegiance of the lying-in woman from Lucina to Apollo? ? from the incompetent female midwife to omnicompetent male science.? 14 La mujer es un ser valioso si es dependiente del hombre y se dedica exclusivamente a su funci?n natural de esposa y madre. Cualquier otra actividad, incluso la atenci?n al parto, tradicionalmente realizada por mujeres, debe estarle prohibida. Es este un ejemplo m?s de la neurosis que envuelve la visi?n masculina de la mujer, en la ?poca victoriana, y en general a lo largo de la historia, cuando no se la trata como ser humano completo y se la aliena, tanto al considerarla un ser angelical, como al suponerla un ser limitado, enfermizo o vicioso. Existe una doble visi?n, seg?n se trate de la mujer de clase media o alta y la mujer obrera que trabaja largu?simas jornadas en las sweetshops, arrastra semi-desnuda carretillas de carb?n en las minas, o se dedica al servicio dom?stico o a la prostituci?n. ?Qu? significaci?n econ?mico-social tiene este doble standard? La mujer rica permanece aislada en el hogar, dedicada a consumir, manteniendo as? la sociedad industrial y mercantilista; la mujer obrera es una mano de obra barata, pieza clave en la revoluci?n industrial. Se acepta siempre a la mujer en profesiones y actividades 13 Idem, p. 52 14 Idem, p. 52 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 108 subordinadas, pero no en aquellas que puedan significar competencia con el hombre en cargos de relevancia social, profesional o econ?mica. Dentro del mundo de la sanidad, existen actualmente monumentos en honor a Florence Nightingale, s?mbolo por excelencia de las enfermeras abnegadas (la placa en la cripta de San Pablo (fig. 2), el importante monumento en Waterloo Square, o el museo en el Hospital de Santo Tom?s), pero no se menciona su grito de protesta en la novela Cassandra, ni hallamos monumentos, (excepto alguna discret?sima placa, y el busto erigido en memoria de Louisa Aldrich-Blake en una esquina de Tavistock Square), en memoria de las mujeres objeto de esta tesis que lucharon por conseguir un t?tulo de doctoras y ejercer en pie de igualdad con los hombres. Adem?s, la industrializaci?n hace sentir al ser humano la contradicci?n entre ser dependiente de las m?quinas y la supuesta libertad y autocontrol en el campo comercial que defienden las teor?as econ?micas. De nuevo podemos encontrar una explicaci?n psicoanal?tica a la contradictoria visi?n de la mujer: si la mujer es el ser dependiente, el hombre, no el obrero, el salvaje o el esclavo, sino el hombre blanco de clase media alta, puede ocupar tranquilo el lugar del ser libre y autosuficiente, proyectando la inseguridad y la dependencia en la mujer y otros grupos excluidos. ?Notions of gender differentiation fulfilled the ideological role of allowing the male sex to renew their faith in personal autonomy and control. Unlike women, men were not prey to the forces of the body, the unsteady oscillations of which mirrored the uncertain flux of social circulation; rather, they were their own masters ?not automatons or mindless parts of the social machinery but self-willed individuals, living incarnations of the rational individualists and self-made men of economic theory.? 15 Se da asimismo otra contradicci?n social que tambi?n se proyectar? en la mujer: la contradicci?n entre los altos valores de humanizaci?n atribuidos a la civilizaci?n y la brutalidad de la competitividad en el libre mercado. ?At once angel and demon, woman came to represent both the civilizing power that would cleanse the male from contamination in the brutal world of the economic market and also the rampant, uncontrolled excesses of the material economy.? 16 La mujer que permanece en el ?mbito privado realiza la funci?n de ?ngel del hogar, que aporta valores humanos al hombre y lo purifica de la contaminaci?n que supone la lucha en el mundo econ?mico-social, pero esta misma mujer es una fuente potencial de descontrol si se separa del rol establecido. Asimismo en cada mujer queda representada la dualidad: la belleza exterior 15 Idem, p. 55 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 109 oculta la suciedad interior que debe ser expulsada para evitar que la mujer se convierta en la loca del ?tico de que nos ocuparemos en el pr?ximo apartado. ?The male returns from his contaminating material labour in the outer world to be spiritually refreshed by his angel within the inner sanctum of the home. This outer/inner polarity existed, however, in direct conjunction with another formulation of the inner/outer divide: women were outwardly fair, but internally they contained threatening sources of pollution.? 17 A las mujeres se les exige un comportamiento social m?s controlado que al var?n, su deseo sexual debe ser reprimido, pero al mismo tiempo se afirma que las mujeres son seres influenciables por todos los est?mulos, ?vessels of receptivity, doomed to vibrate uncontrollably both to external stimuli and their uterine system... helpless prisoners of their own bodies.? 18 La mujer debe dejar su cuerpo fuera de todo control que inhiba la salida al exterior de su flujo menstrual, pero tiene que reprimir sin embargo su deseo sexual, siendo la manifestaci?n de ?ste una de las causas de ser considerada enferma mental. II. Enfermedades de la mujer Debemos tener en cuenta que el concepto de enfermedad es una construcci?n mental, una nominalizaci?n, un ep?grafe bajo el que la clase m?dica engloba un conjunto de s?ntomas manifestados por la persona enferma, a los que se atribuyen unas causas y unas consecuencias y para cuya desaparici?n se dise?an uno o diversos tratamientos. Existen enfermedades caracter?sticas de cada ?poca. As? en el siglo XIX, siglo de gran avance en la medicina y en la cirug?a, se produce una medicalizaci?n de la sociedad y, muy especialmente, de las mujeres y sus procesos fisiol?gicos. Al igual que en los siglos XVI y XVII, la mujer, especialmente la mujer blanca de clase media y alta, es un ser d?bil, enfermizo por su propia naturaleza y fisiolog?a. Evidentemente exist?an m?ltiples enfermedades reales: epidemias, tuberculosis, viruela, otras enfermedades infecciosas agravadas por las deficientes condiciones sanitarias, anemias derivadas de una escasa alimentaci?n en las clases m?s pobres, s?filis y otras enfermedades ven?reas, tumores, infecciones post-operatorias y post-parto, etc. Las principales enfermedades que afectan a la mujer son las relacionadas con trastornos ginecol?gicos propiamente dichos: tumores ov?ricos, c?ncer de ?tero y de mama, riesgos en torno al parto y al post- 16 Idem, p. 55 17 Idem, p. 55 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 110 parto (fiebre puerperal) y otras de car?cter psicosom?tico: la clorosis, la histeria, la neurastenia y la anorexia nerviosa. Trataremos en otro apartado la atenci?n sanitaria de la mujer en el embarazo, parto y post-parto, centr?ndonos ahora en las enfermedades que podr?amos denominar psicosom?ticas. La clorosis era una especie de anemia denominada as? por el color verdoso que se supon?a confer?a a la piel de las pacientes. En el libro de texto de Allbutt, A System of Medecine, publicado en 1905, el autor define la clorosis como ?a malady of young women, and primarily of young women at or about the age of puberty... consisting in defect of the red corpuscles of the blood, a defect partly of numbers, chiefly of haemoglobin; the plasma being constant or even enriched.? 19 Parecer?a diferenciarse ?nicamente de la anemia por deficiencia de hierro en sangre, por la edad de las pacientes y otros s?ntomas que sol?an atribu?rsele. A?n aparece en la edici?n de 1987 de la Enciclopedia Larousse una de las acepciones del t?rmino clorosis como ?Tipo de anemia propia de la mujer joven?. Es preciso tener en cuenta que para diagnosticar la anemia es preciso medir el n?mero y tama?o de los gl?bulos rojos y la cantidad de hemoglobina que llevan. La primera medici?n con ?xito de gl?bulos rojos no pudo realizarse hasta 1852 y no se dispuso de un instrumento adecuado para medir la hemoglobina hasta 1875. Con anterioridad a 1870 no se realizaban pr?cticamente an?lisis de sangre, por lo que el diagn?stico de la clorosis se realizaba frecuentemente teniendo en cuenta los s?ntomas, el sexo y la edad de la paciente. Se atribu?a la enfermedad a causas ambientales, constitucionales y morales, seg?n cada doctor. Pod?an existir muchos factores desencadenantes: ?living in dark, badly ventilated or poorly lit rooms, poor diet, excessive study, lack of exercise, derangement of the menstrual function, impoverished blood, disease of the nervous system, a morbid condition of the organs of generation, the result of masturbation.? 20 Tanto la menstruaci?n como la masturbaci?n se mezclaban en la mente obsesiva de los doctores al diagnosticar la clorosis. Y se aconsejaba a las madres que vigilasen atentamente a las hijas para evitar el ?pecado solitario?. As? aconsejaba Allbutt en la obra citada: ??if ephitelial debris be found repeatedly in the urine, masturbation must not be forgotten, and corroborative evidence of the habit....detected?.? 21 18 Idem, p. 60 19 Dally, Ann. Women under the Knife. A History of Surgery. Hutchinson Radius. Londres, 1991, p. 98 20 Idem, p. 98 21 Idem, p. 99 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 111 La joven que sufr?a clorosis no se diferenciaba mucho de la joven ideal victoriana: sus labios y orejas eran p?lidos aunque sus mejillas aparec?an sonrosadas, d?bil y nerviosa, enfermiza, f?rtil y atractiva, seg?n la defin?an distintos doctores de la ?poca. Podemos constatar esta sintomatolog?a coincide en gran parte con el cuadro de furor uterino descrito en el cap?tulo II. Como recoge W.M. Fowler en su art?culo ?Clorosis ? An Obituary?, publicado en Annals of Medical History, n. 8, 1936, la enfermedad, m?s imaginaria que real, desapareci? pr?cticamente a comienzos del siglo XX. La anorexia nerviosa asimismo atrajo la atenci?n tanto en Estados Unidos como en Gran Breta?a. Este trastorno sigue siendo de triste actualidad en nuestra ?poca. ?Qu? pretenden manifestar las muchachas que lo sufren? ?Qu? causas puede tener en uno y otro momento? Tanto Florence Nightingale en su novela Cassandra como Charlotte Perkins Gilman en su obra Herland (1915), hacen referencias al ayuno como protesta contra la presi?n social. Cassandra compara la falta de alimento para el cuerpo con la falta de alimento para la mente a que se somete a la joven, que muere de hambre intelectual y espiritual. Las mujeres de Herland se niegan a tomar la dieta de carne, tal como hac?an las muchachas anor?xicas, quiz?s llevando al extremo la imposici?n social de la inhibici?n sexual, dado que la dieta abundante en carne se relacionaba con una menstruaci?n copiosa e incluso con ninfoman?a. La histeria ha sido definida a lo largo de la historia como un trastorno de la mujer relacionado con el ?tero de cuyo nombre en griego, hystera, deriva el de la enfermedad. Sus manifestaciones cambian en distintas ?pocas y lugares, siendo la fundamental una reacci?n excesiva y la conversi?n de deseos insatisfechos o conflictos internos en s?ntomas f?sicos. La persona que la sufre no es consciente de lo que sucede y los s?ntomas que presenta suelen ser muy similares a los de la enfermedad que cree padecer. Aunque tambi?n afecta a los hombres, por ejemplo en el campo de batalla, se ha considerado como una enfermedad caracter?stica de la mujer. Como vimos en cap?tulos anteriores, a lo largo de la historia se hab?an atribuido al ?tero propiedades de desplazamiento en el cuerpo de la mujer y la posibilidad de provocar distintas dolencias. En la Edad Media se atribuyeron con frecuencia ciertos trastornos hist?ricos a posesi?n diab?lica. Paracelso en su tratado Enfermedades que privan al Hombre de su Raz?n afirmaba que los trastornos del ?tero pod?an provocar ataques de histeria con convulsiones similares a las epil?pticas. ?He theorized that wombs coldness results in a spasm of the lining of the womb that passes to the limbs Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 112 and veins of the rest of the body.? 22 En el siglo XVI, Reginald Scott (1538-1599) rebat?a la atribuci?n de trastornos a la posesi?n demon?aca, afirmando que las mujeres eran proclives a la melancol?a, especialmente despu?s de la menopausia. La sangre no expulsada al exterior produc?a vapores que afectaban el cerebro privando a las mujeres de su sentido y juicio y haci?ndoles tener alucinaciones y creerse capaces de ejercer la brujer?a. En este mismo siglo Ambroise Par? aceptaba la explicaci?n gal?nica de la histeria como resultado de la inflamaci?n del ?tero causada por los vapores y humores en ?l contenidos. El ?tero inflamado provocaba la compresi?n de los pulmones. Par? apuntaba cinco s?ntomas de la histeria: ?foolish talking, madness, loss of speech, contraction of the legs, and coma.? 23 Como dijimos en el cap?tulo II, la histeria estaba relacionada con la amenorrea y la falta de relaci?n sexual, ?It was to be found ?in those women that have not their menstrual flux as they should, and do want, and are destitute of husbands, especially if they are great eaters, and lead a solitary life.?? 24 El doctor Thomas Sydenham (1624- 1689) sosten?a que sus funciones reproductoras hac?an a la mujer mucho m?s proclive a sufrir histeria que el hombre: ?he believed that ?very few women... are quite free from every assault of this disease?.? 25 Entre los s?ntomas inclu?a: ?apoplexy, convulsions, violent beating of the heart, vomiting, coughs, pain, anguish of mind, and dejection of the spirits.? 26 Seg?n Sydenham exist?a una afinidad entre el ?tero y el cerebro de forma que un trastorno uterino pod?a desencadenar s?ntomas hist?ricos. En el siglo XIX, se refuerza la visi?n del ?tero conectado al sistema nervioso de tal forma que cualquier desorden del aparato genital femenino provoca reacciones en todo el cuerpo y muy especialmente en el equilibrio psicol?gico de la mujer. En el siglo XIX, los s?ntomas atribuidos a la histeria estaban fuertemente relacionados con las caracter?sticas que se atribu?an como naturales a la mujer: ?its vast, unstable repertoire of emotional and physical symptoms ?fits, fainting, vomiting, choking, sobbing, laughing, paralysis ? and the rapid passage from one to another, suggested the lability and capriciousness traditionally associated with the feminine nature.? 27 El ataque de histeria sol?a comenzar con dolor en el bajo vientre y sensaci?n de obstrucci?n en el pecho y la garganta. A continuaci?n la paciente sollozaba y re?a alternativamente y 22 Tuana, Nancy, o.c. p. 97 23 Idem, p. 97 24 Idem, p. 97. Incluye cita de Par?, Ambroise, Collected Works, p. 939 25 Idem, p. 97. Incluye cita de Sydenham, Thomas. Complete Method, p. 410 26 Idem, p. 97 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 113 pod?a sufrir convulsiones, movimientos de tipo epileptoide, palpitaciones, trastornos de visi?n y audici?n y p?rdidas de conciencia. El ataque ven?a seguido de un gran cansancio y una r?pida recuperaci?n, aunque en algunos casos los efectos duraban varios d?as. Especialmente caracter?stico era el llamado globus histericus o sensaci?n de ahogo similar al efecto de una bola que oprimiera el es?fago, atribuido en la antig?edad al desplazamiento del ?tero, como vimos en un cap?tulo anterior. Distintas creencias de la ?poca, tales como la cantidad fija de energ?a en cada organismo, la influencia de la periodicidad del ciclo menstrual y del embarazo, la mayor susceptibilidad a los est?mulos externos e internos del sistema nervioso femenino, etc., reforzaban la visi?n de la mujer como un ser tendente a sufrir patolog?a de tipo ps?quico, llegando a afirmar el psiquiatra E. Kraepelin (1856-1926) que el setenta por ciento de las mujeres eran hist?ricas. ?In the words of Dr Isaac Ray (1807-1881) , ?with women, it is but a step from extreme nervous susceptibility to downright hysteria, and from that to overt insanity. In the sexual evolution, in pregnancy, in the parturient period, in lactation, strange thoughts, extraordinary feelings, unseasonable appetites, criminal impulses, may hunt a mind at other times innocent and pure.?? 28 Atribuyendo siempre una causalidad ginecol?gica a la histeria, distintos autores tienden a responsabilizar diferentes ?rganos. Unos el ?tero, como Horatio Storer (1830- 1922) en Reflex Insanity in Women o Frederick Hollick (1813-1900) en su obra Diseases of Women. Otros, como Thomas Laycock, los ovarios, y otros, como hemos visto en el apartado anterior, los trastornos menstruales o el periodo menstrual directamente. Ello resultar? asimismo en las diferentes terapias, tratamientos quir?rgicos, cura de reposo, etc. que se aplicar?n y veremos en detalle en el pr?ximo apartado. Varios autores insist?an en que la inhibici?n sexual y la falta de actividad de las muchachas contribu?an a provocar la histeria. Entre ellos podemos se?alar Bryan Donkin, quien escribi? un ensayo sobre la histeria para el Dictionary of Psychological Medicine (1892), en el que relacionaba la enfermedad con el organismo y las condiciones sociales de las mujeres j?venes. Pese a su relaci?n con distintas mujeres feministas y su postura mucho m?s abierta que la de otros doctores, Donkin segu?a 27 Showalter, Elaine, o.c. p. 129. 28 Tuana, Nancy, o.c. p. 98. Incluye cita de Ray, Isaac. ?Insanity Produced by Seduction?, citado en Barker-Benfield, The Horrors of the Half-Known, p. 83 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 114 poniendo el acento m?s en los deseos sexuales y de maternidad insatisfechos, que en la opresi?n socio-cultural que las mujeres sufr?an en todos los ?rdenes de su vida. Robert Brudnell Carter escribi? un importante estudio sobre la histeria titulado On the Pathology and Treatment of Hysteria, atribuyendo dicha enfermedad fundamentalmente a la represi?n sexual impuesta a las mujeres. Carter admite la prostituci?n como v?lvula de escape para el deseo sexual de los hombres, pero tampoco cuestiona el sistema social, y sigue considerando que la mujer s?lo puede encontrar la expresi?n de su sexualidad en el matrimonio. Incluso atacaba el uso del esp?culo para evitar que las mujeres buscaran en ello una gratificaci?n sexual. El miedo al apetito sexual femenino, o m?s bien a la sexualidad femenina no controlada por los hombres aparece una y otra vez, y un claro exponente es Augustus Gardner (1821-1876) quien, en su obra Conjugal Sins Against the Laws of Life and Health , atribu?a la histeria m?s al exceso de excitaci?n y pr?ctica sexual que a su inhibici?n. Esta posici?n fue tambi?n mantenida por E. Curtis en Manhood: The Causes of its Premature Decline, obra tan popular que vendi? m?s de medio mill?n de ejemplares entre 1848 y 1869. Existe una postura de cr?tica y rechazo de las mujeres hist?ricas por parte de los doctores. Veamos las caracter?sticas con que las describ?a Donkin ?exceeding selfishness.... delight in annoying others, soundless suspicion, and unprovoked quarrelsomeness are of very common occurrence, and the instances of self-mutilation and wondrous filthy habits are numerous.? 29 Y Maudsley las acusaba de ?moral perversi?n? ?inmoral vagaries? y ?moral degeneration? 30 ?Qu? caracter?sticas presentaban las mujeres hist?ricas para merecer tal cr?tica? Seg?n F.C. Skey en las conferencias sobre la histeria pronunciadas en el Hospital de San Bartolom? en 1866, las chicas hist?ricas eran ?energetic and passionate, ?exhibiting more than usual force and decision of character, of strong resolution, fearless of danger, bold riders, having plenty of what is termed nerve?? 31 Adem?s exig?an la atenci?n de la familia y quedaban libres de cumplir las tareas propias de su sexo. Es decir, de alguna forma, las muchachas hist?ricas somatizaban su oposici?n a cumplir pasiva y d?cilmente el rol que la sociedad les impon?a. La neurastenia constitu?a una forma de enfermedad nerviosa femenina, mucho mejor aceptada que la histeria por la clase m?dica y por la sociedad en general, aunque 29 Shoewalter, Elaine, o.c. p. 133 30 Idem, p. 133 31 Idem, p. 132 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 115 los s?ntomas eran similares. ?Like hysteria, neurasthenia encompassed a wide range of symptoms from blushing, vertigo, headaches, and neuralgia to insomnia, depression, and uterine irritability.? 32 ?Cu?l era la diferencia fundamental? Los m?dicos se refer?an a las pacientes neurast?nicas como mujeres bien educadas, sensibles, que se comportaban como damas y estaban dispuestas a cooperar y cumplir las normas impuestas por su m?dico. Es decir, eran m?s d?ciles y obedientes y controlaban m?s sus manifestaciones. La neurastenia, o debilidad nerviosa, comenz? en Estados Unidos, siendo descrita por primera vez en American Nervousness por George Beard en 1868, como un desorden nervioso funcional sin base org?nica, que afectaba por igual a hombres y mujeres, sobre todo de clases acomodadas, siendo su causa principal las presiones sociales. Beard se?al? m?s de cincuenta s?ntomas de neurastenia, incluyendo ?paralysis, convulsions, crying fits, tiredness, indigestion, vomiting, loss of appetite, morbid fears, inability to concentrate, sense of hopelessness and temporary blindness.? 33 En Norteam?rica, la neurastenia era una enfermedad masculina socialmente aceptable, propia de los hombres luchadores en una sociedad capitalista competitiva, similar al stress de los ejecutivos actualmente. En cuanto a las pacientes femeninas se atribu?a la enfermedad tanto a mujeres modernas como a la t?pica mujer victoriana, siendo m?s numerosas, sobre todo en Am?rica, las mujeres educadas de clase media. La doctora Margaret Cleaves, ejemplo de mujer intelectual paciente de neurastenia, escribi? su autobiograf?a, Autobiography of a Neurasthene, en 1886. En su art?culo ?Neurastenia and Its Relation to Diseases of Women? (1886) atribu?a la neurastenia femenina al exceso de trabajo y a las dificultades de la mujer para conseguir sus ambiciones de ?xito profesional, intelectual y social en las estructuras de la ?poca. III. Tratamientos aplicados a las mujeres. El tratamiento de los trastornos ginecol?gicos. Exist?a en primer lugar el problema de c?mo diagnosticar una enfermedad ginecol?gica, dado que el reconocimiento ?nicamente por el tacto que representan algunos grabados de la ?poca parece ser?a harto insuficiente y el esp?culo tuvo que librar una larga lucha hasta extenderse su uso. En la primera mitad del siglo XIX los 32 Idem, p. 134 33 Dally, Ann., o.c. p. 101 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 116 trastornos ginecol?gicos se segu?an tratando con sangr?as, purgas y pociones, pues hasta el descubrimiento de la anestesia exist?a una enorme dificultad para realizar extirpaciones de tumores en el pecho, y los grandes doctores desaconsejaban la extirpaci?n de tumores ov?ricos, por el grav?simo riesgo que corr?a la vida de la paciente. El esp?culo hab?a sido utilizado en Grecia y Roma, pero cay? en desuso y fue en 1801 cuando el franc?s Joseph R?camier (1774-1852) construy? un peque?o tubo a trav?s del que pudo examinar el cuello del ?tero de una paciente, cuyo flujo vaginal no pod?a curar. Gracias al esp?culo pudo descubrir y tratar la ?lcera de cerviz que sufr?a la paciente, as? como otros casos de carcinoma ulcerado de cerviz. Cuando se implant? la regulaci?n de la prostituci?n en Par?s partir de 1810, el esp?culo se convirti? en el instrumento para controlar si las prostitutas sufr?an enfermedades ven?reas. Existi? una gran controversia en torno a la utilizaci?n de este instrumento, pues se relacionaba una vez m?s con el fantasma del desenfreno sexual femenino. Su uso atentaba contra el pudor y la modestia de las j?venes, y pod?a provocar el temido furor uterino y la prohibida masturbaci?n femenina. Muchos autores escribieron en contra del esp?culo. Tomemos, a modo de ejemplo, las palabras de Robert Brudnell Carter, autor de un importante estudio sobre la histeria publicado en 1853: ?I have, more than once, seen young unmarried women, of the middle classes of society, reduced, by the constant use of the speculum, to the mental and moral condition of prostitutes; seeking to give themselves the same indulgence by the practice of solitary vice; and asking every medical practitioner, under whose care they fell, to institute an examination of the sexual organs.? 34 Entre los tratamientos ginecol?gicos se utilizaban las sangr?as a base de sanguijuelas, el uso de pesarios en caso de prolapso de ?tero, incluso descargas el?ctricas y masaje, as? como la aplicaci?n de distintos productos qu?micos, tales como nitrato de plata o hidrato de potasio para cauterizar heridas en el cuello del ?tero y tratar enfermedades ven?reas. La cirug?a ginecol?gica Debemos referirnos muy especialmente a la cirug?a ginecol?gica. Durante la primera mitad del siglo se limitaba a la extirpaci?n de p?lipos, y otras intervenciones 34 Carter, Robert Burdnell. On the Pathology and Treatment of Hysteria. London, 1853, p. 69. Cita tomada en Ornella, Moscucci, o.c. p.116 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 117 menores. La anestesia hizo posible operaciones tales como la extirpaci?n de quistes ov?ricos, la histerectom?a o extirpaci?n del ?tero, y la rectificaci?n de f?stulas vesico- vaginales as? como el tratamiento del prolapso de ?tero. Pionero en la extirpaci?n de quistes ov?ricos fue Ephraim McDowell (1771- 1830), doctor de Kentucky que hab?a completado sus estudios de medicina en Edimburgo en el curso 1793-94. McDowell oper? en el sal?n de su casa a Jane Crawford, quien hab?a viajado durante dos d?as a lomos de una caballer?a desde su granja. Jane Crawford ten?a un enorme quiste ov?rico que hab?a confundido con un embarazo. En efecto, algunos de estos quistes llegaban a alcanzar gran tama?o y peso (hasta m?s de 70 kilos en un caso excepcional), impidiendo el movimiento y la vida normal de la paciente. McDowell conoc?a las opiniones del famoso cirujano John Hunter (1728 1793) y de su profesor en Edimburgo, John Bell, a favor de la ovariotom?a, as? como las grandes dificultades que entra?aba. Con la ?nica colaboraci?n de su sobrino y ayudante, McDowell oper? a la se?ora Crawford el d?a de Navidad de 1809. No existiendo anestesia, la enferma resisti? la operaci?n cantando salmos. No s?lo sobrevivi? a la operaci?n, sino que se repuso y volvi? a su hogar y vivi? treinta a?os m?s. McDowell public?, a instancia de sus amigos, un informe sobre esta operaci?n a?os m?s tarde, en 1816. Este informe fue recibido con escepticismo por algunos doctores, pero influy? positivamente en otros. Y as?, John Lizars (1787 1960), alumno asimismo de John Bell y cirujano y profesor de Anatom?a y Fisiolog?a en la Universidad de Edimburgo, procedi? a realizar la primera ovariotom?a en Gran Breta?a en 1824, en una paciente de veintisiete a?os que presentaba un vientre muy abultado. La paciente sobrevivi?, pero Lizars hab?a cometido un grave error: hab?a confundido la obesidad de la joven con un tumor inexistente. Las tres mujeres que oper? a continuaci?n murieron tras la intervenci?n. Entre 1825 y 1833 el Doctor Augustus Granville, Presidente de la primera Sociedad de Obstetricia realiz? otras dos operaciones sin ?xito. Esto hizo abandonar la pr?ctica hasta que en 1838 William Jeaffreson (1790-1865) logr? de nuevo realizar una ovariotom?a con ?xito. A partir de este momento y, seguramente, gracias a la incorporaci?n de la anestesia a partir de 1847, la pr?ctica se extendi? tanto en Gran Breta?a como en Estados Unidos, aunque la tasa de mortandad posterior a la operaci?n sigui? siendo alta, lo cual fue utilizado como el mayor argumento en contra por los doctores que se opon?an a la ovariotom?a. Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 118 El doctor americano J. Marion Sims fue tambi?n pionero en descubrir una intervenci?n quir?rgica para tratar con ?xito el problema de las f?stulas vaginales que afectaban a muchas mujeres como consecuencia de desgarros sufridos durante el parto. Este padecimiento somet?a a la mujer a una situaci?n de sufrimiento e invalidez al provocar una p?rdida continua de orina. Sims realiz? m?ltiples operaciones a una paciente, la esclava negra Anarcha, hasta conseguir la t?cnica que se seguir?a aplicando posteriormente. Ha recibido numerosas cr?ticas, siendo acusado de haber utilizado a las esclavas negras para investigar y de despredicar a las mujeres, por la frase incluida en su obra The Story of my Life: ?If there was anything I hated, it was investigating the organs of the female pelvis? 35 , pero es preciso decir en su favor que ayud? a resolver un grave problema que afectaba especialmente a las mujeres que daban a luz en p?simas condiciones sanitarias. Public? en 1852, el estudio titulado On the Treatment of Vesico Vaginal Fistula, que ha sido un cl?sico sobre el tema. En 1855, fund? en Nueva York el primer hospital para mujeres del mundo. El tratamiento de la mujer durante el embarazo, el parto y el post-parto. La pol?mica de los hombres-comadrones. Hasta comienzos del siglo XVIII el cuidado del parto y el post-parto quedaban a cargo del grupo de mujeres, parientas y amigas, m?s cercano a la parturienta, bajo la direcci?n de la comadrona. Durante siglos las comadronas no recibieron ning?n tipo de ense?anza formal y aprend?an, generalmente, actuando como ayudantes de otras parteras ya expertas. En 1512 aparece por vez primera en Inglaterra un sistema de control formal de las comadronas. Era la Iglesia quien proporcionaba la correspondiente licencia, teniendo en cuenta la moralidad y religiosidad de la candidata. Exist?a una gran preocupaci?n por que las comadronas no administrasen abortivos a las embarazadas y por que no practicasen brujer?a utilizando las placentas y los reci?n nacidos muertos. Las candidatas deb?an aportar varios testigos, entre ellos seis matronas a las que hubieran atendido en sus partos, para dar fe de su habilidad profesional y, en ocasiones, el testimonio de una comadrona con experiencia. Tras obtener la licencia, deb?an realizar un juramento, ?which bound her to the exercise of her profession ?faithfully and diligently?. The oath prohibited her from giving abortifacients, concealing information about birth events or parentages and practising magic rites. 35 Dally, Ann, o.c. p. 27 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 119 The midwife also had to promise that she would baptise infants in emergencies, according to the rites prescribed by the Church of England ? 36 En el Anexo I se incluye copia del juramento que deb?an formular las comadronas en Inglaterra, en el siglo XVII, para obtener la correspondiente licencia. Los cirujanos s?lo interven?an en casos de partos de gran dificultad. Exist?an tres casos principales de riesgo en el parto: mala presentaci?n del feto, placenta previa y pelvis contra?da. En los dos primeros casos, generalmente intentaban colocar al feto y extraerlo tirando de una pierna. Cuando la estructura de la pelvis imped?a absolutamente el parto natural, se practicaba la craneotom?a, o embriotom?a, a fin de extraer el feto y tratar de salvar a la madre. ?This procedure consisted in fixing a crotchet in the head of the foetus and removing it piece by piece. Usually the foetus was dead. But sometimes the crochet was used to extract a living child in an attempt at saving the mother?s life.? 37 Por razones religiosas, seg?n qu? vida se consideraba deb?a prevalecer, esta pr?ctica era rechazada en los pa?ses cat?licos y aceptada entre los anglicanos. El hecho de dar m?s valor a la vida de la madre explica la mayor tolerancia hacia las personas que practicaban el aborto, las medidas en contra iban m?s encaminadas a castigar el posible da?o a la vida de la madre que el da?o al feto. A partir de 1730, comenzaron a usarse nuevamente los f?rceps. Este instrumento hab?a sido inventado por la familia Chamberlen a principios del siglo XVII, manteni?ndose como un secreto de familia hasta 1700 aproximadamente. A partir de 1733, se extendi? el uso del modelo de f?rceps del franc?s Dus?e. Aunque el uso del f?rceps pueda ser doloroso para la madre y perjudicial para el feto (con riesgo de causar da?os cerebrales y/o craneales), sin embargo, representaba un gran avance respecto de la craneotom?a. Hasta el a?o 1745, las mujeres hab?an podido ser admitidas en la Compa??a de Cirujanos mediante aprendizaje o patrimonio y otras hab?an recibido licencia de cirujanas otorgada por el Obispo, pero pocas comadronas utilizaban f?rceps. De esta forma el uso de dicho instrumento qued? ligado fundamentalmente al doctor, el denominado man midwife que desplaza a la comadrona en la atenci?n al parto desde la segunda mitad del siglo XVIII. Es evidente que se comienza a producir entonces la medicalizaci?n de los procesos fisiol?gicos de la mujer, y el desplazamiento de ?sta de las ?reas de cuidado de la salud y de la vida que le hab?an estado conferidas. Pero 36 Ornella, Moscucci, o.c. p. 44 37 Idem, p. 46 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 120 debemos tambi?n se?alar aqu? que existi? una fuerte oposici?n a la figura del man midwife en nombre, al igual que en el caso del esp?culo, del pudor femenino, llegando a considerarse que era una forma encubierta de adulterio. As? afirmaba George Morant en 1857, en su libro, dirigido a los esposos, Hints to Husbands. A Revelation of the Man Midwife?s Mysteries? que ?women were ?invaded by the presence, and violated by the actual contact of the man midwife?? 38 Una de las grandes causas de muerte en la mujer eran las fiebres puerperales, o infecciones subsiguientes al parto. Durante el siglo XIX, siguiendo la tendencia de los hospitales especializados, se crean distintos hospitales de mujeres donde se atienden no s?lo trastornos ginecol?gicos, sino tambi?n mujeres que sufren enfermedades cr?nicas. As? encontramos el Hospital for the Diseases of Women, creado en 1843; el Chelsea Hospital for Women, creado en 1873, y, el New Hospital for Women, fundado en 1872 por Elizabeth Garrett, as? como las salas de ginecolog?a y obstetricia de los hospitales generales, como St. Thomas? o St. Bartholomew?s Hospital. Las pacientes que acuden al hospital son fundamentalmente mujeres pobres o de muy escasos recursos econ?micos, puesto que las mujeres de clase media o alta prefer?an ser atendidas, incluso intervenidas quir?rgicamente, en su casa. Se supone que al acudir al hospital la mujer recibir?a un mejor cuidado, sin embargo, se aumentaba el n?mero de las mujeres que mor?an por fiebre puerperal. Ilustrativa es la historia de Ignaz Philipp Semmelweis. En febrero de 1846, Semmelweis ocup? el cargo de ayudante en la primera cl?nica de obstetricia de Viena. Durante su primer mes de trabajo murieron treinta y seis mujeres de las doscientas ocho que dieron a luz. Semmelweis se sensibiliz? ante el tema, al contrario que el director de la cl?nica, el profesor Klein, quien aceptaba la muerte por fiebre puerperal como algo fat?dico e inevitable, consecuencia de los miasmas del ambiente. Exist?an dos subsecciones de obstetricia, una atendida por comadronas y otra por estudiantes de medicina a cargo de Semmelweis. Este observ? que el n?mero de fallecimientos era nueve veces superior en la sala de los estudiantes. Se dedic? con ah?nco a estudiar el tema, realizando autopsias de las mujeres fallecidas. Finalmente lleg? a descubrir, al observar la patolog?a sufrida por su compa?ero, el forense Kolletschka, quien muri? tras cortarse accidentalmente con un bistur? durante una autopsia, que las mujeres contra?an la fiebre puerperal al ser contagiadas por los propios doctores y estudiantes que las atend?an con sus manos sucias tras haber pasado por la sala de disecci?n. Semmelweis 38 Idem. P. 118. Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 121 exigi? inmediatamente que todos sus estudiantes se lavasen las manos en agua clorada antes de entrar a la sala de partos. Posteriormente, descubri? que la infecci?n se transmit?a tambi?n de un organismo vivo a otro. Ello le llev? a exigir una higiene rigurosa, el aislamiento de enfermas con procesos infecciosos, etc. Cuando sus descubrimientos comenzaban a divulgarse, la rivalidad pol?tica y profesional llev? al director Klein a expulsar a Semmelweis, quien continu? su investigaci?n en la secci?n de obstetricia del Hospital San Rafael de Budapest. El desprecio de sus descubrimientos termin? provoc?ndole una crisis nerviosa y su internamiento, el 20 de julio de 1865, en un hospital psiqui?trico, donde muri? en agosto de ese mismo a?o. Ir?nicamente, la causa de su muerte fue una infecci?n provocada a partir de una herida sufrida durante una de sus ?ltimas autopsias. Poco despu?s, en 1866, Joseph Lister, profesor de la universidad de Glasgow, siguiendo los descubrimientos de Pasteur, extendi? la lucha contra las infecciones, causa principal de muerte en los partos e intervenciones quir?rgicas en general. Aunque la leyenda haya transmitido que el primer emperador romano naci? por ces?rea, derivando de ah? su nombre, la realidad es que a lo largo de los siglos esta operaci?n s?lo se efectuaba en mujeres muertas, para salvar al feto a?n con vida. En el Renacimiento se realiz? alg?n informe sobre operaciones a mujeres vivas y en 1581, Francois Rousset, m?dico del duque de Saboya, public? en Par?s el primer manual sobre la ces?rea. En 1778, el toc?logo franc?s Deleury inform? sobre una operaci?n en que la madre hab?a salvado la vida, caso excepcional, pues las mujeres vivas en que se practicaba mor?an bien por hemorragia interna, bien por infecci?n. El avance de las medidas antis?pticas, el uso de la anestesia a partir de 1846, y la t?cnica experimentada por el italiano Eduardo Porro con la parturienta Julia Covallini el 21 de mayo de 1876, convertir?n la ces?rea en una forma de salvar la vida del feto y, en muchas ocasiones, de la madre, en casos de estrechez de pelvis. Gran importancia tuvo la aplicaci?n del cloroformo al parto, realizada por el ginec?logo de Edimburgo Jessie Simpson en 1848, tras comprobar que si bien la madre quedaba dormida y no percib?a sensaci?n dolorosa alguna, las contracciones uterinas se segu?an produciendo. Simpson tuvo en contra la opini?n de distintos doctores, entre ellos Montgomery, jefe de la Escuela de Obstetricia de Dubl?n, y de la Iglesia. El argumento fundamental era el mantenimiento de la condena divina sobre la mujer, ligando la transmisi?n de la vida al dolor. Ser?a un hecho pol?tico el que har?a que el parto con anestesia fuese socialmente aceptado. El 7 de abril de 1853, la reina Victoria Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 122 dio a luz a su cuarto hijo, el pr?ncipe Leopoldo, duque de Albany, habi?ndole aplicado cloroformo el doctor John Snow. Tratamiento de las enfermedades psicosom?ticas Exist?a una caracter?stica com?n en los todos los tratamientos aplicados: la pretensi?n de doblegar absolutamente a la paciente. En palabras de Elaine Showalter: ?English psychiatric treatment of nervous women was ruthless, a microcosm of the sex war intended to establish the male doctor?s total authority. It could be compared to a game of chess? a complex sequence of offensive and defensive manoeuvres requiring elaborate strategic planning? And the medical ideal of a full and radical cure took the form of a kind of moral checkmate: the complete submission of the patient to the physician?s authority.? 39 En los casos de histeria se recomendaban tratamientos agresivos tales como: echarles agua por la cabeza, comprimir el nervio supra-orbital, impedirles respirar, golpear en la cara y el cuello con toallas h?medas, etc. En este sentido, podemos decir, que la postura m?s humanitaria que reflejaba la medicina del siglo XVIII, se endurece nuevamente, en el XIX, tanto en el campo de la cirug?a ginecol?gica, como en el del tratamiento de los trastornos ps?quicos. Especial atenci?n merece la pr?ctica de la ovariotom?a, como forma de control del comportamiento de las mujeres. Se aplicaba muy especialmente para controlar las manifestaciones de deseo sexual, la masturbaci?n y la ninfoman?a. Se conoce esta pr?ctica con el nombre de Battey?s operation, pues fue el doctor americano Robert Battey quien extirp? por primera vez los ovarios sanos de una mujer, en 1872, por considerar que eran la causa de los s?ntomas que padec?a. Al principio aplic? su operaci?n a pacientes que sufr?an trastornos ginecol?gicos, tales como excesivo flujo menstrual, fibromas uterinos y epilepsia menstrual, considerando que desaparecer?an al provocarles la menopausia mediante la extirpaci?n de los ovarios. M?s tarde, aplic? la operaci?n a mujeres ?who were insane, hysterical, unhappy, difficult for their husbands to control, for example those who were unfaithful to their husbands or disliked running a household.? 40 ?Estamos lejos de las pr?cticas nazistas o inquisitoriales? La mujer que acusa un malestar psicol?gico, posiblemente debido a sus condiciones de vida, la mujer que rompe la norma establecida, no es ya condenada a la hoguera, pero s? es mutilada para doblegar su rebeld?a. 39 Showalter, Elaine, o.c. p. 137 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 123 Pese a las cr?ticas que recib?a por castrar a las mujeres, Battey present? un informe titulado Normal Ovariotomy. Consideraba que las operaciones que ?l practicaba eran similares a la extirpaci?n de ovarios con quistes, porque, aunque pareciesen sanos, los ovarios deb?an estar enfermos, teniendo en cuenta los s?ntomas que se supon?a produc?an. Se trat? de aplicar la ovariotom?a con fines eugen?sicos: todas las mujeres enfermas mentales deb?an ser esterilizadas. La operaci?n se aplic? de forma muy extensa en Estados Unidos y en Europa. Seg?n Ann Dally, entre 1872 y 1906 ?it was estimated that? about 150,000 women had had the operation?. Most of these women were young; the average age was thirty.? 41 ?C?mo aceptaban las mujeres estas operaciones? Algunos autores interpretan que muchas mujeres pudieron considerar este tratamiento como una forma de control de natalidad, en un momento en que la mujer ten?a poco acceso a sistemas anticonceptivos fiables. El ginec?logo Alfred Meadows lo propuso en 1886 como procedimiento de esterilizaci?n en casos en que un embarazo pudiera poner en peligro la vida de la madre. Debemos tener en cuenta que en ese momento el ?ndice de mortandad consecuencia de la ovariotom?a era a?n del 10 por ciento y muchas mujeres se negaban a someterse a la operaci?n. Los doctores que practicaban ?sta y otras mutilaciones genitales aseguraban siempre haber conseguido, con gran ?xito, la desaparici?n de los s?ntomas manifestados por la paciente. Por otra parte, una vez pasada la ?poca de moda de este tipo de intervenciones, se ha silenciado su existencia en la Historia de la Medicina, hasta el extremo de que cuando o?mos actualmente hablar de clitoridectom?a, no relacionamos tal pr?ctica con el mundo victoriano anglosaj?n. Sin embargo fue ampliamente aplicada primero en Inglaterra y posteriormente en Estados Unidos. Hemos visto repetidamente a lo largo del presente cap?tulo la obsesi?n de los doctores del XIX por impedir la masturbaci?n femenina, atribuy?ndole ser una de las causas de graves trastornos psicol?gicos. Citemos dos libros que tratan ampliamente este tema: The Anxiety Makers, de Alex Comfort, y The Other Victorians, de Steven Marcus. Los tratamientos contra la masturbaci?n siguen recordando pr?cticas de tortura y castigo: ?hot water enemas, leeches applied to the vulva and cauterisation of the clitoris.? 42 El cl?toris era el m?s claro exponente del placer sexual fuera del control 40 Dally, Ann, o.c. pp. 147-148 41 Idem, p. 156 42 Idem, p. 162 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 124 masculino. Eliminar el placer sexual femenino permitiendo la reproducci?n era transformar a la mujer que se rebelaba contra la asfixiante norma social en el ideal femenino victoriano. Un cirujano londinense fue el primero en decidirse a llevarlo a la pr?ctica. Isaac Baker Brown, fue un estudiante de medicina destacado en el Guy?s Hospital de Londres, y m?s tarde uno de los fundadores del St. Mary?s Hospital, del que fue cirujano y ginec?logo. En 1854 public? una obra titulada On Surgical Diseases of Women, la primera obra dedicada exclusivamente al tratamiento quir?rgico de las enfermedades de la mujer. En 1858 abri? una cl?nica privada en Notting Hill, llamada The London Home for Surgical Diseases of Women, cuyo nombre cambi? un a?o m?s tarde por el de London Surgical Home for Diseases of Women. En 1865 fue elegido presidente electo de la Medical Society de Londres. En Marzo de 1866 Baker Brown public? un informe sobre cuarenta y ocho casos de peripheral excitement (eufemismo por masturbaci?n), titulado The Curability of certain forms of Insanity, Epilepsy, Catalepsy, and Histeria in Females. Baker hab?a llegado a la conclusi?n de que ?many diseases of females ?depend on loss of nerve power, and this was produced by peripheral irritation, arising originally in some branches of the pudic nerve, more particularly the incident nerve supplying the clitoris, and sometimes the small branches which supply the vagina, perinaeum, and anus?? 43 Seg?n Baker, la enfermedad, que ?l mismo dise?a para aplicar su cura perfecta, recorre ocho estadios: ?histeria, spinal irritation (with reflex action on uterus, ovaries, etc.) and giving rise to uterine displacements, amaurosis (blindness), hemiplegia (paralysis down one side), paraplegia (paralysis on both legs), epileptoid fits of hysterical epilepsy. Other conditions held in these systems of belief included cataleptic fits, epileptic fits, ?idioticy?, mania and death.? 44 El trastorno aparec?a en la pubertad, cuando las muchachas se mostraban inquietas, excitadas e indiferentes a las exigencias de la (mon?tona) vida dom?stica. Manifestaban depresi?n, p?rdida de apetito, dificultad para mirar a los ojos, y sol?an tener deseos de abandonar la casa familiar y trabajar, hacerse enfermeras o hermanas de la caridad. ?Un s?ntoma fundamental en el diagn?stico era el descontento de la joven y sus deseos de independencia personal! En cinco de los casos que aparecen en el informe, un s?ntoma de la enfermedad era el deseo de obtener el divorcio seg?n la ley de 1857. Todas estas mujeres, fueron curadas tras serles extirpado el cl?toris, y ?became docile and returned 43 Idem, p. 166 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 125 to her husband. He removed the clitoris of a twenty year old woman because she ?was disobedient to her mother?s wishes?, sent visiting cards to men she liked and spent ?much time in serious reading?.? 45 Las caracter?sticas de las pacientes de Baker Brown eran variadas, incluy?ndose entre ellas, ni?as de diez a?os, mujeres que padec?an problemas de la vista y enfermas aquejadas de histeria. Su libro fue inicialmente muy bien acogido. El mismo mes de su publicaci?n, los pr?ncipes de Gales entregaron una donaci?n econ?mica para el mantenimiento de la cl?nica de Baker. El Times public? una alabanza en su honor, diciendo que ?Isaac Baker Brown had ?successfully brought insanity within the scope of surgical treatment.?? 46 El Church Times del 29 de abril de 1866 propon?a al clero que sugiriesen la clitoridectom?a a sus feligresas, en casos de epilepsia. Este art?culo fue reproducido en el British Medical Journal bajo el t?tulo de ?Spiritual Advice?. 47 Muchos doctores, sin embargo, criticaron a Baker. El 28 de abril de 1866, el British Medical Journal public? una revisi?n de tres p?ginas de su nuevo libro altamente cr?tica. El 3 de diciembre de 1866 se celebr? en la Obstetrical Society de Londres un amplio debate sobre el tema, tras la lectura de un informe del Dr. Hawkes Tanner sobre Excision of the clitoris as a cure for hysteria. Finalmente, el 3 de abril de 1867, la Obstetrical Society celebr? una reuni?n para tratar la expulsi?n de Isaac Baker Brown, en la que dos terceras partes de sus miembros votaron contra ?l, public?ndose a continuaci?n un amplio informe de quince p?ginas en el British Medical Journal. Pero la mayor acusaci?n hacia Baker no fue la pr?ctica de la clitoridectom?a en s?, sino el hecho de que la aplicase con excesiva frecuencia, sin consentimiento de la paciente o del marido. El enga?o de la paciente parece ser el problema fundamental, no el tipo de operaci?n a que la somet?a. Con la expulsi?n de Baker y su dimisi?n en la Medical Society de Londres, la excisi?n de cl?toris quedo desprestigiada y pocos doctores continuaron aplic?ndola. Sin embargo, se extendi? a Estados Unidos, donde se practic? durante muchos a?os. Todav?a en 1925, aparec?a en los libros de texto americanos, junto con la cauterizaci?n de la espina dorsal y los genitales. El tratamiento standard para la neurastenia era la cura de descanso de Silas Weir Mitchell?s: 44 Idem, p. 166 45 Idem, p. 167 46 Idem, p. 168 47 Idem, p. 169 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 126 ?Mitchell?s rest cure, which he first described in 1873, depended upon seclusion, massage, electricity, immobility and diet... For six weeks the patient was isolated from her family and friends, confined to bed, forbidden to sit up, sew, read, write, or to do any intellectual work, visited daily by the physician, and fed and massaged by the nurse.? 48 De nuevo el tratamiento m?dico reproduce el ideal victoriano de la mujer pasiva, inactiva y sometida a una voluntad ajena a la suya. Dos escritoras nos han dejado dos visiones diferentes de la denominada rest cure. La inglesa Elizabeth Robin, ofrece una visi?n positiva en su novela A Dark Lantern, en que la protagonista supera su neurastenia obedeciendo las prescripciones del doctor quien se convertir? en su marido al final de la obra; la norteamericana Charlotte Perkins Gilman, que fue sometida durante un mes a la cura de Weir Mitchell, nos ha dejado una visi?n dura y realista de la angustia provocada por el encierro, el aislamiento y la inactividad de la cura de reposo, en su relato The Yellow Wallpaper. Durante la segunda mitad del siglo XIX, las mujeres se convierten en las principales pacientes psiqui?tricas, siendo sometidas a cirug?a, curas de reposo, curas de agua, mesmerismo y siendo recluidas en manicomios. Todav?a en 1845, los hombres internados en hospitales psiqui?tricos sobrepasaban a las mujeres en un treinta por ciento. Sin embargo, durante la d?cada siguiente la poblaci?n femenina recluida era ya superior a la masculina. En los a?os 1890, ?the predominance of women had spread to include all classes of patients and all types of institutions; female paupers and female private patients were in the majority in licensed houses, registered hospitals, and the county asylums.? 49 No parece dif?cil comprender las causas sociales del malestar psicol?gico de la mujer del siglo XIX. Pero no podemos olvidar que las mujeres siguen siendo las principales consumidoras de medicamentos y terapias psiqui?tricas. ?Sigue la sociedad sometiendo a la mujer a condiciones de vida desequilibrantes? ?Se sigue considerando desequilibrio ps?quico en la mujer la expresi?n de deseos e impulsos que en el hombre se admiten como aceptables? Al mismo tiempo se produc?a otro cambio. Entre 1854 y 1870, la mayor?a de las casas de reposo estaban dirigidas por mujeres, concretamente una de cada cinco casas en provincias y una de cada cuatro en la ciudad. Poco a poco los doctores toman el monopolio del tratamiento psiqui?trico, al tiempo que se niega el acceso de las mujeres 48 Showalter, Elaine, o.c. p. 138 49 Idem, p. 52 Mujer y salud Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 127 a los estudios que les permitir?an obtener una formaci?n similar a la de los hombres. Se desplaza a la mujer de cuidadora de la salud a paciente, receptora pasiva del cuidado m?dico. Se la relega a actividades auxiliares, se la desplaza de aquellos campos que le hab?an sido habitualmente confiados (comadronas, atenci?n a enfermos mentales), aduciendo su falta de preparaci?n. Aumenta la importancia social del m?dico, se exige una mayor preparaci?n y la pertenencia a las distintas corporaciones profesionales y al mismo tiempo se le niega a la mujer el acceso a la consecuci?n de esa misma formaci?n cuando intenta obtener los conocimientos y las titulaciones que la permitan ocupar un puesto activo en el cuidado de la salud. Ello ser? objeto de estudio en cap?tulos posteriores. Fig. 2. Monumento funerario en memoria de Florence Nightingale, en la cripta de la Catedral de San Pablo de Londres. Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 129 CAP. V. LA OTRA CARA DE LA MONEDA: EL MOVIMIENTO POR LOS DERECHOS DE LAS MUJERES ?The deliberate campaign by women to obtain civic rights did not begin systematically until the 1800s? It actually began as a by-product of their other efforts. It was only when they were handicapped in their work for schools, for the poor, and for control of conditions of emigration for women as well as in their campaigns against slavery and alcoholism ?handicapped because of their legal status as females- that they finally were pushed into fighting long-endured limitations.? 1 ?Resulta siempre dif?cil localizar los comienzos.... No existe ?comienzo? del feminismo en el sentido de que no se puede localizar el comienzo del desaf?o de las mujeres, pero s? se puede hablar del comienzo de una posibilidad feminista, incluso antes de concebirse el feminismo como tal. La resistencia de las mujeres ha tomado diversas formas a trav?s de la historia.? 2 En los cap?tulos anteriores hemos analizado algunos de los prejuicios que, desde la filosof?a, la antropolog?a, la medicina y la ciencia en general, segu?an condicionando la visi?n de la mujer. En el presente cap?tulo veremos la postura cr?tica y la lucha que muchas mujeres y hombres libraron frente a las barreras que imped?an el desarrollo de la mujer como ser humano. La historia del movimiento de las mujeres no empieza en el feminismo de los a?os setenta del siglo veinte, ni siquiera en la segunda mitad del diecinueve. Bueno es que, tras siglos de invisibilidad de la mujer en la historia, 1 Boulding, Elise. The Underside of History. A View of Women Through Time. Vol II. SAGE Publications. Londres, 1996, p. 14 2 Rowbotham, Sheila. Feminismo y Revoluci?n. Edit. Debate, Madrid, 1978, p. 17 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 130 numeros?simos estudios durante las ?ltimas d?cadas est?n recuperando la aportaci?n a la causa de la mujer, tanto individual como colectiva, desde siglos atr?s. I. El movimiento de mujeres en la Edad Media: las Beguinas Durante siglos las mujeres desempe?aron un importante papel econ?mico, trabajando junto a sus maridos en la agricultura y los talleres artesanales familiares. Muchas mujeres de la nobleza y la monarqu?a ejercieron directa o indirectamente el poder (recordemos, como ejemplo de reinas medievales a la famosa Leonor de Aquitania, madre y abuela de reinas y reyes e impulsora del amor cort?s). Desde los conventos muchas mujeres realizaron labores de copistas, miniaturistas, educadoras, sanadoras, e incluso consejeras de obispos. En el siglo X, destaca la monja Hrosvitha de Gendersheim, primera escritora y poetisa alemana y primera dramaturga de la historia, importante tambi?n por poder ser considerada pionera en la escritura de historia de las mujeres por sus obras sobre v?rgenes m?rtires. En un cap?tulo anterior nos hemos referido a Hildegarda de Bingen, ejemplo de la importancia que llegaron a alcanzar algunas abadesas. Existieron visionarias como Mechthild of Magdeburg, y otras mujeres optaron por vivir su religiosidad como anacoretas, especialmente en Inglaterra, donde destaca la autora m?stica del siglo XIV conocida como Madre Juli?n, anacoreta de la iglesia de San Juli?n de Norwich. En su obra Revelations of Divine Love desarrolla un concepto de la divinidad que abarca lo femenino y lo masculino, por lo que, adelant?ndose siglos a la eliminaci?n del sexismo en el lenguaje, utiliza pronombres de ambos g?neros al referirse a la divinidad. Algunas mujeres, incluso tomaron las armas, tanto para participar en torneos, bien disfrazadas, bien en nombre de sus esposos, o para colocarse al frente de alguna operaci?n militar, siendo el ejemplo m?s conocido, pero no ?nico, Juana de Arco, v?ctima de la Inquisici?n ?por negarse a vestir ropas de mujer?. Y en las sectas her?ticas aparecieron mujeres predicadoras y m?rtires. ?Quiz?s puedan situarse los ?comienzos? del feminismo con Guillermine de Bohemia, a finales del siglo XIII, quien en la creencia de que la redenci?n de Cristo no hab?a alcanzado a la mujer, y que Eva a?n no hab?a sido salvada, cre? a su alrededor una iglesia de mujeres.? 3 Muchas mujeres 3 Idem, p. 25 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 131 de distintas clases sociales la siguieron, pero su congregaci?n fue objeto de persecuci?n por la Inquisici?n pocos a?os m?s tarde. Ahora bien, en el siglo XI podemos hablar, por vez primera, de un movimiento de mujeres, un movimiento social que surge espont?neamente en diferentes lugares, ofreciendo a las mujeres una v?a de realizaci?n alternativa al matrimonio o el convento: las Beguinas. Se trataba de comunidades de mujeres en que ?stas compart?an casa, comida, vida y trabajo, sin depender de ninguna autoridad masculina. Sus l?deres m?s representativas eran mujeres de profunda religiosidad. Viv?an de manera sencilla, y ten?an pr?cticas religiosas comunes, pero no se trataba de ?rdenes conventuales ni sus miembros formulaban voto alguno. Estas comunidades ?were started by well-to-do women with property in both countryside and city who built special houses on the edges of cities for unmarried women workers moving into the cities.? 4 Al crecer r?pidamente comenzaron a organizarse, desarrollaron normas de funcionamiento y eligieron consejos de mujeres para dirigir sus asuntos y su vida religiosa. Creaban sus propios rituales y oraciones, escrib?an salmos e incluso se administraban mutuamente la confesi?n, sin depender directamente de un sacerdote, aunque s? aceptaban la autoridad del obispo de su di?cesis. Asimismo dirig?an hospitales y escuelas de ni?as, muchas de las cuales se incorporaban despu?s a la comunidad de beguinas. Una de sus l?deres, Mary d?Oignies, predic? y form? a un grupo de disc?pulos, quienes influyeron m?s tarde para que el movimiento pudiera organizarse independientemente de las ?rdenes religiosas ya existentes. Mary ense?? a estos hombres a predicar, algunos de ellos llegaron a ser obispos y todos apoyaron el papel independiente y responsable de la mujer dentro de la iglesia. Otra beguina, Christine Stemmeln se convirti? asimismo en gu?a espiritual de un convento de monjes dominicos. Las autoridades eclesi?sticas no pod?an tolerar tal autonom?a. El fantasma de la herej?a pesaba sobre estas organizaciones libres y responsables de mujeres. Y finalmente el papa prohibi? la creaci?n de nuevas comunidades en 1274. II. Mujer y Renacimiento El crecimiento de las ciudades, con el auge de la figura del comerciante mediador, y el paso del trabajo productivo realizado en el taller artesanal familiar a la 4 Boulding, Elise, o.c. p. 35 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 132 producci?n en grandes talleres y posteriormente f?bricas, tienen un efecto negativo en el rol productivo de las mujeres. Las mujeres pobres se ven forzadas a seguir trabajando, con salarios muy reducidos, en talleres apartados de la residencia familiar, lo que repercutir? en una doble carga para ellas. Sin embargo, la antigua mujer del patr?n, que colaboraba con su esposo en las tareas productivas o vendiendo las mercanc?as producidas en el taller familiar, se encuentra ahora desplazada de una actividad p?blica, y dispone de mayores ingresos y posibilidades para consumir y disponer de sirvientes. La distancia entre mujeres trabajadoras y mujeres adineradas se acrecienta en detrimento de ambas. El valor del individuo y del conocimiento que aporta el Renacimiento no tendr? la misma repercusi?n para la mujer que para el hombre. Pero s? encontraremos alg?n efecto positivo en el inter?s por la educaci?n. Hallaremos algunas artistas importantes, as? como mujeres de la nobleza, especialmente en Italia, creadoras de salones culturales, tales como Lucrecia Borgia o Isabella d?Este. Incluso se estableci? en Italia en el siglo XV, una escuela humanista que impart?a lat?n y griego, entre otras materias, tanto a hombres como a mujeres. En Espa?a, encontramos mujeres como Beatriz Galindo, fundadora de escuelas, hospitales y conventos; Catalina Mendoza, fundadora de un colegio de jesuitas para mujeres, y Oliva Sabuco de Nantes, quien, con tan s?lo 25 a?os, escribi? en 1587, una obra titulada Nueva Filosof?a, ?relating the biology, psychology and anthropology of the day to medicine and agriculture, starting out with the abrupt statement that ?the old science of medicine is in error?.? 5 En Inglaterra, la reforma trajo consigo el cierre de conventos y con ellos, la eliminaci?n de la ?nica v?a de acceso a la cultura para las mujeres. La educaci?n de las j?venes quedaba relegada al ?mbito dom?stico. Tenemos tres ejemplo de padres del siglo XVI que crearon escuelas familiares para proporcionar una buena educaci?n a sus hijas: Tom?s Moro, Sir Anthony Coke y el Earl of Surrey. Pero ni siquiera los grandes humanistas como Moro o Erasmo apoyan la igualdad de la mujer. Al igual que Hrosvitha de Gindersheim, otras monjas an?nimas escribieron durante siglos las vidas de otras religiosas. Un g?nero especial es el de las autobiograf?as de algunas m?sticas como Catalina de Siena, Margery Kempe y Santa Teresa de Jes?s. En los siglos XIV y XV, comenzaron a producir cr?nicas de la vida 5 Idem, p. 107 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 133 conventual, tradici?n que continu? posteriormente. Estas monjas desconocidas eran las primeras escritoras de historia de la mujer desde la oscuridad de sus conventos. Una figura fundamental en la historia de la creaci?n femenina es la autora italiana del siglo XV, Christine de Pisan, nieta del anatomista Mondino de Luzzi (primero en realizar una autopsia a una mujer embarazada), nacida en Italia y criada y educada en la corte francesa. Tras la muerte de su esposo en 1389, teniendo a su cargo tres hijos y su propia madre, logr? vivir de su producci?n literaria. Produjo veintiocho libros tan populares en Europa que fueron r?pidamente traducidos al ingl?s medieval, y de algunos de los cuales existen m?s copias que de ninguna otra obra del siglo XV. Los principales temas tratados en sus obras son: ?(a) the economic plight of widows and the need for education for all women, (b) the political problems of France, (c) the larger questions of historical destiny, and (d) problems of military strategy and international law.? 6 En su obra Livre des Trois Vertus defendi? la necesidad de educaci?n para las mujeres, teniendo en cuenta las distintas necesidades seg?n su clase social y ocupaci?n. Su obra La Cit? des Dames, primera historia de mujeres escrita por una mujer, ?enabled her, one by one, to respond and to demolish all the major and minor charges leveled against women? 7 . Su estrategia literaria fue crear un di?logo con la Dama Raz?n, en el que ?sta rebat?a los distintos ataques mis?ginos, con ?arguments, examples from history, myth or fable and with appropriate excerpts from the Bible.? 8 En siglos posteriores las mujeres volver?n a tomar la pluma para rebatir los argumentos cient?ficos en contra de la educaci?n de las mujeres, y buscar?n en la Biblia la justificaci?n de la defensa de sus derechos. Se puede considerar esta obra de Cristina de Pis?n clave en el inicio de la denominada querelle des femmes, un debate, abstracto e intelectual sobre la naturaleza de la mujer, sin propuestas de cambio social, que dudar?a tres siglos. Esta querella de las mujeres ?represented the first serious discusi?n of gender as a social construct in Western European history? 9 y giraba en torno a una reinterpretaci?n de la Biblia y la exaltaci?n de mujeres ejemplares que contrarrestaban la visi?n negativa y degradante de la mujer ofrecida en los sermones y la literatura religiosa, cuyo exponente m?s cruel ser?a el Malleus Malleficarum y la persecuci?n por brujer?a. Las mujeres de la obra de 6 Idem, p. 64 7 Lerner, Gerda. The Creation of Feminist Consciousness, from the Middle Ages to Eighteen-Seventy. Oxford University Press, 1993, p. 145 8 Idem, p. 145 9 Idem, 147 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 134 Cristina de Pis?n son reinas, santas, inventoras, cient?ficas y est?n dotadas, no s?lo de nobles sentimientos, sino tambi?n de juicio y razonamiento. ?Dios ha concedido a la mujer una mente capaz de comprender, conocer y retener todas las cosas de los m?s variados campos del saber ... las mujeres pueden estudiar las ciencias m?s dif?ciles y todas las ramas del saber...? 10 III. Los siglos XVI a XVIII. Mujer y Reforma La Reforma tiene un doble efecto respecto a la mujer: Por una parte el cierre de los conventos hace que la mujer pierda en el mundo protestante el lugar donde hab?a podido tener un acceso a la cultura y una alternativa al matrimonio. Pero, al mismo tiempo, ello har? que pasen a manos de las mujeres laicas las tareas de atenci?n a los necesitados, lo que tendr? posteriormente una importante repercusi?n. Adem?s los movimientos religiosos disidentes jugar?n un papel relevante en el nacimiento del feminismo. Catherine Von Bora, esposa de Lutero, puede tomarse como prototipo de la mujer protestante: ?a strong-minded materfamilias with many children; one who feeds the poor at her table, runs the family farm, and generally manages household and family affairs with little or no help from her husband yet defers to him in all things; a woman with no views on public matters.? 11 Pero otras mujeres, al igual que las benefactoras del siglo XIX, se comprometieron en tareas sociales y religiosas. Sirva de ejemplo Katherine Zell, quien ?was thoroughly involved in community affairs and in caring for refugees, nursing the sick, and effecting reconciliations in town conflicts. She preached in public, even at her own husband?s funeral, to the great annoyance of the men of the town. She spoke out courageously and publicly against persecution wherever she found it.? 12 Es preciso mencionar a las mujeres que fueron perseguidas por sus ideas religiosas. Entre ellas, las ?recusant women, movimiento ingl?s que se sit?a entre 1560 y 1640? 13 , constituido por una minor?a de mujeres cat?licas que se oponen a la 10 Cristina de Pisan. La Ciudad de las Damas. Edic. Siruela. Madrid, 2000, p. 143 11 Boulding, Elise, o.c. p. 111 12 Idem, p. 111 13 Farge, Arlette, La amotinada, en Duby, George & Perrot, Michelle (edits). Historia de las Mujeres. Vol. 3. Del Renacimiento a la Edad Moderna, Edit. Taurus, Madrid, 1993, p. 529 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 135 aceptaci?n del Acta de Uniformidad de 1559 que obligaba al sometimiento a la religi?n anglicana, siendo encarceladas, torturadas, y, algunas de ellas, como la joven madre Margaret Clitherow de York, condenadas a muerte. Dentro de la aristocracia inglesa, podemos destacar a Lady Anne Askew, bisabuela de la cofundadora del cuaquerismo Margaret Fell, dama de honor de la corte de Catalina Parr, ?ltima esposa de Enrique VIII. Con tan s?lo veinticinco a?os, ?she found herself gravely at risk, when her uneducated Catholic husband cast her and her two children out, accusing her of heresy because of her membership in the reformed church.? 14 Posteriormente, fue oficialmente acusada de herej?a, ?for preferring reading the bible to going to mass.? 15 Escribi? la narraci?n de las torturas a que fue sometida y sus discusiones con sus inquisidores, llegando a discutir sobre la interpretaci?n de las escrituras con el obispo durante horas, tras haber sido sometida al potro. ?Such insistence on the right to reason with authority could end only one way: Anne Askew was burnt at the stake as a heretic in 1546?. 16 Mantuvo su valent?a hasta el final: ?her tutor was burnt with her, for having encouraged her wicked practices, and at the stake it was she who encouraged and supported him.? 17 Otro grupo lo constituyen las mujeres protestantes que abandonaron Inglaterra huyendo de la persecuci?n religiosa durante el reinado de la cat?lica Mar?a Tudor, siendo la m?s conocida Anne Locke, figura importante dentro del Puritanismo. ?She represents in England a first generation of women who gradually redefine the role of a woman and her right to think for herself; she demonstrates a stage in the formation of self-consciousness and shows her belief in her right to determine her own spiritual path to salvation.? 18 Algunas mujeres, como Anne Locke, toman la pluma para defender sus ideas religiosas. En el mundo cat?lico redactan diarios que sirvan de ejemplos de vida cristiana, bajo el consejo y supervisi?n de sus confesores. En el mundo protestante ?the Englishwomen were acting as individuals without anyone to control what they committed to paper.? 19 Debemos destacar tambi?n, como precursoras del debate feminista a las mujeres que iniciaron la tradici?n de una defensa del valor de la mujer bas?ndose en los textos 14 Lerner, Gerda, o.c. p. 149 15 Boulding, Elise, o.c. p. 112 16 Lerner, Gerda, o.c. p. 149 17 Boulding, Elise, o.c. p. 112 18 Hufton, Olwen. The Prospect Before Her: A History of Women in Western Europe. Vol. I: 1550-1800. Fontana Press. Londres, 1997, p. 409 19 Idem, p. 410 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 136 b?blicos. Margarita de Angulema, reina de Navarra, public? en 1531 una obra titulada Espejo del alma pecadora, en la que ofrec?a ?a feminine and at times feminist theology.? 20 En su obra, asume la total igualdad de la mujer y el hombre en relaci?n con la Divinidad. Su posici?n como reina pudo evitarle la persecuci?n por herej?a y brujer?a de que podr?a haber sido objeto como mujer que osaba interpretar la Biblia. Aproximadamente cuarenta a?os m?s tarde comenzar?a en Inglaterra un debate de panfletos sobre la mujer similar a la querelle des femmes francesa. En ambos pa?ses el debate comenz? con la publicaci?n de un panfleto mis?gino que resum?a todos los argumentos en contra de la mujer de la tradici?n patr?stica y medieval, al que segu?a ?a spirited defense of women on the part of male and female pamphleteers. In both countries the anti-feminist pamphlets enjoyed greater popularity and were much more frequently reprinted than the feminist answers.? 21 El primero de estos escritos producidos en Inglaterra se titul? Her protection for women. Su autora, Jane Anger, como otras muchas feministas despu?s, hac?a una interpretaci?n del relato de la Creaci?n de la que se desprend?a la superioridad de Eva: ?from woman sprang man?s salvation. A woman was the first that believed, and a woman likewise the first that repented of sin.? 22 Relaciona todos los beneficios que la mujer aporta al hombre y se apoya en las referencias a mujeres de la antig?edad y de la Biblia para apoyar sus manifestaciones. En 1615, se public? otro panfleto mis?gino bajo el seud?nimo de Joseph Swetnam, que provoc? gran n?mero de respuestas, algunas escritas por hombres. La primera se debi? a la pluma de Rachel Speght, joven hija de un cl?rigo. En su r?plica, Speght ?took up the old theme that woman (Eve) was made of refined matter, while man was created from dust. She elaborated: ?she was not produced from Adam?s foote, to be his too low inferior, nor from his head to be his superior, bur from his side, near his heart to be his equall.?? 23 Speght insist?a en la responsabilidad de Ad?n, que no hab?a usado su libre albedr?o para negarse a pecar, y en la redenci?n de la mujer a trav?s de la posibilidad de procrear. Adem?s, hizo un an?lisis cr?tico hist?rico de San Pablo que no se hab?a formulado anteriormente. Esta reivindicaci?n de la mujer bas?ndose en la Biblia tiene su precursor en el proto-feminista Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim, quien, en su obra 20 Lerner, Gerda, o.c. p.148 21 Idem, p. 150 22 Henderson, Katherine Usher, & McManus, Barbara F. Half Humankind: Contexts and Texts of the Controversy About Women in England: 1540-1640, p. 181, citado en Lerner, Gerda, p. 151 23 Lerner, Gerda, o.c. p. 152 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 137 ?provocatively titled Of the Nobility and Superiority of the Female Sex (1505) roundly challenged the authority of the bible on the inferiority of women: ?Adam means Earth; Eve stand for Life; ergo, Adam is the product of nature, and Eve the creation of God. Adam was admitted to the Paradise for the sole purpose that Eve might be created??? 24 En siglos posteriores otros hombres elevar?an tambi?n su voz a favor de la mujer, como veremos m?s adelante. En el mundo cat?lico, el siglo XVI es testigo de la creaci?n por mujeres de ?rdenes religiosas con vocaci?n de servicio en vez de vida contemplativa. Desde la religi?n, ?nico espacio p?blico abierto a la mujer, ?sta va a realizar una importante labor de atenci?n a las necesidades sociales: cuidado de los enfermos, atenci?n a los pobres, educaci?n de las mujeres, etc. Tras la implantaci?n de la iglesia anglicana, las muchachas cat?licas inglesas s?lo pod?an acceder a la educaci?n en escuelas privadas ilegales, cuyos profesores, as? como los padres de las alumnas, corr?an el riesgo de persecuci?n. Tampoco exist?a un sistema de educaci?n para las j?venes protestantes. En esta situaci?n comienza la hermana clarisa de origen ingl?s Mary Ward, en 1609, su tarea de creaci?n en Francia de una congregaci?n religiosa, al modelo de los jesuitas, ?committed to an active apostolate, teaching and conversion? 25 . Fund? casas en Lieja, Colonia, Viena y otras ciudades europeas, y, en 1619, en Inglaterra. Su orden de escuelas-convento, denominada Institutos de Mar?a, presentaba una concepci?n tan avanzada que fue disuelta por las autoridades eclesi?sticas en 1630 y 1634, siendo Mary Ward recluida durante alg?n tiempo en el convento de las clarisas de Munich. En 1642 cre? en su York natal una escuela que dirigi? hasta su muerte en 1645. En su obra Three Discourses (1671) Mary Ward ?demands that heroic women should be free to play an active part in God?s work of reconquest.? 26 En el mundo cat?lico, es importante tener en cuenta la figura de las terciarias y beatas, mujeres de profunda religiosidad, que prestaban un servicio a la comunidad, sin profesar votos. Sirva de ejemplo la instituci?n de beatas fundada por Anne Marie Martel y el obispo de la di?cesis, en la regi?n francesa de Le Puy, dedicada a la producci?n de encaje. La beata resid?a en una casa cedida por el pueblo y se ocupaba, durante el d?a, de cuidar y educar a los ni?os y ni?as menores de doce a?os, mientras sus madres trabajaban en la casa. Al atardecer, las mujeres acud?an a casa de la beata 24 Miles, Rosalind. The Women?s History of the World. Paladin. Londres, 1990, p. 140 25 Hufton, Olwen, o.c. p. 379 26 Idem, p. 380 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 138 donde continuaban la producci?n de encaje junto con el rezo de oraciones y una cena compartida. En Brescia (Italia), en 1535, una franciscana terciaria, Angela Merice, ?joined with a number of women ..to dedicate themselves to?the care of the sick and the education of poor girls? 27 . As? nacen, bajo la advocaci?n de Santa Ursula, las Ursulinas, quienes no tomaban votos ni llevaban h?bito y segu?an viviendo en sus casas. Rechazadas inicialmente por la iglesia, fueron aprobadas por el Papa Pablo III en 1544, en 1572 se les oblig? a aceptar votos y vida en comunidad y finalmente en 1612, se les impuso la regla modificada de San Agust?n, y una vida conventual m?s restringida, quedando como una congregaci?n a la que la Iglesia encomendaba la educaci?n de las mujeres cat?licas. Una vez m?s el impulso creativo y renovador de las mujeres, y su vocaci?n de servicio a los necesitados, quedaban sujetos y controlados por la autoridad eclesi?stica, que limitaba su acci?n en la sociedad al obligarlas a vivir en el claustro. Otras ?rdenes religiosas de vida activa, creadas durante el siglo XVII, son la Visitaci?n, fundada por la baronesa de Chantal con apoyo de Francisco de Sales, y las Hermanas de la Caridad, fundada por Vicente de Pa?l con el apoyo y colaboraci?n de la arist?crata Louise de Marillac. El trabajo realizado por estas distintas congregaciones y asociaciones de mujeres ?fell largely under four headings: care of the sick, care of the orphaned and the aged poor, education embracing girls of all social categories and village boys as well; social welfare in many forms, some temporary, some institutionalised.? 28 Importante papel desempe?aron tambi?n las mujeres visionarias y profetisas, siendo quiz?s la representante principal del papel de las mujeres en el misticismo, la espa?ola Teresa de Jes?s, fundadora y escritora. El misticismo de las mujeres ser? especialmente bien aceptado, en los siglos XVI y XVII, por los pietistas, uno de los muchos grupos disidentes dentro del protestantismo. ?Pietists saw women?s emotionalism as a strength that led to deeper religious insights? 29 Los movimientos disidentes dentro del mundo protestante merecen una especial atenci?n, por haber aportado una visi?n igualitaria de hombres y mujeres y haber dado una participaci?n importante a las mujeres en las tareas religiosas. En el siglo XVI encontramos a los Anabaptistas, perseguidos tanto por la iglesia cat?lica como por los luteranos. ?They also practiced complete equality of women and men in every aspect, 27 Idem, p. 373 28 Idem, p. 387 29 Lerner, Gerda, o.c. p. 97 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 139 including preaching.? 30 En las primeras d?cadas del siglo XVII surge un gran n?mero de congregaciones que compart?an ?a common belief that the national church contained ungodly elements and that separation, perhaps complete self-government of individually constituted religious bodies, was the only way to create a pure and spiritually regenerated church.? 31 Muchos de estos grupos emigran a Holanda, hecho que influir? de manera importante en el desarrollo del protagonismo de las mujeres dentro de las congregaciones religiosas. Holanda, quiz?s por su tradici?n humanista, ofrec?a ?the best environment for a change in the religious status of women.? 32 En la iglesia calvinista holandesa las mujeres desempe?aban cargos de diaconisas y pod?an votar en algunos temas, quiz?s incluida la elecci?n de ministro de la iglesia, e incluso comenzaron a predicar desde 1630 aproximadamente. Las mujeres disidentes que volvieron a Inglaterra en los a?os cuarenta del siglo XVI ?appeared convinced of their spiritual equality with men and laid claims to speak in church.? 33 Algunas de estas mujeres fueron cofundadoras de iglesias, en ocasiones en n?mero superior a los hombres. Algunas mujeres baptistas predicaron en Londres, y otras localidades, no sin encontrar cr?ticas y persecuci?n. ?When women attempted to bring the fruits of their private study into the public arena as teachers or preachers, defying the scriptural ban against such thing, the punishment could be savage.? 34 El castigo pod?a ir desde la burla a trav?s de panfletos en que eran presentadas como ?insane, raving, ignorant and unnatural? 35 hasta la humillaci?n y la tortura, por ejemplo ser sometidas a latigazos en la plaza p?blica ?so that their flesh was miserably cut and thorn.? 36 Entre las mujeres fundadoras de iglesias no-conformistas en el siglo XVII, podemos citar a Dorothy Hazzard, quien, pese a ser esposa de un pastor, fund? su propia iglesia, independiente de la de su marido, eligiendo ella misma al ministro que deb?a dirigirla, o Katherine Chidle. Estas mujeres ?believed in their inalienable right to chose a religious form that conformed to principles which they endorsed and about which they had thought closely. They did not follow their husbands.? 37 30 Boulding, Elise, o.c. p.112 31 Hufton, Olwen, o.c. p. 410 32 Idem, p. 411 33 Idem, p. 411 34 Miles, Rosalind, o.c. p. 144 35 Hufton, Olwen, o.c. p. 411 36 Besse, Joseph. A collection of the Sufferings of the People called Quakers, I, 84 ff. citado en Miles, Rosalind. The Women?s History of the World. Paladin. Londres, 1990, p. 144 37 Hufton, Olwen. The Prospect Before Her: A History of Women in Western Europe. Vol. One, 1550- 1800. Fontana Press. Londres, 1997, p. 412 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 140 La importancia atribuida por la religi?n protestante a la lectura de la Biblia contribuy? a disminuir el analfabetismo de las mujeres. El deseo de conocer directamente la palabra de Dios llevaba a muchos grupos de mujeres de los pueblos de Inglaterra y Holanda a unirse para aprender a leer. El paso siguiente es la interpretaci?n de la Biblia y la expresi?n propia, mediante la predicaci?n o la escritura. En este siglo XVII, conocido como el siglo de la disidencia, siguen produci?ndose obras en defensa de la mujer: En 1638 Anna Maria van Schurman ? produced Amica dissertatio Inter. Annam Marian Schurman et Andr. Revetum de capacitate ingenii muliebris et scientia, a plea for the right of women to learn languages, philosophy and theology to arrive at greater devotion.? 38 En 1640, Mary Tattle-Well y Joan Hit-Him-Home, Spinsters (apodos usados ir?nicamente) publicaron un panfleto titulado the Woman?s Sharp Revenge, y en 1632 de nuevo un autor masculino, en este caso un abogado an?nimo, publica una obra a favor de los derechos de las mujeres: The Lawes Resolutions of Women?s Rights. Dentro de los grupos disidentes merecen especial atenci?n los cu?queros, fundados a mediados del siglo XVII por el trabajador carism?tico George Fox. Durante cinco a?os, Fox viaj? por Inglaterra tratando de transmitir su doctrina ?that all could be taught directly by the inner light? 39 . En mayo de 1652, tuvo una experiencia m?stica desde la cumbre de una colina en Pendle Hill, Lancashire. A partir de ese momento, cont? con la colaboraci?n y el apoyo del Juez Fell y su esposa, cuya casa en Swarthmore Hall, cerca de Ulverston, se convirti? en el cuartel general del cuaquerismo. Margaret fue la principal colaboradora de Fox, con quien contrajo matrimonio a la muerte del juez Fell. Margaret desempe?? un importante papel como misionera, predicadora, educadora y escritora. Recorri? Inglaterra, dirigiendo asambleas y visitando a los miembros de su comunidad que hubieran sufrido persecuci?n. Ella misma, al igual que George Fox, fue encarcelada en tres ocasiones, y despose?da de sus propiedades. En su obra, Women?s Speaking Justified, desarroll? ?a scriptural argument justifying women?s active role in biblical history and their right to participate in public religious life.? 40 El propio Fox, en su obra the Woman Learning in Silence, publicada en Londres en 1656, manifestaba un principio b?sico de sus creencias: ?God 38 Idem, p. 417 39 Boulding, Elise, o.c. p.126 40 Lerner, Gerda, o.c. p. 100 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 141 made all human beings equal by implanting the Indwelling Spirit in everyone... therefore Christ?s spirit might speak in the female as well as in the male.? 41 Las mujeres cu?queras desarrollaron, adem?s, una amplia experiencia en la asistencia humanitaria voluntaria, prestada en primer lugar a las propias personas de su comunidad encarceladas y perseguidas. Esta tradici?n continuar? en el siglo XIX y muchas de las mujeres abolicionistas y defensoras de los derechos de las mujeres ten?an estrechos lazos con el movimiento cu?quero, como, por ejemplo, Elizabeth Fry, quien desarroll? un importante papel en la mejora de las c?rceles y la dignificaci?n de la enfermer?a. Las primeras instituciones creadas por los cu?queros fueron el ?Fund for the Service of Truth, a pool of money which financed travellers preachers, paid their passage to overseas countries and helped them and their families if they were imprisoned for their faith? 42 y los ??Meetings for Sufferings?, which organised among other things the care for small children whose mothers were in prison.? 43 Las mujeres encontraron en la comunidad cu?quera una importante escuela de resistencia a la adversidad y desarrollo del esp?ritu solidario y humanitario. Dentro de lo que podr?amos denominar una teolog?a femenina, formulada por mujeres y que busca en la Biblia la justificaci?n de la dignidad, e incluso superioridad, de la mujer, continuando la tradici?n comenzada por Heinrich Cornelius Agrippa, Christine de Pis?n y Margarita de Angulema, en el siglo XVIII encontramos a Ann Lee, seguidora de un grupo disidente de los cu?queros, conocidos como Shakers, que expresaba la fe mediante cantos y bailes, y manten?an un estricto celibato. Ann Lee predicaba la doctrina de un dios andr?gino , ?Sophia, Holy Wisdom of the bible, was the female element in God; in Christ the masculine side had been made manifest and in Mother Ann Lee the feminine had been reincarnated.? 44 En consecuencia, sus seguidores cre?an en la igualdad de los sexos y en sus comunidades el liderazgo y la predicaci?n eran compartidos por hombres y mujeres. Su contempor?nea Joanna Southcort, escribi? sesenta y cinco libros y panfletos narrando sus visiones. ?She developed a feminist theology, arguing that since woman first plucked from the sinful fruit, so she must bring knowledge of the good fruit.? 45 Se consideraba elegida para propiciar la segunda venida de Cristo, pues, si Cristo hab?a nacido de mujer y hab?a 41 Idem, p. 100 42 Hufton, Olwen, o.c. p. 414 43 Boulding, Elise, o.c. p. 125 44 Lerner, Gerda, o.c. p. 102 45 Idem, p. 104 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 142 muerto acompa?ado de mujeres, y ?stas hab?an sido las primeras en conocer su resurrecci?n, deb?a de revelarse nuevamente al mundo a trav?s de una mujer. Dada la gran influencia de la religi?n en la vida de las personas durante siglos, y los argumentos en contra de la mujer esgrimidos bas?ndose en los textos religiosos, la interpretaci?n de estas mujeres, desde la propia religi?n, resulta sumamente interesante, independientemente de la valoraci?n que pueda hacerse de sus experiencias m?sticas. En el siglo XVIII, florece otro grupo disidente, menos r?gido y exigente que los cu?queros: la iglesia metodista, que propugnaba un modelo de mujer convencional: la esposa limpia, casta, abstemia y ahorradora. Se le permit?a predicar hasta 1803, en que la predicaci?n quedo reservada a los hombres, provoc?ndose as? la aparici?n de nuevas disidencias. Las mujeres cultas: ?bluestockings? y ?feminists scholars? Las denominadas bluestockings eran mujeres de clase alta amantes de la cultura que gustaban de rodearse de escritores y artistas. La versi?n francesa ser?a los salones de damas de la nobleza. Un ejemplo notable podr?a ser la reina Cristina de Suecia. La mayor?a de estas mujeres, salvo alguna excepci?n como Marie de Gournay, eran claramente antifeministas. Sin embargo, encontramos tambi?n a lo largo del siglo XVII, mujeres intelectuales que producen diversas obras a favor de la mujer. Adem?s de las autoras que participaron con sus escritos en la guerra de los panfletos, podemos citar otras escritoras. Margaret Lucas, duquesa de Newcastle, ?in 1662 wrote ?Female Orations supposedly made by women who were deliberating on the possibility of combining to make themselves as ?free, happy and famous as men??, in a book of Orations of Diverse Persons?. 46 Marie Le Jars de Gournay ?staunch defender of women?s right to education and a remorseless campaigner against any idea of women?s ?natural? inferiority? 47 . Varias mujeres, como Lettice Cary, Hannah Woolley, Bathshua Makin y Mary Astell escribieron formulando propuestas para mejorar la educaci?n de las mujeres. Esta ?ltima propuso en su obra A Serious Proposal to the Ladies, publicada en 1701, la creaci?n de un colegio de mujeres, siguiendo el modelo conventual. Sus intenciones fueron mal interpretadas por las damas que pod?an aportar fondos para la creaci?n, lo 46 Boulding, Elise, o.c. p. 122 47 Miles, Rosalind, o.c. p. 182 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 143 que provoc? que el proyecto no pudiera llevarse a cabo. Posteriormente ?many of the educational projects begun by women in the next century were inspired by her writings.? 48 Junto con ellas, el franc?s Poulain de la Barre, quien public? en 1673, en Par?s, una obra titulada De l?egalit? des deux sexes. Fue traducida al ingl?s con el t?tulo de The Woman as Good as the Man, en 1677. Defend?a que la mujer ten?a capacidad para desempe?ar cualquier funci?n en la sociedad, menos la jefatura militar, aunque su principal tarea era la maternidad. Su pensamiento influy?, sin duda, a Mary Astell y otras autoras del siglo XVIII. Una holandesa, Anna Marie van Schurman, conocida como la Safo de Holanda fue probablemente la intelectual m?s importante del siglo XVII. Se le permiti?, con car?cter excepcional, escuchar las clases de la Universidad de Utrech, situada detr?s de una cortina. Hablaba ocho lenguas. Entre sus numerosas obras destacan una gram?tica et?ope y una obra sobre la educaci?n de las mujeres. A los cuarenta y seis a?os, se retir? de la vida cultural y se dedic? exclusivamente al desarrollo de una comunidad religiosa ut?pica que era visitada con frecuencia por cu?queros ingleses. Otras mujeres destacaron en la ciencia, en la astronom?a, como la francesa Mme. De la Sabli?re y la alemana Mar?a Kirch; o la bot?nica, como Mar?a Sibylla Merian, Josephine Kablick o Amalie Deutsch, en el siglo XVII. En el siguiente siglo podemos citar a las italianas Anna Manzolini, profesora de anatom?a en Bolonia, Mar?a Agnesi, pol?glota y matem?tica, famosa por su obra la Instituci?n Analitiche. Esta mujer, al igual que hab?a hecho anteriormente Anna Marie van Schurman, se retir? del mundo cient?fico y acad?mico. Renunci? a la c?tedra de matem?ticas en la Universidad de Bolonia, que se le ofrec?a, y se dedic? muy activamente, desde los treinta a los ochenta a?os, al desempe?o de una importante labor social con los pobres y enfermos de su ciudad, fundando un hogar para ancianos. Otra italina, Diamante Medaglia, ?wrote on the importance of mathematical training for women as part of their mental development- a very revolutionary concept.? 49 La inglesa Jane Marcet ?took as her task the popularizing of contemporary science for children?? 50 , inaugurando as? la escritura de divulgaci?n cient?fica. Catherine Macaulay public? una historia de Inglaterra en 48 Boulding, Elise, o.c. p. 123 49 Boulding, Elise, o.c. pp. 161-162 50 Idem, p. 162 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 144 ocho vol?menes, ?considered the best offering of the then new ?radical school of history??written as a ?history of the love of freedom?.? 51 En 1699, el serm?n de un pastor anglicano durante una boda celebrada en Dorsetshire provoc? ?a small pamphlet war in which women defended their sex and their right to education in a sprightly and witty manner.? 52 Entre sus consejos a los contrayentes el reverendo hab?a introducido estas afirmaciones: ??Woman was made for the Comfort of Man, ?A good wife should be like a Mirror? which has no Image of its own, but receives its Stamp and Image from the Face that looks into it.?? 53 Inmediatamente apareci? un escrito, an?nimo, firmado por A Lady of Quality, rebatiendo las palabras del serm?n, que fue publicado bajo el t?tulo, The female Advocate? Reflections on a late Rude and Disingenuous Discourse delivered by Mr John Sprint in a Sermon at a Wedding May 11 th at Sherburn in Dorsetshire, 1699. Lady Mary Chudleigh, autora de poemas y ensayos, public? asimismo un poema titulado The Ladies Defence, criticando este mismo serm?n, y la situaci?n de la mujer en el matrimonio. En 1739, otra autora an?nima, que firm? su obra bajo el seud?nimo de Sophia, a Person of Quality, public? en Londres ?a pamphlet which sold for one shilling, and bore the challenging title, WOMAN Not inferior to MAN, or A short and modest Vindication of the natural Right of the FAIR SEX to a perfect Equality of Power, Dignity, and Esteem, with the Men.? 54 Sophia defend?a la igualdad espiritual de hombres y mujeres y el derecho de ?stas a la educaci?n y al desempe?o de cargos en la sociedad. Otro campo donde las mujeres expresaron su voz mediante el texto escrito fue la prensa. Casi desde el comienzo del periodismo a mediados del siglo XVII las mujeres tienen una peque?a representaci?n. Durante el siglo XVIII aparecen distintos diarios editados por mujeres, algunos de ef?mera existencia. En 1759 se lanza el Journal des Dames, que se publicar?a durante dos d?cadas. Son Francia e Inglaterra los dos pa?ses con mayor participaci?n femenina en la prensa del siglo XVIII. En este ?ltimo pa?s aparecen ya a finales del siglo XVII dos publicaciones editadas por hombres, dirigidas al p?blico femenino: el Ladies Mercury, de John Dunton, en 1693,y el Ladies Diary, de John Tipper, profesor de matem?ticas, quien ?llen? su peri?dico de rompecabezas, 51 Idem, p. 162 52 Lerner, Gerda, o.c. p. 206 53 Idem, p. 206 54 Idem, p. 207-208 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 145 c?lculos y todo tipo de problemas de ingenio, para mostrar su confianza en la claridad de juicio, la chispa mental y el penetrante genio de las mujeres.? 55 La primera editora inglesa fue Mary de la Riviere Manley, cuyo sat?rico Female Tatler pareci? en 1709, publicado bajo seud?nimo. La radical Ann Dod lanza en 1721 el London Journal, que se convierte en el principal peri?dico de oposici?n y cr?tica de los gobernantes. En 1737, Lady Mary Wortley Montague, conocida por haber introducido en Inglaterra la t?cnica de inoculaci?n de la viruela, lanz? The Nonsense of Common Sense, y desde sus p?ginas defendi? la educaci?n femenina, como su amiga Mary Astell. Muy conocida fue Eliza Haywood, cuyo Female Spectator, publicado de 1744 a 1746 alcanz? ?xito en diversos pa?ses, inclu?das las entonces colonias americanas. En su siguiente peri?dico, Epistles for the Ladies, (1749-50) defend?a la conveniencia del estudio de la ciencia para las mujeres. En 1760, Charlotte Lennox, novelista irlandesa, lanz? el Lady?s Museum. A partir de esta fecha, las mujeres desaparecen de la escena period?stica inglesa, siendo reemplazadas por hombres que publican revistas para damas centradas en la moda y otros temas triviales. Sin embargo en Francia s? mantendr?n importancia los peri?dicos editados por mujeres a lo largo de todo el siglo XVIII. La actividad de las mujeres intelectuales del siglo XVIII, nos hace considerar que la mujer encontraba, a trav?s de la prensa y los escritos de la guerra de los panfletos, un espacio donde dejarse oir. ?We can summarize the situation of European intellectual women at the beginning of the 18th century in saying that they had reached the first three stages of feminist consciousness: authorization to speak; inspired speech, and the right to learn and to teach.? 56 La obtenci?n del derecho a la educaci?n superior, la participaci?n pol?tica y el ejercicio de distintas profesiones liberales, constituir?n parte de las reivindicaciones del siglo siguiente. Mujer y revoluci?n A lo largo de los siglos XVI y XVII, se producen numerosas revueltas populares, con alta participaci?n de las mujeres en muchas de ellas. El historiador David Underdown, autor de un importante estudios sobre las revueltas de la primera mitad del siglo XVII en Inglaterra, 55 Rattner Gelbart, Nina. Las mujeres periodistas y la prensa en los siglos XVII y XVIII, en Duby, George & Perrot, Michelle (edits.) Historia de las Mujeres, Vol. 3. del Renacimiento a la Edad Moderna, Taurus. Madrid, 2000, p. 474 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 146 ?has pronounced the seventeenth century the ?century of the riotous Englishwoman?. What he means by this is that there were more recorded riots initiated by women over bread and food supplies which, added to the protests of Leveller women whose husbands were in prison for political and religious dissent, give ?women? a highly activist profile.? 57 Las mujeres que participan en estas revueltas, no solo en Inglaterra sino tambi?n en otros pa?ses, como Francia y Holanda, no son intelectuales ni mujeres de la nobleza, son las mujeres trabajadoras y campesinas de mediana edad. Las mujeres participan sobre todo en las revueltas relacionadas con la econom?a, muy especialmente la escasez o encarecimiento de alimentos b?sicos, y la religi?n. No llevan generalmente armas y muchas de estas revueltas surgen de forma espont?nea en la plaza p?blica. No pretenden estas mujeres obtener derechos civiles ni cambiar fundamentalmente el orden patriarcal, sino m?s bien exigir su cumplimiento: ?A woman has a right to protection by husband and community. If these fail to provide her needs she is morally entitled to shame them, to bring them to an appreciation of their inadequacy..... bread riots, in reminding authority of the plight of the truly dependent, made manifest the failure of husband and provider and of the structure of society to protect the weak.? 58 Ampar?ndose en la misma cultura patriarcal que la considera irresponsable la mujer pod?a participar en las revueltas m?s impunemente que los hombres, y generalmente no era juzgada si lo hac?a de forma espont?nea, por una sola vez, aunque, cuando una mujer actuaba realmente como l?der de masas, s? era perseguida por la justicia: ?A justice book widely used in Essex in the period as a vademecum to help the judge stated: ?If a number of women or children under the age of discretion do flocke together for their own cause, this is none assembly punishable by these statutes unless a man of discretion moved them to assemble for the doing of some unlawfull act.? As long as the riot was ?spontaneous? rather than evidently planned, justices were prepared to accept the interpretation, but only as long as the event was not repeated.? 59 En cuanto a las revueltas por motivos religiosos, las m?s numerosas son aquellas que tratan de preservar el orden religioso establecido contra un cambio impuesto. Otro hecho que mueve a las mujeres inglesas a la protesta p?blica es el repudio de dos 56 Lerner, Gerda, o.c. p. 209 57 Hufton, Olwen, o.c. p. 461 58 Idem, p. 472 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 147 esposas: la primera revuelta de mujeres conocida en Inglaterra se produjo en el siglo XV, ante el intento de repudio del Duque De Humphrey, y la segunda fue a favor de Catalina de Arag?n. En un orden patriarcal la subsistencia de la mujer depende de que se mantenga la seguridad de sus derechos como esposa. En Francia se dio una alta participaci?n de mujeres, tanto en las revueltas relacionadas con el encarecimiento de alimentos, como en las de ?ndole religiosa: ?there is a recurrent record of women?s participation in bread riots over two centuries. In the rebellion of the Camisards in the seventeenth century and in the religious riots which led to the re-establishment of Catholic worship in France after 1796, we find a heavy female presence. Some of the riots in question were wholly female in composition.? 60 En el invierno de 1708-1709, las mujeres de Par?s organizaron una marcha masiva a Versailles ?to claim a reduction in the price of bread and and end to French involvement in the War of the Spanish Sucession.? 61 Durante la Revoluci?n francesa, herederas de esta tradici?n anterior, las mujeres pobres de Par?s marcharon a Versalles, en octubre de 1798, tres meses despu?s de la toma de la Bastilla, esperando la justicia real, y lograron regresar ?with grain decrees from the king and with the Declaration of Rights from the National Assembly.? 62 IV. Nacimiento del feminismo El feminismo del siglo XIX encuentra sus ra?ces en tres tradiciones anteriores: el pensamiento ilustrado, los movimientos religiosos disidentes, fundamentalmente los Cu?queros y los Unitarios, y las ideolog?as liberales y de izquierdas: el utilitarismo, los librepensadores y el socialismo ut?pico. El Pensamiento ilustrado y la Revoluci?n francesa Como hemos visto el cap?tulo II, la libertad e igualdad propugnadas por la Ilustraci?n no alcanzaron a las mujeres de igual manera que a los hombres, e incluso se podr?a afirmar con Elise Boulding, ?Whoever ?won? the revolution, the women of France lost it.? 63 Podemos decir que la situaci?n de las mujeres no mejor?, incluso 59 Idem, pp. 463-464 60 Hufton, Olwen, o.c. p. 466 61 Idem, p. 446 62 Boulding, Elise, o.c. p. 153 63 Idem, p. 150 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 148 empeor? posteriormente con el C?digo napole?nico. Pero, en todo caso, la Revoluci?n Francesa caus? un impacto cuyas consecuencias ser?an imparables. ?La revoluci?n plante? la cuesti?n de las mujeres y la inscribi? en el coraz?n mismo de su cuestionamiento pol?tico de la sociedad.? 64 En un principio se tiende a la igualdad en aspectos tales como el acceso a la mayor?a de edad, la posibilidad de actuar como testigo en actos civiles y firmar contratos, y el disfrute de la patria potestad. Las leyes de septiembre de 1792 sobre el estado civil y el divorcio, tratan en igualdad a ambos c?nyuges. Pero pronto, muy pronto, en septiembre de 1801, el temor a la libertad de las mujeres y la su reclamaci?n al ejercicio de derechos civiles, queda reflejado en el discurso de los diputados: ?Portalis insiste en el hecho de que la sumisi?n de las esposas y las hijas no debe entenderse en t?rminos de sometimiento pol?tico, sino en t?rminos de naturaleza. Puesto que su estatus social inferior es una exigencia f?sica, no significa en absoluto que se las oprima o que se las prive de un poder leg?timo. Por el contrario, la sociedad retoma sus derechos y restituye a las mujeres una posici?n espec?fica de la cual la Revoluci?n las hab?a despojado sin consideraci?n alguna.? 65 Pero la Revoluci?n francesa aport? tambi?n algunas voces a favor de la mujer. El marqu?s de Condorcet public?, en el n?mero 5 del Journal de la Soci?te, de 3 de julio de 1790, un art?culo sobre la exclusi?n de las mujeres de la ciudadan?a. En ?l ofrec?a un argumento fundamental a favor de la igualdad de todos los seres humanos: ?O bien ning?n individuo de la especie humana tiene verdaderos derechos, o bien todos tienen los mismos derechos; y quien vota contra el derecho de otro, sea cual fuere su religi?n, su color o su sexo, reniega en ese mismo momento de los suyos.? 66 Junto con Fauchet y una dama holandesa, Mme.Palm Aelder, Condorcet habl? ante la Asamblea Nacional a favor del reconocimiento del derecho a plena participaci?n pol?tica para la mujer. Un grupo de mujeres burguesas presentaron una petici?n en el mismo sentido, pero la Asamblea Nacional no acept? tales propuestas. Condorcet tuvo que pasar los ?ltimos meses de su vida escondido, protegido por su mujer, para ser finalmente descubierto y guillotinado. Igual suerte corri? Olympe de Gouges. ?She founded all-women?s societies in 1790 and 1791 and prepared a Declaration of the Rights of Women.? 67 Mientras que 64 Sledziewski G., Elisabeth. Revoluci?n francesa. El giro, en Duby,George & Perrot, Michelle. Historia de las Mujeres. 4. El siglo XIX. Taurus. Madrid, 2000. pp. 53-70, p. 53 65 Idem, p. 58 66 Idem, p. 63 67 Boulding, Elise, o. c. p. 154 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 149 Condorcet consideraba que el problema de la falta de derechos de las mujeres, quedar?a eliminado en una sociedad igualitaria, y no lo percib?a como un problema espec?fico de g?nero, Olympe de Gouges, con una visi?n cercana al feminismo m?s moderno, ?piensa que la tiran?a ejercida sobre las mujeres es en verdad la matriz de todas las formas de desigualdad.? 68 La lucha por la libertad y los derechos de las mujeres es la lucha revolucionaria m?s radical. Su obra D?claration des droits de la femme et la citoyenne, publicada en 1791, y compuesta por un pre?mbulo y diecisiete art?culos, se inspira en la Declaraci?n de los derechos del hombre y del ciudadano de 1780. Algo similar har?n las mujeres norteamericanas en Seneca Falls sesenta y siete a?os m?s tarde. Olympe de Gouges fue tambi?n guillotinada. Los aires de libertad de la Revoluci?n Francesa inspiraron el libro de Mary Wallstonecraft (1759-1797), Vindication of the Rights of Woman, considerada la obra precursora del feminismo ingl?s del siglo XIX. Mary Wallstonecraft no responde al modelo de joven burguesa, hija de un padre de ideas relativamente liberales que le facilita una buena educaci?n durante su infancia, como otras mujeres relevantes de la historia del feminismo. Hija de un padre alcoh?lico, procedente de una familia de escasos medios, tuvo que realizar diversos oficios para ganarse la vida, incluidos los de ni?era y se?orita de compa??a. Tras publicar una novela y un libro de historias para ni?os, en 1791, Mary public? Vindication, en Londres y Nueva York. Esta obra trata de denunciar la situaci?n de la mujer en la sociedad, y, quiz?s, su aportaci?n m?s original es ?su idea de que la emancipaci?n del sexo oprimido no pasa por la negaci?n de su identidad.? 69 Mujer autodidacta, libre y valiente, teniendo en cuenta la ?poca en que vivi?, reivindica, con un lenguaje cargado de sentimiento, el derecho de la mujer a la educaci?n que la libere de una dependencia absoluta del hombre: ?If... (women) be really capable of acting like rational creatures, let them not be treated like slaves; or, like the brutes who are dependent on the reason of man, when they associate with him; but cultivate their minds, give them the salutary, sublime curb of principle, and let them attain conscious dignity by feeling themselves only dependent on God. Teach them, in common with man, to submit to necessity, instead of giving, to render them more pleasing, a sex to morals?? 70 68 Sledziewski G., Elisabeth, o.c. p. 65 69 Idem, p. 68 70 Wollstonecraft, Mary, A Vindication of the Rights of Woman, extractos de la obra en Schneir, Miriam, (edit.) The Vintage Book of Historical Feminism, Vintage. Londres, 1996, p. 12 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 150 Su vida personal estuvo marcada por la libertad, pero tambi?n por un destino tr?gico relacionado con el amor y la sexualidad. Tras dos relaciones desafortunadas, una de ellas con el americano Gilbert Imlay, quien la abandon? tras el nacimiento de una hija, Mary estableci? una nueva relaci?n con el escrito William Godwin. De esa uni?n naci? una hija, Mary Shelley, la autora de Frankenstein. La fiebre puerperal, consecuente al nacimiento de su hija, fue la causa de la muerte de Mary Wollstonecraft. En 1798, Godwin public? una biograf?a de su fallecida esposa, titulada Memoirs of the autor of ?The Rights of Woman?. Este pretendido tributo a su memoria se convirti? en un golpe mortal para su obra durante much?simo a?os. La sinceridad de Godwin al referir la vida amorosa de Mary, su intento de suicidio al ser abandonada por Imlay, y el hecho de que ellos mismos hab?an mantenido relaciones sexuales y concebido a su hija antes de la boda, fueron el motivo de que Vindication fuese relegada al olvido, ?the last nail hammered into the coffin of Mary?s reputation was the simultaneos publication of the letters she had written to Gilbert Imlay at the height of their affair.? 71 Nadie hubiera cuestionado de igual forma el valor de una obra escrita por un hombre, en funci?n de su vida personal y amorosa. Los grupos religiosos disidentes El Unitarismo Los Unitarios rechazaban la doctrina del pecado original y la predestinaci?n, afirmando, por el contrario, los derechos naturales de la persona, la libertad y la tolerancia. Los unitarios radicales se identificaron con la causa de los derechos de la mujer, y gran n?mero de feministas pertenec?an a familias unitarias. Apoyaban el derecho de la mujer a la educaci?n. El valor que atribu?an a la vida familiar era una raz?n m?s para apoyar la necesidad de dar a la mujer, como futura madre, una buena formaci?n. Preocupados por la educaci?n de los ni?os, intentaron establecer escuelas infantiles en los a?os 1830 y 1840. La escritora Mary Gaskell y Mary Leman Grimstone apoyaron activamente esta campa?a. Favorecieron tambi?n los unitarios una visi?n de la paternidad, en que los hombres compartieran las tareas de educaci?n de los hijos con las mujeres. Por tanto, ?the radical unitarian?s challenge to contemporary domestic 71 Seymour, Miranda. Mary Shelley. Picador. Londres, 2001, p. 32 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 151 ideology involved both arguing for women?s right to work, and urging for a reorientation of the family, and the roles and culture they felt it to perpetuate.? 72 Una aportaci?n importante del pensamiento unitario, era la relaci?n entre la esfera privada y la pol?tica. No pod?a concebirse una sociedad democr?tica, si los derechos individuales no se respetaban en el ?mbito familiar. En su peri?dico, Star in the East, James y Caroline Hill publicaron un art?culo titulado ?The Rights and Wrongs of Women?, atacando a aquellos cartistas que defend?an ideas progresistas y luchaban contra la injusticia social, pero segu?an practicando el despotismo respecto a las mujeres de sus familias. La esclavitud dom?stica era similar a la esclavitud pol?tica o social. Y la falta de libertad e igualdad en las relaciones personales retrasaba el avance hacia una sociedad democr?tica. Estamos cerca del concepto feminista de la ?ntima relaci?n entre lo p?blico y lo privado. El bienestar social depend?a de la construcci?n de un nuevo modelo igualitario de relaciones familiares. Los unitarios coincid?an con los seguidores de Owen en la cr?tica al modelo de familia existente, pero, en vez de proponer la erradicaci?n de la familia, propugnaban su reforma: ?Grimstone?s essay ?A Hapy New Year to the People? was based upon these premises. She attacked vehemently the conventional arrangement, whereby men enjoyed a fulfilling life outside the home, while women were confined to stultifying domesticity. What was required, Grimstone indicated, was a reorganisation of social and cultural life so that women?s true qualities might shine forth, and a genuine marriage of minds be made possible.? 73 Los unitarios radicales hicieron una fuerte cr?tica de las leyes relativas al matrimonio, publicando en el peri?dico Star in the East, public? una serie de art?culos sobre las mismas. Uno de los principios unitarios era la necesidad de armon?a entre el deseo humano y la ley divina. Las leyes matrimoniales deb?an permitir que los c?nyuges pudieran divorciarse si no se manten?a la atracci?n y afectos iniciales. Consideraban, asimismo, que la ausencia de legalizaci?n del divorcio, era una de las causas de la prostituci?n. La novela Realities, de Eliza Lynn, publicada en 1851, reflejaba la mentalidad unitaria de que la prostituci?n desaparecer?a si aumentase la igualdad entre los sexos. Eliza Lynn frecuentaba entonces los c?rculos radicales unitarios, aunque, posteriormente, tras su matrimonio con W.J. Linton tom? una posici?n conservadora y antifeminista. 72 Gleadle, Kathryn. The Early Feminists. Radical Unitarians and the Emergence of the Women?s Rights Movement, 1831-1851. St. Martin?s Press. Londres, 1995, p. 193 73 Idem, p. 106 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 152 A partir de la d?cada de 1840, el movimiento unitario radical cristaliz? sus propuestas te?ricas a favor de la mujer en acciones sociales concretas: ?During the 1830s, the radical unitarians? feminism was essentially a cerebral and intellectual phenomenon. However, by the late 1840s, this maelstrom of ideas was being crystallised into practical schemes to advance women?s position. The feminists? campaigns to change the laws relating to women; their work with prostitutes; the launching of the Whittington Club movement; and their promotion of cooperative schemes may all be seen in this light.? 74 El socialismo ut?pico En Francia , los seguidores de Saint-Simon insistieron en la igualdad entre los sexos y la posici?n de la mujer dentro de su organizaci?n. Sus ideas fueron introducidas en Inglaterra, entre otros seguidores, por Anna Wheeler. En los 1820, el movimiento comunitario ingl?s se origina en las ideas y actividades del franc?s Charles Fourier, cr?tico radical de la instituci?n del matrimonio, y, sobre todo, del ingl?s Robert Owen, ?an immensely successful capitalist first in Manchester and then in New Lanark, near Glasgow, who sought to extend the benevolent principles he had applied to his workforce to humanity at large, and so produce ?a new order based on classless, co- operative communities?.? 75 Los seguidores de Owen manten?an la igualdad entre los sexos dentro de sus sociedades cooperativas, comunidades y sindicatos, planteando un debate sobre las relaciones familiares y matrimoniales, el derecho al divorcio, la libertad sexual y el control de natalidad, muy avanzados para su ?poca. Sus ideas tuvieron tambi?n influencia en Estados Unidos, donde se form? una comunidad owenita en 1824, en New Harmony, Indiana. En 1833, fundaron en Londres la ?Practical Moral Union of Great Britain and Ireland..... the first separatist feminist organization established in Britain? failed after a few months: as a result, it would seem, of female inexperience and male hostility.? 76 Desgraciadamente, el igualitarismo defendido por Owen y sus seguidores ?was defeated by working-class divisions, elite opposition, and organisational and financial problems, combined with economic and cultural changes which both strengthened capitalism and softened its worst effects.? 77 Pero sus principios dejaron una huella en el pensamiento del siglo XIX, y contribuy? a formar una serie de l?deres feministas 74 Idem, pp. 172-173 75 Bolt, Christine. The Women?s Movement in the United States and Britain from the 1790s to the 1920s. Harvester Wheatsheaf. Nueva York, 1993, p. 72 76 Idem, p. 77 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 153 procedentes de la clase media y trabajadora, tales como Eliza Macaulay, Frances Morrison, Emma Martin, Frances Wright y Anna Wheeler. Frances Wright, hija de un fabricante escoc?s de ideas liberales, y criada en la casa de otro familiar progresista, el fil?sofo James Mile, march? a Estados Unidos a la edad de veintitr?s a?os, buscando material para escribir un libro. Impresionada por la comunidad de New Harmony, estableci? su propia comunidad owenita en Nashoba, Tennesse, en 1826. En ella intent? conseguir la convivencia en igualdad de blancos y negros, ayudando a la lucha contra la esclavitud en estados Unidos Actu? como periodista, conferenciante y promotora de la educaci?n y los derechos de las mujeres, y el partido de los trabajadores, defendi? el amor libre y mantuvo una postura de independencia y libertad en su comportamiento personal y su actuaci?n social. Tambi?n se formaron sociedades ut?picas basadas en los principios de Fourier en la d?cada de 1840, y asentamientos cristiano-socialistas en Massachussets. Todas estas comunidades ut?picas fracasaron, desgraciadamente, por diversas razones, pero supusieron un gran avance en el intento de construcci?n de una sociedad m?s justa e igualitaria. En Inglaterra, tuvo tambi?n gran importancia el movimiento creado en torno al editor Richard Carlisle. Llevaron a cabo una lucha legal por la consecuci?n de libertad de pensamiento y expresi?n entre 1815 y 1832. Las mujeres desempe?aron un papel muy importante en este movimiento. En 1820, se promulg? una legislaci?n represiva que prohibi? la publicaci?n de peri?dicos radicales. En 1819, Carlisle hab?a sido condenado por blasfemia y libelo, por unos art?culos publicados en su peri?dico el Republican, permaneciendo en prisi?n hasta 1825. Durante el tiempo de su encarcelamiento fue su mujer, Mary Ann Carlisle, embarazada de ocho meses en el momento de la detenci?n de Carlisle, quien sigui? manteniendo la librer?a de Fleet Street, desde donde divulgaban sus ideas liberales. Ella misma fue encarcelada junto con su beb? en 1821. Este hecho aument? el n?mero de seguidores y, sobre todo, de seguidoras, del movimiento. La tienda de Fleet Street no se cerr?, al frente continuaron la hermana de Richard Carlisle y Susannah Wright. Wright es otro ejemplo de feminista radical de las primeras d?cadas del siglo XIX. En sus cartas publicadas en el Republican, denunciaba una amplia serie de desigualdades de g?nero, incluyendo el hecho de que las mujeres de clase trabajadora no ten?an acceso a formas de diversi?n populares, y animaba a las mujeres a mejorar su formaci?n. 77 Idem, p. 77 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 154 El propio Carlisle public? diversos art?culos sobre la educaci?n como clave para lograr la completa emancipaci?n de la mujer, superando los prejuicios que la imped?an acceder a distintas profesiones. Tras su salida de la c?rcel, influenciado por las ideas maltusianas a trav?s del unitario radical Francis Place, Richard Carlisle se enfrent? al puritanismo social publicando una obra sobre control de natalidad, Everywoman?s Book or what is love?. Tambi?n defend?a la convivencia de la pareja, usando m?todos anticonceptivos, por un periodo de dos a?os, antes de contraer matrimonio formal. Este movimiento tuvo una importancia crucial en el nacimiento del feminismo victoriano: promovi? la participaci?n activa de mujeres de clase media y trabajadora, y cre? un v?nculo entre feminismo e ideolog?a sexual que s?lo volver?a a aparecer con las campa?as de Josephine Butler en la d?cada de 1870. Dentro de las mujeres socialistas, cabe destacar a Flora Trist?n Moscosa (1803- 1844), ?the first representative of women?s contribution to revolutionary socialism.? 78 Fue la primera en proponer un plan para organizar una internacional socialista, en 1843. Dedic? gran parte de su corta vida a viajar por el mundo, despertando la conciencia obrera. Fue una gran defensora de los derechos de la mujer, ligando la emancipaci?n femenina con la emancipaci?n obrera. Destaca tambi?n su labor como escritora. Entre sus obras, podemos destacar, L?Emancipation de la Femme, ou le Testament de la paria, publicada p?stumamente, y Promenade dans Londres, publicada en 1840, y traducida al ingl?s en 1842, con el t?tulo The London Journal of Flora Tristan, en la que hace un retrato desgarrado del Londres de la ?poca, con cap?tulos dedicados al movimiento obrero, las c?rceles y la prostituci?n. En su vida personal, sufri? las injusticias de g?nero y clase que denunciaba: fue acosada sexualmente por su el due?o del taller donde trabajaba, con quien posteriormente se cas?, para vivir un matrimonio de continuo abuso y violencia. Al no existir el divorcio, tuvo que huir de su marido, quien intent? asesinarla. Sobrevivi? a sus disparos, pero muri? de agotamiento a los 41 a?os. El utilitarismo El utilitarismo pretend?a conseguir el mayor bienestar para el mayor n?mero de personas. La sociedad deb?a organizarse seg?n principios cient?ficos que favoreciesen la felicidad de sus componentes. Ello llevaba a sus pensadores, entre los que destaca Jeremy Bentham, a formular reformas de la legislaci?n tendentes a tal fin. Tambi?n se 78 Boulding, Elise, o.c. p. 197 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 155 interesaban por la situaci?n de la mujer. James Mill, padre de John Stuart Mill, en su obra Essays on Government, defend?a la educaci?n de la mujer, pero la exclu?a del derecho al voto, argumentando que sus intereses ya estaban defendidos por los hombres de su familia. Sin embargo, otro seguidor del utilitarismo, William Thompson, compa?ero de Anna Wheeler, y amigo personal de Bentham y Owen, escribi? una de las primeras obras de defensa de los derechos de la mujer del siglo XIX: Appeal of One Half of the Human Race, Women, against the Pretentions of the Other Half, Men, to retain them in political, and thence in civil and domestic slavery. Thompson ?ataca la instituci?n matrimonial y la familia burguesa... En una ?poca en que la familia empezaba a erigirse en refugio frente al mundo cruel de competencia de los comienzos del capitalismo, en que la mujer deb?a actuar como reposo del guerrero, Thompson denunci? la hipocres?a en que se basaba todo ello.? 79 La figura de John Stuart Mill, el gran defensor de los derechos de la mujer del siglo XIX, est? tambi?n relacionada con el utilitarismo. Su obra The Subjection of Women, producida en colaboraci?n con su esposa, Harriet Taylor, y basada en gran parte, seg?n palabras del autor, en conversaciones mantenidas con ella, fue escrita en 1861, pero no se public? hasta 1869. La relaci?n de John Stuart Mill y Harriet Taylor romp?a tambi?n los moldes de la ?poca. Harriet se separ? de su marido John Taylor de forma amistosa, y, al no existir el divorcio, su relaci?n con John Stuart Mill tuvo que mantenerse en una semi-clandestinidad, hasta la muerte de su esposo, veinte a?os m?s tarde, lo que provoc? un fuerte rechazo hacia ella por parte de las amistades y familiares de Stuart Mill. Al contraer matrimonio, John Stuart Mill redact? un escrito rechazando las leyes matrimoniales del momento, que reduc?an a la mujer a un ser totalmente dependiente, legal y econ?micamente, del marido. Diversas parejas feministas realizaron alg?n gesto de rechazo del matrimonio seg?n los c?nones de la ?poca, al establecer formalmente su relaci?n. En su obra The Subjection of Women, Mill resaltaba las condiciones sociales que limitaban a la mujer y le imped?an acceder a otros roles que no fuesen el servicio del hombre. ?The principle which regulates the existing social relations between the two sexes ?the legal subordination of one sex to the other- is wrong in itself, and now one of the chief hindrances to human improvement; and ?it ought to be replaced by a principle of perfect 79 Rowbotham, Sheila, o.c. p. 69 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 156 equality, admitting no power of privilege on the one side, nor disability on the other.? 80 John Stuart Mill particip? activamente en el movimiento por los derechos de la mujer, apoyando la causa, no s?lo con sus escritos, sino tambi?n con su acci?n parlamentaria. Otros muchos hombres, entre ellos Lord Shaftesbury y Henry Fawcett, prestaron su apoyo al movimiento por los derechos de las mujeres, como veremos en cap?tulos siguientes. El cartismo La llamada People?s Charter, redactada en 1833 por William Lovett, se encuadraba en una campa?a radical por la consecuci?n de reformas parlamentarias, provocada por la situaci?n de profunda injusticia social que dominaba la sociedad de la revoluci?n industrial. Los cartistas solicitaban una serie de medidas democratizadoras de la participaci?n social: el derecho al voto para todos los ciudadanos hombres, la igualdad en la organizaci?n de los distritos electorales, la abolici?n del requisito de ser propietario para acceder a la condici?n de diputado, la concesi?n de una paga a los parlamentarios, elecciones generales anuales y derecho al secreto de voto. Estas peticiones, apoyadas por un cuarto mill?n de firmas fueron presentadas ante la C?mara de los Comunes en 1839, siendo rechazadas por 235 votos contra 46. No llegaron a incluir en sus peticiones el acceso de las mujeres al sufragio universal, pero s? las incorporaron a su movimiento: ?Although the Chartists took Women?s Suffrage out of their objects they did not reject women?s help, and a large number of Women?s Political Associations CAME into existence to further the aims of the Charter?.. Women delegates attended the annual congresses of the Chartist bodies, and there were meetings of women only, sometimes of great size.? 81 Las mujeres hab?an participado tambi?n en las actividades de la Anti-Corn Law League desde 1836, y las primeras voces solicitando el voto para las mujeres hab?an comenzado a escucharse. ?The Westminster Review had published an article in 1831 by an unknown young woman advocating female suffrage, and in the next year it published another by Mr. William Johnston Fox, M.P. for Oldham, to the same effect.? 82 Y el 3 de 80 Stuart Mill, John. The Subjection of Women., extractos incluidos en The Vintage Book of Historical Feminism, o.c. p. 163 81 Strachey, Ray. The Cause. A Short History of the Women?s Movement in Great Britain. Virago Press. Londres, edici?n de 1988, p. 33. 82 Idem, p. 32 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 157 agosto de ese mismo a?o Mr. Hunt present? una petici?n al Parlamento, procedente de Mary Smith, una dama del condado de York, solicitando que se concediese el derecho al voto a las mujeres que reuniesen los requisitos de propiedad exigidos a los hombres. Era el comienzo de la lucha sufragista. El socialismo cristiano El movimiento formado en torno a Frederick Denison Maurice, pastor de la capilla de Lincoln?s Inn ?did not preach feminism it is true, but, nevertheless, their influence told strongly in that direction. For they assumed as a matter of course that women would join in their work, and they admitted them freely to share in their discussions.? 83 Su inter?s por la situaci?n de los obreros les llev? a la creaci?n de talleres de costura en r?gimen de cooperativa. La Ladies Cooperative Guild, fundada por Frederick Denison, ayud? a las mujeres a conseguir formaci?n y empleo. En ella colabor? Octavia Hill, amiga de Sophia Jex-Blake. La lucha por la abolici?n de la esclavitud Gran parte de la actividad social llevada a cabo por las feministas del siglo XIX, entronca con la tradici?n de acci?n filantr?pica de las mujeres de clase media de siglos anteriores. Un campo en que las mujeres brit?nicas desarrollaron una importante labor social, fue en la lucha contra la esclavitud. Desde el comienzo de la campa?a en Gran Breta?a, a finales del siglo XVIII, las mujeres participaron de diversas maneras: difundiendo los principios de la misma en su c?rculo familiar y de amistad, influyendo en los hombres de su entorno para lograr una acci?n pol?tica favorable, y financiando la campa?a. ?The subscription list which the Abolition Society published in 1788 included the names of 206 women, comprising around ten per cent of total subscribers and donating 363.3s.6d of the Society?s total income of ?2,760.2s.7d in 1787-8. Similarly, while only one of the African Institution?s initial 130 subscribers was female, by 1823 the sixty female subscribers also represented around ten per cent of total subscribers. The proportion of female subscribers is typical of philantropic societies of the 1790-1810 period. The predominance of male subscribers to the Abolition Society, as in these other groups, was the product of married women?s lack of independent legal and financial status. It is likely that many male subscriptions were made as ?heads of household?, representing their wives and children as well as themselves. Nevertheless some married 83 Idem, p. 47 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 158 women did subscribe to the Abolition Society in their own right. In fact, most female subscribers were married: only forty-four were definitely single?. Another interesting characteristic of the female subscribers is that only a quarter appear to have been related to male subscribers, suggesting that women frequently made the decision to support abolition independently of their male relatives.? 84 Sin embargo, las mujeres quedaban excluidas del derecho a firmar las peticiones al Parlamento, al igual que los ni?os y los mendigos, probablemente, dada su condici?n de seres dependientes. Cuando se incluyeron, inadvertidamente, algunas firmas de mujeres en las listas de peticionarios, ello fue lamentado, temiendo que pudiese ser utilizado para desprestigiar la credibilidad de la campa?a abolicionista. De 1792 a 1807, se suprimieron las campa?as de peticiones para centrarse en la acci?n parlamentaria, y la elecci?n de candidatos abolicionistas, actividad de la que las mujeres quedaban absolutamente excluidas. Otra forma de contribuci?n de las mujeres fue a trav?s del texto escrito. Mary Wallstonecraft incluy? el poema de Thomas Cowper, On Slavery, y una cita de Anna Laetitia Barbauld sobre los sufrimientos de las mujeres esclavas, en su antolog?a sobre educaci?n, The Female Reader. Tambi?n en Vindication, atac? la instituci?n de la esclavitud bas?ndose en la doctrina de los derechos naturales, y compar? la situaci?n de las mujeres brit?nicas a la de las personas esclavas. Helen Maria Williams, amiga de Wollstonecraft, autora de varias obras pol?micas, incluy? un amplio pasaje a favor de la abolici?n en sus Letters on the French Revolution. Las voces de estas mujeres radicales se unieron en el tema de la abolici?n con la de una conservadora evang?lica, Hannah More, quien escribi? una serie de poemas antiesclavistas. De los numerosos poemas escritos contra la esclavitud, la cuarta parte, aproximadamente, fueron obra de mujeres, siendo precurso de los mismos el escrito por Aphra Benn en 1688, Oroonoko, or, the Royal Slave. Las mujeres fueron tambi?n protagonistas de otra forma de protesta contra la esclavitud: la abstenci?n del consumo de az?car producida en las plantaciones mediante el uso del trabajo de los esclavos. Esta campa?a fue apoyada, no s?lo por mujeres educadas de clase media, sino tambi?n por las sirvientas y otras mujeres de clase trabajadora. 84 Midgley, Clare, Women against Slavery. The British Campaigns, 1780-1870. Routledge. Londres, 1995, p. 17 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 159 En 1807 se aprob? la Abolition Act, que prohib?a la esclavitud en Gran Breta?a. La Emancipation Act de 1833, supuso la abolici?n de la esclavitud colonial brit?nica, pero no el fin del movimiento abolicionista en Inglaterra. ?Rather, campaigners now focused on the welfare of emancipated slaves and the abolition of slavery throughout the world.? 85 Las mujeres brit?nicas participar?n ahora activamente en la campa?a por la abolici?n mundial de la esclavitud, y colaborar?n con las norteamericanas. La relaci?n entre el movimiento abolicionista y el movimiento feminista sufragista ser? ya absoluta. La secretaria honoraria de la Ladies? London Emancipation Society, formada en 1863, era Mentia Taylor, considerada ?mother of the women?s suffrage? 86 . Las primeras mujeres que apoyaron el movimiento de Taylor para promover el movimiento sufragista, fueron las abolicionistas. La marginaci?n sufrida por las mujeres en la convenci?n abolicionista celebrada en Londres en 1840 ser?a clave en el origen del movimiento feminista norteamericano, como veremos en el apartado siguiente. V. Algunos hechos que contribuyeron al comienzo del movimiento feminista En torno a la d?cada de 1840, se producen algunos hechos que influyen de manera decisiva para promover cambios legales y sociales claves en la historia del feminismo. Nos referiremos al pleito de Caroline Norton, cuya repercusi?n social favoreci? el cambio de las leyes sobre la custodia de los hijos, la prohibici?n del acceso de las mujeres al convenci?n abolicionista de 1840, de consecuencias fundamentales para el movimiento sufragista norteamericano, y la creaci?n de los primeros colegios de mujeres de Londres, que pretenden proporcionar a las mujeres una educaci?n m?s completa. Cambio de las leyes de familia, educaci?n y formaci?n profesional de las mujeres, y establecimiento de una declaraci?n de derechos de las mujeres, una carta de constituci?n del feminismo, ser?n hitos importantes para determinar la historia del movimiento de las mujeres en la segunda mitad del siglo XIX, momento en que se desarrollar? la lucha de las pioneras por el acceso al estudio y pr?ctica de la medicina. El pleito de Caroline Norton Caroline Sheridan se hab?a casado a los diecinueve a?os con Richard Norton. Tras haber sufrido la violencia de su marido, ?ste se llev? a los tres hijos del matrimonio durante una visita de Caroline a su hermana. Caroline busc? refugio en su familia, pero 85 Idem, p. 121 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 160 no pudo volver a ver a sus hijos. Su marido present? en 1836 una acusaci?n contra Lord Melbourne, ?for ?criminal conversation? with his wife.? 87 No exist?an testigos, y el jurado desestim? el caso. Pero Caroline se encontr? con la total indefensi?n a que le relegaba su condici?n de mujer, ella no pod?a legalmente ni acusar a su marido por difamaci?n, ni defenderse de acusaci?n alguna, como mujer casada no exist?a ante la ley. Tampoco ten?a derecho alguno respecto a sus hijos, ni siquiera para poder verlos. Y su marido ten?a, sin embargo, derecho a retener todos sus bienes. Caroline Norton se embarc? en una lucha legal para recuperar el derecho a ver a sus hijos. ?In the summer of 1839 the Infants? Custody Act passed into law, a timid and hesitating measure, judged by modern standards, but nevertheless an immense and startling innovation.? 88 Caroline Norton nunca pretendi? ser una reformadora, ni siquiera apoyaba la causa feminista, pero su drama personal alcanz? ecos sociales y fue el detonante para comenzar una amplia campa?a a favor de la reforma de las leyes que regulaban el matrimonio y la familia, campa?a en que fue figura clave la feminista Barbara Leigh- Smith Bodichon. La creaci?n de Queen?s College y Bedford College En su inter?s por las mujeres trabajadoras, Frederick Denison Maurice y su hermana Mary, trataron de organizar conferencias para mejorar la preparaci?n de las gobernantas, ni?eras y profesoras. Con el apoyo de Charles Kingsley y la colaboraci?n de un grupo de profesores del King?s College de Londres, organizaron una serie de conferencias para se?oritas en 1847. Estas conferencias coincidieron con la recolecta de dinero llevada a cabo por una dama de honor de la reina, Miss Murray, con el mismo fin, form?ndose as? la Governesses?Benevolent Association. El ?xito conseguido con las conferencias les anim? a la creaci?n de una instituci?n permanente. As? naci?, en 1848, el Queen?s College de Londres, que ofrec?a una educaci?n superior a la dispensada hasta entonces por los centros para se?oritas. Al a?o siguiente se creaba Bedford College, fundado por Mrs. Raid, que a?ad?a la innovaci?n de tener un cuadro de direcci?n formado por hombres y mujeres. Eran los comienzos del movimiento por el derecho de las mujeres a una educaci?n superior, del que ser?a pionera Emily Davies, amiga de Elizabeth Garrett, a lo largo de la vida. 86 Idem, p. 174 87 Strachey, Ray. o.c. p. 35 88 Idem, p. 39 Mujer y Salud Cap. V.La otra cara de la moneda: El movimiento por los derechos de las mujeres 161 La convenci?n abolicionista En 1840, se celebr? en Londres la World?s Anti-Slavery Convention, a la que asist?an delegados y delegadas de Estados Unidos, incluido el l?der del movimiento abolicionista, William Lloyd Garrison, quien no pudo incorporarse a las sesiones del primer d?a. De los siete miembros de la delegaci?n norteamericana, cuatro eran mujeres, algo que result? inesperado para los organizadores ingleses. Y a estas mujeres se les impidi?, no solamente que pudiesen tomar la palabra, sino, incluso, que estuviesen presentes durante los debates. La ?nica forma en que pudieron hacerlo, fue sent?ndose detr?s de una especie de pantalla que las ocultaba. Al d?a siguiente de la apertura de la convenci?n, se incorpor? William Lloyd Garrison. Al conocer la situaci?n, se neg? a pronunciar su discurso y sigui? los debates, unido con las mujeres, tras la pantalla. Estos hechos no tuvieron una gran influencia en el movimiento de mujeres en Inglaterra. Sin embargo, fueron decisivos para impulsarlo en Estados Unidos. Dos de las mujeres a quienes se hab?a prohibido participar en los debates eran Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton, figuras claves del feminismo norteamericano. Ellas s? decidieron hacer algo. En 1848 organizaron una convenci?n de mujeres en la Wesleyan Chapel de Seneca Falls (Estado de Nueva York). Al final de la misma redactaron la famosa Declaration of Sentiments and Resolutions, bas?ndose en la Declaraci?n de Derechos de Estados Unidos. Esta Declaraci?n de Sentimientos constituye un documento clave para el feminismo, cuyas exigencias, no son a?n hoy una plena realidad. Las mujeres que lucharon por lograr su acceso a la profesi?n m?dica, lo hicieron en este marco de exclusi?n de la mujer, de visi?n profundamente negativa de sus cualidades y posibilidades, pero tambi?n de lucha pujante por una renovaci?n social. Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 163 CAP. VI. LAS MUJERES EN LA HISTORIA DEL CUIDADO DE LA SALUD ?Women could never function as autonomous or independent healers ?or without the supervision of a recognized male authority- unless the culture held a religious view that the primary deity was feminine, or had a strongly androgynous or bisexual nature. The instances in which women were recognized as the primary healers were taken from prehistory, from cultures that honored the Earth Mother or Great Goddess. Women in more recent traditions who functioned as sanctioned healers within the orthodox framework were anomalies, rare exceptions to the dominant male order.? 1 No podemos fechar la existencia de la primera mujer dedicada al cuidado de la salud, sino m?s bien afirmar con Jeanne Achterber que ?women have always been healers? 2 . Remont?monos a la larga ?poca en que la humanidad adoraba a deidades femeninas como fuente de vida, poder y sabidur?a. Las peque?as figuras prehist?ricas de piedra o hueso que presentan exagerados caracteres sexuales fueron probablemente utilizadas en rituales femeninos para asegurar la fertilidad o la protecci?n de la diosa durante el parto. ?A large number of diverse, widely placed cultures (such as the Amazon and Ona of South America, and the civilizations of ancient Crete and eastern Europe) have myths or artifacts from a very early time when women were the sole keepers of the magical arts.? 3 1 Achterberg, Jeanne. Woman as Healer. Rider. Londres, 1991. pp. 65-66 2 Idem, p. 1 3 Idem, p. 9 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 164 Nos referiremos en este cap?tulo a aquellas culturas de la antig?edad donde queda constancia de la existencia de mujeres sanadoras, y tambi?n a algunas de las mujeres desde la Edad Media hasta el siglo XIX de cuya actividad como doctoras o sanadoras queda testimonio. Sirva ello como reconocimiento de la presencia activa de la mujer en el cuidado de la salud a lo largo de los siglos. I. La Antig?edad Sumer Numerosas tablillas encontradas en investigaciones arqueol?gicas muestran que la regi?n de Mesopotamia, cuna de nuestra civilizaci?n, disfrut? de una ?poca de adoraci?n a la diosa, ?en que la descendencia a?n era matrilineal y las mujeres todav?a no estaban controladas por los hombres.? 4 Hasta el segundo milenio a. C., las mujeres sumerias participaban en actividades sagradas y, si estaban solteras, pod?an actuar como sacerdotisas-sanadoras. La diosa m?s importante era Inanna, o Ishtar, como la denominaron los asirios. Se la consideraba reina del cielo y de la tierra, se?ora de la noche y estrella de la ma?ana. Representaba el amor, la salud y el nacimiento. Los mitos de creaci?n de Mesopotamia incluyen ambos sexos, siendo la parte femenina quien da a luz al mundo. Y el pueblo sumerio puede considerarse fuente de la medicina. Lo que podr?amos considerar el texto m?dico m?s antiguo se recoge en dos tablillas sumerias. Tambi?n se han recuperado m?s de ochocientas recetas. ?In the grave site of Queen Shubad of Ur (3500 B.C.)? were found what could be surgical tools made of flint and bronze, as well as charms and amulets? 5 , as? como tablillas de arcilla, con recetas para combatir el dolor. Sus teor?as sobre el funcionamiento del cuerpo humano y sobre la enfermedad fueron transmitidas a trav?s de las rutas comerciales, a los fenicios, egipcios y griegos. Su creencia de que la enfermedad era causada por alguna forma de pecado, gusano o insecto, influy? en la tradici?n judeocristiana, reflejando al mismo tiempo su experiencia de las enfermedades parasitarias end?micas en la regi?n. Durante m?s de dos mil a?os, al menos hasta las invasiones semitas alrededor del 2600 a.C., las mujeres sumerias practicaron la medicina, habiendo ejercido tambi?n, al parecer, como 4 Eisler, Riane. El C?liz y la Espada. La alternativa femenina. H.F. Mart?nez de Murgu?a. Madrid, 1990, p. 73 5 Achterber, Jeanne, o.c. p. 17 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 165 cocineras, barberas y escribas. Alrededor del a?o 1000 a.C., la sociedad sumeria entra en decadencia y la mujer queda excluida de la educaci?n. En el a?o 700 a.C. no encontramos ya ninguna mujer doctora o escriba, aunque s? aparecen comadronas, nodrizas, cuidadoras... El papel de la mujer en el cuidado de la salud se hab?a degradado con su desplazamiento dentro de la sociedad, al ser desterrada la cultura de la diosa. Dinamarca Alrededor del a?o 1200 antes de Cristo, los daneses comenzaron a incinerar a sus muertos y a adorar una nueva diosa, Nerthus, que aparece representada sujetando una serpiente. Las serpientes entrelazadas son a?n hoy es el s?mbolo de la salud. Puede que ?la asociaci?n de serpientes y curaci?n provenga de una tradici?n a?n mucho m?s remota: la asociaci?n de la serpiente con la Diosa.? 6 Bien debido a los viajes de los comerciantes daneses o a las migraciones de las tribus indo-europeas, la diosa Nerthus ten?a un gran parecido con las diosas sumerias. ?Like Inanna and Ishtar of ancient Sumer, Nerthus was a healer who granted her skills to mortals formed in her image, i.e. women.? 7 La influencia de las deidades femeninas fue en aument? y alrededor del a?o 500 a.de C. las mujeres asumieron las funciones de adivinaci?n y curaci?n, como lo muestran los artefactos hallados en las tumbas. Egipto Varias diosas aparecen como protectoras de la salud en la mitolog?a egipcia: Isis era la gran diosa de la medicina. Sus hermanas Nefitis y Neith proteg?an de los males que atacan a los mortales en la oscuridad. Sekhmet, la mujer del dios m?dico Ptach, la diosa de cabeza de leona, era terapeuta y colocadora de huesos y proteg?a del fuego y las enfermedades. Bes proteg?a los lugares en que las mujeres daban a luz y Hathor, la diosa vaca, alimentaba a los beb?s y curaba la esterilidad. Ubastet, hermana de Sekhmet, era la diosa comadrona y Meskhenet, la del ?tero bicorne, cuidaba las piedras calientes sobre las que se agachaban las mujeres durante el parto. En el antiguo Egipto, la medicina estaba ligada al culto religioso y las mujeres no quedaban excluidas de su ejercicio: ?las mujeres participaban en el ejercicio m?dico, en el que exist?an varias categor?as: los sacerdotes, mediadores entre el enfermo y la diosa Sekhmet, los m?dicos laicos o escribas, y los magos. En Sais, existi? una 6 Eisler, Riane, p. 80 7 Achterber, Jeanne, o.c. p. 23 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 166 escuela de medicina en la que las ?Madres divinas?, especie de sacerdotisas, impart?an ense?anza, fundamentalmente sobre problemas ginecol?gicos, a estudiantes del sexo femenino.? 8 Plinio y otros autores nos han proporcionado informaci?n sobre la escuela de Heli?polis. Existi? asimismo otra escuela en Menfis. Eur?pides y Herodoto elogiaron la inteligencia y habilidad de las mujeres egipcias en la industria, el comercio, la jurisprudencia y la medicina. Seg?n Kate Campbell Hurd-Mead, la primera mujer doctora del per?odo antiguo vivi? en la quinta dinast?a, sobre el 2730 a. C. Su hijo fue un sacerdote en cuya tumba se describe a su madre como Doctora Jefe. En una capilla mortuoria en Tebas del 1420 a. C., aproximadamente, encontramos la pintura de una joven esclava operando el pie de otra mujer, bajo la atenta mirada de los hombres de la familia. En la tumba del cirujano Hr?nkhm-Say, en la regi?n de Menfis, del a?o 4500 a. C., aparecen pinturas representando cirujanos y enfermeras extirpando tumores, comadronas circuncidando ni?os, etc. Mencionaremos tres de los papiros m?dicos hallados, el encontrado por Georg Ebers en 1874, del siglo XVI a. C., sobre medicina, anatom?a y cirug?a; el papiro sobre cirug?a encontrado por Edwin Smith, y el papiro encontrado por Sir Fliners Petrie o papiro Kahun, del a?o 2500 a. C., sobre ginecolog?a y enfermedades veterinarias. Este texto muestra que se confiaba a ciertas mujeres la predicci?n del sexo del beb? antes de nacer, bas?ndose en el color del rostro de la madre embarazada, y se confiaba en ellas para el diagn?stico y tratamiento de la esterilidad femenina. Las reinas egipcias sol?an poseer conocimientos de medicina, y en las distintas ?pocas hubo mujeres doctoras y cuidadoras, libres y esclavas que se encargaron de la atenci?n a los enfermos y la preparaci?n de medicinas. Las doctoras hebreas Los hebreos parecen haber pose?do abundantes conocimientos m?dicos. Con seguridad conoc?an la medicina fenicia, egipcia y siria. Se encuentran referencias a mujeres doctoras y comadronas en diversos escritos de la tradici?n jud?a, entre otros, el Antiguo Testamento, el Talmud, el Niddah. En estos dos ?ltimos se mencionan operaciones de obstetricia llevadas a cabo por mujeres: embriotom?as, ces?reas, partos de gemelos, etc. ?... both men and women were well trained in diagnosis, were taught 8 Bernis Carro, Carmen y C?mara Gonz?lez, Cristina. La mujer en la constituci?n hist?rica de la Medicina, en Liberaci?n y Utop?a, Akal. Madrid, 1982, p. 207 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 167 when and how and where to bleed their patients, condemned the drinking of wine before the age of forty, and had a long and useful list of remedies for every disease.? 9 Las comadronas conoc?an el uso del esp?culo y otros instrumentos y eran capaces de realizar la versi?n occipital. Aunque no se disponga de fuentes arqueol?gicas que nos proporcionen el nombre de alguna de aquellas mujeres, puede suponerse que eran numerosas en cada comunidad. Grecia Los distintos textos consultados hacen referencia a un alto n?mero de mujeres relacionadas con la pr?ctica de la medicina en la antigua Grecia. En primer lugar, encontramos diversas diosas de la salud, a las que los enfermos dedicaban ex-votos y tablillas agradeciendo su curaci?n. Entre ellas citaremos a D?meter, cuidadora de mujeres y ni?os, y Pers?fone, que curaba los dientes y los ojos, cuyos ritos se celebraban en Atenas en primavera, incluyendo una procesi?n a Eleusis, donde tambi?n se adoraba a Diana y Eileicia, la comadrona de los dioses. Medea y Circe, especialistas en venenos y ant?dotos. Genetilis, la diosa a quien se dirig?an las mujeres que deseaban quedar embarazadas. Diana, la diosa del parto, junto con su compa?era Rea, a quien se atribu?a haber tra?do a Grecia las medicinas cretenses. Rea y Diana eran adoradas junto con Apolo en Delfos, donde los peregrinos acud?an a buscar consejo y curaci?n. Las aguas de fuentes consideradas sagradas, los remedios a base de hierbas, los ba?os, y el ejercicio f?sico, junto con el trance hipn?tico, eran pr?cticas comunes en estos grandes templos relacionados con la curaci?n de los enfermos. Las dos hijas del dios Helios eran adoradas en Rodas como comadronas y sanadoras. En Atenas y Corinto, Isis y Afrodita, al igual, que las musas, ninfas y nereidas eran llamadas iatroi, o sanadoras. En Oropus, se adoraba a Atenea, las cuatro hijas de Esculapio, Artemisa, Afrodita y Leto. Afrodita, bajo forma de paloma, curaba las enfermedades de la piel y las fiebres infantiles, Artemisa y Atenea curaban la ceguera mediante el uso de hierbas, Leto interven?a en los partos dif?ciles. En Argos, Hera fue la principal divinidad curadora. La principal deidad de la salud fue Esculapio, junto con sus hijas. La mitolog?a nos relata que Esculapio naci? en el monte Titi?n, sobre el Epidauro, siendo hijo de Apolo y una doncella llamada Coronis. Casado con Eipone tuvo siete hijos, todos doctores. Pero son sus hijas Hygeia y Panacea quienes tienen especial relevancia. 9 Hurd-Mead, Kate Campbell. Great Women of Medicine. Random House. Nueva York, 1964, p. 25 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 168 Existieron en Grecia m?s de trescientos templos-sanatorios dedicados a Esculapio y sus hijas, siendo el m?s importante el de Epidauro. Las hijas de Esculapio aparecen siempre representadas con el s?mbolo de la medicina: las serpientes entrelazadas. Tambi?n las mujeres sanadoras griegas suelen ser representadas como cuidadoras de serpientes. Con anterioridad al siglo VII a. C., las hijas de Esculapio aparecen a menudo representadas en vasos, estatuas y frescos desempe?ando tareas curativas por s? mismas. A partir de esa fecha s?lo aparecen como ayudantes de su padre, lo cual puede indicarnos la posibilidad de un papel importante de las mujeres como sanadoras en la Grecia antigua que va perdi?ndose en la ?poca cl?sica. Mary Olgivie hace referencia a Agameda, nacida en Elis en el siglo XII a. C., hija de Augeas, rey de Epeans, citada por Homero en la Iliada, como mujer experta en la utilizaci?n de plantas medicinales con fines curativos. Se dice de ella que conoc?a todas las virtudes de cada hierba medicinal que crece a lo largo y ancho del mundo. Holt N. Parker menciona como primera mujer griega cuyo nombre nos es conocido a ?Phanostrate, ?(350 B.C. from Acharnai in Atica), ?who is called on her gravestone ?midwife and doctor? ...simply using ?iatros?, the regular Greek word for doctor. Phanostrate thus boasted that she was not merely a midwife but offered other medical services as well, services which entitled her to be called a doctor.? 10 Y ya hemos mencionado en el Cap. I a Agnodike, nacida y muerta en Atenas durante el ?ltimo tercio del siglo IV a. C. Su historia aparece referida por primera vez en una de las F?bulas de Higinio, el bibliotecario del Emperador Augusto, siendo citada posteriormente por Plinio y otros autores. Una base de estatua hallada en Tlos, peque?a ciudad de Licia, presenta una inscripci?n, relativa a Antioquia de Tlos, hija de Diodoto, ?commended by the council and the people of Tlos for her experience in the doctor?s art? 11 , y quien hab?a hecho erigir su estatua ella misma, lo que prueba que se trataba de una mujer libre y rica, siendo quiz?s su padre el Diodoto nombrado por Dioscorides como importante doctor en su Materia Medica. 10 Parker, Holt N. Greece,Rome and the Byzantine Empire, en Furst, Lilian R. Women Healers and Physicians. Climbing a Long Hill, The University Press of Kenctucky, 1997, pp. 131-148, p. 133 11 Idem, p. 134 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 169 Roma En primer lugar encontramos al igual que en Grecia diversas diosas de la salud, entre ellas Bona Dea, s?mbolo de la fertilidad, la salud y la longevidad. En los templos dedicados a esta deidad s?lo las mujeres estaban autorizadas para tratar las enfermedades de las pacientes que acud?an. Fortuna era la diosa de las j?venes que deseaban ser madres. Carna era la deidad de los ?rganos masculinos y femeninos internos. Febris, la deidad de las fiebres malarias, a quien se dedicaban tres templos en las colinas de Roma, donde iban los pacientes para ser purificados mediante el uso de hierbas amargas y una dieta severa. Minerva era la principal diosa de la salud. En el Lago Nemi se ofrec?an numerosas ofrendas a Diana como suprema diosa curadora. Eran numeros?simos los ex-votos ofrecidos por los pacientes en los distintos templos relacionados con la curaci?n de enfermedades: el de Esculapio en la isla Tiberina, el de Minerva en la colina Esquilina, el de Diana en el Lago Nemi, etc. Sabemos que las mujeres romanas ten?an conocimiento del uso de hierbas con fines curativos y con fines abortivos. En este sentido se entiende la acusaci?n que reciben con frecuencia de envenenadoras. En cuanto a la atenci?n al parto, ?la profesi?n de parteras era ejercida exclusivamente por mujeres. El nombre obstetrix, en femenino y sin paralelo masculino como en el caso de medicus/medica est? emparentado con el verbo obsto ?colocarse delante? y tiene el sentido de ?la que se sit?a frente a la mujer que va a parir para recibir al ni?o?.? 12 Sin embargo, la asistencia de m?dicos al parto era excepcional. La partera era objeto de valoraci?n, y parece que su labor se extend?a a la atenci?n ginecol?gica, no s?lo en el momento del parto. Sorano la define como ?mujer conocedora de todas las causas de las se?oras y tambi?n experta en el ejercicio de la medicina.? 13 S?crates, hijo ?l mismo de una partera, hace una gran alabanza de las mujeres comadronas, de su capacidad para saber si una mujer est? o no embarazada, acelerar el momento del parto, apaciguar los dolores y provocar el parto a las que tienen dificultades para parir. Sorano proporciona pr?cticamente el primer tratado de instrucciones para la formaci?n de comadronas, indicando qu? caracter?sticas deben reunir. No se sabe con exactitud en qu? fecha aparecen las primeras doctoras, cuyo origen pudo estar en el recato de las j?venes a recibir tratamiento ginecol?gico de un 12 Hoyo Calleja, Javier del. ?La Mujer y la Medicina en el Mundo Romano?, en Asclepio, vol. XXXIX, 1987, pp. 125-139, p. 131 13 Idem, p. 137 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 170 hombre. Ya en el corpus hipocr?tico se hac?a referencia a que el reconocimiento por tacto vaginal era efectuado por la propia enferma o por una mujer de su entorno, bajo las orientaciones del m?dico: ?Un caso significativo sobre el recurso a m?dicos de uno u otro sexo nos lo describe Eur?pides en su Hip?lito. La nodriza pregunta a Fedra si sufre alguna enfermedad que desea callar (de car?cter ?ntimo), en cuyo caso mujeres hay all? para cuidarla; o si su malestar reclama m?dicos, pues entonces a ellos se dirigir?.? 14 En un estudio realizado sobre inscripciones en tumbas romanas, se han hallado hasta diecinueve referencias a mujeres m?dicas: ?dos en Hispania, cuatro en Galia, nueve en Roma, tres en el resto de Italia, y una en el norte de Africa... De ellas la mayor?a son esclavas o libertas, pero no faltan ingenuae (libres de nacimiento).? 15 Al parecer, estas mujeres se dedicaban fundamentalmente a la ginecolog?a. Ya en los primeros siglos despu?s de Cristo, muchas mujeres practicaron la medicina, no s?lo como comadronas, sino aplicando diferentes tratamientos terap?uticos. ?In the first centuries A.D., many women practiced a full range of therapeutics in addition to the profession of midwifery.? 16 Celso, principal escritor m?dico del siglo primero despu?s de Cristo, describe a las mujeres sanadoras como comprometidas con su trabajo, capaces de diagnosticar mediante el examen de la orina, aplicar sanguijuelas y administrar narc?ticos para la cirug?a. ?Sorano de Efeso escribi? un libro de obstetricia y ginecolog?a dedicado a estudiantes mujeres. Diferencia entre mujer-m?dico y partera y se dan algunas nociones sobre anticonceptivos; se discute tambi?n la diferencia de sexos en cuanto a la forma de enfermar y se muestra partidario, en contraposici?n a los hipocr?ticos, de que las mujeres tienen una forma de enfermar caracter?stica y deben ser tratadas por mujeres. En numeroso escritos romanos, por ejemplo en el ?Libro de Scribononius Largus?, encontramos citas de mujeres, hijas o esposas de hombres influyentes, que hab?an estudiado medicina con alg?n maestro, pero cuya pr?ctica no era p?blica, sino limitada a la familia y conocidos. As? se cita a Octavia, hermana de Augusto, que ejerc?a diversas pr?cticas y escribi? un libro de prescripciones para el dolor de muelas.? 17 Plinio el Viejo, quien muri? observando la destrucci?n de Pompeya el a?o 79 d. C., en su Historia Natural, hace referencia a mujeres que practican la medicina en el siglo I a. C., mencionando trescientas veintisiete autoras griegas y cuarenta y seis 14 Idem, p. 128 15 Idem, p. 128 16 Achterber, Jeanne, o.c. p. 35 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 171 romanas. Entre ellas, Olympia de Tebas, comadrona, con amplios conocimientos sobre el uso de las hierbas medicinales; Salpe, asimismo comadrona, quien escribi? sobre las enfermedades de los ojos y de cuyos remedios nos informa Plinio, citando, entre otros, el uso de preparaciones a partir de test?culos y m?dula ?sea; Sotira, quien ten?a fama de lograr curaciones importantes; Elefantis, y Lais, famosa por sus curas de la malaria utilizando sangre menstrual, doctoras a quienes ya nos referimos en el Cap?tulo I. Asimismo existen otras referencias de mujeres sanadoras del siglo I, entre ellas la ya mencionada Octavia, hermana de Augusto, quien invent? muchos remedios, entre ellos una f?rmula para el dolor de muelas recogida por Escribonio. Tambi?n S?neca escribi? sobre la habilidad de la doctora que lo atend?a. En el siglo II, Galeno menciona diversas mujeres sanadoras y sus remedios: Origenia, que proporcion? tratamientos para la hemotisis y la diarrea; Eugerasia, quien ten?a un remedio para la nefritis, y Antioquia, amiga y colaboradora suya en la escuela de medicina de la Colina Esquilina en Roma, que se especializ? en artritis y enfermedades de la m?dula. Su ciudad natal en Asia Menor elev? un monumento en su memoria. Recordemos tres doctoras ya mencionadas en el Cap?tulo I: Metrodora, contempor?nea de Sorano, que escribi? un tratado sobre las enfermedades del ?tero, el est?mago y los ri?ones, del que se conserva en Florencia una versi?n manuscrita del siglo doce; Cleopatra, cuyo texto ginecol?gico sirvi? como referencia durante varios siglos, y Margareta, ?who had an unusual appointment as an army surgeon? 18 . La obra de Metrodora puede considerarse el primer tratado de ginecolog?a escrito por una mujer. Contiene sesenta y tres cap?tulos organizados en siete secciones. Comienza con una afirmaci?n general sobre el ?tero como fuente de enfermedades, de influencia hipocr?tica. Contin?a con cap?tulos dedicados a la inflamaci?n y otras enfermedades del ?tero y proporciona consejos para curar la esterilidad y para conseguir la concepci?n (tanto de forma general, como espec?ficos para engendrar hijos de uno u otro sexo). Trata asimismo de las enfermedades del pecho femenino, y de tratamientos cosm?ticos, para el cuidado de la mujer. Aunque incluye algunas recetas para facilitar el parto, su obra no es un tratado de obstetricia. ?Her focus is entirely on pathology... her writing covers the full area of medical practice, with the exception of surgery? 19 , lo que la coloca al mismo nivel que los tratados escritos por hombres doctores. Demuestra un 17 Bernis Carro, Carmen y C?mara Gonz?lez, Cristina o.c. p. 209 18 Achterber, Jeanne, o.c. p.36 19 Parker, Holt N., o.c. p. 139 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 172 conocimiento directo de las obras hipocr?ticas y, al mismo tiempo, hace varias aportaciones personales, como una clasificaci?n de distintos fluidos vaginales, y numerosos preparados terap?uticos. ?In Metrodora?s work we catch a glimpse of a remarkable woman: a practicing physician who was a scholar of the literature of her field and made original contributions to physiology, etiology, diagnosis, and treatment.? 20 Otra importante doctora de este periodo es Aspasia, a quien conocemos por los fragmentos de su obra citados por Aecio, escritor de Mesopotamia en el siglo VI d. C., en su enciclopedia Tetrabiblion. Aspasia escribi? sobre ginecolog?a y obstetricia, estando especialmente interesada en la medicina preventiva en el embarazo. Aecio alaba su capacidad de diagnosticar las posiciones fetales y tratar la dismenorrea. Aspasia ?prescribed these methods of preventing miscarriage: avoid chariot rides, needless worry, and violent exercise.? 21 Para los casos de estrechez del canal del parto, aconsejaba ?the applications to the vulva of hot lotions of olive oil, mallows, flax seed, and the oil from a swallow?s nest.? 22 Se ocup? asimismo del control de la natalidad, mediante la prevenci?n del embarazo y el aborto provocado. ?Her method of birth control (to be used only in the case of health problems) was wool tampons soaked in herbs, pine bark, myrrh, wine, and other relatively benign ingredients.? 23 Para provocar el aborto aconsejaba sacudir a la paciente al treceavo d?as tras la primera falta del periodo, levantar pesos, usar duchas vaginales con infusiones de fuertes hierbas, tomar ba?os caliente y beber una mezcla de distintas plantas. ?For a displaced uterus she advised tampons of tar or bitumen, soaked in hot oil.? 24 Dio incluso instrucciones para realizar extracciones de tumores y hemorroides uterinas, y para tratar hernias intestinales. El libro de Aecio, basado fundamentalmente en los escritos de Aspasia y Cleopatra, fue el principal texto utilizado por las mujeres doctoras hasta la aparici?n de las obras de Tr?tula de Salerno en el siglo XI. Tambi?n cita Aecio a una doctora egipcia contempor?nea suya llamada Andr?maca, quien utilizaba distintos remedios para aliviar el dolor, as? como para la curaci?n de ?lceras y luxaciones. 20 Idem, p. 140 21 Idem, p. 37 22 Idem, p. 37 23 Idem, p. 37 24 Idem, p. 37 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 173 En los primeros siglos del cristianismo, es muy importante la labor de las mujeres cristianas como sanadoras y cuidadoras. Mencionemos como ejemplo a Fabiola, en el siglo IV, convertida al cristianismo a los veinte a?os de edad. Era una de las quince seguidoras de San Jer?nimo que practicaban la medicina con los pobres. Tanto ella como Santa Nicerata son representantes de las mujeres que en los primeros siglos del cristianismo practicaron la medicina con fines caritativos. Fabiola cre? un hospital para tratar a aquellos que eran abandonados por sufrir enfermedades que provocaban fuerte rechazo social. San Jer?nimo nos brinda los nombres de otras quince mujeres de su ?poca que hab?an estudiado medicina y se dedicaban al cuidado de los enfermos sin recibir remuneraci?n alguna. Entre los grandes hospitales del siglo IV debemos citar el fundado por San Basilio de Capadocia y su hermana Macrina, quienes hab?an estudiado medicina en Atenas. San Cris?stomo de Antioqu?a, arzobispo de Constantinopla a finales del siglo IV y principios del V, menciona varias mujeres doctoras de su tiempo, entre ellas Olimpia, viuda y diaconisa a los veinte a?os, quien fue cabeza de una comunidad de mujeres dedicadas al cuidado y curaci?n de los enfermos. La madre de San Cris?stomo, Aretusa, colabor? con ?l en el control de trescientos cuarenta y siete hospitales conectados con iglesias en Constantinopla. Teodoro Prisciano alaba, entre otras, el trabajo de tres mujeres doctoras del siglo IV a quien conoci? personalmente: Leoparda, Salvina y Victoria. Asimismo en el siglo IV encontramos a Santa M?nica, la madre de San Agust?n, quien atend?a a los pobres y enfermos utilizando sus propios medicamentos cuando era preciso, cuidando a las parturientas y dando alivio a los moribundos. Juntos estudiaron medicina madre e hijo y discutieron la viabilidad del feto, decidiendo que un beb? era viable desde el segundo mes de vida intrauterina, y un ser legal desde el cuarto mes, cuando se diferenciaba el sexo. Esta decisi?n resolvi? la controversia dentro de la Iglesia durante siglos. En el siglo V, encontramos a San Benito y su hermana Escol?stica quienes recorrieron Italia atendiendo a los enfermos y ense?ando a otros a hacerlo durante una cruda epidemia. Mientras San Benito iniciaba su orden en las colinas Sabinas cerca de Roma, Escol?stica fundaba hospitales y preparaba enfermeras ense??ndolas a ba?ar y cuidar a los enfermos, administrarles el alimento, atender a los moribundos, etc. En el a?o 528, San Benito traslad? su orden a Monte Casino, donde sus monjes trabajaron como copistas de obras relacionadas con el cuidado de la salud, traslad?ndose en el siglo X a Salerno, lo que posiblemente contribuy? a la creaci?n de la escuela de Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 174 medicina de este lugar. En el Imperio Bizantino, la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano, fund? hospitales para los enfermos en todo el imperio, siguiendo el modelo de Fabiola. Asimismo sabemos que se pagaban altos precios por las mujeres doctoras de origen griego que se vend?an como esclavas. En el siglo VI encontramos reinas dedicadas a la fundaci?n de hospitales y atenci?n de los enfermos, como Clotilde de Burgundia, esposa del rey Clovis, o Radegunda, esposa de Clotario, hijo de Clovis, quien vendi? sus joyas para construir un importante hospital en Poitiers, donde cuidaba a los enfermos y ense?? a doscientas enfermeras. Colocaba huesos, vendaba heridas, preparaba remedios y copiaba manuscritos. Y finalmente, Julia Anicia, hija del emperador del Este, nacida en Constantinopla en el 472, quien estudi? medicina en la corte. Mencionemos finalmente que un testimonio de la importancia y popularidad de las mujeres doctoras son las l?pidas de sus tumbas, tanto en Grecia como en Roma y en los primeros tiempos del Cristianismo, como indica la doctora Hurd-Mead, refiri?ndose a los primeros siglos de nuestra era: ?It seems hopeless to look now for the names of the men and women who must have given practical help to the lame, the halt, and the blind, of those days. And yet, as in the centuries just before Christ and after, we have at least the evidence of tombstones; and, after all, that is evidence enough. We know from them that it was no uncommon thing for women doctors ? and, of course, it is that great anonymous body of women doctors through this dark period in which we are most interested- to be buried with honour by their parents, children, husbands, patients or slaves.? 25 Y a continuaci?n Hurd-Mead nos brinda algunos ejemplos, como el siguiente, perteneciente a una l?pida de un enterramiento cristiano del siglo V o VI que se conserva en el Museo de Berl?n: ?To my sainted goddess Priscilla, a medical woman, daughter of Lucius Vibius Meliton; she lived forty-four years, of which thirty were without trouble with Lucius Cocceius Aphorus, who erected this monument to the best and purest of wives and to himself.? 26 Resumimos este apartado con una cita de Gillian Clark, refiri?ndose a la salud de las mujeres en los primeros siglos despu?s de Cristo: ?Medicine was part of the lives of ordinary women. They were agents as well as patients, the first line of defence against illness. Hospitals were available, as one form of Christian charity, from the late fourth century, but sick people who had homes were usually nursed there: women supervised diet and tried out traditional remedies. Some women were acknowledged experts on illness and medicines generally; others 25 Hurd Mead, Kate Campbell, p. 87 26 Idem, p. 87 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 175 especialized in childbirth and the problems associated with reproductive life, including ?female complaints? and sexual difficulties. It was easier and cheaper to call on them than to employ a doctor with a professional training.? 27 II. La mujer sanadora desde la Edad Media hasta el siglo XVI A lo largo de la Edad Media la mujer segu?a teniendo un papel fundamental en el cuidado de la salud. ?Much of the responsability for the administration of medical aid in the Middle Ages fell upon the women?. 28 En el hogar, la mujer cuidaba a los enfermos de sus familias, por tanto, gran parte del cuidado de los enfermos ven?a dispensado por las mujeres dentro del propio ?mbito dom?stico. En las enfermer?as de los conventos, las religiosas dispensaban cuidados, administraban hierbas curativas y realizaban sangr?as. En los hospitales atend?an a pobres y enfermos. Y tambi?n eran mujeres quienes atend?an a otras mujeres en el momento del parto. ?These duties fell so obviously within women?s sphere that they were naturally so accepted in much contemporary writing.? 29 Los tratados de medicina se refieren a las pr?cticas de las sanadoras desde un punto de vista profesional. Las historias de los conventos mencionan la dedicaci?n de las mujeres encargadas de la enfermer?a, e incluso los libros de consejos morales para religiosas y seglares, mencionan las responsabilidades de las cuidadoras de enfermos. Encontramos tambi?n referencias a la actividad de la mujer como sanadora en la literatura, por ejemplo, ?in Le Roman de Tristan by Thomas of Britain and in Erec et Enide by Chretien de Troyes, the major characters accomplished cures.? 30 Una prueba de la responsabilidad atribuida a la mujer en el cuidado de su propia salud, la constituyen los tratados dirigidos a mujeres cultas. Por ejemplo, en el siglo XIV se hace una traducci?n de la obra De passionibus mulierum, tratado ginecol?gico del siglo XI, ?in order that women might diagnose and treat their diseases.? 31 Se consejaba en la introducci?n, que aquellas que supieran leer transmitieran los conocimientos a las analfabetas, de manera que unas y otras pudieran ayudarse en sus enfermedades, sin recurrir a los conocimientos de los hombres. 27 Clark, Gillian. Women in Late Antiquity. Clarendon Press. Oxford, 1993, p. 63 28 Hughes, Muriel Joy. Women Healers in Medieval Life and Literature. King?s Crown Press. Nueva York, 1943, p. 1 29 Idem, p. 1 30 Idem, p. 1 31 Idem, p. 19 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 176 En este campo de la atenci?n de las mujeres al cuidado de las propias mujeres, recordemos que las comadronas tuvieron el monopolio de la atenci?n al parto hasta bien entrado el siglo XVII. Su importancia bien merecer?a un estudio exclusivo, que desborda los l?mites de este trabajo. Pero, adem?s, hay que tener en cuenta que las comadronas formaban parte de una comunidad mucho m?s amplia de mujeres practicantes de la medicina. La participaci?n de las mujeres en la medicina no se limitaba a la atenci?n del parto. Las mujeres especialistas o profesionales, es decir las mujeres que en alg?n momento de sus vidas se hab?an identificado a s? mismas o hab?an sido identificadas por su comunidad en t?rminos de su pr?ctica m?dica, se encontraban en todos los niveles de la medicina. ?Women were scattered throughout a broad medical community consisting of physicians, surgeons, barber-surgeons, apothecaries, and various uncategorizable empirical healers.? 32 Y la mayor parte de las mujeres condenadas como brujas eran simplemente sanadoras no profesionales al servicio de la poblaci?n campesina, tema sobre el que volveremos m?s adelante. En los conventos de monjas de los siglos XII, XIII y XIV, una religiosa elegida entre las m?s expertas, ayudada por varias hermanas legas, se encargaba de la enfermer?a, donde cuidaba a las monjas ancianas o enfermas. ?The work of the infirmarian consisted of bathing and feeding the patients and giving them the medicines that were considered helpful for their ailments.? 33 Asimismo practicaba peri?dicamente sangr?as al resto de religiosas, con car?cter curativo o preventivo, ?part of her work was to perform the operation of bloddletting upon the nuns. She would ordinarily learn the process from the abbess or from a visiting surgeon.? 34 Muchos conventos dispon?an asimismo de otra enfermer?a donde atend?an a enfermos de distinto tipo. Y algunas hermanas legas dispensaban sus cuidados en los pueblos cercanos al convento. A lo largo del siglo XII, comenzaron a construirse hospitales, dedicados en principio a los heridos en las Cruzadas. Estos hospitales albergaban una variedad de personas necesitadas: ?the main types of inmate included the sick, the old, the blind, the lepers, orphans, pilgrims, and unfortunates of all kinds.? 35 Estos hospitales estaban atendidos por hombres y mujeres, religiosas, quienes se ocupaban del bienestar f?sico y espiritual de los acogidos. ?The staff of the typical medieval hospital usually consisted 32 Green, Monica. ?Women?s Medical Practice and Health Care in Medieval Europe?, en Signs, Invierno 1989, pp. 435-473, p. 439 33 Hughes, Muriel Joy, o.c. p. 124 34 Idem, p. 127 35 Idem, p. 115 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 177 of a warden (who was also a trained physician), a priest, and a prioress, brothers and sisters, and servants.? 36 Muchos doctores instru?an a sus hijas y esposas para que les ayudaran en su pr?ctica. Encontramos as? referencia a mujeres que fueron contratadas junto con sus esposos, y viudas que continuaron la actividad de sus maridos tras la muerte de ?stos. ?Seg?n la costumbre, se permit?a a las viudas de los maestros cirujanos mantener sus establecimientos abiertos para realizar sangr?as y afeitar barbas. Sin embargo, no era inusual que las viudas ofrecieran tambi?n el resto de los servicios que normalmente desarrollaba un cirujano juramentado, a pesar de que carec?an de formaci?n oficial.? 37 Muy especialmente, el oficio de barbero estuvo desempe?ado por hombres y mujeres. No existen muchas referencias al respecto en Italia ni Alemania, pero s? en Francia. Son, evidentemente, desconocidos los nombres de los miles de mujeres que desempe?aron durante siglos distintas actividades relacionadas con el cuidado de la salud, y no hallamos referencias de las numerosas comadronas ni de las curanderas que atend?an a los pobres. En los apartados siguientes haremos menci?n de algunas mujeres, de las que ha quedado constancia en los anales de la historia. Sirva ello, ?nicamente, como reconocimiento del importante papel desempe?ado por la mujer como sanadora. El proyecto ut?pico propuesto por el abogado y oficial franc?s Pierre Dubois, a comienzos del siglo XIV, para conquistar Tierra Santa, es ilustrativo de las habilidades relacionadas con el cuidado de la salud, que se esperaba tuviera la esposa ideal de un noble. Dubois propon?a la creaci?n de dos o m?s escuelas para chicos y otras tantas para muchachas. Los j?venes formados en estas escuelas ser?an despu?s enviados a Oriente. Ambos sexos deb?an adquirir conocimientos de lat?n, l?gica, griego o ?rabe y alguna lengua oriental, as? como teolog?a. Algunos muchachos recibir?an conocimientos en leyes, otros en medicina, y otros se ordenar?an como sacerdotes. ?the curriculum proposed for the girls was quite distinctive. All the girls were to be taught medicine and surgery; they were also to be instructed in all the preliminary arts, including logic and natural philosophy, needed for a mastery of medicine.? 38 Las muchachas m?s bellas ser?an enviadas para que contrajesen matrimonio con importantes y ricos hombres de 36 Idem, p. 115 37 Klairmont-Lingo, Alison. Las mujeres en el mercado sanitario de Lyon en el siglo XVI, en Cabr?, Montserrat y Ortiz, Teresa (edits.), Sanadoras, matronas y m?dicas en Europa, siglos XII-XX, Icaria, Barcelona, 2001 38 Herlihy, David. Opera Muliebria. Women and Work in Medieval Europe. McGraw Hill, Nueva York, 1990, p. 108 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 178 Oriente. Poco a poco, estas mujeres cultas lograr?an la conversi?n de sus esposos e hijos y, sobre todo, la de las mujeres orientales ??whom they help by the practice of medicine and of surgery, and especially in regard to their secret ills and needs?. Drawing great personal benefits from the medical skills of the western wives and maidens, the women of these eastern regions would come to admire and to love their benefactors; they would therefore want to join them in the Roman communion.? 39 La Escuela de Salerno No se conoce con exactitud la fecha de creaci?n de la importante escuela de medicina de Salerno, en el sur de Italia, aunque se cree fue fundada alrededor del a?o 1000, pas? a formar parte de la universidad de N?poles en el siglo XIII, y estuvo en funcionamiento hasta su cierre por decreto de Napole?n en 1811. Estaba situada en un lugar famoso por sus aguas curativas y que serv?a como puerto de entrada a los peregrinos que regresaban de Palestina. Entre su alumnado y profesorado figuraban hombres y mujeres de origen griego, jud?o, ?rabe y latino. Conocemos el nombre de cuatro mujeres graduadas en la escuela de Salerno: Abella, Rebeca, Constanza, Mercuria y Trota o Tr?tula, aunque probablemente fuesen comadronas m?s bien que m?dicas o cirujanas. Abella escribi? dos tratados de medicina en verso: De Atrabile, y De natura seminis humani, ambos desaparecidos; Mercuria, cirujana, ?wrote on the crisis in fevers, on ointments, and on the cure of wounds? 40 , y Rebecca, escribi? sobre la fiebre, la orina y el embri?n. Varias obras de ginecolog?a y cosm?tica fueron atribuidas a Trota, la m?s famosa de las doctoras de Salerno, bajo el nombre de los Tratados de Tr?tula, y ha existido gran pol?mica sobre la autor?a de las mismas. Seg?n afirma John F. Benton en su trabajo ?Tr?tula, Women?s Problems and the Professionalization of Medicine in the Middle Ages?, Bulletin of the History of Medicine, 1985, tan s?lo fue obra suya el manuscrito denominado Practica secundum Trotam. Algunos de los remedios propuestos en este tratado resultaban muy avanzados para su tiempo, ?for instance, for vulva abscess she recommended lancing, dilating, draining, and applying medicated oils to soothe and aid healing. For prolapsed uterus she advised that the uterus be restored to its proper position and held in place by sponges or tampons soaked in 39 Idem, p. 109 40 Klairmont-Lingo, Alison, o.c. p. 225 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 179 astringents? 41 , sin dejar de mencionar sus remedios para que las j?venes reci?n desposadas pudieran fingir la virginidad perdida con anterioridad. Fue tambi?n la primera en describir las manifestaciones dermatol?gicas de la s?filis. Escribi? asimismo sobre tratamientos de belleza y la necesidad de la higiene corporal, aconsejando ba?os y aplicaci?n de lociones antis?pticas, y la importancia de practicar la cirug?a con extrema limpieza evitando contaminaciones. Incorporaba tambi?n pr?cticas anteriores, tales como la sangr?a. Algunas de sus indicaciones para curar la esterilidad o determinar el sexo del feto se basan en creencias supersticiosas. ?If a woman was afraid of pregnancy, Trotula advised her to take a stone, wrap it in skin, and wear it with a testicle of a pig and a grain of barley for each month she wishes not to conceive.? 42 No olvidemos que este mismo tipo de pr?cticas era recomendado por los doctores hombres. Santa Hildegarda de Bingen Las Cruzadas provocaron la necesidad de atender a numerosos heridos y moribundos, no s?lo en Tierra Santa, sino tambi?n a lo largo del recorrido. El trabajo de las mujeres, religiosas dedicadas al cuidado de los enfermos, fue fundamental en los distintos conventos-hospitales fundados en Jerusal?n y en las rutas de los cruzados. Citemos algunas de las abadesas que deben incluirse entre las mujeres doctoras de la historia: Elo?sa, quien practic? y ense?? artes curativas durante veinte a?os tras su desafortunada historia de amor con Abelardo; Santa Hilda de Withby; Hedwig de Silesia, santa patrona de Polonia; Herrade de Landsberg, abadesa en Alsacia, quien escribi? una enciclopedia sobre las plantas y su uso y construy? un gran hospital en su monasterio dirigido por ella como doctora jefe y, la m?s sobresaliente entre todas, su amiga, Santa Hildegarda de Bingen. Hildegarda naci? en 1098, en Boeckelheim, a algunas millas de la localidad de Bingen, siendo la menor de una amplia familia de la nobleza. Fue enviada al convento a los ocho a?os bajo la tutela de la abadesa, t?a suya. A los treinta a?os sucedi? a su t?a como abadesa, y alg?n tiempo despu?s comenz? a escribir sus tratados teol?gicos y filos?ficos inspirados, seg?n Hildegarda, por las voces y visiones que experimentaba estando despierta. Entre los a?os 1141 y 1158, escribi?, ayudada por varios monjes y monjas copistas, sus obras Scivias y Liber Vitae Meritorum. A partir de 1163, comenz? 41 Achterber, Jeanne, o.c. p. 49 42 Idem, p. 49 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 180 sus obras sobre medicina: la Physica, el Liber Compositae Medicinae, en ocho partes y el Liber Operum Simplicis Hominis. La Physica fue imprimida por primera vez en el siglo XVI y puede considerarse el resumen de los conocimientos m?dicos del siglo XII. Su obra Liber Subtilitatum incluye observaciones sobre zoolog?a, bot?nica, medicina popular y psicolog?a. El Liber Divinorum Operum, escrito cuando contaba setenta y cinco a?os, consta de 187 cap?tulo sobre anatom?a, fisiolog?a y los cambios atmosf?ricos que provocan las enfermedades. Consideraba el cerebro como el ?rgano que dirige los sentidos y funciones del cuerpo, y atribu?a la fatiga a la sobre-excitaci?n de los nervios provocada por la descomposici?n de los humores. Otra de sus obras m?dicas fundamentales es la titulada Causae et curae. Tanto la Physica como Causae et curae, tambi?n denominada Liber Compositae Medicinae, al contrario que sus escritos m?sticos, est?n divididas en libros y cap?tulos y est?n escritas en un estilo directo y did?ctico. Son las ?nicas obras que no atribuye a revelaci?n. Hildegarda resulta en muchos aspectos una figura apasionante. Sus teor?as y tratamientos se apartan de otras obras anteriores. Escribi? una descripci?n apasionada y realista de los aspectos biol?gicos del orgasmo femenino, que no aparece en ning?n otro escrito m?dico de la Edad Media. Entre los medicamentos recomendados, incluye 485 plantas que recomienda tomar en dosis m?nimas, similares a las usadas en homeopat?a. Su discusi?n de la circulaci?n sangu?nea presagia el modelo de William Harvey en el siglo XVII. Sin embargo, no hay constancia de que aplicara nunca sus remedios en la pr?ctica. Su teor?a de la generaci?n es una versi?n po?tica de Arist?teles con a?adidos personales: cre?a que el hombre proporciona la forma y el alma y la mujer el alimento a partir de su sangre menstrual. Pero Dios env?a el alma al beb? antes de nacer a trav?s de un tubo hueco conectado a una especie de cometa en el cielo. El intelecto est? unido al alma como las extremidades al cuerpo. En el nacimiento diez hadas invisibles aportan regalos al reci?n nacido, pero un esp?ritu malvado trata de da?arlo. Rechazaba el uso de pr?cticas m?gicas y, sin embargo, las inclu?a entre sus remedios, pero esta contradicci?n aparece, asimismo, una y otra vez en distintos autores. Tuvo gran influencia en obispos y arzobispos de su tiempo, quienes la consultaban y valoraban sus consejos. Pero fue siempre una persona enfermiza y, curiosamente, en sus escritos insiste en la debilidad f?sica y espiritual de la mujer. Eva era carnal y por su pecado hemos sido condenados, mientras que Ad?n es un esp?ritu de Dios. La mujer es d?bil, pero tiene el divino soplo en su m?dula y debe cumplir su tarea como instrumento de la generaci?n. Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 181 He aqu? algunas de las frases con que la defini? la doctora Hurd-Mead: ?What have been called ?the greatest scientific works of the Middle Ages? were written by the Abbess Hildegard of the Rhine country. Her Liber Subtilitatum?, De Simplicis Medicinae, and Causae et Curae, in originality were in many respects years, even centuries, ahead of her time. Hildegard was, moreover, a philosopher, politician and prophet.? 43 En efecto, se le atribuye haber profetizado la ca?da del Sacro Imperio Romano-Germ?nico fundado por Carlomagno, y la reforma de la Iglesia como resultado de la corrupci?n de sus sacerdotes. En el campo estrictamente m?dico ?she foreshadowed also the true theories of the circulation of the blood, the causes of contagion and of auto-intoxication, the transmissibility of nerve action from the brain, the chemistry of the blood. She also tried to explain various other human phenomena without continual reference to the humoral theories of her time.? 44 De hecho, sus escritos m?dicos ?have come to be accepted as the most important Latin scientific contributions produced in Europe during this period.? 45 La aceptaci?n por parte de la Iglesia de que sus escritos filos?ficos y teol?gicos eran revelados por voces de origen divino, la permitieron ejercer una actividad que podr?a haberla llevado a la hoguera como otras tantas mujeres a lo largo de varios siglos. Autor?a m?dica femenina del siglo XI. La pol?mica sobre Trotula y Hildegarda En las historiograf?as de mujeres sanadoras o doctoras, Tr?tula y Hildegarda de Bingen aparecen como figuras fundamentales, y, al mismo tiempo pol?micas. Se duda de la autor?a del Tr?tula, y Hildegarda de Bingen aparece como una mujer de escasos conocimientos, capaz, sin embargo, de producir una importante obra de medicina. Por ello considero interesante resumir algunas de las ideas clarificadoras expuestas por M?nica Green. En primer lugar, lo que conocemos como Tratados de Tr?tula estar?an compuestos fundamentalmente por Passionibus Mulierum (De las enfermedades de las mujeres), o Tr?tula Mayor, y De Ornatu Mulierum, o Tr?tula Menor. Estos tratados ?entre los siglos XII y XV se difundieron por toda Europa occidental y fueron las obras especializadas en medicina de las mujeres, m?s conocidas en ese per?odo.? 46 La 43 Hurd-Mead, Kate Campbell, o.c. p. 183 44 Idem, p. 183 45 Hurd-Mead, Kate Campbell, o.c. pp. 183-84 46 Green, Monica. En busca de una ?aut?ntica? medicina de mujeres: los extra?os destinos de Trota de Salerno e Hildegarda de Bingen, en Cabr?, Montserrat & Ortiz,Teresa (edits.) Sanadoras, matronas y m?dicas en Europa. Siglos XII-XX. Icaria. Barcelona, 2001, pp. 27-54, pp. 35-36 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 182 Physica de Hildegarda, sin embargo, s?lo tuvo repercusi?n en el valle del Rhin durante la Edad Media, debi?ndose su fama a su consideraci?n de profetisa. En el siglo XVI, se relacionan por vez primera ambos escritos. En 1533, Johannes Schottus hab?a publicado una colecci?n de Experimentia, que inclu?a la Physica. En 1544 public? una segunda edici?n de los Experimentia, incluyendo, en primer lugar, un nuevo texto: Trotulae curandarum aegritudinum muliebrum ante, in, et post partum Liber (El libro de Tr?tula de las enfermedades de las mujeres antes, durante y despu?s del parto). Schottus hab?a encargado la edici?n de esta obra a Georg Kraut, quien realiz? una serie de correcciones clasicistas al texto, y ?no s?lo refundi? en una sola obra los tres textos que componen Tr?tula para crear un texto sin fisuras y que pareciera de autor?a ?nica, sino que suprimi? tambi?n todos los nombres posteriores al siglo III que ?stos conten?an? 47 . De esta forma, de la mano de Kraut y Schottus, los textos Tr?tula, entran en el Renacimiento como una obra antigua, con un lenguaje que no presenta barbarismos medievales, e, indiscutiblemente, atribuidos a una autora, a quien Schottus alababa en el pr?logo como mujer de gran experiencia y erudici?n. Aunque Schottus hab?a seleccionado los textos de Hildegarda y el Tr?tula por ser obras de mujeres (con mayor valor emp?rico, al ser ?stas m?s conocedoras del cuidado de la salud de la mujer que los hombres), el Tr?tula adquiri? importancia y posterior divulgaci?n, m?s por atribuirse su origen a la antig?edad cl?sica, que por ser de autor?a femenina. En 1547, Paulus Manutius incluy? una copia del texto de Kraut en una recopilaci?n de obras de ?todos los m?dicos antiguos latinos que describieron y compilaron las diversas enfermedades y sus remedios.? 48 Posteriormente, el Tr?tula fue reeditado ocho veces entre 1550 y 1572, y su influencia perdur? durante siglos. Ahora bien, cuando se incluy? por primera vez en un tratado ginecol?gico en 1566, fue objeto de un examen filol?gico para determinar la personalidad de su antiquissimus auctor. El nuevo editor, Caspar Wolf, siguiendo las sugerencias del m?dico holand?s Hadrianus Junius ?corrigi? la atribuci?n de autor?a de este texto y sustituy? el nombre de Tr?tula por el de Eros.? 49 Junius consideraba que Tr?tula era una corrupci?n de Eroiulia, forma incorrecta de Eros Juliae, con lo que la autor?a de los tratados quedaba adjudicada a un tal Eros, esclavo liberto de la emperatriz Julia. Los textos adquir?an autom?ticamente 47 Idem, p. 36 48 Idem, p. 36 49 Idem, p. 38 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 183 procedencia cl?sica y autor?a masculina. En las dos ?ltimas ediciones del siglo XVI, los Tr?tula se publican atribuidos a Eros. Cuando el tratamiento ginecol?gico de las mujeres se va desplazando de las propias mujeres a manos masculinas, resulta muy adecuado atribuir la autor?a del tratado ginecol?gico m?s influyente durante siglos a un hombre. Sin embargo, las obras de historia de car?cter nacionalista que tratan de resaltar la grandeza de personajes de Salerno, van a mantener la importancia de la personalidad de Tr?tula, como mujer doctora de esta escuela. As? lo hacen Antonio Mazza, en 1681, con su obra Historiarum Epitome de rebus salernitanis, y Salvatore De Renzi, en su Collectio salernitana, publicada en 1859. Cuando Lipinska y Hurd-Mead comienzan a escribir historias de mujeres doctoras, insisten en la defensa de Tr?tula como doctora de la Escuela de Salerno y autora de los tratados. Autores y autoras posteriores han mantenido el debate. Los escritos m?dicos de Hildegarda permanecieron ignorados hasta mediados del siglo XIX, cuando fueron publicados con ocasi?n de una reedici?n de su obra completa. Posteriormente, fue incorporada asimismo por las historiadoras feministas. En la ?ltima d?cada se han publicado varias obras sobre Hildegarda, y su figura ha despertado gran inter?s en los movimientos de la Nueva Era, por el valor atribuido a sus visiones prof?ticas. Seg?n Monica Green, Trota de Salerno, aparece, a trav?s de sus textos, como una mujer ?sanadora y consumada emp?rica, que combina los saberes terap?uticos tradicionales con nuevas propuestas que son resultado de sus propias observaciones? 50 , pero que parece ignorar las disquisiciones te?ricas sobre las causas de las enfermedades y la fisiolog?a del cuerpo humano. El tratado De curis mulierum incluye un ampl?simo n?mero de problemas m?dicos femeninos y muestra un conocimiento emp?rico y una pr?ctica m?dica en contacto directo con el cuerpo femenino. Por todo ello, puede deducirse que los tratados son obra de una mujer con ampl?sima experiencia emp?rica, pero a la que su propia condici?n de mujer ?la situ? en los m?rgenes del universo masculino de la educaci?n y del discurso erudito (y) a su vez le facilit?, a ella y a otras sanadoras, un acceso ?ntimo al cuerpo femenino que, .... ning?n sanitario var?n hubiera obtenido.? 51 Esta visi?n restituye a Trota la autor?a de los tratados, pero no la considera profesora de la Escuela de Salerno, sino una experta comadrona o sanadora, con ampl?simos conocimientos de medicina, pero sin acceso al mundo acad?mico. 50 Idem, p. 50 51 Idem, p. 51 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 184 Sin embargo, los estudios actuales sobre Hildegarda de Bingen, llevan a pensar que la ignorancia alegada por ella era una estrategia, utilizada por otras autoras, para poder ser aceptadas como tal, pese a su condici?n de mujer. Hildegarda no parece tener experiencia en la pr?ctica de la medicina, pero, en vez de ser una transmisora de saberes populares, como se la hab?a considerado anteriormente, aparece, como ?uno de los m?s cultos y brillantes exponentes de la medicina mon?stica.? 52 En cualquier caso, ambas mujeres resultan figuras muy importantes en la historia de las mujeres relacionadas con el cuidado de la salud. Las mujeres sanadoras en Italia En Italia, en la ciudad de Siena, existe referencia expl?cita a dos mujeres m?dicas entre quinientas cincuenta practicantes de la medicina localizados entre 774 y 1555. ?Ladislao M?nster has found documents regarding seven women who practiced medicine in Venice in the first half of the thirteenth century, including a physician who was accorded the title ?master? (magistra); a surgeon?s widow (no specific practitioner label is attached to her own name) who was fined for malpractice on ?many people, men and women?, and a specialist of gout and eye problems.? 53 El estudio de Katharine Park sobre los doctores del Renacimiento en Florencia, tan s?lo cita cinco mujeres miembros del gremio y otras dos que pagaban impuestos como tal. El estudio de Raffaele Calvanico en el Reino de N?poles proporciona evidencia sobre un total de veinticuatro mujeres cirujanas entre 1273 y 1410, ?trece de las cuales estaban expl?citamente tituladas para practicar con mujeres. Lo m?s interesante es el hecho de que algunas de estas trece no estaban limitadas al tratamiento de enfermedades propias de la mujer (las del pecho y los genitales) sino que parece se esperaba que llevasen a cabo una gran variedad de operaciones quir?rgicas con las mujeres.? 54 En el siglo XIV las universidades de Bolonia y Salerno, a diferencia del resto de pa?ses de Europa, segu?an admitiendo mujeres. En Bolonia era frecuente la presencia de mujeres entre el profesorado en este siglo. Entre ellas destaca Dorotea Bocchi, ?who in 1390 was appointed professor of medicine and moral philosophy, succeeding her father; she taught for forty years.? 55 Otra mujer famosa en esta universidad, fue Alessandra Giliani, mencionada en la Historia de la Escuela de Anatom?a de Bolonia, 52 Idem, p. 52 53 Green, Monica, ?Women?s Medical Practice and Health Care in Medieval Europe?, p. 441 54 Idem, p. 443 55 Idem, p. 277 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 185 ?as having become ?most valuable as a dissector and assistant to Mondino?, the anatomist, because she could cleanse the smallest vein, the arteries, all ramifications of the vessels, without lacerating or dividing them, and prepare them for demonstrations.? 56 Costanza Calenda, hija de un profesor del siglo XIV, estudi? medicina en Salerno y fue profesora en la universidad de N?poles. En el siglo XV, podemos destacar, entre otras, a Cassandra Fidelis, famosa en Padua por sus conocimientos m?dicos, y autora de una obra sobre ciencias naturales y tratamiento de las enfermedades, titulada De Scientiarum Ordine. Las mujeres sanadoras en Francia En Francia, las mujeres desempe?aban una gran variedad de actividades relacionadas con el cuidado de la salud: ?In French records, which prove the most fruitful in references to healers, we find fisciennes, miresses, chirurgiennes, barbi?res, m?decines, guarisseuses, norrices, sage-femmes, and vielles femmes. The terms ?fisiciene?, ?miresse?, and ?m?decine?, were used interchangeably to refer to the woman physician who treated internal ailments. The ??chirurgienne? was concerned chiefly with external lesions and major operations. A ?barbi?re? engaged in hairdressing, phlebotomy, tooth pulling, and in making minor incisions? The guarisseuse and the vielle femme used remedies of their own concoction and based their healing upon their own experience?The special task of the sage-femme or ventri?re was the care of women during childbirth.? 57 En el per?odo comprendido entre el siglo XII y el XV, hallamos referencia expl?cita a ciento veintiuna mujeres practicantes de la medicina, de las cuales cuarenta y cuatro son identificadas como comadronas, mientras que el resto son clasificadas como barberas, cirujanas, m?dicas con formaci?n o curanderas emp?ricas, t?rmino que se utilizaba para denominar a los sanadores y sanadoras que dispensaban atenci?n m?dica sin formaci?n acad?mica ni licencia eclesi?stica y sin ajustarse a las regulaciones de los gremios de boticarios, etc. Al crearse las universidades en el siglo XIII, las mujeres encontraron dificultades para trabajar como sanadoras. En 1220, la facultad de medicina de la universidad de Par?s exigi? que s?lo pudiesen ejercer la medicina personas solteras. Esta ley no fue obedecida en la pr?ctica y en el censo realizado en Par?s en 1292, aparecen ocho doctoras (miresses). En 1311, se impuso una ley que obligaba a realizar un examen 56 Hurd-Mead, Kate Campbell, o.c. p. 225 57 Hughes, Muriel Joy, o.c. p. 86 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 186 con un maestro cirujano, como requisito para ejercer la medicina en Par?s. El que hombres y mujeres segu?an ejerciendo sin obtener la correspondiente licencia lo prueba que en 1322, veintiocho hombres y tres mujeres fueron juzgados por tal motivo en Par?s. La situaci?n en Inglaterra Los estudios realizados sobre Inglaterra, Escocia y Gales por C.H. Talbot y E.A. Hammond nos muestran ocho mujeres m?dicas desde el siglo VIII al XVI: seis son identificadas como f?sicas o sanadoras, una como cirujana y otra como comadrona. Edward J. Kealey ha identificado otras mujeres m?dicas: las hermanas Solicita y Matilda, en el siglo XII, que ?l clasifica como las primeras mujeres m?dicas de Inglaterra, y Eufemia, abadesa de Wherell en el siglo XII. En el estudio llevado a cabo por Pelling y Webster aparecen sesenta mujeres que practican la medicina de manera oficial o extra oficial en el Londres en 1560. Este mismo estudio revela el nombre de diez mujeres m?dicas en la ciudad de Norwich durante el per?odo comprendido entre 1570 y 1590. Robert Gottfried, en su estudio Doctors and Medicine in Medieval England, 1340-1530, encuentra referencia de veintiocho mujeres m?dicas: ocho sanadoras, diecis?is barberas y cuatro boticarias. En el estudio llevado a cabo por Pelling y Webster, aparecen sesenta mujeres que practican la medicina de manera oficial o extra oficial en Londres, en 1560. Este mismo estudio revela el nombre de diez mujeres m?dicas en la ciudad de Norwich durante el per?odo comprendido entre 1570 y 1590. El acceso a las universidades de Oxford y Cambridge estaba totalmente cerrado a las mujeres, por lo que ?stas ?nicamente pod?an adquirir conocimientos pr?cticos. En 1421, los doctores ingleses presentaron una petici?n al Parlamento, para que se prohibiese la pr?ctica de la medicina a todo hombre, o mujer, que no hubiese estudiado en las escuelas de medicina, lo que ven?a a suponer la prohibici?n absoluta para las mujeres. Las mujeres sanadoras en otros pa?ses Respecto a Espa?a, Michael McVargh ha llevado a cabo un estudio de los archivos de la Corona de Arag?n entre 1285 y 1335, sin haber encontrado referencias a mujeres. Sin embargo, en el estudio de Luis Garc?a Ballester, Michael McVaugh y Augustin Rubio Vela, Licensing, Learning and the Control of Medical Practice in Fourteenth Century Valencia, editado por la Sociedad Americana de Filosof?a de Filadelfia en 1989, existen referencias a ?varias mujeres que practicaban la medicina Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 187 como sanadoras emp?ricas no oficiales o curanderas, y como m?dicas licenciadas, siendo ?stas ?ltimas frecuentemente mujeres musulmanas que practicaban dentro de la comunidad cristiana dominante.? 58 Asimismo A. Cardoner Planas en Sefarad 9, n?. 2, 1949, hace referencia a seis mujeres hebreas que practicaron la medicina en el reino de Arag?n. En Alemania, Walter Sch?nfeld ha encontrado quince mujeres m?dicas (algunas de ellas jud?as) entre 1387 y 1497, en las ciudades de Frankfurt y Main. Varias de ellas fueron especialistas en enfermedades oftalmol?gicas y ninguna comadrona. La alemana B?rbara Wintruben ?wrote a medical treatise during the fifteenth century and prestigious German midwives extended their practices to include general medicine.? 59 En Berna, Marie Colinet (Mme. De Hilden), comadrona y cirujana, ?introduced the use of heat for dilating and stimulating the uterus during labour, performed successful caesarian sections, and first used a magnet to extract a piece of metal from a patient?s eye.? 60 La oftalmolog?a, junto con la cirug?a, la obstetricia y la ginecolog?a, fueron las especialidades m?dicas competencia de las mujeres doctoras en la Baja Edad Media. En el Imperio Bizantino, encontramos, en el siglo XI, a la Princesa Ana Comnena, hija del emperador Alexio I. Fue una de las escasas mujeres escritoras de su tiempo. Su obra, Alexiada, cr?nica del reinado de su padre, recoge numerosas alusiones a procesos curativos, que demuestran sus amplios conocimientos de medicina. En el mundo isl?mico, una de las formas de tener acceso al conocimiento m?dico era a trav?s de la familia.?In a family that practiced medicine, sons, and sometimes daughters, learned the profession from their father.? 61 En el siglo XII, Abd al-Malik b. Zuhr, m?dico musulm?n, procedente de una familia originaria de Arabia pero residente en Espa?a, estudi? con su padre, al igual que una de sus hermanas, y educ? tambi?n en el arte de la medicina a su propia hija. ?Both women had special skills in the treatment of members of their sex,? 62 lo que les permiti? atender a las mujeres del califa. 58 Idem, p. 443 59 Alic, Margaret. Hypatia?s Heritage. A History of Women in Science from Antiquity to the late Nineteenth Century. The Women?s Press. Londres, 1986, p. 57 60 Idem, p. 57 61 Leiser, Gary. ?Medical Education in Islamic Lands from the Seventh to the Fourteenth Century?, The Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, vol. 38, 1938, pp. 48-75, p. 49 62 Idem, p. 50 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 188 La persecuci?n de las mujeres sanadoras Estos datos, sin embargo, no significan una pr?ctica de la medicina profesional por las mujeres de forma masiva y sin trabas. En primer lugar, las cifras recogidas representan menos de un dos por ciento en todos los casos del total de personas dedicadas al cuidado de la salud durante los per?odos estudiados. Adem?s, a lo largo de toda la Edad Media, encontramos que en la persecuci?n ejercida por la Iglesia contra las mujeres denominadas brujas, una de las acusaciones suele ser la de realizar pr?cticas de curaci?n. Al aumentar los requisitos ejercidos para la pr?ctica de la medicina, aumentar? asimismo la exclusi?n de las mujeres de la misma. Las mujeres ten?an vetado el acceso a las Universidades y, consecuentemente, el acceso a la formaci?n acad?mica como m?dicas. ?In the late 1300s, in France and England, women were rarely allowed to sit for licensing examinations. Guy de Chauliac, the most respected surgeon of the Middle Ages, argued against their presence among the ranks of medical practitioners, calling women idiots who gathered herbs and practiced religious nonsense (Guy?s own medicine was based upon unusual concoctions such as dragon?s blood and mummy dust).? 63 As?, encontramos el caso de Jacoba Felicia, de origen florentino, denunciada por la facultad de medicina de la universidad de Par?s en 1322 por ejercer ilegalmente la medicina. En efecto, desde 1220 s?lo pod?an ejercer la medicina los miembros de la facultad, y ?nicamente los hombres solteros pod?an tener tal condici?n. Los hombres casados lograban ejercer estudiando con un maestro. Felicia estudi? asimismo con un maestro, pero fue perseguida y aunque pag? varias veces sus multas y fue absuelta, finalmente perdi? su batalla ante los tribunales. El mismo texto de la acusaci?n pone de manifiesto que Jacoba pose?a formaci?n y que aplicaba medios de diagn?stico cient?ficos. No se la acusaba de incompetencia, sino de atreverse a curar y a aplicar las t?cnicas y procedimientos de los doctores varones, siendo mujer. Tras ser amonestada se le permiti? seguir practicando la medicina de forma limitada y sin recibir remuneraci?n alguna. Se cree que Jacoba Felicia pod?a ser jud?a. De las pocas mujeres registradas como doctoras en distintas ciudades europeas, gran parte eran jud?as. Algunos m?dicos ingleses solicitaron, asimismo, al Parlamento que ?impusieran multas y largas penas de prisi?n a toda mujer que intentara ejercer la pr?ctica de la 63 Achterber, Jeanne, p. 78 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 189 f?sica.? 64 La creaci?n de las universidades, supuso un impedimento para el ejercicio de la medicina por las mujeres. Efectivamente, ?la implantaci?n de la medicina como profesi?n para cuyo ejercicio se exig?a una formaci?n universitaria facilit? la exclusi?n legal de las mujeres de su pr?ctica. Con escasas excepciones el acceso a las universidad estaba vetado a las mujeres (incluso a las mujeres de clase alta que habr?an podido pagarse los estudios) y se promulgaron leyes que prohib?an el ejercicio de la medicina a las personas sin formaci?n universitaria.? 65 Seg?n Jeanne Achterber ?In the thirteenth century multiple courses of events created a great nexus that would dictate the future of woman as healer. Here, antecedent and current ideas collided, intertwined, and changed, emerging as a patterned worldview that would keep feminine values silent for about seven hundred years.? 66 Seg?n la autora tres doctrinas teol?gicas influyeron fundamentalmente en la visi?n negativa de la mujer y la dur?sima persecuci?n de las brujas, muchas de ellas mujeres con conocimientos sobre el cuidado de la salud. Estas doctrinas son: 1) el pecado original, en que de nuevo, como en el mito de Pandora, la mujer trae el mal al mundo. En el mito judeocristiano, la serpiente no es ya s?mbolo de salud, sino del diablo; la mujer no es la madre de la vida, sino la encarnaci?n de la fragilidad humana y el fruto del ?rbol prohibido no representa ya la sabidur?a sino la desobediencia al dios. Esta doctrina se utilizar? durante siglos para justificar ?beating women without overt cause except that they were of an evil nature and needed it. Women who dared provide soothing nostrums to others during childbirth would be severely punished, for birth pangs existed to remind woman of her original sinful nature, punishment for Eve?s transgression. The Original Sin of Eve became an excuse for torturing and murdering hundreds of thousands of women during the Inquisition and the witch-hunts.? 67 2) La inferioridad de la mujer, un objeto necesario para la preservaci?n de la especie y proporcionar comida y bebida al var?n, seg?n Santo Tom?s de Aquino, que quedaba justificada por el relato b?blico de la creaci?n a partir de la costilla de Ad?n. Y, 3) la creencia en la acci?n del diablo, como explicaci?n a la presencia del mal en el mundo, que no pod?a atribuirse a un dios benevolente. 64 Ehrenreich, B?rbara e English, Deirdre, o.c. p. 19 65 Idem. p. 19 66 Achterber, Jeanne, o.c. p. 65 67 Idem., p. 67 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 190 La Santa Inquisici?n se form? en 1022, cuando el Rey Roberto de Francia presid?a los juicios de los herejes en Orle?ns, y su actividad se mantuvo durante setecientos a?os: en Inglaterra se colg? por ?ltima vez a una bruja en 1684, en Am?rica en 1692 y en Alemania en 1775. Dentro de los cientos de miles de v?ctimas de la Inquisici?n, las mujeres superaron en n?mero a los hombres, en algunos lugares en una proporci?n de diez a uno. Una mujer pod?a ser acusada de brujer?a por las razones m?s nimias, tales como ser vieja, vivir sola sin depender de var?n, poseer alg?n animal dom?stico o tener alguna marca corporal. Y ser una mujer sanadora, una curandera, era una condici?n suficiente, aunque no imprescindible, para ser considerada bruja, y, por tanto, ser acusada, detenida, torturada y quemada viva. No se acusaba a las curanderas por da?ar la salud de sus pacientes, sino m?s bien su pericia, su habilidad, era prueba de su pacto con el diablo. Veamos la l?gica subyacente: las mujeres no pod?an acudir a las universidades y adquirir as? los conocimientos adecuados; adem?s, no deb?an formarse tampoco con un doctor de forma privada; por tanto, si pose?an suficientes conocimientos para ser capaces de curar a los enfermos, este conocimiento s?lo pod?a haberles sido revelado por el diablo. Y, consecuentemente, era preciso arrancar su confesi?n y delaci?n de otras brujas mediante la tortura y descubrir las marcas corporales que confirmaban su pacto diab?lico, desposeerla de todos sus bienes y, finalmente, acabar brutalmente con su vida. En 1486, James Jacob Sprenger y Henry Kramer, monjes dominicos, publicaron el Malleus Maleficarum, o Martillo de Brujas, utilizado durante siglos para incriminar a brujas y herejes y detallar las formas de tortura a aplicar. El texto establece que las mujeres tienen m?s probabilidades de caer en brujer?a que los hombres, por ser m?s est?pidas, m?s d?biles y m?s supersticiosas que ?stos, adem?s de sensuales, carnales y menos fiables. Se acusa a las mujeres de provocar la infertilidad de siete formas distintas y de provocar la impotencia y la castraci?n masculina, de diferentes maneras: ?Woman as keeper of the mysteries of generation was expressly indicted: ?Now there are, as it is said in the Papal Bull, seven methods by which they infect with witchcraft the venereal act and the conception of the womb: first, by inclining the minds of men to inordinate passion; second, by obstructing their generative force; third, by removing the members accommodated to that act; fourth, by changing men into beasts with their magic act; fifth, by destroying the generative force in women; sixth, by Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 191 procuring abortion; seventh, by offering children to the devils, besides other animals and fruits of the earth with which they work much hard.? 68 Las comadronas son especialmente temidas, se les acusa de ofrecer al diablo los beb?s que ayudan a nacer, y se dice de ellas que superan en maldad a todas las dem?s mujeres. Las razones m?s nimias bastaban para iniciar un proceso contra una mujer acusada de brujer?a, bajo el consejo de los doctores licenciados, de cuyo juicio pod?a depender la vida de la acusada: ?Any problem that eluded cure was readily attributed by the licensed doctors to witchcraft. In some instances of failure, there might be some question by the prosecuting authorities. In cases in which the prosecuting authorities had any question, the Malleus Malleficarum advised : ?An if it is asked how it is possible to distinguish whether an illness is caused by witchcraft or by some natural physical defect, the answer that the first is by means of the judgement of doctors,?? 69 . Muchas mujeres sanadoras fueron perseguidas por brujer?a, en alg?n caso, por las mismas personas que hab?an utilizado sus servicios. Gilly Duncan era una joven sirvienta en la casa de David Seaton, recaudor de impuestos de la corte en una peque?a ciudad cercana a Edimburgo. Gilly adquiri? fama como sanadora, curando a personas afectadas de diversas dolencias. Seaton consider? que sus habilidades eran contra natura y la acus? de salir por la noche. Obtuvo autorizaci?n para someterla a tortura, obteniendo as? su confesi?n. Posteriormente, la entreg? a las autoridades que la obligaron a acusar a sus c?mplices. De esta forma, se abri? un proceso contra diversas mujeres. Las acusadas, conocidas como las brujas de North Berwick, fueron juzgadas y colgadas en 1592. Otro caso, ejemplo de injusticia, es la condena de Alison Peirsoun por la misma autoridad eclesi?stica a quien hab?a curado: ? Alison Peirsoun of Byrehill had established her reputation as a gifted healer. Consequently, the archbishop of St. Andrews sent for her. Afflicted with several disorders that we might call ?psychosomatic?, he had been treated by many practitioners without relief. Alison, by whatever means, cured him. Later, he not only refused to pay her bill, he also had her arrested. She was charged and executed for witchcraft.? 70 Mientras las mujeres sanadoras eran perseguidas y se imped?a el ejercicio de su actividad y el acceder a la adquisici?n de conocimientos y a las corporaciones de cirujanos, doctores y boticarios, en los siglos XVI, XVII y XVIII se produjeron cambios 68 Achterber, Jeanne, o.c. p. 87 69 Idem, p. 90 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 192 fundamentales en la historia de la medicina que dejaron al margen del ejercicio de la medicina como doctoras a las mujeres, aunque ellas siguieran teniendo a su cargo el cuidado de los ni?os, ancianos y enfermos en el ?mbito dom?stico y los partos siguieran siendo atendidos fundamentalmente por comadronas. III. Las mujeres sanadoras en el siglo XVI Veamos ahora el papel de las mujeres en la medicina del siglo XVI, ?poca de avance en las ciencias y las artes, en el que encontramos a un hombre, v?ctima tambi?n de la Inquisici?n por sus descubrimientos, en 1546, sobre la circulaci?n de la sangre y el funcionamiento de los pulmones, el espa?ol Miguel Servet. En este siglo se publicaron diversos libros de medicina, en lengua vern?cula, dirigidos en parte a las mujeres, entre los que citaremos la obra de Ambroise Par? con varios cap?tulos sobre obstetricia; la Fabrica de Vesalio; varios tratados sobre atenci?n al parto, como el manual para comadronas de Tom?s Raynalde, titulado The Byrthe of Mankinde, ?the first printed English bok on obstetrics? 71 ; un libro aleman sobre pediatr?a escrito por Felix W?rtz con un cap?tulo dedicado a las amas de cr?a; el Jard?n de Rosas de R?slin, publicado en 1513 a petici?n de una duquesa, obra que incluye grabados que proporcionan informaci?n sobre el parto en la ?poca; una obra sobre obstetricia publicada en Italia por Scipio Mercurialis en 1572. En 1510, se imprimi? en Venecia por primera vez la obra de Cajus Tranquillus Suetonius, del a?o 160 d.C., con muy buenas ilustraciones. En las universidades italianas, las ?nicas en que las mujeres pod?an estudiar medicina, se comienzan a permitir las disecciones de cad?veres de criminales ajusticiados, tres veces al a?o. Padua ser? la m?s popular de las universidades, especialmente en el campo de la medicina, convirti?ndose en el Salerno del siglo XVI. En Inglaterra, los estudiantes de medicina no eran muy numerosos en ninguna de sus dos universidades: Oxford y Cambridge. Para practicar medicina en Londres era preciso tener una licencia que se obten?a tras ocho a?os de estudio y un examen. En 1511, se aprob? una ley por la que el obispo de Londres y el de?n de San Pablo pod?an examinar a los candidatos a m?dico en presencia de cuatro doctores expertos, pero pocos a?os 70 Idem, p. 90 71 Benedek, Thomas G. ?The Changing Relationship between Midwives and Physicians during the Renaissance?, Bulletin of the History of Medicine, vol. 51, 1977, pp. 550-564, p. 552 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 193 despu?s este examen se aplicaba solamente a los que hubieran estudiado en un colegio especial fundado por el doctor Linacre en su propia casa en 1518. En realidad, la mayor parte de la atenci?n de los enfermos, sobre todo entre las clases menos favorecidas, la llevaban a cabo los boticarios, los curanderos y las mujeres. Asimismo, se aprob? una ley por la que las mujeres s?lo pod?an practicar la medicina entre los pobres, pacientes que evidentemente no interesaban a los escasos doctores licenciados. En 1540, Enrique VIII autoriz? la formaci?n del gremio de cirujanos, quienes no se separaron de los barberos hasta 1745, formando en 1800 el Royal College of Surgeons. Los doctores formaron el Royal College of Physicians en 1518 bajo la direcci?n de Linacre. A partir de la formaci?n de su gremio se permiti? a los cirujanos disponer del cuerpo de cuatro criminales ajusticiados cada a?o para realizar estudios de anatom?a. Se les permit?a vender brandy, pero no pod?an administrar medicinas sin el consentimiento del Royal College of Physicians, y para practicar una operaci?n era preciso el consentimiento del gremio. En 1551, fue nombrado oficialmente el cirujano del St. Thomas? Hospital. Las mujeres eran nombradas ayudantes, pero tendr?an que pasar m?s de trescientos a?os para que consiguieran, con gran dificultad como veremos m?s adelante, ser reconocidas como doctoras y cirujanas. Entre la nobleza, encontramos diversas mujeres con conocimientos de medicina y dedicaci?n al cuidado de los enfermos. Entre otras, las hijas de Tom?s Moro, en especial Margarita Roper, famosa en Canterbury por sus conocimientos de medicina y su atenci?n a los enfermos. La madre de Sir Francis Bacon, tambi?n experta en medicina, quien atend?a a los pobres y enfermos que encontraba, y Elizabeth, condesa de Kent, quien destac? por su habilidad en obstetricia y public? un manual que se hizo muy popular. Algunas esposas de terratenientes, que dispensaban cuidados m?dicos a las personas de su entorno, han dejado documentos en que se recoge tal pr?ctica. Por ejemplo, Lady Hobi escribi? un diario en que explica en detalle su dedicaci?n al cuidado de la salud de los enfermos. El ejemplo m?s importante puede constituirlo Lady Grace Mildmay quien escribi? una autobiograf?a, una colecci?n de meditaciones y una serie de textos m?dicos, en que relata los casos atendidos y recoge una serie de remedios para distintas dolencias. Grace Mildmay escribi? estos textos, a la muerte de su esposo, para legarlos a sus hijas y nietas, representando as? tambi?n un ejemplo de la transmisi?n de saberes en una comunidad de mujeres. Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 194 En Francia, destacaba la universidad de Montpellier, donde seg?n F?lix Plater, las mujeres pod?an asistir a las disecciones. Tambi?n encontramos aqu? reinas y mujeres de la nobleza preparadas en medicina, entre otras Catalina de M?dicis, h?bil en cirug?a. Resalta en Francia la figura de Louise Bourgeois, comadrona, amiga y disc?pula de Ambroise Par?, y autora de varios libros sobre obstetricia y atenci?n al parto, en los que introduc?a nuevos m?todos de extracci?n del feto, y propon?a una preparaci?n de las comadronas m?s cient?fica. Y Mar?a Romeu, quien ense?? y escribi? sobre fisiolog?a. En 1581 public? su libro sobre la Naturaleza f?sica de las mujeres, en respuesta a una s?tira escrita por su hermano. Quiz?s la mujer de este siglo, m?s importante desde el punto de vista de historia de la mujer en la medicina, fue la alemana Sof?a de Mechlenburg, madre de rey Cristian IV de Noruega y Dinamarca, quien ense?? control de natalidad e influy? de forma notable en la preparaci?n de las comadronas de su pa?s, adem?s de promover muchas medidas de prevenci?n e higiene. En Italia podemos destacar a Cassandra Fedele, profesora de la universidad de Padua y dedicada a la atenci?n de las prostitutas, ya mencionada, y a Isabel Cortese, quien escribi? libros de qu?mica, alquimia y medicina. En Espa?a y Portugal sabemos de la existencia de mujeres doctoras que eran entrenadas y nombradas por el gobierno de varias ciudades para examinar a las prostitutas. Entre las mujeres que destacaron como profesoras universitarias est?n la famosa Beatriz Galindo e Isabel Losa, doctora en teolog?a y medicina. Especial menci?n merece Oliva de Sabuco Barrera, nacida cerca de Toledo en 1562, quien escribi? un importante libro sobre la naturaleza del ser humano, una discusi?n filos?fica sobre las funciones del cuerpo humano y el efecto del miedo, el dolor y otros estados mentales sobre las personas, los animales y las plantas. Se imprimi? dos veces en Espa?a en 1587 y 1588, pero cay? bajo las garras de la Inquisici?n que orden? destruir todas las copias, aunque dos se salvaron, pudiendo imprimirse nuevamente en el siglo XVII. Gran parte de sus teor?as psicol?gicas resultaban muy avanzadas para su ?poca. IV. Las mujeres y el ejercicio de la medicina en el siglo XVII Las principales facultades de medicina europeas segu?an siendo Padua, Leiden, Par?s y Montpellier. La persecuci?n de brujas se recrudeci? vivamente en este siglo. Las mujeres sanadoras podr?an clasificarse en tres grupos: en el inferior encontramos a las enfermeras, incluidas las monjas, en el mundo cat?lico. A continuaci?n, las Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 195 comadronas, que todav?a ten?an gran importancia, pese a la incorporaci?n de los hombres a la atenci?n al parto y la utilizaci?n de los f?rceps introducidos por Peter Chamberlen y su hijo Hugo en 1630, aunque ven?an siendo utilizados en su familia al menos desde un siglo antes. Y, por ?ltimo, en el lugar m?s alto de la escala, las mujeres boticarias y doctoras, quienes s?lo eran autorizadas a ejercer entre los pobres sin recibir remuneraci?n alguna, aunque encontramos alguna referencia a mujeres doctoras que atendieron a damas de la nobleza. Segu?a siendo dif?cil que una mujer pudiera conseguir la licencia para ejercer como cirujana, sobre todo a partir de 1614 cuando entr? en vigor la Carta de derechos de los barberos-cirujanos, que exig?a pasar un examen ante el Obispo de Londres, m?s centrados en posibles tendencias her?ticas que en los conocimientos m?dicos del aspirante. A partir de 1617, cuando los boticarios se separaron de los comerciantes por primera vez, se volvi? dif?cil para las mujeres conseguir licencia para fabricar medicinas. Si quebrantaban la ley ejerciendo como cirujanas y doctoras, pod?an ser perseguidas y encarceladas, como le sucedi? a la cirujana Prudence Ludford en 1683. Ann Woolley escribi?, en 1674, un libro sobre dieta y medicina para mujeres llamado Pharmacopolinum muliebris sexus. Elizabeth, condesa de Kent, public? un manual sobre remedios y secretos de la medicina y la cirug?a y la duquesa de Newscastle escribi? un tratado de medicina y cirug?a. En 1644 naci? Elizabeth Lawrence. Su esposo, el reverendo Samuel Bury, de Bristol, escribi? su biograf?a: Account of the Life and Death of Mrs Elizabeth Bury, Bristol, 1721. Recogemos la descripci?n que de ella, sus habilidades, y las dificultades que encontr? en sus estudios, hace en la misma, seg?n cita de Sophia Jex-Blake: ?she took much pleasure in Anatomy and Medicine, being led and prompted to it partly by her own ill-health, and partly with a desire of being useful......... she would often regret that so many learned men should be so uncharitable to her sex, and be so loath to assist their feebler faculties when they were anywise disposed to an accurate search into things profitable and curious...........she improved so much, that many of the great masters of the Faculty have often been startled by her terms...? 72 En Escocia encontramos a la famosa Lady Anne Halkett, considerada la Florence Nightingale de su siglo, que sirvi? como cirujana en la armada real durante la batalla de Dunfermline. Pese a las prohibiciones y la imposibilidad de acceder a las 72 Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A thesis and a history. Oliphant, Anderson & Ferrier. Edimburgo, 1886, pp. 27-28 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 196 universidades y las corporaciones profesionales, las mujeres segu?an ejerciendo la medicina y siendo de gran utilidad a los enfermos de sus comunidades, especialmente entre las clases menos favorecidas, que constitu?an la mayor parte de la poblaci?n. Las dos comadronas inglesas m?s famosas en este siglo son Jane Sharp y Elizabeth Cellier. Adem?s de ejercer durante m?s de treinta a?os en Londres, Jane Sharp escribi? el Midwives Book, dirigido a la formaci?n de comadronas y a la educaci?n de las mujeres embarazadas. Sharp insist?a en que las comadronas deb?an poseer un amplio conocimiento del cuerpo humano, previamente a ejercer su profesi?n: ?her book included anatomy, the signs of pregnancy, post partum disease, how to choose a nurse and how to care for a baby.? 73 Elizabeth Cellier proporcion? diferentes datos sobre la situaci?n de las comadronas: a partir de 1642 las comadronas pod?an titularse tras pasar tres ex?menes ante seis comadronas con experiencia y otros tantos cirujanos expertos en la atenci?n a partos. Esta medida estuvo en vigor hasta 1662, en que simplemente se modific?, oblig?ndolas a pagar una cantidad al ?Parlamento de los Doctores? y hacer un juramente de tipo religioso, contra el Papa. Asimismo recopil? estad?sticas mostrando la alta mortandad de madres y beb?s como consecuencia de mala atenci?n en el parto y las medidas preventivas que pod?an adoptarse. Planific? un Hospital, bien atendido, modelo de higiene, as? como hogares para ni?os abandonados y la forma de financiar ambos proyectos, pero no recibi? suficiente apoyo p?blico para llevarlos a cabo. ?She proposed a royal maternity hospital, staffed by trained birth attendants, to be model of cleanliness and neatness, and suggested that in this hospital they might also train midwives and nurses and provide homes for illegitimate babies. Mrs. Cellier outlined her plans in detail in an attempt to raise the required amount of money, but this came to nothing owing to the timidity on the part of her colleagues and public apathy. She persisted, however, and put her plans before the king. He refused to support her plans and, outraged, she spoke out publicly against the monarchy and was put in the stocks for her troubles and forced to watch her books being burnt before her eyes.? 74 Otros nombres de mujeres sanadoras, curanderas, boticarias, sangradoras, herbalistas, escritoras, profesoras de obstetricia, etc., aparecen con frecuencia en las obras m?dicas de autores ingleses de este siglo. Anne Wooley, de Londres, escribi? un libro sobre dieta y medicina para mujeres en 1674. Un caso excepcional lo constituye 73 Brooke, Elisabeth, o.c. pp. 102-103 74 Idem, p. 104 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 197 Lady Anne Halkett, que ejerci? como cirujana en el ej?rcito real en la batalla de Dunfermline, siendo felicitada personalmente pro el rey. ?As well as a surgeon, she was also nurse, midwife and physician.? 75 En otros pa?ses europeos encontramos asimismo importantes mujeres m?dicas. Podemos citar, entre otras, a la alemana Eleanora, Duquesa de Troppau, quien public? varios libros de medicina; y la comadrona prusiana Justina Dietrich, quien tambi?n public? libros dedicados a la formaci?n de comadronas. V. Las mujeres en la medicina del siglo XVIII La Universidad de Bolonia presenta varias mujeres famosas por su aportaci?n a la medicina. Anna Morandi Manzolini, famosa en toda Europa, fue fabricante de modelos de anatom?a junto con su esposo. A la muerte de ?ste en 1760 fue elegida profesora de anatom?a (cargo que ostentaba anteriormente su marido). Fue invitada por Jos? de Austria y Catalina II de Rusia, y elegida miembro de la Sociedad Cient?fica de Rusia. Asimismo, imparti? conferencias en Londres. Laura Bassi (1711-1778), doctora en Filosof?a, realiz? despu?s estudios de anatom?a, mec?nica e historia natural y fue profesora de anatom?a de la misma universidad de Bolonia. Maria Dalle Donna (1778- 1842), se licenci? en Filosof?a y Medicina en 1799. Fue nombrada directora de comadronas en Bolonia y autorizada a dar clases en su casa, ocup?ndose fundamentalmente de la buena preparaci?n de las matronas. En 1829, fue elegida miembro de la Academia Benedettina. En Florencia aparece Maria Pettracini, quien obtuvo la licenciatura en Medicina en 1780 y fue posteriormente profesora de anatom?a en Ferrara, as? como su hija Zaffira Peretti, que estudi? cirug?a en Bolonia y obtuvo su t?tulo en 1800. Fue nombrada directora general de comadronas. Mar?a Matellari obtuvo su t?tulo en 1799. Y Mar?a delle Donne, licenciada 1806, practic? medicina y cirug?a y fue nombrada jefa de comadronas en Bolonia por Napole?n Bonaparte. En Francia destacan M?. Catalina Biheron (1719-1786), experta en fabricar modelos anat?micos, y Mar?a Gillain Boivin (1773-1841), comadrona, quien recibi? un doctorado honorario en la universidad de Marburgo, y fue codirectora del Hospital General de Seine-y-Oise en 1814. En 1815, dirigi? temporalmente un hospital militar y posteriormente dirigi? el Hospicio de la Maternit? y la Maison Royal de Sant?. 75 Idem, p. 107 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 198 Escribi?, entre otras obras, Memorial de l?art des accouchements ou principes fond?es sur la pratique de l?Hospice de la Maternit? de Paris et sur celles des c?l?bres praticiens nationaux et ?trangers, un tratado de ginecolog?a que se utiliz? como texto en Francia y Alemania. Fue nombrada directora adjunta del Hospital General para la zona de Seine y Oise, as? como directora del Hospicio de la Maternidad y la Casa Real de la Salud, de Par?s. Llev? a cabo varios descubrimientos en anatom?a, invent? instrumentos quir?rgicos y obtuvo premios de la Sociedad de Medicina, siendo asimismo miembro de las sociedades m?dicas de Par?s, Burdeos, Berl?n, Bruselas y Brujas. Obtuvo el t?tulo de Doctora en Medicina por la universidad de Marburgo. Fue disc?pula de Madame Lachapelle, considerada la mejor profesora de comadronas durante el ?ltimo tercio del siglo. En Alemania, fue precursora de las doctoras del siglo XIX la prusiana Dorotea Christiane Erxleben-Leporin (1715-1762). Solicit? a Federico de Prusia permiso para que su hermano pudiera volver del ej?rcito y matricularse en la facultad de Medicina de la universidad de Halle, as? como para poder cursar tales estudios ella misma. Concedido el permiso, interrumpi? sus estudios al casarse en 1742. Tras tener cinco hijos, decidi? continuar sus estudios, haciendo frente a las acusaciones de curanderismo presentadas contra ella en 1753. Con anterioridad hab?a escrito un libro sobre las dificultades de las mujeres para cursar estudios, publicado en Berl?n en 1742. ?She submitted her doctoral dissertation and was examined on her medical knowledge in 1754.? 76 As? Dorotea Erxleben-Leprin se convert?a en la primera mujer que ostentaba el t?tulo de medicina en Alemania, t?tulo que le fue entregado el 12 de junio de 1754, en la casa del decano de la escuela de medicina de la universidad de Halle. Practic? durante ocho a?os, antes de morir de c?ncer de mama a los cuarenta y siete a?os de edad. Frau von Siebold obtuvo el t?tulo de doctora en medicina en la universidad de Giessen y su hija Marianne, Frau von Heidenreich, estudi? en las universidades de G?ttingen y Giessen, obteniendo el t?tulo en 1817. En Inglaterra, una mujer, especialista en la curaci?n mediante hierbas, fue la pionera en aplicar la digitalia para el tratamiento de enfermedades del coraz?n. Se hizo famosa por la curaci?n del de?n de Oxford. Sin embargo, vendi? su receta al Dr. Withering. ?We do not know how she came to sell the remedy to Dr. Withering or how 76 Geyer-Kordesch, Johanna. Women and medicine, cap. 38 de Bynum, W.F. y Porter, Roy (edits). Companion Encyclopedia of the History of medicine, Vol. 2. Routledge. Londres y Nueva York, 1993, pp. 888-914, p. 895 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 199 much money he offered her; we know only that it passed into the British Parmacopea under his name in 1785 and that it is used to this day for heart failure.? 77 Otra mujer, Martha Mears, escribi?, en 1797, un libro de ginecolog?a y obstetricia titulado The Pupil of Nature, or Candid Advice to the Fair Sex. Describ?a el uso de los f?rceps, suger?a diversas medidas para evitar la fiebre puerperal y proporcionaba, asimismo, consejos sobre higiene en general. Ve?a el embarazo como un proceso natural y animaba a las mujeres embarazadas a disfrutar del arte y la naturaleza. Y animaba a las mujeres a estudiar junto con los hombres en las nuevas maternidades, ?which was a very great breakthrough for her time.? 78 Lady Montague realiz? una importante aportaci?n a la historia de la medicina. Durante su estancia en Turqu?a, lugar de destino de su esposo, observ? c?mo las mujeres inoculaban a sus hijos contra la viruela. Lady Montague escribi? a su amiga Sarah Chiswell, explicando la t?cnica tal como se aplicaba en Turqu?a y su deseo de introducirla en Inglaterra, pese a temer ?that the medical profession would view variolation as a threat to their income as well as their knowledge.? 79 A su regreso a Inglaterra, Lady Mary logr? que la realeza aceptase la pr?ctica de la inoculaci?n. En los momentos de mayor virulencia de la epidemia, se logr? que m?s del noventa por ciento de las personas inoculadas se librase de la muerte. Pese a ello, la pr?ctica de la vacunaci?n no se extendi?, dada la oposici?n de los doctores, hasta que William Jenner public? su m?todo de inoculaci?n a partir de vacas infectadas, en 1789, casi ochenta a?os despu?s de las observaciones de Lady Montagu. En Estados Unidos, la medicina popular ejercida sin estudios acad?micos previos, s? estaba abierta a las mujeres y a las personas negras. Era frecuente que el esposo y la esposa ejercieran la medicina conjuntamente, actuando ?l como cirujano y ella como comadrona y ginec?loga y conjuntamente en otras tareas. Muchos ministros del culto y sus esposas se dedicaban asimismo al cuidado de la salud. Por ejemplo, la disidente religiosa del siglo XVII, Ann Hutchinson, practicaba la medicina general. 77 Brooke, Elizabeth, o.c. p. 111 78 Idem, p. 111 79 Achterberg, Jeanne, o.c. p. 108 Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 200 VI. Consideraciones finales: a las puertas de la ciudadela A lo largo del siglo XIX aparecieron en Estados Unidos las llamadas Sociedades Fisiol?gicas Femeninas, que pretend?an proporcionar a las mujeres nociones elementales de anatom?a e higiene personal. Este movimiento, muy unido al movimiento feminista en general, propugnaba los ba?os frecuentes, el uso de vestidos c?modos, una dieta sana e incluso el control de la natalidad. Estas sociedades formaban parte del Movimiento Popular para la Salud en cuyas escuelas s? eran admitidas las mujeres. As?, por ejemplo, Harriet Hunt fue rechazada por Harvard, a causa de la negativa de los propios estudiantes a admitir a una mujer entre ellos, pero pudo cursar estudios acad?micos en una de estas escuelas de medicina no regulares. Las dos primeras escuelas de medicina dedicadas ?nicamente a mujeres, en Boston y Filadelfia, fueron asimismo irregulares o heterodoxas. La misma Elizabeth Blackwell, la primera mujer graduada oficialmente en medicina, recibi? el consejo de realizar cursos de homeopat?a y dedicarse a la pr?ctica de la medicina no oficial. Asimismo se aceptaba la participaci?n de la mujer en la medicina ortodoxa, pero ?nicamente como enfermera. Por tanto, lo que causar? esc?ndalo en el siglo XIX, lo que se consider? una especie de perversi?n, fue la incorporaci?n de la mujer a las tareas de mayor nivel cient?fico y acad?mico y de mayor prestigio social. Ser enfermera era algo natural, una realizaci?n del instinto maternal de la mujer. Ser m?dica, doctora, curar a los enfermos, era una aberraci?n. Realizar pr?cticas de disecci?n pod?a da?ar el ?pudor natural de las mujeres?, pero no lo da?aba el limpiar o curar los cuerpos heridos. Y al parecer, tampoco era herido el pudor de las enfermas sometidas en muchos casos a tratamientos absolutamente aberrantes por parte de los doctores varones, que ven?an a atribuir la mayor parte de trastornos psicol?gicos derivados de un ambiente cultural y familiar aniquilante de la personalidad de la mujer, a los ?rganos sexuales femeninos, lo que provocaba la pr?ctica de escisiones del cl?toris y de los labios, extirpaci?n de los ovarios, aplicaci?n de sanguijuelas en la vagina, etc. Las ?ltimas mujeres condenadas por brujer?as hab?an sido ejecutadas a finales del siglo XVII, el racionalismo y el esp?ritu cient?fico sustitu?an la superstici?n, pero ello no abrir?a las puertas de las universidades y del ejercicio de la medicina como doctoras a las mujeres. ?During the years of the witch-hunts, women healers had been edged out by guilds, and then by the incorporations of physicians, surgeons, and Mujer y Salud Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 201 apothecaries. Their work was prohibited by law in every country in Europe. The Inquisition and Christian theology had been used to exclude women from the ranks of independent practitioners. In the new worldview, science and the laws of nature would be invoked for the same purpose.? 80 De ello trataremos en los cap?tulos siguientes, al narrar el dif?cil acceso de las mujeres al ejercicio profesional de la medicina moderna. 80 Achterber, Jeanne, o.c. p. 98 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 203 CAP. VII. ORGANIZACI?N DE LA CLASE M?DICA Y LA ENSE?ANZA DE LA MEDICINA ?It has been said and written scores of times, that every woman makes a good nurse. I believe, on the contrary, that the very elements of nursing are all but unknown. By this I do not mean that the nurse is always to blame. Bad sanitary, bad architectural, and bad administrative arrangements often make it impossible to nurse.? 1 I. Doctores, cirujanos, boticarios y curanderos Ya en el juramento hipocr?tico del grupo de m?dicos de Cos, aparece como parte del mismo el compromiso a no usar el cuchillo dejando tal actividad a los que practican esta habilidad, y el de no revelar los secretos de la profesi?n a personas ajenas a la misma. Es decir, dos caracter?sticas que se repetir?an a lo largo de los siglos: los doctores se diferencian de los cirujanos y la educaci?n m?dica implica la formaci?n especializada de ciertas personas destinadas a ser miembros de un grupo cerrado. Hasta bien avanzado el siglo XVIII, la formaci?n del doctor era te?rica y la del cirujano pr?ctica, uno era un intelectual, el otro un artesano. En Grecia, el aprendizaje pasaba de padres a hijos organizados en sociedades m?dicas bajo los auspicios del dios Esculapio. Podemos considerar como las primeras escuelas de medicina del mundo occidental las de Alejandr?a (331 a.C.) y El Cairo, cuya influencia se extendi? sobre todo en el cercano Oriente. La primera escuela de medicina Europea es la de la Salerno, ya mencionada anteriormente, donde se formaron doctores y cirujanos, tanto hombres como mujeres. Su ?poca de mayor esplendor fueron los siglos XI y XII. En 1140 el rey Roger II de Sicilia public? un edicto exigiendo como Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 204 requisito indispensable para la pr?ctica de la medicina haber aprobado los ex?menes de Salerno. En 1224, el Emperador Federico II dict? una serie de normas que vinieron a constituir el primer curr?culum m?dico. Las exigencias para ser admitido en la escuela de Salerno eran: ser mayor de veinti?n a?os, de nacimiento leg?timo y haber estudiado l?gica durante tres a?os. Los estudios de medicina duraban cinco a?os, con un sexto a?o de pr?cticas bajo la supervisi?n de un doctor. Posteriormente se pasaban los ex?menes y se realizaba el juramento hipocr?tico, con la cl?usula adicional de no actuar como boticarios. M?s tarde se extendi? esta pr?ctica, prohibi?ndose al m?dico dispensar sus propios medicamentos. Los profesores de Salerno produjeron cien libros, utilizados como texto en la propia escuela y de amplia influencia posteriormente. La escuela de Salerno comenz? a perder importancia en el siglo XIII, tras la creaci?n de la universidad de N?poles, y fue finalmente cerrada el 29 de noviembre de 1811 por orden de Napole?n. En el siglo XIII, la ense?anza de la medicina pasa a las universidades, siendo las m?s famosas de la ?poca las de Bolonia y Padua en Italia y Montpellier en Francia. Oxford pronto ofreci? asimismo estudios de medicina. En 1284, se prohibi? la ense?anza de la medicina en Merton College (Oxford) por orden arzobispal, pero en 1312 se fund? una escuela de medicina en Cat Street, con normas similares a las de Salerno. El plan de estudios exig?a siete a?os de artes y letras, incluida la filosof?a, previos al ingreso en la escuela; cuatro a?os de estudios de teor?a y pr?ctica de la medicina, tras los que se efectuaban los ex?menes. Superados ?stos, el futuro m?dico recib?a licencia para ejercer la medicina tan s?lo en Oxford durante dos a?os, bajo la supervisi?n de un doctor con experiencia, mientras continuaba asistiendo a clases. Por tanto, el estudiante de Oxford recib?a su t?tulo de doctor tras trece a?os de preparaci?n. En Cambridge, las exigencias eran similares, aunque los estudios no se regularon hasta el siglo XIV. Por supuesto, s?lo un grupo muy minoritario de doctores segu?an estos estudios. Otros eran cl?rigos que recib?an la licencia del obispo para practicar la medicina. Gran parte de la poblaci?n, especialmente las personas de menores recursos, recib?an la atenci?n de curanderos y curanderas. En el siglo XIV, azotado por la peste, proliferaron ?stos de tal modo que en 1421 se produjo el primer intento, sin ?xito, de control de la pr?ctica m?dica. A principios del siglo XVI, en Inglaterra, tan s?lo muy pocos m?dicos pose?an un t?tulo universitario obtenido en Italia, Francia o una universidad inglesa. Una minor?a 1 Nightingale, Florence. Notes on Nursing, Dover Publications. Nueva York, 1969, p. 8 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 205 de cirujanos hab?an recibido su licencia tras examinarse en alguna de las universidades. En cuanto a las licencias eclesi?sticas, se conced?an en ocasiones a cl?rigos analfabetos. Gran parte de los profesionales de la medicina eran barberos-cirujanos organizados en corporaciones locales, y que s?lo pod?an ejercer en una localidad determinada. Y la mayor parte de la poblaci?n segu?a siendo atendida por curanderos, hombres y mujeres, y comadronas, as? como por los tenderos-boticarios, que no s?lo preparaban y dispensaban los medicamentos, sino que en muchos casos aconsejaban el tratamiento a seguir. En 1511, Enrique VIII promulg? la primera Medical Act, o Ley de la Pr?ctica de la Medicina, que convert?a en delito el ejercicio de la misma sin ser graduado por una universidad o haber obtenido la licencia del obispo de la di?cesis tras el correspondiente examen por un panel de expertos. Quedaban as? excluidas las mujeres de la pr?ctica m?dica, dado que no se les permit?a el acceso a las universidades. En 1518, Thomas Linacre obtuvo de Enrique VIII la carta de creaci?n de la Company of Physicians (Compa??a de Doctores), que se transformar?a en el Royal College of Physicians (Real Colegio de M?dicos) de Londres en 1551. Se autorizaba a dicha instituci?n a examinar y conceder licencia a los doctores en todo el reino, controlar la pr?ctica en un radio de siete millas de Londres, y garantizar la pureza de los medicamentos vendidos por los boticarios. En 1540, Thomas Vicary, cirujano de Enrique VIII, logr? la uni?n de las diversas corporaciones de barberos-cirujanos, con la creaci?n de la United Company of Barber-Surgeons (Compa??a Unida de Barberos-Cirujanos), que pod?a multar a quienes practicaran la cirug?a sin autorizaci?n dentro de Londres. Asimismo se liberaba a los cirujanos de realizar las tareas de barberos y ?stos s?lo pod?an realizar actividades m?dicas como dentistas. Asimismo se autorizaba a la Compa??a de Cirujanos a recibir cuatro cad?veres de criminales ejecutados al a?o, para realizar pr?cticas de disecci?n. Asimismo en 1540 el Colegio de M?dicos obtuvo la autorizaci?n para que los doctores pudieran practicar la cirug?a. En la pr?ctica los cirujanos segu?an estando subordinados a los doctores. En 1542, se intent? dar un cierto car?cter legal al gran n?mero de curanderos que segu?an atendiendo a la poblaci?n. La ley de 1542, exim?a de la pena impuesta por la ley anterior de 1512, a aquellas personas honestas, tanto hombres como mujeres, a las que Dios hab?a dotado de la capacidad para curar mediante el uso de hierbas y otros medios naturales. Estos hombres y mujeres honestos pod?an atender a los enfermos Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 206 siempre y cuando no cobrasen por sus servicios, salvo el precio del medicamento proporcionado. Poco a poco se produjo asimismo la separaci?n de los boticarios como un grupo diferenciado de los tenderos. En 1617, se cre? la Society of Apothecaries (Sociedad de Boticarios), encontrando oposici?n de los tenderos y de los doctores. La ley les permit?a dispensar medicamentos pero los doctores se quejaban de que de hecho no s?lo los dispensaban, sino que los prescrib?an. Los boticarios apelaron a la ley de 1541, manifestando que no cobraban por sus consejos m?dicos sino por las medicinas vendidas. De hecho los boticarios fueron en gran parte los m?dicos de los pobres, al atenderlos cobrando s?lo el importe de la medicaci?n administrada, fundamentalmente preparados a partir de hierbas. Por ello, en 1687, los m?dicos trataron de disminuir la influencia de los boticarios obligando a todos los doctores licenciados a atender a los pacientes pobres de forma gratuita. Esto llev? consigo la fundaci?n de dispensarios, a partir de 1690, donde los pobres recib?an atenci?n m?dica y medicinas gratis. En 1703, en el caso de los doctores contra el boticario Rose, la C?mara de los Lores decidi? que un boticario pod?a ??not only compound and dispense, but also direct and order? remedies for the treatment of disease.? 2 Los boticarios se convert?an pr?cticamente en los m?dicos de medicina general. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, continu? el desarrollo de las facultades de medicina. En 1575, Guillermo de Orange fund? la universidad de Leyden, que se distingui? por admitir alumnos de toda procedencia y creencia religiosa (mientras que Oxford y Cambridge s?lo admit?an anglicanos y la mayor?a de las universidades europeas estaban bajo control cat?lico). En 1708, Hermann Boerhaave, profesor de bot?nica y medicina en Leyden, se hizo cargo de doce camas en el hospital local utiliz?ndolas para la formaci?n pr?ctica de sus alumnos. En estos mismos a?os, John Monro, antiguo alumno de Leyden, cre? la escuela de medicina de la universidad de Edimburgo. En 1736, se inaugur? el hospital llamado Edinburgh Royal Infirmary en estrecha conexi?n con la universidad. Puede considerarse como el primer hospital universitario, creado con la funci?n de facilitar la formaci?n de futuros doctores. Edimburgo se convirti? en el principal centro de estudios para alumnos de habla inglesa, aunque los t?tulos obtenidos no permit?an ejercer en Inglaterra. Importantes doctores procedentes de Estados Unidos realizaron estudios en Edimburgo. 2 Dally, Ann, Women under the Knife, A History of Surgery. Hutchinson Radius. Londres, 1991 p. 55 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 207 A lo largo del siglo XVIII, se crearon m?ltiples hospitales y peque?as escuelas de medicina. Los doctores cumpl?an su compromiso de atender a los pobres gratuitamente en las salas de los hospitales, rode?ndose de un grupo de alumnos de los que recib?an los correspondientes honorarios por la ense?anza impartida. Los estudios de anatom?a quedaban muy limitados al ser permitidas las disecciones s?lo a los miembros de la Compa??a de Barberos-Cirujanos. En 1747, William Hunter, miembro de la misma, fund? una escuela de anatom?a en Covent Garden, que dirigi? junto con su hermano John. Dado el ?xito de esta escuela, que se traslad? a dos ubicaciones diferentes por necesidad de espacio, Hunter propuso la creaci?n de una facultad de medicina en Londres. Finalmente, y al no recibir suficiente apoyo real, en 1767, cre? una escuela en Great Windmill Street, que existi? hasta 1833, en la que se impart?an ense?anzas de anatom?a, qu?mica, cirug?a y medicina. Esta es la primera escuela de medicina de Londres. La siguieron numerosas escuelas privadas de diferente calidad. No exist?a un curr?culum com?n y puede decirse que la calidad de la ense?anza de la medicina a finales del siglo XVIII era muy baja. La realidad es que la mayor parte de la poblaci?n segu?a recibiendo la atenci?n m?dica de boticarios y curanderos. As? una encuesta efectuada en Lincolnshire, revelaba que hab?a en el condado, cinco doctores, todos ellos licenciados en Edimburgo; once cirujanos y boticarios que se hab?an preparado mediante aprendizaje pr?ctico; veinticinco drogueros (o vendedores de medicamentos), de los cuales s?lo uno hab?a recibido aprendizaje, pero que actuaban todos como doctores; sesenta y tres comadronas, de las cuales ninguna hab?a recibido entrenamiento, y cuarenta curanderos sin ning?n tipo de formaci?n. Exist?a una fuerte diferencia social entre los doctores y los cirujanos. Los primeros entraban en las casas adineradas por la puerta principal y lo segundos por la puerta de los criados. Pero el doctor, realmente, aunque pose?a conocimientos cl?sicos, filos?ficos, etc., ten?a un conocimiento pr?ctico de la medicina inferior al de cualquier boticario dedicado al tratamiento diario de la poblaci?n. A principios del siglo XIX la necesidad de un mayor n?mero de doctores debidamente preparados te?rica y pr?cticamente era evidente. La creciente clase media y alta demandaba una mejor atenci?n sanitaria. En este marco, la Sociedad de Boticarios (Fig. 3) fue la primera en regular las exigencias para obtener la licencia y practicar la medicina. Seg?n la Apothecaries Act, o Ley de Boticarios de 1815, todos los boticarios de Inglaterra y Gales deb?an someterse a un examen de su Sociedad, tras haber realizado cinco a?os de pr?cticas, y haber obtenido certificados de haber asistido a Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 208 dos cursos de anatom?a y fisiolog?a, y dos cursos de teor?a y pr?ctica m?dica. Adem?s, el candidato deb?a haber walked the wards, es decir, realizado pr?cticas en un hospital durante seis meses como m?nimo. La Sociedad recib?a poderes para perseguir a quienes no cumplieran esta ley. ?The Apothecaries Act of 1815 empowered the Society to conduct examinations, and candidates were examined in the theory and practice of medicine, pharmaceutical chemistry, and materia medica, and had to translate parts of the pharmacopoeia. Among additions to the syllabus in 1816 were physiology and medical botany; in 1827 the compulsory attendance at two courses of lectures on midwifery, and diseases of women and children was introduced; and from 1828 the certificates of attendance at a hospital or dispensary had to be signed by all the physicians on the staff. In 1835 the curriculum was further extended to meet the developing needs of science.? 3 Estas exigencias debi? cumplir Elizabeth Garret para obtener su licencia como doctora. En 1800, la antigua Compa??a de Cirujanos se hab?a transformado en el Royal College of Surgeons (Real Colegio de Cirujanos). El n?mero de cirujanos hab?a aumentado durante la guerra con Napole?n, y trataron de conseguir al menos igualdad con los boticarios. Con tal fin, lograron un acuerdo con la Sociedad de Boticarios, mediante el cual se pod?a obtener el t?tulo de cirujano siguiendo las exigencias de la Ley de 1815, m?s un curso adicional en cirug?a y seis meses m?s de pr?ctica en hospital. De esta forma se obten?a la posibilidad de ejercer la medicina y la cirug?a, formando parte del Real Colegio de Cirujanos y obteniendo la licencia de la Sociedad de Boticarios, lo que se denomin? college and hall. En los a?os 1842-44, las universidades concedieron tan s?lo diecis?is licencias, y treinta y siete el Real Colegio de M?dicos, mientras que novecientos cincuenta y tres aspirantes obten?an el t?tulo de doctor mediante el sistema college and hall, obteniendo los t?tulos de MRCS (Membership of the Royal College of Surgeons) y L.S.A. (Licenciate of the Society of Aphotecaries). Proliferaban cada vez m?s las peque?as escuelas que preparaban para el examen de la Sociedad de Boticarios. Estas escuelas ofrec?an los cursos exigidos pero no ejerc?an ning?n tipo de control sobre sus alumnos. Puede encontrarse una amplia referencia de las escuelas existentes en el primer cuarto del siglo XIX, publicada en el volumen de 1825-26 de la revista The Lancet. La falta de control sobre los estudiantes contribu?a a la imagen del estudiante de medicina como alguien violento, bebedor y pendenciero, imagen recogida en la literatura, por ejemplo en los personajes de MR Bob 3 Medvey, Victor Cornelius y Thornton, John L. (edit.) The Royal Hospital of Saint Bartholomew. 1123- 1973. St Bartholomew?s Hospital. Londres, 1974, p. 52 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 209 Sawyer y Mr Benjamin Allen en la obra Pickwick Papers de Dickens. En 1836 se concedi? a la universidad de Londres el derecho a conceder t?tulos de doctor, derecho reservado hasta la fecha a las universidades de Oxford y Cambridge y a los Examining Boards o tribunales examinadores dependientes del Real Colegio de Cirujanos y la Sociedad de Boticarios. II. La ense?anza de la medicina en los grandes hospitales En los grandes hospitales como St. Bartholomew?s Hospital o St. Thomas? Hospital en Southwark, los cirujanos tomaban alumnos a su cargo desde el siglo XVI. Veamos brevemente el funcionamiento de la ense?anza de la medicina en ambos hospitales. La escuela de medicina de St Bartholomew?s Hospital (Fig. 4) Existen referencias de que en el siglo XVII los doctores de St. Bartholomew utilizaban a sus alumnos para realizar su funci?n de atenci?n a los enfermos pobres. En esa misma ?poca los cirujanos eran acompa?ados por sus aprendices al llevar a cabo las visitas a los enfermos. A finales del siglo XVII se cre? una biblioteca para uso de los alumnos y es probada la existencia de un museo durante el siglo XVIII. A lo largo del siglo XVIII diferentes doctores del hospital continuaron impartiendo conferencias, celebradas en diferentes locales, fundamentalmente los salones de la Sociedad de Cirujanos: ?The art of surgery was based upon anatomy and dissections, and lectures took place at Barber-Surgeons Hall in Monkwell Street, and later at Surgeons Hall in Old Bailey.? 4 En 1722, se cre? una sala de disecciones dentro del Hospital y en 1729, se anunciaban las conferencias de Edward Nourse. La ense?anza sistem?tica de la cirug?a dentro del Hospital se estableci? en 1745, cuando fue elegido cirujano ayudante Percivall Pott. Pero el nacimiento de una escuela de medicina propiamente dicha en St. Bartholomew?s Hospital se debe a John Abernethy (1746-1833), cirujano y gran profesor. En la ?ltima d?cada del siglo XVIII, Abernethy comenz? a impartir clases de anatom?a, fisiolog?a y cirug?a. Su reputaci?n como profesor atrajo un gran n?mero de estudiantes, y el hospital decidi? construir una sala especialmente dedicada a la ense?anza, conocida con el nombre de Surgeons 4 Medvei, Victor Cornelius y Thornton, John L. o.c. p. 208 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 210 Theatre o Medical Theatre, en Windmill Court, tras el ala oeste del hospital. Los estudiantes no estaban obligados en esa ?poca a seguir un curso completo sino que pod?an asistir a las conferencias de diferentes profesores en distintas escuelas privadas. Cuando se inscrib?an en un ciclo de conferencias pagaban una cuota directamente al profesor que las impart?a y recib?an unos tickets de admisi?n firmados por ?ste o sellados con su sello personal. Los profesores conced?an asimismo certificados de asistencia asimismo expedidos en su propio nombre. Sin embargo, los certificados de pr?cticas en las salas eran firmados por tres cirujanos y llevaban el sello del hospital. Los alumnos de medicina ten?an acceso a todas las salas mientras que los cirujanos no pod?an acceder a las salas de enfermos no atendidos por los cirujanos. En St. Bartholomew predominaban los estudiantes de cirug?a, de forma que, en 1820, hab?a varios cientos de aspirantes a cirujanos y tan s?lo tres estudiantes de medicina. Dos importantes aportaciones de Abernethy fueron: la creaci?n de la Medical and Philosophical Society (Sociedad M?dica y Filos?fica) en 1795, transformada en la Abernethian Society en 1832, que continu? funcionando durante m?s de un siglo, y su influencia en la promulgaci?n de la ley de 1832, denominada Act for Regulating Schools of Anatomy, que regulaba la obtenci?n legal de cad?veres para practicar la disecci?n y estudiar anatom?a. Hasta entonces, y dadas las restricciones impuestas por la ley de 1540, los profesores de anatom?a se hab?an visto obligados a comprar cad?veres a los llamados resurreccionistas, quienes los robaban de las tumbas inmediatamente despu?s del entierro. La historia m?s oscura relacionada con esta pr?ctica la protagonizaron en 1827, el profesor de anatom?a de Edimburgo Robert Knox y los body snatchers William Hare y William Burke, quienes, no satisfechos con las siete libras y diez chelines que obten?an por cada cad?ver robado proporcionado a Knox, aumentaron su industria asesinando a diecis?is personas, la mayor?a prostitutas y vagabundos, quiz?s con el benepl?cito o al menos el silencio del famoso profesor. La escuela de St, Bartholomew?s Hospital mejor? notablemente durante los a?os 30, y en 1839 solicit? y obtuvo ser reconocida por la Universidad de Londres. En 1843 se inaugur? el Collegiate Establishment o residencia de alumnos bajo el control de un profesor, o Warden. Los residentes deb?an comprometerse por escrito al cumplimiento de las siguientes normas: ?every student had to dine nightly in College Hall, except when excused by the Warden....Under no circumstances were students allowed out of Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 211 College after midnight, or to sleep out during the session without permission from the Warden, and visitors were not allowed in the College after 11 p.m. No food or drink was to be brought into the College?. 5 En 1850, ya en posesi?n del t?tulo de doctora por la escuela de medicina de Geneva de Estados Unidos, Elizabeth Blackwell fue admitida como alumna en la escuela de St. Bartholomew?s Hospital, tras haber proporcionado informaci?n sobre su carrera al Comit? de Gobernadores el profesor James Paget, a la saz?n decano de la escuela de medicina de St Bartholomew. En su obra autobiogr?fica Pioneer Work in opening the Medical Profession to Women, Elizabeth Blackwell recuerda haber sido admitida a la sala del doctor Burrows, de los cirujanos Lawrence, Stanley y Lloyd; haber podido beneficiarse del estudio de casos cl?nicos con los doctores Hue, Baly y el cirujano Kirkes; y haber asistido a las clases de anatom?a patol?gica de James Paget. Sin embargo, no fue aceptada por el profesor de obstetricia. As? lo refiere en carta dirigida a su hermana Emily: ?...the Professor of Midwifery and the Diseases of Women and Children wrote me a very polite note, telling me that he entirely disapproved of a lady?s studying medicine, and begging me to consider that his neglecting to give me aid was owing to no disrespect to me as a lady, but to his condemnation of my object.? 6 Estas son las ?nicas palabras que el Dr Paget la dedic? en su obra Memoirs, publicadas en 1901: ?The celebrated Dr Elizabeth Blackwell a sensible, quiet, discreet lady, she gained a fair knowledge (not more) of medicine; practised in New York: then tried to promote female doctordom in England.? 7 Seis a?os despu?s fue denegada la solicitud de tres aspirantes, una de ellas Emily Blackwell, hermana de Elizabeth. En 1865 se permiti? la asistencia de Miss Ellen Colborne a las salas y conferencias de aquellos profesores que as? lo aceptaron. Pero los alumnos firmaron una solicitud contra su admisi?n y cuando acudi? a las clases en dos ocasiones impidieron que ?stas pudieran continuar. Ante todo ello, no se tom? ninguna medida contra los alumnos por su comportamiento, sino que se expuls? a Miss Colborne de la escuela. 5 Idem, p. 67. 6 Blackwell, Elizabeth. Pioneer Work in opening the Medical Profession to Women. Longman, Green and Co. Londres, 1895, pp. 172-73 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 212 III. La escuela de medicina de St. Thomas? Hospital Existe evidencia de que los cirujanos de St. Thomas? Hospital tomaban aprendices desde 1552. Estos alumnos depend?an directamente de cada cirujano individualmente, no del hospital, sol?an vivir en casa de su maestro y deb?an cumplir un periodo de siete a?os de entrenamiento. El boticario fue autorizado a tomar disc?pulos desde 1715. A partir de finales del siglo XVIII, apareci? un nuevo tipo de alumno, que ya hab?a realizado varios a?os de aprendizaje bajo la direcci?n de un cirujano o boticario en otra localidad y ven?a a Londres para adquirir experiencia y aumentar sus conocimientos. Estos alumnos permanec?an un periodo que pod?a variar entre varios meses y varios a?os, no viv?an en casa de su maestro y estaban sujetos a menor grado de control. En 1703, se intent? regular el aprendizaje de este tipo de alumnos, considerados ayudantes de los cirujanos, en St. Thomas, mediante una serie de normas contenidas en las Orders for Cubs (or Surgeons? Young Men): ning?n cirujano pod?a tener m?s de tres, s?lo deb?a admitirse personas que ya tuvieran cinco a?os de pr?ctica con un cirujano, y su admisi?n deb?a ser aprobada previamente por el Comit? del Hospital. Los alumnos eran examinados por su maestro y recib?an certificados expedidos por ?ste. Especial atenci?n merecen los dressers, alumnos avanzados que actuaban como ayudantes del cirujano en las operaciones y se encargaban de la atenci?n de los pacientes en caso de ausencia de sus superiores. En 1721, se abri? el Guy?s Hospital en cooperaci?n con St. Thomas, dedicado fundamentalmente a pacientes incurables y enfermos mentales que ?ste ?ltimo no admit?a. Desde entonces hasta 1836, los alumnos pod?an practicar en ambos hospitales. En el siglo XVIII, se regul? la situaci?n de los ayudantes o dressers: las cuotas abonadas por ellos, cincuenta libras al a?o, se divid?an entre los cirujanos y boticarios de ambos hospitales; ning?n cirujano pod?a tener m?s de cuatro ayudantes, incluidos los aprendices; ning?n dresser pod?a esperar m?s de un mes antes de ser admitido al hospital, y los aprendices no m?s de tres meses. Ning?n alumno pod?a ser admitido por un per?odo inferior a seis meses. Cada cirujano que admitiese un ayudante deb?a pagar seis guineas al boticario. En el siglo XVIII, todos los ayudantes y aprendices estaban autorizados a presenciar las operaciones que se realizaban cada viernes. La figura del boticario hab?a alcanzado gran importancia y, de hecho, era ?l quien recib?a mayor salario y ten?a 7 Medvey, Victor Cornelius y Thornton, John L. (edit.), o.c. p. 69 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 213 mayores responsabilidades en el hospital. Los doctores sol?an visitar a sus pacientes dos veces en semana y el resto de los d?as el boticario ten?a que visitar a todos los pacientes de tipo m?dico. Hac?a una ronda por la ma?ana y otra por la tarde. Tambi?n ve?a los casos de cirug?a que requiriesen atenci?n m?dica y les prescrib?a los correspondientes tratamientos. En 1832, el boticario Richard Gullet Withfield ejerc?a asimismo las funciones de secretario de la escuela de medicina. Exist?an entonces tambi?n alumnos de medicina, quienes deb?an pagar una guinea al boticario. Recib?a ?ste asimismo la cuarta parte de todos los ingresos de alumnos de cirug?a y dos cuotas completas de admisi?n a cirug?a cada a?o. Asimismo recib?a seis guineas por cada dresser que practicara durante seis meses y tres peniques por cada libra pagada por asistir a conferencias. El mismo recib?a aprendices bajo su control directo, quienes le pagaban una cantidad total de trescientas guineas cada uno. Dado el aumento de solicitudes para ejercer como dressers, se regul? que ?stos deb?an realizar un aprendizaje de al menos cinco a?os bajo la direcci?n de un miembro del real Colegio de Cirujanos y realizar pr?cticas en el hospital durante seis meses ?before ?taking their box?, i.e, becoming dressers?. 8 A lo largo del siglo XIX, se va desarrollando la idea de la escuela de medicina como una comunidad dependiente del hospital y regulada por el mismo, y no un conjunto de alumnos dependientes individualmente de cada maestro, lo que lleva a plantear la necesidad de proporcionar a los alumnos museo, biblioteca, laboratorios, residencia y lugares de estudio. El n?mero de alumnos pas? de tan s?lo cuarenta en 1842 a ciento siete el a?o siguiente. En la d?cada de 1850, se exigi? a cada profesor presentar un curr?culum del curso a impartir. Tras el traslado del hospital desde Southwark a Lambeth, la escuela de medicina se inaugur? el 2 de octubre de 1871, incluyendo ya una gran variedad de materias: Medicina, Patolog?a General, Cirug?a, Cirug?a pr?ctica y manipulativa; Anatom?a, Asistencia al Parto, Cirug?a oftalmol?gica, Fisiolog?a; Qu?mica, Materia m?dica, Medicina forense, F?sica y Filosof?a natural, Anatom?a m?rbida sistem?tica, Bot?nica, Anatom?a comparada y Enfermedades mentales. 8 McInees, E.M. St. Thomas? Hospital. Special trustees for St Thomas? Hospital. Londres, 2?. Edic., 1990. p. 92 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 214 IV. La organizaci?n de los hospitales ?Qu? eran los hospitales en el siglo XIX? ?Qui?nes acud?an como pacientes? ?In the first half of the nineteenth century, hospitals were (as they had been for centuries) places where the sick, the poor and the destitute were cared for. All who could afford it were treated at home, and nursed by their families.? 9 Sirvi?ndonos de ejemplo St. Thomas, desde su fundaci?n a principios del siglo XII hasta el siglo XVII, el hospital medieval desempe?aba una triple funci?n: ?Hospitality was given to poor travellers, a home was provided for the destitute aged, and the sick were nursed.? 10 A?n en el siglo XIX los hospitales distaban mucho de ser algo similar a las hospitales actuales. Puede ser ilustrativa en este sentido la opini?n expresada por Florence Nightingale en una carta dirigida al Times en 1876: ?Hospitals are but an intermediate stage of civilisation. At present hospitals are the only place where the sick poor can be nursed, or, indeed often the sick rich. But the ultimate object is to nurse all sick at home.? 11 Efectivamente, las personas adineradas evitaban acudir al hospital y con frecuencia eran atendidas, incluso en partos y operaciones, en su propio domicilio, o cl?nicas privadas. Pero tampoco todos los pobres pod?an acudir al hospital. Para ser admitidos en alguno de los grandes hospitales de Londres era preciso contar una ?suscriber?s letter? o carta de recomendaci?n. Dado que los hospitales se financiaban a partir de donaciones privadas, los donantes recib?an anualmente una serie de cartas de recomendaci?n en proporci?n directa a las cantidades donadas. Y pod?an distribuirlas como considerasen pertinente, concedi?ndolas generalmente, a sus sirvientes, o personas pobres que requiriesen su ayuda. Incluso cuando un enfermo consegu?a de la generosidad de un donante una carta de recomendaci?n, tampoco era admitido inmediatamente: los hospitales s?lo recib?an pacientes determinados d?as de la semana, y el enfermo deb?a probar que pose?a suficiente dinero para pagar su funeral si mor?a dentro del hospital, adem?s de aportar su propia ropa de capa, cubiertos y comida. En algunos hospitales se admit?an casos de urgencia, pero generalmente las solicitudes de admisi?n deb?an ser aprobadas por el consejo de gobernantes del hospital que se reun?a 9 Medvei, Victor Cornelius y Thornton, John L. (edits.), o.c. p. 245 10 McInnes, E. M. o.c. p. 17 11 Nightingale, Florence. ?Trained Nursing for the Sick Poor?. Carta al peri?dico The Times, 14 de Abril de 1876. Florence Nightingale Museum Guidebook, p. 24 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 215 semanalmente. Y las personas que sufr?an enfermedades ven?reas, c?lera, enfermedades mentales o enfermedades incurables sol?an ser rechazadas. Si tenemos en cuenta las condiciones miserables de vida a que se encontraba sometida gran parte de la poblaci?n, cuya ?nica forma de supervivencia era en muchas ocasiones acudir al workhouse, el alto n?mero de prostitutas, muchas de las cuales sufr?an enfermedades ven?reas, etc., podemos deducir que el n?mero de personas pobres que no pod?an recibir tratamiento m?dico en los hospitales era elevado. Hemos mencionado en el cap?tulo anterior que en muchos casos los cirujanos daban una compensaci?n econ?mica a los enfermos que aceptaban someterse a una operaci?n. En 1821, St. Bartholomew?s Hospital aboli? la exigencia de un pago por parte de los enfermos admitidos, pero sigui? exigiendo la carta de recomendaci?n. Una tarde de Diciembre de 1827, poco antes de Navidad, William Marsden, un joven cirujano, encontr? en las escaleras de la Iglesia de San Andr?s en Holborn a una joven moribunda. Intent? ingresarla en varios hospitales pero fue rechazada por carecer de una carta de recomendaci?n. Marsden la atendi? en un alojamiento cercano a su propia casa, pero la joven muri? dos d?as despu?s. Este hecho movi? a William Marsden a establecer un hospital ?whose only criteria for admission would be the need for medical or nursing care. It would be a hospital ?to which the only passport should be poverty and disease?, where treatment would be freely available to any destitute or sick person who asked for it.? 12 El proyecto, bajo el nombre de London General Institution comenz? como un dispensario, incluyendo visitas m?dicas a domicilio y el suministro gratuito de las medicinas a los enfermos que no pudieran pagarlas. Durante la epidemia de c?lera de 1832, todos los hospitales londinenses cerraron sus puertas, excepto la London General Institution. Se habilitaron las instalaciones para asistir pacientes internos y de los setecientos admitidos, quinientos sesenta lograron recuperarse y sobrevivir. Al final de dicho a?o de 1832, se hab?an tratado dos mil pacientes en sus propias casas y cuatro mil en el dispensario. El personal disponible estaba compuesto por dos cirujanos voluntarios, un doctor y un boticario, un ama de llaves que actuaba como matrona y una doncella que actuaba como enfermera. En septiembre de 1833, la London General Institution cambi? su nombre al de London Free Hospital. En 1835, se transform? en el Free Hospital, contando ya con el 12 Amidon, Lynne A. An Illustrated History of the Royal Free Hospital. Special Trustees for the Royal Free Hospital. Londres, 1996. p. 13 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 216 apoyo de la Duquesa de Kent y la entonces princesa Victoria. Cuando ?sta ascendi? al trono en 1837, se convirti? en mecenas del hospital imponiendo que se denominase desde entonces Royal Free Hospital. Pronto fue necesario aumentar las instalaciones comprando la casa contigua de Greville Street. En los primeros a?os de la d?cada de 1840, el hospital se traslad? a Gray?s Inn Road, contando con el apoyo financiero de distintas instituciones londinenses. El 12 de junio de 1877, el Royal Free Hospital accedi? a que las j?venes estudiantes de la London School of Medicine for Women pudieran realizar pr?cticas en sus salas. En 1898, la uni?n entre ambas instituciones dar?a lugar a que la escuela cambiase su nombre por el de London (Royal Free Hospital) School of Medicine. En 1948, los dos primeros alumnos varones fueron admitidos y la escuela pas? a denominarse Royal Free Hospital School of Medicine, hasta la actualidad. El hospital gratuito, obra de William Marsden, ser?a parte fundamental de la vida de la escuela de medicina para mujeres creada por Sophia Jex-Blake, Elizabeth Blackwell y Elizabeth Garrett, objeto de estudio en esta tesis. V. Status social y formaci?n de las comadronas A lo largo de los siglos las comadronas hab?an atendido a las dem?s mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto, ocup?ndose tambi?n del cuidado del reci?n nacido. Adem?s, atend?an trastornos ginecol?gicos, trastornos de la menstruaci?n, tumores uterinos, infecciones ginecol?gicas, etc. ?Qu? mujeres optaban por ser comadronas? Con excepci?n de algunas esposas o hijas de doctores o cirujanos que ejerc?an esta tarea con un car?cter caritativo, las comadronas sol?an ser mujeres en situaci?n de una cierta marginaci?n social: ?old women, women disenfranchised from their families, women whose tolerance allowed them to be present at the ?unclean? and torturous event of birth? 13 . Algunos doctores ofrecieron una visi?n de las comadronas fuertemente cr?tica.. Percival Willughby, autor de la obra Observations in Midwifery, publicada en 1793, opinaba que ?many midwives, especially those in the country, were illiterate women of ?the meanest sort who, not knowing how otherwise to live?, had taken up widwifery ?for the getting of a shilling, or two.?? 14 Contradictoriamente, su hija y otras mujeres de su familia atend?an como comadronas a damas de clase alta. 13 Achterberg, Jeanne. Woman as Healer, Rider. Londres, 1990, p. 119 14 Idem, p. 119. Incluye cita de Percival Willughby, Observations on Midwifery. As also the Country Midwifes Opusculum or Vade Mecum. H. Blenkinsop, ed. Warwick, 1863 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 217 Un manual muy popular del siglo XVI, el titulado Brythe of Mankind ofrec?a una doble visi?n de las comadronas: ?many midwives were ?ryght expert/diligent/wyse/circumspecte and tender?: So too, many were ?undyscreate/unreasonable/chorleshe.?? 15 Otro ejemplo de manifestaci?n contradictoria puede hallarse en Herbert Spencer, quien se refer?a a Mary Donaly como ??ignorant widwife? who performed the first successful caesarean section in the British Isles in about 1728.? 16 La visi?n negativa que ofrecen autores del siglo XVIII, como Percival Willughby, va unida al inter?s por incorporarse los cirujanos y doctores al campo de la obstetricia, consiguiendo clientas de clase media y alta y a trav?s de ellas, en muchas ocasiones, la posibilidad de atender a toda la familia. La utilizaci?n de los f?rceps, cuyo uso como el de todo instrumental m?dico estaba ?nicamente permitido a los cirujanos, y absolutamente prohibido a las comadronas, permiti? la aparici?n de los men-midwives o accoucheurs, a que ya nos hemos referido en el cap?tulo anterior, desplazando a las comadronas y releg?ndolas a la atenci?n de las mujeres pobres, o en todo caso a una situaci?n de inferioridad respecto a los expertos comadrones, cirujanos o doctores. As?, seg?n Willughby, la buena comadrona, era aquella ?who sent for a man to help with a difficult labour, and who was not ?so lofty and conceited that she used the instruments herself?? 17 La ciudad de Regensburg (Alemania) fue la primera en establecer un sistema de concesi?n de licencias o autorizaciones a las comadronas, en 1452, as? como un fondo para cubrir la atenci?n a las mujeres pobres y un sistema de pensiones para las comadronas ancianas. El sistema de Regensburg fue pronto imitado por otras ciudades europeas. Con anterioridad a 1500, la Iglesia Cat?lica hab?a controlado la concesi?n de autorizaciones a las comadronas, por diversas razones: por la posible relaci?n que se atribu?a entre brujer?a y atenci?n al parto; el inter?s en asegurar que los ni?os que muriesen durante el parto o inmediatamente despu?s fueran bautizados por las comadronas, as? como para evitar que las comadronas colaborasen en la ocultaci?n de paternidades ileg?timas o procurasen medios abortivos a las mujeres. Tras la regulaci?n de las profesiones relacionadas con el cuidado de la salud, llevada a cabo por Enrique VIII, en 1550 se comenz? a controlar la concesi?n de licencias a comadronas, mediante un tribunal examinador formado por el Obispo y un 15 Idem, p. 119. Incluye cita de E. R?esslin. The Brythe of Mankynd, Otherwyse Named the Woman?s Boke, traducido del lat?n por Thomas Raynalde, Londres, 1545, prefacio 16 Idem, p. 125 17 Bourdillon, Hilary. Women as Healers. Cambridge University Press. Cambridge, 1988, p. 25 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 218 doctor. No se buscaba el conocimiento m?dico de la mujer, sino el asegurarse de que ten?a un comportamiento acorde a las normas eclesi?sticas y no realizaba pr?cticas de brujer?a o magia. ?Midwives were required to swear to their diligence, faith, and readiness to serve the poor........The midwives? oath contained fifteen items attesting to their integrity. Matters of training and expertise were not at issue in the sixteenth century. The midwives only promised to seek those more skilled than they if the labor proved difficult.? 18 Las mujeres que actuasen como comadronas sin licencia pod?an ser excomulgadas o encarceladas, aunque en la pr?ctica existiese gran cantidad de comadronas, curanderas y curanderos que atend?an a la poblaci?n m?s necesitada, fuera de los l?mites legales impuestos. Como ejemplo de las exigencias impuestas a la comadrona por la licencia eclesi?stica, podemos citar la otorgada por el Obispo de Londres a Margaret Parrey el 30 de Agosto de 1588: ?Ye shall be diligent and faithful and ready to help every woman travelling in Christ as web the poore as the rich, and that in time of necessity, ye shall not forsake the poor women and go to the rich? Ye shall neither cause nor suffer any women to name or put other father to the child but only him that is the very father indeed thereof? ye shall not in any wise use or exercise any manner witchcraft, charme, Sourcery invocations or other prayers than may be seem with godes Laws and the Queens.? 19 Respecto a la formaci?n de la comadrona, existen al menos doce textos redactados en ingl?s antiguo, dirigidos a mujeres y posiblemente escritos por tambi?n mujeres. Uno de los primeros y m?s importantes es el conocido como Sloane 2463, escrito en torno a 1450, que expresa directamente su finalidad de preparar a las mujeres ?so that one woman may aid another in her illness and not divulge her secrets to such discourteous men.?? 20 No contiene ning?n tipo de invocaci?n religiosa y los remedios sugeridos son sobre todo bot?nicos. Apoya la defensa de la vida de la madre con prioridad a la del feto, ?When a woman is feble and the chyld may noght comy out, then it is better that the chylde be slayne than the moder of the child also dye?. 21 No contiene ning?n remedio para aliviar los dolores del parto. Parece inconcebible que no conocieran ning?n remedio natural. M?s posible es que eludieran tal tipo de consejos para evitar las acusaciones de la Iglesia, o bien que hubiesen asumido y se sometieran a 18 Achterber, Jeanne, o.c. p. 123 19 Bourdillon, Hilary, o.c. p. 24 20 Rowland, B. Medieval Woman?s Guide to Health: The First English Gynecological Handbook, Kent State University Press, Kent (Ohio USA), 1981, citado en Achterber, Jeanne, o.c. p. 120 21 Achterberg, Jeanne, p. 121 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 219 la doctrina eclesi?stica del sufrimiento de la mujer en el parto como castigo divino. La primera obra escrita en ingl?s por una mujer dirigida a las comadronas, es la titulada The Midwives Book, publicada en 1671 por la comadrona Jane Sharp. El primer intento de elevar la categor?a profesional de las comadronas aparece tambi?n en Inglaterra en el siglo XVII, gracias a Elizabeth Cellier, ya mencionada en el cap?tulo anterior, quien dise?? un hospital real y organiz? una corporaci?n de comadronas. En 1687, propuso la preparaci?n profesional y el registro de las comadronas. Su sentido humanitario y social la llev? a visitar a los prisioneros de la c?rcel de Newsgate, algo no aceptado en su ?poca. Su actividad le cre? poderosos enemigos que consiguieron fuese juzgada por supuesto complot contra el rey Carlos II, encarcelada, condenada a pagar una multa de 1.000 libras, y a presenciar la quema de sus libros. Poseemos una interesante descripci?n de la preparaci?n de comadronas en Francia en el siglo XIX, a trav?s de la experiencia vivida por Elizabeth Blackwell. Tras obtener su t?tulo de doctora en Estados Unidos, Elizabeth Blackwell quiso aumentar su formaci?n en La Maternit? de Par?s. S?lo consigui? ser admitida como aspirante a comadrona, compartiendo vida y actividades con un grupo de alumnas desde el 30 de junio hasta finales de noviembre de 1849. En su obra autobiogr?fica nos habla de la formaci?n de estas futuras comadronas. Se trataba de j?venes campesinas francesas con conocimientos rudimentarios de lectura y escritura. La formaci?n en La Maternit? constaba de clases te?ricas y trabajo pr?ctico bajo la supervisi?n una experta comadrona, Madame Charrier. Las j?venes viv?an en el hospital, compartiendo dormitorios, duchas y comedores comunitarios. Su horario comenzaba a las cinco y media de la ma?ana, haciendo la primera visita que inclu?a el lavado de las pacientes y arreglo de las camas, hasta las siete. De siete a ocho ten?an clase con Mme. Charrier, quien preguntaba cada d?a a tres alumnas distintas sobre las ense?anzas que iban recibiendo de los distintos profesores. De nueve a diez, clase con el Sr. Dubois. De una a dos, tras el almuerzo, de nuevo clase con la segunda comadrona. De dos a tres las alumnas pod?an recibir visitas y dispon?an asimismo de tiempo libre tras la cena. El resto de las horas se dedicaba a la atenci?n de los pacientes. Las jornadas de guardia supon?an estar en servicio permanente desde las ocho de la ma?ana hasta las ocho de la noche y cada cinco noches deb?an hacer una guardia nocturna. Las alumnas estaban sometidas a un r?gimen de fuerte disciplina y aislamiento de distracciones exteriores, no pudiendo recibir ni Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 220 siquiera peri?dicos. Pese a no poseer una amplia formaci?n cultural inicial, se cuidaba su preparaci?n profesional de forma exigente y organizada: ?Every moment of time was appropriated; no distraction of books, newspapers, or other than medical works were allowed; lectures, wardwork, drills, and cliniques were arranged from morning to night with no confusion, but no pause; and the comprehension and progress of each pupil was constantly tested by examination.? 22 En Espa?a, ya en el siglo XVII, las aspirantes a matronas deb?an pasar un examen ante un m?dico y una matrona titulada. En 1804, se promulga la Real C?dula por la que entran en vigor las Ordenanzas Generales que determinan el ejercicio de la profesi?n de cirujanos y comadronas. Para obtener el t?tulo de partera o comadrona, se exige la realizaci?n de dos cursos de dos meses cada uno. Las clases eran impartidas por el Catedr?tico de partos ?a puertas cerradas, en los meses de Mayo y Junio de quatro a cinco de la tarde todos los d?as que no sean feriados.? 23 Se especifica el contenido del programa de estudio, que incluye, por supuesto, saber administrar el bautismo en caso de necesidad. Se les exig?a asimismo haber practicado durante tres a?os con Cirujano o Partera aprobada y aprobar un examen oral de un cuarto de hora ante tres catedr?ticos que se turnaban para preguntar. Para poder acceder a dicho examen la aspirante o pretendiente deb?a presentar fe de bautismo y de su buena vida y costumbre dada por el P?rroco, e informaci?n de limpieza de sangre, adem?s de licencia por escrito de sus maridos en el caso de las mujeres casadas. Para ejercer, deb?an inscribirse en el registro de cada ciudad, previa presentaci?n de su t?tulo. Se determinan tambi?n las limitaciones profesionales de las parteras: ?no podr?n por s? hacer operaci?n alguna, ni disponer o recetar medicamentos de ninguna clase, debiendo llamar en los partos laboriosos y dif?ciles a un Cirujano probado, para que disponga lo que juzgase conveniente.? 24 VI. La formaci?n de las enfermeras Comentaremos brevemente la situaci?n de la mujer en la enfermer?a, haciendo especial referencia a St. Tomas y St. Bartholomew?s Hospital, teniendo en cuenta como ambos contribuyeron al desarrollo de la enfermer?a moderna. 22 Blackwell, Elisabeth, o.c. p. 128 23 Valle Racero, Juan Ignacio & Garc?a Mart?nez, Manuel Jes?s. ?Las matronas en la historia: Un estudio del siglo XIX?. ROL. Revista de Enfermer?a. A?o XVII, n. 187. Marzo 1994, p. 63 24 Idem, p. 66 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 221 Recordemos en primer lugar, que el cuidado de enfermos, ancianos y desvalidos, queda ligado durante la Antig?edad y la Edad Media a los monasterios, existiendo referencias a los mismos desde el siglo IV d.C. Una especial menci?n, merecen de nuevo, desde el punto de vista de la historia de las mujeres y su contribuci?n al cuidado de los enfermos, la orden de las Beguinas, a la que nos hemos referido en el cap?tulo V, que se extendi? por el norte de Francia, Flandes y sur de Alemania durante el siglo XIII: ?Estas mujeres...hicieron del Cuidado a pobres y enfermos su labor principal....Se organizaban en celdas cerca de un hospital, abad?a o leproser?a. Tomaban el voto de castidad, pero no de forma solemne, por lo que conservaban sus derechos sobre la propiedad privada, trabajaban para mantenerse, y pod?an contraer matrimonio cuando lo decidiesen?. 25 Su independencia, al no tener reglas formales ni estar bajo el control del clero parroquial, hizo que el Papa Clemente V, en el Concilio de Viena de 1311 las condenase a pena de excomuni?n ?excepto a aquellas Beguinas que vivieran juntas en sus hospicios y se dedicaran a la penitencia.? 26 Cuando el Hospital de San Bartolom? fue fundado por el monje Rahere en 1123, seg?n se recoge en la obra an?nima The Book of the Foundation of St. Bartholomew?s Church in London, escrita en 1180, hab?a ocho frailes y cuatro monjas de la orden de San Agust?n viviendo y atendiendo el hospital, que proporcionaba cobijo a enfermos, peregrinos, pobres, etc. Podemos deducir que durante siglos no hubo ning?n m?dico a cargo del hospital y que los remedios ofrecidos ser?an una mezcla de ?herbal remedies, as were in use at the time, given by a self-trained staff, combined with kindness, warmth, adequate food and rest in bed.? 27 John Mirfeld, sacerdote, probablemente capell?n del hospital e interesado en la literatura m?dica, aunque no doctor, escribi? un compendio de consejos m?dicos que ofrece amplia informaci?n sobre la pr?ctica m?dica en las dos ?ltimas d?cadas del siglo XIV. En su obra, titulada Breviarum Bartholomei, ofrece la composici?n del llamado Plaster of Bartholomew empleado en la curaci?n de todo tipo de ?lceras y heridas. En 1546, Enrique VIII disuelve los conventos y procede a una segunda fundaci?n del hospital. A partir de este momento ?ste dispone de tres cirujanos, aumentados a cuatro posteriormente, un doctor y su ayudante, y once sisters, que ya no 25 Garc?a Barrios, Silvia y Calvo Charro, Elena. Historia de la Enfermer?a. Textos M?nimos de la Universidad de Malaga. Secretariado de Publicaciones e Intercambio Cient?fico. Universidad de M?laga, 1992, p. 91 26 Idem, p. 91 27 Medvei, Victor Cornelius y Thornton, John L. (edits.), o.c. p. 107 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 222 eran monjas, sino mujeres laicas, aunque se mantuvo la denominaci?n. En 1559 es nombrada la primera jefa de enfermeras, o matron, Rose Fisher. Hasta la segunda mitad del siglo XVII, las sisters se encargaban no s?lo del cuidado de los enfermos, sino tambi?n de la limpieza, lavado de la ropa, alimentaci?n de los pacientes, acarreo de agua, etc. En el siglo XVII, el su trabajo se vio aliviado con la ayuda de nurses o helpers que se encargaban de las tareas m?s duras en las salas, una lavandera y night watchers para la atenci?n nocturna de los enfermos. En St. Thomas? Hospital, (Fig. 5) a mediados del siglo XVI hab?a seis sisters bajo la supervisi?n de una matrona, encargada tambi?n de la vigilancia del panadero. No contaban con ninguna ayuda extra, tan s?lo la de algunas vigilantes nocturnas. Su trabajo inclu?a la limpieza y la preparaci?n de la comida, con la colaboraci?n de las pacientes que se encontraran en condiciones de prestar ayuda. Deb?an permanecer solteras, pues cualquier mujer que se casase o simplemente se comprometiese, era inmediatamente despedida. Se trataba de exigir un ambiente de moralidad dentro de los hospitales, y la asistencia a los servicios religiosos diarios era obligatoria, tanto para los enfermos que pudiesen acudir, como para las sisters. Estas eran penalizadas con una multa de dos peniques en caso de faltar al servicio religioso sin motivo justificado. Durante el siglo XIX, hubo diferentes intentos de mejorar el nivel moral de las enfermeras. Es preciso tener en cuenta dos factores para comprender la transformaci?n de la enfermer?a durante el siglo XIX: la necesidad de mejorar la atenci?n sanitaria y el alto n?mero de mujeres solteras de clase media que necesitaban encontrar empleos socialmente aceptables para sobrevivir. En 1861, hab?a en Gran Breta?a dos millones y medio de mujeres que ten?an que trabajar para mantenerse. Las mujeres de clase obrera pod?an acceder a diferentes empleos: servicio dom?stico, trabajo en f?bricas, trabajo en la industria textil, la miner?a, etc., aunque fuesen muy duros, mal pagados y en condiciones infrahumanas. Pero las mujeres de clase media apenas contaban con la salida de convertirse en amas de llave, o en nurses, es decir, cuidadoras de los ni?os de familias acomodadas, recibiendo un salario y trato harto duro en ocasiones, como recogen numerosas obras de literatura. La apertura del trabajo de enfermer?a a las mujeres educadas ofrec?a una salida profesional rodeada de valoraci?n social y moral, dentro del ?rea de competencia del cuidado, tradicionalmente asignada a la mujer. La reforma de la enfermer?a se inici? en St. Thomas, a principios del siglo XIX, gracias a Mrs. Sarah Savery, matrona desde 1816 a 1840, quien intent? mejorar la formaci?n de las sisters, como paso previo para lograr una mejora general de las Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 223 enfermeras. Para ello comenz? a elegir a las jefas de sala, no de entre las enfermeras, sino ?from the class of shopkeepers, or head servants, as housekeepers and head nurses in gentlemen?s families.? 28 M?s dif?cil pod?a resultar reclutar como enfermeras, o nurses a mujeres de mayor formaci?n, dado que su trabajo quedaba pr?cticamente reducido a ser las sirvientas de las sisters, y su salario resultaba muy bajo. En 1847, se estableci? un premio anual de tres guineas para la jefa de sala que hubiese realizado sus funciones de forma m?s satisfactoria. Un nuevo paso en la mejora de la enfermer?a lo supuso el nombramiento de Mrs. Sarah Wardroper en febrero de 1854, quien se propuso erradicar la embriaguez entre las enfermeras. En 1856, acept? a la primera Lady Nurse, Jane Shaw Stewart, con car?cter experimental, pues no exist?a a?n ninguna escuela de enfermeras oficialmente establecida. Jane Stewart fue admitida con la finalidad de aprender enfermer?a y, especialmente, el tratamiento de casos de piedra de ri??n, permaneciendo en St. Thomas de Agosto a noviembre de 1856, pasando posteriormente a Guy?s Hospital para continuar su formaci?n. Su aceptaci?n provoc? la inmediata reacci?n de John Flint South, cirujano jefe, quien escribi? inmediatamente al tesorero del hospital, alabando la capacidad de las enfermeras en activo y prediciendo los grandes males que se derivar?an de la aceptaci?n de una se?orita m?s preparada. El p?nico a perder un ?pice de poder queda expresado en algunas de las frases de su carta: ?I regret exceedingly that the Surgeons have not been consulted in this matter, the intention of which however carefully concealed is to change entirely the whole nursing establishment of the house and to place it in the hands of persons who will never be content till they become the executive of the Hospitals and as they have in the Military Hospitals been a constant source of annoyance to the Medical and Surgical Officers.? 29 En 1858, se introdujo una modificaci?n importante. Hasta ese momento las jefas de sala recib?an s?lo parte de su manutenci?n y las enfermeras ten?an que pagar su manutenci?n y en muchos casos el alojamiento. A partir de 1858, se determina que tanto las enfermeras como las jefas de sala residir?n en el hospital y se les proporcionar? su manutenci?n completa, excepto Tea and Sugar Los cambios que afectaban a las enfermeras repercut?an l?gicamente en la situaci?n de los pacientes. A partir de 1860, se comenz? a proveer a los pacientes de t? y az?car, en vez de cerveza, como se hac?a 28 Idem., p. 115 29 Idem., p. 116-17 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 224 anteriormente. Estas medidas junto con la mayor facilidad en el suministro de agua corriente, mejoraron las condiciones de higiene y comportamiento en los hospitales. En 1840, Elizabeth Fry cre? el Institute of Nursing para preparar enfermeras que se dedicasen al cuidado de enfermos en su propio domicilio. Realizaban pr?cticas en Guy?s Hospital, pero sin recibir instrucci?n formal. En 1848, Miss Sellon fund? una especie de hermandad protestante y el obispo de Londres inaugur? St. John?s House, ?to elevate the character of Nurses, by training them in a regular course, which shall fit them for their professional calling.? 30 Estas instituciones, de marcado car?cter religioso, bien cu?quero, bien anglicano, pretend?an proporcionar a las enfermeras una instrucci?n elemental en lectura, c?lculo y escritura, y una formaci?n moral, pero la ?nica educaci?n sanitaria que recib?an las mujeres proced?a de la adquirida mediante la pr?ctica y observaci?n de enfermeras con experiencia. Aunque la reforma de la enfermer?a llevada a cabo durante la segunda mitad del siglo XIX se atribuye con frecuencia a Florence Nightingale, olvidando que su iniciativa de creaci?n de la escuela de enfermeras se encuadra dentro de un movimiento m?s amplio, y vino precedida por la actividad de las hermandades cu?queras, tales como la Training Institution for Nursing Sisters, fundada en 1840 por Elizabeth Fry (quien es asimismo conocida por su acci?n humanitaria a favor de las mujeres encarceladas), y anglicanas, tales como la Park Village Sisters, fundada en 1845, y All Saints Sisterhood, inspiradas ambas en la regla de San Agust?n. Algunas de las hermanas de Park Village hicieron votos privados de pobreza, castidad y obediencia al cl?rigo Pusey, contra la voluntad de los obispos anglicanos. Otro grupo dentro de la Iglesia Anglicana, denominado Broad Churchmen tuvo gran importancia en la creaci?n de instituciones relacionadas con las mujeres. A este grupo pertenec?an Emily Davies, fundadora de Girton College y su hermano Llewellyn, quien fue director del Queen`s College, o Dorethea V?ale, directora del Cheltenham Ladies?College, as? como Richard Bentley Todd. Este ?ltimo fund? la St. John?s House, en 1847. Todd fue catedr?tico de fisiolog?a y anatom?a general y m?rbida en el King?s College, desde 1836, y coautor y editor de la obra Cyclopedia of Anatomy and Physiology, que supuso un gran avance en el estudio de la anatom?a y la fisiolog?a. En 1840 fund? un hospital donde pudieran recibir formaci?n pr?ctica los alumnos del King?s College. Todd pretend?a proporcionar educaci?n religiosa y moral a los futuros doctores junto con una buena preparaci?n profesional. En 1847, plante? al obispo de Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 225 Londres, Charles James Blomfield, la creaci?n de una comunidad de mujeres que recibieran preparaci?n como enfermeras bajo el auspicio de la Iglesia de Inglaterra. La escuela, al igual que el King?s College, se basar?a en ?clinical training in the hospital, combined with religious education; and a residential setting with supervision and support by better-educated women.? 31 La hermandad se denomin? originalmente Training Institution for Nurses for Hospitals, Families and the Sick Poor, cambiando su nombre a St. John?s House, porque su primera sede fue la parroquia de San Juan Evangelista. La educaci?n proporcionada por la iglesia pretend?a generalmente mantener el statuo quo social, haciendo que los pobres adquiriesen unos conocimientos rudimentarios y mantuviesen un comportamiento socialmente aceptable. Sin embargo, las alumnas de Queen?s College o los futuros doctores del King?s College, se formaban para pensar por s? mismos, investigar y conseguir una formaci?n profesional eficiente. De igual forma, ?the nurses whom the new training institution would train had to be intelligent and able to understand the principles of the medical care they were administering to their patients. Mere respectability was not enough.? 32 Los objetivos de la instituci?n quedaron fijados en su sesi?n inaugural, celebrada en julio de 1848, siendo los mismos ?to elevate the character of the Nurses, by training them in a regular course, which shall fit them for their professional calling, and dispose them to discharge their duties in a trustworthy manner; and to hold out to them a prospect of a better social position than they could otherwise hope to attain,?.. to pen a legitimate field of labor to upper-class women who would work, without pay, to train the nurses?..improving the nurses? living and working conditions as well.? 33 St. John?s House fue la primera instituci?n que insisti? en la formaci?n pr?ctica de las enfermeras con car?cter sistem?tico y organizado dentro de los hospitales, y la primera, asimismo, en colocar a sus enfermeras en hospitales tras completar su formaci?n. Su estructura se diferenciaba de otras hermandades anglicanas. El consejo estaba formado por veinticuatro hombres, muchos de ellos cl?rigos importantes o doctores del King?s College, bajo la presidencia del obispo de Londres. No exist?an votos, ni pobreza, ni obediencia mon?stica, no llevaban h?bitos, aunque s? uniforme, y estaba absolutamente prohibido aportar dote alguna. Pod?an optar por vivir en 30 Mc. Innes, E.M., o.c. p. 115 31 Helmstadter, Carol. ?Robert Bentley Todd, Saint John?s House, and the Origins of the Modern Trained Nurse?. Bulletin of the History of Medicine. Vol. 67, verano 1993, n. 2, p. 291 32 Idem, p. 298 33 Idem, p. 299 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 226 comunidad o independientemente. Asimismo pod?an optar por una dedicaci?n completa o parcial. Algunas de sus componentes optaban por trabajar tres meses al a?o. La instituci?n estaba dirigida por cuatro personas: ?the Master, the Lady-Superintendent, and two physicians, Todd and Mervyn Crawford.? 34 Las alumnas deb?an pagar entre diez y quince libras al a?o, y las hermanas cincuenta libras al a?o, para cubrir los gastos de su alojamiento y manutenci?n. Y no recib?an salario alguno, considerando su actividad como altruista, misional, m?s que profesional. Se exig?a que pertenecer?an a la Iglesia Anglicana. St. John?s House se inspir? profundamente en la estructura y filosof?a de las hermandades de la Iglesia Anglicana dedicadas a la formaci?n de maestras. Una figura fundamental fue Mary Jones, nombrada lady superintendent de St. John?s House en 1853. Jones y el resto de las sisters solicitaron que el reverendo H. Girand, a la saz?n master de la hermandad, pasase ?nicamente a ejercer funciones de capell?n, siendo la superintendente la responsable m?xima de la comunidad. Asimismo pretend?an tener total autonom?a en su funci?n de enfermer?a dentro de los hospitales donde prestaban sus servicios. En enero de 1869, Jones y la mayor?a de las sisters, excepto dos, se separaron de St. John?s House, fundando su propia orden con su propio hospital. Con motivo de la segunda visita a Inglaterra de Elizabeth Blackwell, en 1859, Florence Nightingale le propuso la creaci?n de una escuela de enfermeras empleando las 44.000 libras reunidas en la suscripci?n popular que se hab?a abierto tras su vuelta de Crimea. Tal proyecto en com?n no se llev? a cabo debido a los diferentes puntos de vista de ambas mujeres, que aparecen reflejados en la correspondencia que mantuvieron es esa ?poca, estudiada en el art?culo de Lois A. Monteiro, ?On separate roads: Nightingale and Elizabeth Blackwell?, Signs, 1984. Para Elizabeth Blackwell, la Escuela de Enfermeras deber?a ser s?lo un paso para proporcionar a todas sus alumnas la pr?ctica necesaria en un gran hospital y el acceso a una Escuela de Medicina. Nightingale no pretend?a preparar doctoras, sino preparar a muchas mujeres para cuidar a los enfermos en el hogar y en los hospitales. Blackwell crear?a la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York en 1868, y colaborar?a en la creaci?n de la London School of Medicine for Women en 1874. Florence Nightingale promovi? la creaci?n de la escuela de enfermeras de St. Thomas? Hospital, de la que no pudo encargarse directamente dado su delicado estado de salud. Su iniciativa cont? con el apoyo del Pr?ncipe Alberto, gobernador del hospital y de Mr RE.G. Whitfield, boticario del mismo. En abril de 34 Idem, p. 303 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 227 1860, se estableci? un acuerdo entre el hospital, representado por el presidente, el tesorero y los gobernadores, y el comit? para la administraci?n del Fondo Nightingale. Aunque la escuela se estableciese en el hospital, las alumnas, una vez graduadas, ten?an libertad para ejercer su profesi?n donde deseasen, as? como formar a otras enfermeras. El curso duraba un a?o, durante el cual las aspirantes a enfermeras, o probationers deb?an pagar por sus estudios. Se les proporcionaba alojamiento aparte del resto de enfermeras. Recib?an una compensaci?n econ?mica de dos libras en el primer trimestre del a?o, dos libras y diez chelines en el segundo y tercero y tres libras en el cuarto. Al finalizar el a?o, si aprobaban, eran registradas como enfermeras tituladas y se les buscaba trabajo. La formaci?n era fundamentalmente pr?ctica y la evaluaci?n de las alumnas se basaba en informes mensuales sobre su conducta y rendimiento. He aqu? las principales exigencias de una enfermera Nightingale: ?You are required to be: SOBER, HONEST, TRUTHFUL, TRUSTWORTHY, PUNCTUAL, QUIET AND ORDERLY, CLEANLY AND NEAT.? 35 Se esperaba que las alumnas adquiriesen las siguientes habilidades: curaci?n de quemaduras y todo tipo de heridas; aplicaci?n externa e interna de sanguijuelas; administraci?n de enemas a hombres y mujeres; manejo de bragueros; aplicaci?n de vendajes; aseo de los pacientes; aseo de las camas; asistencia en las operaciones; limpieza y correcta ventilaci?n de las salas; observaci?n de secreciones, expectoraci?n, pulso, apetito, sue?o, etc., de los pacientes; atenci?n de los convalecientes. La jornada era de ocho de la ma?ana a ocho de la tarde, con dos horas de descanso despu?s de comer. No hac?an guardias nocturnas pero tampoco dispon?an de d?as libres. Recib?an conferencias todas las semanas. Posteriormente, ya en los a?os 70, John Croft public? sus conferencias para que les sirvieran como un primer libro de texto y comenzaron a celebrarse ex?menes, increment?ndose asimismo la formaci?n moral y religiosa. El horario de trabajo normal de una enfermera jefa o sister en las ?ltimas d?cadas del siglo XIX era, alternativamente, de una semana de setenta y nueve horas seguida por otra de setenta y tres, aunque, adem?s, pod?an ser llamadas durante la noche en caso de operaciones de urgencia. Disfrutaban de tres semanas de vacaciones al a?o. Las enfermeras trabajaban las mismas horas pero su periodo de vacaciones era de una quincena. Las aspirantes dedicaban setenta horas semanales al trabajo en las salas, dedicando el resto del tiempo a clases, conferencias, ex?menes y el aseo de sus propias habitaciones. 35 McInnes, E.A. St. Thomas? Hospital, p. 123 Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 228 Florence Nightingale y Mary Jones compartieron una gran amistad y muchas opiniones comunes sobre la enfermer?a y la formaci?n de futuras enfermeras. De hecho, Nightingale se inspir? en las normas de St. John?s House y los consejos de Jones, para organizar su escuela. En 1862, Nightingale abri? una escuela de matronas en el King?s College Hospital, cuyas alumnas eran miembros temporales de St. John?s House. Cuando Mary Jones se separ? de la hermandad, Nightingale decidi? que la escuela de matronas siguiera bajo su direcci?n, o desapareciera si ello no era posible. Mencionemos finalmente otra mujer clave en el desarrollo de la enfermer?a moderna. Ethel Manson, jefa de enfermer?a de St. Bartholomew?s Hospital hasta 1887. Mejor? la alimentaci?n de las enfermeras, as? como algunas de las peores condiciones de su horario. Continuamente solicitaba a los gobernadores mejoras salariales para los sirvientes y las personas con responsabilidades especiales. Extendi? el periodo de formaci?n de las aspirantes a enfermeras a tres a?os e introdujo, en 1885, un curso de tres meses para aspirantes especiales o ladies. Gracias a la presencia de estas damas voluntarias, se logr? que las enfermeras dispusieran de un d?a libre al mes y las enfermeras jefas de sala de un fin de semana. Fund? el Trained Nurses? Institute para facilitar que las enfermeras de St. Barts pudieran actuar como enfermeras privadas. Tras abandonar el hospital en 1887, y contraer matrimonio con el Dr Benfrod Fenwick, continu? su actividad a favor de una profesionalizaci?n mayor de las enfermeras. En 1887, Ethel Manson fund? la British Nurses? Association, como grupo de presi?n para conseguir valoraci?n social y un registro nacional de enfermeras. Cont? con el apoyo del pr?ncipe Christian, y en 1893, logr? se proclamase una carta real de derechos y deberes de las enfermeras. En este mismo a?o, fue presidenta del English Nursing Department en la Exhibici?n Internacional de Chicago. Asimismo en 1893, compr? y comenz? a editar el Nursing Record, que pas? a llamarse m?s tarde British Journal of Nursing. En 1894, fund? el Consejo de Matronas de Gran Breta?a e Irlanda. En 1904, fund? el Consejo Nacional de Enfermeras de Gran Breta?a e Irlanda. En 1912, propuso la creaci?n de la Fundaci?n Internacional Florence Nightingale, para facilitar becas a enfermeras. Apoy? activamente el movimiento sufragista, siendo la representante de las enfermeras en el Comit? de la Uni?n Nacional de Sociedades para el Sufragio de las Mujeres, y encabez? la representaci?n de enfermeras en la gran marcha del Suffrage Saturday, celebrada en junio de 1908. Desde 1904 a 1914, present? todos los a?os al Parlamento una propuesta de ley para conseguir el registro nacional de enfermeras. Despu?s de la primera Guerra Mundial, en 1919, el Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 229 Gobierno present? finalmente una propuesta de ley, que fue aprobada, y en 1920 se celebr? el primer Consejo General de Enfermer?a, en el que particip? Ethel Manson, conocida entonces como Mrs Bedford Fenwick, tras encabezar el registro de enfermeras por el que tanto hab?a luchado, con el n?mero uno. Ser? ya muy avanzado el siglo XIX, cuando comiencen a aparecer manuales de enfermer?a que ayuden a definir el curr?culo de las escuelas: en primer lugar, Notes on Nursing, de Florence Nightingale, publicado en Inglaterra en diciembre de 1859, seis meses antes de la apertura de la escuela de enfermeras de St. Thomas, y en Estados Unidos en 1860; A Manual of Nursing, publicado por la Bellevue Hospital Training School for Nurses de Nueva York en 1878; A Hand-book of Nursing for Family and General Use, publicado por la Connecticut Traning School for nurses de New Have en 1878; A Text-book of Nursing for the Use of Training Schools, Families and Private Students, de Clara S. Weeks, publicado en 1885; Nurses and Nursing, de Lisbeth D. Price, publicado en 1892, y Nursing: Its Principles and Practice for Hospital and Private, de Isabel A. Hampton, publicado en 1893. Este ?ltimo optaba por una enfermera totalmente, superior a los pacientes, pero totalmente inferior y supeditada al m?dico, sin amplia formaci?n m?dica, propia de un hospital tradicional dedicado al tratamiento de pobres y marginados. Al contrario, los otros manuales citados optaban por una enfermera cualificada profesionalmente, informada sobre temas tales como la aplicaci?n de anestesia, la microbiolog?a, etc., en absoluto la aut?mata a las ?rdenes del doctor, ideal de Lisbeth Price. Las autoras de estos manuales, al igual que Nightingale o Ethel Manson, contribuyeron a mejorar, dignificar y dar un importante rango profesional, a una actividad, el cuidado de los enfermos, fundamentalmente realizada por mujeres. Tradicionalmente se ha reservado el cuidado a las mujeres y el diagn?stico y tratamiento a los hombres. Actualmente, m?s del cincuenta por ciento del alumnado de las Facultades de Medicina est? compuesto por mujeres, y es cada vez m?s frecuente encontrar hombres incorporados a las labores del cuidado. En el siglo XIX, las primeras mujeres que pretendieron acceder a la obtenci?n de un t?tulo que les permitiera ejercer la medicina, ser sanadoras como lo hab?a sido la mujer durante siglos, pero en pie de igualdad con los hombres, y disfrutando de un estatus social y profesional elevado, hubieron de salvar numerosos obst?culos. Obst?culos que veremos en detalle en los pr?ximos cap?tulos. Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 230 Fig. 3. Frontispicio de la Sociedad de Boticarios de Londres Fig. 4. St. Bartholomew?s Hospital. Londres Mujer y Salud Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y ense?anza de la medicina 231 Fig. 5. Quir?fano de St. Thomas? Hospital situado en la torre de St. Thomas? Church, utilizado durante las primeras d?cadas del siglo XIX. Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 233 CAP. VIII. ELIZABETH BLACKWELL Y LAS ESCUELAS DE MEDICINA DE ESTADOS UNIDOS ?We deny the right of any portion of the species to decide for another portion, or any individual for another individual, what is and what is not their ?proper sphere?. The proper sphere for all human beings is the largest and highest which they are able to attain to. What this is cannot be ascertained without complete liberty of choice.? 1 Esta tesis no pretende realizar una biograf?a extensa de Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garret o Sophia Jex-Blake. Las personas interesadas pueden dirigirse a las obras citadas en la bibliograf?a. Al ser una tesis de g?nero, nos detenemos fundamentalmente en las dificultades que encontraron ?nicamente y exclusivamente por raz?n de su sexo, y en aquellos aspectos de sus vidas que son especialmente significativos desde el punto de vista de la historia del movimiento de las mujeres. I. Elizabeth Blackwell, pionera en el acceso de la mujer a la medicina moderna Realizamos en este cap?tulo unos apuntes biogr?ficos de Elizabeth Blackwell, figura clave en el nacimiento de la vocaci?n m?dica de Elisabeth Garrett y cofundadora de la London School of Medicine for Women. Elizabeth Blackwell es conocida como la primera mujer licenciada en medicina en Estados Unidos. En efecto, aunque naci? el 3 de febrero de 1821 en Counterslip, cerca de Bristol, y muri? en 1910 en Hastings, tuvo nacionalidad norteamericana desde los veintiocho a?os hasta su muerte, y gran parte de Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 234 su vida profesional y personal est?n profundamente relacionadas con la ense?anza y la pr?ctica de la medicina en Estados Unidos. Adem?s, su nombre ha quedado ligado, por razones familiares, con el de dos figuras claves del feminismo norteamericano: Lucy Stone Blackwell, sufragista y defensora de los derechos de las mujeres, esposa de su hermano Henry, y Antoinette Brown Blackwell, primera mujer ordenada sacerdote, esposa de su hermano Samuel. Elizabeth fue la tercera hija mujer de la pareja formada por Samuel y Hanna (Lane) Blackwell. Los Blackwell tuvieron en total doce hijos/as, de los que sobrevivieron ocho, cuatro hombres y cuatro mujeres, entre ellas Anna, cuatro a?os mayor que Elizabeth, periodista, precursora de Elizabeth en la venida a Europa, y Emily, cinco a?os menor que Elizabeth y pionera asimismo en el estudio y pr?ctica de la medicina profesional en Estados Unidos. Elizabeth Blackwell creci? y se educ? en el seno de una familia acomodada, muy religiosa, perteneciente a un grupo disidente, autodenominado Iglesia independiente, cercano a los cu?queros, que se distingu?an por creer y luchar por la tolerancia, la igualdad de todos los seres humanos y, por tanto, la abolici?n de la esclavitud y las reformas sociales, entre ellas el derecho de las mujeres a la educaci?n. En la familia Blackwell, tanto los chicos como las chicas recibieron, dentro del propio hogar, con la ayuda de sus padres y tutores privados, una educaci?n bastante completa, sin diferenciaci?n por raz?n de sexo. Un fuego destruy? la refiner?a de az?car propiedad de su padre, lo que provoc? la emigraci?n de toda la familia a Estados Unidos en mayo de 1834, cuando Elizabeth contaba once a?os de edad. Samuel Blackwell, un hombre de car?cter fuerte y decidido, similar al de su hija Elizabeth, alquil? una nueva refiner?a y toda la familia se instal? en Nueva York. Elizabeth continu? su educaci?n en la que ella misma defini? como una escuela excelente, y conoci? de forma directa la participaci?n en la lucha abolicionista, siendo su propia casa una de las que dieron acogida a los esclavos que hu?an de los estados del sur hacia la libertad en Canad?. Asimismo perteneci? a diferentes asociaciones antiesclavistas. En 1835, otro fuego destruy? nuevamente la refiner?a familiar. La compa??a aseguradora no pudo pagarle y Samuel Blackwell hubo de invertir todo su capital en la creaci?n de una nueva empresa. En mayo de 1838 su padre decidi? el traslado de toda la familia a Cincinatti, en Ohio River, donde confiaba conseguir mayor ?xito en los 1 Mill, John Stuart. Cita tomada de Jex-Blake, Sophia. Medicine as a Profession for Women. Oliphant, Anderson and Ferrier. Edimburgo, 1886 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 235 negocios, pero su muerte inesperada, producida el 7 de agosto de 1838, tras una breve enfermedad, dej? a la familia en una muy dif?cil situaci?n econ?mica. Seg?n recoge Elizabeth en su diario, el d?a 10, tras el funeral, tan s?lo dispon?an de veinte d?lares. Deciden entonces las hermanas Blackwell abrir inmediatamente una escuela de ni?as como ?nico medio de supervivencia, y el d?a 27 de ese mismo mes de agosto, Elizabeth, Anna y Marion abren la escuela y toman asimismo hu?spedes en la casa. Elizabeth rechaza su actividad como profesora y considera a sus alumnas impertinentes, vac?as y desagradecidas. He aqu? un aspecto, a mi juicio contradictorio, que llama la atenci?n: siendo una persona de profundas creencias religiosas, preocupada por temas de inter?s social, y que enfocar? despu?s su dedicaci?n a la medicina como una cruzada moral, Elizabeth Blackwell no considera nunca su actividad como maestra en este mismo sentido. Cabe suponer que ello se debiera a que nunca fue una actividad libremente elegida por ella sino impuesta por las circunstancias y por el hecho de ser mujer. En su diario, habla Elizabeth de sus frecuentes enamoramientos y de sus deseos sexuales o urgencias corporales en un lenguaje semi eufem?stico. Sin embargo, la idea del matrimonio, de una relaci?n de por vida con un hombre, le resulta frustrante y en ning?n momento se plantea mantener relaciones sexuales fuera del mismo. Podemos encontrar una cierta contradicci?n entre su repulsa del matrimonio y su planteamiento en a?os posteriores de que la vocaci?n natural para la mayor?a de las mujeres es el ser esposas y madres. Como es com?n en los seres humanos, Elizabeth Blackwell presenta no pocas contradicciones, as? como posturas que pueden ser criticadas desde planteamientos feministas. Pero en cualquier caso cabe recordar aqu? que la sociedad de la ?poca brindaba muy pocas ocasiones de desarrollo personal global a la mujer y que el matrimonio conllevaba una dependencia econ?mica y legal total del esposo. En esa ?poca Elizabeth se une a la Iglesia Episcopal, buscando quiz? sentido e ilusi?n en la religi?n. En 1842, cuando sus hermanos Samuel, Henry y Howard, se hacen cargo de la econom?a familiar instalando un negocio de comercio de herramientas e instrumentos de uso dom?stico, Elizabeth se traslada a Henderson (Kentucky), donde trabajar? en una peque?a escuela para catorce ni?as, recibiendo un salario de cuatrocientos d?lares. En 1845, tras regresar al hogar familiar, Elizabeth encuentra, de forma tristemente anecd?tica, su vocaci?n. Una amiga de su madre, Mary Donaldson, que sufr?a un trastorno ginecol?gico grave, seguramente un c?ncer de ?tero, expresa a Elizabeth durante una visita la opini?n de que deber?a haber mujeres m?dicas y cree que ella podr?a haberse salvado si la hubiera atendido una doctora, a quien se hubiera Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 236 atrevido a manifestar sus primeras molestias con mayor confianza que a un hombre. Y anima a Elizabeth a dedicarse al estudio de la medicina. ?It was at this time that the suggestion of studying medicine was first presented to me, by a lady friend. This friend finally died of a painful disease, the delicate nature of which made the methods of treatment a constant sufffering to her. She once said to me: ?You are fond of study, have health and leisure; why not study medicine? If I could have been treated by a lady doctor, my worst sufferings would have been spared me.? But I at once repudiated the suggestion as an impossible one, saying that I hated everything connected with the body, and could not bear the sight of a medical book?. 2 Su primera reacci?n fue, pues, de rechazo. Pero, sin embargo, tras la muerte de su amiga, Elizabeth comienza a sentirse atra?da por esta posibilidad, quiz? sobre todo porque ello representa un aut?ntico reto. Y comienza as? un largo peregrinaje que terminar? con su admisi?n, tambi?n anecd?tica, en la escuela de medicina de Ginebra (estado de Nueva York) en el oto?o de 1848. Inici? su preparaci?n recibiendo darle clases de f?sica y qu?mica y teor?a de anatom?a del Rev. John Dickson, mientras se ganaba la vida como maestra de m?sica y lectura en una escuela parroquial en Ashville (Carolina del Norte). Al a?o siguiente, se traslad? a Charleston como profesora de m?sica en un internado. Por la noche estudiaba medicina con el doctor Samuel H. Dickson, familiar del reverendo Dickson. Por consejo del Dr. Dickson decidi? solicitar plaza en alguna de las escuelas de Medicina de Filadelfia, las m?s importantes de los Estados Unidos en ese momento. En primer lugar se dirigi? al Dr. Joseph Warrington, m?dico cu?quero mencionado en el apartado dedicado a la formaci?n de las enfermeras, quien la anim? a dedicarse al estudio y pr?ctica de la medicina, pero no como doctora sino como enfermera. En el mes de mayo de 1847, Elizabeth se traslad? a Filadelfia donde unos amigos la hab?an conseguido residencia en casa del doctor Williams Elder, m?dico y escritor, conocido por sus ideas liberales a favor de la educaci?n de las mujeres, con quien complet? su formaci?n en qu?mica, al tiempo que segu?a clases de anatom?a y disecci?n con el doctor Joseph M. Allen. Pero era preciso ser admitida en una escuela donde pudiera obtener el t?tulo de doctora en medicina. Con este fin, Elizabeth se dirigi? en primer lugar al doctor Samuel Jackson, presidente de los Institutos de la Universidad, quien, aunque manifest? su 2 Blackwell, Elizabeth. Pioneer Work in opening the Medical Profession to Women. Longmans, Green and Co. Londres, 1895, p. 27 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 237 desaprobaci?n, le ofreci? consultar a sus colegas la posibilidad de su admisi?n, que le fue denegada. Elizabeth visit? entonces al doctor Williams Edmonds Horner, decano de la escuela de Medicina, quien hab?a manifestado que no pod?a considerar favorablemente la entrada de las mujeres en los estudios de medicina. Al final de la entrevista, sugiri? a Elizabeth la posibilidad de solicitar ser admitida en el Colegio M?dico Homeop?tico o el Colegio Franklin, instituciones que no podr?an facilitarle tampoco un t?tulo reconocido profesionalmente, dentro de la medicina ortodoxa. Los doctores Warrington y Joseph Pancoast la aconsejaron estudiar en Par?s, punto clave para la ense?anza de la medicina de la ?poca, pero disfrazada de hombre, lo cual rechaz? Elizabeth radicalmente. El doctor William Ashmead del Hospital de Caridad de Filadelfia, que hab?a estudiado ?l mismo en Par?s, se neg? a proporcionarle informaci?n o ayuda para conseguir ser admitida en las escuelas francesas, proporcion?ndole, sin embargo, un paternal? consejo: ??I most earnestly advise you, madam?, he said?, to give up these unnatural ambitions, and devote yourself to pursuits more in keeping with the true aptitudes of your sex!? Elizabeth went away angry?. 3 Y, afortunadamente, ese enfado le dio fuerzas para continuar adelante con su prop?sito. El Colegio de M?dicos y Cirujanos de Nueva York, la universidad de la ciudad de Nueva York, la universidad de Filadelfia y la facultad de medicina Jefferson, al igual que las escuelas de Harvard, Bowdoin, Yale y Woodstock, la rechazaron con extrema cortes?a. Entonces Elizabeth comenz? a dirigirse a otras escuelas menos importantes. En octubre de 1847, se dirigi? a doce escuelas de medicina situadas en peque?as localidades, recurriendo a un truco bastante h?bil: en cada carta mencionaba el nombre de los importantes doctores que no la hab?an aceptados en las grandes escuelas y los motivos que hab?an aducido, pero redactado de tal forma que parec?a sugerir su aprobaci?n a que fuera admitida en una escuela m?s peque?a. Dos escuelas la aceptaron: la Escuela de Medicina de Castleton, donde hab?a escrito el 20 de octubre y cuya respuesta, fechada el 13 de noviembre aceptaba a Elizabeth Blackwell como la primera mujer admitida jam?s en una escuela de medicina. Pero dos semanas antes, Elizabeth hab?a abandonado Filadelfia, rumbo a la peque?a ciudad de Geneva, en el estado de Nueva York. En efecto, el d?a 27 de octubre de 1847, Elizabeth hab?a recibido la carta de aceptaci?n del Geneva Medical College, fruto de los siguientes hechos: Los profesores de la facultad no hab?an tenido en principio intenci?n alguna de admitirla, 3 Baker, Rachel. The First Woman Doctor: The Story of Elizabeth Blackwell. Messner. Nueva York, 1944, pag. 59 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 238 pero dado que acompa?aba su solicitud de una carta del conocido e influyente Dr. Elder, consideraron prudente no dar una negativa rotunda. El doctor Charles A. Lee, decano de la escuela, tuvo una idea para rechazar la petici?n sin comprometerse: someterla a la votaci?n de los alumnos. Se aceptar?a su admisi?n si hab?a un voto un?nime del consejo de alumnos, quienes eran m?s conocidos por sus bromas y su brusquedad que por sus ansias de saber. Sin embargo, y por esto mismo, cuando el decano ley? la petici?n de Elizabeth Blackwell, los alumnos consideraron m?s divertido votar a favor de su admisi?n, y as? lo hicieron, obligando incluso, al ?nico alumno que intent? emitir un voto negativo sin seguir la charada de sus compa?eros. Los profesores se encontraron v?ctimas de su propia estrategia. El d?a 6 de noviembre de 1847, Elizabeth llegaba a Geneva, para incorporarse a una facultad de ciento cincuenta alumnos, con tan s?lo diez a?os de antig?edad, que dispon?a de escasos recursos materiales y humanos, y cuya categor?a acad?mica no era precisamente alta. Al terminar el primer curso, Elizabeth llev? a cabo las pr?cticas exigidas en la planta de mujeres sifil?ticas del hospicio de Blockley, donde se atend?a a m?s de cien vagabundos, criminales, hu?rfanos y prostitutas. Era un edificio l?gubre, que ten?a funciones de albergue de pobres y hospital. Al principio incluso las pacientes la despreciaban y no pod?an confiar en una mujer m?dica. No es extra?o que, despreciadas ellas mismas por su sexo y su condici?n social, no pudieran dar ning?n valor a otra mujer. La falta de humanidad con que las pacientes eran tratadas comenz? a despertar en ella el sentido de que las mujeres podr?an aportar a la medicina el cuidado, la delicadeza, la humanidad, la preocupaci?n por el o la paciente como ser humano necesitado de afecto, y no s?lo el tratamiento de la enfermedad. Su diario de esa ?poca refleja c?mo comenzaron a despertar en Elizabeth tres inquietudes que mantendr?a posteriormente: la 1) su creencia en la necesidad de una solidaridad femenina y en la superioridad moral de la mujer; 2), su preocupaci?n por dotar de una s?lida formaci?n a las mujeres dedicadas al cuidado de los enfermos, tanto como doctoras o como enfermeras; y 3) su inter?s por el desarrollo de la medicina preventiva, ense?ando a los pacientes c?mo vivir de forma higi?nica y saludable y c?mo cuidar de s? mismos y sus familiares. Naci? tambi?n en ella un sentimiento de profundo afecto y ternura hacia los m?s de cien ni?os y ni?as enfermos que se amontonaban en una sala sin condiciones higi?nicas adecuadas, ni espacio para jugar ni alimentaci?n suficiente. Otra experiencia decisiva fue el encuentro con el tifus, enfermedad muy frecuente entonces entre los emigrantes irlandeses que llegaban a Filadelfia hacinados Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 239 en barcos en p?simas condiciones de higiene y alimentaci?n, que la llevar?a a redactar sobre este tema su tesis doctoral, publicada en la Buffalo Medical Review en el momento de su graduaci?n. En enero de 1849, pas? sus ?ltimos ex?menes. Elizabeth ser?a m?s afortunada que Elena Maseras y Ribera y Dolores Aleu y Riera, las j?venes espa?olas que tuvieron que esperar varios a?os tras terminar sus estudios para que se les permitiera acceder a los ex?menes de licenciatura. En efecto, Dolores Aleu concluy? sus estudios en 1879 y no pudo realizar sus ex?menes de licenciatura hasta abril de 1882. En el caso de Elizabeth, al parecer fue el Dr. Webster, su profesor de anatom?a, quien intercedi? de forma decisiva para que se le concediese la graduaci?n. En enero de 1849, Elizabeth Blackwell se gradu? como doctora en Medicina. Inmediatamente despu?s, volvi? a Filadelfia e intent? ser admitida en alg?n hospital, pues le era preciso adquirir mayor experiencia en la pr?ctica hospitalaria. Ninguna puerta se le abri? en esta ocasi?n. Y, tres meses despu?s de su graduaci?n, en abril de 1849, Elizabeth part?a rumbo a Par?s, con la esperanza de ser admitida como estudiante pos-graduada en cirug?a en alguno de los mejores hospitales parisinos. Antes de dirigirse a Par?s, se produce el reencuentro de Elizabeth con Inglaterra. En esta breve estancia, tendr? ocasi?n de conocer los hospitales de Birminghan. Asimismo viaja por primera vez a Londres, del 17 al 21 de mayo. Aqu? visita, adem?s de numerosos monumentos, el Chelsea Botanical Gardens, el Hunterian Museum de anatom?a m?rbida y anatom?a comparada, y tres hospitales: Consumption Hospital, Greenwich Hospital for Sailors, y St. Thomas? Hospital. En su obra autobiogr?fica, Elizabeth recuerda detalles de esta visita a uno de los mayores hospitales de Londres. El cirujano a quien se hab?a dirigido previamente por correo, no se dign? a recibirla, ?thought it was a very indelicate undertaking, and simply sent me a line to one of the nurses, with the request that i would not enter any of the men?s wards.? 4 Sin embargo, el cirujano jefe, Mr. South la acogi? amablemente, y la acompa?? a visitar diferentes salas, tanto de hombres como de mujeres, no pudiendo ampliar su visita, por falta de tiempo. ?While at St. Thomas? I received three invitations to post-mortems, to a lecture, and to the Ophthalmic Dispensary, all of which I was compelled to decline for want of time.? 5 4 Blackwell, Elizabeth, o.c. p. 108 5 Blackwell, Elizabeth, o.c. p. 109 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 240 Elizabeth prosigue su viaje y llega a Par?s el 21 de mayo de 1849. Reci?n llegada tendr? un primer contacto con las autoridades francesas y, sin saberlo, con uno de los temas que despu?s constituir? el centro de su cruzada moral: la prostituci?n. Recibe la visita en las habitaciones que acaba de alquilar de un oficial de polic?a quien la recomienda no inscribirse como estudiante. S?lo mucho m?s tarde comprender? que se trataba de la Police des Moeurs, que controlaba a las prostitutas, y que como tal fue ella considerada. Inmediatamente comenz? a utilizar sus cartas de presentaci?n. Pero enseguida el director general de los hospitales parisinos, doctor Henri Davenne, le neg? permiso para seguir a los doctores dentro de los hospitales, como sol?an hacer todos los estudiantes varones. Asimismo le negaron acceso a las conferencias, a excepci?n de las del College de France y del Jard?n des Plantes, que estaban abiertas al p?blico. Elizabeth llega a la conclusi?n de que su ?nica posibilidad para lograr una preparaci?n pr?ctica es la incorporaci?n al hospital de La Maternit?, donde esperaba permanecer hasta haber conseguido su primer objetivo: hacerse especialista en obstetricia. Tras conseguir toda la documentaci?n necesaria, el 30 de junio de 1849, Elizabeth Blackwell entra en La Maternit?, no como doctora en pr?cticas, sino como futura comadrona, al igual que las j?venes campesinas francesas que fueron sus compa?eras, como se ha comentado en un cap?tulo anterior. La intenci?n de Elizabeth era prepararse como cirujana tan pronto completara su formaci?n en obstetricia, sin embargo, un fatal accidente se lo impedir?a. Durante la madrugada del 4 de noviembre, al inyectar medicaci?n en el ojo a un bebe que sufr?a oftalmia purulenta, salt? l?quido a su propio ojo, resultando infectada. Durante tres semanas permaneci? en cama, sometida a un intenso tratamiento. Perdi? completamente un ojo, que le fue extirpado y sustituido por uno de cristal, pero logr? mantener la visi?n del otro. Entretanto, su primo Kenyon hab?a gestionado su admisi?n en el St. Bartholomew?s Hospital de Londres. Una nueva etapa comenzaba. El 3 de octubre de 1850, llega a Londres, donde se aloja en Thavies Inn cerca de St. Bartholomew?s Hospital. En esta ?poca Elizabeth est? madurando lo que quiere que sea la gran dedicaci?n de su vida. Sus contactos con las mujeres enfermas, primero en Filadelfia y despu?s en La Maternit?, y su visi?n de las j?venes prostitutas en las calles de Par?s y Londres, la mueven a un gran proyecto: la creaci?n de una gran sociedad de reforma moral, que incluyera la educaci?n de hombres y mujeres, as? como la formaci?n profesional e incluso el acceso al sacerdocio de ?stas. Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 241 En este invierno de 1851, comienza una profunda amistad entre Elizabeth Blackwell y Florence Nightingale, a quien visitar? en su residencia de Brighton. Duda entre seguir lo que ella denomina herej?as, es decir, medicinas alternativas tales como la homeopat?a, o sistemas de tratamiento m?s tradicionales, optando por estos ?ltimos. Entretanto, su hermana Emily hab?a seguido sus pasos. Consigui? en primer lugar ser admitida en la facultad de medicina Rush, en Chicago, pero, tras un primer cuatrimestre, cerraron sus puertas a las mujeres. Logr? sin embargo, completar sus estudios en la facultad de medicina de Cleveland, Ohio, y, posteriormente, complet? su formaci?n en Europa, estudiando con el famoso ginec?logo doctor James Simpson en Edimburgo. Finalmente fue a Par?s. All?, logr? estudiar con el doctor Pierre Huguier y, contra los consejos de Elizabeth, entr? en los cerrados claustros de La Maternit? para aprender obstetricia. Elizabeth se siente inclinada a comenzar su pr?ctica m?dica en Inglaterra, pero decide finalmente volver a Estados Unidos. El 25 de julio de 1851, zarpa del puerto de Liverpool rumbo a Nueva York. Tras el reencuentro con su madre y sus hermanas, comienza la b?squeda de un alojamiento donde se le permita instalar su consulta. Pese a las objeciones de la due?a de la vivienda, coloc? una placa con su nombre: Elizabeth Blackwell, Doctora en Medicina, en su primera consulta, situada en el 44 de University Place. Sus primeras pacientes atra?das por un anuncio publicado en el Tribune eran escasas. Sus solicitudes para colaborar con un doctor en la secci?n de mujeres de un dispensario y para visitar los hospitales de la ciudad de Nueva York fueron rechazadas. La necesidad econ?mica y el deseo de llevar a cabo sus proyectos de educaci?n sanitaria, la impulsaron a organizar unas conferencias sobre la educaci?n f?sica de las muchachas, que imparti? en la primavera de 1852, en los locales de la escuela dominical de la Hope Chapel, y que fueron publicadas bajo el t?tulo de The Laws of Life in reference to the Physical Education of Girls. A estas conferencias asistieron fundamentalmente familias cu?queras, y de ellas se derivar?n las primeras pacientes de Elizabeth Blackwell. En 1853, alquila, con ayuda de algunas amistades, una peque?a habitaci?n en la calle Siete cerca de Tompkins Square. Y en 1854, obtiene autorizaci?n para crear una instituci?n donde las mujeres pobres sean atendidas por doctoras. En este dispensario, trasladado el 1 de enero de 1855 al 150 de la calle Tres, ejercer? Elizabeth una labor de medicina social, dando gran prioridad a la educaci?n en medidas higi?nicas, siendo con ello exponente de uno de los campos en que destaca la labor de las mujeres m?dicas del Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 242 siglo diecinueve. El trabajo en el dispensario llegar?a a ser parte del curr?culo m?dico para las alumnas de la escuela de medicina fundada posteriormente por Elizabeth y Emily Blackwell, insistiendo en la profunda relaci?n entre enfermedad y condiciones sociales. Gracias al pr?stamo de una amiga, compra una casa en el n?mero 79 de la calle Quince Este, donde instalar? su vivienda y su consulta privada. Esta pr?ctica privada que podemos suponer dirigida principalmente a familias de clase media, se complementar? con la pr?ctica de medicina social en zonas pobres de Nueva York que acabamos de describir. El 12 de mayo de 1857, cumplea?os de Florence Nightingale, incorporadas a Nueva York tanto Emily Blackwell como Marie Zackzreswka, ?a new step was made ...by the renting of a house, No. 64 Bleecker Street, which we fitted up for a hospital where both patients and young assistant physicians could be received.? 6 Esta instituci?n recibi? el nombre de New York Infirmary for Women and Children, nombre que traduciremos en adelante como Hospital de Mujeres y Ni?os de Nueva York. Mar?a Zackzrewska fue nombrada doctora residente y Emily Blackwell, cirujana jefe. La financiaci?n constitu?a un problema importante. Contaban con el apoyo moral y econ?mico de un grupo de personas, entre ellos el Rev. Henry Ward Beecher y el Dr. Elder, de Filadelfia, y con frecuencia ten?an que recurrir a organizar subastas, conferencias, conciertos, etc., para recaudar fondos para su mantenimiento. La dificultad de aceptaci?n social vuelve nuevamente a presentarse, algunas de las cr?ticas y obst?culos planteados son recogidos en el Informe Anual de 1864. Pero, ?por qu? nace el Hospital de Mujeres y Ni?os de Nueva York, y aquellos otros que le siguieron? Seg?n la propia Elizabeth Blackwell se pretende crear un centro donde las futuras doctoras adquieran instrucci?n pr?ctica y puedan probar su capacidad antes de incorporarse a los hospitales donde eran admitidos los estudiantes hombres. Podemos preguntarnos hasta qu? punto esta manifestaci?n no encierra una desconfianza en la capacidad profesional y humana de las mujeres estudiantes de medicina por parte de la propia Elizabeth Blackwell. Por otra parte, el juicio negativo de la sociedad obligaba a estas mujeres a auto-exigirse una norma profesional y moral mucho m?s alta que la que se impon?a a los hombres, lo cual se reflejaba en los criterios para aceptar candidatas: estas mujeres, pioneras en algunos sentidos, rechazaban sin embargo a aquellas candidatas que consideraban extremistas, bien por llevar el pelo demasiado 6 Blackweell, Elizabeth, o.c. p. 208 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 243 corto, usar el traje Bloomer, o inclinarse por pr?cticas de medicina alternativa, tales como homeopat?a, hidropat?a, etc. Pese a su inter?s inicial por el magnetismo y haber acudido ella misma a un balneario, Elizabeth Blackwell manifiesta un claro rechazo hacia las mujeres que practicaban medicina alternativa, especialmente cuando habla del Homeopathic New York Medical College for Women, fundado por otra pionera, Clemence Dossier, en 1863. Lozier fue muy activa en los c?rculos de defensa de los derechos de la mujer, y su escuela de medicina homeop?tica, fundada unos pocos a?os antes de la de Blackwell, compet?a en estudiantes con el hospital. Las cr?ticas de Elizabeth Blackwell pueden atribuirse a la rivalidad personal al verse superada por una competidora, pero reflejan asimismo su convencimiento de que las mujeres deb?an abrirse paso y afianzarse en la profesi?n m?dica oficial, para adquirir un nivel de igualdad con los doctores hombres. El Hospital de Mujeres y Ni?os de Nueva York fue el primero de una serie de hospitales para mujeres atendidos por mujeres: el Hospital de Mujeres y Ni?os de Nueva Inglaterra en Boston, fundado por Mar?a Zackzrewska, el Hospital Mary H. Thompson en Chicago, el Hospital de Mujeres y Ni?os del Noroeste en Minne?polis, el Hospital Sara Mayo en Nueva Orleans. Y el de Elizabeth Garret en Londres. Todos ellos con un triple prop?sito: proporcionar asistencia m?dica y quir?rgica a mujeres y ni?os necesitados, entrenar un eficiente cuerpo de enfermeras para servicio de la comunidad, y proporcionar un ambiente cl?nico donde las mujeres doctoras reci?n graduadas en medicina pudieran recibir instrucci?n cl?nica pr?ctica. Tras una breve estancia de Elizabeth en Inglaterra, funda, en noviembre de 1868, junto con su hermana Emily, la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York, sobre la que hablaremos en el apartado siguiente. En 1858, apenas un a?o despu?s de la inauguraci?n del hospital, Elizabeth decide volver a Inglaterra, acompa?ada de la peque?a Kitty, su hija adoptiva. Diferentes causas pudieron provocar esta decisi?n: sus diferencias con Emily, sus lazos de amistad con diferentes personalidades brit?nicas, su deseo de emprender nuevas tareas. En Londres, Florence Nightingale le propone la creaci?n de una escuela de enfermeras empleando los recursos econ?micos de la fundaci?n de su nombre, recogidos con tal fin cuatro a?os antes, tras su vuelta de Crimea, que no hab?an sido utilizados a?n. Tal proyecto en com?n no se llev? a cabo, a causa de la diferencia de puntos de vista de ambas mujeres, recogidos en su correspondencia de la ?poca. Elizabeth Blackwell propon?a la creaci?n de una escuela de enfermer?a y una escuela de Medicina para Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 244 mujeres, conectadas a un gran hospital. Todas las aspirantes a doctoras deber?an pasar primero por la escuela de enfermeras. Asimismo se impartir?an conferencias sobre higiene y salud abierta a todas las mujeres. La visi?n de Florence era diferente: en primer lugar consideraba que la escuela deb?a unirse a un hospital de prestigio, ya existente. Tem?a que proponer la creaci?n de un nuevo hospital, llevar?a consigo un fuerte rechazo por parte de la clase m?dica. Adem?s, Nightingale pretend?a formar a las mujeres para cuidar a los enfermos en el hogar y los hospitales, no para ser doctoras. M?s bien, Florence Nightingale fue profundamente cr?tica a la lucha de las feministas por conseguir los mismos derechos de los hombres. Pese a su innegable contribuci?n en la creaci?n de la enfermer?a moderna, Florence, v?ctima de la cerrada mentalidad victoriana en su propia vida, no super? jam?s la visi?n de dos esferas. Otra cuesti?n es si lo hicieron la propia Elizabeth Blackwell y otras muchas pioneras de la medicina y del feminismo. Esta corta estancia en Inglaterra estar? llena de actividad: conferencias en las que Elizabeth lleva a cabo su labor de divulgaci?n de medidas sanitarias y reforma moral en la Instituci?n Literaria Marylebone en Londres, y posteriormente en Manchester, Birmingham y Liverpool. Y, lo m?s importante, el 1 de enero de 1859 Elizabeth Blackwell es la primera mujer incluida en el Medical Register, que quedar? despu?s nuevamente cerrado para las mujeres. La joven Elizabeth Garrett asisti? a una de estas conferencias y all? naci? su vocaci?n m?dica. Duda Elizabeth entre quedarse en Inglaterra o volver a Estados Unidos, lo que finalmente hace, creando en 1868 junto con su hermana la escuela de medicina de mujeres que mencionamos anteriormente. Pero queda en Elizabeth la esperanza de volver a Inglaterra, lo que har? para instalarse definitivamente en Julio de 1869. A su vuelta a Nueva York, durante los a?os de la guerra civil de Estados Unidos, Emily y Elizabeth trabajaron intensamente. En 1862, el hospital atendi? 6.872 pacientes, en vez de las 3.680 atendidos dos a?os antes. En 1863, muchos de los pacientes eran personas de color que hu?an del sur, o viudas de soldados. Ello provoc? que tuvieran que enfrentarse con una amenaza de ataque al hospital por parte de una muchedumbre enfurecida. Asimismo colaboraron en el reclutamiento y formaci?n de enfermeras para atender a los soldados. Muy importante fue la participaci?n de las mujeres como cuidadoras de la salud en la Guerra Civil. Hubo incluso una mujer cirujana en el frente, la doctora Mary E. Walker, licenciada en Siracusa en 1855. Su Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 245 casa de Montclair, Nueva Yersey, servir?a para dar refugio a muchas de las personas negras huidas del sur. En 1869, la a?oranza de Inglaterra permanec?a. Y los enfrentamientos con Emily quiz? tambi?n. Muchas cosas hab?an cambiado en Estados Unidos. La esclavitud hab?a sido abolida. Nueva York, Boston y Filadelfia ten?an escuelas de medicina para mujeres. Desde 1852, diez escuelas de medicina hab?an recibido mujeres y les hab?an otorgado diplomas. En 1866, la onceava Convenci?n Nacional para los Derechos de las Mujeres, celebrada en Nueva York, se transform? en la Asociaci?n Americana para la Igualdad de Derechos que pretend?a trabajar para conseguir el voto para las mujeres y los negros. Lucrecia Mott era la presidenta, Henry Blackwell, el secretario y Lucy Stone era miembro del comit? ejecutivo. Hab?an pasado veinte a?os desde su graduaci?n. En julio, Elizabeth zarpaba de Nueva York. Desde entonces Inglaterra ser?a su lugar de residencia habitual. Ya nuevamente en Londres, Elizabeth combina la pr?ctica m?dica con la dedicaci?n a lo que constituir? su vocaci?n fundamental durante el resto de su vida: su cruzada moral contra la prostituci?n y a favor de la educaci?n sexual y moral de los j?venes. Tras una estancia en casa de su amiga Barbara Bodichon en Blandford Square, se instala y practica la medicina privada en Bruwood Place, donde funda ?in July, 1871... a National Health Society, whose object shall be the promotion of health amongst all classes of the population.? 7 Su salud se deteriora y, en 1873, tiene que interrumpir su actividad, sin embargo, cuando se crea la London School of Medicine for Women, en 1874, acepta la c?tedra de Ginecolog?a. Sus problemas de salud la llevan a buscar una vida m?s tranquila. Desde 1879 se retir? a la localidad de Hastings, siempre acompa?ada por la fiel Kitty. Aqu? compr? en 1883, siguiendo el gusto de Kitty, una peque?a casa de ladrillo rojo (Fig. 6), construida en la ladera de la colina del castillo de Hastings, desde donde su mirada pod?a abarcar el mar. Una peque?a placa (Fig. 7), colocada sobre la fachada de la casa, la recuerda actualmente, con estas palabras: ?Here lived and worked for thirty years Dr. Elizabeth Blackwell. Born at Bristol 1821. Died in Hastings 1910. The first woman to graduate in medicine in the United States at Geneva (Syracuse University) New York 1849. The first woman to be placed on the British Medical Register 1859. One who never turned her back but marched breast forewards. Never doubted clouds would break. Never dreamed, though right was 7 Clarke, Dorothy. Lone Woman: the Story of Elizabeth Blackwell, the first Woman Doctor. Little, Brown and Company. Nueva York, 1970, p. 441 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 246 worsted, wrong would triumph. Held we fall to rise, are bafled to fight better. Sleep to wake.? Y aqu? es, en Rock House, donde Elizabeth escribi?, tambi?n a petici?n de Kitty, sus memorias, que public?, en 1895, con el t?tulo de Pioneer Work, Autobiographical Sketches. Elizabeth pas? los ?ltimos treinta a?os de su vida en Hastings, cuna de Sophia Jex-Blake y Barbara Bodichon. A lo largo de su vida hab?a realizado una fecunda actividad: hab?a fundado un hospital y una escuela de medicina para mujeres en Nueva York y colaborado en la creaci?n de otra en Londres; hab?a ejercido la medicina; hab?a realizado una importante labor de divulgaci?n escribiendo una veintena de libros y pronunciando innumerables conferencias y hab?a participado en numerosas causas sociales. En estos ?ltimos treinta a?os de su vida, la peque?a ciudad de Hastings fue testigo de la intensa actividad de la doctora Blackwell, no en la pr?ctica m?dica directa, sino ?publicizing information on health, holding classes for working women, training voluntary health workers? 8 , y participando en distintas organizaciones: ?the Moral Reform Union, the Federation for the Abolition of State Regulation of Vice, the Home Colonization Society (Doctor had remained an ardent associationist to the end), the Christo- theosophical Society, the Local Elector?s Association, the Congr?s International de Bruxelles? the local Poor Law?s Guardian (Doctor had been the first woman to stand for election in the Hastings? Guardians, thought twice unsuccessful, and she had engaged in active campaigns for reform in the local municipal government).? 9 Elizabeth Blackwell muri? en Hastings, el 31 de mayo de 1910, siendo enterrada, seg?n sus deseos, en Kilmunm, peque?a localidad de Escocia. Esta inscripci?n sigue siendo un homenaje a su memoria: Elizabeth Blackwell ? the first Woman Doctor ?In Loving Memory of Elizabeth Blackwell, M.D. Born at Bristol 3 rd February, 1821 Died at Hastings 31 st May, 1910 The first woman of modern times To graduate in medicine (1849) And the first to be placed on the British Medical Register (1859) It is only when we have learned To recognize that God?s law for the Human body is as sacred 8 Idem, p. 441 9 Idem, p. 441 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 247 For the human soul that we shall begin To understand the religion of the heart. Love seeketh not her own. (I Cor. Xiii:5) The pure in heart shall see God. (Matt. V:8) II. Las escuelas de medicina de mujeres de Estados Unidos Al estudiar la creaci?n y desarrollo de las escuelas de medicina de mujeres en Inglaterra, resulta obligado hacer una breve menci?n de las escuelas de medicina de mujeres de Estados Unidos, que desarrollaron una important?sima labor durante la segunda mitad del siglo XIX. En Estados Unidos, en una fecha tan avanzada como 1880, eran a?n muy pocas las escuelas y facultades que admit?an la coeducaci?n. Incluso en 1893, s?lo treinta y siete de las ciento cinco instituciones regulares las aceptaban. Otras instituciones que admitieron mujeres de forma excepcional, volvieron despu?s a cerrarles sus puertas durante a?os. As?, aunque Elizabeth Blackwell se gradu? en enero de 1849, en el Geneva Medical College, esa misma facultad rechaz?, en ese mismo a?o, a Sarah R. Adamson, la siguiente mujer que solicit? ser admitida. La facultad de la Reserva del Oeste admiti? a Nancy Talbot Clark en 1851 y a otras cinco mujeres posteriormente, aunque luego cambi? de opini?n y volvi? a prohibir la matriculaci?n de mujeres. Emily Blackwell fue admitida durante un curso en el Rush Medical College de Chicago, pero le impidieron matricularse en el segundo curso y consigui? graduarse en Cleveland antes del cierre de esta universidad a las mujeres. Cuando Sarah Adamson intent? ser admitida en el Jefferson Medical College de Filadelfia, el decano la rechaz? debido a las muchas molestias que sufrir?a una dama al mezclarse en una clase con quinientos j?venes. Harriot Hunt, considerada la primera doctora cualificada de Estados Unidos, solicit? ser admitida en la facultad de Medicina de Harvard en 1835, tras doce a?os de pr?ctica como doctora competente. Fue rechazada por temor a que los alumnos decidieran abandonar Harvard por Yale, si una mujer era admitida. Los propios alumnos hicieron p?blica su posici?n en las siguientes resoluciones: ?Resolved: that no woman of true delicacy would be willing in the presence of men to listen to the discussion of the subjects that necessarily come under the consideration of the student of medicine. Resolved: that we object to having the company of any female forced upon us, who is Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 248 disposed to unsex herself, and to sacrifice her modesty, by appearing with men in the medical lecture room.? 10 La creaci?n de la importante facultad de medicina John Hopkins de Baltimore en 1892, abierta desde el principio a la coeducaci?n, marc? el comienzo de una nueva era, aunque algunas instituciones tardaron muchos a?os en abrir sus puertas a las mujeres: la facultad de medicina de Harvard no lo hizo hasta 1944, y el Jefferson Medical College hasta 1961. La universidad de Siracusa, fundada por metodistas progresistas en 1871, acept? mujeres desde su creaci?n. En 1876 obtuvo el t?tulo de doctora en su facultad de Medicina (Syracuse University College of Medicine), Sarah Loguen Frasen, la cuarta mujer afro-americana graduada en medicina en los Estados Unidos, siendo las tres primeras Rebeca Lee, en el New England Female Medical College, en 1865, Rebeca Cole en Women?s Medical College of Pensylvannia, en 1867 y Susan Smith McKinney Steward en el homeop?tico New York Medical College and Hospital for Women, en 1870. Seg?n los datos recogidos por Thomas Neville Bonner, la propia Elizabeth Blackwell consideraba que en 1859 eran ya trescientas las mujeres norteamericanas que hab?an conseguido graduarse en medicina en uno u otro lugar. El censo de 1870, registraba m?s de quinientas mujeres doctoras, gran parte de las cuales practicaban medicina alternativa: homeopat?a, medicina ecl?ctica o medicina bot?nica, y tan s?lo hab?a 137 mujeres matriculadas en escuelas regulares de medicina en ese a?o. En Estados Unidos exist?a, al igual que en Europa, una fuerte oposici?n a la admisi?n de mujeres en las facultades de medicina. ?C?mo era posible, entonces, que existieran tantas mujeres m?dicas? Gracias al clima pol?tico norteamericano, a la importancia del movimiento feminista y a dos instituciones t?picas de los Estados Unidos: las escuelas de medicina alternativa y las escuelas de medicina para mujeres. En Estados Unidos era posible fundar escuelas y universidades de car?cter privado, sin las trabas legales y eclesi?sticas a?n existentes en Europa. Ello permiti? el florecimiento, a mediados del siglo XIX, de un gran n?mero de escuelas de medicina alternativa: medicina ecl?ctica, homeopat?a, hidropat?a, remedios naturales, bot?nica, etc. Estas escuelas fueron siempre m?s favorables a la admisi?n de mujeres. En 1852, la Asociaci?n Nacional de Medicina Ecl?ctica vot? a favor de una pol?tica de 10 Neville Bonner, Thomas. To the Ends of the Earth. Harvard University Press. Cambridge, (Massachusetts ), 1992, p. 7 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 249 coeducaci?n. En algunas de ellas, por ejemplo, la universidad de medicina Penn, de Filadelfia, las clases se impart?an absolutamente separadas, aunque se aseguraba que las mujeres recibir?an una educaci?n similar a la de los hombres. Estas escuelas fueron doblemente rechazadas por el tipo de medicina practicado y por su apertura a las mujeres. Adem?s de la facultad de medicina Penn de Filadelfia, cabe destacar, el Eclectic Central Medical College, de Rochester, trasladada posteriormente a Siracusa, al oeste del Estado de Nueva York, ?the first coeducational medical school in the country.? 11 Aqu? se gradu? Lydia Folger Fowler, quien fue la primera mujer profesora de medicina al alcanzar un puesto en esa misma escuela, tras su graduaci?n. Otras trece mujeres estudiaron en esta misma escuela, entre ellas Mary Walker, cirujana durante la Guerra Civil, y Clemence Lozier, quien fund? una facultad de Homeopat?a y un hospital para mujeres en Nueva York en 1863, denominados New York Medical College and Hospital for Women en cuyas aulas estudiaron m?s de cien mujeres en los siete a?os siguientes. El Eclectic Medical College de Cincinnati, donde estudiaban diez mujeres en 1855. El Homeopathic Medical College de Cleveland, acept? a tres mujeres desde su fundaci?n en 1850 y lleg? a graduar a doce en 1860. La universidad de Medicina Toland de San Francisco cont? con una sola mujer estudiante en su primera promoci?n, graduada en 1864. En el Central Medical College de Siracusa, se doctoraron once mujeres entre los a?os 1873 y 1878. Tanto Elizabeth Blackwell como otras pioneras eran partidarias de la formaci?n de las mujeres en las escuelas y facultades de medicina ya existentes para los hombres. Sin embargo, la dificultad para lograr el acceso a la coeducaci?n y el deseo de una formaci?n en la medicina ortodoxa, llevaron a la creaci?n de cinco escuelas de Medicina para mujeres entre 1850 y 1882, en las principales ciudades norteamericanas. Algunas de ellas, especialmente las de Pensilvania y Nueva York alcanzaron un alto nivel acad?mico, en comparaci?n con las facultades de mayor prestigio. Las citaremos siguiendo su orden cronol?gico de fundaci?n. The New England Female Medical College, o Escuela de Medicina para Mujeres de Nueva Inglaterra, que comenz? como una escuela para el cuidado de las mujeres en el parto, fue fundada en 1848, en Boston por el controvertido Samuel Gregory, quien pretend?a que la pr?ctica de la obstetricia volviese a estar en manos de las mujeres. Los estudios se centraban en la ense?anza de 11 Markell Morantz-Sanchez, Regina. Sympathy and Science. Women Physicians in American Medicine. O.U.P. Nueva York, 1985, p. 49 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 250 higiene, fisiolog?a, obstetricia y enfermedades de la mujer. Su carta de fundaci?n, hac?a constar que su prop?sito era la educaci?n de comadronas, enfermeras y mujeres doctoras. El grupo que proporcionaba el apoyo econ?mico a esta escuela, la Women?s Medical Education Society, alcanz? quinientos miembros, entre ellos personajes bostonianos tan importantes como George Emerson. El primer curso completo de estudios m?dicos se imparti? en 1852 y las primeras graduaciones tuvieron lugar en 1854. Funcion? durante veinte a?os m?s, per?odo durante el cual doscientas ochenta y dos mujeres atendieron las clases, y noventa y ocho se graduaron. En 1874, tras la muerte de Samuel Gregory, se uni? con el Homeopathic Medical College de la universidad de Boston. Su nivel no era muy alto, pero destacan entre sus graduadas Mary Harris Thompson, fundadora del Woman?s Hospital Medical College de Chicago en 1870, y Rebecca Lee, la primera mujer negra que consigui? ser doctora en medicina en los Estados Unidos. El New England Female Medical College es la ?nica escuela de Medicina para mujeres que ofrec?a una educaci?n insuficiente, debido, seg?n Regina Markell, a las anticuadas ideas de Samuel Gregory sobre la educaci?n m?dica. The Woman?s Medical College of Pennsylvania, en Filadelfia, tiene su origen en el movimiento de reforma de las mujeres y las actividades de los cu?queros de la ciudad. Se abri? en el oto?o de 1850. Desde el principio se pretend?a crear una facultad donde las mujeres consiguieran una formaci?n similar a la de los hombres, se conocieran a s? mismas, y se les abrieran los caminos de la ciencia. En diciembre de 1851, ocho mujeres recibieron los primeros t?tulos otorgados por la facultad. Entre ellas, Hanna E. Longshore, que fue profesora de anatom?a en Boston y Filadelfia y la primera mujer que se instal? como doctora en Filadelfia, y Ann Preston, quien nunca practic? la medicina pero fue nombrada profesora de Fisiolog?a en 1853 y decana de la facultad en 1862. En 1861, Ann Preston, cre? el Women?s Hospital de Filadelfia, donde realizaban pr?cticas las estudiantes de la facultad. Fue una de las defensoras de la diferencia de las mujeres: m?s sensibles, amables y tiernas que los hombres y, en consecuencia, del papel especial que la mujer deb?a ocupar en la medicina. Muri? en 1872, fecha en que ciento treinta y dos mujeres se hab?an graduado ya en el Woman?s Medical College de Pensilvania. The Woman?s College of the New York?s Infirmary for Women and Children, que denominaremos Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York, fue fundada en 1868 por las hermanas Blackwell. Su programa de estudios era innovador y de alto nivel en comparaci?n con las facultades y escuelas de medicina masculinas. La Escuela Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 251 de Mujeres de Nueva York es la primera instituci?n norteamericana que ofrece un plan de estudios de tres cursos de cinco meses, adem?s de exigir un examen de ingreso. Las estudiantes ten?an la posibilidad de aprender anatom?a practicando disecciones y realizaban pr?cticas en el Hospital creado por las hermanas Blackwell. Otra novedad importante consist?a en la inclusi?n de un curso obligatorio de higiene o medicina preventiva. Desde el primer momento aparece clara la visi?n de Elizabeth de una especial y mayor exigencia moral y profesional a las mujeres, y el temor al peligro que podr?an representar mujeres m?dicas de dudosa formaci?n cient?fica o moral. Refleja la propia Blackwell la doble visi?n de la mujer en el patriarcado, repetida a lo largo de la historia, y muy significativamente en la ?poca victoriana: supermodelo de virtudes o imagen del vicio y el pecado ?Exig?a Elizabeth Blackwell el mismo nivel moral y profesional a los hombres? ?Cu?les son las causas que hacen a la mujer m?s susceptible de practicar la medicina de forma ignorante y superficial? La preocupaci?n por la formaci?n cient?fica de las estudiantes y por su obligaci?n de controlar el progreso m?dico de forma que no violara la verdad moral, qued? reflejada en las palabras que Elizabeth Blackwell pronunci? en su discurso inaugural. En 1874, el curso lectivo se extendi? a tres cursos de seis meses cada uno. Se realizaron otros cambios curriculares a lo largo del siglo, siempre innovadores. Recordemos que s?lo cinco facultades de medicina alargaron sus cursos lectivos e impusieron un programa de tres a?os a finales de los a?os 70. Asimismo se prestaba gran atenci?n a la formaci?n en obstetricia y las actas de 1888 recogen la exigencia de todas las estudiantes hayan atendido al menos doce casos de tratamiento ginecol?gico antes de su graduaci?n. En 1891, se cre? un laboratorio de fisiolog?a bajo la supervisi?n del profesor doctor W. Gilman Thompson. Aunque Elizabeth Blackwell aprob? tal iniciativa, mantuvo siempre su condena de la vivisecci?n y la experimentaci?n con animales vivos. La escuela recibi? la aprobaci?n y reconocimiento de numerosos doctores importantes de la ?poca. En su primera d?cada de existencia la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York, form? a cincuenta y tres doctoras. A lo largo de sus treinta y un a?os de vida, se formaron y graduaron en ella importantes pioneras de la medicina moderna, entre ellas Sophia Jex-Blake, figura clave en el movimiento de mujeres doctoras y en la fundaci?n de la London School of Medicine for Women, y fundadora de la Edinburgh of Medicine for Women. Y cont? asimismo entre su profesorado con importantes pioneras de la medicina moderna: la doctora Mary Putnam (m?s tarde casada con el doctor Abraham Jacobi, padre de la pediatr?a americana), Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 252 quien, a su regreso de la escuela de medicina de Par?s, dar?a al hospital y la escuela de Nueva York veintis?is a?os de fruct?fera vida profesional; la doctora Elizabeth Cushier, quien, tras estudiar en Zurich y Viena, prest? sus servicios como cirujana, consiguiendo una importante reputaci?n en cirug?a y ginecolog?a; la doctora Gertrude Kelly, que dirigi? el servicio de cirug?a durante muchos a?os; la doctora Martha Wollstein, jefa del departamento de patolog?a, quien public? una monograf?a sobre los Tumores Cong?nitos en la Infancia que fue la base de una reclasificaci?n de este tipo de neoplasmas; y, por supuesto, Emily Blackwell, quien dirigi? la instituci?n desde su creaci?n. La Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York, fue pionera en muchos aspectos. Tambi?n lo fue en cerrar sus puertas cuando las abrieron a las mujeres las escuelas y facultades hasta entonces reservadas a los hombres. La apertura de la universidad de John Hopkins a la coeducaci?n fue un paso decisivo. En 1899, cuando la universidad Cornell declar? su voluntad de recibir alumnas, la escuela fundada por las hermanas Blackwell se uni? a ella considerando que la coeducaci?n era el estadio final perseguido, pero algo muy importante iban a perder nuevamente las mujeres: las profesoras universitarias fueron desplazadas, porque la universidad Cornell rehus? contratar mujeres. El Hospital de Mujeres de Nueva York continu? su andadura. En 1954 se construy? un edificio de diez plantas en Stuyvesant Square, que se complet? con el inaugurado en 1965 en la calle Quince. En 1968, fue elegido como el hospital de apoyo a la Asociaci?n de la Zona Nordeste, un proyecto que pretend?a ofrecer servicios m?dicos y de educaci?n a unas siete mil familias de la zona este de Nueva York. Adem?s de la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva York se crearon otras cuatro escuelas de medicina de mujeres entre los a?os 1850 y 1882. Como se ha mencionado anteriormente, en 1870, Mary Harris Thompson abri? el Women?s Medical College de Chicago, tras haber creado un hospital para ni?os y mujeres y haber obtenido ella misma su segundo t?tulo de doctora en medicina por la facultad de medicina de Chicago, facultad que, tras su graduaci?n, cerr? sus puertas a las mujeres. Pese al fuerte rechazo encontrado por parte de la clase m?dica masculina, el Women?s Medical College se convirti? en la ?nica facultad de medicina ortodoxa para mujeres al oeste de los Apalaches, lo que hizo que tuviese gran afluencia de estudiantes. Se exig?an ex?menes anuales. Hasta 1890, era obligatorio para obtener el t?tulo completar dos cursos, aunque se aconsejaba a las alumnas realizar un tercer curso. Pronto se exigi? el trabajo cl?nico y de laboratorio, incluyendo pr?cticas de obstetricia, patolog?a, qu?mica e Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 253 histolog?a. En 1891, se uni? con la universidad del Noroeste, tras haber graduado a trescientas cincuenta mujeres m?dicas. El Women?s Medical College de Baltimore se fund? en 1882, cuando ya muchas universidades del oeste hab?an comenzado a abrir sus puertas a las mujeres. Se exig?a un curso escolar de siete meses, con ex?menes anuales, un curr?culo graduado y pr?cticas de disecci?n. En 1888, los estudios se extendieron a tres a?os y en 1895 a cuatro. Pero muy pocas mujeres se contaron entre su profesorado. En 1900, esta escuela hab?a graduado a setenta y tres doctoras. En 1890, dos de sus licenciadas fueron admitidas en el Hospital Blockley de Filadelfia tras ex?menes muy exigentes. Como hemos visto anteriormente, la propia Elizabeth Blackwell era opuesta a la idea de una facultad s?lo para mujeres. Muchas de las doctoras graduadas en estas escuelas siguieron luego cursos en otras facultades. Mary Putnam fue quiz?s la cr?tica m?s dura de las escuelas de mujeres. En cualquier caso, es preciso hacer constar que el nivel de las escuelas masculinas regulares de Estados Unidos dejaba asimismo mucho que desear y estas escuelas de mujeres, pese a mantener una segregaci?n y ofrecer, en algunos casos, una ense?anza insuficiente, abrieron la posibilidad, para cientos de mujeres, de conseguir una preparaci?n profesional y acceder a la pr?ctica de la medicina oficial. Las escuelas de medicina de mujeres constituyeron un paso m?s en la excesivamente larga lucha de la mujer por conseguir lo que nunca deber?a haberle sido negado: su posibilidad de desarrollo y actividad como ser humano completo. Es importante mencionar asimismo el papel que tuvieron algunas facultades de medicina europeas en la preparaci?n de doctoras pioneras, entre ellas la de Zurich. Fueron dos j?venes de San Petersburgo, representantes de la pasi?n por la educaci?n, la independencia econ?mica, las reformas sociales y la igualdad con los hombres, de muchas mujeres rusas en la segunda mitad del siglo diecinueve, quienes consiguieron por vez primera permiso para asistir a las clases de la facultad de Medicina de Zurich. A diferencia de las escuelas norteamericanas, las facultades suizas, aunque no exig?an titulaciones previas a los estudiantes extranjeros para su matriculaci?n, ofrec?an estudios de nivel universitario, consistentes en cinco cursos acad?micos y ex?menes muy rigurosos para obtener la graduaci?n. En 1864, Maria Kniazhnina, solicit? permiso para seguir clases de anatom?a y uso del microscopio. A la primavera siguiente Nadezhda Suslova solicit? asimismo permiso para asistir a las clases. ?C?mo hab?an llegado estas j?venes rusas a la universidad suiza? Seg?n Thomas Neville, Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 254 ?Women had begun to attend university lectures in Russia in 1859 and by the early 1860s more than sixty women were attending courses at the St. Peterburg Medical-Surgical Academy. But a burst of student radicalism that touched a number of the women students led to their abrupt expulsion from the universities. Among those expelled was Nadezhada Suslova, destined to play a central role in the unfolding drama at Zurich.? 12 En 1867, Suslova solicit? presentarse a los ex?menes de licenciatura en Medicina. Se le permiti? entonces matricularse de manera oficial y pas? sus ex?menes en el verano de 1867, defendiendo su tesis sobre la fisiolog?a del sistema linf?tico en diciembre del mismo a?o, y obteniendo as? el primer t?tulo de doctora en medicina otorgado a una mujer por una universidad oficial de alto nivel acad?mico. El ?xito de Suslova tuvo repercusiones en otros pa?ses europeos. En enero de 1867, dos mujeres inglesas, Frances Elizabeth Morgan y Louisa Atkins, obtuvieron permiso para matricularse. Ambas hab?an recibido una educaci?n superior a la normal para las mujeres inglesas de clase media de su tiempo. Morgan hab?a estudiado medicina con profesores privados en Inglaterra, pero al neg?rsele el permiso para pasar el examen de la Sociedad de Boticarios, decidi? marchar a Zurich. En tan s?lo tres a?os, el 12 de marzo de 1870, Morgan se convirti? en la segunda mujer que defend?a su tesis doctoral, sobre atrofia muscular progresiva, ante toda la facultad. Dos a?os m?s tarde, Louisa Atkins, le?a su tesis doctoral sobre la gangrena pulmonar en los ni?os. Maria Bokova, de San Petersburgo y Eliza Walker de Edimburgo, llegaron a Zurich en el verano de 1868. Tras cuatro a?os de estudios Eliza Walker ley? sus tesis sobre el bloqueo de las arterias cerebrales. Fue la primera mujer que trabajo como ayudante en el hospital cantonal de Zurich, concretamente en la sala de mujeres. Bokova consideraba la medicina como una forma de servir a sus semejantes, se interes? por la oftalmolog?a y realiz? investigaciones bajo la direcci?n del Profesor Friedrich Horner. Prest? sus servicios como doctora en el campo de batalla en la guerra Franco- Prusiana en 1871, regresando posteriormente a su pa?s. Las dos ?ltimas pioneras de Zurich fueron la norteamericana Susan Dimock y la suiza Marie V?tglin. Susan Dimock viaj? a Europa gracias a la ayuda econ?mica de Maria Zackrzewska, quien la hab?a animado a realizar estudios en Europa, tras ser rechazada por la facultad de Harvard en Estados Unidos, y conoci? en Par?s a Mary Putnam, lo que nos sirve de ejemplo de los lazos existentes entre estas mujeres pioneras de la medicina y de la profesionalizaci?n de la mujer. Dimock termin? sus estudios en 12 Idem, pp. 33-34 Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 255 1871 siendo la cuarta mujer, tras Suslova, Morgan y Bokova, que realizaba los ex?menes para la obtenci?n de la licenciatura en medicina en Zurich y ley? su tesis doctoral sobre las diferentes formas de fiebre puerperal. Maria V?tglin fue la ?ltima en doctorarse. Tras terminar sus estudios en Zurich, los complet? en Leipzig y Dresden, donde escribi? su tesis bajo la direcci?n del ginec?logo Franz von Winckel, tesis que ley? el 11 de julio de 1874 en Zurich. Durante estos siete a?os m?s de cien mujeres, en gran parte rusas, hab?an logrado matricularse en la facultad de Medicina de la universidad de Zurich. Las facultades de Medicina de las universidades de Berna y Ginebra aceptaron mujeres en 1872. En 1877, se doctoraba en Berna la belga Anne Van Diest, quien luchar?a posteriormente por la apertura de las facultades de medicina a las mujeres en su pa?s. En ese mismo a?o consegu?a asimismo en Berna su t?tulo de doctora en Medicina Sophia Jex-Blake. Aparte de Suiza, s?lo la facultad de medicina de la Sorbona estaba abierta a las mujeres europeas al principio de la d?cada de 1870. En 1868, la norteamericana Mary Putnam, la inglesa Elizabeth Garrett, la rusa Ekaterina Goncharova y la francesa Madeleine Br?s, pudieron matricularse en la facultad de medicina de la Sorbona de Par?s. Mary Putnam hab?a obtenido anteriormente titulaciones en farmacia y medicina en los Estados Unidos. Tras su ingreso en la facultad realiz? tres a?os de estudios antes de pasar los cinco ex?menes reglamentarios y leer su tesis doctoral, por la que obtuvo una medalla de bronce. Durante esos a?os se hizo amiga de Elizabeth Garret. Aunque Putnam hab?a sido la primera en matricularse, Garrett ser?a la primera en conseguir la licenciatura en medicina en Par?s, leyendo su tesis sobre la migra?a en junio de 1870. Gracias al apoyo de Paul Broca, Madelaine Br?s logr? ser asignada provisionalmente a uno de los hospitales de Par?s durante el asedio de la ciudad en 1870-71. Se le concedi? el t?tulo de doctora en medicina y el permiso para practicar en 1875. Pero la apertura de Par?s a las mujeres m?dicas no se llev? a cabo sin una amarga batalla. M?s que en Zurich, la hostilidad de la clase m?dica a las mujeres fue p?blica y abierta. No se discut?a la posible capacidad intelectual de las mujeres, pero se defend?a su destino natural a ser ?nica y exclusivamente esposas y madres y vivir tan s?lo en la esfera de lo privado. Mujer y Salud Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las Escuelas de Medicina de Mujeres de EE.UU. 256 Fig. 6. Rock House. Residencia de Elizabeth Blackwell en Hastings. Fig. 7. Placa conmemorativa de Elizabeth Blakcwell, colocada sobre la fachada de Rock House Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 257 CAP. IX. BIOGRAF?A DE ELIZABETH GARRETT ?In her girlhood Elizabeth heard the call to live and work, and before the evening star lit her to rest she had helped to tear down one after another the barriers which, since the beginning of history, hindered women from work and progress and light and service.? 1 I. Infancia y adolescencia de Elizabeth Garrett Elizabeth Garrett nace en el East-End londinense el 9 de junio de 1836. Fue la segunda hija del joven matrimonio compuesto por Louisa Dunnel, mujer inteligente, culta y de profunda religiosidad, y el emprendedor Newson Garrett, hombre de escasos conocimientos en lectura y escritura, pero muy h?bil para los negocios, de profesi?n prestamista en aquel momento. Es bautizada Elizabeth tres meses despu?s en la iglesia de St-George-in-the-East (Fig. 8) y en esta zona de suburbio industrial de Londres pasa los tres primeros a?os de su vida. A finales de 1838, la familia se traslada al 142 de Long Acre, cerca de Trafalgar Square, donde Newson Garrett abre una nueva casa de empe?os. El primer recuerdo de Elizabeth Garrett es la visi?n, a trav?s de la ventana, de las carrozas de la Reina Victoria y el Pr?ncipe Alberto camino de la ?pera, en la noche del 2 de mayo de 1840. Al a?o siguiente, Newson compra un almac?n de trigo y carb?n cerca de la peque?a localidad de Aldeburgh, donde la familia fija su residencia. En Aldeburgh transcurre la infancia de Elizabeth, all? pasa los ?ltimos a?os de su vida, se convierte en la primera mujer alcaldesa de Inglaterra y muere tras una larga carrera profesional. En Aldeburgh, nacen sus hermanos y hermanas menores, Alice, Agnes, Millicent, importante figura del movimiento sufragista, Sam, Josephine y George. 1 Garrett Anderson, Louisa. Elizabeth Garrett Anderson. Faber and Faber Limited. Londres, 1939, p. 276 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 258 Elizabeth crece en una familia numerosa, religiosa y con una econom?a floreciente gracias a la buena marcha de los negocios de su padre. Como nos dice su bi?grafa Jo Manton, ?she was a by-product of the industrial revolution and her precise social class was a factor in her success.? 2 Durante su infancia goz? de mayor libertad y contacto con la naturaleza que otras ni?as. Recibi? la instrucci?n b?sica de su madre, pero a los diez a?os la educaci?n de Elizabeth y su hermana mayor Louie fue encomendada a Miss Edgeworth, t?pico ejemplo de mujer soltera de clase media necesitada de encontrar un empleo, que ten?a que disimular su timidez y su ignorancia frente a las bromas a veces crueles de sus alumnas. ?The harassed, weary teacher and the intelligent, frustrated child were both victims of the same social convention, which regarded governessing as the only female profession and amiable ignorance as the most suitable frame of mind for a lady. It was a convention into which Elizabeth Garrett would never fit.? 3 Con el fin de dar a sus hijos e hijas una buena educaci?n, los Garrett enviaron a Elizabeth y Louie, cuando ten?an trece y quince a?os respectivamente, al internado de las Srtas. Browning en el 4 de Darmouth Row, Blackheat, Londres. All? aprendi? Elizabeth a disfrutar de la lectura, mejor? su expresi?n escrita y adquiri? conocimientos de Literatura y Franc?s, lengua en que a?os m?s tarde redactar?a y defender?a su tesis doctoral. Y sobre todo hizo amistades que influir?an en su vida futura, especialmente la de Jane Crow, futura secretaria de la Society for Promoting the Employment of Women. En 1851, se consider? completada su educaci?n en el internado y tras un viaje a Par?s y la cuenca del Rhin, y una visita a la Gran Exposici?n de Hyde Park, las dos hermanas regresaron a Alde House, la reci?n construida mansi?n familiar en Aldeburgh, donde su padre era ya un rico empresario. Elizabeth continu? estudiando Lat?n y Aritm?tica con la ayuda del tutor de uno de sus hermanos. En 1854, a los dieciocho a?os, durante una visita junto con su hermana Louie a su amiga Jane Crow en Londres, Elizabeth tuvo ocasi?n de conocer a quien ser?a una persona muy importante a lo largo de toda su vida: su amiga Emily Davies, fundadora de Girton College, figura clave, por tanto, en la apertura de la educaci?n superior a las mujeres. Louie se cas? el 10 de septiembre de 1857 y fijo su residencia en el 7 de St Agnes Villas, Bayswater, Londres. 2 Manton, Jo. Elizabeth Garrett Anderson. Methuen & Co. Ltd. Londres, 1965 , p. 28 3 Idem., p. 33 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 259 II. El nacimiento de la vocaci?n m?dica La vida de Elizabeth estaba ocupada con los quehaceres propios de hermana mayor de una familia numerosa de posici?n social acomodada. Pero deseaba algo m?s, como expresaba ella misma a?os m?s tarde al preparar el borrador de un discurso para la London School of Medicine for Women: ?I was a young woman living at home with nothing to do in what authors call ?comfortable circumstances?... But I was wicked enough not to be comfortable. I was full of energy and vigour and of the discontent which goes with unemployed activities. ?The obscure trouble of a baffled instinct? as Coleridge finely calls it? Everything seemed wrong to me.? 4 En 1858, apareci? el primer n?mero de la publicaci?n fundada por la feminista B?rbara Bodichon, titulada The Englishwoman? Journal, con sede entonces en el 14 de Princes Street, Cavendish Square, de Londres, cuyos art?culos ?showed the need for educated women to work in penitentiaries, hospitals, asylums and workhouses. After a few months the editor of the journal defined its aims. ?It is work we ask, room to work, encouragement to work, an open field with a fair day?s wages for a fair day?s work.?? 5 Este peri?dico promovi? asimismo la creaci?n de una organizaci?n para promover el empleo femenino, la ya mencionada anteriormente Society for Promoting the Employment of Women, y un Ladies Institute donde las mujeres pod?an disponer de un comedor, sala de lectura, y organizar actividades, de forma similar a los clubes masculinos. Probablemente en las p?ginas del Englishwomen?s Journal hall? Elizabeth la primera referencia a la doctora Blackwell. Durante su estancia en Inglaterra en 1859, momento en que logr? ser la primera mujer incorporada al Registro de M?dicos de Gran Breta?a de acuerdo con la Ley de 1858, Elizabeth Blackwell pronunci? tres conferencias sobre Medicine as a Profession for Ladies, organizadas por B?rbara Bodichon en Portman Rooms, Baker Street, Marylebone. Unos hechos anecd?ticos iban a propiciar el encuentro de las dos mujeres y la vocaci?n m?dica de Elizabeth Garrett. Newson Garret ley? a su familia las cr?ticas a la existencia de una mujer doctora que los diarios londinenses inclu?an al anunciar las conferencias. Elizabeth Garrett sugiri? que, para formarse una justa opini?n sobre Blackwell, su padre deber?a recabar informaci?n sobre ella partir de su socio Valentine Smith, primo de B?rbara Bodichon. As? lo hizo Newson, pero 4 Idem, p. 44 5 Idem, p. 45 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 260 ?there was a misunderstanding. Mr. Smith thought Elizabeth wanted an introduction to the lady and, at Mme. Bodichon?s house they met . ?She assumed that I had made up my mind to follow her?, Elizabeth wrote later, ?I remember feeling very much confounded and as if I had been suddenly thrust into work that was too big for me?.? 6 Efectivamente, tras la primera conferencia, a la que hab?a asistido con Emily Davies, Elizabeth tuvo ocasi?n de conocer personalmente a la doctora Blackwell, en la recepci?n ofrecida por B?rbara Bodichon en su casa. Y la doctora interpret? que Elizabeth deseaba seguir sus mismos pasos y en tal sentido dirigi? la conversaci?n. Elizabeth pas? las semanas siguientes con Jane Crow y Emily Davies, cuya influencia fue decisiva para que regresara a Aldeburg, decidida ya a ser doctora y comenzar su preparaci?n inspir?ndose en un art?culo de Elizabeth Blackwell titulado ?Young Ladies Desirous of Studying Medicine?, publicado en The Englishwoman?s Journal en enero de 1860, en el que recomendaba ?a four year course consisting of a year of anatomy and physiology, chemistry and materia medica, and the study of standard medical text books. Six months should be spent in a hospital as a nurse and six months in a laboratory. Third year had to be spent in a college and the fourth should provide practical experience of midwifery. ? 7 Las mujeres inglesas tendr?an que acudir a Estados Unidos o al continente para poder realizar el curso universitario. El coste total ser?a de aproximadamente 400 libras. Al encontrarse en aquellos momentos Newson Garrett atravesando una dif?cil situaci?n econ?mica, Elizabeth decidi? retrasar el plantear a los padres su vocaci?n profesional. Comenz?, sin embargo, su preparaci?n tomando clases de lat?n y griego con el maestro de Aldeburgh, y leyendo y mejorando su expresi?n escrita con la ayuda de Emily Davies. Tras mejorar la situaci?n financiera de la familia, Elizabeth finalmente comunic? su decisi?n a sus padres el 15 de junio de 1860, reci?n cumplidos los veinticuatro a?os. Su madre lo consider? una desgracia y se enferm? durante una semana. La reacci?n de su padre queda detalladamente explicada en una carta de Elizabeth a Emily Davies en esa misma fecha. ?I have opened my letter to tell you for a long conversation that I have just had with my father. At first he was very discouraging, to my astonishment then, but now I fancy he did it as a forlorn hope to check me; he said the whole idea was so disgusting that he could not entertain it for a moment. I asked what there was to make doctoring more disgusting than 6 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 42. 7 Brown, Andy y Barnes, Jessica. ?Elizabeth Garrett Anderson?, Adler Museum Bulletin, no. 2, Julio 1994, Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo, 1994, p. 14 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 261 nursing, which women were always doing, and which ladies had done publicly in the Crimea. He could not tell me. When I felt rather overcome with his opposition, I said as firmly as I could, that I must have this or something else, that I could not live without some real work, and then he objected that it would take seven years before I could practise. I said if it were seven years I should then be little more than 31 years old and able to work for twenty years probably. I think he will probably come round in time?? 8 Pero a finales de ese mismo mes, Elizabeth se trasladaba a Londres acompa?ada por su padre para tratar de comenzar su formaci?n m?dica. Newson Garrett se convirti? en el principal defensor del derecho de su hija a estudiar y ejercer la medicina, y cuando Elizabeth les present? a su prometido en la Navidad de 1870, su primera reacci?n fue de rechazo, temiendo que el matrimonio implicase el abandono de la vida profesional de Elizabeth. Su madre mantuvo durante largo tiempo una profunda decepci?n ante la decisi?n de su hija. III. Los a?os de preparaci?n (1860-1865) En primer lugar padre e hija visitaron a los doctores m?s importantes de Harley Street. La conversaci?n con uno de ellos resulta significativa en la lucha de las mujeres por conseguir puestos de trabajo de alto nivel, responsabilidad y prestigio social. ??Why not be a nurse?? said one of the doctors. ?Because I prefer to earn a thousand, rather than twenty pounds a year.? 9 El 4 de julio visit? al Registrador (Registrar) de Londres, Mr. Gurney y su esposa, quienes hab?an prometido a Elizabeth Blackwell, tras su regreso a Estados Unidos, recibir y ayudar a las mujeres que deseasen estudiar Medicina. Russell Gurney y su esposo brindaron su apoyo a Elizabeth Garrett, estableci?ndose entre ambos una duradera amistad. El 7 de julio, la presentaron a William Hawes, antiguo conocido de su padre, y miembro, a la saz?n, del consejo de gobernadores del Middlesex Hospital. El 1 de agosto de 1860, tras una breve estancia en Aldeburgh, Elizabeth comenzaba un periodo de seis meses de preparaci?n como enfermera en la sala de cirug?a de dicho hospital, residiendo en el domicilio de su hermana Louie. En sus cartas a Emily Davies, menciona entre las personas que contribuyeron a su formaci?n en ese per?odo, a Mrs. Yarrow, la matrona a cargo de las enfermeras, al Dr. Willis, que le dar?a m?s adelante 8 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 46 9 Idem., p. 50 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 262 clases particulares de anatom?a y fisiolog?a, y al cirujano y decano de la escuela de Medicina del Middlesex Hospital, Thomas William Jun, as? como al cirujano residente Mr. Worhtington. Elizabeth se sent?a tratada en parte como estudiante, en parte como enfermera sin obligaciones fijas. Solicit? ser aceptada plenamente como alumna de la escuela de Medicina, abonando el pago correspondiente, lo que le fue denegado. Sin embargo, se le acept? entregar una donaci?n, a cambio de poder aprender sin car?cter de alumna oficial. Se le permiti? entonces recibir clases de lat?n, griego y materia m?dica del boticario, Mr. Joshua Plaskitt, y se le facilit? una habitaci?n donde poder estudiar y practicar disecciones durante algunos meses, hasta febrero de 1861. ?By November 1860 she was treated as an unofficial medical student, she followed the teaching rounds, did two hours work in the dispensary and was often called to casualty to see a new patient. During the winter of 1860-1861 she occupied herself with study, hospital work and private tuition, and passed the examination papers set for her by Mr Joshua Plaskitt and Dr. Willis.? 10 Tras la marcha de Mr. Plaskitt en marzo, continu? estudios de qu?mica con Mr. Taylor y visitas m?dicas con el Dr. Thompson. En mayo no logr? ser aceptada como alumna regular del curso completo de verano, pero s? que se le permitiera pagar tasas para asistir a algunos ciclos de conferencias y clases pr?cticas, por lo que debi? firmar el juramento de comportarse como un caballero, al igual que el resto de los alumnos. ?I have had to sign my name in the college books in token that I will not smoke but will in every way comport myself as a gentleman.? 11 Sin embargo, Mr. Nunn le retir? el permiso para asistir a disecciones. El rechazo a su permanencia en Middlesex comenzaba. En junio Elizabeth consigui? menci?n de honor en todas las materias cursadas, ante lo que el profesor, al enviarle los resultados obtenidos, suger?a: ?May I entreat you to use every precaution in keeping this a secret from the students? 12 Se hab?a aceptado el capricho original de una dama de adquirir nociones de medicina, pero que pudiera demostrar una capacidad no ya igual, sino superior a la de los estudiantes hombres, no ser?a tolerado. Durante una visita m?dica, Elizabeth fue la ?nica capaz de contestar una pregunta del profesor. Ello provoc? que un grupo de cuarenta y tres 10 Brown, Andy, y Barnes, Jessica. ?Elizabeth Garret Anderson?, Adler Museum Bulletin, no. 2, julio 1994, Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo, 1994, p. 15 11 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 77 12 Idem, p. 80 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 263 alumnos dirigiesen un escrito al comit? rector de la escuela de Medicina, solicitando su expulsi?n. Las razones aducidas por este grupo de alumnos recogen algunos de los prejuicios repetidamente esgrimidos contra la educaci?n m?dica de las mujeres. ?Por qu? no los hab?an formulado hasta que Elizabeth demostr? su capacidad? He aqu? algunos extractos del escrito: ?We consider: 1 st that the promiscuous assemblage of the sexes in the same class is a dangerous innovation likely to lead to results of an unpleasant character. 2 nd That in cases where the study of any other science is pursued by both sexes a separate class is formed for each ?so must such provision be made for females before they can study the science of surgery or medicine with such advantages as are due to the importance of the subject. 3 rd That the lecturers are likely (although unconsciously) to feel some restraint through the presence of females in giving that explicit and forcible enunciation of some facts which is necessary for their comprehension by the student. 4 th That the presence of young females as passive spectators in the operating theatre is an outrage on our natural instincts and feelings and calculated to destroy those sentiments of respect and admiration with which the opposite sex is regarded by all right- minded men, such feelings being a mark of civilization and refinement. Further we beg to state that the presence of a female student in the Middlesex School has become a byword and a reproach amongst similar institutions in this metropolis and that its members are subject to taunts of a nature calculated to undermine those feelings of pride and satisfaction which ought to possess every student in reference to the School with which he is connected.? 13 Elizabeth dirigi? asimismo un escrito a los alumnos, extremadamente correcto teniendo en cuenta la actitud que ellos hab?an mostrado. Present? tambi?n al comit? una carta, en la que se ofrec?a a realizar una donaci?n de dos mil libras para crear una fundaci?n que becase cada a?o a una mujer estudiante de medicina. Aunque afortunadamente otro grupo de alumnos fue favorable a la permanencia de Elizabeth y se disculparon por el comportamiento de sus compa?eros, el comit? de la escuela de Medicina vot? el 13 de junio, por siete contra uno y cinco abstenciones, que ?It was resolved that it is inadvisable to admit Ladies to any of the lectures delivered in this College..........and that although the Lecturers are unable to agree with much of the reasoning in the Memorial they have come to the conclusion that for several reasons it will be inexpedient to admit Ladies to the Lectures in future sessions? 14 . Por tanto, Elizabeth no ser?a admitida a m?s clases aunque se le permit?a completar aquellas cuyos 13 Manton, Jo, o.c. p. 352 14 Idem, p. 353 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 264 derechos hab?a abonado. El profesor de qu?mica, Mr. Heisch le sugiri? que no acudiese al examen que se celebrar?a el d?a 12 de junio, pero Elizabeth hizo prevalecer el derecho a clases y ex?menes que hab?a obtenido al abonar las tasas correspondientes. En julio de 1861, Elizabeth terminaba el primer a?o de su azarosa carrera de medicina, recibiendo certificados honor?ficos en qu?mica y materia m?dica. Las escuelas de medicina de los hospitales de Grosvenor Street y Westminster rechazaron su solicitud por algunos votos en contra, y el London Hospital por unanimidad del profesorado. ?The reason given by the schools was always the same, that no medical examining body would admit women candidates for degrees and the schools would therefore be educating illegal practitioners.? 15 Por tanto, en el mismo mes de junio de 1861, Elizabeth escribi? a los tribunales examinadores de Oxford, Cambridge, Glasgow y Edimburgo. Todos rechazaron su solicitud de ser admitida a examen. El Real Colegio de Cirujanos, al que se dirigi? para obtener el diploma de comadrona, manifest? rotundamente que ?it would in no way countenance the entry of women into the medical profesi?n.? 16 ?nicamente le quedaba la Sociedad de Boticarios que ten?a licencia real desde 1815, para examinar y conceder licencia para practicar la medicina a todas las personas candidatas que hubieran completado tres a?os de estudios y pr?ctica hospitalaria con un doctor. Elizabeth curs? su solicitud a la Sociedad de Boticarios a trav?s del Dr. King, figurando como alumna-aprendiz del Dr. Plaskitt. El 20 de agosto de 1861, recibi? una carta de aceptaci?n junto con la lista de asignaturas que deb?a demostrar haber cursado para acceder al t?tulo. En aquel momento Elizabeth hab?a ya cursado materia m?dica, qu?mica y hab?a completado un primer a?o de pr?ctica hospitalaria. Le era preciso ?find teaching in physiology, anatomy and dissection, morbid anatomy, principles and practice of medicine, midwifery and diseases of women, and forensic medicine, as well as the two further required sessions of clinical practice.? 17 Tras pasar el verano en Aldeburgh con su familia, Elizabeth regres? a Londres el 30 de septiembre de 1861. El Dr. Chapman, a quien conoci? a trav?s del Englishwoman?s Journal, le proporcion? una carta de recomendaci?n para solicitar ser admitida en la universidad de St. Andrews, en Escocia. Asimismo le aconsej? dedicar el invierno de 1861-62 a prepararse en lat?n, griego, historia, geograf?a, l?gica y 15 Idem, p. 115 16 Idem, p. 115 17 Idem, p. 118 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 265 matem?tica, con el objetivo de matricularse en dicha universidad posteriormente. Para cumplir el curr?culo exigido por la Sociedad de Boticarios, realiz? cursos de bot?nica, f?sica, historia natural y fisiolog?a, este ?ltimo bajo la direcci?n de T. H. Huxley, quien hab?a defendido dos a?os antes la obra de Darwin p?blicamente. Elizabeth estaba adquiriendo una mayor cultura cient?fica y una visi?n de la vida y de la ciencia m?s abierta que muchos de los estudiantes de medicina de su ?poca. Durante una de estas conferencias conoci? a Sophia Jex-Blake, en aquel entonces profesora de matem?ticas en el Queen?s College de Londres. En abril de 1862, Elizabeth decidi? solicitar ser admitida en la universidad de Londres. Dado que se iban a elaborar unos nuevos estatutos de dicha universidad, Elizabeth y Emily Davies redactaron un documento, que fue presentado por Newson Garrett al senado de la universidad, en el que se propon?a que los futuros estatutos permitieran la matriculaci?n de mujeres. Asimismo aportaron una amplia lista de personalidades que apoyaban la solicitud. El 7 de mayo de 1862, se realiz? la votaci?n. De los veinti?n miembros presente, diez estaban a favor, diez en contra y uno se abstuvo. El voto de calidad del rector, Lord Granville, ?whom Elizabeth had looked on as a friend? 18 hizo que la moci?n fuera rechazada, y con ella las esperanzas de Garrett de conseguir un doctorado en medicina en Inglaterra. Elizabeth asisti? a la asamblea de verano de la Social Science Association, de la que era miembro. Entre las participantes se encontraba Emily Davies quien present? una ponencia titulada Medicine as a Profession for Women. Tras la conferencia, Elizabeth parti? a Edimburgo el 30 de mayo de 1862. All? fue recibida por Sophia Jex-Blake cuya casa en el 3 de Maitland Street comparti? durante dos semanas. Y, con motivo del veintis?is cumplea?os de Elizabeth, hicieron una excursi?n de tres d?as a las monta?as Trossachs. Los doctores de la universidad de Edimburgo rechazaron la solicitud de admisi?n de Elizabeth por dieciocho votos contra diecis?is. Intent? entonces ser admitida en St. Andrews, donde acudi? acompa?ada por su padre. El Dr. Day y su esposa les brindaron su hospitalidad y el Dr. Day, retirado en parte de la vida activa a causa de la invalidez provocada por un accidente en las monta?as, se ofreci? a ser su tutor en aquellas materias en que lo requiriese. Elizabeth regres? a Aldeburgh durante el verano y se prepar? para pasar el examen de letras o de conocimientos pre-cl?nicos, que ven?a a constituir un examen de ingreso a la Sociedad de Boticarios. Asimismo deb?a 18 Idem, p. 126 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 266 presentar un testimonio sobre su moralidad y un certificado de haber realizado pr?cticas con un doctor. Ambos le fueron facilitados por Dr. Plaskitt. A finales de octubre de 1862, Elizabeth regres? a St. Andrews, dispuesta a ser admitida en los cursos de invierno. Se aloj? en el 10 de Bell Street. La matr?cula consist?a en pagar ?a fee of one pound for which a student receives a ticket as a member of the University, on the strength of which he is allowed to take tickets for the several classes.? 19 En la tarde del d?a 29 de octubre, siguiendo el consejo del Dr. Day, Elizabeth se dirigi? a la oficina de Mr. McBean, secretario de la universidad, solicitando se le proporcionase un ticket de matr?cula pues deseaba asistir a algunas clases del Dr. Day, lo cual hizo Mr. McBean sin sospechar sus pretensiones. Utilizando tal resguardo de matr?cula, Elizabeth consigui? en los dos d?as siguientes, pases para los cursos de qu?mica y anatom?a, que deb?an comenzar el 17 de noviembre. Pero el d?a 1 de noviembre, al volver de un paseo, encontr? al secretario esper?ndola para notificarle que el senado de la universidad se acababa de reunir y consideraba que se le hab?a facilitado el resguardo de matriculaci?n sin el debido permiso. Mr. McBean devolvi? a Elizabeth la libra que hab?a entregado, pretendiendo anular as? la matriculaci?n. Elizabeth reenvi? la libra a la universidad junto con una carta ?saying that until the question was legally decided against her, she would not consent to have the matriculation fee returned.? 20 Inmediatamente elev? asimismo un escrito al consejo de universidades de Edimburgo, pidiendo precisasen si el hecho de haber aceptado inicialmente el pago de la matr?cula de los pases para las clases de qu?mica y anatom?a no supon?a un contrato por parte del profesorado, y asimismo solicit? consejo legal a Sir Fitzroy Kelly, fiscal general de Londres. En esta ocasi?n contaba tambi?n con el apoyo de los alumnos. El 15 de noviembre, el senado de la universidad se reuni? y resolvi? por mayor?a considerar nula la matr?cula de Elizabeth Garrett, devolvi?ndole las tasas abonadas. A la ma?ana siguiente, Elizabeth part?a a Edimburgo para consultar con su consejero legal, Mr. J.C. Smith, quien la acompa?? a una audiencia con el honorable James Moncrieff, Lord Abogado, quien lament? profundamente la decisi?n del Senado, pero le confirm? que ninguna mujer podr?a ser admitida en ninguna universidad a menos que el Parlamento aprobase una reforma de la ley. Ese mismo d?a Elizabeth, acompa?ada de 19 Idem, p. 132 20 Idem, p. 133 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 267 Mr. Smith, acudi? al peri?dico The Scotsman, a fin de dar su propia versi?n de los hechos al editor. Diferentes publicaciones se hicieron eco de lo sucedido, as? el British Medical Journal public? el siguiente comentario el 22 de noviembre de 1862: ?The female doctor question has received a blow instead of a lift at St. Andrews University. It is indeed high time that this preposterous attempt on the part of one or two highly strong-minded women to establish a race of feminine doctors should be exploded.? 21 Otros comentarios, sin embargo, le eran favorables, por ejemplo el del peri?dico parisiense Le Temas, que publicaba, el 3 de diciembre de 1862, una carta abierta a Miss Garrett que terminaba as?: ?Quelle que soit l?issue de ces d?bats, votre cause est gagn?e devant l?opinion publique...L?Europe vous regarde, la France vous applaudit.? 22 Elizabeth confirm? que la Sociedad de Boticarios aceptar?a los certificados de clases particulares con el mismo valor que si fuesen expedidos por una escuela de medicina. Con esta seguridad continu? recibiendo clases particulares de anatom?a y fisiolog?a con el Dr. Day durante el invierno hasta mayo de 1863, en que se traslad? a Edimburgo. En esta ciudad fue bien acogida por el doctor Stevenson Macadam, quien estaba dispuesto a aceptarla en sus clases de qu?mica anal?tica y pr?ctica, materia que Elizabeth ya hab?a cursado. Este doctor trat? de persuadir a otros colegas, pero ?stos se mantuvieron reticentes a la admisi?n de una alumna. Sin embargo, Elizabeth s? tuvo ocasi?n de pasar varios meses en Edimburgo ?working under Professor Simpson? 23 (el famoso catedr?tico de ginecolog?a James Young Simpson), aunque no existe certificaci?n alguna de haber asistido a sus clases en la universidad. Por influencia de Simpson fue admitida como alumna del doctor Alexander Keiller, ?Lecturer and Examiner in Midwifery at Surgeon?s Hall and Physician to the Edinburgh Maternity Hospital? 24 , lo que le permiti? realizar pr?cticas como comadrona esta maternidad, la primera del mundo en experimentar el uso de la anestesia en el parto, siguiendo los descubrimientos de Simpson, desde mayo a finales de julio de 1863. En aquel momento, Elizabeth necesitaba conseguir clases de anatom?a pr?ctica. De vuelta a Londres, encontr? una vez m?s el rechazo de distintos cirujanos de Escocia e Inglaterra, a los que ofrec?a veinticinco guineas por permitirle realizar bajo su direcci?n las pr?cticas de disecci?n y obtener el certificado requerido por la Sociedad de 21 Idem, p. 138 22 Idem, p. 139 23 Idem, p. 142 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 268 Boticarios. Un cirujano de Aberdeen expresaba en su carta de rechazo, una vez m?s, las repetidas ideas sobre lo inadecuado de que una dama entrase en contacto con ciertos aspectos de la medicina. ?I have so strong a conviction that the entrance of ladies into dissecting rooms and anatomical theatres is undesirable in every respect and highly unbecoming, that I could not do anything to promote your end .. It is indeed necessary for the purpose of surgery and medicine that these matters should be studied, but fortunately it is not necessary that fair ladies should be brought into contact with such foul scenes ?nor would it be for their good any more than for that of their patients if they could succeed in leaving the many spheres of usefulness which God has pointed out to them in order to force themselves into competition with the lower walks of the medical profession.? 25 Afortunadamente L.S. Little, profesor pr?ctico de la escuela de Medicina del London Hospital, (Fig. 9) la acept? como alumna de un curso completo de demostraciones anat?micas y disecciones y otro de anatom?a m?rbida, materias requeridas por la Sociedad de Boticarios, desde octubre de 1863 a marzo de 1864. Al mismo tiempo pudo seguir un curso de anatom?a descriptiva con John Adams, profesor de la misma escuela y miembro del consejo del Real Colegio de Cirujanos. Al mismo tiempo Elizabeth necesitaba completar su pr?ctica cl?nica. Durante varios meses asisti? a las consultas privadas del London Dispensary, fundado en 1777 y situado en el 21 de Church Street, Spitalfields, zona cercana a su lugar de nacimiento y uno de los barrios m?s pobres de Londres, hogar en la ?poca de familias de jud?os procedentes de Rusia y Polonia, definido por el rector de la Parroquia como ?seventy-three acres which is one dead level of poverty and of almost hopeless misery.? 26 Aunque la pr?ctica en el dispensario era importante, Elizabeth necesitaba ser admitida en un hospital. Durante el oto?? de 1863, volvi? a intentar ser admitida en la escuela de Medicina del London Hospital, volviendo a ser rechazada al igual que lo hab?a sido dos a?os antes. El d?a de a?o nuevo de 1864, decidi? solicitar ser admitida en este mismo hospital para adquirir experiencia como enfermera, lo que le fue aceptado en la reuni?n del comit? de 9 de febrero de 1864. El d?a 18 de febrero, se incorpor? al London Hospital, donde permaneci? hasta finales de julio. Durante este tiempo residi? muy cerca del hospital, en el n?mero 8 de Philpot Street, junto a Commercial Road, la misma calle en que naci?. (Elizabeth nunca hizo referencias a su origen, bien porque su 24 Idem, p. 142 25 Idem, pp. 146-47 26 Idem, p. 149 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 269 familia le hubiesen ocultado la actividad comercial de su padre y su nacimiento en Whitechapel, o bien porque ella misma no quisiera aumentar sus dificultades dando a conocer su origen como hija de un prestamista del este de Londres). Elizabeth necesitaba realizar las pr?cticas de comadrona requeridas por la Sociedad de Boticarios, pero no ten?a una actividad determinada dentro del hospital, ni exist?a en el mismo un plan de formaci?n de enfermeras. Gran parte de su aprendizaje se realizaba ??following the box?, a box of instruments carried behind the surgeon as he made his ward rounds.? 27 Pudo trabajar como ayudante del toc?logo residente doctor Nathaniel Heckford, quien confiaba en ella para que estudiase a las pacientes, estableciera un diagn?stico y procediera a intervenir, consult?ndole previamente, si el caso lo requer?a. Asimismo acompa?aba al m?dico residente Dr. Powell en sus visitas cada ma?ana y discut?a con ?l los diferentes casos, hasta que dicho doctor le comunic? que le hab?an prohibido seguir acept?ndola en sus visitas a las salas. Tal prohibici?n y el rechazo a la presencia de Elizabeth en el London Hospital se deb?a al Dr. Parker, profesor de medicina en la escuela de dicho hospital. Elizabeth se dirigi? una ma?ana al domicilio particular de dicho doctor, en el 22 de Finsbury Square, dispuesta a hacer frente a sus cr?ticas. Su actitud decidida logr? que Parker dejase de dificultar su actividad en el hospital. En julio de 1864, Elizabeth abandonaba el London Hospital con un certificado que hac?a constar que hab?a atendido, bajo su entera responsabilidad, cincuenta y cinco partos, habiendo realizado de esta forma las pr?cticas de comadrona requeridas por la Sociedad de Boticarios. Anteriormente, el 5 de abril, hab?a solicitado al presidente del Real Colegio de M?dicos permiso para presentarse al examen de licenciatura de dicho organismo, lo que le hab?a sido denegado cinco semanas m?s tarde. A las cinco de la tarde del d?a 28 de septiembre de 1865, Elizabeth se present?, junto con otros siete candidatos, al examen oral de la Sociedad de Boticarios. Las preguntas de su examinador, Mr. Wheeler, versaron sobre medicina, obstetricia y patolog?a m?dica. S?lo tres de los ocho aspirantes obtuvo el t?tulo. ?Two of the examiners, conferring afterwards, agreed that it was a mercy that they did not put the names in order of merit as in this case they must have put her first.? 28 La prestigiosa revista The Lancet public? una nota titulada ?Frocks and Gowns?, felicitando a 27 Idem, p. 151 28 Idem, p. 162-63 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 270 Elizabeth, pero no exenta de cr?tica y prejuicios. ??No doubt?, observed the writer, ?the examiners had due regard for her sex and omitted all those subjects of examination which would be shocking to the female mind?.? 29 Ayudada econ?micamente por su padre, Elizabeth instal? su consulta y su residencia en el 20 de Upper Berkeley Street, (Fig. 10) vivienda que compart?a con su amiga Jane Crow, a la saz?n secretaria de la Sociey for Promoting the Employment of Women. En septiembre de 1866, fue admitida en el Registro M?dico de Gran Breta?a, al igual que Elizabeth Blackwell siete a?os antes. Pod?a ya ejercer legalmente como doctora en Gran Breta?a. Fue aqu?, en el 20 de Upper Berkely Street, donde Elizabeth inici? su carrera profesional en una consulta particular. Una discreta placa con las palabras Elizabeth Garrett, L.S.A. indicaba la presencia de su consulta m?dica. Actualmente, una peque?a placa azul la recuerda con estas escuetas palabras: ?Elizabeth Garrett Anderson, 1836-1917. The first woman to qualify as a doctor in Britain lived here.? (Fig. 11). Elizabeth residi? en esta casa hasta junio de 1874, en que ella y su esposo se trasladaron al n?mero 4 de la misma calle, cerca de la esquina con Portman Square. IV. La obtenci?n del Doctorado en Medicina en la Sorbona de Par?s Pese a estar registrada y poder ejercer como m?dico en Inglaterra, Elizabeth Garrett no renunciaba a poder obtener un doctorado en medicina. Sabiendo que la norteamericana Mary Putnam, graduada por el Women?s Medical College de Filadelfia, hab?a sido admitida en la Sorbona, Elizabeth solicit? permiso para realizar los seis ex?menes exigidos para la obtenci?n del doctorado en medicina por dicha universidad, sin asistir a clase, ni residir en Par?s, ni haber obtenido previamente certificados de estudios en Franc?s. El embajador brit?nico en Francia present? la solicitud de Elizabeth a la facultad de medicina a trav?s del Ministro de Instrucci?n P?blica. Su petici?n coincidi? con la solicitud de otras dos aspirantes y el consejo de la facultad vot? en contra de la admisi?n. Sin embargo, el decano inform? del caso al Ministro de Instrucci?n P?blica, quien, a su vez, lo remiti? al Consejo de Ministros. Fue la intervenci?n de una mujer espa?ola, la Emperatriz Eugenia de Montijo, que presid?a el Consejo de Ministros por enfermedad de su esposo, el Emperador, la que decidi? la 29 Idem, p. 163 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 271 aceptaci?n de Elizabeth en la Sorbona. Entre marzo de 1869 y junio de 1870, Elizabeth realiz? los ex?menes exigidos y la lectura de su tesis doctoral, mientras continuaba con su actividad profesional tanto en el dispensario como en su consulta privada, adem?s de ser nombrada Visiting Medical Officer del London Hospital for Children en febrero de 1870, y miembro del House Committee del Cambridge College for Women, abierto en octubre de 1869 por Emily Davies. El 15 de marzo de 1869, pas? el primer examen oral ante un tribunal compuesto por tres examinadores, uno de ellos, el famoso Paul Broca. En junio de ese mismo a?o se present? al examen de cirug?a y patolog?a consistente en la realizaci?n de dos operaciones ante el tribunal y un examen oral posterior. El 4 de diciembre de 1869, se present? al tercer examen en las materias de qu?mica, zoolog?a, f?sica y bot?nica, de nuevo ante un tribunal compuesto por tres examinadores, uno de ellos el decano de la Facultad. El d?a de Nochebuena, se examinaba ante este mismo tribunal de materia m?dica e higiene. Y el 4 de enero de 1870, realizaba el quinto y ?ltimo examen, antes de la presentaci?n de la tesis, sobre medicina, obstetricia y cirug?a. El 15 de enero, presentaba su tesis doctoral , Sur la migraine, a un jurado compuesto por los doctores Axenfled, pat?logo, Broca, cirujano, y los agregados en ejercicio, Cornil y Duplay. El 15 de junio de 1870, se celebr? la lectura p?blica de la tesis. Elizabeth Garrett hab?a finalmente conseguido ser doctora en Medicina por una facultad de prestigio, contribuyendo a derribar algunos de los muros de la s?lida fortaleza que imped?a a las mujeres el acceso a la vida acad?mica y profesional. V. Aportaciones como profesional de la medicina. El Dispensario y el Hospital de Mujeres Tras seis meses de pr?ctica privada, Elizabeth decidi? fundar en la zona m?s pobre de Marylebone, ?a dispensary where poor women might receive medical advice free, or almost free, from a qualified woman.? 30 El 2 de julio de 1866, gracias a las ciento cincuenta libras obtenidas en suscripciones y donaciones, abr?a sus puertas en el 69 de Seymour Place el St. Mary?s Dispensary for Women and Children, creado por Elizabeth Garrett con la ayuda de Llewelyn Davies, Barbara Bodichon, los Gurneys, 30 Idem., p. 173 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 272 John Stuart Mill, Sir Harry Verney (cu?ado de Florence Nightingale) y Lord Shaftesbury, entre otros. El dispensario comenz? a funcionar en medio de una importante plaga de c?lera que azot? Inglaterra en el a?o 1866, la cuarta del siglo XIX, tras las de 1831, 1847 y 1853, y que se hizo sentir muy especialmente en el East End y otras zonas pobres londinenses en que la poblaci?n viv?a en p?simas condiciones de higiene y salubridad. Esta situaci?n favoreci? el que se aceptase sin hostilidad la creaci?n de un dispensario por parte de la ?nica mujer que ejerc?a en aquel momento como doctora en Gran Breta?a. La apertura se formaliz? con un peque?o discurso por parte del Dr. Billings, antiguo profesor de Medicina del London Hospital. Elizabeth contaba con un grupo importante de m?dicos asesores, compuesto por el doctor Hugglins Jackson, tres cirujanos y tres ginec?logos. Algunos de sus antiguos profesores, los doctores Little y Adams como suscriptores, y el Dr. Nathaniel Heckford, con una contribuci?n de sesenta guineas, colaboraron financieramente al proyecto. Durante la epidemia el dispensario se abr?a ?twice daily for the relief of persons suffering from premonitory symptoms.? 31 A partir del oto?o de 1866, Elizabeth atend?a tres veces por semana, llegando a tener entre setenta y ochenta pacientes cada d?a. Durante el primer a?o, admiti? tres mil nuevos casos, que recibieron unas nueve mil trescientas consultas en el dispensario. Realizaba asimismo visitas a domicilio sin carga econ?mica extra. Contaba con la colaboraci?n de tres j?venes, Frances Morgan, Louisa Atkins y Eliza Walker Dunbar, que se preparaban para obtener como ella la licenciatura de la Sociedad de Boticarios, pero en mayo de 1868, dicha Sociedad modific? sus estatutos, excluyendo as? a las mujeres del acceso a sus ex?menes, por lo que las tres cursaron finalmente sus estudios y obtuvieron la titulaci?n en la universidad de Zurich. Se encargaba de la elaboraci?n de las medicinas utilizadas en el dispensario un boticario, al que Elizabeth convenci? para tomar dos mujeres j?venes como alumnas, de forma que se pudiera contar en un futuro con una plantilla femenina. La fama del dispensario atrajo a mujeres de todos los barrios de Londres, y en 1871, con la colaboraci?n de James Skelton Anderson, su esposo desde febrero de 1871, Elizabeth decidi? transformar el dispensario en un hospital para mujeres cuya plantilla: doctoras, enfermeras, boticarias, secretarias, trabajadoras sociales voluntarias, personal de limpieza, etc., estuviese compuesta ?nica y exclusivamente por mujeres. 31 Idem, p. 173 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 273 En febrero de 1872 Lord Shaftesbury inaugur? el New Hospital for Women, que consisti? inicialmente en diez camas situadas en una planta sobre el dispensario en Seymour Place. En 1874, el hospital se traslad? a tres casas situadas en el 220, 222 y 224 de Marylebone Road, donde se dispon?a de veintis?is camas para enfermas internas. Desde 1871 Elizabeth cont? con la colaboraci?n de Miss Francis Morgan, quien, al ser doctora por Zurich, no pod?a darse de alta en el Medical Register y ejercer en Inglaterra, lo que supon?a que Elizabeth era la ?nica doctora autorizada para actuar como tal y llevar a cabo operaciones en el hospital. En 1876, se incorpor? Mrs. Louisa Atkins, ya doctorada por Zurich, y una alumna residente. Cada una atend?a tres consultas de dos horas a la semana y se turnaban para las visitas a domicilio. En 1878 dimiti? Frances Morgan, quien fue sustituida por Mrs. Bovell Sturge. En esa misma fecha se incorpor? una enfermera jefe procedente de la escuela de Florence Nightingale, que hab?a ejercido ya tres a?os como jefa de sala en St. Thomas?. Esta matrona y las dos j?venes enfermeras a su cargo fueron el comienzo de la propia escuela de enfermeras del New Hospital for Women. En los a?os 80, se incorpor? la doctora Mary Marshall, hermana de James Skelton Anderson. En 1885, el hospital contaba con cuatro doctoras: las doctoras Marshall, De la Cherois, Atkins y Elizabeth Garrett. En 1887, se incorpor? asimismo la doctora Mary Scharlieb, antigua alumna de la London School of Medicine for Women, una de las dos primeras graduadas en la universidad de Londres, que hab?a ejercido en la India y contaba con experiencia en operaciones abdominales. En 1887, pr?ximo a finalizar el periodo de alquiler de las casas de Marylebone Road, Elizabeth organiz? una importante campa?a, no s?lo para obtener fondos para la creaci?n de una nueva sede para el hospital, sino tambi?n para conseguir mayor apoyo social a la causa de las mujeres doctoras, utilizando, entre otros argumentos, la necesidad de las mujeres indias de ser atendidas por doctoras. Cont? con el apoyo econ?mico y moral de Florence Nightingale, quien, gracias a su donaci?n de cincuenta libras, pas? a ser miembro vitalicio del comit? de gobernadores del hospital. El siete de mayo de 1889, la Iglesia Anglicana y la Corona bendec?an la causa de las mujeres, en una ceremonia ampliamente difundida por la prensa con participaci?n del arzobispo de Canterbury y la Princesa de Gales, quien coloc? la primera piedra del futuro hospital, que comenz? a funcionar en 1890. En 1892, Elizabeth Garrett present? su dimisi?n como doctora de plantilla del hospital, quedando Mary Scharlieb como su sucesora. Contaba entonces el hospital con dos cirujanas, Mary Scharlieb y Florence Nightingale Boyd (de soltera Florence Nightingale Toms) y dos doctoras jefes, Julia Cock y Jane Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 274 Walker; cuarenta y dos camas para pacientes internas; un departamento de consultas externas atendido por seis doctoras, que se turnaban atendiendo cada una dos tardes a la semana; y un departamento de oftalmolog?a a cargo de la Dra. Charlotte Ellaby. Continu? Elizabeth como presidenta del comit? rector del hospital, hasta 1902, nombrando entonces a Mr. A.G. Pollock, a quien sucedi? a su vez, veinticinco a?os m?s tarde, el Dr. Alan Anderson, hijo de Elizabeth Garrett. En 1898, se construy? un laboratorio de patolog?a, un quir?fano en la planta de cirug?a, una sala para enfermas de c?ncer, y una sala de espera m?s amplia para las pacientes externas. A la muerte de Elizabeth, en 1917, el hospital recibi? el nombre de Elizabeth Garrett Anderson Hospital. (Fig. 12) Elizabeth como cirujana pionera en Gran Breta?a Durante m?s de veinte a?os Elizabeth fue la ?nica doctora cirujana en el hospital. Este es otro aspecto en el que fue pionera: Elizabeth Garrett fue la primera mujer cirujana de Gran Breta?a. Los informes anuales del hospital dan cuenta de las numerosas operaciones realizadas por ella en los primeros a?os, observando siempre los principios de Lister respecto a desinfecci?n y asepsia. Cuando, considerando que era la ?nica forma de salvar la vida de una paciente, Elizabeth decidi? realizar una ovariotom?a, operaci?n prohibida en muchos hospitales por los riesgos que pod?a entra?ar, el comit? de direcci?n del hospital se opuso y la Dra. Hoggan present? su dimisi?n. Entonces, Elizabeth procedi? a alquilar varias habitaciones en una casa particular, que, fiel seguidora de los principios de Lister, hizo limpiar, pintar y desinfectar para utilizarlas como quir?fano y habitaci?n de la paciente. Llev? a cabo con ?xito la operaci?n, estando presente el Dr. Thomas Smith del St. Bartholomew Hospital. En el informe del hospital de 1878, se hac?a constar ?that the operation of ovariotomy had been performed twice by a member of the staff (Mrs Anderson).? 32 La cirug?a no era su vocaci?n, pero su fuerza de voluntad, la determinaci?n de que el hospital estuviese atendido ?nicamente por mujeres, y el hecho de no se permitiera a sus colaboradoras contar con titulaciones brit?nicas o acceder al Registro M?dico con titulaciones extranjeras, obligaron a Elizabeth a convertirse en una competente cirujana. Cuando Mary Scharlieb, cirujana brillante, se incorpor? al hospital, en 1877, Elizabeth la dej? al cargo de los casos de cirug?a durante un viaje 32 Garrett Anderson, Luisa, o.c. p. 244 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 275 suyo a Australia. Y en febrero de 1888, la nombr? ayudante cl?nica. Elizabeth sigui? realizando operaciones, pero la secci?n de cirug?a qued? fundamentalmente a cargo de la doctora Scharlieb. El nombramiento de Elizabeth Garrett como doctora del East London Hospital for Children. El antiguo profesor de Elizabeth en el London Hospital, Nathaniel Heckford, y su esposa hab?an fundado en 1867 un hospital para atender a los ni?os del East End londinense. El hospital, situado en Ratcliffe Cross, Shadwell, recibi? el nombre de East London Hospital for Children. En 1870, Heckford propuso al comit? directivo la admisi?n de Elizabeth Garrett ?as visiting Medical Officer to the hospital?. 33 Los miembros del Comit? no aceptaron la propuesta manifestando sus dudas sobre si ser?a aconsejable ?to make any innovation by introduction of female physicians, which would be a grave step for a Hospital in its infancy.? 34 Cuando un mes m?s tarde, Heckford volvi? a presentar su propuesta al comit? varios doctores la apoyaron. Entre los miembros del comit? que manifestaron sus dudas se encontraba su vice-presidente James Skelton Anderson, consejero financiero del hospital y representante de la naviera de su t?o, Anderson and Co, importante empresa de la zona, y hermano de Ford Anderson, un antiguo amigo de Elizabeth en el Middlesex Hospital. Aunque su intenci?n inicial era votar en contra, James Skelton cambi? de opini?n cuando Elizabeth acudi? a una reuni?n del comit? el 16 de marzo de 1870. Comenz? entonces una amistad, que continuar?a en colaboraci?n pol?tica y profesional, y, finalmente, en un matrimonio en que ambos respetaron sus mutuas actividades sociales, pol?ticas y profesionales, de forma poco frecuente en la ?poca. Elizabeth se incorpor? al East London Hospital for Children el veintitr?s de marzo de 1870, combinando esta actividad con su pr?ctica privada y su atenci?n al dispensario. El East London Hospital for Children dispon?a de muy bajas condiciones de salubridad, estaba instalado junto al T?mesis y ofrec?a p?simo alojamiento para el personal. Elizabeth no s?lo actu? como doctora, sino que particip? activamente en el comit? proponiendo diversas reformas para mejorar la organizaci?n del hospital. Pero su colaboraci?n fue corta, en octubre de 1873, tras la muerte por tuberculosis de Nathaniel Heckford a la edad de veintiocho a?os, Elizabeth present? su dimisi?n como miembro 33 Manton, Jo, o.c. p. 194 34 Idem, p. 194 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 276 honorario del Shadwell Childrens? Hospital. A ello la movi?, adem?s de sus ocupaciones en ese momento, su falta de entendimiento personal con Sarah Heckford. Elizabeth esperaba que su lugar fuese ocupado por alguna de las doctoras graduadas en Zurich o Par?s, sin embargo, ?the next woman elected to the honorary medical staff was Dr. Hazle Chodak Gregory in 1929, more than fifty years later.? 35 Elizabeth lament? posteriormente esta decisi?n, ??it was one of the great mistakes of my life?, she used to say, and certainly if she had held it longer another medical woman might have been appointed.? 36 Primera mujer miembro de la British Medical Association En 1874, el doctor Stewart, secretario de la secci?n metropolitana de la British Medical Association, a petici?n del doctor Ford Anderson, cu?ado de Elizabeth, propuso la admisi?n de ?sta. Los estatutos exig?an ?nicamente que los miembros fuesen m?dicos incluidos en el Registro, sin hacer menci?n alguna de sexo (evidentemente, porque nunca se hab?a imaginado que pudiesen ser sino hombres). Elizabeth fue aceptada convirti?ndose en la primera mujer miembro de la British Medical Association. Sin embargo, de nuevo se dar?a la iron?a de no ser admitida en la Obstetrical Society. ?In March 1874 she was proposed as a Fellow, but the Society?s members ruled that no woman should be admitted. They were ironically congratulated by The Scotsman on ?deciding that no woman could ever be allowed to join in discussion concerning the treatment and relief of those sufferings which women alone have to endure?.? 37 Durante diecinueve a?os, Elizabeth fue la ?nica mujer admitida en la British Medical Association, y mantuvo una participaci?n activa en la misma, pese a la hostilidad que le mostraron muchos de sus compa?eros. VI. Elizabeth Garrett y el movimiento de mujeres: encuentros y desencuentros Elizabeth y el movimiento sufragista. En 1866, la Society for Promoting the Employment of Women, bajo la direcci?n de B?rbara Bodichon, decidi? presentar al Parlamento, a trav?s de John Stuart Mill, una solicitud para conceder el voto a las mujeres propietarias. Era preciso reunir al menos 35 Idem, p. 192 36 Idem, p. 192 37 Idem, p. 236 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 277 mil firmas de mujeres para apoyar la petici?n. ?Barbara returned with the news, and a small working committee consisting of herself, Emily Davies, Rosamund Hill, Jessie Boucherett and Elizabeth Garrett was formed to collect signatures ? the first Women?s Suffrage Committee.? 38 La casa de Elizabeth en el 20 de Upper Berkeley Street fue la sede de esta primera sociedad sufragista brit?nica. El 7 de junio de 1866, Emily Davies y Elizabeth fueron las encargadas de llevar al Parlamento el documento que conten?a las firmas. Mientras esperaban a John Stuart Mill en el hall, tratando de evitar las miradas de los curiosos, pidieron a una vendedora que les permitiera ocultar el rollo de papel con las firmas detr?s de su puesto de manzanas. Al saber de qu? se trataba, esta mujer solicit? a?adir su firma. La votaci?n arroj? un resultado de 73 votos a favor y 193 en contra de sustituir la palabra man por la palabra person, lo que hubiera proporcionado a las mujeres propietarias la posibilidad de ejercer el derecho al voto. Este comit? sufragista continu? como una organizaci?n permanente. Elizabeth sigui? apoy?ndolo econ?micamente, pero no quiso seguir participando de forma abierta en acciones pol?ticas, considerando que ello perjudicar?a su aceptaci?n como doctora. Sin embargo, en los ?ltimos a?os de su vida, Elizabeth volvi? a tener una participaci?n m?s activa en el movimiento sufragista. As?, en 1908, se uni? a la Women?s Social and Political Union. Como alcaldesa de Aldeburgh, invit? a Emmeline Pankhurst y organiz? un mitin sufragista en Alde House. Este hecho provoc? el rechazo de los concejales. Cuando Elizabeth se present? nuevamente como alcaldesa el 27 de mayo de 1910, no fue reelegida, si?ndolo en su lugar un encargado de hotel. No recibi? tampoco ning?n tipo de reconocimiento oficial por ninguno de los servicios p?blicos realizados a lo largo de su vida. Elizabeth continu? colaborando activamente con el movimiento a lo largo de los tres siguientes a?os, quiz?s en parte por ser su hija una activa sufragista. En 1908, particip? en una marcha pac?fica junto a Millicent y Emily Davies. El 18 de octubre de 1908, estaba dispuesta a participar en una manifestaci?n frente al Parlamento. Su hermana Millicent (Fig. 13) manifest? a Lady Frances Balfour su preocupaci?n por el posible arresto de Elizabeth. Lady Frances Balfour se puso en contacto directamente con el Secretario de Interior y consigui? la promesa de que Elizabeth no ser?a detenida. Ella nunca supo por qu? fue respetada por la polic?a mientras otras muchas mujeres eran arrestadas. En marzo de 1909, la invitaron a participar en un mitin dirigido a mujeres 38 Manton, Jo, o.c. p. 170 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 278 doctoras en Sheffield. Asimismo viaj? a Manchester y m?s tarde a Glasgow, donde inaugur? la W.S.P.U?s Scottish Suffrage Exhibition. En el verano de 1910, cuando se confiaba en lograr del Parlamento la denominada Conciliation Bill, ley que conceder?a el voto a ?every woman possessed of a household qualification or of a ten pound occupation qualification? 39 . Elizabeth encabez? el Regiment of Portias, formado por unas ochocientas mujeres acad?micas o profesionales. Esta ley fue rechazada por la fuerte oposici?n de Winston Churchill. Cuando se abri? la siguiente sesi?n del Parlamento en noviembre de 1910, el Primer Ministro, Asquith, anunci? que se celebrar?an pr?ximamente elecciones generales y no hab?a tiempo para considerar la extensi?n del voto a las mujeres. Mientras Asquith efectuaba este anuncio, Emmeline Pankhurst ?led a deputation asking him to withdraw his veto on the Conciliation Bill before Parliament dissolved. To accompany her she chose the most popular figure she could command, Elizabeth Garrett Anderson.? 40 Elizabeth y Emmeline Pankhurst fueron escoltadas respetuosamente por la polic?a hasta el Parlamento, sin embargo, tal respeto no se hizo extensivo a las mujeres que las segu?an. Seg?n el testimonio de Sylvia Pankhurst, ?the police snatched their flags, tore them to shreds, smashed the sticks, struck the women with fists and knees, knocked them down, kicked them, dragged them up, carried them a few paces and flung them into the crowd of sightseers. For six hours this continued. A hundred and fifteen people were arrested.? 41 Los incidentes de este d?a, conocido como Black Friday en la historia del sufragismo, provocaron distintas cartas a los peri?dicos. No solamente hubo brutalidad y detenciones, sino que dos mujeres, Henria William y Cecilia Haig murieron posteriormente como consecuencia de las heridas recibidas ese d?a, y el gobierno se neg? a investigar los incidentes, bastando, como tantas veces en la historia, ?a statement from Churchill that the police had misunderstood his orders? 42 En diciembre de 1911, el gobierno liberal propuso una ley de sufragio para los hombres, que pudiera despu?s modificarse en la C?mara de los Comunes para incluir a las mujeres. Millicent Fawcett, que siempre hab?a mantenido una postura cr?tica respeto a la estrategia del W.S.P.U. estaba de acuerdo en aceptar esta propuesta, y asimismo Elizabeth. Christabel Pankhurst, a la cabeza de la Women?s Social and Political Union en ese momento, durante la ausencia de Emmeline en viaje a Estados Unidos, consider? 39 Idem, p. 342 40 Idem, p. 343 41 Idem, p. 343 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 279 que deb?a rechazarse. Inmediatamente cientos de mujeres comenzaron a manifestarse en las calles de Londres, rompiendo cristales. Elizabeth escribi? inmediatamente a Emmeline pidi?ndole que cambiasen de estrategia, pero fue deso?da. A partir de ese momento Elizabeth dej? de apoyar el sufragismo militante, identific?ndose con la postura moderada de su hermana Millicent. Su hija Louisa continu? siendo una militante activa, ?she lectured for the W.S.P.U., helped to organize a medical petition against forcible feeding and was imprisoned for a short time in 1912.? 43 Su contribuci?n a la mejora de la educaci?n de las mujeres Adem?s de su contribuci?n fundamental, a trav?s de la London School of Medicine for Women, y sus escritos sobre el tema, cabe destacar su participaci?n como miembro del House Comittee of the Women?s College, fundado por Emily Davies en octubre de 1869. Elizabeth particip? activamente en la campa?a de recogida de fondos para trasladar el colegio a una nueva sede en Girton, a dos millas de Cambridge. Actu? como conferenciante en la primera reuni?n celebrada con este fin, el 15 de mayo de 1871, en St. James Hall, Piccadilly. ?She admitted that the idea of collegiate life for women was revolutionary, but claimed they needed education, not merely as a preparation for the professions, but as wives and mothers. She made her invariable point. ?Women are not harmed by regular and steady work; on the contrary many of the most miserable cases of nervous weakness in women are due to the want of it.?? 44 Elizabeth quiso que Skelton participase como miembro del comit?, considerando que su experiencia y su prestigio en temas pol?ticos y financieros ser?a de gran valor. Pero a los pocos meses Skelton dimiti?, en contra de la opini?n de Elizabeth. ?l, como liberal, no pudo aceptar que el colegio tuviera que implantar instrucci?n y servicios religiosos, para lograr una mayor aceptaci?n social. Ambos eran fieles a sus principios y principales objetivos. Para Elizabeth, el sentido de su vida era ayudar a las mujeres, para Skelton, ayudar al liberalismo. En mayo de 1872, comenz? a dar cursos de conferencias sobre anatom?a y fisiolog?a dirigidos a mujeres, pero evidentemente su mayor aportaci?n a la mejora de la educaci?n de las mujeres fue su actividad como profesora desde 1874 hasta 1898 y 42 Brown, Andy y Barnes, Jessica, o.c. p. 23 43 Idem, p. 345 44 Idem, p. 224 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 280 decana desde 1883 hasta 1902, de la London School of Medicine for Women, labor de que trataremos en el cap?tulo correspondiente. Su elecci?n como miembro de la London School Board En octubre de 1870, un grupo de padres y esposos de las mujeres atendidas en el dispensario, miembros de la Asociaci?n de Trabajadores de Marylebone, solicitaron a Elizabeth Garrett que se presentase como candidata a las elecciones de la London School Board. En 1869 se hab?a aprobado una ley que permit?a a las mujeres participar en elecciones municipales. La Forster?s Education Act de 1870, creaba un nuevo sistema de educaci?n elemental, con consejos escolares como ?rganos de m?xima responsabilidad. Esta ley permit?a, adem?s, que las mujeres se presentasen como candidatas para formar parte de este cuerpo organizador de las escuelas londinenses. Cuatro mujeres se presentaron como candidatas en la primera elecci?n: ?Flora Stevenson in Edinburg, Lydia Becker in Manchester, Emily Davies in Greenwich and, in response to a deputation from the husbands of her patients at the dispensary, Elizabeth Garrett in Marylebone.? 45 Durante el mes de noviembre de 1870, Elizabeth tuvo que superar su timidez personal para hablar en p?blico, y pronunciar numerosos m?tines, en algunas ocasiones dirigi?ndose a grupos de trabajadores, dentro de las f?bricas, durante la hora de la comida. Elizabeth consigui? 47.848 votos, siendo as? la persona m?s votada en esas elecciones. De hecho consigui? triplicar el n?mero de votos conseguido por Thomas Huxley, el segundo candidato m?s votado en Londres, sin embargo, no se le ofreci? siquiera la posibilidad de aceptar la presidencia del comit? que fue otorgada al candidato de mayor edad. La School Board se reun?a todos los mi?rcoles por la tarde en el Guildhall. Adem?s de su participaci?n en estas reuniones, ?in July 1871 she was elected to the Statistical, Law and Parliamentary Committee. This body was to collect returns, draw up a census and maps and estimate London?s social and educational needs.? 46 En dos a?os esta comisi?n elabor? un censo, de m?s de trescientas p?ginas, de todos los ni?os y escuelas de Londres. Tambi?n colabor? extraoficialmente Elizabeth en el School Management Committee. Apoy? con su voto la moci?n de que la ense?anza infantil y la ense?anza femenina quedasen reservadas ?nicamente a las mujeres, lo que servir?a para 45 Garrett Anderson, Luisa, o.c. p. 146 46 Manton, Jo, o.c.p. 223 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 281 proporcionar una carrera profesional a cientos de mujeres. Present? una moci?n, que fue aprobada, para que se incluyese la asignatura de Econom?a Dom?stica en la ense?anza media. En 1872, promovi? que se remodelase el Bishop Otter College de Chichester, para preparar j?venes de clase media como futuras maestras tituladas. En enero de 1872, Elizabeth, muy ocupada con su actividad profesional, present? su dimisi?n del Comit? de Estad?stica, y en el oto?o de 1873, decidi? no presentarse a nueva reelecci?n. Hab?an sido tres a?os de intensa actividad en el campo de la educaci?n y un paso ganado en el derecho a las mujeres a la participaci?n pol?tica. Su hermana, Alice Cowell, se present? a las siguientes elecciones, de forma que quedase asegurada la presencia de las mujeres en la School Board. Pese a ser un per?odo tan corto, ?Elizabeth Garrett?s triumph in the London School Board elections marked a stage in the progress of feminism. It established for the first time a general principle of extreme importance. In future, where women were subject to administration as employees, pupils, prisoners, patients or paupers, women, and qualified women, must be represented among the administrators. From there the distance was merely a step, logical however long, to political enfranchisement.? 47 Primera mujer alcaldesa de Gran Breta?a En 1902, Elizabeth y Skelton se retiraron a Aldeburgh. Skelton fue nombrado Alcalde y Elizabeth colabor? estrechamente en una serie de mejoras para la peque?a localidad, tales como la construcci?n de Jubilee Hall o Victoria Bridge. Cuando Skelton muri? en marzo de 1907, George, hermano de Elizabeth, fue designado para ocupar la alcald?a durante los meses restantes hasta la convocatoria de nuevas elecciones. En ese per?odo se promulg? la Qualification of Women Act de 1907, que permit?a que las mujeres fuesen candidatas a ocupar cargos en los Ayuntamientos. La corporaci?n municipal de Aldeburgh propuso a Elizabeth que se presentara a las elecciones. Desde el 9 de noviembre de 1907, Elizabeth se incorpor? al concejo municipal y, el 9 de noviembre de 1908, fue propuesta como alcaldesa por el alcalde saliente. ?In her time she had been the first Englishwoman to qualify in medicine, the first woman M.D. in France, the first woman to be elected to a School Board, the founder of the first hospital staffed by women and the first woman Dean of a medical school. Now, at seventy-one, she became Britain?s first woman mayor. She was elected by the unanimous vote of the councillors, and her first official act was to send a telegram of congratulation to Edward VII on his birthday.? 48 47 Idem, p. 208 48 Idem., p. 335-336 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 282 Durante los dos a?os en que fue alcaldesa, se dedic? intensamente a esta nueva actividad, llevando a cabo una amplia serie de mejoras en distintos servicios de la localidad: alcantarillado, alumbrado de las calles, construcci?n de lavabos p?blicos, etc. La postura de Elizabeth Garrett respecto a la Ley de Enfermedades Contagiosas Entre los a?os 1864 y 1869, se promulgaron una serie de leyes, conocidas bajo el nombre de Contagious Diseases (Women) Acts, que trataban de aplicar el sistema continental de control de la prostituci?n en las ciudades donde existiesen asentamientos militares, ?in order to control the sexual immorality which was considered essential for soldiers and sailors.? 49 Como ha sucedido habitualmente, el control de posibles enfermedades sexuales no se aplicaba en absoluto a los consumidores de la prostituci?n, es decir, a los hombres, sino que ?any woman living un certain garrison areas might be declared, on police accusation alone, a commmon prostitute and as such forced on pain of imprisonment to undergo medical examination.? 50 La clase m?dica acept? la aplicaci?n de estas medidas a las mujeres, pero nadie plante? la cuesti?n de aplicarlas asimismo a los hombres, ?furthermore, while military doctors saw nothing wrong in inspecting women for venereal disease, they would not condone the examination of service men for signs of the same disease as they considered this to be degrading.? 51 Inmediatamente se organiz? una campa?a de mujeres, dirigida fundamentalmente por Josephine Butler, en contra de estas leyes, que constitu?an un exponente extremo de la doble moral sexual, lo que queda bien reflejado en unas famosas palabras de Butler: ?a crime has been created in order that it may be severely punished, but observe, that has been ruled to be a crime in women, which is not to be a crime in men.? 52 La posici?n de Elizabeth Garrett, sin embargo, fue en todo momento diametralmente opuesta a la del movimiento de mujeres, quienes hab?an esperado su apoyo como ?nica mujer doctora para hacer frente a los argumentos a favor de las leyes, esgrimidos entre otros por la British Medical Association. En una carta publicada en la Pall Mall Gazette el 25 de enero de 1870, Elizabeth manifestaba las razones por las que apoyaba la imposici?n de las leyes denominadas Contagious Diseases Acts. En primer 49 Idem., p. 178 50 Idem., 178-179 51 Brown, Andy y Barnes, Jessica, o.c. p. 24 52 Butler, A.S.G. Portrait of Josephine Butler, London, Faber, 1954, p. 82. Cita tomada de Jo Manton, p. 179 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 283 lugar consideraba que la finalidad principal de estas leyes era disminuir un riesgo de da?o a la salud p?blica, evitar en lo posible el sufrimiento f?sico, finalidad con la que cualquier doctor, hombre o mujer, ten?a que identificarse. Consideraba asimismo que era preciso imponer un tratamiento obligatorio porque las mujeres prostitutas se negaban a entrar en el hospital de forma voluntaria o procuraban abandonarlo sin estar totalmente curadas. Dedicaba frases de compasi?n para estas mujeres, muchas de las cuales atend?a en su dispensario: ??Hospitals do not as a rule admit them, dispensaries cannot cure them; missions and refuges reach but few of them; they are without their health, without character, without friends, without money. Could their position be more forlorn?? Compulsory hospital care, she felt, was their only hope.? 53 Fundamentalmente, su mayor raz?n para defender las leyes era la protecci?n de las mujeres contagiadas por sus maridos y los ni?os, v?ctimas inocentes de las enfermedades ven?reas. Por otra parte, al contrario de Josephine Butler, su experiencia en la zona pobre de Marylebone le hac?a confiar poco en la efectividad de las cruzadas morales, afirmando en la citada carta: ?Degradation cannot be taken by storm and the animal side of nature will outlive crusades.? 54 La pol?mica respecto a estas leyes dur? m?s de veinte a?os, siendo finalmente abolidas en 1886. La posici?n de Elizabeth Garret respecto a ellas fue su principal motivo de fricci?n con el movimiento de mujeres, incluida su hermana Millicent: ?Elizabeth Garrett?s arguments were bandied to and for in the twenty years?s struggle which led finally to the repel of the Acts in 1886, and some members of the women?s movement never forgave her the part she had played in it.? 55 A?n hoy cabe preguntarse por qu? no plante? Elizabeth que la defensa de la salud y la protecci?n de los inocentes pasase tambi?n por el control m?dico de los hombres. La aportaci?n de Elizabeth Garrett a trav?s de sus escritos. Si consideramos la actividad de las tres pioneras, Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garretty Sophia Jex-Blake, podr?amos decir que Blackwell se dedic? fundamentalmente a la actividad de divulgaci?n, a trav?s de la pluma y la palabra; Jex-Blake fue, adem?s de fundadora y doctora, una figura clave en la lucha legal por los derechos de las aspirantes a doctoras, y Garrett destaca como profesional de la medicina y fundadora del 53 Manton, Jo, o.c. p. 180 54 Idem, p. 180 55 Idem, p. 180 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 284 New Hospital for Women y la London School of Medicine for Women. Pero tambi?n tom? la pluma en varias ocasiones, fundamentalmente para narrar la historia del acceso de las mujeres a la carrera de Medicina en Gran Breta?a y la creaci?n de la London School of Medicine for Women, como lo hizo en diferentes art?culos, siendo el m?s destacable el titulado ?The History of a Movement?, publicado en el n?mero de marzo de 1893 de la Fortnightly Review. Otros escritos importantes, aparte de sus numerosas cartas publicadas en el Times y otros diarios, son los siguientes: un amplio estudio, de m?s de treinta p?ginas, sobre la vacunaci?n, titulado ?The History and Effects of Vaccination?, publicado en el volumen de enero a abril de 1899 de la Edinburgh Review; un ensayo de m?s de veinte p?ginas sobre los aspectos ?ticos de la vivisecci?n, publicado en el volumen de verano de 1899 de la misma publicaci?n, bajo el t?tulo de ?Ethics of Vivisection?; otro amplio estudio sobre los avances de la Medicina durante el siglo XIX, titulado ?On the Progress of Medicine since 1803?, publicado, asimismo, en el vol?men de invierno de 1903 de la Edinburgh Review; el cap?tulo sobre How can Children in a City be kept Healthy?, incluido en el volumen colectivo The Sanitary Care and Treatment of Children and Their Diseases, publicado en Boston en 1881; y su r?plica a Henry Maudsley, titulada ?Sex in Mind and Education: A Reply?, publicada en el volumen 15 de Fortnightly Review, en 1874. VII. Los ?ltimos a?os de su vida. A partir de 1912, la salud de Elizabeth Garrett comenz? a debilitarse, su visi?n y sus capacidades mentales empezaron a fallar. El 14 de septiembre de 1914, la llevaron a Londres para despedir a su hija que part?a a Francia con la primera unidad de mujeres doctoras del ej?rcito. Elizabeth manifest? c?mo le hubiera gustado ser m?s joven para acompa?arlas. Cuando Mr Pollock, que la acompa?aba, contest?: ?it is thanks to your life work that these women are able to go on such an enterprise.? 56 Elizabeth no comprendi? aquellas palabras, hab?a olvidado su pasado, su lucha, su contribuci?n a la historia de las mujeres. Durante los tres a?os siguientes, la doctora se transform? en paciente, y ?on 17 December 1917, almost unnoticed by a world she had forgotten, Elizabeth Garrett Anderson died.? 57 Ella olvid? las barreras que se le hab?an impuesto y su lucha por romperlas. Esta tesis es una m?nima contribuci?n a recordarlas, a 56 Idem, p. 348 57 Idem, p. 350 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 285 recuperarlas para una memoria hist?rica que nos ayude, no s?lo a conocer mejor la historia de las mujeres, sino a interpretar cr?ticamente el presente, y a tratar de contribuir a crear situaciones de futuro de mayor justicia y dignidad para mujeres y hombres. Su propia vida fue, quiz?s, la principal aportaci?n al movimiento de mujeres, al demostrar la posibilidad de combinar una vida intelectual y profesional con el matrimonio y la vida familiar. ??The woman question will never be solved in any complete way?, she had written, ?so long as marriage is thought to be incompatible with freedom and an independent career.? She set herself to live ?two lives, the professional and the private?. Any woman since, who has attempted to do the same, must admire her.? 58 Fig. 8. St. George-in-the-East, parroquia del East End, donde fue bautizada Elizabeth Garrett 58 Idem, p. 179 Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 287 Fig. 9. London Hospital, en Whitechapel (Londres), donde realiz? pr?cticas Elizabeth Garrett. Fig. 10. 20 de Upper Berkeley Street, donde residi? y pas? consulta Elizabeth Garrett hasta 1874. Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 289 Fig. 11. Placa conmemorativa de Elizabeth Garrett, colocada sobre la fachada de 20, Upper Berkeley Street. Fig. 12. Elizabeth Garrett Anderson Hospital, Euston Road, Londres. Mujer y Salud Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 291 Fig. 13. Placa conmemorativa de Millicent Garrett Fawcett, hermana de Elizabeth Garrett y dirigente del movimiento sufragista, colocada en la fachada del 2 de Gower Street, Londres, donde residi?. Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 293 CAP. X. SOPHIA JEX-BLAKE: LA VIDA DE UNA LUCHADORA ?My life here will not be much longer, but I feel that I have not reached the end. I have learnt a great deal, and I have a great deal still to learn. Unless one has absolutely refused to learn, one must get the chance to learn more.? 1 I. Infancia y adolescencia Hablar de Sophia Jex-Blake es hablar de la batalla de las mujeres por obtener el derecho a la educaci?n en medicina en pie de igualdad con los hombres, batalla legal a nivel universitario y parlamentario. No se trata ya de an?cdotas sufridas individualmente, ni de la consecuci?n de soluciones individuales para lograr sus objetivos, como en el caso de Elizabeth Blackwell y Elizabeth Garrett, sino que Sophia Jex-Blake es protagonista indiscutible en una campa?a de amplia repercusi?n social para lograr el acceso de la mujer brit?nica a la formaci?n m?dica universitaria y a los ex?menes que la permitieran graduarse y registrarse para practicar legalmente la medicina en su pa?s. En este cap?tulo realizaremos un breve bosquejo de su vida, bas?ndonos en las dos ?nicas biograf?as existentes: The Life of Sophia Jex-Blake, publicada en 1918 por su colega, alumna, amiga y heredera de diarios y papeles personales, la doctora Margaret Todd, y Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneeer in Nineteenth Century Medical Reform, publicada por Shirley Roberts en 1993, si bien varias obras de ficci?n, recogidas en la bibliograf?a, se han basado en su vida y obra. En el cap?tulo siguiente trataremos en detalle los acontecimientos de la denominada campa?a de Edimburgo y la posterior batalla legal en el Parlamento. Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 294 Sophia Jex-Blake naci? en el 3 de Croft Place (Fig. 14), en el coraz?n de la hist?rica ciudad de Hastings, el 21 de enero de 1840. Una peque?a placa blanca, escondida por las flores de un min?sculo jard?n la recuerda: ?In this house was born SOPHIA JEX-BLAKE M.D. 1840-1912. Pioneer woman doctor.? (Fig. 15) Sophia fue la hija menor del matrimonio compuesto por Thomas, jurista de profesi?n, hombre serio y estudioso, y Mar?a, muy piadosa y enfermiza, quienes constitu?an una familia de la alta burgues?a, altamente conservadora, muy religiosa, perteneciente al Movimiento Evang?lico de la Iglesia Anglicana. Thomas y Maria tuvieron seis hijos. Los tres mayores fallecieron en la infancia, contando por tanto Sophia con un hermano, Thomas Williams, nacido en 1832, y una hermana, Caroline, nacida en 1834. Sophia naci? cuando sus padres contaban 50 y 39 a?os de edad respectivamente. Hasta la edad de ocho a?os, fue educada en casa por sus padres, quienes le inculcaron un esp?ritu de religiosidad y sacrificio. En 1848, fue enviada a su primer internado, en el que s?lo permaneci? dos meses. Entre los ocho y los diecis?is a?os cambi? de colegio seis veces, teniendo dificultad para adaptarse a la rigidez normativa y falta de inter?s intelectual y actividad f?sica de los internados de ni?as de la ?poca. Mar?a Jex-Blake toleraba con dificultad la presencia de su hija peque?a en casa y en sus cartas insist?a en culpabilizar a Sophia de sus dolencias y en insistir en que deb?a ser buena: ?You behaved so ill that I doubt if I could have borne another day without being laid on a bed of sickness, and I might never have recovered. Your ever being with us again for three weeks at a time is quite out of the question till you have the good sense to understand (as other children of your age do) that to be happy and comfortable and to enable me in my weak state to have you at all, you must be good.? 2 Comenzaban ya las dificultades que una y otra vez tuvo Sophia Jex-Blake que superar para luchar por metas, a veces perdidas apenas alcanzadas, y tambi?n su car?cter rebelde y asertivo. Entre los ocho y los diez a?os de edad, Sophia, escribi? su primer libro, en sus cuadernos infantiles cre? una utop?a, el reino de Sackermena, dirigido por ella bajo el nombre de Grand Moguel and Despotic Emperor Grandiflora, ?the grand Law-giver General Judge Sage Physician and in short the Father of his vast dominions?. 3 Su 1 Palabras de Sophia Jex-Blake, citada en Todd, Margaret. The Life of Sophia Jex-Blake. MacMillan. Londres, 1918, p. 536 2 . Idem, p. 25 3 Idem., p. 9 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 295 esp?ritu de l?der y su capacidad de organizaci?n posteriores ya se anunciaban en su precoz habilidad para imaginar en detalle la forma de gobierno, leyes, etc., de Sackermena. Curiosamente, y pese a la educaci?n religiosa impuesta por sus padres y la fuerte religiosidad que presidi? su vida, ?there is no mention of clergy at Sackermena, nor of any form of church. We are not even told that nothing of the kind existed.? 4 Disfrutaba intensamente de la vida al aire libre que le proporcionaban las vacaciones de verano, pasadas al aire libre en Escocia, el Lake District o en la peque?a localidad de Bettws-y-Coed, en el Norte de Gales, donde m?s adelante ayudar?a a la creaci?n de una escuela; y una de las frustraciones recogidas en sus diarios fue la prohibici?n de compartir un verano tales vacaciones como castigo a su comportamiento. En 1851, su familia se traslad? al 13 de Sussex Square, en Brighton. En 1857, a los diecisiete a?os, Sophia sali? por ?ltima vez de un internado, con el deseo de encontrar un sentido a su vida, como queda expresado en estas frases de su diario el 17 de diciembre de 1857: ?Came home for good? For good? Who can tell? Oh, what would I give to look forward ten, aye five, short years, and see what I shall be. Just 18, half my life at school? Well shall I be a great authoress as my day and night dreams prompt me to hope? ? Shall I ever be a happy wife and mother.? 5 Empez? entonces a escribir un libro basado en su experiencia en uno de sus internados, el de Mrs. Teed, donde hab?a residido durante dos per?odos durante su pubertad. Ser escritora no ser?a la vocaci?n principal de su vida, pero s? public? tres libros y numeros?simos art?culos y cartas al peri?dico. Una de sus obras, Medical Women, es una importante contribuci?n al estudio de la mujer en la historia de la medicina. II. Queen?s College Sophia pas? el verano de 1857 en Gales con sus primas. Quiz?s su experiencia ayudando en la escuela de ni?os de Bettws-y-Coed, hizo nacer el deseo de ser profesora, que dar?a sentido a su vida durante los a?os siguientes. Esta incipiente vocaci?n la llev? a trasladarse a Londres en el oto?o de 1858, como alumna del Queen?s College. ?Work and independence!? la hac?an sentirse feliz. No solamente se matricul? en el curr?culum completo de siete asignaturas: matem?ticas, ingl?s, franc?s, historia, filosof?a natural, astronom?a, teolog?a e historia de la Iglesia, sino que pronto le ofrecieron ocupar la plaza de profesora particular de matem?ticas que llevaba vacante unos meses. 4 Idem., p. 10 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 296 Una nueva pol?mica surgi? entonces: su padre ve?a con orgullo que se eligiese a su hija para tal labor, pero la prohib?a recibir remuneraci?n alguna por su quehacer. Sof?a defendi? su punto de vista cediendo en parte a las presiones de su padre, al ofrecerse a renunciar a la paga del primer trimestre en contra de su voluntad. Adem?s ?she undertook to teach book-keeping gratuitously in connection with the Society for Promoting the Employment of Women, (fundada por Jessie Boucherett en 1858, para ayudar a las mujeres de clase media baja a conseguir una formaci?n profesional elemental y posterior empleo) and had a class of children at Great Ormond Street.? 6 A estos quehaceres se uni? la necesidad de buscar alojamiento fuera del colegio provocada por enfrentamientos con alguna de las compa?eras; y problemas de salud, tales como dolores de cabeza y garganta. Pero la sensaci?n de libertad, las amistades adquiridas y sobre todo la experiencia del estudio y el trabajo, daban sentido a ese per?odo de su vida. Varias amistades femeninas fueron figuras clave en la vida de Sophia Jex-Blake. Una de ellas fue la famosa reformista de las viviendas sociales y co-fundadora del National Trust, Octavia Hill, a quien conoci? en enero de 1860, con motivo de tres clases de contabilidad que Octavia le dio en su casa. Octavia Hill era un a?o mayor que Sophia. Por haber sufrido su padre una enfermedad mental, fue educada junto con sus hermanas por su madre y su abuelo materno, un doctor muy interesado por las condiciones sanitarias de los pobres. Cuando Octavia ten?a 13 a?os, se traslad? con su madre y hermanas a vivir a Londres, al ocupar su madre el puesto de directora de la Ladies? Cooperative Guild, sociedad fundada en Londres por el reverendo Frederick Maurice para ayudar a las mujeres necesitadas a conseguir empleo. La propia Octavia, con s?lo catorce a?os, se hizo cargo de una escuela de ni?os pobres donde ?stos aprend?an a fabricar juguetes para ganarse la vida. A partir de los 17 a?os, descubierto su genio art?stico por el escritor John Ruskin, se dedic? adem?s a realizar una gran cantidad de copias de cuadros famosos para ?l. A partir de 1856, Octavia se convirti? en secretaria y profesora del Working Women?s College de Great Ormond Street, siendo ?sta su ocupaci?n cuando conoci? a Sophia Jex-Blake y naci? entre ellas una intensa amistad. En las vacaciones de Pascua de 1860, Octavia acompa?? a Sophia a Brighton, siendo muy bien recibida por los Jex-Blake. En septiembre, al comienzo del nuevo 5 Idem, p. 52 6 Idem, p. 81 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 297 curso en Queen?s College, Mrs. Hill necesit? alquilar una vivienda m?s amplia en Londres y Sophia sugiri? que la posibilidad de compartir la casa con Octavia y su familia, haci?ndose cargo de gran parte de los gastos. Encontraron una casa en el n?mero 14 de Nottingham Place, y decidieron tomarla, alquilando parte de la misma para ayudar a sufragar los gastos. La rotunda negativa del padre de Sophia a este proyecto que, de nuevo, le parec?a humillante para su hija, fue decisiva para el posterior distanciamiento de las dos j?venes. Por la presi?n de su padre Sophia se qued? en la casa, no como co-propietaria, sino como inquilina de Mrs. Hill, lo que ofendi? a ?sta. En mayo de 1861, Octavia se march? a casa de su amiga Mary Harris en Cumberland, buscando el descanso, no s?lo de su intenso trabajo en Londres, sino de la tensi?n existente en su hogar. En octubre, su madre le pidi? que regresara. Octavia se vio obligada a tomar una decisi?n: ante los problemas de convivencia entre su madre y Sophia, ?sta deb?a abandonar la casa. ?She refused to discuss the problem with Sophia, declaring that their friendship was permanently ended, and that Sophia must arrange to leave Nottingham Place.? 7 La ruptura de esta amistad provoc? un gran dolor a Sophia, cuya angustia qued? reflejada en las cartas a su madre. Permaneci? el afecto por su amiga a lo largo de toda su vida, nombr?ndola heredera en su testamento, hasta que Octavia dispuso de amplios medios de vida propios. Seg?n su amiga y bi?grafa, Margaret Todd: ?One cannot read the record of this period of her life without feeling that it was mainly here and now that her character was made, -that it was the resolute determination with which she took to work and stuck to it as the remedy for intolerable heartache- that enabled her in later years to bear the brunt of all she came through.? 8 III. Sophia Jex-Blake y su vocaci?n por la educaci?n de las mujeres. Primera estancia en Edimburgo En la Navidad de 1861, bajo la influencia de esta ruptura pero con el triunfo de sus estudios en Queen?s College, Sophia regres? a Brighton. Continu? la b?squeda de centros de ense?anza para j?venes y en 1862, acompa?ada de su doncella Alice, viaj? a Edimburgo, donde se instal? en el 3 de Maitland Street y estudi? matem?ticas y alem?n en las University Classes for Women, adem?s de dedicarse intensamente a la lectura, 7 Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 30-31 8 Todd, Margaret., o.c. p. 108 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 298 identific?ndose profundamente con la protagonista de Jane Eyre. A finales de mayo recibi? la visita de Elizabeth Garrett, comentada en el cap?tulo anterior. A pesar de que ella misma no sintiera entonces inter?s por la medicina, ayud? a Elizabeth Garrett, realizando diferentes gestiones, incluso la petici?n de apoyo social a trav?s de una carta publicada en la prensa local. ?The shared experience did not result in a deep and lasting friendship between Sophia and Elizabeth. Each saw much to admire in the other, but their differences in temperament made them ill at ease in each other?s company. Despite all the help Sophia had given her, Elizabeth may even have wondered if her application to Edinburgh University would have been more successful if she had managed it by herself, in her own less forthright manner.? 9 Profesora en Alemania Sophia manten?a el deseo de conocer distintas instituciones dedicadas a la educaci?n de las mujeres, tarea que esperaba fuera la vocaci?n de su vida. Pretendi? viajar a Francia, lo que prohibieron sus padres por temor a que la convirtieran al Catolicismo. Finalmente obtuvo el permiso paterno para viajar a Alemania. Su amiga Miss de Dreux le facilit? residir y trabajar como profesora con una familia de G?ttingen, hacia donde parti? el 21 de julio de 1862. Pas? unos dos meses estudiando alem?n, dando clases de ingl?s a la hija de la familia e inform?ndose sobre instituciones educativas para j?venes. La m?s adecuada parec?a ser el denominado Grand Ducal Institute de Mannheim, fundado en 1819 por la Gran Duquesa Estefan?a de Baden, donde sustituy? durante ocho meses a una profesora de ingl?s que se encontraba de baja por enfermedad. La experiencia no fue f?cil para Sophia, que tuvo que soportar las burlas de sus alumnas, por su falta de capacidad para ciertas labores femeninas, como el bordado y la pintura, su sencillez en el vestir, y su emotividad durante las celebraciones religiosas. Sin embargo, gan? su afecto y admiraci?n cuando la vieron lucir un elegante vestido con motivo del baile de carnaval. Completado su periodo lectivo y , tras una enfermedad que la oblig? a permanecer tres semanas m?s en Mannheim, Sophia regres? a Inglaterra. Tom? unas largas vacaciones en la casa familiar, hasta que en el oto?o de 1864, recibi? una carta del reverendo T.D.C. Morse, rector de Stretford en Manchester, manifestando su inter?s ?about establishing a Ladies? College in this locality? 10 y 9 Roberts, Shirley, o.c. p. 39 10 Idem., p. 43 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 299 pidi?ndole que le presentar? alguna se?ora que pudiera organizarlo y dirigirlo, si no estaba dispuesta a aceptar tal tarea ella misma. Una nueva oportunidad e ilusi?n se abr?a para Sophia. Se traslad? inmediatamente a Manchester y comenz? a realizar gestiones para la organizaci?n de su Colegio de Se?oritas. Pese a una diferencia de puntos de vista sobre el tema de las oraciones diarias, Mr. Morse acept? que Sophia llevara adelante el proyecto, en el que hubiera contado con la colaboraci?n de la escritora Elizabeth Gaskell, quien se ofreci? a actuar como Lady Visitor de las futuras alumnas. Se celebr? una reuni?n para informar a los ciudadanos y se dio amplia publicidad en la prensa, pero el apoyo financiero era escaso y tras tres meses de arduo trabajo, Sophia de nuevo tuvo que renunciar a ver realizado un sue?o. Fue entonces cuando decidi? llevar a cabo un plan que hab?a fraguado a?os atr?s: la visita a los centros de estudio para mujeres de Estados Unidos. Antes de partir, visit? a otra de sus amigas m?s importantes, Lucy Walker, quien estaba esperando su primer hijo, y con quien Sophia manten?a una frecuente y afectuosa correspondencia. IV. La visita a las instituciones educativas norteamericanas El 27 de mayo de 1865 Sophia part?a de Liverpool en el Africa, junto a su amiga y compa?era del Queen?s College, Isabel Bain, y el 8 de junio desembarcaban en la ciudad de Boston. Pocos d?as despu?s, conocer?a a otra persona fundamental en su vida, la doctora Lucy Sewall, m?dica residente del New England Hospital for Women and Children de Boston, ?who, at the age of twenty-eight, had already made a name for herself as one of her country?s pioneer women doctors.? 11 En las cartas a su madre Sophia expresa su satisfacci?n al compartir el trabajo y el tiempo libre de las doctoras y otras mujeres profesionales como la astr?noma Maria Mitchell, profesora de astronom?a en el Vassar College. Tras unas breves vacaciones en las monta?as de New Hampshire por consejo de Lucy, Sophia e Isabel continuaron su viaje siguiendo las indicaciones del Dr. Hill, Presidente de Harvard. En primer lugar visitaron Oberlin, ?the oldest co-educational college in America. From the time of its foundation it admitted men and women as students and as teachers, and also made no distinctions based on colour. In 1865 there were 900 students enrolled? 12 , muchos de ellos procedentes de familias pobres, y un 11 Idem, p. 48 12 Idem, p. 55 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 300 tercio de raza negra. A continuaci?n visitaron Hillsdale College en Michigan, y posteriormente se dirigieron al Mary Institute en St. Louis, Missouri, una peque?a instituci?n, con tan s?lo ciento treinta y dos alumnas, todas de raza blanca, con amplio n?mero de mujeres entre el profesorado, en la que se practicaba la tolerancia religiosa y se impart?a una ense?anza muy cualificada. Las alumnas pod?an obtener los t?tulos de la Universidad de Washington, accediendo a los mismos ex?menes que los hombres. Posteriormente. se trasladaron a Springfield, Ohio, donde visitaron el Antioch College, donde se admit?a a todas las personas aspirantes, independientemente de su sexo, raza o religi?n. Tanto en Ohio, como en Massachussetts, Sophia visit? gran n?mero de escuelas p?blicas de ense?anza primaria y secundaria. Durante este periplo, Isabel Bain decidi? matricularse en uno de los colegios visitados y Sophia regres? sola a Bost?n. V. El nacimiento de su vocaci?n m?dica Estaba invitada a pasar una temporada con una antigua amiga en Nassau, pero prefiri? aceptar la propuesta de Lucy Sewall para residir en el hospital a cambio de ayudar con el trabajo de tipo administrativo: contabilidad, recetas, etc. Su contacto con las pacientes, la mayor?a mujeres pobres, la llev? a ofrecerse a actuar como capell?n, visitando en sus hogares a las mujeres que carec?an de familia o amistades, y haci?ndose cargo de un serm?n los domingos durante tres meses. Es en estos momentos, a partir de la experiencia personal que le supuso su actividad en el New England Hospital for Women and Children, cuando Sophia comienza a plantearse la que ser? su vocaci?n definitiva. As? escribe a su madre el 24 de noviembre de 1865, ?...I find myself getting desperately in love with medicine as a science and as an art, to an extent I could not have believed possible.? 13 Durante un tiempo se debati? en la duda sobre qu? carrera seguir: la educaci?n o la medicina, siempre dirigidas a las mujeres. Finalmente, ?she decided to pursue her medical studies for the time being because, even if she continued with her teaching career, the medical knowledge could be put to good use.? 14 Sophia pas? un per?odo de vacaciones en Inglaterra durante el verano de 1866. Sus padres y amistades aceptaron positivamente la posibilidad de que se dedicara a la medicina. S?lo dos personas le dieron una opini?n desfavorable, como recoge en su 13 Todd, Margaret, o.c. p. 173 14 Roberts, Shirley, o.c. p. 64 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 301 diario: ??Most people are much more in favour of Medicine than I expected, ? she writes, ?except Miss Garrett, who thinks me not specially suited, and E.S.M., who thinks it indecent of unmarried women knowing all about these things.?? 15 Durante esa estancia se puso en contacto con la editorial Macmillan para ofrecerles escribir un libro sobre su visita a los centros de ense?anza de Estados Unidos. Volvi? a Boston el 1 de septiembre de 1866, y dos meses m?s tarde enviaba a la editorial el manuscrito de su obra A Visit to Some American Schools and Colleges, que se publicar?a a mediados de 1867. ?While working on her book she had come to an important decision: medicine was to be her vocation.? 16 Se matricul? en el curso de anatom?a del New England Female Medical College y comenz? a practicar disecciones, pero pronto descubri? la baja calidad cient?fica de la ense?anza all? impartida. Sophia realiz? entonces su primer intento de acceder a la ense?anza universitaria impartida a los hombres y, junto con otra estudiante, Miss Susan Dimock, escribi? el 11 de marzo de 1867, al presidente y los miembros de la facultad de Medicina de universidad de Harvard, solicitando su admisi?n a la misma. La respuesta lleg? una semana m?s tarde haciendo constar que ?there is no provision for the education of women in any department of this university.? 17 Ambas cartas fueron publicadas en el Boston Daily Advertiser. Sophia y Susan Dimock se dirigieron entonces a los profesores de forma individual. Algunos de ellos las hubieran aceptado en sus clases, pero las autoridades universitarias se lo prohibieron, por lo que ?nicamente pudieron proporcionarles ense?anza cl?nica pr?ctica en el Massachussets General Hospital. Sophia combinaba estos primeros estudios con su trabajo en el New England Hospital for Women, donde continuaba residiendo. Tras posteriores intentos de ser admitida en Harvard, Sophia decidi? trasladarse a Nueva York e informarse sobre la escuela de medicina para mujeres proyectada por Elizabeth Blackwell. En marzo de 1868, seis meses antes de la inauguraci?n de la escuela, fue recibida por Elizabeth Blackwell en la New York Infirmary for Women, donde ya exist?a un grupo de j?venes que recib?an ense?anza de medicina, al que inmediatamente se uni? Sophia. ?Each afternoon she attended lectures at the Infirmary; her mornings were spent dissecting, and studying anatomy at the Bellevue Hospital.? 18 Sus planes eran ahora completar tres a?os de estudios en Nueva York, trabajar como ayudante de Lucy 15 Todd, Margaret, o.c. p. 186 16 Roberts, Shirley, o.c. p. 65 17 Idem., p. 66 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 302 Sewall durante uno o dos a?os y regresar posteriormente a Inglaterra para iniciar su propia pr?ctica profesional. Pero la realidad ser?a muy distinta. Tras dos meses de trabajo y estudio en Nueva York, Sophia regres? a Inglaterra para las vacaciones del verano de 1868, acompa?ada por Lucy Sewall. ?Sophia?s arrival in London almost coincided with the announcement that the Society of Apothecaries had altered its constitution. In future, candidates for examination would have to produce certificates to show that all their training had been obtained in the Society?s classes.? 19 La puerta de entrada a la ciudadela inexpugnable utilizada por Elizabeth Garrett se hab?a cerrado para otras mujeres. Sophia regres? a Boston con Lucy e intent? una vez m?s ser admitida en Harvard. Rechazada de nuevo su solicitud, decidi? trasladarse a Nueva York y realizar los estudios en el Women?s Medical College de las hermanas Blackwell. El 2 de noviembre de 1868, Sophia asisti? al acto de inauguraci?n de la escuela, y comenz? sus estudios al d?a siguiente. Contaba con la ayuda econ?mica de sus padres y la colaboraci?n de su doncella Alice, quien se hab?a trasladado a Nueva York, y resid?a con ella en el 222 de East Tenth Street. De nuevo, Sophia parec?a haber alcanzado la posibilidad de realizar una ilusi?n y estaba satisfecha con su vida de estudiante de medicina. Pero el d?a 16 de noviembre recibi? la noticia del grave estado de salud de su padre. Regres? a Inglaterra r?pidamente, para descubrir que su padre hab?a fallecido el d?a 6 de noviembre. Sophia renunci? a sus planes para quedarse junto a su madre. Alice se encargar?a de desmontar la reci?n estrenada casa de Nueva York. Era el final del sue?o americano de Sophia Jex- Blake. A finales de 1868, la editorial MacMillan se puso en contacto con Sophia, para encargarle su contribuci?n a una colecci?n de ensayos sobre la educaci?n de la mujer bajo la direcci?n de Josephine Butler, en la que tambi?n contribu?a Frances Power Cobbe. Sophia acept? escribir un cap?tulo sobre la medicina como una carrera para la mujer. Este ensayo comenzar?a con una breve revisi?n del lugar de la mujer en la historia de la medicina para concluir con una apelaci?n a las universidades brit?nicas solicit?ndoles abrir sus puertas a las mujeres. Este ensayo ser?a el germen del libro publicado por Sophia Jex-Blake en 1886, bajo el t?tulo de Medical Women, A Thesis and a History, formado por dos vol?menes: I. Medicine as a Profession for Women, y II. The Medical Education of Women: I. The Battle in Edinburgh, II. The Victory won. 18 Idem, p. 73 19 Idem, p. 74 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 303 VI. La batalla de Edimburgo. La batalla legal por el acceso de las mujeres a la formaci?n y pr?ctica como doctoras. Los a?os pasados en la universidad de Edimburgo, desde 1869 a 1874, constituyen un cap?tulo fundamental en la biograf?a de Sophia Jex-Blake. Durante estos a?os curs? la totalidad de materias y realiz? las pr?cticas hospitalarias requeridas para optar al t?tulo de la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo. Al mismo tiempo, desarroll? una continua actividad para tratar de superar las numeros?simas dificultades que imped?an su acceso y el de sus compa?eras a la universidad y el posterior ejercicio de la profesi?n. Public? art?culos en la prensa, dio conferencias y, en 1872, public? la primera edici?n de su obra Medical Women. Ella fue, indiscutiblemente, la l?der del grupo de mujeres que accedieron como pioneras a la facultad de medicina de la universidad de Edimburgo, ella quien realizaba las gestiones administrativas, consultaba con abogados, planteaba reclamaciones, hablaba con los profesores para lograr se les aceptase en sus clases y salas de hospital, acud?a a la prensa, etc. Todo ello provoc? que en dos ocasiones, en octubre de 1871 y en octubre de 1872, suspendiese el Primer Examen Profesional (de los cuatro exigidos para obtener el t?tulo) en la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo. En la primera ocasi?n su energ?a hab?a estado especialmente dedicada a conseguir que ella y sus compa?eras, pudieran ser admitidas a dicho examen, como se ver? en detalle en el cap?tulo siguiente. En octubre de 1872, Sophia tuvo que dedicar las semanas anteriores al examen a reunirse con sus asesores legales y planear la defensa de las mujeres en el litigio contra el Tribunal de la Universidad, para conseguir se les diesen las facilidades necesarias para completar sus estudios. En fechas cercanas al examen cay? gravemente enferma una amiga que viv?a en Falkirk, a unas veinte millas de Edimburgo. Sophia acud?a a atenderla. Realiz? la primera parte del examen el 22 de octubre, y march? a pasar esa noche cuidando a su amiga enferma, para regresar al d?a siguiente a realizar el segundo examen, teniendo que recibir a un abogado antes de entrar en el aula. Sus compa?eras aprobaron en 1871. Ella, que luchaba por abrir un camino, no individual, sino colectivo, sufri? la humillaci?n de suspender por dos veces. Dos a?os m?s tarde, con motivo de la discusi?n de un proyecto de ley a favor de la matriculaci?n de las mujeres en las universidades escocesas, el diario The Times public? un art?culo en que criticaba la actuaci?n de la universidad, pero tambi?n alud?a, ir?nicamente, al Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 304 fracaso acad?mico de Sophia Jex-Blake. Isabel Thorne se apresur? a enviar una carta peri?dico, publicada el 18 de junio de 1874, en defensa de Sophia, haciendo constar que la verdadera causa de su suspenso, no a la falta de capacidad o dedicaci?n al estudio sino ??her unselfish devotion to the interests of her fellow students.?? 20 Cuando Sophia vio esta carta reaccion? impulsivamente. El Times del 20 de agosto publicaba su r?plica, en la que veladamente acusaba al tribunal examinador de haberla suspendido indebida e injustamente. Ello provoc? un nuevo enfrentamiento entre Sophia y la facultad de Medicina de Edimburgo. Los seis profesores examinadores, Drs. Crum Brown, W. Drumbeck, Benjam?n Bell, William Robertson y el Decano J.H. Balfour enviaron una carta publicada el 29 de junio en el Times, a la que de nuevo replic? Sophia. En esta ocasi?n ella tuvo la ?ltima palabra, pero sin la aprobaci?n de sus compa?eras que tem?an este incidente repercutiera contra su causa justo en el momento en que se pretend?a conseguir apoyo parlamentario y se iniciaba la fundaci?n de la Escuela de Medicina de Londres. (Ver cartas en Anexo II). En el verano de 1874 crea la London School of Medicine for Women, fruto fundamentalmente de su voluntad y gran capacidad de trabajo y contin?a una importante actividad posterior para lograr la modificaci?n de leyes que permitieran el acceso de las mujeres a los Examining Boards (Tribunales Examinadores) y posteriormente a la universidad. Dada la importancia que la acci?n de Sophia Jex-Blake tuvo para la causa de las mujeres doctoras, se estudiar?n estos per?odos de su vida en detalle en los cap?tulos siguientes. VII. Obtenci?n de su t?tulo de doctora El 2 de diciembre de 1875, Sophia Jex-Blake, Edith Pechey e Isabel Thorne, a la saz?n alumnas de la London School of Medecine for Women, solicitaron formalmente la admisi?n al examen del Colegio de Cirujanos para obtener la Licence in Midwifery (Licenciatura como Comadronas), que permit?a la inclusi?n en el Registro, siendo ?ste el ?nico resquicio legal en esa fecha para las mujeres. Durante cinco semanas las autoridades del Colegio de Cirujanos solicitaron consejo legal para aceptar o rechazar la petici?n de las mujeres. ?They were advised ?that the College had power to admit women under its supplemental charter, and could be compelled by legal process 20 Idem, p. 141 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 305 so to examine and grant certificates;...that the Medical Act clearly considered the holder of such certificate a licentiate in midwifery, and as such entitled to register.?? 21 En consecuencia, el secretario del colegio solicit? a las mujeres el 8 de enero de 1876, la presentaci?n de los certificados de haber cursado las materias requeridas, exigi?ndoseles para la obtenci?n de la ?Licence in Midwifery? los mismos requisitos que para la presentaci?n al Examen de Cirug?a, que les hubiera permitido optar al t?tulo de doctoras en medicina. Las materias cursadas por las tres mujeres en Edimburgo superaban las exigencias del Colegio de Cirujanos, y el 17 de febrero de 1876, se decidi? su admisi?n para realizar el examen de comadronas, notific?ndoseles el 25 de ese mismo mes que deb?an cursar tambi?n un examen especial en anatom?a y cirug?a. El 17 de marzo se les inform? de que hab?an sido aceptadas formalmente para el examen y las tres mujeres dedicaron todo su esfuerzo a la preparaci?n de los ex?menes. Pero, entretanto, la Sociedad de Obstetricia hab?a comenzado una campa?a para evitar el acceso de las mujeres a la pr?ctica de la medicina a trav?s de la licenciatura como comadronas, informando, a trav?s del Lancet, sobre la creaci?n de un comit? para supervisar la propuesta de permitir a las mujeres obtener la licencia como comadronas. Tal comit? dirigi? un escrito al Colegio de Cirujanos, con fecha de 18 de febrero de 1876, haciendo constar que ??persons so imperfectly qualified?...... must really not be admitted to the Register, for that such admission would be most ?injurious to the interests of the public (?) and the profession.?? 22 Dado que no pudieron evitar la aceptaci?n de las mujeres, recurrieron a hacer imposible la celebraci?n del examen mediante la dimisi?n de sus cargos de los tres miembros del tribunal, los doctores Barnes, Farre y Priestley. El examen podr?a haberse celebrado mediante el nombramiento de otro tribunal, pero se ejerci? tal presi?n que ning?n miembro man- midwife acept? el cargo. No se celebraron m?s ex?menes para la obtenci?n de la Licence in Midwifery. En mayo de 1876, se present? la que se conocer?a como la ley de Russell Gurney, que permitia a todos los Tribunales Examinadores del Reino Unido admitir mujeres si lo consideraban conveniente. Entretanto, Sophia y sus compa?eras hab?an decidido obtener un t?tulo en el extranjero (ir?nicamente, el consejo de Elizabeth Garrett 21 Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A Thesis and a History. Oliphant, Anderson & Ferrier. Edimburgo. Hamilton, Adams & Co. Londres, 1886, p. 194 22 Idem, pp. 196-197 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 306 rechazado anteriormente). En noviembre de 1876 Sophia se traslad? a Berna, junto con Edith Pechey, compa?era desde el comienzo de la batalla de Edimburgo. Realiz? sus ex?menes y present? su tesis sobre el tema de la fiebre puerperal, obteniendo su t?tulo de doctora en medicina el 10 de enero de 1877. Para poder acceder al Registro de M?dicos de Inglaterra, tuvo que presentarse posteriormente al ?nico Tribunal Examinador que aceptaba mujeres en aquel momento, obteniendo la Licence of the King?s and Queen?s College of Physicians of Ireland en marzo de 1877. Sophia fue la quinta mujer que accedi? al Registro, tras Eliza Dunbar y Frances Hoggan que hab?an aprobado el examen de Dubl?n dos meses antes que ella. VIII. Doctora en Edimburgo Los primeros a?os En el mes de mayo de ese mismo a?o de 1877, la rivalidad entre Sophia y Elizabeth Garrett, llev? al nombramiento de Isabel Thorne como Honorary Secretary de la London School of Medicine for Women. Sophia no ten?a ya ninguna responsabilidad directa en la direcci?n de la escuela que hab?a hecho nacer, aunque a?n era ?a trustee and a Governor of the School, so for nearly a year she continued to attend its Executive Council meetings? 23 En vez de comenzar una pr?ctica privada, Sophia se dedic? durante varios meses a completar estudios de medicina y visitar diversos hospitales. Finalmente, a comienzos de 1878, decidi? volver a Edimburgo, y en junio de ese a?o se instalaba en el n?mero 4 de Manor Place, en cuya fachada aparec?a su placa de doctora, de hecho, la primera mujer doctora de Escocia. Contaba con el apoyo de sus viejos amigos, los doctores Heron Warson y George Balfour. Su clientela fue creciendo poco a poco. Tres meses m?s tarde abr?a una cl?nica o dispensario en el 73 de Grove Street, Fountainbridge, donde las mujeres pobres, por unos pocos peniques, pod?an recibir atenci?n m?dica y apoyo personal. En estos a?os segu?a con inter?s los progresos de la London School of Medicine for Women, atendiendo el acto de apertura del curso de 1879, y se manten?a activamente comprometida con la lucha parlamentaria por la causa de las mujeres doctoras. Tambi?n prestaba su apoyo a la lucha por el sufragio femenino. 23 Roberts, Shirley, o.c. p. 163 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 307 La muerte de su madre, a los ochenta a?os de edad, el 8 de julio de 1881, tras varios meses de enfermedad en su casa de Rugby (Sussex), el ?ltimo de ellos bajo el cuidado directo de Sophia, fue un duro golpe para ella. Pronto sigui? el fallecimiento de otro ser cercano, una de sus ayudantes en el dispensario. Sophia sufri? una depresi?n que la llev? a abandonar su pr?ctica m?dica durante dos a?os. Cont? entonces con el apoyo y la compa??a de una de sus importantes amistades femeninas, Ursula du Pr?. En marzo de 1882, vivir?a otra experiencia negativa: en la reuni?n del Executive Council de la London School of Medicine for Women, se presentaron dos candidaturas para el decanato, la de Elizabeth Garrett, y una segunda, a favor de Edith Pechey, propuesta por Sophia Jex-Blake y el Dr. T.K. Chambers. De los quince miembros presentes, catorce votaron a favor de Garrett y uno, obviamente Sophia Jex-Blake, a favor de Edith Pechey. Elizabeth Garrett, la mujer que inicialmente se hab?a opuesto a la creaci?n de una escuela de medicina de mujeres, ser?a decana de la misma durante los pr?ximos veinte a?os. ?Sophia continued to be associated with the School as a Trustee and as a Governor, but she never attended another meeting of the Executive Council.? 24 El 6 de mayo de 1897, Sophia present? tambi?n su dimisi?n de este cargo, al no estar de acuerdo con la propuesta de construcci?n de una nueva sede para la escuela, rompiendo as? definitivamente sus lazos con la misma. IX. La creaci?n de la Edinburgh School of Medicine for Women y el Edinburgh Hospital and Dispensary for Women. A finales de 1882, Sophia traslad? su domicilio a una amplia residencia en Bruntsfield Logde. En septiembre de 1883, reanud? sus consultas en esta nueva direcci?n y continu? con su actividad en el dispensario. En 1885, ?ste se transformar?a en el Edinburgh Hospital and Dispensary for Women, al trasladarlo al 6 de Grove Street y a?adir una sala con cinco camas para pacientes internas. ?The Edinburgh Hospital and Dispensary was Scotland?s first hospital for women staffed by women? 25 , contando con una matrona residente y, desde 1886, con la doctora Catherine Urquhart, antigua alumna de la London School, como M?dico Residente. En 1885, Sophia comenz? otra nueva aventura, la creaci?n de una escuela de Medicina para mujeres en Edimburgo, instalada en una propiedad adquirida por Sophia, 24 Idem, p. 171 25 Idem, p. 171 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 308 Louisa Stevenson y Ursula du Pr? en 1876, situada en el n?mero 1 de Surgeon Square. ?The school was formally designated the Edinburgh School of Medicine for Women, with Sophia as its Dean.? 26 Trataremos con m?s detalle sobre esta escuela en un cap?tulo posterior. Pero tambi?n este proyecto tendr?a una triste final para Sophia Jex-Blake: El primer conflicto surgi? en junio1888, cuando las hermanas Cadell y otras dos alumnas de la escuela incumplieron la norma de abandonar el Hospital Leith, donde realizaban sus pr?cticas, a las cinco en punto de la tarde, para asistir al tratamiento un caso de urgencia, (concretamente un accidente craneal) por parte del cirujano Dr. Juckes. Al recibir la queja de Miss Perry, la encargada de enfermeras, Sophia instead of discussing the matter with the four students privately, she reprimanded them in the presence of the whole class, and drafted an apology to Miss Perry for them to sign.? 27 Las cuatro alumnas firmaron el escrito aunque una de ellas, Georgina Cadell, se retract? despu?s de forma individual. ?For several weeks an atmosphere of tension prevailed until, with the exchange of more letters between the School and the Hospital, and the submission of another apology from Ina Cadell, peace was restored.? En julio, surgi? un nuevo conflicto: una de las alumnas, Miss Sinclair, hab?a suspendido los ex?menes de acceso en ingl?s y matem?ticas. Sophia le hab?a permitido repetir estos ex?menes en julio, pero cuando lleg? el d?a previsto la alumna no compareci?. Uno de los profesores, el Dr George Gibson, a petici?n de Miss Sinclair, hab?a escrito al examinador explicando que se encontraba enferma el d?a de la prueba, y su nota hab?a sido revisada, habi?ndosele aprobado sin efectuar nuevo examen, todo ello sin informar a Sophia directamente. ?At the next meeting with all the students Sophia, quien se opon?a absolutamente a conceder ning?n tipo de privilegio a las estudiantes, expressed her views bluntly, referring to Miss Sinclair?s action as ?a mean thing.?? 28 Tales enfrentamientos llevaron a la divisi?n del alumnado en dos bandos: un grupo de alumnas, favorables a Sophia, entre las que se encontraban Margaret Todd y Jessie MacGregor, y otro grupo cr?tico de su actuaci?n, encabezado por la despu?s famosa doctora Elsie Inglis. En la reuni?n del comit? ejecutivo de 26 de julio, Sophia plante? que presentar?a su dimisi?n como decana si las hermanas Cadell continuaban en 26 Idem, p. 174 27 Roberts, Shirley, o.c. p. 178 28 Idem, p. 178 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 309 la escuela. El comit?, consecuentemente, decidi? no admitir a ambas alumnas para el curso siguiente. Ante esta resoluci?n Georgina y Grace Cadell presentaron una reclamaci?n judicial de 500 libras cada una por da?os y perjuicios a la escuela. El juicio se celebr? en julio de 1890, siendo la sentencia final a favor de las demandantes, aunque s?lo se les conced?a una indemnizaci?n de 50 libras a cada una. Elsie Inglis, con la colaboraci?n de su padre, fund? la Scottish Association for the Medical Education of Women y, en noviembre de 1889 abri? una segunda escuela de Medicina para mujeres en Edimburgo, denominada The Medical College for Women, situada en el 30 de Chambers Street. No hab?a lugar para dos escuelas de medicina de mujeres en Edimburgo, y en 1898 acababa otro sue?o con el cierre de la Edinburgh School of Medicine for Women. Una frase de Margaret Todd define bien el constante movimiento pendular entre ilusi?n y fracaso, presente en la vida de esta luchadora: ?Success was always just round the corner, so to speak, all but within reach; but success, in the form in which she looked for it, never came.? 29 En 1890, Sophia perdi? a otra persona querida, su amiga Lucy Sewall, quien pr?cticamente hab?a inspirado su vocaci?n como doctora. En junio de 1898, se celebr? en Edimburgo la asamblea de la British Medical Association, a la que asistieron una treintena de mujeres doctoras. La doctora Jane Walker organiz? una cena bajo la presidencia de Sophia, la pionera de Edimburgo, a la que asistieron entre otras Elizabeth Garrett y Mrs Scharlieb. En 1899, Sophia decidi? retirarse y trasladarse de nuevo a Sussex, donde hab?a adquirido una amplia casa de campo cerca del pueblo Mark Cross, a unas seis millas al sur de Tunbridge Wells, llamada Windydene. Vendi? Bruntsfield Lodge al comit? del hospital a un m?dico precio, y, durante noventa a?os, desde el 27 de marzo de 1899 hasta 1989, ?sta fue la sede del hospital de mujeres, denominado a partir de ese momento Brunstfield Hospital, ?but the original policy of appointing women doctors only, to care for women and children, was reaffirmed. Dr Sophia Jex-Blake was appointed a consultant physician to the Bruntsfield Hospital.? 30 El comit? del hospital organiz? una fiesta de despedida en su honor, en la que su viejo amigo, el profesor Masson, pronunci? las siguientes palabras: ??That this company, remembering all that has been done by Dr. Jex-Blake so preeminently for the medical education of women, and for the opening up of the medical profession to women, both here and elsewhere, 29 Todd, Margaret, o.c. p. 501 30 Roberts, Shirley, o.c. p. 184 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 310 take this opportunity of congratulating her on the present evidence of the success everywhere of the cause which owes so much to her powerful initiation and persevering advocacy; and regrets that the occasion should also be one of farewell?.? 31 En 1905, se produjo una vacante en la plantilla de doctoras de Bruntsfield hospital. La mejor candidata era la ya doctora Elsie Inglis. Sophia fue informada como miembro del comit? directivo, ofreci?ndosele al mismo tiempo el cargo de Vice- Presidenta del hospital. ?She replied that she would resign from the Hospital Board rather than acquiesce in the appointment of Dr Inglis. Her resignation was accepted and the appointment was made. So Sophia, who had founded two medical schools and a hospital, now had no association with any of them.? 32 X. La vuelta a Sussex Sophia pas? los ?ltimos doce a?os de su vida en Windydene, acompa?ada por Margaret Todd, y rodeada de sus numeros?simos libros, sus cartas, sus recuerdos, su jard?n y una amplia granja que inclu?a un huerto, tierras de labranza y ganado vacuno. Windydene se transform? en la Meca de las mujeres doctoras. Sophia recib?a frecuentes visitas, no s?lo de doctoras y estudiantes de medicina, sino tambi?n de personas ligadas al mundo del arte y la literatura. Pero las viejas amigas iban desapareciendo. En 1908, Edith Pechey enferm? gravemente y muri? alg?n tiempo despu?s de ser operada por la doctora May Thorne, hija de Isabel Thorne, quien falleci? en 1910, al igual que Elizabeth Blackwell. Tambi?n en 1910, se produjo su ?ltimo contacto con Octavia Hill. En julio de ese a?o, Octavia escribi? una carta en el Times contra el sufragio de las mujeres, en la que afirmaba que ?stas servir?an mejor a la comunidad atendiendo a los enfermos, los ancianos, los j?venes y los abandonados, que entrando en el mundo de la pol?tica. Sophia envi? su r?plica al Times, pero se la devolvieron sin publicar. Entonces, la envi? directamente a Octavia junto con unas l?neas que siguen reflejando su viejo afecto: ? Dear: I wrote enclosed mainly as an answer to yours in the Times, and as it has been sent back to me, crowded out, I send it to you, -to show you another old woman?s point of view. I am rheumatic and lame now, and cannot go about much, but I wish you would come down and spend two or three days with me here on the Sussex hills, and we would thrash out this 31 Todd, Margaret.o.c. p. 524 32 Roberts, Shirley, o.c. p. 188 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 311 Suffrage question ?surely one of us ought to be able to convince the other! And I should like to see you again! Yours sincerely, S. Jex-Blake. I grieved with you in your loss in June? 33 XI. El final de su vida La luchadora apasionada comenz? a perder fuerzas. Su coraz?n la obligaba a reducir cada vez m?s su actividad. ?Her life ended peacefully on 7 January, 1912.? 34 Fue enterrada en el cementerio de la iglesia de Rotherfield. Una cruz de granito gris la recuerda con estas palabras: ??SOPHIA JEX-BLAKE, M.D. BORN 21ST JANUARY, 1840. DIED 7 TH JANUARY 1912. ?Then are they glad because they are at rest, and so He brings them unto the haven where they would be.?? 35 En Edimburgo, en la Catedral de St Giles, testigo de su enfrentamiento con el Dr Christison, una placa la recuerda con estas palabras: ??Sacred to the memory of Sophia Jex-Blake, M.D., by whose energy, courage, self-sacrifice and perseverance the Science of Medicine and the Art of Healing were opened to Women in Scotland.?? 36 Tambi?n el comit? del Edinburgh Hospital for Women and Children, entonces Bruntsfield Hospital, que ella hab?a fundado, hizo colocar una placa formada por un medall?n de bronce sobre m?rmol verde. En el medall?n, rodeado por una corona de laurel, aparece el lema familiar: ?Bene preparatum pectus? y m?s abajo las siguientes palabras en su memoria: ??In affectionate remembrance of Sophia Jex-Blake, Founder of this Hospital, to whose large courage, insight and constancy the admission of Women to the Profession of Medicine in this Country is mainly due.?? 37 Y en el monumento funerario de su familia, en el tranquilo cementerio parroquial de la peque?a localidad de Ovingdean (Fig. 16), cerca de Brigton, esta inscripci?n la hace presente junto a los suyos, aunque sus restos descansen en Rotherfield: 33 Todd, Margaret, o.c. p. 538 34 Roberts, Shirley, o.c. p. 190 35 Todd, Margaret, o.c. p. 564 36 Idem, p. 563 37 Idem, p. 564 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 312 ??SOPHIA LOUISA, YOUNGEST CHILD OF THOMAS JEX-BLAKE, AND MARIA EMILY, HIS WIFE. DOCTOR OF MEDICINE, FOUNDER IN 1874 OF THE LONDON SCHOOL OF MEDICINE FOR WOMEN, AND IN 1888 OF A SIMILAR SCHOOL IN EDINBURGH, WHERE SHE ALSO FOUNDED A HOSPITAL FOR WOMEN AND CHILDREN IN 1886. Bear ye one another?s burden, and so fulfil the law of Christ.?? 38 38 Idem, p. 564 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 313 Fig. 14. Casa donde naci? Sophia Jex-Blake en Croft Street, Hastings. Fig. 15. Placa conmemorativa, colocada en la fachada de la casa donde naci? Sophia Jex-Blake, en Hastings. Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 314 Mujer y Salud Cap. X. Sophia Jex-Blake: la vida de una luchadora 315 Fig. 16. Tumba de la familia Jex-Blake, en el cementerio de Ovingdean. Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 317 CAP. XI. SOPHIA JEX-BLAKE Y LA LUCHA POR LA CAUSA DE LAS MUJERES DOCTORAS EN GRAN BRETA?A. ?An authentic account of the early stages of any movement which seems destined to live and to make itself felt as a factor in the social life of the future, has a certain value and interest, not limited to the small number of people who were early supporters of the movement, but extending to all who are capable of looking at the change introduced as a step in contemporary evolution which has been taken under their own eyes and under conditions which they are in a measure able to understand and to appreciate.? 1 I. Solicitud de ingreso en la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo ?Cu?l es la situaci?n que encuentra Sophia Jex-Blake en 1868 para tratar de acceder al ejercicio de la medicina en Gran Breta?a? Seg?n la Medical Act de 1858 ?no person should be recognized as a legally-qualified practitioner of medicine in the United Kingdom unless registered in a Register appointed to be kept for that purpose.? 2 Para poder entrar en tal Registro era preciso estar en posesi?n del t?tulo obtenido tras aprobar los ex?menes en uno de los diecinueve Tribunales Examinadores autorizados (Examining Boards). Asimismo pod?an registrarse las personas que estuvieran en posesi?n de un t?tulo extranjero y practicaran la medicina en gran Breta?a con anterioridad a 1858. Elizabeth Garrett hab?a logrado registrarse tras obtener el t?tulo de la Apothecaries Society, pero esta instituci?n pronto cambi? sus normas estableciendo la 1 Garrett, Elizabeth. ?The History of a Movement?, en Fortnightly Review, marzo de 1893, pp. 404-417, p. 404 2 Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A Thesis and a History. Oliphant, Anderson & Ferrier. Edimburgo. Hamilton, Adams and Co. Londres, 1886, p. 64. Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 318 obligatoriedad de asistir a clase de forma oficial para optar a sus ex?menes. Por tanto quedaba cerrada para Sophia y otras mujeres la v?a utilizada por Elizabeth Garrett para acceder a la pr?ctica legal de la medicina en Gran Breta?a. El objetivo de Sophia era conseguir que las mujeres inglesas pudieran realizar estudios de medicina en Gran Breta?a y que pudieran obtener las titulaciones que les permitieran registrarse y practicar la medicina legalmente en su propio pa?s. ?If women studied medicine at all, they should at once aim at what is supposed to be a high standard of education, and ...they should forthwith aspire to the medical degree of a British University.? 3 En primer lugar solicit? admisi?n en la universidad de Londres, ?and was told by the Registrar that the existing Charter had been purposely so worded as to exclude the possibility of examining women for medical degrees, and that under that Charter nothing whatever could be done in their favour.? 4 Rechazada por la universidad de Londres, Sophia decidi? solicitar admisi?n en la facultad de medicina de la universidad de Edimburgo, considerada una de las mejores de Inglaterra. Por otra parte, ten?a ya amistades en esta ciudad y, cuando hab?a acompa?ado a Elizabeth Garrett siete a?os antes, ?the University authorities had implied that their decision was not irrrevocable, and could be reversed at some future time.? 5 En marzo de 1869, Sophia se traslad? a Edimburgo, residiendo al principio con Mr. y Mrs. Burn Murdoch. A los cuatro d?as de su llegada a Edimburgo, escribi? al decano de la facultad de Medicina, profesor J.H. Balfour, solicitando ser admitida a las clases de medicina durante el cuatrimestre de verano, e inmediatamente se puso en contacto con algunos de los profesores que posteriormente ser?an decisivos en el desarrollo de los acontecimientos al prestarle su apoyo o su oposici?n. Entre los profesores de la facultad de Medicina cont? con el apoyo de figuras tan importantes como Sir James Simpson, el profesor Hughes Bennet y el propio decano, profesor Balfour. Asimismo cont? con el apoyo de varios profesores de otras facultades, entre ellos los profesores Masson, Charteris, Calderwood, Lorimer, Wilson y Blackie. Pronto encontr? tambi?n dos oponentes importantes dentro de la facultad de Medicina: el Dr. Christison, m?dico y profesor de gran renombre en Edimburgo, que jugar?a un decisivo papel en la postura de la universidad respecto a las mujeres estudiantes de medicina, y el 3 Idem, p. 70 4 Idem, p. 70-71 5 Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 81 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 319 Dr. Laycock, quien dijo a Sophia que ?he could not imagine any decent woman whishing to study medicine, -as for any lady, that was out of the question.? 6 Conviene precisar ahora la composici?n de los diferentes ?rganos rectores de la universidad de Edimburgo, a que nos referiremos con frecuencia a lo largo de este cap?tulo, citando a la propia Sophia: ?The Medical Faculty of course consists of Medical Professors only; the Senatus comprises all the Professors of every Faculty, and also the Principal; the University Court is composed of the Rector, the Principal, and the Lord Provost of Edinburgh; with five others appointed respectively by the Chancellor, the Rector, the Senatus, the Town Council of Edinburgh, and the General Council of the University; and, lastly, the General Council of the University consists of all those graduates of Edinburgh who have registered their names as members. Each of these bodies are to be consulted, as also the Chancellor, before any important change could be made.? 7 La solicitud de Sophia fue sometida a votaci?n y aceptada por mayor?a en la reuni?n de la facultad de medicina de 23 de marzo, y refrendada por el Senado en reuni?n de 27 de marzo. Pero algunos profesores oponentes, entre ellos el profesor Muirhead, apelaron al Tribunal de la Universidad. Adem?s exist?an rumores de que algunos alumnos hab?an enviado asimismo una solicitud a este organismo ?claiming that the presence of a woman in their classes would prevent the lecturers from dealing adequately with topics of a ?delicate? nature? 8 , argumento utilizado en diferentes ocasiones para evitar el acceso de las mujeres a las aulas de medicina. Sophia, confiando en que la decisi?n del Senado ser?a irrevocable, volvi? a Brighton dispuesta a preparar su regreso a Edimburgo como alumna del cuatrimestre de verano. Pero cuando su solicitud fue sometida a debate en el Tribunal de la Universidad, el 19 de abril de 1867, este organismo decidi? lo siguiente: ?The Court, considering the difficulties at present standing in the way of carrying out the resolution of the Senatus, as a temporary arrangement in the interest of one lady, and not being prepared to adjudicate finally on the question whether women should be educated in the medical classes of the University, sustain the appeals, and recall the resolution of the Senatus.? 9 6 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 71 7 Idem, p. 71-72 (En adelante, aplicaremos la siguiente traducci?n en el texto redactado en castellano: Medical Faculty: Facultad de Medicina; Senatus: Senado; University Court: Tribunal de la Universidad; General Council: Consejo General; Chancellor: Rector Honor?fico; Lord Provost : Rector; Principal: Vice-Rector;) 8 Roberts, Shirley, o.c. p. 84 9 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 75 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 320 Inmediatamente, Sophia comenz? a buscar otras mujeres interesadas en solicitar ingreso junto con ella, al tiempo que el Scotsman y otros peri?dicos comenzaban a dar publicidad a la controversia sobre la admisi?n de mujeres en la Facultad de Medicina. II. Las siete de Edimburgo Pronto se unieron a Sophia Jex-Blake otras cuatro mujeres: Isabel Thorne, de 34 a?os de edad, casada y madre de cuatro hijos, a quien su experiencia en China y la muerte de uno de sus hijos movieron a considerar la importancia de la existencia de mujeres doctoras; Edithy Pechey, hija de un ministro baptista y una madre culta, maestra de escuela, insatisfecha con su profesi?n; Helen Evans, joven viuda de un oficial de caballer?a y Matilda Chaplin. Todas ellas presentaron su solicitud a la universidad de Edimburgo. ?Now the women were seeking not just admission to one term?s lectures, but matriculation and all that that implied the right to attend all the classes and examinations required for a degree in medicine.? 10 En junio de 1869, Sophia se dirigi? al rector de la universidad y presidente de la University Court, ?enquiring whether the Court would ?remove their present veto in case arrangements can be made for the instruction of women in separate classes; and whether, in that case, women will be allowed to matriculate in the usual way, and to undergo the ordinary Examination, with a view to obtain medical degrees in due course??? 11 Asimismo se dirigi? al Senado pidi?ndoles que aceptasen la matriculaci?n de mujeres como estudiantes de medicina, ?on the understanding that separate classes should be formed? 12 y al decano de la facultad de Medicina, comprometi?ndose en su nombre propio y en el de las otras cuatro aspirantes, a satisfacer las tasas que la universidad les impusiese para impartir dichas clases separadas. El 1 de julio de 1869, en reuni?n de la facultad de Medicina, se decidi? recomendar al Senado: ??(1) That ladies be allowed to matriculate as medical students, and to pass the usual preliminary examination for registration; (2) That ladies be allowed to attend medical classes and to receive certificates of attendance qualifying for examination, provided the classes are confined entirely to ladies; (3) That the medical professors be allowed to have classes for ladies, but no Professor shall be compelled to give such course 10 Roberts, Shirley, o.c. p. 86 11 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 76 12 Idem, p. 76 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 321 of lectures; (4) That, in conformity with the request of Miss Jex-Blake?s letter to the Dean, ladies be permitted to arrange with the Medical Faculty, or with the individual professors, as to minimum fee for the classes.?? 13 El Senado, en reuni?n celebrada el 2 de julio, acept? esta propuesta y la transmiti? al Tribunal de la Universidad, que, el 23 de julio, adopt? la siguiente resoluci?n: ??The Court entertain an opinion favourable to the resolutions of the Medical Faculty in regard to the matriculation of ladies as medical students, and direct these resolutions to be laid before the general Council of the University for their consideration at next meeting.?? 14 Esta resoluci?n fue aprobada por el Consejo General el 29 de octubre, y sancionada por el Rector Honor?fico el 12 de noviembre de 1869, tras lo cual se incluyeron en el calendario de la universidad las siguientes regulaciones del Tribunal de la Universidad, referentes a la matriculaci?n de estudiantes mujeres, bajo el t?tulo de Regulations for the Education of Women in Medicine in the University: ?? (1) Women shall be admitted to the study of medicine in the University; (2) The instruction of women for the profession of medicine shall be conducted in separate classes, confined entirely to women; (3) The Professors of the Faculty of Medicine shall, for this purpose, be permitted to have separate classes for women; (4) Women, not intending to study medicine professionally, may be admitted to such of these classes, or to such part of the course of instruction given in such classes, as the University Court, may from time to time think fit and approve; (5) The fee for the full course of instruction in such classes shall be four guineas; but in the event of the number of students proposing to attend any such class being too small to provide a reasonable remuneration at that rate, it shall be in the power of the Professor to make arrangements for a higher fee, subject to the usual sanction of the University Court; (6) All women attending such classes shall be subject to all the regulations now or at any future time in force in the University as to the matriculation of students, their attendance on classes, Examination, or otherwise; (7) The above regulations shall take effect as from the commencement of session 1869- 1870.?? 15 Las mujeres eran admitidas, pero la posibilidad de asistir a las clases de cada materia depend?a de la voluntad del profesor correspondiente, y adem?s deb?an pagar tasas superiores a las de los alumnos hombres. Durante el verano, Sophia busc? alojamiento en Edimburgo, instal?ndose en el 15 de Buccleuch Place, domicilio que comparti? con Edith Pechey. Las cinco aspirantes 13 Idem, p. 76 14 Idem, p. 76 15 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 78 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 322 se presentaron el 19 de octubre al examen de entrada a la universidad, que se compon?a de dos partes: una obligatoria incluyendo ingl?s, lat?n y matem?ticas, y otra formada por dos materiales a elegir entre griego, franc?s, alem?n, matem?tica superior, filosof?a natural, l?gica y filosof?a moral. Todas aprobaron el examen y cuatro de ellas aparecieron entre los primeros siete lugares, lo que significaba un resultado excelente, teniendo en cuenta que se presentaron ciento cincuenta y dos hombres y tan s?lo cinco mujeres. El 2 de noviembre, aniversario de la inauguraci?n de la escuela de Elizabeth Blackwell en Nueva York, Sophia y sus compa?eras formalizaban su matriculaci?n en la facultad de Medicina de Edimburgo y eran incluidas en diferentes registros como alumnas de dicha facultad. ?We were at the same time registered in due course as students of medicine, by the Registrar of the Branch Council for Scotland, in the Government Register kept by order of the General Council of Medical Education and Registration of the United Kingdom, such registration being obligatory on all medical students, and affording the sole legal record of the date at which they have commenced their studies.? 16 Durante el primer semestre, las cinco alumnas cursaron las materias de fisiolog?a, fisiolog?a pr?ctica, qu?mica y qu?mica pr?ctica, en clases impartidas exclusivamente para ellas por los mismos profesores y en el mes de marzo de 1870, realizaron exactamente los mismos ex?menes, en la misma fecha y hora y en iguales condiciones que el resto de los alumnos. En la clase de fisiolog?a hab?a ciento veintisiete hombres de los cuales veinticinco aparecieron en la lista de honor, por haber obtenido altas calificaciones. En la clase de qu?mica hab?a doscientos veintis?is alumnos hombres, de los cuales treinta y uno obtuvieron honores. De las cinco mujeres estudiantes, cuatro obtuvieron puestos de honor en ambas clases. En el verano de 1870, se unieron como alumnas Mary Anderson y Emily Bovell. El grupo fue conocido a partir de entonces como las Edinburgh Seven.. III. Primeros conflictos: las becas Hope y la revuelta de estudiantes Las becas Hope Los cuatro estudiantes que recibiesen las notas m?s altas en los ex?menes de Qu?mica ten?an derecho a recibir una de las becas fundadas por el profesor Hope con los beneficios obtenidos por haber impartido conferencias sobre medicina a se?oras y Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 323 se?oritas en la primera d?cada del siglo XIX. En tal ocasi?n, seg?n recoge Sophia Jex- Blake, las mujeres tuvieron que acceder a la Universidad por una ventana de la planta baja en South Street College, dado que les cerraron literalmente las puertas de acceso. Tales Becas Hope permit?an el acceso gratuito al laboratorio de la facultad. Sophia y sus compa?eras hab?an pensado declinar tal derecho, a fin de mantener el principio de no acceder a clases mixtas, pero sin renunciar a poder ostentar el t?tulo de Becaria Hope, que indicaba haber conseguido una de las cuatro mejores notas de la clase. Sucedi? que los dos hombres que ocupaban el primer y segundo lugar de la lista no ten?an derecho a recibir la beca porque cursaban la asignatura por segunda vez (lo que hace suponer que hab?an suspendido el curso anterior), con lo que Edith Pechey, que estaba en tercer lugar, pas? autom?ticamente a ser la primera persona con derecho a recibir la Beca Hope en el curso de 1870. Sin embargo, el profesor Crum Brown, temeroso de las cr?ticas que pudiera recibir de parte de sus colegas y alumnos, otorg? las becas a alumnos que estaban por debajo de Edith Pechey en la lista de calificaciones, justificando tal acci?n ?by saying that she was ineligible for a prize because she had been taught in a special class. Yet the Professor himself had said on more than one occasion that he gave the women the same lectures as he gave the men; furthermore, the men and the women had taken the same examinations at the same time, although they sat in different rooms to write their answers.? 17 Continuando con un comportamiento contradictorio, el profesor se vio forzado a mantener su justificaci?n dando a las cinco alumnas un certificado de haber asistido a una clase para se?oras, en vez del certificado ordinario que les permitir?a acceder en su d?a a la obtenci?n del t?tulo de licenciadas en Medicina, aunque s? entreg? a Edith Pechey una medalla de bronce, honor que estaba reservado a los cinco primeros estudiantes de la lista. Las alumnas apelaron al Senado solicitando recibir certificados ordinarios como el resto de sus compa?eros y Edith Pechey apel? para que se le concediese la Beca Hope a que ten?a derecho. El 9 de abril de 1870, el Senado aprob? la solicitud de las mujeres por un voto, pero rechaz?, tambi?n por un voto, la solicitud de Edith Pechey, estableciendo, a instancia del profesor Christison y el profesor Sanders, que las mujeres 16 Idem, p. 78 17 Roberts, Shirley, o.c. p. 92 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 324 no pod?an acceder a ninguno de los premios concedidos por la universidad, independientemente de las calificaciones que obtuviesen en las distintas materias. El incidente Hope tuvo una importante repercusi?n en la opini?n p?blica a trav?s de la prensa. Recogemos el comentario sat?rico publicado por el peri?dico Spectator el 9 de abril de 1870: ?To make women attend a separate class, for which they have to pay, we believe, much higher fees than usual, and then argue that they are out of the pale of competition because they do so, is, indeed, too like the captious schoolmaster who first sent a boy into the corner and then whipped him for not being in his seat.? 18 Durante las vacaciones de primavera, Sophia se qued? en Edimburgo tratando de encontrar profesores que las aceptasen en las materias del siguiente semestre. Las opiniones estaban divididas. En la reuni?n del mes de abril del Consejo de la Universidad, el profesor Masson propuso, apoyado por el decano, profesor Balfour, que se admitiese a las mujeres a las clases ordinarias, excepto en algunas materias. Esta propuesta fue rechazada por un resultado de cuarenta y siete a cincuenta y ocho votos. Algunas de las manifestaciones hechas por los profesores opuestos a las mujeres fueron criticadas por el Times, y reflejan, una vez m?s, los prejuicios y actitudes negativas hacia la mujer: ?professor Laycock had said that some women seeking medical training could be ?basely inclined?, meaning that they intended to become nothing more than abortionists, unless careful enquiries were made into the characters of women applicants, teachers could be harbouring ?Magdalenes? in their classes.? 19 El Times se preguntaba por qu? no se preocupaba igualmente por el car?cter y la moralidad de los alumnos. Christison hab?a dicho que ?male students were sometimes charged with being ?a little irregular? in their behaviour, and he thought it unlikely that they would improve in the presence of ladies of their own age. In other words, women students? manners and morals must be impeccable, but men could be as base as they pleased.? 20 Ante tales manifestaciones, el Times conclu?a que la mayor raz?n en contra de la admisi?n de mujeres en la universidad de Edimburgo era el hecho de que tuvieran que soportar a profesores con tales ideas. Pero quiz?s el argumento m?s negativo utilizado por Christison en aquella reuni?n, fuese el de que no merec?a la pena realizar cambios importantes en la normativa de la universidad porque no exist?an indicios de que hubiese una demanda 18 Idem, p. 93 19 Roberts, Shirley, o.c. p. 95 20 Idem, p. 95 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 325 importante por parte de las mujeres. Las clases mixtas eran absolutamente inaceptables, y los profesores no pod?an permitirse un exceso de trabajo para atender a un reducido n?mero de mujeres. Robert Christison, claro representante del pensamiento que consideraba a la mujer como un ser de escasa capacidad intelectual, condenada por la naturaleza a una actividad dom?stica, termin? aconsejando a las mujeres: ?Become midwives, not doctors!? 21 Estas opiniones tuvieron su efecto sobre el profesorado que hab?a sido inicialmente partidario de las mujeres. Tan s?lo el profesor de bot?nica, Dr. Balfour, acept? dar una clase para las mujeres en el curso de verano. El Dr. Allman, profesor de historia natural, inicialmente favorable, se neg? con la excusa de que su salud no le permit?a impartir doble n?mero de clases. Sophia tuvo entonces que recurrir a las extramural schools de Edimburgo, cuyo origen se remontaba al siglo XVI. En 1505, la Corporaci?n de Barberos y Cirujanos comenz? a impartir clases de anatom?a, iniciando as? la costumbre de que algunos doctores de la ciudad diesen clases pagadas a los futuros doctores. La universidad se cre? en 1583, pero no dispuso de facultad de medicina hasta 1726. Incluso entonces, estas escuelas independientes de la universidad o extramural schools, que hab?an funcionado durante tres siglos, siguieron funcionando y siendo bien consideradas, ya que algunos de sus profesores eran importantes doctores y cirujanos. Hasta mediados del siglo XIX, estas escuelas se administraban de forma muy informal pero en la segunda mitad del siglo, el Real Colegio de Doctores y Cirujanos de Edimburgo se hizo cargo de su supervisi?n. Una de las principales escuelas tuvo su sede en el edificio denominado Surgeon?s Hall, dotado de aulas y sala de disecciones para clases de anatom?a, situado junto al Real Colegio de Cirujanos. Comenzaron a distinguirse entonces por su car?cter innovador, siendo de hecho las primeras en ofrecer clases de nuevas materias tales como enfermedades de la piel, des?rdenes mentales o enfermedades infantiles, que no estudiaban en la universidad. Desde 1855, la universidad permit?a que sus alumnos cursasen hasta cuatro asignaturas de la carrera en las extramural schools. Sophia se puso en contacto con el Dr Alleyne Nicholson, profesor de historia natural en las escuelas extramuros, quien propuso admitirlas en las clases ordinarias si los alumnos estaban de acuerdo. As? sucedi?, y ?the first ?mixed class? was inaugurated and continued throughout the summer without the slightest 21 Idem, p. 95 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 326 inconvenience.? 22 Pero las dificultades continuaban. Una carta del doctor Henry Bennet, publicada en The Lancet del 8 de junio de 1870, es un ejemplo m?s de los argumentos esgrimidos en contra de las mujeres estudiantes de medicina por parte de gran n?mero de doctores. Adem?s de afirmar nuevamente la inferioridad f?sica e intelectual de la mujer que la hac?a incapaz de ejercer la medicina, pero la permit?a ser una perfecta comadrona o enfermera, librando a los doctores hombres de las tareas inferiores y m?s pesadas del cuidado m?dico, expresaba conceptos sexistas y racistas, tan repetidos por muchos pensadores de la ?poca: La respuesta de Sophia fue publicada en el n?mero de 9 de julio. Resulta un exponente de la lucha por la causa de las mujeres doctoras que Sophia mantuvo tambi?n a trav?s de la prensa, y, por otro, como un ejemplo de los argumentos con que las doctoras pioneras combat?an la visi?n negativa de la mujer victoriana, y trataban de desenmascarar los oscuros intereses y las falacias que yac?an tras muchos de los argumentos esgrimidos en contra de la realizaci?n acad?mica y profesional de la mujer. Ambos textos se recogen en el Anexo II. IV. La batalla por el acceso a la Edinburgh Royal Infirmary. Para el curso de invierno de 1870-71, las siete alumnas deb?an cursar las materias de cirug?a pr?ctica, con el Dr. Handyside, y de cirug?a con el doctor Heron Watson, ambas en clases mixtas en la escuela de Surgeons? Hall. Aunque el curso empezaba oficialmente en noviembre, se permit?a que aquellos estudiantes que lo deseasen comenzasen el trabajo de disecci?n un mes antes. As? lo hicieron las siete alumnas, trabajando, sin ning?n tipo de problema, en el mismo aula que los alumnos, aunque siempre en una zona reservada para ellas. En la reuni?n del Consejo General de la universidad de 28 de octubre de 1870, se volvi? a presentar una moci?n a favor de que se proporcionasen mayores facilidades a las mujeres estudiantes. De nuevo Christison se manifest? en contra, afirmando que incluso la Reina aprobaba su postura en contra de las mujeres estudiantes de medicina. (Cierto es que la Reina Victoria, en absoluto un modelo de mujer feminista, estuvo en contra de la petici?n del sufragio y de la lucha de la mujer por acceder a espacios p?blicos, y, concretamente a la pr?ctica de la medicina. En 1869, su hija, su Alteza Real 22 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 84 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 327 la Princesa Luisa acudi? a la consulta de Elizabeth Garrett, al parecer a escondidas de su madre. S?lo cuando tuvo conocimiento de los sufrimientos de las mujeres de la India, que no pod?an ser atendidas por doctores hombres, apoy? la Reina Victoria la existencia de mujeres doctoras a fin de que aquellas hijas del imperio recibieran cuidados m?dicos dispensados por otras mujeres). La moci?n fue rechazada por una votaci?n de 46 votos a favor y 47 en contra. Las alumnas necesitaban poder realizar pr?cticas, como el resto de los alumnos, en el ?nico hospital que cumpl?a las exigencias de la universidad: el Edinburgh Royal Infirmary. Pero su solicitud fue rechazada. Una segunda solicitud fue cursada por Sophia incluyendo cartas de recomendaci?n de los doctores Handyside y Watson y de tres miembros del personal m?dico de la Infirmary, aceptando a las mujeres en sus salas. En la siguiente reuni?n de los directores del hospital se discuti? la solicitud y cuando estaba a punto de ser aprobada, un oponente de la causa de las mujeres, argument? que se precisaba m?s tiempo para considerarla y solicit? se pospusiera la votaci?n para la reuni?n de la semana siguiente. Esta fue una semana de gran actividad, tanto para Sophia y sus compa?eras como para sus opositores. Unos quinientos estudiantes firmaron una petici?n contra la admisi?n de las mujeres en la Edinburgh Royal Infirmary, muchos de ellos, seg?n Sophia Jex-Blake, sin saber siquiera qu? estaban firmando. En la reuni?n de directores se prest? gran importancia a esta solicitud y la admisi?n de las mujeres al hospital fue rechazada por amplia mayor?a, al darse el hecho de que todos sus opositores estaban presentes y varios de sus partidarios no pudieron acudir por causas ineludibles. Al parecer, los alumnos hab?an sido apoyados o incluso incitados a redactar la petici?n por algunos de los profesores de la universidad. Seg?n Sophia Jex-Blake: ?I was told, indeed, at the time, that a medical Professor had said to some of his students, that ?it was really much to their credit that the students had not pelted the ladies away from the classes?.? 23 Pronto lo har?an. El viernes 18 de noviembre de 1870, sobre las cinco de la tarde, Sophia y sus compa?eras acud?an al primer examen de la clase de anatom?a del Dr Handyside. Al llegar a Nicholson Street, camino del Surgeons?Hall encontraron un amplio grupo de alumnos que las insultaron, y les arrojaron basura, llegando a verse cercadas por tales eminentes universitarios, ante la verja de acceso, verja que les cerraron bruscamente en 23 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 91 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 328 la cara cuando lograron llegar a ella.. Leamos los hechos tal como los relat? la principal protagonista: ?On the afternoon of Friday, November 18th, 1870, we women walked down together to Surgeons?Hall. As soon as we came in sight of the gates, we found a dense mob filling up the roadway in front of them, comprising some dozen of the lowest class of our fellow students at Surgeons?Hall, with many more of the same class from the University, a certain number of street rowdies, and some hundreds of gaping spectators, who took no particular part in the matter. Not a single policeman was visible, though the crowd was sufficient to stop all traffic for about an hour. We walked down straight up to the gates, which remained open until we came within a yard of them, when they were slammed in our faces by a number of young men, who stood within, smoking and passing about bottles of whisky, while they abused us in the foulest possible language?? 24 Uno de sus compa?eros, Mr. Sanderson, viendo lo que suced?a desde el interior, acudi? en su ayuda, abri? la puerta y las acompa?? hasta el aula donde se iba a celebrar el examen. El Dr. Handyside logr? expulsar a varios intrusos y comenz? la prueba pese al ruido reinante en el exterior. No pudo evitar, sin embargo, que los alborotadores introdujeran una cabra en la clase. ??Let it remain?, said Dr. Handyside; ?it has more sense than those who sent it here.?? 25 Pese a la tensi?n del momento, todas las mujeres aprobaron el examen. Al finalizar el mismo varios de sus condisc?pulos las acompa?aron y continuaron haci?ndolo al comienzo y el final de las clases durante los d?as siguientes, hasta que la propia Sophia les pidi? que dejaran de escoltarlas, al restablecerse la normalidad. Las mujeres siguieron recibiendo espor?dicamente insultos verbales o expresados en an?nimos. Asimismo aparecieron varios art?culos muy agresivos contra ellas en distintas publicaciones, tales como el Medical Times Gazette, de 19 y 26 de noviembre y 3 y 10 de diciembre de 1870, y el Saturday Review del 26 de noviembre de 1870. Algunos de los p?rrafos m?s negativos fueron recogidos en una circular que se envi? a los miembros del Comit? de Contribuyentes del hospital. Pocos d?as despu?s de la revuelta, Sophia supo que se estaba preparando una nueva concentraci?n de estudiantes y se lo comunic? al Profesor Wilson, secretario del Senado, quien pidi? al profesor Turner que terminara su clase a las cinco y cinco, a fin de que las mujeres pudieran llegar a su casa antes de la salida de los alumnos de clase. 24 Idem, p. 92 25 Idem, p. 93 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 329 Sin embargo, el d?a previsto, la clase del profesor Turner termin? a las cinco menos cuarto. Afortunadamente era una tarde lluviosa y nadie acudi? a la convocatoria. Por otra parte, las estudiantes fueron escoltadas por el grupo de alumnos que les prestaban apoyo, la mayor?a muchachos irlandeses que las animaban a estudiar en Old Oireland. A?os m?s tarde, en 1876, ser?a el Irish College of Physicians el primer Tribunal Examinador que abri? sus puertas a las mujeres en Gran Breta?a. Coincidimos con Shirley Roberts en que ?The Riot at Surgeons?Hall became a landmark in the history of the medical women?s campaign. It attracted widespread publicity and won the women many new friends and sympathizers, but it was to have an even more dramatic sequel.? 26 El 2 de enero de 1871, se celebr? en la catedral de St. Giles una reuni?n del Comit? de Contribuyentes (personas o empresas que manten?an el Hospital con sus donaciones) del hospital, en la que ten?an que ser elegidos seis Directores. El propio Lord Presidente de la universidad propuso la elecci?n de seis caballeros que eran favorables a la causa de las mujeres, pero la propuesta fue rechazada por una votaci?n de noventa y cuatro a ochenta y ocho, d?ndose la circunstancia de que fue esta la primera ocasi?n en que ejercieron su derecho al voto las mujeres contribuyentes. Sophia asist?a a esta reuni?n con voz y voto por ser Contribuyente. En su intervenci?n se refiri? a las situaciones enfrentadas por ella y sus compa?eras durante su primer a?o en Edimburgo. Se?al? que la oposici?n encontrada se deb?a fundamentalmente a la acci?n de un reducido grupo de hombres quienes, ??had pledged from the first to defeat our hopes of education and render all our efforts abortive ? who, sitting in their places on the Infirmary Board, took advantage of the almost irresponsible power with which they were temporarily invested, to thwart and nullify our efforts?? 27 Al referirse a la revuelta de Surgeons?Hall, se?al? como uno de los responsables de la misma al ayudante del Dr. Christison y de forma indirecta a ?ste mismo. ??This I do know, that the riot was not wholly or mainly due to the students at Surgeons?Hall. I know that Dr. Christison?s class assistant was one of the leading rioters, and the foul language he used could only be excused on the supposition I heard that he was intoxicated. I do not say that Dr. Christison knew of or sanctioned his presence, but I do say that I 26 Roberts, Shirley, o.c. p. 106 27 Idem, p. 106 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 330 think he would not have been there, had he thought the doctor would have strongly objected to his presence.?? 28 Christison la interrumpi? solicitando al presidente que la obligase a retractarse. Sophia se vio obligada a retirar la palabra intoxicated, pero haciendo el siguiente comentario: ??If Dr Christison prefers that I should say he used the language when sober, I will withdraw the other supposition .?? 29 En la siguiente reuni?n, de 16 de enero, el reverendo profesor Charteris present? una moci?n expresando el deseo de los Contribuyentes de que se tomasen las medidas oportunas para permitir el acceso de las mujeres, moci?n que volvi? a ser rechazada por la misma diferencia de votos. Pero en esta reuni?n se dieron varios hechos fundamentales en la historia de la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a. No se trataba ya del problema individual de siete aspirantes a doctoras, se transformaba en un tema social, enraizado en la lucha de las mujeres y en el que comenzaban a comprometerse otros ciudadanos, hombres y mujeres. En primer lugar, se present? una petici?n a favor de la admisi?n de las estudiantes firmada por novecientas cincuenta y seis mujeres de Edimburgo: ??LADIES AND GENTLEMEN,- We, the undersigned Women of Edinburgh, not being able to attend the Meeting at which the admission of Female Medical Students to the Infirmary will be discussed, desire hereby to express our great interest in the issues involved, and our earnest hope that full facilities for Hospital study will be afforded by the Managers to all women who desire to enter the Medical Profession.?? 30 Una dama, Mrs. Nichol, tom? la palabra para formular en nombre de m?s de 1300 mujeres de todo el pa?s, una pregunta que cuestionaba la calidad humana de los futuros doctores y su relaci?n con las pacientes: ??If the students studying at present in the Infirmary cannot contemplate with equanimity the presence of ladies as fellow-students, how is it possible that they can possess either the scientific spirit, or the personal purity of mind, which alone would justify their presence in the female wards during the most delicate operations on, and examinations of female patients??? 31 El profesor Muirhead defendi? la exclusi?n de las mujeres en nombre de las objeciones que podr?an poner los pacientes masculinos, y teniendo tambi?n en cuenta 28 Idem, p. 106 29 Idem, p. 106 30 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 98 31 Idem, p. 99 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 331 ??the interests of the male students, whose feelings of delicacy ...were violated by the idea of the presence of women?? 32 Era ?ste uno de los argumentos repetidos con frecuencia en contra del acceso de las mujeres a la formaci?n y pr?ctica de la medicina, que rebatieron con claridad los doctores Charteris y Cose: ??But are the nurses in the wards not females, and are they not present during the medical visits, without proving a restraint either on freedom of speech or freedom of action??? 33 Al mismo tiempo, se presentaron dos peticiones al Comit? de Directores de la Royal Infirmary a favor de la admisi?n de las mujeres, una firmada por veintitr?s alumnos y otra por un grupo de importantes ciudadanos En la siguiente reuni?n, celebrada el 26 de enero, se constituy? un comit? denominado The Comittee for Securing a Medical Education to the Women of Edinburgh, cuya finalidad era organizar la campa?a de apoyo a las mujeres y conseguir la financiaci?n necesaria. La primera reuni?n se celebr? el 19 de abril de 1871, momento en que ya contaba con trescientos setenta y cinco miembros residentes en Edimburgo y ciento sesenta en el resto de Inglaterra, entre los que figuraban respetables e importantes reformistas de todo el pa?s, tales como el obispo de Exeter, Henry y Millicent Fawcett, Harriet Martineau, Russell Gurney, Frances Power Cobbe, Charles Darwin, Francis Galton, Thomas Huxley, Lord Shaftesbury, William Law (Lord Provost de Edimburgo), Alexander Russel (editor del peri?dico Scotsman, que prest? continuo apoyo a las mujeres), el profesor Masson, Luisa Stevenson, quien actu? como secretaria honor?fica del Comit?, etc. Es preciso hacer constar que exist?a ya una tradici?n en Edimburgo de apoyo al acceso de las mujeres a la universidad. En el verano de 1867, Mrs. Crudelius convoc? una reuni?n en su casa de Inverleith Terrace. En dicha reuni?n se constituy? la Edinburgh Association for the Higher Education of Women. ?With wide popular support and with the co-operation of almost all of the Senatus of the University, headed by David Masson, Professor of English Literature, the Association set up an institute in premises en Shandwick Place where every year a full and varied syllabus of teaching was provided.? 34 Esta asociaci?n pretend?a ofrecer a las mujeres ?an education similar, and equal in standard, to that enjoyed by men students in the Arts faculty of the 32 Idem, p. 100 33 Idem, p. 100 34 Watson, William N.?The First Eight Ladies?, en University of Edinburgh Journal, primavera 1968, p. 227 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 332 University? 35 . Los cursos eran impartidos por profesores de la universidad y al cabo de algunos a?os el proyecto fue oficialmente reconocido ?by appointing its own representatives to the board of management and by introducing a University Certificate in Arts for successful students of the Association and for them alone? 36 . En otro cap?tulo nos referiremos a algunas de las alumnas de la Association for the Higher Education of Women. Las manifestaciones de Sophia en St. Giles tuvieron como consecuencia la presentaci?n de una demanda por difamaci?n por parte de Mr. Craig, el ayudante del Dr. Christison, solicitando la cantidad de mil libras por da?os y perjuicios. El juicio se celebr? a finales de mayo. Por consejo de su abogado, y contra su propia opini?n, Sophia renunci? a tratar de probar la verdad de sus acusaciones, creyendo que el interrogatorio del acusado ser?a suficiente. Al conseguir el abogado del demandante que ?ste no fuese sometido a interrogatorio, Sophia perdi? la ?nica v?a que le quedaba para probar la veracidad de su acusaci?n. La sentencia final fue favorable a Mr. Craig, aunque s?lo se impon?a como indemnizaci?n el pago de un cuarto de penique, pero algunas semanas m?s tarde se le comunic? que deb?a pagar las costas legales de ambas partes, que ascend?an a 916 libras. El Comit? organiz? r?pidamente una recogida de fondos, que permiti? pagar todos los gastos, devolver a Thomas Jex-Blake el cheque de quinientas libras que hab?a enviado, y a?adir 112 libras al fondo que ya se hab?a establecido para financiar la futura construcci?n de un hospital de mujeres que, como hemos visto en el cap?tulo anterior, se har?a realidad al crear Sophia en 1885 el Edinburgh Hospital and Dispensary for Women. Respecto a las pr?cticas hospitalarias, de nuevo se plante? en enero de 1872 la elecci?n anual de directores de la Royal Infirmary. En esta ocasi?n sali? elegida, por 177 contra 168 votos, la lista de candidatos favorables a la admisi?n de las mujeres. El profesor Masson propuso que la Corte de Contribuyentes aprobase un estatuto otorgando a las mujeres los mismos derechos de que disfrutaban los estudiantes hombres. El grupo de oponentes abandon? la reuni?n en se?al de protesta, ante lo que el reverendo Dr.Guthrie pronunci? una palabras que pueden ser reflejar algunas de las contradicciones victorianas: ?he indignantly exclaimed that ?it seemed to him monstruous that when the country committed the fortune of the State to a woman?s 35 Idem, p. 227 36 Idem, p. 227 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 333 hand, women should not be trusted with administering a dose of physic or preparing a blister?.? 37 Tras la aprobaci?n de este estatuto, las puertas de la Edinburgh Royal Infirmary quedaban abiertas a las mujeres. Pero sus oponentes encontraron inmediatamente un nuevo obst?culo: en la reuni?n de Contribuyentes, hab?an votado a favor de las mujeres treinta y una se?oras, siete doctores y veintiocho empresas, y en contra, dos se?oras, treinta y siete doctores y catorce empresas. Cuando se hizo p?blico este resultado en la siguiente reuni?n de Contribuyentes, aunque gan? nuevamente el voto a favor de la admisi?n de las mujeres y contra la exclusi?n del voto de las empresas, se present? ante el Lord Provost un interdicto prohibiendo que se hiciese efectivo el nombramiento de los seis Directores elegidos por deber ser anulados los votos de las empresas. Nunca con anterioridad se hab?a puesto objeci?n alguna a tener en cuenta el voto de las empresas contribuyentes y, se trataba, adem?s, de empresas cuya donaci?n era pr?cticamente indispensable para mantener el hospital. Este interdicto imped?a el nombramiento de los directores y, consecuentemente, la aplicaci?n del estatuto aprobado en la reuni?n anterior. Los procedimientos legales se prolongaron hasta el 23 de julio de 1872, cuando el juez Lord Jerviswoode declar? como v?lidos los votos de las empresas. Pero esta decisi?n fue apelada y la sentencia definitiva no se produjo hasta el 7 de diciembre de 1872, cuando apenas quedaba un mes de actuaci?n de los seis directores favorables a las mujeres elegidos unos a?os antes. Entretanto, en octubre de 1872, el secretario de la Royal Infirmary, Mr. Peter Bell, escribi? a los doctores de este hospital para conocer su opini?n sobre la posible admisi?n de las mujeres en los mismo t?rminos que los alumnos varones. La respuesta del famoso cirujano Joseph Lister dram?tica o c?mica seg?n la perspectiva que se adopte, es un ejemplo de desvalorizaci?n de las mujeres, prejuicios no explicados respecto a la posibilidad de clases mixtas y una visi?n catastrofista sobre los grandes inconvenientes que la presencia de alumnas de medicina reportar?a al hospital. Una vez m?s un hombre que proporcion? un gran avance a la historia de la ciencia, en este caso de la Medicina, estaba totalmente condicionado por una visi?n negativa de la mujer y de su papel profesional. (Ver texto completo en Anexo II). En la reuni?n de Contribuyentes del 16 de diciembre, tales directores fueron nombrados oficialmente, y el 23 de diciembre fue finalmente aprobada la admisi?n de 37 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 125 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 334 las mujeres a la Royal Infirmary, ?on the towfold condition that their attendance was to be ?separate?, and that they were only to go to those wards where their presence was invited by the physicians and surgeons,- i.e. to only about 80 beds, or less than one- sixth of the whole.? 38 Tener que realizar las pr?cticas en las salas separadas de los alumnos creaba una dificultad adicional, que pudieron salvar con la ayuda de los doctores. Balfour y Watson. El Dr. Balfour se ofreci? a darles una clase independiente tres veces a la semana y el Dr. Watson, al estar muy ocupado durante la semana, les dedicaba el domingo por la ma?ana, su ?nico d?a de descanso. Se dio incluso el farise?smo de atacar tal hecho por motivos religiosos, al acusarle de romper el descanso sab?tico. Ante tal acusaci?n, el propio Rector acompa?? a las mujeres en una de estas clases dominicales para poder testimoniar del valor religioso de la actividad realizada por las mujeres. El Dr. Watson intent? tambi?n que tuvieran acceso a sus operaciones, desde una galer?a superior y separadas de la vista de los alumnos, pero tal medida fue rechazada, aunque se admitiera sin esc?ndalo la presencia de enfermeras, a?n no muy bien cualificadas, en el quir?fano. Las mujeres apenas ten?an acceso a una m?nima parte de las pr?cticas que se permit?a realizar a los hombres, tal como describ?a a?os m?s tarde Isabel Thorne. ?there were no attendance or casualties or out-patients, no pathological demonstrations, no surgical dresserships, no special departments of any kind; we had to be content with what our kind friends could give, which was limited to teaching on patients in their own wards, and we were allowed to take notes on a few cases in Dr. Balfour?s wards. Very grateful were we for the facilities thus afforded us, and for our teachers? goodness in bestowing on us so much of their valuable time.? 39 Precisaban tambi?n realizar pr?cticas en un dispensario. En octubre de 1871, solicitaron admisi?n en el Royal Dispensary, y el Medical Mission Dispensary, siendo rechazada su solicitud por ambos dispensarios. En mayo de 1872 volvieron a solicitar admisi?n en el Royal Dispensary. Se acept? entonces su petici?n, siempre dependiendo de que alguno de los doctores admitiese sustituir su clase de alumnos por una clase de alumnas. El doctor Peel Ritchie, aunque inicialmente no estaba a favor de que las mujeres estudiasen medicina, las acept?. Pese a las m?ltiples dificultades encontradas, Sophia y sus compa?eras pudieron realizar, entre enero de 1872 y febrero de 1874, los 38 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 129 39 Isabel Thorne. Sketch of the Foundation and Development of the London School of Medicine for Women. Londres. Women?s Printing Society, 1915. p. 18 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 335 dos a?os de pr?cticas hospitalarias requeridos para acceder a la obtenci?n del t?tulo en la facultad de medicina de la universidad de Edimburgo. V. La batalla legal en la Universidad de Edimburgo Al terminar en marzo el semestre de invierno, de nuevo las mujeres obtuvieron puestos de honor en las listas por sus altas calificaciones. Era costumbre que los presidentes del Colegio de M?dicos y el Colegio de Cirujanos acudiesen a la ceremonia de entrega de premios a los mejores alumnos. ?..it was solemnly announced that ?neither the President of the College of Physicians nor the President of the College of Surgeons would preside at the proceedings if lady students were to be present and to receive their prizes on this occasion? (Scotsman, 11 de marzo de 1871). The result was that the usual public prize-giving had to be abandoned, and the prizes distributed in each class privately? 40 Pese a ello, las listas fueron publicadas en la prensa, el p?blico conoci? los excelentes resultados obtenidos por las alumnas, pero quiz?s el efecto m?s importante fue el influir negativamente en los profesores de las escuelas extramuros, que depend?an hasta cierto punto del apoyo de los colegios profesionales. De hecho, en reuni?n de los profesores de Surgeons?Hall se present? una moci?n a favor de rescindir los privilegios otorgados a las mujeres, cuesti?n que se dej? pendiente hasta el final del semestre de verano, puesto que ya se hab?a aceptado su matriculaci?n en algunas materias durante dicho semestre. Efectivamente, al final del semestre de verano los profesores de Surgeons?Hall decidieron por mayor?a ?to rescind the permission given last summer to those lecturers who desired it to admit ladies to their classes?. 41 Se propuso permitir la asistencia a clases separadas pero finalmente la mayor?a vot? a favor de una prohibici?n total, salvo en el caso de mujeres que no fueran alumnas de medicina. Tal votaci?n s?lo obligaba a los profesores de Surgeons? Hall, por lo que las mujeres ten?an ahora que tratar de conseguir ser aceptadas por profesores de las restantes escuelas de extramuros. Durante 1871 se hab?an unido al grupo otras cuatro mujeres, siendo de alguna forma el cuartel general de todas ellas la casa de Buccleuch Street, donde resid?an Sophia, Edith Pechey e Isabel Thorne y sus cuatro hijos. Las cinco alumnas que hab?an comenzado sus estudios en 1869 hab?an completado ya la mitad de sus estudios, parte 40 Idem, p. 106 41 Idem, p. 113 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 336 en la universidad y cuatro de las materias cursadas, en las escuelas extramuros. Dado que la ley no permit?a a los estudiantes de la universidad de Edimburgo cursar m?s de cuatro materias en tales escuelas, y que los profesores universitarios cuyas materias les tocaba cursar se negaban a admitirlas, Sophia y sus compa?eras se encontraban ahora ante una seria dificultad para completar los estudios iniciados. El 26 de junio de 1871, Sophia dirigi? una petici?n al Senado, sugiriendo se les permitiera una de estas dos soluciones: nombrar en la universidad profesores especiales para las mujeres (por ejemplo, ayudantes de los catedr?ticos) a quienes ellas pagar?an; o bien permitirles con car?cter excepcional cursar m?s de cuatro materias en las escuelas extramuros. El Senado consult? previamente sobre las atribuciones legales de la universidad y decidi? finalmente en reuni?n de 28 de julio, por mayor?a de un solo voto, no tomar acci?n alguna. Resaltamos dos puntos fundamentales de la opini?n legal en que se apoy? el Senado: Primero, ??that the University has all along been and must still be regarded as an institution devoted exclusively to the education of male students. The result of this view, in our opinion, is that males alone have any right to demand, and on complying with the regulations of the University to obtain, admission to the privilege of Studentship?? 42 Seg?n esto, por tanto, las mujeres no ten?an derecho legal a ser alumnas de la universidad de Edimburgo y, no pod?an adquirir tal derecho, aunque se les hubiese permitido acceder a las clases: ??It may be that the Senatus or other authorities can give permission to the Professors of the University to teach persons not legally entitled to demand admission as students; but we do not think that persons who have attended lectures by virtue of such privileges have, even when permitted to matriculate, any right to claim the position or privileges of students.?? 43 Entretanto el comit? de apoyo hab?a solicitado consejo al Lord Advocate y Sheriff Fraser, sobre el siguiente punto: ?That it was quite competent to the University authorities to make any necessary provision for the completion of the ladies? education; and that the Medical Faculty were bound to admit the ladies to professional Examination on the subjects in which they were already to pass.? 44 Para obtener el t?tulo, los estudiantes de medicina de Edimburgo deb?an pasar cuatro ex?menes, denominados Professional Examinations, a lo largo de los cuatro 42 Roberts, Shirley, o.c. p. 113 43 Idem, p. 114 44 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 115 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 337 cursos de estudio. El primero de estos ex?menes, en las materias de qu?mica, bot?nica e historia natural, pod?a realizarse al final del segundo a?o o bien durante el tercero o cuarto. Las cinco alumnas pioneras hab?an cumplido todos los requisitos para poder presentarse a este examen en octubre de 1871, y tem?an que los argumentos dados en el consejo legal al Senado se utilizasen en contra del ejercicio de tal derecho. Cuando Sophia regres? a Edimburgo a finales de septiembre, tras unas cortas vacaciones en Perthshire con Lucy Sewall, encontr? la respuesta del Sheriff Fraser, confirmando que la universidad hab?a actuado legalmente al permitir la matriculaci?n de las mujeres y que, por tanto, ten?an todos los mismos derechos y privilegios que los alumnos hombres. Por otra parte, el programa de la universidad para el curso 1871-1872 segu?a incluyendo las Regulations for the Education of Women in Medicine, lo que parec?a ser un reconocimiento de su existencia como alumnas. Sophia y sus compa?eras se matricularon para realizar el examen el d?a 24 de octubre. Adem?s Sophia solicit? la matr?cula para el examen de admisi?n, que se celebrar?a los d?as 17 y 18 de octubre, para tres nuevas candidatas, las se?oritas Dahms, Miller y Mundy. El d?a 14 de octubre cada una de las cinco candidatas al First Professional Examination recibi? una carta del Decano en los siguientes t?rminos: ??Madam, I am instructed by the Medical Faculty to inform you that your name and your fees have been received in error by the Clerk of the University as a candidate for the First Professional Examination during the present month, but that the Faculty cannot receive you for such examination without the sanction of the Senatus Academicus. I am, Madam, Your obedient servant, J.H. Balfour. Dean of the Medical Faculty.?? 45 ?Dif?cil papel le obligaban las circunstancias a jugar al Dr. Balfour, como decano, en contra de su postura personal de apoyo a la causa de las mujeres! Dos d?as m?s tarde, el 16 de octubre, Sophia recib?a esta otra carta, firmada por un empleado de la secretar?a de la universidad: ??Madam, I am desired by the Dean of the Medical Faculty to inform you that he has been interdicted by the Faculty from giving examination papers to ladies on the 17th and 18th curt. Kindly communicate this fact to the ladies whose names you some time ago handed in to me for this examination.?? 46 45 Todd, Margaret. The Life of Sophia Jex-Blake. MacMillan. Londres, 1918. p. 333 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 338 Los abogados de Sophia cursaron inmediatamente una carta al decano, adjuntando la opini?n legal de Patrick Fraser y amenazando con presentar una demanda por da?os y perjuicios si persist?a en impedir el acceso de las candidatas al examen de ingreso. La respuesta del Decano, cursada tambi?n el mismo d?a 16 de octubre permit?a la presentaci?n al examen sin garantizar el derecho a matr?cula: ??I have received the legal notice from your solicitor. Under these circumstances I shall not take the responsability of refusing the ladies admission to the preliminary examination as heretofore. But I must inform you that I admit them provisionally until the matter is decided by the proper authorities, and without prejudice as regards myself.?? 47 Las candidatas se presentaron al examen, pero cuando fueron a formalizar su matr?cula se les inform? de que el director, Alexander Grant, por indicaci?n del profesor Christison, hab?a indicado que no se deb?a matricular a ninguna mujer por el momento. Las mujeres apelaron inmediatamente al Senado, y el Comit? de ayuda present? asimismo la opini?n legal obtenida y una carta solicitando que se tomasen todas las medidas precisas para continuar con la educaci?n m?dica de las alumnas. El Senado, en reuni?n del 21 de octubre, se inclin? ahora a favor de las mujeres, autorizando su matriculaci?n y reconociendo su derecho a presentarse a los ex?menes. Sophia y sus compa?eros realizaron el First Professional Examination el d?a 24 de octubre. Todas aprobaron menos Sophia, quien de nuevo hab?a puesto sus energ?as, su tiempo y su dedicaci?n al servicio de una causa, obteniendo un ?xito que no repercut?a, al menos de momento, en su propio ?xito personal. En la reuni?n de octubre de 1871, del Consejo de la Universidad, el Dr. Alexander Wood intent? se aprobara una resoluci?n haciendo constar que el Tribunal de la Universidad y el Senado deb?an dar posibilidades a Sophia y sus compa?eras de completar los estudios que se les hab?a permitido iniciar. (Ver texto completo en el Anexo II). Esta resoluci?n iba apoyada por las firmas de m?s de nueve mil mujeres de todas las clases sociales y procedencias dentro de Gran Breta?a. La oposici?n encabezada por los profesores Turner, Thompson y Christison, logr?, por ciento siete votos contra noventa y siete, que se aprobase una enmienda proponiendo que esta cuesti?n fuese resuelta por el Tribunal de la Universidad y el Senado. En reuni?n de 30 de octubre de 1871, y ante la propuesta del Comit? de apoyo de sufragar los gastos que pudieran derivarse de adjudicar profesores exclusivamente para 46 Idem., p. 333 47 Idem., p. 335 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 339 impartir ense?anza a las mujeres, el Senado decidi? por mayor?a no tomar medida alguna que permitiese a las mujeres completar sus estudios. En una reuni?n posterior, el Senado decidi?, por un solo voto de diferencia, catorce contra trece, recomendar al Tribunal de la Universidad que se rescindiesen las regulaciones sobre las mujeres estudiantes, salvaguardando los derechos de las ya matriculadas. Pero, afortunadamente, no era ?sta la actitud de la mayor?a del profesorado y dieciocho de los treinta y cinco profesores de la universidad enviaron una protesta contra tal medida al Tribunal universitario, y ?ste volvi? a confirmar las regulaciones en enero de 1872. Era evidente que se trataba de evitar que las mujeres pudieran alcanzar un t?tulo que les permitiese ejercer la medicina en situaci?n de igualdad con los hombres, hasta el extremo de que alguno de los doctores que se negaron a dar clase a las mujeres matriculadas, bajo el pretexto de falta de salud y de tiempo, acept? sin embargo impartir un curso a ?non professional lady students?. 48 En la sesi?n de invierno de 1871-1872, Sophia y sus compa?eras lograron ?nicamente matricularse en la clase de qu?mica del doctor Stevenson Macadam, en una escuela extra-muros. Por otra parte, en el invierno de 1871-72, tres de las compa?eras de Sophia (del grupo denominado Edimburgh Seven), Helen Evans, Matilda Chaplin y Mary Anderson, abandonaron los estudios para casarse. A?os m?s tarde, dos de ellas retomar?an los estudios y obtendr?an el t?tulo de doctoras. Por tanto, en 1872 quedaban siete mujeres matriculadas como alumnas de medicina en la universidad de Edimburgo. Otras seis o siete asist?an a clase en las extramuros, sin estar matriculadas, seguramente con el proyecto de acceder a ex?menes en facultades del extranjero. Algunas de ellas disfrutaban de becas concedidas por Elizabeth Garret y otras mujeres profesionales. En enero de 1872, el Tribunal de la Universidad declar? que no pod?an tomar medida alguna que permitiese a las mujeres continuar sus estudios ?with a view to a degree, but that, if we would altogether give up the question of graduation, and be content with certificates of proficiency, they would try to meet our views!? 49 No se prohib?a que un reducido grupo de damas adquiriesen ciertos conocimientos de medicina que podr?an usar en el ?mbito familiar o en obras caritativas, pero s? que pudieran acceder al ejercicio de la profesi?n en el ?mbito p?blico. Sophia replic? inmediatamente que los certificados de asistencia les eran in?tiles, al no estar reconocidos en la Medical Act de 1858 para el ejercicio de la profesi?n; que hab?an 48 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 123 49 Idem, p. 126 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 340 abonado las tasas de matr?cula al igual que el resto de los alumnos, no ?nicamente tasas de ense?anza y que se les hab?a exigido realizar el examen preliminar de acceso ?for the medical degree?, habiendo aprobado asimismo cuatro de las alumnas del primer examen profesional. Sophia incluy? en su escrito la sugerencia de que se dejase moment?neamente de lado el tema de la graduaci?n para atender a la provisi?n de medidas que les permitieran cursar las materias pendientes. La respuesta del Tribunal de la Universidad parec?a en principio un triunfo de las mujeres, al manifestar que ??they were desirous to remove, so far as possible, any present obstacle in the way of a complete medical education being given to women; provided always that medical instruction to women be imparted in strictly separate classes?? 50 ? aunque m?s adelante manifestaban que ??it is, however to be distinctly understood that such arrangements are not to be founded on as implying any right in women to obtain medical degrees, or as conferring any such right in women to obtain medical degrees, or as conferring any such right upon the students referred to.?? 51 (El texto completo de la petici?n de Sophia y la respuesta del Tribunal de la Universidad se incluyen en el Anexo II). Tratando de aclarar totalmente la postura del Tribunal, Sophia solicit? se le confirmase si pod?an considerar garantizados los dos puntos siguientes: ?1. That, though you at present give us no pledge respecting our ultimate graduation, it is your intention to consider the proposed extra-mural courses as ?qualifying? for graduation, and that you will take such measures as may be necessary to secure that they will be so accepted, if it is subsequently determined that the University has the power of granting degrees to women. 2. That we shall be admitted in due course to the ordinary professional Examinations, on presentation of the proper certificates of attendance on the said extramural classes.? 52 La inmediata respuesta del Tribunal de la Universidad fue contundente: ni se reconocer?an las clases de las escuelas extramuros, ni se tomar?a medida alguna para permitir a las mujeres la consecuci?n de sus t?tulos legalmente reconocidos. S?lo les quedaba a las mujeres el camino de una reclamaci?n legal contra el Senado de la Universidad: ?we brought an action of declarator against the Senatus of the University, praying to have it declared that the Senatus was bound, in some way or other, to enable us to complete our education, and to proceed to the medical degree which would entitle 50 Idem, pp. 137-38 51 Idem, p. 138 52 Idem, p. 138 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 341 us to take place on the Medical Register.? 53 En escrito presentado en la reuni?n de 27 de marzo de 1872, seis miembros del Senado manifestaron rotundamente su decisi?n de no actuar en defensa del mismo en este litigio,. (Ver Anexo II). Otros dos profesores, los doctores Fleeming Jenkin y Cosmo Innes, solicitaron asimismo se retirase su nombre de la lista de defensores del Senado. El 26 de julio de 1872 se produc?a la sentencia del Lord Ordinario (Mr. Gifford), a favor de la solicitud de las mujeres. La universidad ten?a ahora respaldo legal para otorgar a las mujeres todos los derechos y privilegios correspondientes a la condici?n de estudiantes y permitirles acceder a los ex?menes para la obtenci?n del t?tulo. (Ver texto en Anexo II). Sin embargo, en vez de ello, la universidad present? apelaci?n en la C?mara Interna, y, finalmente, el juicio celebrado en junio de 1873, fue favorable a la universidad, por siete votos contra cinco. Las mujeres perd?an todo derecho a completar sus estudios y obtener los t?tulos correspondientes y eran adem?s condenadas a pagar los gastos de ambas partes que ascend?an a 848 libras con seis chelines. Al parecer, los jueces que votaron a favor de la Universidad lo hicieron por considerar que ?sta hab?a cometido un acto ilegal al admitir a las mujeres cuatro a?os atr?s. Ante estos hechos se produjo un enfrentamiento de posturas entre Elizabeth Garrett y Sophia Jex-Blake. El 5 de agosto de 1873, Elizabeth public? una carta en el peri?dico The Times, manifestando su punto de vista: en vea de entablar una batalla legal con las universidades brit?nicas, Elizabeth consideraba que las mujeres que deseasen estudiar medicina, deb?an tratar de hacerlo en una universidad extranjera. (Extractos en Anexo II). Sophia contest? mediante carta publicada el 23 de agosto en el mismo peri?dico, reafirmando las posibilidades de conseguir el t?tulo que las mujeres ten?an en Gran Breta?a y su voluntad de conseguir que las puertas de las universidades brit?nicas y con ellas las del Registro se abriesen para las mujeres. (Ver Anexo II). Durante el curso 1872-73, Sophia curs? solicitudes a las universidades de St. Andrews, en Escocia, y de Durham, pero ambas fueron rechazadas. Estas gestiones y el seguimiento de las reclamaciones legales no impidieron a las mujeres continuar, no s?lo sus clases pr?cticas en la Royal Infirmary, sino tambi?n seguir un curso de pr?ctica de Medicina con el doctor George Balfour y otro de Anatom?a Pr?ctica con el Dr.Hoggan (ayudante del Dr. Handyside) aunque la universidad se negase a reconocer esta ?ltima. 53 Idem, p. 141 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 342 En el verano de 1873 realizaron un curso de Jurisprudencia M?dica con el Dr. Littlejohn y en el invierno siguiente cursaron Medicina Cl?nica, Obstetricia, Materia M?dica y Patolog?a en la escuela extramuros. Los profesores de estas dos ?ltimas materias solicitaron ser reconocidos por la universidad de St. Andrews. De esta forma, pese a la negativa de la universidad, en marzo de 1874 las alumnas que hab?an comenzado con Sophia en 1869 hab?an cursado ya todas las materias a que pod?an optar en Edimburgo y hab?an completado asimismo los dos a?os de pr?cticas hospitalarias. VI. La batalla legal en el Parlamento El 2 de marzo de 1874 se celebr? la ?ltima reuni?n del Comit? de apoyo. El profesor doctor George Balfour, quien hab?a prestado continuo apoyo a las mujeres, propuso que se trasladase el tema al Parlamento y, finalmente, se redact? una escrito dirigido al Primer Ministro solicitando la intervenci?n del gobierno. (Ver texto completo en Anexo II). La batalla parlamentaria se hab?a iniciado en agosto de 1872, cuando Sir David Wedderburn, durante el debate sobre el presupuesto de la Administraci?n P?blica, propuso que la cantidad asignada a la universidades escocesas deb?a reducirse en la cantidad correspondiente a los salarios de los profesores de la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo. Y explic? que tal propuesta pretend?a poner de relieve ?the inexcusable conduct of the Medical Faculty? 54 , pero dado que acababa de producirse un jucio favorable a las mujeres por parte del Lord Ordinario, era de esperar que la universidad atendiera sus justas peticiones, y que, en caso de que el Senado no lo hiciera as?, ?l volver?a a presentar una moci?n similar al a?o siguiente. Dado que la universidad apel? la decisi?n del Lord Ordinario y la decisi?n final de junio de 1873 fue en contra de las aspiraciones de las mujeres, como hemos visto anteriormente, Sir David Wedderburn hizo saber el 29 de julio de 1874 que presentar?a al comienzo de la siguiente sesi?n parlamentaria ?a Bill to grant to the Scottish Universities the powers they were now supposed not to possess, to educate women in medicine, and to grant to them the ordinary medical degrees.? 55 A primeros de enero de 1874, Sophia se traslad? a Londres, donde mantuvo conversaciones con varios miembros del gobierno. El Ministro del Interior era partidario de presentar una propuesta de ley a favor de las mujeres, movido por la 54 Idem, p. 168 55 Idem, p. 169 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 343 solicitud presentada por cuatrocientos setenta y un graduados de la universidad de Londres, por la que ?l era diputado (ver texto en Anexo II), pero una repentina disoluci?n del parlamento y cambio de gobierno paraliz? moment?neamente tal posibilidad. En abril de 1874, un grupo de parlamentarios pertenecientes al partido conservador y el partido liberal, el Honorable W. Cowper-Temple, el Honorable Russell Gurney, Mr. Orr Ewing y el Dr. Cameron, presentaron al Parlamento una propuesta de ley bajo el t?tulo de ?A Bill to Remove Doubts as to the Powers of the Universities of Scotland to admit Women as Students, and to grant Degrees to Women.? 56 Pese a lo limitado del alcance de la ley: permitir a las universidades de Escocia que lo deseasen matricular a mujeres como alumnas de pleno derecho, el Tribunal y el Senado de la universidad de Edimburgo presentado sendas oposiciones a la propuesta de ley. La del Senado iba firmada ?nicamente por doce de sus treinta y siete miembros. Asimismo se present? otro escrito contra la propuesta de ley por parte de algunos miembros de la facultad de Medicina, de hecho los mismos que hab?an firmado la petici?n del Senado. La Universidad de Glasgow present? asimismo un escrito en contra, con el ?nico argumento de que se otorgaba un aumento de poder al Tribunal universitario. A favor se la ley se presentaron sesenta y cinco peticiones, de las que destacamos: peticiones: una firmada por veintis?is profesores de las universidades escocesas, incluyendo ocho profesores, de catorce, de la universidad de St. Andrews, y trece de la de Edimburgo. Otra, firmada por todos los profesores de las escuelas extramuros que hab?an dado clase a las mujeres. Otra, presentada por el Comit? de apoyo. Otra, por el Ayuntamiento de la ciudad de Edimburgo, con m?s de cuatro mil firmas de ciudadanos hombres y mujeres, y otra, hecho importante desde el punto de vista de la historia del movimiento de las mujeres, por m?s de diecis?is mil mujeres. La segunda lectura de la ley estaba prevista para el 24 de abril de 1874, pero el doctor Lyon Playfair, de la universidad de Edimburgo, solicit?, con car?cter de urgencia, m?s tiempo para considerar el tema, lo que provoc? un nuevo retraso de un a?o. ?nicamente se pudo presentar una moci?n el 12 de junio de 1874. Durante el debate sobre la misma varios miembros del parlamento la defendieron con importantes argumentos contra la oposici?n encontrada por las mujeres. (Ver extracto de la intervenci?n de Mr. Cowper-Temple en Anexo II). 56 Idem, p. 171 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 344 El 3 de marzo de 1875, casi cuatro meses despu?s de la apertura de la London School of Medecine for Women, se procedi? al fin a la segunda lectura de la propuesta de ley, que despert? un vivo debate en la C?mara. Los principales argumentos expuestos por los parlamentarios favorables a la ley fueron: ?(1) the justice of the claims of those ladies who had been already admitted to matriculate and study at a Scotch University, and had then been refused examination and graduation on the ground of illegality; (2) the desire that ought to be felt by the University of Edinburgh to be enabled to remedy so signal an injustice; (3) the desirability that women should have access to the highest education, and should be admitted to University examinations in general; (4) the special demand that existed for women as medical practitioners, and the impossibility of their placing their names on the Medical Register without admission to some recognized examination for a licence or degree.? 57 No se rebati? que las mujeres tuvieran derecho a acceder a estudios universitarios, y tan s?lo un miembro del parlamento manifest? que la medicina no fuese una profesi?n adecuada para ellas, pero la propuesta de ley fue rechazada por ciento noventa y seis votos contra ciento cincuenta y tres. Inmediatamente despu?s, el 22 de marzo de ese mismo a?o de 1875, Mr.Cowper Temple present? otra propuesta de ley solicitando que se permitiese la inclusi?n en el Registro de aquellas mujeres que obtuviesen licenciaturas en Medicina en las universidades de Francia, Berl?n, Leipzig, Berna, y Zurich, sin que tal medida pudiera ser aplicable a los hombres. Pero el Gobierno no apoy? tal propuesta, por lo que no fue sometida a una segunda vuelta en la C?mara de los Comunes. El l6 de junio de 1875, se produjo un hecho importante, en respuesta a una pregunta de Mr. Stansfeld sobre una enmienda a la Ley del Colegio de Cirujanos (Medical Act Amendment (College of Surgeons) Bill, Lord Sandon, en nombre del Gobierno, admiti? ante la C?mara que la educaci?n m?dica de las mujeres merec?a la atenci?n del Gobierno y se comprometi? a estudiarla. ?And this was the first step positively gained, the admission by Government that the question was one upon which they were bound to come to an opinion, and the promise that they would do so effectively not later than the following session of 1876.? 58 De acuerdo con este compromiso, Mr. Simon, en nombre del Presidente del Consejo Privado de Su Majestad, dirigi? una carta al Presidente del Consejo M?dico General, solicitando su opini?n sobre la propuesta de Mr.Cowper-Temple. 57 Idem, pp. 185-186 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 345 El tema fue objeto de intenso debate en la reuni?n del Consejo de junio de 1875, que culmin? en la emisi?n de un ambiguo informe dirigido como respuesta al Lord Presidente, en que, al menos, se reconoc?a que las mujeres no deb?an ser excluidas del estudio de la medicina. ??The Medical Council are of opinion that the study and practice of medicine and surgery. Instead of affording a field of exertion well fitted for women, do, on the contrary, present special difficulties which cannot be safely disregarded; but the Council are not prepared to say that women ought to be excluded from the profession.?? 59 De nuevo, los argumentos aducidos por ambas partes son un exponente de los prejuicios tantas veces referidos en esta tesis y especialmente desarrollados en los cap?tulos III y IV, y tambi?n del desenmascaramiento de tales prejuicios y el apoyo prestado a la causa de las mujeres por un amplio n?mero de pol?ticos, profesores universitarios, doctores, etc. As?, Mr.Turner, de la universidad de Edimburgo, adujo el repetido argumento del menor tama?o del cerebro femenino, y el exceso de emotividad y escasez de l?gica en la mente femenina. El Dr. Andrew Wood, tambi?n de Edimburgo, insisti? en el grave perjucio que supondr?a la presencia de alumnas en el quir?fano, a lo que replic? el Profesor Humphrey ?who remarked that ?enormous opportunities of doing good to our fellows? might compensate for a good many disagreeable; and that, as a matter of fact, he had never been present at an important operation without seeing women nurses in attendance, and that therefore it failed to strike him as an enormity that women-students might be present also.? 60 Se defendi? el coraje mostrado con frecuencia por muchas mujeres, as? como su fortaleza f?sica y moral. Y Mr. Macnamara critic? que se aceptara el trabajo de las mujeres como enfermeras mal pagadas, y se considerase inmoral su actividad profesional remunerada y reconocida como en el caso de un hombre. Asimismo se defendi? el argumento, tan frecuentemente utilizado por las pioneras de la medicina, de que las mujeres y los ni?os deb?an ser atendidos por mujeres. Varios de los doctores opuestos a las mujeres defend?an que existiesen ex?menes y titulaciones diferentes para ellas, que, casi indudablemente, supondr?an una situaci?n de inferioridad profesional en la pr?ctica. 58 Idem, p. 189 59 Idem, p. 190 60 Idem, p. 191 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 346 En los primeros meses de 1876, un grupo de mujeres estudiantes de la London School of Medicine for Women se entrevist? con el Lord Presidente, siendo presentadas por Lord Aberdare, Mr. Stansfeld y Mr.Forsyth, quien insisti? en la necesidad de que el gobierno presentase una ley que permitiese a los tribunales examinadores aceptar a las mujeres. El Honorable Cowper-Temple volvi? a presentar su propuesta de ley sobre el reconocimiento de los t?tulos obtenidos en el extranjero, pero poco despu?s, en mayo de 1876, ?an Enabling Bill was brought in by the Right Hon. Russell Gurney, Recorder of London, with the object of enabling every one of the nineteen Examining Boards (including the Scotch Universities) to admit women as well as men to their examinations, if they chose to do so.? 61 Esta propuesta fue enviada por el Lord Presidente al Consejo M?dico, que dedic? dos sesiones a debatirla, inform? a su favor, pero insistiendo en que la medida deb?a ser ?nicamente permisiva, sin obligar a ning?n tribunal examinador a admitir mujeres si no lo consideraba oportuno. El Medical Council exig?a asimismo que las mujeres no tuviesen derecho a participar en los ?rganos de gobierno de los Tribunales Examinadores. Mr. Russell Gurney acept? estas dos condiciones, sin las que probablemente la propuesta hubiera sido rechazada. La propuesta, conocida como Russell-Gurney Enabling Bill. fue aceptada por el gobierno y aprobada el 11 de agosto de 1876. VII. La apertura de los Tribunales Examinadores y las Universidades brit?nicas a las mujeres En septiembre, dos alumnas de la London School of Medecine for Women, Edith Pechey y Miss Shove se trasladaron a Dubl?n, siendo, en principio bien aceptadas tanto por el Irish College of Physicians y la Queen?s University of Ireland. Esta universidad contaba con facultades en las ciudades de Cork, Belfast y Galway y algunos profesores estaban dispuestos a admitir alumnas en sus clases, pero la oposici?n de un solo miembro del Consejo de la Facultad lo impidi?. Sin embargo, el Colegio de M?dicos de Irlanda estaba dispuesto a reconocer los estudios de la London School of Medicine for Women y admitir a sus alumnas a sus ex?menes en las mismas condiciones que los hombres. Por tanto, ?ste fue el primer Tribunal Examinador del Reino Unido que permit?a el acceso de las mujeres a sus ex?menes para obtener un t?tulo universitario que 61 Idem., p. 201 Mujer y Salud Cap. XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 347 les garantizase la inscripci?n en el Registro y la pr?ctica legal de la profesi?n m?dica en su pa?s. En 1877, Eliza Dunbar y Frances Hoggan fueron las primeras en obtener el t?tulo del Irish College of Physicians e incluir sus nombres en el Medical Register. Tres meses m?s tarde, en mayo de 1877, Sophia Jex-Blake, Edith Pechey y Louisa Atkins, fueron las siguientes. Sophia Jex-Blake fue la quinta mujer doctora en ser incluida en el Registro oficial del Reino Unido, once m?s tarde que Elizabeth Garrett. A finales de 1876, Edith Shove solicit? ser admita a los ex?menes de la universidad de Londres, tras haber completado los estudios en la London School of Medecine for Women. Su solicitud fue de nuevo objeto de amplio debate en el Senado de la universidad y, pese a la oposici?n de un grupo de doctores, encabezados por William Savoir, fue finalmente aprobada la admisi?n de mujeres candidatas al examen el 29 de junio de 1877. Y en enero de 1878, se modific? la carta de derechos de la universidad de Londres, permitiendo el acceso de las mujeres a los ex?menes de todas las titulaciones. En 1882, Edith Shove obtuvo la licenciatura en Medicina por la universidad de Londres, siendo la primera mujer graduada en medicina por una universidad brit?nica. En 1885, el Real Colegio de Cirujanos de Irlanda abri? sus aulas y sus ex?menes a las mujeres. Al a?o siguiente, en 1886, la Facultad de Doctores y Cirujanos de Glasgow y los Reales Colegios de Doctores y Cirujanos de Edimburgo, anunciaron la formaci?n de un tribunal conjunto, que proporcionar?a una ?nica titulaci?n a la que se permit?a acceder a las mujeres. En 1894, la universidad de Edimburgo permit?a el acceso de mujeres a los ex?menes para la obtenci?n del t?tulo en medicina, aunque se les segu?a prohibiendo el derecho a asistir a clase. Las primeras graduadas en la universidad de Edimburgo fueron Jessie MacGregor (alumna de la Edinburgh School of Medicine for Women, de Surgeon Square, la escuela de medicina de Sophia Jex-Blake) y Moda Geddes (alumna de Chambers Street College, la escuela de Elsie Inglis). La batalla hab?a dado, finalmente, sus frutos y la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo dejaba de ser una fortaleza inexpugnable para las mujeres doctoras. Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 349 CAP. XII. LA ESCUELA DE MEDICINA DE MUJERES DE LONDRES ?One cannot but wonder at the courage shown by Sophia Jex-Blake who had initiated the struggle in Edinburgh and who now determined not only to complete her own medical education but also to make it possible for other women to acquire one without going through the soul-searing experiences she had undergone.? 1 I. Fundaci?n de la London School of Medicine for Women Perdida la batalla para obtener el t?tulo en la Universidad de Edimburgo, Sophia decidi? llevar a cabo el proyecto que ven?a madurando durante el ?ltimo a?o: la creaci?n de una escuela de Medicina, al modelo de las escuelas norteamericanas, donde las mujeres inglesas pudieran cursar estudios de calidad, adquirir la preparaci?n pr?ctica y te?rica requerida por los Tribunales Examinadores y acceder finalmente a la obtenci?n de un t?tulo que les permitiera registrarse y ejercer legalmente en su pa?s. Hab?a existido en Londres otra escuela de medicina para mujeres, el Ladies Medical College, fundado por el doctor James Edmunds en Fitzroy Square: ?In 1864 an attempt was made in London by Dr. Edmunds, now Medical Officer of Health for St. James? Parish, to train a superior order of skilled midwives. Classes were accordingly organised in Fitzroy Square and short courses of lectures on Anatomy, Physiology, Chemistry, Hyigiene, Medicine and the Diseases of Women were delivered. The project did not succeed?The schema, like those which aim at giving medical women a 1 Lutzer, E. The London School of Medicine for Women: origin: important contribution to medicine by a few graduates, p. 357 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 350 training less thorough than that prescribed by law and custom for medical men, aroused no public enthusiasm.? 2 Isabel Thorne fue alumna del Ladies Medical College antes de incorporarse a las clases en Edimburgo, y se refer?a as? a la ense?anza impartida en el mismo: ?Classes were held in Chemistry, Anatomy, Higiene and Midwifery. Except as regards the latter subject the teaching was of a very elementary character.? 3 Esta experiencia llevar?a a Isabel Thorne a formarse una opini?n sobre el tipo de formaci?n que deb?an recibir las futuras doctoras, y los riesgos de una deficiente preparaci?n: ?My experience in connection with the Ladies Medical College caused me to realise very forcible the risk of imperfectly trained persons being expected by the public to undertake the duties of fully qualified practitioners, and the danger of their being called in to treat all the ills that flesh is heir to, because they were acquainted with the normal deeds of childbirth and could attend midwifery cases.? 4 Se trataba ahora de crear una escuela donde las mujeres recibieran una ense?anza de calidad, que les permitiera una preparaci?n cient?fica y pr?ctica similar a la ofrecida por las escuelas de medicina para hombres. Cont? Sophia inicialmente con el apoyo de tres doctores que se ofrec?an como futuros profesores: Mr Arthur Norton, cirujano del St Mary?s Hospital; el doctor King Chambers, profesor de la escuela de este mismo hospital y el doctor Francis Anstie, m?dico del Westminster Hospital. El propio Dr. Anstie, tras fracasar en su intento de que el Westminster permitiera a Sophia y sus compa?eras realizar pr?cticas cl?nicas, le hab?a aconsejado la creaci?n de una escuela en una carta fechada en diciembre de 1873: ?I think (so far as I can at present judge) that your best course would be to take some premises in London and build a thoroughly good school, fit for first-class teaching of the theoretical courses. I believe if this were done you would get teachers. And with that solid evidence of sincerity and energy in your work I believe the hospitals, or some of them, would give way and grant you hospital practice.? 5 En el verano de 1874, Sophia se traslad? a Londres y alquil? una oficina provisional en Wimpole Street, disponiendo de la ayuda financiera del Comit? de apoyo de Edimburgo. Contaba, sin embargo, con la oposici?n de Elizabeth Garrett. Sophia le 2 Wilson, Robert. Aesculapia Victrix. (Reprinted by permission of the Fortnightly Review of January 1886. Chapman and Hall Ltd. Londres, 1886, pp. 5-6 3 Thorne, Isabel. Sketch of the Foundation and Development of the London School of Medicine for Women. Londres, 1915, p. 8 4 Idem., p. 8 5 Todd, Margaret. The Life of Sophia Jex-Blake. Macmillan and Co. Ltd. Londres, 1918, p. 419 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 351 dirigi? una carta el 21 de agosto de 1874, haciendo constar la conveniencia de que apoyara el proyecto que, en todo caso, se llevar?a a cabo a?n sin su colaboraci?n. Quizas esta carta influy? decisivamente para que Elizabeth Garrett participara en la fundaci?n de la escuela. Alguno de los p?rrafos parecen ser premonitores de lo que suceder?a en el futuro: ??..I am more than willing to say that if, in the opinion of a majority of those who are organizing this new school, my name appears likely to injure its chances of success, I will cheerfully stand aside, and let Mrs Thorne and Miss Pechey carry out the almost completed plans... In conclusion let me say that I never said it ?did not signify? whether you joined the Council (though I did say that I believed the School was already tolerably secure of ultimate success). I think it of very great importance, both for your credit and ours, that there should, as you say, be no appearance of split in the camp, and I should greatly prefer that your name should appear on the Council with Dr. Blackwell?s and those of the medical men who are helping us.?? 6 Elizabeth acept?, sin gran entusiasmo en un principio, ser miembro del Consejo de la escuela de la que ser?a decana posteriormente durante casi veinte a?os. La primera reuni?n formal de constituci?n de la escuela se celebr? el d?a 22 de agosto de 1874, en casa del doctor Anstie. Estuvieron presentes Mr.Norton, los doctores Anstie, Buchanan, Burdon-Sanderson, Chambers, Cheadle, Critchett, y Sturgis, la doctora Garrett, Edith Pechey y Sophia Jex-Blake. Se acord? que ?a school be founded in London with a view to educating women in medicine and enabling them to pass such examinations as would place their names on the Medical Register.? 7 Se la denomin? London School of Medicine for Women, y se fij? su apertura para el d?a 12 de octubre de 1874. El doctor Anstie fue nombrado primer decano y se eligi? un Consejo Provisional, compuesto por veinti?n doctores debidamente registrados, incluidas las doctoras Elizabeth Blackwell y Elizabeth Garrett, cuyos nombres, por orden alfab?tico, recoge Isabel Thorne en la obra citada: ?Dr. Charlton Bastian, F.R.S. Dr. Elizabeth Balckwell, Dr. Bradbent, Dr. King Chambers, Dr. Cheadle, Mr. George Cowell, Mr.Critchett, Mrs. Garrett Anderson, Mr. Ernest Hart, Mr. Berkeley Hill, Professor Huxley, F.R.S., Dr. Hughlings Jackson, Dr. Murie, Mr. A.T. Norton, Dr. J.F. Payne, Dr. W.S. Playfair, Mr. Rivington, Dr. Burdon Sanderman, Dr. P.H. Stoke, Dr. Octavious Sturges.? 8 6 Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 146 7 Lutzer, E. o.c. p. 361 8 Thorne, Isabel. o.c. p. 2 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 352 Algunos de los miembros de este Consejo eran personajes relevantes en el mundo de la medicina y de la ciencia. ?One of its members was Mr Ernest Hart, a surgeon, who was also the Editor of the British Medical Journal. Other famous names on the list of Council members were those of Professor Huxley, Dr. Burdon-Sanderson, Dr. Garrett Anderson, Dr. Elizabeth Blackwell and Dr. Hughlings Jackson. Soon afterwards Sophia was appointed one of the four Trustees, along with Dr. King Chambers, Mr. A.T. Norton and Mrs. Thorne? 9 Sophia no pod?a pertenecer a este Consejo Provisional, al no ser doctora titulada, pero se hizo cargo del trabajo de secretaria, y fue quien asumi? la mayor responsabilidad en la organizaci?n de la escuela. Contaron con el apoyo de personajes importantes, entre los que tambi?n se inclu?an Charles Darwin, Henry Fawcett y James Martineau. El 12 de septiembre, ocurri? la muerte inesperada del doctor Anstie, aceptando el puesto de decano Mr. Norton. El 15 de septiembre, Sophia, junto con Mr. Norton, firm? el contrato de alquiler de una casa situada en el 30 de Henrietta Street, Brunswick Square, y se encarg? personalmente de dirigir las obras para transformarla, en menos de un mes, en una escuela de medicina. As? la describ?a el Daily News en marzo de 1877: ??For the early existence of an institution like this School of Medicine, no more appropriate home could in all probability be found within the wide area of London than the curious old house in Henrietta Street. In a central position, within easy reach of museums and libraries, but retired from the bustle of noisy thoroughfares, a range of spacious rooms stretches a long front towards the green sward of an old-fashioned garden. Apartments admirably adapted for the purpose of lecture halls ?give?, as the Americans say, from underneath a broad verandah on this pleasant out-look. Cosy in winter, cool in summer, and undisturbed by the sounds of external life always, these rooms should be highly favourable to philosophic contemplation. In the upper storey ?there is only one above the ground- floor-- are several smaller apartments suitable for museums and reading rooms.? Daily News, March, 13, 1877.? 10 La escuela abri? sus puertas el 12 de octubre de 1874, sin ning?n acto de apertura formal, sino iniciando directamente las clases, tan ansiadas por las catorce mujeres que constitu?an el alumnado en aquel momento: Mrs. Thorne, Miss Sophia Jex-Blake, Miss Pechey, Mrs. Marshall, Miss Kerr, Miss Annie E. Clark, Mrs. Foggo, Miss Vinson, Miss Rorison, Miss Shove, Miss Elizabeth Walker, Miss Agnes 9 Roberts, Shirley, o. c. p. 147 10 Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A Thesis and a History. Oliphant, Anderson & Ferrier. Edimburgo. Hamilton, Adams & Co. Londres, 1886, p. 179 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 353 McLaren, Miss Waterston y Miss Fanny Butler. Las doce primeras hab?an sido miembros del grupo de estudiantes de Edimburgo. Agnes McLaren hab?a prestado amplia ayuda y se hab?a unido a las clases de medicina en los ?ltimos meses. Mrs. Marshall, de soltera Mary Anderson (hermana de James Skelton Anderson, cu?ada, por tanto, de Elizabeth Garrett), era una de las tres estudiantes que abandon? sus estudios a principios de 1872. Su esposo hab?a muerto pocos meses despu?s de su boda, y asimismo hab?a fallecido el hijo nacido de esta uni?n. Se unieron tambi?n al grupo de Edimburgo ?Miss Waterston, a South African, who later became famous for her pioneer medical work in her own country, and Miss Butler, who was to use her training as a medical missionary in India.? 11 Durante el primer a?o se matricularon otras nueve alumnas. En cuanto al profesorado, el primer claustro de profesores estuvo compuesto por las siguientes personas: Anatom?a............................. Mr. A. T. Norton (de St. Mary?s Hospital) Fisiolog?a???????. Mr. E.A. Sch?fer (de University College) Qu?mica???????? Mr. Heaton (de Charing Cross Hospital) Bot?nica???????? Dr. P.H. Stoke Materia Medica?????. Dr. Octavius Sturges Practice of Medicine............. Dr. T. King Chambers (de St. Mary?s Hospital) Cirug?a ????????.. Mr. Berkely Hill (de University College) Medicina Forense????.. Dr. Dupr?, F.R.S. del Westminster Hospital) Cirug?a oftalmol?gica??? Mr. Critchett (de St. Mary?s Hospital) Patolog?a???????? Dr. Cheadle (de St. Mary?s Hospital) Mr. Charlton B. Basti?n (de University College Hospital) Anatom?a comparada???. Dr. Murie Obstetricia............................. Mrs. Garrett Anderson II. Financiaci?n La Escuela cont? inicialmente con el apoyo financiero de los miembros del Comit? de apoyo de Edimburgo y ?subsequently from many others who, through Dr. Garret Anderson and other London friends, became interested in the School and its 11 Roberts, Shirley, o.c. p. 149 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 354 work.? 12 Como recuerda Sophia en su obra Medical Women, ella misma junto con Isabel Thorne, previamente a la apertura de la escuela, ?had suceded in obtaining contributions of 100 pounds each from fourteen friends.? 13 La lista de estas catorce personas amigas de la escuela inclu?a, adem?s de las propias Sophia Jex-Blake e Isabel Thorne, as? como el esposo de ?sta ?ltima, a: Mr. Andrew Coventry, Mrs. Holland (de Liverpool), Mrs. Priestman (de Newcastle), Mr. Edward Pease (de Darlington), Mr. E.M. Smith (de Shanghai), Mr. Walter Thompson, Sir Francis Goldsmid, y Mrs. Pennington. Durante los tres primeros a?os, se obtuvieron unas ?2.000 a partir de contribuciones particulares, siendo las tasas abonadas por las alumnas ?1.249, y ascendiendo los gastos de este per?odo a ?3.267. Este gasto era superior al de la mayor?a de las escuelas de Medicina, debido fundamentalmente a que los organizadores juzgaron conveniente garantizar una remuneraci?n fija a los profesores, lo que no sol?a suceder cuando se trataba de doctores de un hospital conectado con la escuela. En junio de 1877 se convoc? una reuni?n, presidida por Lord Shaftesbury en St. George?s Hall para recaudar fondos para la escuela. ?the appeal for 5,000 pounds was successful, 3,464 pounds being raised at the meeting and 5,255 pounds being reached shortly afterwards.? 14 Al mismo tiempo fue una ocasi?n m?s de ganar el apoyo del p?blico a la causa de las mujeres doctoras. Elizabeth Garrett intervino rebatiendo el argumento de la falta de adecuaci?n de la medicina como profesi?n para las mujeres: ?In the matter of health (she said) the medical education of women is less trying than the life of a fashionable lady. As to morals, the study of medicine is of an elevating character; and as to good manners I think the habit of dealing with people of different tempers can be of the utmost value to women and afford an exceedingly wholesome discipline.? 15 Henry Fawcett intervino asimismo felicitando a las mujeres en nombre de los asistentes: ?this meeting regards with the greatest satisfaction the progress of the movement for promoting the education of women in medicine and their admission to the ranks of the medical profession.? 16 12 Jex-Blake, Sophia, o. c. p. 181 13 Idem., Nota 1, p. 181 14 Garrett Anderson, Louisa. Elizabeth Garrett Anderson. Faber & Faber. Londres,1939, p. 225 15 New Hospital for Women. Annual Report, 1878. Citado en Manton, Jo. Elizabeth Garrett Anderson. Methuen & Co. Ltd. Londres, 1965, p. 252 16 Garrett Anderson, Louisa, o. c. p. 225 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 355 En estas mismas fechas la escuela recibi? su primera donaci?n importante, fruto del testamento de Mrs.George Oakes de Parramatta, Nueva Gales del Sur. Al llevarse a cabo obras de ampliaci?n de la sede de la Escuela fue preciso solicitar cr?ditos bancarios y se volvieron a lanzar distintas campa?as de recaudaci?n de fondos, para hacer frente a los gastos. III. Los primeros a?os: de 1874 a 1877 Se organiz? un plan de estudios de cuatro a?os, tres de ellos de clases te?ricas sobre la base de rotaci?n de materias en cada curso: ?1874-75: Winter session: Anatomy; Practical Anatomy; Physiology; Chemistry Summer session: Materia Medica; Practical Chemistry; Comparative Anatomy; Mental Pathology. 1875-76: Winter session: Anatomy; Practical Anatomy; Physiology; Surgery; Practice of Medicine. Summer session: Midwifery; Forensic Medicine; Ophthalmic Surgery. 1876-77: Winter session: Practice of Medicine; Clinical Medicine; Clinical Surgery; Pathology. The fourth year was to be devoted to hospital work or to practice in a dispensary, to include practical pharmacy and midwifery, vaccination, etc. The curriculum also included such subjects as Zzoology, Mental Pathology and Ophthalmic Surgery, not required by most of the existing examining boards.? 17 Es importante resaltar el hecho de que la London School of Medicine for Women, al igual que hab?a sucedido a?os atr?s con la escuela creada por Elizabeth Blackwell en Nueva York, inclu?a en su curriculum materias no requeridas por la mayor?a de los Tribunales Examinadores, tales como la zoolog?a, la patolog?a mental, y la cirug?a oftalmol?gica. En cuanto a su capacidad de captaci?n de alumnas, en el segundo a?o se admitieron cinco alumnas m?s. Posteriormente, el n?mero de alumnas fue creciendo cada a?o: en 1887 contaba ya con setenta y siete; en 1889 con noventa y una; en 1892, con ciento treinta y tres, en 1896 con ciento cincuenta y nueve. La escuela mantuvo su 17 Lutzer, E. o. c. p. 362 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 356 ?xito con el nuevo siglo, en 1903 contaba con trescientas dieciocho alumnas y en 1917 con cuatrocientas cuarenta y una. El 3 de mayo de 1875, el Consejo Provisional (Provisional Council) formado en el verano de 1874, cedi? el control de la escuela a un Consejo Ejecutivo (Executive Council), formado por los miembros del Consejo Provisional y diferentes amigos y suscriptores, Lord Shaftesbury, Thomas Huxley, y J.B. Stansfeld, entre otros. La primera reuni?n estuvo presidida por Lord Aberdare. Este Consejo Ejecutivo eleg?a cada a?o un Comit? Ejecutivo (Executive Committee), que se reun?a, primero semanalmente y luego cada quincena o cada mes, en la misma sede de la escuela. Lord Shaftesbury distribuy? los premios obtenidos por las alumnas en los dos primeros cursos, contando en ambas ocasiones con gran afluencia de p?blico al acto, como exponente del apoyo encontrado por la escuela. Al final del primer curso, en junio de 1875, Lord Shaftesbury, en su discurso de entrega de premios, manifest? su fe ?in the inherent right of choice possessed by all persons as to their occupation... If the ladies succeeded they would add just so much intellect and power to the profession.? 18 La escuela se enfrent? desde el comienzo con dos necesidades fundamentales: el reconocimiento oficial de un Tribunal Examinador; y la posibilidad de que las alumnas realizasen pr?cticas en un hospital de al menos cien camas. Ya antes de la apertura de la escuela, durante su nombramiento como decano, el doctor Anstie hab?a realizado gestiones para que fuera reconocida por tres de los Tribunales. ?Dr. Anstie wrote to the Apothecaries? Company, to the Secretary of the Royal College of Surgeons of London, and to the Registrar of the Royal College of Physicians of England.? 19 Los tres rechazaron su solicitud. Mr. Norton, al d?a siguiente de su nombramiento como decano, se dirigi? asimismo a catorce Tribunales ?to ask them to place the school on their lists of recognized medical schools? 20 , sin que ninguno aceptara su petici?n. Al no tener acceso a pr?cticas hospitalarias, durante la sesi?n de invierno del curso 1876-77, se sustituyeron las materias de medicina cl?nica y cirug?a cl?nica, por anatom?a pr?ctica con demostraciones. Se solicit? admisi?n al London Hospital, sabiendo que dispon?a de un n?mero suficiente de camas para satisfacer las necesidades de sus alumnos y de las alumnas de la escuela, puesto que ?the number of students was, I think, under a hundred, and the Hospital contained 600 beds, -about the same number 18 The Times, 3 de junio de 1875. Cita tomada de Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A Thesis and a History. Oliphant, Anderson and Ferrier. Edimburgo. Hamilton, Adams and Co. Londres, 1886, p. 182 19 Garrett Anderson, Louisa, o.c. 217 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 357 which in the Royal Infirmary of Edinburgh affords a field of study for nearly 2000 students.? 21 Se solicitaba acceso a una peque?a parte del hospital (aproximadamente cien camas, un sexto del total) y, dado que el n?mero de estudiantes con que contaba el hospital era insuficiente, los pacientes hubieran sido beneficiados al contar con la colaboraci?n de a las alumnas de la escuela. Gran parte de las autoridades del hospital (incluyendo algunos de los doctores), estaban de acuerdo, pero, una vez m?s, venci? la oposici?n a las mujeres doctoras. El ?nico hospital en que pod?an realizar pr?cticas era el New Hospital for Women fundado por Elizabeth Garrett, que resultaba insuficiente al contar ?nicamente con veintis?is camas. Durante los dos primeros a?os estas dificultades hac?an dif?cil predecir un futuro positivo para la escuela. En el informe presentado por el Comit? Ejecutivo al Consejo en enero de 1876 se manifestaba: ?Several students have already left the school in consequence of its inability to afford them qualifying hospital practice and they have reason to fear a still further decrease of numbers for the same cause.? 22 Probablemente, el planteamiento ante el Consejo Privado de su Majestad de estos problemas por parte de la comisi?n de la escuela en marzo de 1876, influy? en el apoyo prestado por el gobierno a la Russel Gurney Enabling Bill. Esta comisi?n, a la que nos hemos referido en el cap?tulo anterior, estuvo compuesta por Lord Aberdare, Elizabeth Garrett, Sophia Jex-Blake, el Dr. King Chambers, Mr. Norton y el Honorable James Stansfeld. Represent? al gobierno el Lord Presidente del Consejo Privado de su Majestad, el Duque de Richmond y Gordon. Como hemos visto en el cap?tulo anterior, el 12 de agosto de 1876, la Ley de Russel Gurney quitaba toda posible traba legal a los Tribunales Examinadores para admitir mujeres. En diciembre de 1876, la London School of Medicine for Women, tras la gesti?n realizada en su nombre por las alumnas Edith Pechey y Edith Shove, era reconocida por el Irish College of Physicians, que admitir?a en adelante a sus alumnas, a condici?n de que justificasen haber cumplido los requisitos de formaci?n exigidos. Y un a?o m?s tarde, las mujeres pod?an tambi?n optar a los ex?menes de la universidad de Londres. Asimismo en 1877, el acuerdo con el Royal Free Hospital permit?a la formaci?n cl?nica pr?ctica de las alumnas. Una nueva etapa comenzaba. 20 Idem., p. 218 21 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 183 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 358 IV. La fusi?n con el Royal Free Hospital El Royal Free Hospital, sobre cuya creaci?n hemos hablado en el cap?tulo IX, hab?a rechazado inicialmente la solicitud de la London School of Medecine for Women. Sin embargo, una conversaci?n entre el Honorable James Stansfeld, tesorero honorario del Royal Free, y el presidente del Comit? de Gobernadores del mismo, James Hopgood, movi? a ?ste a consultar la opini?n de algunos gobernadores y presentar posteriormente la propuesta al Comit?. Tras varios meses de debate, ?the board of governors agreed on 12 June 1877 to allow the women students access to the wards and out-patients department.? 23 La escuela se compromet?a a pagar cuatrocientas libras anuales y, a cambio las alumnas recibir?an clases pr?cticas con los cuatro doctores miembros de la plantilla m?dica honoraria del hospital. Las mujeres estudiantes eran aceptadas, pero continuaba presente una sombra de prejuicio sobre la posible repercusi?n negativa de su presencia en las salas: el Royal Free Hospital exigi? el pago de otras trescientas libras anuales para compensar la posible p?rdida de suscriptores contribuyentes como consecuencia de la admisi?n de las mujeres. Cinco a?os m?s tarde, al renovar el acuerdo, el Comit? de Gobernadores rescindi? esta cl?usula, tras haber comprobado que la presencia de las alumnas de medicina no supon?a da?o alguno para el hospital, sino m?s bien al contrario. La cantidad exacta que la escuela tuvo que abonar al hospital durante los cinco primeros a?os fue de setecientas quince libras. ?Five hundred guineas were to go to the medical staff and the balance towards the general expenses of the hospital. Three friends gave their personal guarantee to the hospital for this money, the exchequer of the school being empty: they were Mr. Stansfeld, M.P., Mr. Frederick Pennington, M.P. and Mr. J.G.S. Anderson.? 24 En cuanto a la contribuci?n del hospital en la ense?anza de las alumnas de la London School of Medicine for Women, inicialmente, ?the staff of the Hospital consisted of two physicians, Dr. Cockle and Dr. O?Connor, and two surgeons, Mr. Grant and Mr. William Rose. The teaching was limited to attendance at the visits of the staff and to the opportunities afforded by the clinical clerkships and dresserships. There 22 Moberly Bell, E. Storming the Citadel. The Rise of the Woman Doctor. Constable & Co. Ltd., Londres, 1953, p. 101 23 Amidon A, Lynne. An Illustrated History of the Royal Free Hospital. Special Trustees for the Royal Free Hospital. Londres, 1996, p. 34 24 Garrett Anderson, Louisa, o.c. pp. 224-25 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 359 was no special department, no casualty department, no pathological teaching, no preparatory classes.? 25 El clima de aceptaci?n de las mujeres doctoras dentro del Royal Free Hospital fue aumentando gradualmente. En 1884, la escuela solicit? un departamento de maternidad, ?the Hospital replied that ?the staff saw no insuperable objection to the proposal?, but on further consideration decided that it was impracticable.? 26 Este departamento se cre? finalmente en 1891. En 1887, ante la falta de espacio en la sede de la Escuela, el hospital ofreci? el uso de una habitaci?n en sus instalaciones. En 1889 se nombr? por vea primera a una mujer cualificada miembro de la plantilla del hospital, como encargada del museo. En 1893, la Dra. Aldrich Blake fue nombrada ayudante del Dr. Wilk, anestesista del Royal Free Hospital y al a?o siguiente, al jubilarse ?ste, le sucedi? en el cargo como anestesista jefe con dos ayudantes a su cargo. En 1894, el Royal Free contaba, por tanto, con cuatro doctoras en su plantilla. En 1898, ?in order to cement a complete and permanent association between the two institutions,? 27 la London School of Medicine for Women se incorpor? al Royal Free Hospital, de acuerdo con la Ley de Sociedades de 1862 y pas? a denominarse London (Royal Free Hospital) School of Medicine. En 1903, la doctora Mary Scharlieb fue nombrada miembro honorario del hospital, aunque hasta despu?s de la primera guerra mundial no aumentaron los nombramientos de doctoras, de forma m?s igualitaria respecto a los hombres. En 1895, el hospital llev? a cabo un amplio programa de reconstrucci?n al que contribuyeron econ?micamente las alumnas, pese a las necesidades financieras a que tambi?n se enfrentaba la escuela. ?When H.R.H. the Prince of Wales, visiting the Hospital, invited the presentation of purses to meet the cost of rebuilding, the students contributed over 600 pounds, which they had collected from their friends.? 28 Esta remodelaci?n permiti? ofrecer a las alumnas un mejor espacio de trabajo y la utilizaci?n de una amplia sala de conferencias. En 1896, las Secretar?as M?dica y Quir?gica fueron asignadas a dos doctoras, y la sub-decana de la escuela pas? a ser miembro del Comit? trimestral (Quaterly Board) del hospital. Y en 1900, las alumnas recibieron por vez primera el mismo tratamiento que los hombres estudiantes de medicina recib?an en sus respectivos 25 Thorne, Isabel, o.c. p. 27 26 Moberly Bell, E. o.c. p. 130 27 Amidon A, Lynne, o.c. p. 34 28 Moberly Bell, E., o.c. p. 130 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 360 hospitales, cuando ?the Board announced its intention of appointing two Resident Medical Officers from among the students in the School.? 29 En 1946, tras la aprobaci?n de la National Health Service Act, la escuela dej? de ser exclusivamente femenina. En ese a?o fueron admitidos los dos primeros alumnos y el nombre cambi? nuevamente, llam?ndose, desde entonces hasta su fusi?n con el University College of London, Royal Free Hospital School of Medicine. V. La ruptura entre Sophia Jex-Blake y la London School of Medicine for Women Durante los tres primeros a?os Sophia hab?a actuado como secretaria y organizadora de la Escuela sin recibir ning?n tipo de compensaci?n econ?mica. A lo largo de 1877, Sophia hab?a tenido que desplazarse repetidamente fuera de Londres, en parte por las frecuentes visitas a su madre en Brighton, y para realizar sus ex?menes en Berna e Irlanda. Mientras Sopia estaba todav?a en Dubl?n, con motivo de su examen para la obtenci?n de un t?tulo homologado en Gran Breta?a, el Consejo Ejecutivo, en reuni?n celebrada el 7 de mayo, decidi? crear el cargo de Secretaria Honoraria con car?cter oficial. Veamos c?mo qued? recogida en acta la intervenci?n de Mr. Stansfeld a tal efecto: ?Appointment of Honorary Secretary. The Chairman Mr. Stansfeld explained that the time had now arrived when it was requisite to consider the appointment of a person or persons to carry on the important work which was before the School. It would require the possession of various qualities such as power of organization to ensure the success of the public meeting to raise the large funds now needed, and tact and judgement to enable the arrangements connected with the working of the School and its students to go on smoothly with the Hospital.? 30 En esa misma reuni?n, Isabel Thorne propuso a Sophia Jex-Blake para el cargo, pero las palabras de Stansfeld parec?an estar sugiriendo la elecci?n de una persona m?s diplom?tica que Sophia. E inmediatamente se promovi? una segunda candidatura a favor de Elizabeth Garrett. Elizabeth no ten?a ning?n inter?s en ostentar este cargo: disfrutaba de una satisfactoria vida profesional (contaba ya con una amplia pr?ctica privada, y hab?a fundado su propio hospital), y personal (manten?a una feliz relaci?n con su esposo y era ya madre de tres hijos). Hab?a aceptado la nominaci?n ?only because she feared that Sophia?s autocratic temperament could jeopardize the School?s 29 Idem., p. 131 30 Archives of the Medical School. Royal Free Hospital, London. Citado en Roberts, Shirley, o.c. p. 159 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 361 future.? 31 James Stansfeld, como presidente del Consejo Ejecutivo, y el decano, Mr. Norton, quien siempre hab?a apoyado a Sophia, se enfrentaban a una dif?cil situaci?n. Por ello, ninguna de las dos nominaciones se hizo constar en el acta de la reuni?n del Consejo de 7 de mayo. Las actas de las tres siguientes reuniones recogen amplio debate sobre el tema. Elizabeth Garrett lleg? a cuestionar la necesidad de que existiera tal cargo de Secretaria Honoraria, mientras Sophia present? una lista de todas las obligaciones que deber?a desempe?ar la persona elegida. Finalmente ?it was decided to appoint a paid secretary to do the clerical work, so that the Honorary Secretary would have time to attend to administration.? 32 Evidentemente Sophia esperaba ser ella la persona elegida para el cargo. Hab?a sido la creadora de la escuela, luchando contra numerosas dificultades, incluida la opini?n adversa de Elizabeth Garrett, y dispon?a ya de la titulaci?n suficiente para ostentar un cargo directivo. Sin embargo, pod?a aceptar personalmente la renuncia a un sue?o, pero ?she could not bear to think of the School being entrusted to a woman who had tried to discourage its founders. If she herself had to stand aside, then let her place be taken by one who shared her sense of dedication to the School? 33 ??and Mrs. Anderson, rich though she was in excellent qualities, seemed to her to be lacking in certain capabilities of insight and imagination which outweighed everything else. 34 Sophia pidi? a Isabel Thorne que aceptara el cargo, lo que supon?a para ?sta renunciar al sue?o de completar sus estudios y ejercer directamente la medicina. En la reuni?n del Consejo Ejecutivo del 30 de mayo de 1877, el Dr. Chambers, apoyado por Sophia Jex-Blake, present? la candidatura de Isabel Thorne. La votaci?n se realiz? en la siguiente reuni?n, celebrada el 12 de junio, e Isabel fue elegida por unanimidad. Aquel d?a, Sophia escribi? en su diario: ?About the best possible...with her excellent sense and perfect temper. So much better than I.? 35 Como hemos visto en el cap?tulo de su biograf?a, este hecho supuso el primer paso en la ruptura de Sophia Jex-Blake con la London School of Medicine for Women y su traslado a Edimburgo para ejercer la medicina, unos meses m?s tarde. En la reuni?n del Consejo Ejecutivo de 6 de mayo de 1878, se agradecieron a Sophia Jex-Blake los servicios prestados en los a?os anteriores, y se la nombr?, junto con Edith Pechey, por 31 Roberts, Shirley, o.c. p. 159 32 Idem, p. 159 33 Idem., p. 160 34 Todd, Margaret, o.c. p. 448 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 362 unanimidad, como profesoras conjuntas de higiene. Pese a residir en Edimburgo Sophia segu?a de cerca los avances de la escuela y estuvo presente en la apertura del curso 1879-80. El siguiente paso en su ruptura se dio con motivo de la elecci?n de Elizabeth Garrett como decana en 1883. En febrero de ese a?o, Mr. Arthur Norton present? su dimisi?n como decano. A la siguiente reuni?n del Consejo Ejecutivo, celebrada el 13 de marzo, acudieron quince miembros en vez de los habituales seis o siete. Elizabeth no estaba presente. Sin embargo, Sophia se hab?a trasladado expresamente desde Edimburgo. En las actas de esa reuni?n se recoge la siguiente referencia a la elecci?n de Elizabeth Garrett: ?The following resolution was proposed by Dr. Donkin, seconded by Mrs. Atkins MD: That Mrs Garrett Anderson MD, be nominated by this Council to the Governing Body for election to the Deanship of the School vacated by the resignation of Mr. Norton. Dr. S. Jex-Blake and Dr. T.K. Chambers seconded the following amendment: That Dr. Edith Pechey be proposed for election as Dean of the School. The amendment was put to the meeting and lost. The original resolution was then put and carried by 14 votes to 1.? 36 A?n continu? Sophia relacionada con la escuela en su calidad de Contribuyente y miembro del Cuerpo de Gobernadores, pero no asisti? a ninguna otra sesi?n del Consejo Ejecutivo. La ruptura se consum? en 1896, cuando Elizabeth Garrett propuso un proyecto de reconstrucci?n y ampliaci?n de la sede de la escuela. El 27 de enero de 1897, Sophia escribi? una carta protestando contra este proyecto, que, a petici?n suya, fue transmitida a todos y cada uno de los miembros del Consejo Ejecutivo. En ella, insist?a en el riesgo que representaba incurrir en unos gastos tan elevados y cuestionaba la necesidad de realizar las obras previstas. ??The expense of altering the present premises would be considerable and the gains only temporary?, she said.? Al no tener eco su protesta, Sophia envi? desde Edimburgo, una carta dirigida a Isabel Thorne, como secretaria de la escuela, presentando su dimisi?n del Consejo Ejecutivo: ??S.J-B. To Mrs. I .Thorne, Edinburgh, 6 May 1897. I feel that I have no alternative but to resign my position as one of the trustees of the London School. I disapprove of the action taken as to expenditure without the money in hand and also to the incorporation of the school at this crisis; and as no attention has been paid to my suggestion that the question should be submitted to the whole Governing Body I can but free 35 Idem., p. 448 36 Archives of the Medical School.Royal Free Hospital, Londres. Citado en Roberts, Shirley., o.c. p. 171 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 363 myself from all responsibility in the matter. You will please report my resignation to the Executive Council.?? 37 En la siguiente reuni?n del Cuerpo de Gobernadores, Elizabeth Garrett propuso la siguiente resoluci?n: ?The governors of the London School of Medicine for Women desire in accepting Dr. Sophia Jex-Blake?s resignation to record their appreciation of the great value of her services in the foundation and early organization of the School and their sincere regret that she differs from the executive council in the view of the measures which in their judgement have become necessary in consequence of the fact that the School has again outgrown the accommodation of the present premises.? 38 VI. La contribuci?n de Elizabeth Garrett a la London School of Medicine for Women Su actividad desde 1877 a 1883 En octubre de 1877, la escuela comenzaba las sesiones de invierno del curso 1887-78 con un prometedor futuro por delante, tras haber sido aceptada por el Irish College of Physicians y haber firmado el acuerdo con el Royal Free Hospital. Dispon?a ahora de un reci?n adquirido museo y se estaba comenzando la construcci?n de una biblioteca de la que Elizabeth era la bibliotecaria honoraria. Ella fue la encargada del discurso de apertura. Anim? a las alumnas a enfrentarse con el trabajo que les esperaba, advirti?ndoles de que para saber actuar como doctoras necesitaban conocimientos e inteligencia, pero afirmando al mismo tiempo su fe en la comprensi?n que como mujeres pod?an tener de las condiciones de vida causantes de gran n?mero de enfermedades en otras mujeres. ?Women would understand disease in proportion to their knowledge and intelligence and not through any occult or mysterious sympathy with its subject. They should, however, understand better than men the conditions of life which underlay much chronic disease or disability among women.? 39 Les record? su responsabilidad como pioneras, pidi?ndoles ?jugdment, moderation and good taste.... and how necessary it was, especially in England, that they should carry the feeling of the community with them.? 40 E insisti? en la identificaci?n con la profesi?n que hab?an elegido: ??From this day forth you are not merely women who desire to help other 37 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 228 38 Idem, p. 229 39 Manton, Jo, o.c. p. 254 40 Idem, p. 254 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 364 women?, she ended, ?You are members of a noble profession. Seek in all things to promote its highest aims and add to its honour.?? 41 La diplomacia de Elizabeth contribuy? a la decisi?n final del Senado de la universidad de Londres, en el sentido de proponer una nueva carta de derechos y obligaciones que permit?a el acceso de las mujeres a todas las titulaciones de tal universidad. ?In deciding it was ?only fair and reasonable that women should be admitted to examinations on the same terms as men?, they had been much influenced, they said, by ?the moderation with which the views of women have been laid before us by Mrs Garrett Anderson?? 42 En la primavera de 1878, surgi? una nueva cuesti?n: se present? al Parlamento una ley exigiendo que para practicar la medicina se requiriese la obtenci?n de los t?tulos en medicina y cirug?a. El General Medical Council propuso admitir a las mujeres a un examen aparte y hacer un registro de doctoras, independiente del Registro General de M?dicos. La propia Sophia Jex-Blake se dirigi? a Elizabeth pidi?ndole que redactase una protesta. En una larga carta al Times, Elizabeth manifest? que estaba de acuerdo en que se exigiese una triple titulaci?n en medicina, cirug?a y obstetricia, pero propon?a que existiese un solo cuerpo de tribunales con un solo tipo de examen para hombres y mujeres. En absoluto estaba dispuesta a admitir una categor?a inferior de mujeres doctoras. Con tono ir?nico, escribi?: ??What women ask, is that they should be required to know as much as men do... Whether women should write their papers at the same table with the male candidates, or at another table in the same room, or in the next room, whether there should be one door, or two or none, or whether they should even be in separate houses and different streets, are matters which could probably be settled without the intervention of Parliament. Provided that the examination papers are the same, provided the standard for marking and conditions are identical, no one would care about these trifles?.? 43 En este mismo a?o de 1878, Elizabeth public? un peque?o texto m?dico de bolsillo, dedicado al uso de sus alumnas, titulado The Student?s Pocket Index. Era un cuaderno de trabajo en el que cada p?gina izquierda conten?a una lista de enfermedades agrupadas por temas tales como Enfermedades del Sistema Nervioso, del Sistema Respiratorio, etc., y la p?gina derecha estaba dividida en columnas a completar por la 41 Idem, p. 254 42 Idem, p. 255 43 Idem, p. 256 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 365 alumna: ?Seen. Lecture. Museum. P.M. Seen. Noted in casebook p, ----. Books read.? 44 Pretend?a con ello brindar a las alumnas un instrumento donde poder anotar todo su trabajo cl?nico para referencia posterior. Como profesora no public? sus clases, pero los apuntes tomados por una de sus alumnas, Louisa Aldrich-Blake, que ser?a decana de la escuela desde 1914 a 1925, se conservan actualmente en la Wellcome Library de Londres. Contribuci?n de Elizabeth Garrett como Decana En 1883, el a?o de su nombramiento como decana, Elizabeth Garrett tuvo la satisfacci?n de presentar a Mary Scharlieb y Edith Shove, las dos primeras alumnas que optaban al t?tulo de licenciadas en Medicina por la universidad de Londres. Elizabeth quiso que su padre la acompa?ase en esta ocasi?n, tras haberla acompa?ado a?os atr?s cuando la fortaleza parec?a inexpugnable, y le invit? en carta fechada el 6 de mayo de 1883: ?The first ladies who have earned the medical degree of the London University will be presented for graduation next Wednesday 2 p.m. at Burlington House. I am to have the honour of presenting them to Lord Granville as I am now Dean of the Medical School for Women. I think in memory of our efforts 21 years ago you should come up for it.? 45 En el acto de graduaci?n el Canciller de la universidad de Londres mencion? el alto nivel acad?mico conseguido por Mary Scharlieb, quien hab?a obtenido ?a gold medal, a scholarship and two examinations passed in the first divisi?n?. 46 Como decana, Elizabeth pod?a sentirse satisfecha del rendimiento obtenido por sus alumnas. En ese mismo a?o de 1883, Mr. Norton afirm? que los ex?menes de cirug?a de las alumnas de London School of Medicine for Women eran los mejores que hab?a corregido en toda su vida acad?mica. Y en 1889, en el discurso de apertura de la universidad de Glasgow, el Profesor George Buchanan dijo que ?more than half of the honours of the University of London in anatomy, physiology and materia medica were taken by women as against all comers, from all schools.? 47 A partir de 1891, Elizabeth Garrett cont? con la colaboraci?n de una vice-decana, cargo que recay? en la Dra. Miss Julia Cock, quien se ocup? con gran eficiencia de la organizaci?n de las alumnas. 44 Idem, p. 256-57 45 Garret Anderson, Louisa, o.c. p. 233 46 Idem, p. 233 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 366 ?The 1890s were the years when as dean she put her seal on the development of the London School of Medicine for Women.? 48 Ya en 1892, hab?a conseguido la autorizaci?n del Comit? Ejecutivo para alquilar los peque?os edificios colindantes, en los que instalar laboratorios temporales, un museo de patolog?a y una sala de reuniones. Y en 1896 ella fue la principal promotora del proyecto de reconstrucci?n de la sede de la Escuela. Para llevarlo a cabo era preciso contar con financiaci?n. Al dirigirse al p?blico ingl?s a trav?s de las p?ginas del Times, Elizabeth se apoy? en la buena aceptaci?n popular del New Hospital for Women, cuyas salas estaban siempre llenas y contaba con una continua lista de espera de pacientes, para invitar ?any ?large hearted man or woman? to endow either a bed at the hospital or a laboratory at the school, ?thus linking his memory with the history of one of the most striking social advances seen in the present generation?.? 49 Nos referiremos ampliamente a este proyecto de reconstrucci?n de la escuela en el apartado siguiente. La London School of Medicine for Women era, evidentemente, el mayor centro de formaci?n de doctoras en el Reino Unido. En el a?o 1895, el Registro contaba con 200 mujeres doctoras, de las cuales 150 proced?an de la escuela. Se hab?an derribado las barreras de la universidad de Londres, pero no las de los Reales Colegios de Doctores y Cirujanos. Cuando en 1887 los Colegios solicitaron redactar una nueva constituci?n que les concediera poderes para otorgar titulaciones, el Consejo de la escuela hizo una apelaci?n al Consejo Privado de su Majestad, para que se garantizase que la nueva constituci?n permitiese la admisi?n de mujeres. Una apelaci?n similar se dirigi? al Consejo M?dico General (General Medical Council), quien contest? que ?it had no power in the matter, but it did? express the hope... that the examining bodies may, if within their power, find it desirable to admit women on equal terms as the men to the privilege of an examination.?? 50 El tema qued? pendiente hasta 1895, a?o en que el Consejo Ejecutivo de la escuela envi? un nuevo escrito a los Reales Colegios, haciendo constar los cambios que se hab?an producido desde 1887 y solicitando de nuevo la admisi?n de las mujeres: ?One after another, universities and examining boards have admitted women to their degrees and diplomas, so that few remain closed. In the charters of recently established universities the right of women to degrees is recognized. Several medical schools for women have been opened in 47 Idem, p. 234 48 Manton, Jo, o.c. p. 300 49 Idem, p. 303 50 Idem, p. 135 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 367 Scotland and Ireland, the total number of women studying medicine has steadily increased. Many women, both in this country and abroad, hold appointments in hospitals for women and children. ?Public bodies like the General Post Office, the Metropolitan Asylums? Board and the London Country Council have appointed women as medical officers in the institutions they control. The British Medical Association, the Medico- psychological Association, the Society of Apothecaries and the Anatomical Society of Great Britain admit women as members. In short, the acceptance of women in the medical profession is going on steadily and experience has proved that those evils have not resulted which it was feared might follow the admission of women to the study and practise of medicine.? 51 Los Colegios rechazaron nuevamente la petici?n. No se produjo una tercera solicitud por parte de la escuela, pero en enero de 1910, la Direcci?n Conjunta de ambos Colegios autoriz? el acceso de las mujeres a sus ex?menes. Y en 1925 el Real Colegio de M?dicos adopt? la resoluci?n de que ?a woman shall be eligible as a fellow of the College and shall be entitled to take part in the government, management and proceedings of the College, and hold any office in like manner as a man is eligible and entitled.? 52 En el a?o 1898, Elizabeth dimiti? de su cargo de profesora de Medicina, que ven?a ejerciendo desde la creaci?n de la escuela en 1874, y centr? toda su actividad en su gesti?n como decana. El 11 de julio de 1898, se celebr?, bajo su presidencia como decana, la inauguraci?n del primer edificio de la remodelada escuela. Elizabeth cont? con la presencia oficial del Pr?ncipe y la Princesa de Gales, que daban as? el parabi?n real a la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres. El pr?ncipe realiz? una visita extra-oficial el d?a anterior, admirando el inter?s demostrado por las alumnas en los nuevos laboratorios de qu?mica y anatom?a, donde le condujo Elizabeth Garrett. Si el comienzo de la escuela en 1874 hab?a estado exento de ceremonia, la inauguraci?n oficial de la nueva sede en 1898 fue un acto p?blico y brillante. Se decor? el jard?n con banderas y las salas con flores. El acto de apertura estuvo animado por una banda militar, y acudi? una gran cantidad de p?blico para ver a los Pr?ncipes. Las propias alumnas acompa?aron a los invitados a sus asientos en el sal?n de actos y les sirvieron el t? en la recepci?n posterior. Invitadas principales al acto fueron doscientas cincuenta mujeres doctoras, entre ellas Elizabeth Blackwell. Toda esta parafernalia social produjo el resultado de 4.000 libras de aportaci?n para el fondo de construcci?n y 51 Moberly Bell, E., o.c. pp. 135-36 52 Idem., p. 136 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 368 un importante incremento de la respectabilidad social de la escuela. Un mes m?s tarde, se le conced?a ?a Royal Charter of incorporation? 53 . Como decana, Elizabeth era tan exigente con sus alumnas como con ella misma. Las candidatas deb?an tener un buen nivel cultural. Su preocupaci?n por la educaci?n de las mujeres quedaba manifiesta tambi?n en su pertenencia ?as a governor of the North London Collegiate School and Bedford College.? 54 Aconsejaba a las j?venes aspirantes, tras cursar estudios de ense?anza media en un colegio de se?oritas, ir a los dieciocho a?os a la universidad, ?where they could learn their preliminary science, and ?what women so much need, the value of self-guidance and government?.? 55 Una vez aceptadas, Elizabeth exig?a a las alumnas responsabilidad, seriedad respecto a sus estudios, esp?ritu de liderazgo, y que cuidasen de s? mismas, mental y f?sicamente. Por tanto, insist?a en que mantuviesen una alimentaci?n y r?gimen de vida sanos. ?West Hill at Aldeburgh was filled in the vacations with students who could not otherwise afford the sea air and good food they needed.? 56 Las animaba a superar la monoton?a de los primeros estudios y a enfrentarse con la dificultad de los ex?menes. Cuando acud?an misioneras que pretend?an completar su labor religiosa con algunos conocimientos m?dicos, Elizabeth les exig?a que cursaran los estudios completos, nunca como un complemento de segundo orden. De hecho, muchas de las doctoras que prestaron importantes servicios en la India, se formaron en las aulas de la LSMW. No s?lo pretend?a que las alumnas recibiesen una formaci?n cient?fica, te?rica y pr?ctica, como doctoras, sino que le preocupaba asimismo que aprendiesen las formas sociales que consideraba deb?an acompa?ar a un buen profesional de la medicina, hombre o mujer, dando gran importancia a la etiqueta, la buena presencia y la cortes?a. ??The first thing women must learn?, said their Dean, ?is to behave like gentlemen??. They must be courteous to their colleagues, the nurses, their patients, however poor and humble?They must resist the temptation to seek personal publicity.? 57 Esta preocupaci?n por la imagen social y la discreci?n fue uno de los puntos de enfrentamiento con Sophia Jex-Blake. Durante su decanato, cre? un consejo de representaci?n de las alumnas para facilitar su participaci?n en la vida de la escuela. Tambi?n foment? las actividades culturales, favoreciendo la creaci?n de grupos de 53 Manton, Jo, o.c. p. 305 54 Idem, p. 309 55 Idem, p. 309 56 Idem, p. 309 57 Idem, p. 311 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 369 m?sica y deportes. Organizaba cenas con las alumnas en su propia casa y cada Navidad se celebraba un baile en la escuela. Atenta a las condiciones de vida de las alumnas, cre? habitaciones de alquiler en la planta superior de la escuela, y un comedor. En sus ?ltimos a?os como decana, comenz? a fallarle la memoria, olvidando con facilidad el nombre de las alumnas. En 1901, tuvo la satisfacci?n de vivir la incorporaci?n de la escuela a la universidad de Londres. En 1902, a la edad de sesenta y tres a?os, Elizabeth Garret dimiti? como decana, sucedi?ndola en el cargo la Dra. Cock con Louisa Aldrich Blake como vice-decana. Se cre? entonces en su honor un nuevo cargo, el de presidenta. Hasta el final de su vida mantuvo el inter?s por la escuela. En 1913 apoy? la nueva remodelaci?n y contribuy? con mil libras anuales durante tres a?os. Cuentan sus biograf?as que cercana su muerte pronunci? estas palabras ?We must not desert the School.? 58 VII. La formaci?n de las alumnas El discurso de apertura del curso 1887-88, pronunciado por Mary Scharlieb, a la saz?n profesora de medicina forense en la LSMW, y titulado Seven Lamps of Medicine, nos muestra los valores en que la escuela pretend?a educar a sus alumnas y exigir de ellas como futuras doctoras, al menos durante esta primera etapa, bajo el decanato de Elizabeth Garrett. Mary Scharlieb iniciaba su discurso diciendo que imaginaba que el camino de una persona dedicada a la medicina estaba iluminado por una luz formada por siete rayos. ?These rays may be named Obedience, Thoroughness, Truth, Courage, Gentleness, Humility, Sacrifice.? 59 Obediencia, porque ?only those who can cheerfully obey may safely command.? 60 Da por supuesto Mary Scharlieb que las alumnas han elegido el estudio de la medicina voluntariamente, por vocaci?n, y con un fuerte deseo de ejercer la profesi?n, pero deben tener en cuenta que durante su periodo de formaci?n han de aceptar las exigencias del estudio de materias y la realizaci?n de tareas, a veces mon?tonas, que requerir?n exigencia y disciplina. Adem?s, deber?n aprender a convivir aceptando las normas de una comunidad. ?You must, however, remember that in 58 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 240 59 Scharlieb, Mary. Seven Lamps of Medicine. Inaugural Address, delivered at the London School of Medicine for Women. October 1, 1887. Oxford, 1888 (imprimido para distribuci?n privada por Horace Hart, impresor de la Universidad, p. 2 60 Idem, p. 2 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 370 entering any community, working to attain a special object, you can only work easily and well by conforming to the regulations of that community.? 61 En cuanto a la segunda cualidad requerida, que podr?amos definir como diligencia y eficacia, Mary Scharlieb afirma que ?nothing worth doing can be accomplished without diligence.? 62 Desde el comienzo de su formaci?n, las alumnas deber?n tener un m?todo de estudio, un plan de trabajo personal que se autoexigen seguir. Esto las preparar? para un trabajo organizado y responsable en el ejercicio futuro de su profesi?n. Como doctoras deber?n seguir form?ndose siempre, y prestar el m?ximo de atenci?n al examinar un paciente, estudiando cada caso en profundidad. ?Always examine tour patients on some well-known plan?? Take careful notes of every point, enter the outline of your treatment; record its results, or apparent results, and gum in the charts and diagrams that will make your record valuable. In the evening, on the first leisure time, read up the subject in the text-books; consult the best monographs, and think over the whole matter. Subsequently, if possible, discuss the case (of course, suppressing names) with a friend.? 63 No se trata tan s?lo de aplicar friamente un m?todo de trabajo. Lo que se pide de un buen profesional de la medicina, lo que la escuela esperaba de sus alumnas, era una aut?ntica dedicaci?n al cuidado de los pacientes, reflejada en los m?s m?nimos detalles, incluso en la decoraci?n de la consulta. ?To be really thorough our profession must be to us a sort of religion; a golden band binding together all our faculties.? 64 Otra consecuencia de aplicar esta autoexigencia en el ejercicio de la profesi?n es la observaci?n por parte de la doctora de una puntualidad exquisita. ?Another result of the thoroughness I advocate is a keen sense of the value of time, an unfailing punctuality. Unpunctuality is really a form of dishonesty for by it we rob others of their time, which is their most valuable possession.? 65 El tercer valor exigido es la Verdad, la Sinceridad. Ello exige superar la dificultad que representa comunicar a un enfermo o sus familiares la gravedad de una dolencia. Los profesionales de la medicina deben respetar el derecho de los enfermos a conocer la verdad, pero deben tambi?n comunicarla ?in the gentlest and most sympathetic manner.? 66 Tambi?n las futuras doctoras deber?n tener sinceridad para aceptar sus dudas o su ignorancia, para cambiar un tratamiento cuando reconocen 61 Idem, p. 5 62 Idem, p.6 63 Idem, p. 8 64 Idem, p. 8 65 Idem, p. 9 66 Idem, p. 12 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 371 que no es efectivo, sabiendo pedir colaboraci?n cuando es preciso y siendo asimismo capaces de reconocer ante los pacientes el desconocimiento sobre sus padecimientos. El cuarto rayo de luz que debe iluminar la vida de las doctoras es el Valor, actitud ?absolutely necessary in the moral treatment of our patients.? 67 Se requiere valor para enfrentar los casos dif?ciles, pero tambi?n en la vida diaria. Este coraje lleva consigo una actitud de optimismo, que infunda ?nimos a los enfermos. ?Other things being equal, the doctor with a pleasant face, bright manner, and cheerful word, will do the most good.? 68 Y esto nos lleva al siguiente valor exigido: la Gentileza, la Amabilidad. Como doctoras las alumnas estar?n en contacto con el dolor, el sufrimiento, y ello requiere de ellas actitudes de comprensi?n, de gentileza, para ayudar a suavizar la carga del dolor. La actitud humana de una persona profesional de la medicina est? siendo considerada en este discurso como fundamental. De nuevo ofrece Mary Scharlieb a las alumnas un c?digo de conducta frente al paciente y sus familiares: ?We must always be ready with pleasant chat and cheering word to wile away long hours of suffering and suspense. We must be able to put aside our own anxieties, fatigues, and even actual illness, to meet our patients with an ever-active intelligence and keen appreciation of their condition.? 69 No s?lo pide esta actitud frente al paciente gravemente enfermo. Recuerda a las alumnas que deben tener en cuenta el malestar f?sico o ps?quico que puede sufrir una persona por causas que pueden aparentemente parecer poco importantes. ?There are many conditions of mind and body in which the sufferer would fain have something definite the matter to account to himself and others for the vague weakness, the unrest and, above all, for the unnatural irritability.? 70 Como doctoras deber?n saber ganarse la confianza de los pacientes brindando comprensi?n. En sexto lugar, se refiere Mary Scharlieb a la Humildad. Aceptar las propias limitaciones, reconocer la necesidad continua de aprender, recibir de forma positiva las cr?ticas y sugerencias. ?For all work worthy of the name there must be long and arduous preparation. Before honour is humility.? 71 Y por ?ltimo, la capacidad de Sacrificio. Sacrificio, esfuerzo, incluso mientras son estudiantes, sacrificio de su tiempo 67 Idem, p. 14 68 Idem, p. 15 69 Idem, p. 17 70 Idem, p. 18 71 Idem, p. 19 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 372 dedicado al estudio, de sus propios gustos y opiniones cuando tienen que seguir las normas y exigencias de la escuela o el hospital. En un mensaje final, resume Mary Scharlieb un credo de lo que pod?a representar la profesi?n m?dica para muchas doctoras pioneras: ?Do not consider your profession this day from a practical point of view; do not regard it as a means of earning a livelihood; do not desire the wealth or the prestige that fate may have in store for you. Heap all the riches of your nature, your woman?s heart, your cultivated mind, your high ideal of a noble life on this sacred altar.? 72 Y recuerda a las alumnas la deuda que tienen con las pioneras que lucharon, muy pocos a?os atr?s, para conseguir que ellas puedan tener acceso a una escuela, y una pr?ctica hospitalaria. Asimismo, Isabel Thorne, en su obra citada, se?ala las cualidades que una buena doctora debe ostentar, cualidades que por lo tanto se tratar?a de inculcar a las alumnas, y que considera son las m?s altas cualidades propias de la mujer: ?she should be wise and sympathetic, with a clear, logical mind, much common sense good judgment, tack and acquaintance with human nature, able to inspire her patients with confidence.? 73 Su formaci?n debe ser te?rica y pr?ctica, permiti?ndole aplicar los conocimientos a la realidad: ?she requires not only a profound knowledge of medicine and surgery, but a firm grasp of the principles underlying them and the faculty of applying them and the faculty to suitable cases.? 74 Entre las actitudes que debe tener en el ejercicio de su profesi?n destaca la generosidad, la responsabilidad, la comprensi?n, tan importantes como su buen juicio y su habilidad. A todo ello se a?ade la necesidad de disfrutar de buena salud para soportar las exigencias impuestas por su trabajo: ?She must be unselfish with a great capacity for taking pains. If she takes up surgery much practical skill is needed. She sees so much of the sorrows of life that her heart is often wrung by the griefs of her patients who depend upon her for counsel and comfort in their troubles. She must be able to face responsabilities for the issues of life and death are often in her hands and much depends on her judgement; good health, too, is a most important condition. A medical woman should possess a combination of all that is best in womanhood. Her profession gives her a sphere of action for the exertion of the highest qualities.? 75 72 Idem, p. 21 73 Thorne, Isabel, o.c. p. 49 74 Idem, p. 49 75 Idem, p. 49 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 373 Las alumnas, no s?lo pod?an disfrutar de la formaci?n acad?mica y las pr?cticas en la escuela y el hospital, sino que se facilitaba asimismo su participaci?n actividades culturales y su relaci?n con alumnas de otras materias. En 1895, se cre? el School Magazine, revista de aparici?n semestral, cuyo fin era ?to promote fellow feeling among the different sections of the School and link together past and present students? 76 , y su lema, Work is as it is done. Las p?ginas del London School of Medicine for Women Magazine, que se conserva en los archivos del Royal Free Hospital, ofrecen una inestimable fuente de informaci?n sobre la vida de la escuela. En 1874, con motivo del d?cimo aniversario de la creaci?n de la LSMW, se convoc? un premio, dotado con diez libras, al mejor trabajado presentado por una alumna o ex alumna, sobre el tema: Study and Practice of Medicine by Women. La finalidad de este Premio era ?to elicit from the writers of the Essays their views, arguments and aspirations regarding the Medical Profession as a career for Women,? 77 Lo gan? Edith A. Huntley y fue publicado en 1886. Constituye una contribuci?n m?s a la defensa de argumentos en favor de la incorporaci?n de la mujer a la pr?ctica de la medicina. Comienza con una breve incursi?n hist?rica mencionando mujeres doctoras de la antriguedad, y la aptitud natural de las mujeres para la atenci?n de los enfermos: ?Daily experience proves that the untrained woman shows more aptitude for the treatment of sickness and suffering than the untrained man. If there were any original consecration of medicine to the male sex, the fact would be the reverse. But on all hands the charge of the sick and suffering, in so far as it demands patience and intuitive insight and the tender manual skill that simple practice can mature ?that is to say, natural qualifications- is acknowledged to be a pre-eminently feminine duty. This is the secret of the early female practice of medicine.? 78 Contin?a con un relato de los hechos que condujeron a la creaci?n de la LSMW, y dedica la segunda parte del trabajo a se?alar el campo que considera id?neo para la doctora de su tiempo, dada la necesidad y demanda existentes: ?The work, then, that awaits the qualified medical woman lies among patients of her own sex, and, also, naturally, among children.? 79 No rechaza la posibilidad de atender a los pacientes hombres, tal como sucede con las enfermeras, pero considera que no existe tal 76 Idem, p. 37 77 Huntley, Edith A. The Study and Practice of Medicine by Women. Lews: Farncombe & Co. Londres, 1886, p. 2 78 Idem, p. 11 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 374 necesidad. A continuaci?n rebate los argumentos que podr?an esgrimirse en contra de las mujeres doctoras, y vuelve a afirmar su idoneidad e, incluso, superioridad, para atender a las mujeres y para desempe?ar ciertos cargos p?blicos. Y finalmente se?ala la necesidad de crear escuelas de comadronas similares a las existentes en otros pa?ses. Las aspirantes a alumnas recib?an una amplia informaci?n sobre las materias impartidas, horarios, becas y premios, as? como sobre titulaciones a las que pod?an aspirar y normativa a seguir en la escuela y el hospital, a trav?s del Prospectus de cada sesi?n. Las alumnas pod?an optar a diferentes becas, varias de ellas dedicadas especialmente a preparar mujeres doctoras que ejerciesen en la India, como la Stuart Mill Scholarship, la Fanny Butler Scholarship o la Dufferin and Jubilee Scholarship. En el Anexo III se puede ver una relaci?n completa de las becas correspondientes al curso 1891-92. Este Anexo es copia del Prospectus de la sesi?n de 1891-92, y permite asimismo conocer los horarios y normas aplicados en la escuela y el Royal Free Hospital. En 1914, un grupo de antiguas alumnas formaron la Association of Registered Medical Women. VIII. Las mujeres como profesionales dentro de la LSMW En el momento de su apertura, la escuela contaba ?nicamente con una doctora en su claustro de profesores: Elizabeth Garrett Anderson. A medida que m?s mujeres fueron adquiriendo titulaciones reconocidas, aumento su representaci?n en el claustro, transform?ndose de alumnas en profesoras de la escuela. Nos referimos aqu? a la incorporaci?n de mujeres a las tareas docentes y organizativas de la escuela desde su fundaci?n en 1874 hasta principios del siglo XX. Elizabeth Garrett imparti? Practice of Medicine desde 1875 hasta 1898. Compart?a las clases de dicha materia con el doctor T.K. Chambers desde 1875 a 1883 y con el doctor Dr. Donkin desde 1883 hasta 1898. En este a?o fue sustituida por la doctora Miss Cock. Su actividad como profesora fue simult?nea al desempe?o de otros cargos: el de decana desde 1883 a 1903 y el de bibliotecaria honoraria, de 1883 a 1887. En 1875 Sophia Jex-Blake y Edith Pechey fueron nombradas profesoras de higiene impartiendo la materia cada una en a?os alternos. Edith Pechey mantuvo su cargo hasta 1883 en que se traslad? a la India. Sophia Jex-Blake sigui? ostentando la c?tedra de 79 Idem, p. 29 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 375 Higiene hasta 1889 en que esta materia pas? a ser impartida por Mary Scharlieb bajo el ep?grafe: Medicina Forense e Higiene. Louisa Atkins imparti? las materias de obstetricia y enfermedades de la mujer desde 1875 a 1883. En este a?o, se hizo cargo de obstetricia el doctor Ford Anderson, quedando la doctora Atkins como profesora de enfermedades de la mujer hasta 1893. Mary Scharlieb se incorpor? como profesora de la escuela en 1888, impartiendo medicina forense desde 1888 hasta 1891, ginecolog?a desde 1893 a 1901, y obstetricia desde 1893 hasta 1913, a?o en que solicit? su jubilaci?n. Cuando Mary Scharlieb dej? la c?tedra de ginecolog?a en 1901, la sucedi? en el cargo la doctora Florence Nightingale Toms (llamada as? en honor de la famosa F.N., cuya haza?a en Crimea deb?a ser muy reciente en el momento del nacimiento de la futura doctora), conocida profesionalmente por su nombre de casada, Mrs. Stanley Boyd. Desempe?? este puesto hasta su muerte en 1910. En 1891, se incorpor? como profesora de pr?cticas de obstetricia la doctora Miss Mc.Call, y en 1893 lo hizo Miss M.F. Ewart como profesora de biolog?a elemental y f?sica. En 1891, fue nombrada profesora de medicina forense e higiene la Dra. Dowson, compartiendo la materia con el Dr. Dupr?. Esta doctora sucedi? a Elizabeth Garrett en el cargo de bibliotecaria honoraria en 1887. Y en 1895, se incorpora a las clases de Ginecolog?a pr?ctica la Dra. Helen Webb Asimismo se fueron creando otros cargos ostentados por mujeres. Por ejemplo, en 1883, comenzaron a impartirse demostraciones pr?cticas de anatom?a por alumnas de cursos superiores. Se eleg?an dos alumnas, una como encargada de las demostraciones y otra como ayudante desde 1883 hasta 1889. A partir de este a?o se duplic? el n?mero en ambos cargos. En este mismo a?o de 1889, se nombra la primera encargada del museo y en 1893 se crean los puestos de encargadas de demostraciones pr?cticas en qu?mica y farmacia. Desde 1897, existieron tambi?n encargadas de las pr?cticas de ginecolog?a, fisiolog?a y biolog?a. En 1891, se cre? el cargo de vice-decana, siendo nombrada para el cargo la doctora Julia Cock. A partir de 1898, Isabel Thorne queda como secretaria honoraria, cre?ndose el puesto de secretaria adjunta. Fue nombrada secretaria y bibliotecaria, Mary Buchan Douie. Mary Douie, quien hab?a estudiado inicialmente en la Edinburgh Association for the Higher Education of Women, y en 1891, comenz? sus estudios en la LSMW. Perteneci? al grupo de ocho mujeres pioneras en recibir la graduaci?n en la universidad de Edimburgo en 1893. En 1897 obtuvo el M.B. por la universidad de Londres. Desde su cargo de secretaria de la LSMW, ejercido hasta 1908, ?she was very much involved in the rebuilding and Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 376 extensi?n of the School and the admisi?n of women to the Fellowship of the Royal Colleges of physicians and Surgeons.? 80 Tambi?n en el Royal Free Hospital se crearon puestos para las mujeres, aunque en menor proporci?n. Desde 1889 a 1894, el ?nico cargo ocupado por una mujer es el de encargada del museo de dicho hospital. En 1893, este cargo fue ocupado por Miss Aldrich-Blake, quien ser?a posteriormente decana de la escuela. Cabe resaltar aqu? que Louisa Aldrich-Blake es la ?nica mujer, de las que podemos considerar pioneras de la medicina moderna, que tiene un monumento en Londres. (Fig. 17) Se trata de un discreto busto doble situado en una esquina de los jardines de Tavistock Square, (plaza muy cercana a la antigua sede de la escuela), los mismos jardines que albergan en su centro la estatua de Gandhi. A partir de 1894, se cre? el cargo de ayudantes de anestesista, senior y junior. En 1895, aparece nombrada una mujer como anestesista del Royal Free Hospital por vez primera, recayendo este nombramiento en la mencionada Louisa Aldrich-Blake. En 1896, se nombran dos secretarias, una encargada de pacientes cl?nicos y otra de pacientes quir?rgicos, y en 1897, dos ayudantes cl?nicas, una en ginecolog?a y otra en oftalmolog?a, cargos que se incrementan el a?o siguiente con la creaci?n de tres puestos de ayudantes en medicina y una ayudante en cirug?a. Y en 1900, se crea el puesto de encargada de demostraciones de pr?cticas de patolog?a. Estos cargos desempe?ados por alumnas se realizaban como parte de su formaci?n acad?mica y profesional, sin recibir remuneraci?n alguna. L?gicamente las mujeres que ocupaban puestos docentes o administrativos en la Escuela recib?an la correspondiente remuneraci?n, renunciando en ocasiones a ella para favorecer el mantenimiento de la Escuela. As? se recoge respecto a Mary Scharlieb en la rese?a publicada por el LSMW Magazine, con motivo de su jubilaci?n como profesora: ?We do not forget that when the School was hard pressed, a few years back, and some of the lectures had to be given less frequently on account of expense, Mrs. Scharlieb most generously gave her full course of lectures without remuneration.? 81 Estas doctoras, pioneras en acceder a la ense?anza de la medicina, combinaban esta labor con su pr?ctica m?dica y quir?rgica en el New Hospital for Women y, posteriormente, tambi?n en el Royal Free Hospital. Sirvan de ejemplo los casos de 80 Watson, William N. ?The First Eight Ladies?, en University of Edinburgh University, primavera de 1968, p. 229 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 377 Mary Scharlieb, cirujana del New Hospital y ginec?loga del Royal Free; o Florence Nightingale Boyd, cirujana asimismo del New Hospital for Women, adem?s de dirigir durante varios a?os un peque?o hospital fundado por la National Vigilance Society. El n?mero de mujeres profesionales que prestaban sus servicios en la escuela fue aumentando en los primeros a?os del siglo XX. Nos da testimonio de ello Isabel Thorne, al escribir en 1915: ?the names of many women are found holding responsible positions as Registrars, Clinical Assistants, Demonstratros, Anaesthetists,, Electricians, Obstretic Assistants, etc., showing how much can be done by properly trained women.? 82 El mismo dato recoge la doctora Doris Odlum en su memoria autobiogr?fica. ?I started my studies in October 1915 at the London School of Medicine for Women, which was attached to the Royal Free Hospital. At that time the school was largely staffed by women and had no male students.? 83 Recogemos aqu? la relaci?n de personas que han desempe?ado el decanato de la Escuela desde su creaci?n, destacando el alto n?mero de mujeres: 1874 Dr. F.E. Anstie. 1874-1883 Mr. H.T.Norton 1883-1902 Dr. Elizabeth Garrett Anderson 1902-1914 Dr. Julia Cock 1914-1925 Dame Louisa Aldrich-Blake 1925-1931 Lady Florence Barrett 1931-1945 Dr.Elizabeth Bolton 1945-1967 Dr. Catherine Lloyd-Williams 1967-1989 Dr.Bruce MacGillivray 1989- Profesor Arie Zuckerman IX. La sede de la London School of Medicine for Women Como hemos dicho anteriormente, la escuela se situ? desde 1874 a 1898 un una peque?a casa en Henrietta Street, calle cuyo nombre cambi? a Handel Street en 1888, por iniciativa del Metropolitan Board of Works de Londres. La raz?n al parecer fue la 81 Magazine of the London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women. Marzo de 1913 Vol. VIII, p. 148. 82 Thorne, Isabel,o.c. p. 46 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 378 existencia de otras dos calles o pasajes denominados Henrietta, eligiendo como alternativa el nombre del m?sico como homenaje a su figura. Existe a?n actualmente, justo detr?s del edificio que fue sede de la Escuela, un peque?o pasaje llamado Henrietta Mews, por el que se accede a St.George Gardens. Estos descuidados jardines, con tumbas abandonadas sobre las que se posan las palomas, nos trasladan con facilidad a los a?os del nacimiento de la escuela. Cuando Elizabeth Garrett fue nombrada decana en 1883, el ?nico cambio realizado en el edificio fue la construcci?n de un cobertizo de hierro en el jard?n para albergar una sala de lectura, que resultaba poco confortable, ?an oven in summer and a noisy ice-house in winter with rain on the corrugated iron roof.? 84 No dispon?an de laboratorios y las instalaciones para pr?cticas de anatom?a resultaban muy rudimentarias. Las aportaciones de las alumnas resultaban insuficientes para cubrir los gastos. Cuando se celebr? el d?cimo aniversario de la apertura de la escuela, en 1884, el Consejo Ejecutivo aport? diez libras y las alumnas once libras y diez chelines para celebrar la fiesta de aniversario. Las alumnas supl?an con su trabajo y entusiasmo la falta de instalaciones adecuadas, logrando muy buenos resultados en los Tribunales Examinadores. ?As soon as examining boards consented to receive them, the women students won for their school gold medals, exhibitions and honours.? 85 En 1883, un informe del Consejo Ejecutivo refleja la necesidad de ampliar la sede de la escuela: ?In all probability it will be necessary in a few years either to build a new school on a new site or to rebuild the School on its present site. They wish, however, to make the present premises available if possible for some few years longer until a building fund has been well started. With this intention, they desire to put an Iron Room in the garden and rearrange the rooms within the house during the coming summer. They have bought the lease of the School premises and of the adjoining house, 7 Hunter Street; they are thus in a position to negotiate with the ground landlords when the time comes for the enlarging or rebuilding of the School.? 86 Se crearon nuevos laboratorios y se mejoraron los vestuarios, situados en el edificio principal que se conoc?a como The Pavilion (el Pabell?n). En 1886, se cre? un Subcomit? de Construcci?n, que llev? a cabo las gestiones que culminaron con la 83 Doris Odlum. ?Doris Odlum?, en Women Physicians of the World, autobiographies of medical pioneers. Edit. Leone McGregor Hellstedt. Medical Women?s International Association. Mc. Graw Hill. Londres, 1978, p. 51 84 Garrett Anderson, Louisa., o.c. p. 230 85 Idem, p. 232 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 379 adquisici?n de las peque?as casas situadas en los n?meros 8, 9, 10 y 11 de Hunter Street. Aunque tambi?n se consider? la posibilidad de buscar una nueva sede, en 1892, el Consejo decidi? realizar obras de reconstrucci?n y ampliaci?n sobre la sede ya existente, firmando a tal efecto un contrato de arrendamiento por ochenta a?os con los propietarios del terreno. Los trabajos se llevar?an a cabo de forma que no se interrumpiese el normal funcionamiento de la escuela. El valor aproximado de la obra se calcul? en 20.000 libras. Se abri? un fondo para financiar la reconstrucci?n, al que contribuyeron donativos de amigos de la escuela, e incluso parte del salario de algunos miembros del personal. En esta ?poca las tasas abonadas por las alumnas cubr?an los gastos de funcionamiento y permit?an dedicar parte de los ingresos anuales a incrementar el fondo para construcci?n. En 1896 el n?mero de alumnas aument? espectacularmente con la incorporaci?n de cincuenta nuevas estudiantes y el comienzo de la obra se volvi? imprescindible. El fondo contaba con 12.000 libras en el momento de inicio de las obras y se solicit? un cr?dito hipotecario. La escuela segu?a recibiendo el apoyo econ?mico de los contribuyentes privados: una carta de la decana al Times logr? la recaudaci?n de 1.600 libras. Las obras se comenzaron durante las vacaciones de verano de 1897. El primer bloque de laboratorios, comenzado en julio de 1897, en el lado este del jard?n, se inaugur? en mayo de 1898. Durante este per?odo las actividades de la escuela continuaron ?in the Iron Room, the Pavilion and some part of 7 Hunter Street, which had been adapted as an interim measure.? 87 El 11 de junio de 1898, se inauguraba este primer edificio, con un acto al que asistieron el Pr?ncipe y la Princesa de Gales. En el informe realizado para el Women?s Institute en 1898, la secretaria de la escuela se refiere a estas nuevas instalaciones, que proporcionaban a las alumnas laboratorios de anatom?a, fisiolog?a, qu?mica y f?sica dotados de modernos aparatos y luz el?ctrica. Inmediatamente se comenz? la construcci?n del segundo bloque de edificios, con entrada por Handel Street, que reemplaz? al antiguo Pabell?n. Estuvo terminado en octubre de 1899, y albergaba un anfiteatro para conferencias, un departamento de biolog?a y oficinas. Para continuar la obra, se demolieron las casas adquiridas en Hunter Street, algunas de las cuales todav?a ten?an inquilinos cuyas rentas hab?an supuesto una contribuci?n econ?mica para la escuela. El nuevo edificio se inaugur? en octubre de 86 Moberly Bell, E., o.c. pp. 126-27 87 Idem, p. 128 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 380 1900. Contaba con habitaciones para alumnas en la planta superior, salas comunes, comedor y biblioteca. Al comienzo de construcci?n de este tercer edificio, se agot? el fondo y fue preciso pedir un cr?dito. Al finalizar la obra se deb?an 14.000 libras, pero afortunadamente dos d?as despu?s de la inauguraci?n el Comit? Ejecutivo recibi? un donativo de 5.000 libras. Al realizar estas obras, la entrada principal se traslad? a Hunter Street. As? describe Isabel Thorne la Common Room o sala donde se reun?an las alumnas: ?the Common Room, so much used by the students, with its fine Turkey carpets, comfortable chairs and tables and bureau,? 88 , mobiliario cedido ?by a friend of the School in memory of her mother.? 89 Estas instalaciones continuaron en uso hasta 1914, en que el n?mero de alumnas, m?s de trescientas, hizo necesaria una nueva ampliaci?n. Se construy? una nueva ala, dise?ada por Mr. H.V. Ashley, que vino a formar el cuarto lado de un rect?ngulo. Tambi?n se realizaron transformaciones en el edificio principal: se construy? una nueva biblioteca, convirtiendo la anterior en comedor, y dejando el sal?n para actividades culturales y recreativas ?nicamente. La construcci?n del comedor permiti? servir una cena de tres platos a las alumnas y ex alumnas que lo deseasen. El presupuesto estimado por Mr. Ashley ascend?a a 30.000 libras y de nuevo fue preciso organizar una campa?a de recogida de fondos: ?The appeal campaign stressed the nation?s urgent need for more trained medical women, pointing out the valuable work the school?s graduates were doing ?in Public Departments throughout this Kingdom, in Sanatoria, in Poor Law Institutions, in Hospitals both in England and India, and as Medical Missionaries all over the world?, and not least on the battlefields of Europe, where former students like Dr. Louisa Garrett Anderson and Dr. Flora Murray were leading voluntary all-women medical units in France and Serbia.? 90 Esta campa?a logr? recaudar 15.000 libras. La cantidad total se complet? con las donaciones conseguidas en una segunda campa?a The Training of Medical Women, National Work, An Urgent Call, lanzada en julio de 1915. M?s de mil setecientas personas contribuyeron con donaciones que iban desde unos pocos chelines a 7.000 libras. Las nuevas instalaciones de la ya entonces London (Royal Free Hospital) School of Medicine fueron inauguradas por la Reina Mary el 2 de octubre de 1916, casi 88 Thorne, Isabel, o.c. p.47 89 Idem, p. 47 90 Amidon A, Lynne, o.c. p. 16 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 381 cuarenta y dos a?os despu?s de su creaci?n, siendo decana la doctora Louisa Aldrich- Blake, quien record? tal aniversario en su discurso inaugural: ?On the 12th of this month it will be forty-two years since this School began its work...The foundation of the School was an Act of Faith, for at that date, 1874, no Hospital would receive its Students, no University nor Diploma granting body would examine them. The faith of the Founders was amply justified. Within three years the Royal Free Hospital admitted women Students to its wards and thus became on of the teaching Hospitals of London.? 91 La segunda Guerra Mundial supuso un nuevo reto para la escuela en diferentes sentidos. En octubre de 1939, siguiendo las instrucciones de la universidad de Londres, se procedi? a la evacuaci?n de la escuela: el primer curso junto con su profesorado fue enviado a St. Andrew?s, y el segundo y tercero a Aberdeen. Estos dos ?ltimos cursos regresaron a Londres en marzo de 1940, aunque en octubre de ese mismo a?o totalidad de la escuela tuvo que ser nuevamente evacuada a Exeter. En octubre de 1943, la casi totalidad de la escuela reanudaba su actividad en Hunter Street. Los correspondientes editoriales del Magazine recogen el hecho, minimizando la tragedia de la guerra: ?it is with great joy that we welcome back the second and third year students (perhaps a trifle paler from the cloudy skies of Scotland) from their exile in Aberdeen.? 92 Se refiere tambi?n el mismo editorial al nuevo sistema de ex?menes y a la decisi?n del gobierno de reclutar a los doctores. Y respecto a este ?ltimo punto aprovecha para sugerir que se exija un a?o completo de trabajo como residentes a los doctores y doctoras que pudieran enviarse a la guerra, y solicitar que los puestos, de estudios y trabajo, que se abran a las mujeres con motivo de la guerra no vuelvan a cerrarse tras la misma, al igual que sucedi? en la primera Guerra Mundial. Los bombardeos sobre la ciudad de Londres afectaron la sede de la escuela y el 9 de febrero de 1945 fue destru?da parte del ala del laboratorio y los edificios adyacentes. Las clases continuaron pocos d?as despu?s, utilizando las instalaciones de Guy?s Hospital, St. Mary?s Examination Hall y el National Hospital for nervous Diseases. A?n en marzo de 1946, podemos leer en el editorial del Magazine correspondiente: ?Repair work is continuing at the School and Hospital and we look forward to the time 91 Idem, p. 17 92 Editorial. The Magazine of the London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women, Vol. III, no. 9, marzo 1940, p. 61 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 382 when the rebuilding will be completed? 93 junto con la bienvenida a las profesoras que se incorporan tras su participaci?n en los hospitales de campa?a. Con el fin de la guerra llega un nuevo cambio en la vida de la LSMW: la incorporaci?n de alumnos. En el mismo Magazine que acabamos de citar, aparece un art?culo firmado por la doctora E.M. Killick sobre el tema, titulado ?Co-education?. En primer lugar hace constar el descenso en la proporci?n de mujeres estudiantes de medicina en la universidad de Londres: ?The University of London was the pioneer in admitting women to higher education, and it is laid down by Charter and Statute that the University may not impose any disability on the ground of sex. It is a sad departure from its high tradition that the University has now fallen lowest among the Universities of this country in the facilities it provides for the training of women in medicine. Since 1930 the proportion of women medical students has been highest in Wales, where the proportion has varied between 27 and 31.5%, lowest in London, with a proportion of 10.5 to 12.5%. The proportion of women in the Scottish Medical Schools and in those of English Universities, excluding London, is intermediate, and during the war has fluctuated between 18 and 24%.? 94 Contin?a exponiendo el sistema propuesto por el Comit? del Senado de la universidad en 1928, en el sentido de que existieran tres tipos de escuelas de medicina: escuelas de hombres, escuelas de mujeres y escuelas mixtas, de forma que la co- educaci?n pudiera ser elecci?n voluntaria del alumnado, y que la admisi?n a las escuelas mixtas se hiciese teniendo en cuenta la capacidad y no el sexo de la persona aspirante. Reconoce la autora que esta soluci?n, que ella considera ideal, aunque personalmente se inclina por las escuelas mixtas, es imposible de llevar a cabo en ese momento. ?New educational schools could not be built in time to solve the immediate problem; none of the men?s schools is willing to become co-educational in the full meaning of the term. Unfortunately the policy now agreed upon falls short of full co-education in two important respects; it does not make admission to all Medical Schools dependent on merit, regadless of sex, and it cannot be called entirely voluntary.? 95 El tema de la aceptaci?n forzosa de alumnos en la escuela crea una preocupaci?n que se aborda, de nuevo, con sentido del humor, en las p?ginas del Magazine. As? el 93 Editorial. The Magazine of the London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women, Vol. VIII, no. 19, enero-marzo 1946, p. 1 94 Editorial. The Magazine of the London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women, Vol. VIII, no. 19, enero-marzo 1946, p. 1 95 Idem, p. 2 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 383 editorial del n?mero 21, correspondiente al semestre enero-junio de 1947, ?ltimo que se publica con anterioridad al cambio de nombre de la escuela, comienza con una larga disertaci?n sobre el papel del sexo en la evoluci?n y el paso de los animales asexuados a los sexuados, para referirse finalmente a los cambios que puedan producirse en la escuela. El siguiente n?mero del Magazine, constata con iron?a la escasa incorporaci?n de estudiantes, para pasar inmediatamente a mencionar una larga lista de miembros del profesorado que dejan la escuela, bien por jubilaci?n o por incorporarse a otros cargos. ?The changes have been nominal rather than real, for while the women have disappeared from the title of the school, the men can hardly be said to have appeared in the school. If the idea suggested in our last number had been adopted by the authorities, the title would now be London (Royal FreeHospital) School of Medicine for Women and two men.? 96 En 1946, el Royal Free Hospital contaba ?nicamente con trescientas dieciocho camas, un n?mero demasiado bajo para un hospital universitario. Por otra parte, las instalaciones de Hunter Street resultaban antiguas e insuficientes, y se extend?a la opini?n de que ya no era necesaria la existencia de una escuela de medicina exclusivamente para mujeres. ?Taken together, these factors added up to a strong argument for closing the School of Medicine, and this was seriously considered at the time.? 97 La doctora Katherine Lloyd-Williams, decana en ese momento, propuso un plan que salv? la escuela de un posible cierre: sugiri? al Ministerio de Sanidad la adhesi?n al grupo de los Royal Free Hospitals, del North-Western Fever Hospital de Lawn Road. Este arreglo entr? en vigor en 1948, proporcionando a la escuela el acceso a cinco hospitales con un total de novecientas camas. En 1950, se complet? una nueva ala, que dio al edificio de Hunter Street el aspecto que tiene en la actualidad. (Figs. 18 y 19) Fue inaugurada por la Reina Isabel II el 24 de octubre de 1951, siendo decana la doctora Catherine Lloyd Williams. Pero el traslado a diferentes edificios supon?a un grave inconveniente para el alumnado (mixto desde 1948) y el profesorado. Estas circunstancias hicieron que tomase cuerpo el proyecto que ven?a proponi?ndose desde 1944, de integrar las instalaciones hospitalarias y de ense?anza en un solo edificio. En 1957, el Ministerio de Sanidad anunci? que ?a new Royal Free Hospital and medical school should be built on 96 Editorial. The Magazine of the Royal Free Hospital School of Medicine, vol. IX, no. 22, julio- diciembre 1947, p. 31 97 Amidon A, Lynne, o.c. p. 75 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 384 the Hampstead site? 98 . Aunque la escuela insisti? desde el primer momento en la necesidad de integrar todos sus departamentos en el nuevo hospital, el proyecto aprobado finalmente no inclu?a el traslado de los departamentos de ense?anza te?rica. Durante los a?os 60, la escuela tuvo que enfrentar estos problemas de falta de espacio y dispersi?n de sus instalaciones, junto con dificultades financieras, al reducirse las becas estatales. La futura existencia de la escuela se puso en duda. ?A 1968 report by the Royal Commission on Medical Education, commonly known as the Todd Report, argued that London?s twelve medical schools individually lacked the academic resources to provide a comprehensive modern medical course for their students.? 99 El informe aconsejaba refundir las doce escuelas en seis, uniendo los departamentos pre- cl?nicos de las Royal Free Hospital School of Medicine y la University College Hospital Medical School. La escuela tuvo que aceptar finalmente esta propuesta, con cuatro condiciones: evitar el despido de personal; mantener la proporci?n de mujeres estudiantes en aproximadamente el cincuenta por ciento del alumnado; construir un edificio para ense?anza pre-cl?nica en Gower Street, junto al departamento de ciencias biol?gicas del University College Hospital; y construir un edificio adicional para los departamentos para-cl?nicos junto al Royal Free Hospital en Lawn Road. Tras numerosos retrasos se comenz? la construcci?n del hospital y la escuela en Hampstead en julio de 1968, inaugur?ndose en 1974, cien a?os despu?s de la apertura de la peque?a escuela de Henrietta Street. Ahora bien, aunque las instalaciones del hospital eran excelentes, ?the medical school, however, was not so fortunate, a number of departments were still missing and would not be available until stages II and III, of the development were completed some four years later? 100 , en 1978, a?o del 150 aniversario del Royal Free Hospital. En 1980, un nuevo informe del Joint Planning Committee de la Universidad de Londres, conocido como Flowers Report, recomendaba cerrar los departamentos pre- cl?nicos y fundir la escuela con las Escuelas de Medicina del Middlesex Hospital y el University College Hospital. Gracias a la presi?n de una amplia campa?a apoyada por doctores, profesores y alumnado, el Comit? de Becas de la universidad rechaz? finalmente el informe, permitiendo el traslado del ?ltimo departamento de Hunter Street 98 Idem, p. 75 99 Idem, p. 77 100 Idem, p. 78 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 385 a Pond Street (Hampstead) en 1982. La escuela dispon?a al fin de ?purpose built, well- equipped teaching facilities, lecture theatres and laboratories under the same roof? 101 . Pero el ?xito de la escuela al conseguir becas para investigaci?n provoc? la necesidad de disponer de m?s espacio en menos de diez a?os. En noviembre de 1991, se lanz? una campa?a para recaudar diecis?is millones de libras destinados a la construcci?n de nuevas instalaciones sobre la planta superior del edificio de ciencias cl?nicas. Desde 1993, se inici? un plan de fusi?n de la Royal Free Hospital School of Medicine con la University College Hospital Medical School, que dio como resultado la actual Royal Free and University College Medical School, creada oficialmente en agosto de 1998, ?to meet the demanding academic needs of the new century and the demographic and other changes, which have occurred in relation to clinical medicine in London.? 102 Comprende tambi?n otras instituciones acad?micas: ?The Institute of Child Health (Great Ormond Street), the Institute of Neurology (The National Hospital for Neurology and Neurosurgery), the Institute of Laryngology and Otology and the Institute of Ophtalmology (Moorfields Eye Hospital). The RF & UCMS is now certainly one of the most important and prestigious Schools of Medicine in Europe.? 103 Las dependencias de la nueva escuela se ubican en tres campus diferentes: El campus de Bloomsbury, en Gower Street, que incorpora las facultades de Life Sciences y Clinical Sciences, realizando las pr?cticas en el University College Hospital, el Middlesex Hospital y el National Hospital for Neurology and Neurosurgery. En la sede del Royal Free Hospital en Hampstead se encuentran los departamentos de Primary Care y Population Science. En el campus Archway, en Highgate, se encuentra el Centre for Health Informatics and Multiprofesional Education (CHIME), realizando las pr?cticas en el Whittington Hospital. Tambi?n se realizan pr?cticas en muchos hospitales de diferentes barrios de Londres, asociados a la universidad. Desde septiembre de 2000, la RF&UCMS ofrece un nuevo curr?culo de seis a?os, cinco dedicados al estudio de la medicina y un a?o adicional intercalado tras el segundo, tercero o cuarto curso, que permite obtener un BSc, a elegir entre un amplio programa. Los cinco a?os de medicina se dividen en tres bloques, el primero comprende el primer y segundo cursos, dedicados al estudio de ciencia y medicina; el segundo, los cursos tercero y cuarto, dedicados a ciencia y medicina pr?ctica y el tercer bloque 101 Idem, 79 102 Prospecto Informativo de la Royal Free and University Medical School (RF and UCMS) difundido en Internet. Octubre de 2001. Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 386 comprende el quinto curso dedicado a la preparaci?n para la pr?ctica de la medicina. Al fin de sus estudios, el alumnado obtiene las titulaciones de la universidad de Londres: Bachelor of Science (BSc), Bachelor of Medicine and Bachelor of Surgery (MB BS). Podemos suponer que las pioneras que crearon la LSMW, se sentir?an satisfechas al encontrar un amplio n?mero de doctoras entre el profesorado responsable de los distintos departamentos de la facultad. Actualmente, el edificio fruto de la remodelaci?n de 1951, en Hunter Street, alberga un Centro de Salud. Una amplia placa triangular situada sobre la puerta de entrada, recuerda el nombre que ostent? la Escuela desde 1898 a 1948: LONDON ROYAL FREE HOSPITAL SCHOOL OF MEDICINE FOR WOMEN. (Fig. 20) Sobre la pared exterior, a la izquierda de la puerta, otra placa grabada en piedra da testimonio de la presencia de la escuela en el edificio bajo el nombre ostentado desde 1948: ROYAL FREE HOSPITAL SCHOOL OF MEDICINE (UNIVERSITY OF LONDON).(Fig. 21) X. El destino de las pioneras de la London School of Medicine for Women Las doctoras de la India: Mary Scharlieb y Edith Pechey. Dada la importancia que la LSMW tuvo en la preparaci?n de doctoras para la India, inclu?mos en este cap?tulo, un apartado sobre este tema. Las mujeres de la India, especialmente las de las castas altas, estaban sometidas a la pr?ctica del purdah, o seclusi?n por razones religiosas, lo que ten?a como consecuencia el verse privadas de atenci?n m?dica, que s?lo pod?a serles dispensada por hombres: ?In many parts of India ?I think I may say most parts- native ladies are entirely shut out from any medical assistance, however great may be their need, because no man who is not one of the family can enter their apartments or see them; and though thousands thus die from neglect and want of timely help, yet nothing can be done to assist them until we have ladies willing and able to act in a medical capacity.? 104 En el Memorandum n?. 4218 del Gobierno de Madras de 1872, se recog?a el siguiente informe del cirujano general Balfour: ?Of all the Mohammedan women, and of the women of the higher castes of the Hindoos who adopt the Mohammedan custom of seclusion, but a very small part have received the benefit of the medical knowledge available for their sisters in Europe and America; and I estimate that of the hundred million of women in India, at least two-thirds are by their social customs 103 Idem. 104 The Queen, 8 de junio, 1872. Citado en Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A Thesis and a History. Oliphant, Anderson y Ferrier. Edimburgo. Hamilton, Adams y Co. Londres, 1886, p. 235 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 387 debarred alike from receiving the visits of a medical man at their own homes, and from attending for gratuitous advice at the public hospitals and dispensaries?To send among those classes women educated in the medical art, seems to be the only means of providing them with scientific medical aid? If a Mohammedan woman or Hindoo of the higher castes be attacked with any severe disease, or have any bones injured, neither of them obtain the benefit of the knowledge which is at their doors, because it is only as yet in the possession of medical men, and men are not admissible into the women?s presence.? 105 La primera sensibilizaci?n ante este problema vino por parte de los misioneros y misioneras de la ?Zenana Bible and Medical Mission...founded in 1852 to reach the women who were cut off from the normal active life of the community.? 106 Aunque su objetivo principal era la evangelizaci?n, al observar los sufrimientos de las mujeres y los ni?os que mor?an por falta de cuidados m?dicos trataron de mejorar su condici?n aplicando medidas de higiene y atenci?n primaria por parte de las misioneras, pero sin contar con ninguna doctora. En 1867, el cirujano Corbyn, deseoso de ayudar a las mujeres, abri? una escuela en Bareilly, para la ense?anza de la medicina a las nativas, bajo el patrocinio de un rico caballero hind?, Baboo Gunga Pershad. En 1870, el Dr. Corbyn facilit? el siguiente informe: ?I am educating a number of native girls, and three have already passed as native doctors. They are of all castes ?Christian, Mohammedans, and Hindoos. My school is divided into three classes. The first class pupils can read and write English and Urdu with accuracy. They are taught medicine, surgery, midwifery, diseases of women and children (especially the latter two). The second class learn anatomy, materia medica, and physiology, in English and Urdu. We have a female ward attached to the dispensary for women and children, and these girls entirely attend to them, under my and the sub-assistants? supervision. It is wonderful how they can manipulate: they have plenty of nerve.? 107 En ese mismo a?o, lleg? a Bereilly desde los Estados Unidos, la primera doctora cualificada, Clara Swain, miembro de la Misi?n Metodista, quien continu? y ampli? la labor comenzada por Corbyn. Tambi?n se cre? una escuela de medicina para mujeres en la misi?n de Rampoor. Y se instruy? a algunas mujeres en Madr?s para que realizasen vacunaciones a domicilio. Pero la preparaci?n proporcionada por este tipo de instituciones era insuficiente. Una figura fundamental en la formaci?n de doctoras en Madr?s fue Mary Scharlieb. En 1866, la joven Mary, que hab?a recibido una buena educaci?n en una 105 Idem., p. 234-35 106 Moberly Bell, E, o.c. p. 112 107 Scotsman, 26 de octubre de 1870. Citado en Jex-Blake, Sophia, o.c. pp. 235-36 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 388 escuela de Londres, se traslad? a la India con su esposo, abogado en Madr?s. Conocedora de los sufrimientos de las mujeres de la India, entr? en 1871 en la Maternidad del Hospital de Madr?s para prepararse como comadrona. Al considerar que estos conocimientos eran insuficientes, decidi? hacerse doctora y pretendi? inicialmente unirse al grupo de Sophia Jex-Blake en Edimburgo. Tras consultar con Balfour en 1872, ?ste solicit? al gobierno de Madr?s que permitiese el acceso de las mujeres, incluidas las mujeres indias de castas superiores, a la facultad de Medicina, permitiendo asimismo la preparaci?n de mujeres de castas inferiores como comadronas. En el verano de 1874, (cercana ya la apertura de la LSMW de Londres) Mary Scharlieb y otras cinco mujeres solicitaron acceso a la facultad de medicina de Madr?s siendo admitidas en 1875. Esta facultad ofreci? dos posibilidades a las aspirantes a doctoras: seguir el curso completo en clases mixtas para todas las materias, excepto las clases de cirug?a y atenci?n al parto, as? como algunas de anatom?a y fisiolog?a, o bien realizar un curso m?s restringido que les permitir?a obtener un certificado de inferior nivel. Mary Scharlieb, tras obtener su t?tulo en la facultad de medicina de Madr?s en 1877, se traslad? a Londres, fue alumna de la London School of Medicine for Women, y obtuvo el M.B. en Medicina por la universidad de Londres en 1882, con medalla de oro en obstetricia. Para completar su formaci?n, en 1883 se traslad? a Viena, donde ejerci? como cirujana residente con el Dr. Gustav Braun en el Lying-In Hospital for Southern Austria. En el oto?o de 1883 regres? a la India. Durante los dos a?os siguientes, Mary Scharlieb fund? el Royal Victoria Hospital for Women en Madr?s, fue nombrada profesora de enfermedades de la mujer y atenci?n al parto en la universidad de Madr?s y adquiri? una gran reputaci?n como cirujana. ?Although she never held an operating knife until she was nearly forty years old she quickly became one of the greatest abdominal surgeons of her day.? 108 Regres? a Londres por motivos de salud, y a partir de 1885, se incorpor? al New Hospital for Women fundado por Elizabeth Garrett. En 1888, fue la primera mujer doctorada en medicina, y en 1889 fue nombrada profesora de enfermedades de la mujer en la London School of Medicine for Women. De 1892 a 1903, fue cirujana jefe del New Hospital for Women, y, a partir de 1903 hasta su muerte en 1930, actu? como cirujana asesora del mismo. En 1902, contando 57 a?os de edad, fue la primera mujer nombrada ginec?loga consultiva en el Royal Free Hospital y la 108 Amidon A, Lynne, o.c. Appendix II, p. 121 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 389 primera mujer a la quien se otorgaba un cargo en un hospital general brit?nico. Dimiti? de este cargo en 1907, al ser nombrada cirujana ginecol?gica consultiva del mismo hospital. En 1917, fue elegida presidenta de la Royal Free Hospital School of Medicine. Adem?s de estos cargos y su reconocida val?a como cirujana, (celebr? su ochenta cumplea?os realizando una sencilla operaci?n), Mary Scharlieb escribi? una docena de libros sobre salud p?blica, enfermedades ven?reas, educaci?n sexual y vida familiar; form? parte de diversos comit?s gubernamentales y comisiones reales; fue presidenta de la Society for the Study of Addiction to Alcohol and Other Drugs desde 1912 a 1916, y fue una de las primeras mujeres en ser nombradas Juez de Paz. Colabor? con distintas instituciones filantr?picas y fue magistrada visitadora de la Prisi?n de Holloway. Elizabeth Beilby, estudi? durante un curso en la LSMW, abandonando los estudios en 1875. Se traslad? a la India como misionera, y se dedic? a la atenci?n m?dica de las mujeres, abriendo un dispensario y despu?s un peque?o hospital por encargo de la Misi?n Zenana. En 1881 decidi? volver a Inglaterra para completar su formaci?n como doctora, pero antes, fue requerida por un Maharaj? para atender a su esposa. Cuando Elizabeth Beilby estaba a punto de partir hacia Inglaterra, tras la curaci?n de la maharanee, ?sta le pidi? que transcribiese su mensaje para la Reina Victoria sobre los sufrimientos de las mujeres de la India. ??Write it small, Doctor Miss?, said she, ?for I want to put it in a locket.?? 109 La Reina Victoria recibi? a la doctora Beilby y manifest? su identificaci?n con los problemas de las mujeres indias y su deseo de que recibieran la ayuda de mujeres doctoras debidamente preparadas. En 1883, la Reina recibi? oficialmente a Mary Scharlieb antes de partir para trabajar en Madr?s. Al parecer insisti? en conocer a trav?s de Mary Scharlieb los sufrimientos de las mujeres de la India y el beneficio que recibir?an al ser atendidas por doctoras, y les envi? este mensaje: ?Tell them how deeply their Queen sympathizes with them, and how glad she is that they should have medical women to thelp them in their hour of need.? 110 Sin embargo, como se ha comentado en otros cap?tulos, mantuvo su oposici?n a la pr?ctica de la medicina por mujeres en Gran Breta?a: ?indeed, some weeks after the incident of the locket, the Queen?s private physician announced that the 109 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 235 110 Amidon A, Lynne, o. An Illustrated History of the Royal Free Hospital. Special Trustees for the Royal Free Hospital. Londres, c. p. 121 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 390 royal patronage would be withdrawn from an international medical congress held in London if medical women were admitted, and so the women were shut out.? 111 Edith Pechey (1845-1908), tras obtener los t?tulos de la universidad de Berna y el Irish College of Physicians, fue la primera mujer que se traslad? a la India, concretamente a Bombay, como doctora cualificada, sin conexi?n con ninguna misi?n de tipo religioso. En 1882 un doctor de esta ciudad public? un art?culo en la Contemporary Review, que conclu?a as?: ?What is needed is a new medical department as a part of the public service in India, managed by women and responsible only to some high officer of State, working in harmony with the existing medical service, but co-ordinate and not subordinate to it.? 112 Un hombre de negocios americano, George T. Kettrrige, residente en Bombay, se hizo eco de estas palabras y cre? un fondo para pagar durante algunos a?os los salarios de una o dos doctoras que se trasladasen desde Inglaterra. As? se form? el Comit? del Medical Women for India Fund, Bombay, con los siguientes objetivos: ?1) bringing out women doctors from England; 2) establishing a dispensary to be worked by them; and 3) a hospital for women and children; and also 4) arranging for the medical education of women at the Bombay Medical College, with scholarships as required.? 113 Entretanto, un caballero hind?, Mr. Pestonjee Cama, hab?a hecho el siguiente ofrecimiento al Gobierno de Bombay: ?he would build a hospital for women on condition that the Government should give the site and that the hospital should be entirely in the charge of women doctors.? 114 En 1883, Mr. Kettridge, quien se hab?a trasladado a Inglaterra para buscar una doctora que se hiciera cargo del proyecto, ofreci? a Edith Pechey que aceptara la organizaci?n del dispensario y el hospital. Edith parti? rumbo a Bombay en ese mismo a?o de 1883. Al a?o siguiente se incorpor? tambi?n la doctora Charlotte Ellaby. Cabe mencionar que Edith Pechey, en contra de la opini?n del Comit?, cobraba a las mujeres los mismos honorarios que sus colegas hombres, no por la importancia de las cantidades exigidos (dado que de todas formas su sueldo estaba asegurado por el Comit?), sino porque con ello trataba de defender el status de las mujeres doctoras, en igualdad con los hombres: ?she felt that it was of the utmost importance for the sake of all the women who would come to practise in India that from the beginning they should 111 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 235 112 Moberly Bell, E., o.c. p. 117 113 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 239 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 391 be recognized as the equals of their male colleagues.? 115 ?nicamente atend?a gratuitamente a aquellas mujeres sin medios econ?micos recomendadas por el Comit?. En 1884, se abri? a las mujeres el Grant Medical College de Bombay. Y en 1886, Edith Pechey fue nombrada doctora jefe del Cama and Albless Hospital de dicha ciudad, teniendo como ayudante a la Dra. Ellaby. Edith Pechey realiz? una amplia campa?a a favor de la educaci?n superior de las mujeres, y su admisi?n en las facultades de medicina, especialmente la universidad de Bombay, a cuyo Senado perteneci?. ?Her influence proved important and a pamphlet which she wrote later on child marriage was translated into many dialects and widely circulated.? 116 Se cas? en 1889 con el naturalista M. Phipson. Ambos transformaron su casa de campo de Nasik Road, a unos 100 kil?metros al norte de Bombay en el Sanatorio Pechey-Phipson, una especie de colonia de vacaciones gratuita para familias pobres de la ciudad. Edith Pechey llev? a cabo una importante labor en Bombay hasta su regreso a Inglaterra en 1906. Muri?, enferma de c?ncer y diabetes, en 1908, tras haber sido operada por la doctora May Thorne, hija de Isabel Thorne. Bombay y Madr?s fueron las primeras universidades de la India en ofrecer preparaci?n m?dica a las mujeres. En 1883, se form? una clase de mujeres en la facultad de Medicina de la universidad de Punjab, habiendo en 1885 diez estudiantes, de origen indio y anglo-indio. Los primeros intentos de acceso a la facultad de Medicina de Calcuta se produjeron en 1876 y 1870 y en 1882, siendo rechazados en las tres ocasiones. Finalmente, quiz?s por influencia de la opini?n del gobernador de la zona, las mujeres fueron admitidas en 1885 en la universidad de Calcuta. En 1883, cuando el nuevo Virrey de la India, Lord Dufferin, y su esposa se desped?an de la Reina Victoria, ?sta encarg? a Lady Dufferin que hiciese cuanto pudiese para ayudar a las mujeres de la India. Antes de emprender ning?n plan de acci?n, Lady Dufferin recab? informaci?n escribiendo a todas las esposas de los gobernadores de los distintos departamentos de la India y consultando a los directores de los Servicios M?dicos y a las instituciones misioneras y educativas que trabajaban en el campo de la atenci?n a las mujeres. En 1885, form? ?the Countess of Dufferin Fund. A prospectus was drawn up, translated into the many languages and dialects of India and published. The proposal was to use the fund to form an organization which should bring women 114 Moberly Bell, E., o.c. p. 118 115 Idem, p. 118 116 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 236 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 392 doctors to India, open women?s hospitals and wards, and train Indian women as medical practitioners.? 117 Cada gobierno provincial cre? su propio fondo de recaudaciones, coordinados por el Comit? Central bajo el control de Lady Dufferin, quien ten?a el proyecto de fundar una escuela de medicina para mujeres de la India, dirigida enteramente por mujeres, siguiendo el modelo de la LSMW, pero esto no se har?a realidad hasta treinta a?os m?s tarde con la apertura del Lady Hardinge Medical College for Women, en Delhi. En 1888, se constituy? formalmente la National Association for the supplying of female medical aid to the women of India. Sus objetivos eran, dispensar: ?(1) Medical tuition, including the teaching and training in India of women as doctors, hospital assistants, nurses and midwives. (2) Medical relief, including the establishment under female superintendence of dispensaries and cottage hospitals for the treatment of women and children; the opening of female wards under female superintendence in existing hospitals and dispensaries; the provision of female medical officers and attendants for existing female wards; and the founding of hospitals for women where special funds or endowments are forthcoming. (3) The supply of trained female nurses and midwives for women and children in hospitas and private houses.? 118 Lady Dufferin abandon? la India en 1888. A partir de ese momento el Comit? y los Hospitales Dufferin siguieron funcionando, aunque sin la eficacia inicial. Actuaba como presidenta del Comit? la esposa del Virrey, siendo secretario el director general del Indian Medical Service, y secretario ayudante el cirujano del Virrey, lo que supon?a que no exist?a participaci?n directa de las doctoras. En 1907, la Dra. Annette Benson del Cama Hospital de Bombay, promovi? la creaci?n de la Association of Medical Women in India. Esta asociaci?n editaba una revista trimestral que vino a constituir el punto de encuentro y discusi?n de los temas m?dicos profesionales en la India. El descontento con el Comit? qued? patente en sus p?ginas y la Association of Medical Women decidi? elegir una comisi?n que present? al Comit? las siguientes propuestas: ?that a woman doctor should become the secretary of the Central Committee, that at least one medical women should be a member and that an efficient women?s medical service, under the control of women, should be 117 Moberly Bell, E., o.c. p. 121 118 The Countess of Dufferin?s Fund. Fifty Years? Retrospect. India 1885-1935. Publicado en Londres en 1935 con motivo del cincuenta aniversario de la creaci?n de la Fundaci?n, p. 5 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 393 established in India.? 119 Al menos una de las peticiones fue atendida: la Dra. Kathleen Vaughan fue nombrada miembro del Comit? y se la invit? a inspeccionar los Hospitales Dufferin junto con un empleado del Indian Medical Service. En 1910 se form? una secci?n de la asociaci?n en el Reino Unido, a fin de interesar a la opini?n p?blica sobre el tema de la organizaci?n del trabajo de las doctoras en la India y presionar al Secretario de Estado para obtener las medidas que se solicitaban asimismo al Comit? Dufferin. Siendo Secretario de Estado Lord Morley, en diciembre de 1913, ?ste intervino haciendo llegar las peticiones de la asociaci?n al Gobierno de la India. El tema implicaba a tres instituciones: el Gobierno Brit?nico, el Gobierno de la India y el Comit? Central del Fondo Dufferin. Hab?a ya cesado en su mandato Lord Morley, siendo Secretario de Estado Lord Crewe, cuando se produjo una respuesta: las tres instituciones reconoc?an que era imprescindible llevar a cabo una reforma, pero se resist?an a abolir el Fondo Dufferin. En enero de 1914, comenzaba a funcionar en la India el Women?s Medical Service : ?The decision therefore was to establish a women?s medical service subsidized by the Government but still controlled by the Central Committee of the Dufferin Fund. The Committee was reorganized; a woman doctor, Dr. Margaret Balfour, became secretary, and later received the title of Chief Medical Officer of the Women?s Service.? 120 Se mejoraron los salarios y las condiciones del servicio, y el paso m?s importante desde el punto de vista de la autonom?a de las mujeres doctoras, fue el que se les permiti? asistir a las reuniones de los comit?s de sus respectivos hospitales y ostentar total control profesional de los mismos. Se form? el fondo de becas Victoria Memorial (Victoria Memorial Scholarship Fund), dedicado a la preparaci?n de comadronas nativas, y posteriormente el Secretariado de la Liga de toda la India para el Bienestar de Madres y Ni?os (Secretaryship of the All-India League for Maternity and Child Welfare), ambos bajo el control de la doctora secretaria. Se hab?a abierto en la India campo de trabajo ilimitado para las mujeres doctoras. Y la LSMW, que hab?a contribuido a la formaci?n de muchas de ellas, segu?a teniendo un papel importante: ?The selection of candidates from the United Kingdom was in the hands of a committee of which in 1919 the Warden and secretary of the London (Royal Free Hospital) School of medicine for Women ?Miss L. M. Brooks- became Hon. Secretary, and thus the ties which in early days were forged by 119 Moberly Bell, E., o. c. p. 123 120 Idem, p. 124 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 394 Elizabeth Beilby, Edith Pechey and Mary Scharlieb remained strong when India was no longer a practically unknown territory.? 121 El destino de otras pioneras Matilda Chaplin obtuvo el doctorado en Par?s en 1872 y en Gran Breta?a en 1880. Tras su matrimonio con su primo y profesor William Edward Ayrton, se traslad? a Jap?n. Ejerci? como doctora y realiz? un trabajo de investigaci?n sobre la estatura del pueblo japon?s y su influencia sobre la salud y las reacciones a los tratamientos m?dicos. Edith Shove fue junto con Mary Scharlieb la primera mujer que accedi? a la universidad de Londres, cuyo t?tulo obtuvo en 1883. Por iniciativa de Henry Fawcett fue nombrada doctora de las empleadas de correos, siendo la primera mujer que ostent? un cargo p?blico como doctora. Isabel Thorne fue secretaria honoraria de la LSMW durante treinta a?os, desde 1877 hasta 1908. Fue nombrada miembro honorario del Comit? del Royal Free Hospital lo que facilit? de gran manera la colaboraci?n entre la escuela y el hospital. Como secretaria su labor fue fundamental para el desarrollo de la escuela y su relaci?n con otros organismos, ?but it was not only with the public work of the School that Mrs Thorne was concerned. The students collectively and individually held her sympathy?.her kindly hospitality, her friendship, and her interest in their work and welfare.? 122 En 1904, escribi? una historia de la LSMW, Sketch of the Foundation of the London School of Medicine for Women. Su hija , May Thorne, fue asimismo alumna de la escuela y posteriormente doctora. Ella fue quien oper? a Edith Pechey, tras su regreso a Gran Breta?a, poco antes de su muerte. Mary Anderson Marshall, hermana de Johan Skelton Anderson, hab?a iniciado sus estudios en Edimburgo, abandon?ndolos en 1871, al casarse con Claud Marshall, un abogado de Grenock. Mary continu? sus estudios de medicina al inaugurarse la LSMW en 1874, tras la p?rdida de su esposo y su ?nico hijo, fallecido a los pocos d?as de nacer. Obtuvo su t?tulo de doctora en la universidad de Par?s en 1882, tras tener que realizar varios cursos te?ricos y de pr?ctica cl?nica, adem?s de presentar los certificados de los estudios realizados en Edimburgo y Londres. ?She obtained the M.D. Paris and in addition the diploma which gives permission to practise medicine in France. Her thesis 121 Idem, p. 125 122 Editorial. (An appreciation on the death of Isabel Thorne) Magazine of the Royal Free Hospital London School of Medicine for Women , Octubre 1910. No. 47, p. 318 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 395 for the M.D. of Paris on Mitral Stenosis has been referred to by several authors as a notable contribution to our knowledge of this subject.? 123 Perteneci? a la plantilla del New Hospital for Women hasta 1895, a?o en que se traslad? a Cannes, donde continu? su pr?ctica m?dica. Regres? a Inglaterra donde residi? durante algunos meses hasta su muerte en agosto de 1910. XI. La aportaci?n de la escuela en la primera Guerra Mundial En 1914, la Dra. Louisa Garrett Anderson, hija de Elizabeth Garrett, y la Dra. Flora Murray, ambas antiguas alumnas de la escuela, organizaron un equipo de mujeres doctoras para formar hospitales de guerra en Par?s y Londres. El Women?s Hospital Corps, organizado por Louisa Garrett, ?was the first of the voluntary medical units to receive patients in Paris in the early days of the war.? 124 En el Informe de la escuela de 1991-92, se recoge la siguiente referencia a la participaci?n de las doctoras del Royal Free Hospital y su School of Medicine en la primera Guerra Mundial: ?Graduates served in active units in France, Belgium, the Balkans and elsewhere. A contingent of doctors and students from the Free were with the Red Cross in Serbia coping with large numbers of seriously wounded casualties. The conditions were insanitary, transport was primitive and they lacked utilities. They joined refugees and soldiers in a retreat through mountain passes. Edith Stone, a lecturer in physics, repaired the X-ray equipment on a naval hospital ship and provided electricity to tented hospitals. Florence Stoney, the founder of the radiology department at the Royal Free, helped to convert buildings, such as medieval monasteries, into hospitals. She later directed the evacuation of her hospital from Antwerp during the bombardment of that city and was director of radiology in the military hospital at Fulham. Louisa Garrett Anderson helped set up a hospital in France before establishing the Endell Street Military Hospital in London where 26,000 cases were treated. On the home front Janet Campbell, a senior medical officer in the Ministry of Health, was appointed to the War Cabinet. Jane Walker was a consultant to the Ministry of Munitions, and Mrs Pillman Williams was a medical officer to a bomb filling factory where she studied aplastic anaemia in munitions workers. The work of Winifred Cullis, on work fatigue, influenced legislation for factory workers and shop assistants. The professional competence, administrative ability and acceptance of responsibility by these and other Royal Free graduates helped to conquer the opposition to women?s suffrage.? 125 123 Editorial. (Reprinted from The British Medical Journal of August 20 th , 1910). Magazine of the Royal Free Hospital London School of Medicine for Women, Octubre 1910. No. 47, p. 314 124 Amidon A, Lynne, o. c. p. 39 125 Idem, p. 44 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 396 Al igual que Louisa Garrett, la doctora Elsie Inglis se plante? un nuevo reto para las mujeres doctoras: la creaci?n de hospitales organizados y atendidos totalmente por mujeres para atender a los heridos en el frente en la primera Guerra Mundial. Su iniciativa, respaldada por la Scottish Federation of Women?s Suffrage Societies, llegar?a a tener como resultado la creaci?n de catorce hospitales de campa?a, conocidos como Scottish Women?s Hospitals, que prestaron importantes servicios en B?lgica, Francia, Rusia y Serbia,y sobre los que hablaremos m?s extensamente en el siguiente cap?tulo La doctora Louise MacIlroy, primera catedr?tica de obstetricia y ginecolog?a, prest? servicios durante la guerra en la unidad m?vil de los mencionados Scottish Women?s Hospitals en Sal?nica. Cuando regres? a su puesto, solicit? a las mujeres que hab?an recaudado fondos para los hospitales de guerra, ayuda econ?mica para su departamento, ?and in May 1912 the Scottish Women?s Hospitals Association of the Royal Free Hospital was formed?. 126 Parece evidente que el prestigio social de las mujeres doctoras aument? gracias a su participaci?n en la primera Guerra Mundial. Y asimismo es conocido el papel que las mujeres desempe?aron dicha guerra, realizando otras tareas, con la aprobaci?n e implicaci?n de numerosas l?deres sufragistas, entre ellas Emmeline Pankhurst y su hija Christabel. Y muy posiblemente, ello repercuti? en la consecuci?n del voto en el a?o 1918. Ahora bien, existi? tambi?n un movimiento pacifista de mujeres sufragistas, sobre el que se ha escrito y hablado menos que sobre la participaci?n de las mujeres como enfermeras y doctoras, en los cuerpos auxiliares del ej?rcito, como obreras de las f?bricas o conductoras de transportes p?blicos: ?half the leading women in the British suffrage movement opposed the war. They thought the death of thousands of young men was insane. Despairing at the slaughter, they linked up with other women in the international suffrage movement from all over Europe and America and tried to push the men in power towards a negotiated peace.? 127 Durante el primer a?o de la guerra, se organizaron en grupos de paz en once pa?ses europeos, siete de ellos en guerra. Los grupos de mujeres pacifistas de Gran Breta?a, Austria, B?lgica, Alemania, Italia, Francia y Hungr?a presionaban a sus gobiernos para terminar la guerra. En Estados Unidos y Escandinavia, presionaban a los 126 Idem, p. 55 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 397 gobiernos para que actuasen como mediadores de paz. En todos los pa?ses, estas mujeres persegu?an una utop?a: ?they wanted to have a voice in public affairs, for society to be governed by consent, for everyone to have a say. And if that seemed such a good idea within a nation, then why not between nations too? Wasn?t it time that disputes between countries were settled in an international forum, with women playing an equal part, they asked.? 128 En Gran Breta?a, a lo largo de los cuatro a?os, y muy especialmente a partir de 1917, las mujeres pacifistas organizaron manifestaciones y m?tines, escribieron panfletos, ayudaron a los objetores de conciencia y fueron fuertemente cr?ticas con la pol?tica exterior del gobierno. ?Above all, they thought deeply about how they could prevent such a catastrophe from happening again. Their sisters in Europe and America were doing the same.? 129 Es interesante resaltar que las mujeres de Estados Unidos produjeron un Manifiesto de Paz que incluimos en el Anexo II. Estas mujeres, opuestas a la violencia, fueron objeto de ella, siendo atacadas por la prensa y, en ocasiones, encarceladas. Entre las figuras m?s importantes, destacan las siguientes mujeres: Margaret Ashton, presidenta de la Sociedad Sufragista de Manchester desde 1906. Fue la primera mujer concejala del ayuntamiento de la ciudad y pese a los numerosos servicios prestados a la misma, en 1926, con motivo de su setenta cumplea?os, el museo de pintura de Manchester se opuso, a colgar su retrato, debido a su pasado pacifista. Catherine Marshall, activa sufragista,y Secretaria Parlamentaria de la NUWSS (National Union of Women?s Suffrage Societies) hasta 1915. Maude Royden, ex alumna de Oxford, mujer muy religiosa que logr? ser predicadora auxiliar en la City Temple de Londres en 1917, donde pronunci? pol?micos sermones contra la guerra. Kathleen Courtney, brillante abogada y matem?tica, quien pas? la mayor parte de su vida luchando contra el nacionalismo y el imperialismo. Cristal Macmillan, quien hab?a rechazado su beca para estudiar en Girton College (Oxford), a fin de acceder ala universidad de Edimburgo en octubre de 1892, cuando al fin esta instituci?n abri? sus puertas a las mujeres. La escritora y feminista sudafricana Olivia Schreiner, y Sylvia Pankhurst, la rebelde pacifista de la familia, quien prefer?a trabajar con las mujeres del East End que con las damas de clase media, como su madre y hermana. Sin embargo a?os m?s tarde, ante la amenaza del fanatismo nazi, no existi? oposici?n pacifista de las 127 Wiltsher, Anne. The Most Dangerous Women. Feminist Race Campaigners of the Great War. Pandora, Londres, 1985, p. 1 128 Idem, p. 2 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 398 mujeres a la Segunda Guerra Mundial. La propia Sylvia Pankhurst, que vivi? para conocer ambas guerras, es un exponente de esta diferente postura en ambos conflictos. XII. Conclusiones La LSMW permiti? el acceso de las mujeres a los estudios de medicina, en un ambiente libre de la hostilidad encontrada anteriormente. Las doctoras que se formaron en sus aulas accedieron al ejercicio de la profesi?n en diversos campos: algunas tuvieron acceso a puestos de responsabilidad como doctoras en organismos p?blicos; otras crearon hospitales de mujeres, tema que comentaremos m?s adelante; otras, como acabamos de citar, ocuparon durante la primera Guerra Mundial un lugar hasta entonces reservado ?nicamente a los hombres, como m?dicos en hospitales instalados en el frente; otras desempe?aron cargos de importancia dentro de la propia escuela y del Royal Free Hospital; y otras colaboraron con la causa de las mujeres doctoras y la atenci?n a la salud de las mujeres en la India. La calidad de la ense?anza, la responsabilidad de sus profesoras y alumnas, la seriedad del trabajo llevado a cabo, y la influencia de algunas de las personalidades que la apoyaron, ganaron el reconocimiento social e institucional para la Escuela. La London School of Medicine for Women es una l?nea m?s en el libro de la historia de las mujeres, de su quehacer y esfuerzo por recuperar un puesto de dignidad, de participaci?n igualitaria en la sociedad. 129 Idem, p. 7 Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 399 Fig. 17. Estatua de Louisa Brandeth Aldrich-Blake, en Tavistock Square, Londres. Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 401 Fig. 18. Vista del edificio que fue sede de la LSMW en Hunter Street, Londres. Fig. 19. Fachada principal de la antigua sede de la LSMW. Hunter Street, Londres. Mujer y Salud Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 403 Fig. 20. Placa situado sobre la entrada principal del edificio de Hunter Street, mostrando el nombre de la escuela anterior a 1948. Fig. 21. Placa situada sobre la pared de la fachada principal del edificio de Hunter Street, que muestra el nombre de la escuela tras la incorporaci?n de alumnos, a partir de 1948. Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 405 CAP. XIII. LAS ESCUELAS DE MEDICINA DE MUJERES DE EDIMBURGO Y GLASGOW ?The opening of the Scottish Royal College?s examinations to women encouraged Scottish women to study medicine in their own country, but they encountered some of the difficulties the Edinburgh Seven had faced seventeen years previously..... Fate seemed to be asking Sophia to found another medical school for women.? 1 I. La Escuela de Medicina de Mujeres de Sophia Jex-Blake en Edimburgo La creaci?n de la Edinburgh School of Medicine for Women En 1886, Sophia Jex-Blake estaba dedicada a la pr?ctica de la medicina en Edimburgo, tanto en su consulta privada como al frente del Edinburgh Hospital and Dispensary for Women, situado en Grove Street desde el a?o anterior. Manten?a asimismo un vivo inter?s por la educaci?n de las mujeres, por lo que acept? con agrado la propuesta de impartir un curso de conferencias sobre la salud dirigido a las mujeres de Edimburgo. Cuando supo que el comit? organizador pretend?a cobrar un chel?n a cada mujer asistente, Sophia se opuso radicalmente. Ella deseaba que pudieran asistir gratuitamente sus pacientes del dispensario, y as? lo expres? en una carta dirigida a sus amigos Lord y Lady Trayner, miembros de dicho comit?, en la que queda reflejado su esp?ritu de independencia: 1 Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth-Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 173 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 406 ?Pray thank Lord Trayner warmly for his kind interest in me and the medical women generally. I think, however, that he somewhat over- estimates the importance of what the men doctors may think one way or the other. You and he will remember that all that we have gained has been gained in the teeth of nearly all of them, and if they have failed to hinder me hitherto, they are certainly powerless to hurt me now?I am willing enough to shake hands with them if they wish it, but you must remember that it is I and not they who have the old sores to forgive? I am sure you will understand that I sat this merely because I want you to understand that my position is probably one of the most independent in Edinburg, -I want nothing from anybody and I fear nothing from anybody. I mean to do in this, and larger matters, what seems to me right, to the best of my lights, and I have long ago learned while doing so to leave consequences to take care of themselves. With hearty thanks for your kindness, believe me, Yours very truly..! 2 Su postura fue aceptada y Sophia finalmente imparti? las conferencias sin que se exigiese pago alguno a las m?s de dos mil mujeres asistentes. En este mismo a?o de 1886, al abrirse a las mujeres el acceso a los ex?menes de los Reales Colegios de M?dicos y Cirujanos de Edimburgo, Sophia se apresur? a resaltar la buena noticia en una carta dirigida al Times, en la que manifestaba su fe en que las mujeres podr?an ya acceder a clases en la facultad de Medicina y ofrec?a su apoyo a las futuras candidatas. ?I trust that classes will now within a few months be re- opened in Edinburgh. With a view to definite arrangements for the ensuing session, I shall be very glad to receive the names of any ladies desiring to study in Scotland.? 3 Sophia segu?a sinti?ndose responsable de la causa de las estudiantes de medicina. El 17 de marzo, escribi? al secretario de la escuela extramuros, interes?ndose por la organizaci?n de las clases para las mujeres, y manifestando una vez m?s su deseo de que ?stas pudieran compartir las aulas con los hombres, sin diferenciaci?n alguna: ?Dear Dr. Macadam, I have already had nearly a dozen letters from ladies wishing to study Medicine in Scotland, so it is clear that the demand is real and considerable. Can you give me any printed statement about the classes, etc., in the Extra Mural School?? Of course I know that if separate classes were required much greater expense must be involved, but I sincerely hope that most of the lectures may be willing to admit women in the ordinary way. If so, I believe that a considerable number would joint the classes next winter. If you would kindly let me have a list of the Lecturers, and would tell me when the next meeting is to be, I might (if you thought it desirable) see some of them before the meeting. I wish very much that the matter could be favourably 2 Todd, Margaret. The Life of Sophia Jex-Blake. Macmillan and Co. Ltd. Londres, 1918, p. 494-95 3 Idem, pp. 495-96 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 407 decided next month, as this would give us time to make arrangements, and get up a good class, etc. Would it not be well for you before the meeting to get an official letter from the Registrar of the Irish College of Surgeons stating that women are admitted to all the ordinary classes (except Practical Anatomy) at Dublin? 4 No era, pues, prop?sito inicial de Sophia el fundar una escuela de Medicina para mujeres, sino que ?stas pudieran incorporarse a clases mixtas. Ahora bien, aunque la mayor parte del profesorado se mostr? ?enlightened and helpful...they declined to admit women to their ordinary classes.? 5 Para poder organizar clases separadas las mujeres contaron con la ayuda de Sophia, quien consigui? que dos profesores de Surgeons? Hall las atendiesen en clases separadas, ?provided she would give her personal guarantee that their fees would be met if the contributions from the students were inadequate.? 6 En este primer grupo de alumnas se encontraban Margaret Todd, quien se convertir?a despu?s en la amiga, compa?era y bi?grafa de Sophia, y Grace Cadell, protagonista despu?s de los acontecimientos que llevaron al enfrentamiento de Sophia con parte del alumnado y a la creaci?n de una nueva escuela. Grace Cadell, proced?a de la London School of Medicine for Women, pero necesidades familiares la obligaron a abandonar Londres y continuar sus estudios en Edimburgo. Durante el primer cuatrimestre de invierno, las nuevas estudiantes asistieron a clases separadas en una de las escuelas extramuros, pero se hac?a necesario disponer de instalaciones donde ?students could study and dissect, and change their dress, and generally make themselves at home?. 7 Precisaban disponer de biblioteca y laboratorios, as? como de acceso a un hospital donde realizar sus pr?cticas. Y de nuevo ser?a Sophia Jex-Blake quien se har?a cargo de satisfacer las necesidades de las estudiantes de medicina. En sus a?os de estudio en Edimburgo, Sophia hab?a adquirido, junto con Louisa Stevenson y Ursula Du Pr?, una casa en el n?mero 1 de Surgeons Square. En 1887, Margaret Todd compr? a Louisa Stevenson su parte de la casa. Surgeons? Square hab?a sido una zona asociada a la ense?anza de la medicina desde el siglo XVIII. En el n?mero 10 hab?a ense?ado anatom?a, en la d?cada de 1820, el famoso anatomista doctor Robert Knox, cuyo nombre qued? para siempre asociado al de los siniestros suministradores de cad?veres William Burke y William Hare. 4 Idem., p. 496 5 Idem., p. 496 6 Roberts, Shirley, o.c. p. 173 7 Todd, Margaret, o.c. p. 497 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 408 Esta casa del 1 de Surgeons? Square fue la sede de la primera escuela de medicina de mujeres de Escocia. Y al igual que hab?a hecho en Londres doce a?os antes, Sophia se encarg? de llevar a cabo las obras y reparaciones necesarias para poner a punto el edificio, incluyendo clases, laboratorios, biblioteca y sal?n. El Comit? Ejecutivo estuvo formado por seis personas amigas de Sophia: el doctor G.W. Balfour, la doctora Agnes McLaren, Mr. White-Miller, Mrs. Alexander Russell, el doctor Heron Watson y Miss Ursula Du Pr?, actuando el Dr. Balfour como presidente del mismo. En octubre de 1887 se abri?, la escuela, bajo el nombre de Edinburgh School of Medicine for Women. Sophia fue nombrada decana y pronto se hizo preciso contar con una secretaria Residente, cargo para el que fue elegida Janet Black. Asimismo se contrat? a un matrimonio para actuar como conserjes de la escuela. Entre las primeras alumnas que se incorporaron a la nueva escuela se contaban las mencionadas Margaret Todd y Grace Cadell, as? como la hermana de ?sta, Georgina (Ina) Cadell, Jessie MacGregor y Elise Inglis. La cuota exigida era de cuarenta libras anuales y los gastos de residencia en Edimburgo pod?an cubrirse con una libra semanal. Como decana, una de las primeras tareas de Sophia fue facilitar a las alumnas acceso a las pr?cticas en un hospital. Con tal fin se dirigi? a la direcci?n del Leith Hospital de Edimburgo: ??The very large number of students at the Edinburgh Infirmary?, she wrote to Dr. Struthers, ?makes it almost impossible that women should there get opportunities of study, and (as there is no other suitable hospital of sufficient size in Edinburgh), I am anxious to ascertain whether the Directors of the Leith Hospital would entertain the idea of admitting them to opportunities of clinical study in their wards. If so, I should be glad to make any arrangement as to fees that may be desired by the directors; or if they preferred it would at once guarantee fees to the amount of 200 guineas yearly.? 8 Su petici?n encontr? ahora una respuesta positiva. Las mujeres pod?an ahora optar a una formaci?n completa para acceder al examen del Real Colegio de M?dicos de Edimburgo. Al aceptar el cargo de presidente, Dr. Balfour puso como condici?n que Sophia Jex-Blake fuese nombrada profesora de Atenci?n al Parto, y, por tanto, ?she was the first woman to be recognised as a lecturer in the Extra-Mural School.? 9 Con este motivo, recibi? la calurosa felicitaci?n de Edith Pechey desde Bombay: 8 Idem, p. 497 9 Idem, p. 504 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 409 ?Hip Hip Hooray!! Hip Hip Hooray!! Hip Hip Hooray!! In the very place where we were stoned and beaten 18 years ago. Well, I am glad to have lived to see the day. Just when your paper came, I was feeling life a burden?I don?t know when I have felt so pleased and elated and especially you that it should happen to you, it is so appropriate. Isn?t Mrs Thorne very pleased and everybody else.?? 10 Sin embargo, Isabel Thorne no hab?a compartido este entusiasmo. Ella consideraba que deb?an de haber concentrado todos los esfuerzos en la Escuela de Londres. ?She said that Sophia and her friends in Edinburgh would have been wiser if they had given all their support to the London School, instead of founding a second medical school for women.? 11 Sophia, sin embargo, pensaba que sus colegas de Londres no comprend?an la dificultad que el traslado a Londres representaba para muchas mujeres de Escocia o el norte de Inglaterra. En una de sus novelas, publicada en 1906 con el seud?nimo de Graham Travers, Margaret Todd nos ofrece una descripci?n del interior de la escuela. Durante una visita a la misma, el personaje principal, el joven Mr. Dalgleish, entra por error en la sala de anatom?a: ??He pushed open a door to find himself in a spacious room that looked even larger than it was, in contrast with the dark little by-ways through which he had come. All the daylight there was streamed down through two great rows of windows in the roof?The walls were lined with anatomical drawings and preparations; a skeleton hung from a bracket; and, on the great zinc tables were things ill-defined, swathed in wrappings, ghastly to his over-stimulated imagination.?? 12 Una de las empleadas acompa?a a Mr. Dalgleish al sal?n de las alumnas, lo que sirve de excusa para introducirnos en un lugar que Margaret Todd deb?a conocer bien: ??The room was small but comfortably furnished. The window looked out on the chimneys and roofs of the Pleasance, dark against a stormy sky. The uncertain firelight fell on pictures that seemed to invite a nearer acquaintance? Later in the evening crimson curtains were drawn over the 10 Idem, p. 505 11 Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth-Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 175 12 Travers, Graham (Margaret Todd). Growth. Archibald Constable. Londres, 1906, p. 228. Tomado de Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth-Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 175 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 410 door and window, and a pretty lamp called into prominence bright notes of colour here and there, suggestive-looking books, a deeper meaning in the pictures.?? 13 Conflictos en la vida de la Escuela Durante los primeros meses la vida de la escuela transcurri? sin problemas, hasta que en junio de 1888 surgi? el conflicto con las hermanas Cadell, a que ya nos hemos referido en el Cap. IX. Sophia era una persona de car?cter fuerte, que hab?a sufrido diversas decepciones, y fuertemente preocupada por que sus alumnas lograsen un alto nivel de eficacia y cumplimiento del deber. Algunas de las estudiantes, incluida Elsie Inglis ten?an tambi?n un fuerte sentido de independencia y no pod?an aceptar sin discusi?n su exceso de control y tendencia a imponer normas r?gidas. Sin duda no entend?an que ?the rules reflected her anxiety to protect their hard-won access to the world of masculine privilege.? 14 El conflicto con las hermanas Cadell, seguido del enfrentamiento con Miss Sinclair , llev? a una divisi?n del alumnado y, finalmente, a la creaci?n de una nueva escuela por parte de Elsie Inglis. Pese a estas dificultades, quince nuevas alumnas se matricularon en septiembre de 1890, pero en noviembre de ese mismo, a?o surgi? un nuevo inconveniente: el Queen Margaret College de Glasgow, uno de los mejores centros de ense?anza para mujeres de Gran Breta?a, anunciaba la apertura de un departamento de Medicina, lo que representar?a la p?rdida de ocho alumnas procedentes de esta ciudad. Pero en este caso esta p?rdida representaba el avance de la causa de las mujeres doctoras, y Sophia Jex- Blake mantuvo durante a?os una buena relaci?n con Miss Galloway, del Queen Margaret, incluso despu?s del cierre de su propia escuela. Por otra parte, existi? un grupo de alumnas muy especial para Sophia Jex-Blake: las j?venes procedentes de la India, donde trabajaba su buena amiga Edith Pechey. La primera de ellas fue Annie Jaganndham. Cuando se gradu? como doctora, Sophia public? una carta en el Spectator, se?alando la conveniencia de enviar doctoras nativas de la India educadas en Gran Breta?a para que atendiesen a sus compatriotas. Esta carta provoc? la reacci?n de Mr. James Cropper de la universidad de Ellergreen (quien ya se hab?a interesado por la admisi?n de Sophia en la universidad de Edimburgo a?os atr?s), quien se ofreci? a abrir un fondo para proporcionar becas a las mujeres de la India. 13 Travers, Graham (Margaret Todd). Growth. Archibald Constable. Londres, 1906, p. 228. Tomado de Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth-Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 175 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 411 Estas becas permitieron a muchas futuras doctoras procedentes de la India acceder a la Edinburgh School of Medicine for Women. Encontraron en la lion-hearted pioneer Sophia Jex-Blake (denominada as? por Charles Reade en su obra The Woman Hater), inter?s, cari?o, apoyo en los momentos dif?ciles y, para muchas de ellas, un hogar en su propia casa de Bruntsfield Lodge. II. La Decana y la Comisi?n para la Revisi?n de los Estatutos de las Universidades Escocesas. En 1888, el Gobierno cre? una comisi?n para revisar los estatutos de las universidades escocesas, y se invit? a que el p?blico participase en diversas sub- comisiones. Sophia hizo sus propias aportaciones y colabor? proporcionando informaci?n y consejo a otras personas. El trabajo de esta comisi?n dur? seis a?os, durante los cuales, Sophia particip? en sus debates en diversas ocasiones. He aqu? las reflexiones recogidas en su diario tras asistir a una sesi?n el 27 de abril de 1892: ?...?I had one very amusing experience on Monday. The Scottish Universities Commission has been issuing some ?Ordinances? to which serious objections are taken, and among others a flaw has been found in the Women?s Ordinance, which we want to have remedied. All the objecting bodies were to meet together, so Dr. Balfour and I were summoned by enclosed solemn document to appear to represent our School, and it was amusing to find myself an invited delegate, at whose entrance the Chairman rose and came forward with outstretched hand, in the awful University Court Room, where our case had over and over again been tried by a hostile authority, and lost, without an opportunity for a word in our own defence. Sir Robert Christison looked down from the wall, and it made me almost chuckle to think that he would have said! Sic transit! How the world moves! I have just heard this morning of a legacy of 100 pounds for our Hospital and probably something for the School though (from vague wording) that is less certain.?? 15 En junio de 1894, present? una solicitud al tribunal de la universidad de Edimburgo para que concediese reconocimiento a la Edinburgh School of Medicine for Women. Hasta ese momento cada profesor hab?a sido reconocido de forma individual, siendo aceptadas las clases impartidas para cumplir el curr?culo requerido para el 14 Roberts, Shirley, o.c. p. 176 15 Todd, Margaret, o.c. p. 508 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 412 examen, sin que la escuela recibiese reconocimiento como tal. La batalla librada a?os atr?s servir?a ahora como argumento a favor de su petici?n. ?So the old warrior gathered herself together once more and made a last appeal to the University Court of her own Alma Mater to grant to other women the privilege that could never now be her own. She reminded them that in 1869 the same Court had conceded the principle of admitting women to graduation in medicine, that that principle had never been disallowed by them, and that the problem of its practical Esta vez, su esfuerzo no fue bald?o: apoy?ndose en las aportaciones de la comisi?n, la universidad de Edimburgo permit?a el acceso de las mujeres a sus ex?menes para la consecuci?n de la licenciatura en medicina. No se les permit?a a?n el acceso a las clases, pero se reconoc?an como instituciones autorizadas las dos escuelas de medicina de mujeres. La National Association for Promoting the Medical Education of Women, fundada en 1871, hab?a dejado de existir, pero varias de sus componentes hicieron un homenaje a Sophia el 3 de noviembre de 1894, entreg?ndole un escrito con m?s de treinta firmas: ??We, the undersigned, women members of the original National Association for the Medical Education of Women, resident at this time in Edinburgh, desire to offer to you our warm and hearty congratulations on the brilliant success you have achieved in securing the opening of the Edinburgh University medical examinations and degrees to women students. We know that it was largely due to your great ability and knowledge that the enabling Bill of 1876 was passed, which put it into the power, if they so willed, of each of the nineteen examining bodies of the United Kingdom to admit women to qualifying examinations, and which was the foundation of the success on which we congratulate toy today. Many who worked with you and under you in the old days have passed away. We who are left take this opportunity of expressing to you our appreciation of the great sacrifice you have made of time, and strength, and money, to win for younger women in their own country a complete medical education crowned by a degree. To have done this in Edinburgh we regard as a success of which you may be justly proud.?? 16 III. Fin de la Edinburgh School of Medicine for Women Con la marcha de Elsie Inglis en 1888 terminaron los enfrentamientos con el alumnado, pero tambi?n surgi? una de las principales causas de la desaparici?n de la escuela de Sophia Jex-Blake. La vida de la escuela transcurr?a sin problemas, hab?a sido reconocida por la universidad, a cuyas titulaciones las alumnas pod?an acceder sin 16 Idem, p. 510 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 413 trabas, y la Decana no encontraba oposici?n, pero los d?as de vida de la escuela estaban contados. Cada a?o se matriculaban menos alumnas. La competencia con el Medical College for Women de Elsie Inglis inclinaba la balanza a favor de esta ?ltima instituci?n. La Escuela encontraba grandes dificultades econ?micas. Algunos de los profesores ofrecieron reducir sus emolumentos o prescindir totalmente de ellos, como en el caso del Dr. Aitken, quien escribi? a Sophia cuando la escuela estaba en sus peores momentos: ??I would take your students without fee of any kind before I would see you beat, so you need not let the matter give you any concern.? ? 17 En 1898, Sophia tuvo que aceptar una nueva derrota: el cierre de la escuela en que hab?a puesto tanto afecto e ilusi?n. Con ello llegar?a el comienzo de su retiro, que se llevar?a a cabo en 1899, con su traslado a Windydene en Mark Cross (Sussex). IV. Elsie Inglis: la fundadora de los Scottish Women?s Hospitals A lo largo de los ?ltimos cap?tulos hemos mencionado con frecuencia el nombre de otra pionera: Elsie Inglis, una de las alumnas rebeldes de Sophia Jex-Blake,y fundadora de una segunda escuela en Edimburgo. Hagamos ahora un breve recorrido por la historia de esta doctora, fundamentalmente conocida por ser la fundadora de los Scottish Women?s Hospitals durante la primera Guerra Mundial. Elsie Maud Inglis hab?a nacido en la India el 16 de agosto de 1864. Era la s?ptima hija del matrimonio formado por Harriet Thompson y John Inglis, oficial magistrado al servicio de Su Majestad en la entonces colonia brit?nica. Los primeros hijos e hijas de la pareja hab?an nacido tras su matrimonio en 1846 y se hab?an criado en la India. En 1857, estando Harriet embarazada de su sexto hijo, la familia se traslad? a Inglaterra esperando fijar all? su residencia, pero el mot?n que estall? en la India durante su viaje, hizo que John Inglis fuese reclamado, debiendo regresar dejando a su familia en Inglaterra. Harriet se reuni? con su esposo siete a?os m?s tarde, quedando sus hijos e hijas mayores en colegios y los dos peque?os, con familiares. Elsie naci? tras esta reuni?n de sus padres. Posteriormente, nacieron Eva y Horace, convirti?ndose as? en la mayor de esta segunda familia. Elsie es descrita por sus bi?grafas como una ni?a alegre y despierta, educada en profundos principios religiosos por su madre, y muy unida a su padre, de quien hered? un cierto esp?ritu de lucha y aventura. 17 Idem, p. 500 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 414 Elsie pas? sus primeros once a?os en la India. En 1878, tras una estancia de dos a?os en Australia para buscar colocaci?n a dos de los hijos mayores, la familia se traslad? definitivamente a Gran Breta?a, estableci?ndose en Edimburgo. Se alojaron en el 10 de Brunstfield Place, acudiendo Elsie y su hermana menor, Eva, a la Edinburgh Institution for the Education of Young Ladies, en el 23 de Charlotte Square. Ya la entonces adolescente Elsie, se aplicaba en las clases de lat?n ?because she meant to be a doctor.? 18 Tras una peque?a temporada estudiando en Par?s, Elsie volvi? a vivir en Edimburgo con sus padres. A la muerte de su madre en 1885, la familia se traslad? a Melville Street. En 1887, se incorpor? a la reci?n fundada Women?s Liberal Federation, siendo su apoyo a la causa de las mujeres y a la lucha por la obtenci?n del derecho al voto una parte importante de su vida. Organiz? un grupo de debate llamado ?the Six Sincere Students Society, which studied Emerson on heroism and Emerson on self-reliance, and later grew into a full-scale Debating Society.? 19 Cuando Sophia Jex-Blake abri? su escuela, Elsie decidi? comenzar su preparaci?n, definiendo definitivamente su vocaci?n profesional. Tras su enfrentamiento con Sophia, fund? con la ayuda de su padre el Medical College for Women, tema que comentaremos en el punto siguiente. Prosigui? sus estudios en el Medical College durante dieciocho meses, completando a continuaci?n su formaci?n en la Royal Infirmary de Glasgow. Se gradu? por las universidades de Glasgow y Edimburgo. ?On August 4th, 1892, when she was twenty- seven, the name of Elsie Inglis, Licentiate of the Royal College of Physicians and Surgeons, Edinburgh, and Licentiate of the Faculty of Physicians and Surgeons, Glasgow, was placed upon the British Medical Register.? 20 A finales de ese mismo a?o, Elsie Inglis se incorpor? al New Hospital for Women de Elizabeth Garrett como doctora residente, con un salario de veintitr?s libras anuales, siempre con el prop?sito de conseguir mayor preparaci?n e instalarse posteriormente en Edimburgo. Con esta misma finalidad se traslad? al hospital Rotunda, de Dubl?n, para mejorar su preparaci?n en obstetricia. All? recibi? la noticia de la grave enfermedad de su padre, que la oblig? a adelantar su regreso. El 13 de marzo de 1894 fallec?a John Inglis. 18 Lawrence, Margot. Shadow of Swords. Michael Joseph. Londres, 1974, p.43 19 Idem, p. 51 20 Idem, p. 60 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 415 Durante su estancia en Dubl?n, Elsie hab?a recibido una carta de Jessie MacGregor, quien trabajaba desde 1893 en el hospital de Sophia Jex-Blake. Jessie le propon?a organizar juntas la pr?ctica privada en Edimburgo, sin que las distanciase el hecho de haber mantenido posturas opuestas respecto al comportamiento de Sophia Jex- Blake en el conflicto con las alumnas a?os atr?s. Elsie acept? y ambas trabajaron juntas hasta el a?o 1903, en que Jessie MacGregor se traslad? a Estados Unidos por razones familiares, falleciendo un a?o despu?s. En julio de 1903, Elsie pas? a ocupar la plaza dejada por Jessie MacGregor en el Brunstfield Hospital, lo que provoc? la dimisi?n de Sophia Jex-Blake como doctora asesora del mismo. En su pr?ctica m?dica se enfrent? con frecuencia con mujeres enfermas cuyos maridos no autorizaban la estancia en el hospital o el someterse a una operaci?n. Elsie se hizo especialmente sensible a la situaci?n de las mujeres, dirigiendo la secci?n de la Women?s Suffrage Societies en Edimburgo. A?n siendo muy sensible a las necesidades de las mujeres, especialmente las m?s desfavorecidas, y a su dependencia de los hombres, nunca acept? el control de natalidad. Al contrario, cuando alguna mujer pobre acud?a a ella buscando ayuda en este sentido, su labor se centraba en ayudarla a aceptar el embarazo no deseado y a buscar medios para atender a los ni?os, mejorando su alimentaci?n y condiciones higi?nicas. La presi?n religiosa y la constataci?n de que el deseo sexual de los maridos primaba sobre la salud de las mujeres influy? para que las doctoras pioneras aceptaran como ?nico medio de control de natalidad la abstenci?n de relaciones sexuales. Como sufragista y defensora de los derechos civiles de las mujeres, particip? en distintas acciones, entre otras un requerimiento presentado en 1906 contra la universidad de Edimburgo, por no haber permitido participar en sus elecciones a las mujeres. Encabezaba la protesta Margaret Nairn, una de las siete primeras mujeres graduadas en Edimburgo en 1893. ?An action was raised in the Outer house of the Court of Session entitled Margaret Nairn and Others against the University Courts of the Universities of St Andrews and Edinburgh? 21 , siendo las otras firmantes Frances Simson, Chrystal Macmillan, Frances Melville y Elsie Inglis. La protesta de las mujeres se basaba en el hecho de que la Universities (Scotland) Act de 1889 ?every person on the register of the general council of a university had the right to vote.? 22 Las mujeres 21 Watson, William N. Boog. ?The First Eight Ladies?, en University of Edinburgh Journal, primavera 1968, p. 232 22 Idem, p. 233 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 416 defend?an que la palabra persona deb?a entender sin distinci?n de sexo, abarcando por tanto a hombres y mujeres, pero Lord Salvesen decidi? en su contra interpretando que, en ese contexto, la palabra persona equival?a a persona del sexo masculino, con lo que, ir?nicamente, justificaba el hecho de privarles del derecho al voto dentro de las instituciones universitarias ?to the fact that in this country, in modern times and chiefly out of respect to women and a sense of decorum, they had been excused from taking any share in the department of public affairs and he added: ?I am afraid this action, if it has served no other purpose, has at least demonstrated that there are some members of the sex who do not value their common law privilege?.? 23 No, estas mujeres, no apreciaron tal privilegio y apelaron, llegando hasta la C?mara de los Lores, lo que al menos proporcion? publicidad para su causa, y supuso un gesto m?s de presi?n pac?fica para conseguir el derecho al voto. En noviembre de 1906, Frances Melville, Frsances Simson y Cristal MacMillan acudieron a la sesi?n parlamentaria. MacMillan habl? durante tres horas y a continuaci?n lo hizo Frances Simson. Su voz se escuch? pero su petici?n fue rechazada, ?the Lords dismissed the appeal with cost against the appellants.? 24 La actividad pol?tica complementaba la ardua tarea profesional. Parte de esa vida profesional era su inter?s por disponer de su propio hospital. De la creaci?n del Hospice y la posterior uni?n de ?ste con el Bruntsfield Hospital fundado por Sophia Jex-Blake hablaremos m?s ampliamente en el cap?tulo dedicado a los Hospitales de Mujeres. En 1912, Elsie Inglis dimit? como doctora del Poor Sisters Dispensary y realiz? un viaje a Estados Unidos, necesitada de reposo. A su regreso, una amiga le sugiri? cerrar el Hospice y llevar una vida menos agitada. ?Give me one more year, I know there is a future there, and someone will be found to take it on.? 25 No ser?a su retiro lo que se producir?a un a?o despu?s, sino un nuevo reto inimaginable anteriormente. Como doctora y creadora de un hospital para mujeres el nombre de Elsie Inglis no ocupar?a un lugar excesivamente relevante en la historia de las doctoras pioneras. Los monumentos que la recuerdan en Edimburgo, las biograf?as escritas sobre ella, se deben a su actividad durante los ?ltimos tres a?os de su vida. Cuando estall? la primera Guerra Mundial en 1914, Elsie Inglis, a punto de cumplir cincuenta a?os, enferma y dispuesta a retirarse o disminuir su actividad como doctora, descubri? ?a challenge to all women to 23 Idem, p. 233 24 Idem, p. 234 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 417 prove themselves worthy of the vote..... women could serve the army as doctors and nurses.? 26 Cuando Elsie supo que Louisa Garrett Anderson estaba formando un hospital de campa?a, se ofreci? para actuar como cirujana, pero su ofrecimiento fue rechazado por contar ya con un equipo completo. Se dirigi? entonces al representante del ej?rcito brit?nico en Edimburgo poniendo a su servicio un proyecto de creaci?n de hospitales de campa?a. En su entrevista en el Castillo de Edimburgo, Elsie recibi? esta paternal respuesta: ?My good lady, go home and sit still.? 27 Elsie volvi? a casa, no para quedarse tranquila, sino para organizar los hospitales de campa?a m?s efectivos de la primera Guerra Mundial, con tres objetivos fundamentales: ?to serve the nation, demonstrate women?s fitness for the vote, and advance the claim of medical women to do general work and not only gynaecology and paediatrics.? 28 El 12 de agosto de 1914, en la primera reuni?n de las Scottish Suffrage Societies desde el comienzo de la guerra, propuso ofrecer a la Cruz Roja brit?nica el env?o de un hospital de campa?a totalmente atendido por mujeres. Su propuesta fue rechazada, lo que la llev? a dirigirse a los embajadores de B?lgica, Francia y Rusia. En octubre, abri? un fondo con cien libras de su propio dinero y present? un proyecto a las Sociedades Sufragistas, esperando entonces que cada unidad fuera capaz de atender cien camas y estuviese dotada con cuatro doctoras y varias enfermeras expertas. As? lo recogen las actas de la reuni?n de la Federaci?n de Sociedades Sufragistas de Escocia: ?Dr. Inglis reported in her estimate that a thousand pounds would be sufficient to equip and pay salaries of one Unit of 100 beds for six months. Each Unit to consist of four doctors (two seniors and two juniors), ten trained nurses, six dressers, two cooks, an administrator, and a clerk. Suggested that one Unit might go to Serbia where need is very great.? 29 Siguiendo la propuesta del Comit? organizador, el proyecto recibi? el nombre de Scottish Women?s Hospitals, ?the name was never changed and though the hospitals drew support from England, the Dominions, India, the colonies, and neutral America, it was as the Scottish Women?s Hospitals that they won imperishable renown.? 30 La reuni?n de las W.S.S. celebrada en Kinsgway Hall el 20 de octubre fue decisiva. Aunque 25 Lawrence, Margot, o.c. p . 96 26 Idem, p. 97 27 Idem., p. 98 28 Idem., p. 99 29 Shaw McLaren, Eva. A History of the Scottish Women?s Hospitals. Hodder and Stoughton. Londres, 1919, p. 6 30 Lawrence, Margot, o.c. pp. 100-101 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 418 exist?a un amplio n?mero de sufragistas pacifistas, como hemos comentado en el cap?tulo anterior, cuya contribuci?n fue en una l?nea diferente, tratando de propiciar el entendimiento y la resoluci?n pac?fica de los conflictos, el discurso de Elsie Inglis, y la identificaci?n de Mrs Fawcett con el proyecto, provoc? un fuerte apoyo a los Scottish Women?s Hospitals. La recaudaci?n de fondos, que Elsie hab?a so?ado podr?a llegar a treinta mil libras, alcanz? cuatro millones trescientas mil libras, durante los cuatro a?os siguientes. Las primeras unidades se establecieron en Francia y Serbia. El 19 de noviembre de 1914, la doctora Alice Hutchinson y la enfermera Linton llegaban a Calais, donde se hicieron cargo del hospital de tifus desde diciembre de 1914 hasta marzo de 1915, en que la epidemia fue erradicada. El 6 de diciembre de 1914, llegaba a la abad?a cisterciense de Royaumont, a unos treinta kil?metros de Par?s, otra unidad, a cargo de la doctora Frances Ivens. Esta unidad atender?a a soldados y civiles hasta su cierre en diciembre de 1918. Elsie Inglis se traslad? a Par?s para supervisar el comienzo de su proyecto. Durante ese tiempo, seg?n narra su bi?grafa Margot Lawrence, por informaci?n recibida de Eva McLaren, la hermana de Elsie, ?sta tuvo una extra?a experiencia en la catedral de Notre-Dame, al sentir una presencia tras ella y advertir despu?s que la iglesia estaba vac?a y a su espalda s?lo se encontraba una estatua de Juana de Arco. Sugesti?n, experiencia m?stica o extrasensorial, en cualquier caso es f?cil comprender la identificaci?n de Elsie Inglis con esta otra mujer excepcional que, independientemente de la aceptaci?n o no de una intervenci?n sobrenatural, rompi? los l?mites impuestos, llevando a cabo una actividad pol?tica y militar absolutamente fuera de los roles de g?nero de su ?poca, y fue condenada a muerte fundamentalmente por romperlos y negarse a aceptar la imposici?n de las autoridades eclesi?sticas de vestir traje de mujer y renegar de su autenticidad. En diciembre de 1914, part?a la primera unidad que prestar?a servicios en Serbia, a cargo de la doctora Eleanor Soltau. A finales de marzo de 1915, se hab?an creado ya tres hospitales en Kragujevatz (Serbia), dos de ellos para enfermos de fiebres tifoideas, incluyendo una sala para mujeres y ni?os, comprendiendo en total m?s de 550 camas. La doctora Soltau contrajo difteria y la cirujana jefe tifus. Ante esta situaci?n Elsie Inglis decidi? trasladarse ella misma a Serbia , lo que hizo en mayo de 1915. Antes de partir, Elise dej? a Grace Cadell a frente del Hospice y a Kathleen Burke, secretaria del Comit? de Londres para la organizaci?n de los Scottish Women?s Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 419 Hospitals, como encargada de la recogida de fondos para el mantenimiento de los mismos. Su trabajo y su vida quedaban ahora entregados a la atenci?n de los hospitales de Serbia, primero, y Rusia, posteriormente. Parti? de Inglaterra en compa??a de la doctora Eveline Haverfield, su colaboradora durante los dos a?os siguientes. Eveline continu? su trabajo en Serbia hasta su muerte en Bajni Basha en 1919, donde pidi? ser enterrada. Durante los primeros meses Elsie Inglis se dedic? a una intensa actividad, creando nuevos hospitales, uno cerca de la frontera rumana, dirigido por la doctora Hutchinson, otro al este de Belgrado, y un hospital principal en Mladanovatz, a cargo de la doctora Haversfield. Elsie se hizo cargo del hospital de Kragujevatz, y de la creaci?n de otros en Kraljevo y en Valjevo, donde abri? asimismo tres dispensarios para atender civiles y una escuela donde se impart?an cursos de cuatro semanas para auxiliares serbios. Serbia fue invadida por los alemanes y austr?acos en octubre de 1915. Tras la invasi?n Alice Hutchinson, Elsie Inglis y el personal a cargo de cada una de ellas, quedaron como prisioneras de guerra, atendiendo a los heridos serbios en los hospitales Czar Lazar y Magazine. Cuando se acercaba la liberaci?n de la ciudad, el alto mando alem?n trat? de obligar a Elsie Inglis a firmar un certificado acreditativo del buen comportamiento del ej?rcito alem?n. Tras repetidas negativas, fue conducida al despacho del comandante en jefe donde ?ste la amenaz? diciendo ??sign at once, I will make you?, he threatened. Dr. Inglis looked at him, ?Make me?, she said.? 31 Y cerr? los ojos esperando quiz?s la muerte. Tras varios minutos, abri? los ojos. Sin m?s palabras, quiz?s impresionado por el valor de aquella mujer menuda y envejecida, el comandante en jefe orden? que la trasladaran nuevamente al hospital. En febrero de 1916, Elisie Inglis y el resto de prisioneras fueron trasladadas a Belgrado, y posteriormente a Viena y desde all? a Zurich, llegando finalmente a Gran Breta?a el 29 de febrero. Tras un breve descanso, Elsie reemprendi? la actividad, y a primeros de abril se reun?a con Austen Chamberlain, Secretario de Estado para la India y miembro del Consejo de Guerra, ?with a proposal that her organisation, having now throughly proved themselves, should supply and maintain a fully equipped and staffed hospital for two hundred in Mesopotamia.? 32 A principios de julio, el Ministro Serbio en Londres, M. Boskovitsh, solicit?a a Elsie Inglis el env?o de nuevas unidades para atenci?n de la divisi?n serbia en Rusia. Y ella decidi? inmediatamente ?to accept the 31 Idem, p. 159 32 Idem, p. 174 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 420 offer to take charge of the Field Hospitals and Transport Section and go to Russia.? 33 Elsie se encarg? de la preparaci?n de las unidades durante los meses de julio y agosto. El 31 de agosto de 1916, part?a de Liverpool llevando a su cargo una unidad formada por ?four doctors, an administrator, a radiographer, a dispenser, seventeen nurses, sixteen orderlies, several cooks and laundresses mostly from the staffs of domestic colleges.? 34 Antes de partir se interes? por la marcha del Hospice y pidi? al Comit? que no descuidasen el trabajo durante su ausencia. Ten?a especial inter?s en que las cuatrocientas estudiantes de medicina que hab?a en aquel momento en Edimburgo recibiesen una buena preparaci?n y que en su hospital ?they should come into such close contact with the problem of unnecessary suffering of mothers and deaths of infants, that the solution of these problems would be their first aim in professional life?. 35 Tambi?n se reuni? con su familia en la costa de Fife y con algunas viejas amistades. En este sentido, merece la pena destacar el breve encuentro con Emmeline Pethick-Lawrence, una de las compa?eras sufragistas comprometidas ahora en el movimiento pacifista del que hemos hablado en el cap?tulo anterior. Emmeline pas? por Edimburgo, camino de Dundee, donde iba a participar en un acto de propaganda pacifista. Las dos luchadoras, una como doctora en el frente, y la otra defendiendo el armisticio, la soluci?n dialogada y pac?fica del conflicto, se encontraron. Elsie acudi? a la estaci?n para saludar y abrazar a Emmeline: ?it was a time when anyone who dared to breathe the word ?peace? was denounced as a traitor, at least by those who had never been anywhere near the front; a time, said Emmeline Pethick-Lawrence, ?when one?s nearest and dearest failed to understand., But she understood. And she broke into a busy morning?s work to come down to the train to shake my hand. What we said was very little, but the look and the handclasp were sufficient. We knew ourselves to be serving the same God of Love and Mercy, and that knowledge made the bonds between us indissoluble.?? 36 El trabajo de Elsie Inglis durante los meses pasados en la frontera ruso-rumana constituye quiz?s la tarea m?s importante de su vida. Su primer destino fue Odessa, en el sur de Rusia, Tras organizar la atenci?n de los heridos en la ciudad de Odesa, el 25 de septiembre, Elsie se traslad? con su unidad al frente, en Czernadova. Al llegar a esta ciudad tras un dif?cil y duro viaje, la encontraron desierta, pues hab?a sido evacuada 33 Shaw McLaren, Eva, o.c. p. 181 34 Lawrence, Margot, o.c. p. 181 35 Idem, p. 183 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 421 poco antes, por lo que finalmente establecieron el hospital en Mejidia. Los bombardeos sobre Mejidia provocaron la evacuaci?n de la unidad. Al retirarse la divisi?n serbia de la regi?n de Dobrudja, la Cruz Roja rusa pidi? a Elsie Inglis que colaborase con ellos, por lo que ?sta puso a su disposici?n su material de transporte. Los coches ingleses de la unidad de Elsie Inglis transportaban continuamente heridos para ser atendidos en las poblaciones donde pod?an disponer de rudimentarias instalaciones hospitalarias. Elsie y su personal fueron trasladados a la ciudad de Braila, donde llegaron el 25 de octubre. Hab?a m?s de once mil heridos y de nuevo la capacidad de trabajo y organizaci?n de Elsie y su equipo fue puesta a prueba. El 3 de diciembre recibieron orden de trasladarse a Galatz, donde instalaron su hospital en una escuela cercana al puerto. El n?mero de heridos a atender era alt?simo, y las horas de trabajo interminables, como queda reflejado en las cartas e informes enviados. ?The night we opened we got 109 cases. We bathed and dressed them all, and began operating the next afternoon at one o?clock, and then went on without a break until five o?clock the following morning.? 37 A primeros de enero, se impuso una nueva evacuaci?n. Elsie y su hospital fueron evacuados a la ciudad de Reni, donde permanecer?a durante los pr?ximos ocho meses, hasta su forzoso regreso a Gran Breta?a. A las dificultades del trabajo se uni? la dureza del clima. Las bajas temperaturas, que llegaron a provocar el congelamiento de las aguas del Danubio, y las fuertes tormentas de nieve, convert?an a menudo en una haza?a el desplazamiento desde el hospital a la cercana casa proporcionada como vivienda para Elsi y su equipo. Una dif?cil experiencia m?s fue el arresto de la enfermera Miss Murphy bajo acusaci?n de espionaje por las tropas rusas. Elsie Inglis insisti? en acompa?arla. Tras una noche detenidas como prisioneras, fueron puestas en libertad, gracias a la firma del resto de miembros de la Unidad de un escrito testimoniando la confianza merecida pro Miss Murphy y la intervenci?n del Alto Comisionado de la Cruz Roja, el General Kronpensky. La recompensa ven?a en forma del agradecimiento de los pacientes, que puede quedar representado en una carta dirigida a Elsie por un grupo de ellos con motivo de la pascua rusa: ??Much honoured Elsie Maud, the daughter of John. The wounded and sick soldiers from all parts of the army and fleet of great free Russia, who are now for healing in the Hospital which you command, penetrated with a feeling of sincere respect, feel it their much desired duty, today, on the day of the feast of Holy Easter, to express to you our deep reverence to you, the doctor warmly loved by all, and also to your honoured personnel of women. 36 Idem, p. 182 37 Shaw McLaren, Eva, o. c. p. 206 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 422 We wish also to express out sincere gratitude for all the care and attention bestowed on us, and we bow low before the tireless and wonderful work of yourself and your personnel, which we see every day directed towards the good of the soldiers allied to your country? May England live. The Russian Citizen Soldiers.?? 38 En el verano de 1917, Elsie Inglis intervino para que las tropas serbias fueran destinadas a otro frente, dada la desorganizaci?n de las tropas rusas. El 28 de septiembre, recibi? la noticia de que la divisi?n serbia saldr?a rumbo a Archangel en tres d?as. La situaci?n de su unidad era precaria, dada la gran dificultad para conseguir suministros de comida, ropa, etc., para el invierno. Por otra parte, el estado de salud de Elsie Inglis hac?a necesario su regreso. Solicit? al Ministerio de Asuntos Exteriores, a trav?s del c?nsul brit?nico en Odesa, que se permitiera a los soldados de la divisi?n serbia ser recibidos en Gran Breta?a antes de incorporarse al frente en Archangel. Durante el viaje de regreso a Gran Breta?a, en el oto?o de 1917, Elsie, pese a estar gravemente enferma, segu?a haciendo planes para enviar una nueva unidad a Sal?nica. El cable enviado por ella al Comit? el 14 de noviembre manten?a el optimismo pero anunciaba su deficitario estado de salud: ??On our way home. Everything satisfactory, and all well except me?.? 39 Cuando desembarcaron en Newscatle el 24 de noviembre, Elsie, pese a su gravedad, quiso estar presente en el desembarco de las tropas serbias, como un ?ltimo acto de atenci?n a los hombres que hab?a atendido durante meses. Despu?s tuvo que ser ingresada en el Station Hotel, donde muri? dos d?as despu?s, junto a alguna de sus doctoras amigas y sus hermanas. Se le rindieron honores en St. Giles, y Westminster, al que acudieron representantes de la realeza y del gobierno. Su ?ltimo mensaje a la presidenta del comit? de Londres de los Scottish Women?s Hospitals fue sobre el futuro de las unidades en Serbia: ??Whatever happens, dear Miss Palliser, do beg the Committee to make sure that the Serbs have their hospital and transport, for they do need them.?? 40 Efectivamente, pocos meses m?s tarde, en febrero de 1918, una nueva unidad denominada Elsie Inglis Unit part?a hacia Sal?nica, formada por treinta y dos miembros y veinticinco veh?culos, a las ?rdenes de las doctoras Ward y Benson, con el apoyo oficial de la monarqu?a brit?nica. 38 Idem, p. 210 39 Idem, p. 220 40 Idem, p. 222 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 423 Los Scottish Women?s Hospitals prestaron atenci?n a los heridos en p?simas condiciones, teniendo que hacer frente a dificultades de todo tipo: diferencia de idioma, falta de instalaciones y medios materiales, condiciones higi?nicas muy deficientes, condiciones climatol?gicas extremas, sobrecarga de heridos, bombardeos, el arresto de algunas de las doctoras y la dificultad de tener que prestar sus servicios como prisioneras en territorio ocupado por los austriacos y alemanes. Algunas de las mujeres participantes dieron su vida en el empe?o: algunas murieron de tifus, otra, la doctora Edith Cavell, fue fusilada por los alemanes, y Elsie Inglis muri?, enferma y agotada, el mismo d?a de su desembarco en Gran Breta?a. Fueron un ejemplo del alto grado de preparaci?n, valent?a, dedicaci?n y profesionalidad de un amplio grupo de mujeres, en un campo de actividad reservado tradicionalmente a los hombres, comparable quiz?s a los demostrados actualmente por muchas mujeres que trabajan junto con los hombres en campos de refugiados, proyectos de desarrollo en pa?ses del Tercer Mundo, etc., a trav?s de distintas organizaciones humanitarias. V. La creaci?n del Medical College for Women La expulsi?n de las hermanas Cadell fue quiz?s el hecho decisivo para que Elsie Inglis tomara la iniciativa de crear una escuela alternativa a la Edinburgh School of Medicine for Women. Podemos interpretarlo simplemente como el enfrentamiento de dos personalidades fuertes, la rebeld?a de una joven ante el car?cter impositivo de la profesora que le doblaba la edad, o un enfrentamiento basado en la creencia en diferentes principios. Sophia defend?a el cumplimiento de unas normas que consideraba fundamentales para mantener los ideales que ella cre?a deb?an regir la causa de las mujeres doctoras, a la que hab?a dedicado su vida. Para Elsie Inglis, ?the real issue, however was whether women students were to be recognised as serious individuals with a right to run their own lives and protest about unfair treatment as men did; and for this principle she was ready to be ruthless.? 41 La expulsi?n de la escuela de Sophia Jex-Blake representaba la imposibilidad de cursar estudios de medicina en Edimburgo. El ?nico lugar de Gran Breta?a en que las mujeres pod?an realizar estudios que les permitiesen obtener las titulaciones de los Tribunales Examinadores, eran la LSMW, en Londres y la ESMW de Sophia Jex-Blake. 41 Idem, p. 55 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 424 Para muchas mujeres el traslado a Londres pod?a suponer una barrera econ?mica que impidiese su acceso a la carrera m?dica. Si un enfrentamiento con Sophia Jex-Blake ten?a como consecuencia la expulsi?n de la escuela, ?the end result would be that no woman who would not accept meekly anything J-B might dictate could get a medical education outside London. This Elsie, could not, would not, accept.? 42 El apoyo de su padre fue decisivo. Contando con amistades influyentes, Elsie y John Inglis fundaron la Scottish Association for the Medical Education of Women. Aunque contaron inicialmente con la oposici?n del Medical Officer of Health en Edimburgo y ten?an cerrado el acceso al Leith Hospital por influencia de Sophia Jex- Blake, dispusieron de apoyo suficiente para abrir una nueva escuela, llamada Medical College for Women, situada en el 30 de Chambers Street. Impart?an clase en la misma dieciocho profesores de reconocido prestigio. El curr?culo comprend?a las materias que se consideraban imprescindibles para la formaci?n de una doctora en aquel momento: Salud P?blica, Enfermedades Infantiles, Vacunaci?n, Enfermedades Mentales, Oftalmolog?a, Ginecolog?a y Atenci?n al parto, etc. Las pr?cticas se realizaron inicialmente en el Royal Hospital for Sick Children. Dos a?os m?s tarde dispon?an ya de dos salas en la Royal Infirmary, ?the second largest hospital in Britain and a stronghold of anti-feminism? 43 , salas que hab?an contribuido a dotar con una donaci?n de setecientas libras. El ?xito del Medical College fue rotundo. Pudiera deberse a que las tasas eran inferiores a las de la ESMW, y su comit? m?s influyente, o bien al hecho de poder realizar las pr?cticas en la Royal Infirmary. No solamente cont? con alumnas procedentes de Escocia, sino de otros lugares del Imperio, incluida Australia. Durante dieciocho meses Elsie Inglis fue alumna de la escuela que hab?a creado, al igual que Sophia lo hab?a sido en la LSMW, traslad?ndose despu?s a la Royal Infirmary de Glasgow para completar su formaci?n. Desde su puesto de doctora en el New Hospital for Women de Londres en 1893, Elsie sigui? apoyando el Medical College. Utiliz? la bien ganada fama del New Hospital para conseguir influencias y apoyo a la causa de las mujeres doctoras, enviando los informes anuales a las m?dicos m?s importantes de Edimburgo. En una carta dirigida a su padre Elsie menciona el hecho de que las alumnas de las dos escuelas 42 Idem, p. 55 43 Idem, p. 56 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 425 rivales asist?an juntas a las clases del doctor Henry Littlejohn, ?the great public health pioneer and Edinburgh?s Medical Officer of Health? 44 . En 1894, cuando se autoriz? el acceso de las mujeres a los ex?menes de la universidad de Edimburgo, el n?mero de alumnas de la escuela aument?. Elsie Inglis les prest? apoyo de diversas maneras: ?she befriended them, invited them to Sunday tea, encouraged them.? 45 Pero quiso hacer algo m?s, en 1898, con la ayuda de Mr. y Mrs. Muir, abri? una residencia universitaria para las estudiantes de medicina, ?she promoted the opening of a hall of Residence for them in George Square, becoming its secretary and medical officer, an interest which she continued throughout her life.? 46 Cuando se gradu? como M.C. (Bachelor in Medicine) en la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo en 1899, fue nombrada profesora de Ginecolog?a del Medical College for Women, momento en que inici? tambi?n la creaci?n de su propio hospital, como veremos en el cap?tulo siguiente. El Medical College for Women de Chambers Street mantuvo su actividad hasta el a?o 1909, en que se uni? con el Real Colegio de Doctores y Cirujanos de Edimburgo. Poca atenci?n recibe el Medical College for Women en las biograf?as de Elsie Inglis. Quiz?s porque su nacimiento se debi? a un enfrentamiento con una pionera intocable, o porque la importancia adquirida por Elsie Inglis como creadora de los Scottish Women?s Hospitals alcanz? una relevancia hist?rica que deja en segundo plano otros aspectos de su actividad. VI. Queen Margaret College en Glasgow Como hemos comentado en un apartado anterior, en 1890 el Queen Margaret College de Glasgow anunci? la apertura de un departamento de Medicina. En tan s?lo cinco a?os el n?mero de alumnas era de cincuenta, casi todas ellas prepar?ndose para la obtenci?n de una titulaci?n acad?mica que les permitiese la pr?ctica de la profesi?n. Dispon?an entonces de veintiocho salas, con m?s de doscientas camas, en la Royal Infirmary de Glasgow, donde hab?a completado su formaci?n Elsie Inglis. Al igual que las dem?s escuelas de Medicina de mujeres, ofrec?a a sus alumnas posibilidades de desarrollo personal, intelectual y social. El Medical Club de la Queen Margaret College School of Medicine celebraba reuniones mensuales para la presentaci?n y lectura de 44 Idem, p. 66 45 Idem., p. 72 46 Idem, p. 73 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 426 estudios m?dicos y manten?a relaciones con otras escuelas, como recoge la carta dirigida por Lucy Buckly, Presidenta del Club a la saz?n, al Magazine de la London School of Medicine for Women en 1895. VII. Las escuelas de medicina de Irlanda En el a?o 1884, inmediatamente despu?s de la uni?n de los Colegios de Doctores y Cirujanos de Irlanda, denominados King?s and Queen?s College of Physicians? y Royal College of Surgeons, el vicepresidente, Mr. C. Cameron, propuso que la nueva titulaci?n estuviese abierta a las mujeres, continuando con la tradici?n establecida por el King?s and Queen?s Royal College of Physicians, ?which had, since 1876, granted its license enabling women to register as medical practitioners, being the first licensing body in the three kindgdoms to do so?. 47 Ello facilit? el que las aspirantes a doctoras en Irlanda pudieran acceder a centros de ense?anza mixtos, en los que ?all fellowships, licenses, offices (up to that of President), and all scholarships and prizes should be granted to women without any limitation, while all lectures given in the school attached to the College should be open to them on the same conditions as to men students.? 48 La School of Medicine for Men and Women del Royal College of Surgeons de Dubl?n ofrec?a a las alumnas, adem?s de la asistencia a clases mixtas y el uso de las distintas dependencias, incluido un museo de anatom?a y una amplia biblioteca, una sala de disecciones propia, as? como una habitaci?n que utilizaban como comedor y sala de reuni?n entre las clases. Las pr?cticas se realizaban en diferentes hospitales de Dubl?n, tanto generales: City of Dublin, Meta Hospital, Adelaide, Mr. P. Dun?s, Richmond, Dr. Steeven?s Hospital; como especializados, en ginecolog?a y obstetricia: Rotunda Hospital, Coombe Hospital, National Lying-in Hospital; en enfermedades oftalmol?gicas y otorrinol?gicas: National Eye and Ear Hospital y St. Mark?s Hospital; y en enfermedades mentales: el Richmond District Asylum. Las alumnas pod?an acceder a la totalidad de clases y algunos puestos en estos hospitales, en igualdad con los alumnos: ?At these hospitals we attend the clinical lectures and ordinary morning classes, also all dispensaries; and we can hold the posts of clinical clerks and surgical 47 Williams,Clara L.. ?A short account of the School of Medicine for Men and Women, R.C.S.I.? Magazine of the London School of Medicine and Royal Free Hospital, Enero 1896, p. 104 48 Idem, p. 104 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 427 dressers just as the men can.? 49 Sin embargo no pod?an optar todav?a al puesto de residentes: ?Up to the present, unfortunately, we have not been able to obtain any resident pupilships, nor the post of house physician or surgeon in any of the general hospitals, as it is not very long since we were admitted to them, and they have not got the special accommodation which would be necessary if they received women as residents.? 50 En 1890, se abri? a las mujeres el Queen? s College de Belfast y en 1892, el Queen?s College de Cork. En esta ?ltima ciudad las mujeres encontraron inicialmente dificultades para realizar pr?cticas en la Royal Infirmary, bajo el pretexto de que la experiencia de clases mixtas hab?a fracasado en Dubl?n. El rechazo quedo superado tras el siguiente testimonio presentado por veintiocho doctores y cirujanos de los hospitales donde realizaban sus pr?cticas las alumnas de Dubl?n: ??Having been asked to express our opinion on the subject of the hospital education of women medical students, we, the undersigned, having had some year?s experience, wish to state that we have found no difficulties arise in teaching men and women together.?? 51 La preparaci?n para obtener los t?tulos universitarios ofrecidos por las universidades irlandesas supon?a la superaci?n de seis a?os de estudios, incluyendo los ex?menes de matriculaci?n y arte, previos para cursar estudios profesionales. Asimismo era posible obtener la licencia del Tribunal Examinador conjunto de Doctores y Cirujanos (Conjoint Board of Physicians and Surgeons) en cinco a?os, dado que para su obtenci?n s?lo se requer?a realizar un examen preliminar sobre temas de cultura general. VIII. Escuelas donde pod?an realizar estudios de medicina las mujeres a finales del siglo XIX A la comunicaci?n de Mary Scharlieb presentada en la reuni?n del Women?s Institute de 25 de enero de 1898, se a?ad?an cuatro ap?ndices, elaborados por M.B. Douie, Secretaria de la LSMW en aquel momento. Dichos ap?ndices nos ofrecen informaci?n sobre las escuelas en que las mujeres pod?an realizar estudios de medicina, y las titulaciones y puestos de trabajo a que pod?an aspirar, as? como una bibliograf?a recomendada a las aspirantes. Exist?an tres escuelas exclusivamente para mujeres, una 49 Idem, p. 106 50 Idem, p. 106 51 Idem, p. 107 Mujer y Salud Cap. XIII. Las Escuelas de Medicina de Mujeres de Edimburgo 428 en Inglaterra y dos en Escocia: la London School of Medicine for Women de Londres, el Medical College for Women de Edimburgo y el Queen Margaret College de Glasgow. Diez instituciones permit?an el acceso de las mujeres a clases mixtas: El College of Medicine de Newcastle-on-Tyne (universidad de Durham); la University of South Wales and Monmounthshire, de Cardiff (universidad de Gales); la universidad de Aberdeen; el Real Colegio de Cirujanos de Dubl?n; la Medical School de Cecilia Street, en Dubl?n; y los Queen?s College de Belfast, Cork y Galway, en Irlanda. Y numerosas universidades permit?an ya el acceso de las mujeres a las clases de ciencias, preliminares para realizar estudios de medicina posteriormente. Hab?an conseguido ya las mujeres derecho a acceder a las titulaciones de las siguientes universidades, que rese?amos por orden cronol?gico de su apertura a las estudiantes de medicina: Londres (1878); Royal University of Ireland (1881); Edimburgo (1892); Glasgow (1892); Aberdeen (1892); St. Andrew?s (1892), y Durham (1895). Te?ricamente las mujeres pod?an acceder tambi?n a los ex?menes de Victoria university, lo cual resultaba imposible en la pr?ctica, pues se exig?a la permanencia de dos a?os en uno de los colegios de la universidad, cuyo acceso a las clases de medicina segu?a negado a las mujeres. En el Anexo IV recogemos el texto ?ntegro del informe de M.B. Douie. IX. Consideraciones finales Evidentemente, las escuelas de mujeres de Gran Breta?a no fueron tan numerosas como las escuelas norteamericanas. Y la importancia de las escuelas de Edimburgo, Glasgow y Dubl?n, es inferior a la alcanzada por la London School of Medicine for Women. Pero permitieron el acceso a la medicina de muchas mujeres durante unos a?os en que la universidad manten?a sus puertas cerradas para ellas. Podr?amos desear que nunca hubieran existido, pues ello hubiera sido prueba de que no exist?an tampoco barreras para el acceso de las mujeres a la universidad y la pr?ctica de las profesiones, en este caso, la Medicina. Pero las barreras de g?nero exist?an y las escuelas de medicina de mujeres contribuyeron a que las mujeres alcanzasen unos derechos que nunca debieron estarles negados. Su historia est? ineludiblemente unida a la del movimiento sufragista y a todo el movimiento feminista de la segunda mitad del siglo diecinuev. Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 429 CAP. XIV. LOS HOSPITALES POR Y PARA MUJERES ?All of these women?s hospitals functioned importantly as places where women?s medical education and practiced was legitimated, rendered socially viable and respectable, connecting the image of the women doctor intimately with her suffering sisters.? 1 No podemos hablar de las de las mujeres pioneras de la medicina moderna sin mencionar una parte importante de su labor profesional: la creaci?n de hospitales para mujeres, atendidos totalmente por personal femenino. Aparecieron en primer lugar en los Estados Unidos, siendo pionero de ellos el New York Infirmary for Women and Children creado por Elizabeth Blackwell en 1857, al que siguieron otros en Boston, Chicago, Minne?polis, Nueva Orle?ns, etc. I. El New Hospital for Women o Elizabeth Garrett Anderson Hospital El primero y m?s importante de los creados en Gran Breta?a, siguiendo el modelo americano, fue sin duda el New Hospital for Women fundado por Elizabeth Garrett en Londres en 1866. La importancia del New Hospital for Women, no se reduce solamente a la calidad de la atenci?n m?dica dispensada, o a haber sido el primer hospital que permiti? las pr?cticas de las alumnas de la Women School of Medicine for Women, sino que, adem?s, fue el modelo que inspir? la creaci?n de otros hospitales por y para mujeres en Gran Breta?a, la India y Australia. 1 Bashford, Alison. Separatist Health. Changing Meanings of Women?s Hospitals in Australia and England, c. 1870-1920, en Furst, Lilian R. (edit.) Women Healers and Physicians. Climbing a Long Hill, The University Press of Kentucky, 1997, pp. 198-220, p. 207 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 430 En el cap?tulo correspondiente a la biograf?a de Elizabeth Garrett hemos tratado de la creaci?n y desarrollo del New Hospital for Women hasta 1917, a?o en que pas? a denominarse Elizabeth Garrett Anderson Hospital. En este cap?tulo nos referiremos a su desarrollo desde 1917 hasta nuestros d?as. El Elizabeth Garret Anderson Hospital mantuvo la pol?tica de atenci?n a mujeres, con una plantilla exclusivamente femenina, as? como la tradici?n de financiarse en parte con la contribuci?n de diferentes organizaciones de mujeres. En 1929, la Reina Madre presidi? la apertura de una nueva secci?n y en 1940, inaugur? la Garrett Anderson Maternity Home en Belsize Grove, Hamsptead. Esta maternidad, que no atend?a consultas externas, dispon?a inicialmente de veintisiete camas, que aumentaron a treinta y cinco en 1966. En 1913, se abri? un hospital para convalecientes de diecinueve camas, situado en Rosa Morison House, Barnet, que pas? a depender en 1972 del Barnet Group Hospital Management Committee. Al crear el dispensario primero, y el hospital m?s tarde, Elizabeth Garrett pretend?a un doble prop?sito: atender los problemas de salud de las mujeres, especialmente de las m?s necesitadas, que no pod?an acudir a su consulta privada, y proporcionar un lugar adecuado para la pr?ctica profesional de las mujeres doctoras. El hospital dispuso de su propia escuela de enfermer?a, y sus salas estuvieron abiertas para las pr?cticas de las alumnas de la LSMW, muchas de las cuales ejercieron en ellas como doctoras tras completar su formaci?n. ?Most of England?s most famous doctors, working in all parts of the world, have owed their early training to her Hospital.? 2 Durante la segunda Guerra Mundial, el hospital continu? su funcionamiento pese a encontrarse en una zona extremadamente vulnerable dada su cercan?a a tres estaciones de ferrocarril. Parte de la residencia de enfermeras se transform? en salas para atenci?n de las personas heridas en los bombardeos y, por primera vez en su historia, se abri? una sala para atender a pacientes de sexo masculino, cambios que terminaron con el final de la guerra. En 1948, al crearse el National Health Service, el Elizabeth Garrett Anderson Hospital se integr? en el grupo de hospitales del Royal Free Hospital, donde permaneci? hasta 1962 en que la reorganizaci?n del Royal Free impidi? la existencia de unidades hospitalarias independientes. El Elizabeth Garrett Anderson pas? entonces a formar parte del Metropolitan Regional Hospital Board, quedando integrado en el 2 The Elizabeth Garrett Anderson Hospital. Euston Road. London. Folleto explicativo de la exhibici?n celebrada en Londres en 1977, p. 5 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 431 North London Group desde 1963. En esta fecha la escuela de enfermer?a pas? asimismo a formar parte de la North London Group Training School. En 1974, tras una nueva reorganizaci?n del National Health Service, el Elizabeth Garrett Anderson pas? a formar parte del grupo de hospitales bajo el control de la Camden and Islington Area Health Authority. En septiembre de 1974, el General Nursing Council retir? al Elizabeth Garrett la consideraci?n de hospital universitario para la preparaci?n de personal de enfermer?a. Ello hac?a preciso contratar a la totalidad del personal de enfermer?a, incluyendo el personal auxiliar, lo que supon?a un incremento importante de los gastos. Esto, junto con el deterioro de las instalaciones, hizo que el cierre del hospital pareciese inminente, lo que provoc? la creaci?n de un Comit? de Acci?n que promovi? una amplia campa?a a favor de su permanencia, incluyendo la presentaci?n al Gobierno en julio de 1975 de una petici?n con veintitr?s mil firmas, y una marcha de sindicalistas en Londres en julio de 1976. En noviembre de 1975, la entonces Ministra de Sanidad, Barbara Castle, visit? el hospital, anunciando tres meses m?s tarde la decisi?n ministerial de proceder a su cierre, por ser peque?o, antiecon?mico y requerir grandes reformas. Se pretend?a trasladarlo a otro hospital m?s grande, probablemente el Whittington Hospital en Highgate. Desde octubre de 1976, se intensific? el movimiento en defensa del Elizabeth Garrett Anderson, mediante piquetes formados por pacientes, amigos y miembros del personal, para impedir su desmantelamiento, y una amplia cobertura del tema en los medios de comunicaci?n. Como parte de esta campa?a se celebr? una exposici?n sobre la historia del hospital en el mes de mayo de 1977. En 1979, Margaret Thatcher reprivatiz? el Elizabeth Garrett e invirti? dos millones cuatrocientas mil libras en su reconstrucci?n y remodelaci?n, a lo que se uni? medio mill?n de libras recogido por la fundaci?n Hospital?s Appeal Fund para gastos de mobiliario y equipamiento. El hospital volvi? a abrir sus puertas en 1984, unido con el Hospital for Women, de Soho. En 1989, se incorporaron por vez primera ginec?logos a la plantilla. En los ?ltimos a?os del siglo XX, el Elizabeth Garrett ha venido atendiendo unas mil quinientas pacientes internas cada a?o m?s otras tantas en consultas externas, incluyendo cl?nicas para planificaci?n familiar, prevenci?n del c?ncer de mama, etc. A finales del a?o 2000 se precedi? al cierre definitivo del viejo edificio de ladrillo rojo de Euston Road, inaugurado por los Pr?ncipes de Gales en 1890, traslad?ndose provisionalmente a Huntley Street donde permanecer? hasta la apertura, en 2008, de una nueva sede. Actualmente se ha iniciado ya la construcci?n de un nuevo gran hospital en Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 432 Euston Road, cuya apertura est? prevista para el a?o 2005. A partir de esta fecha se comenzar?n las obras del nuevo edificio que albergar? el Elizabeth Garrett Anderson, y que se prev? est? terminado para el a?o 2008. Este nuevo hospital seguir? manteniendo la tradici?n establecida por su fundadora, de que las pacientes puedan ser atendidas por doctoras, si as? lo solicitan. II. El Edinburgh Hospital and Dispensary for Women de Sophia Jex-Blake En septiembre de 1877, tres meses despu?s de haber instalado su consulta privada en Manor Place, como la primera doctora de Edimburgo, Sophia Jex-Blake abri? un dispensario situado en el n?mero 73 de Grove Street, en el barrio de Fountainbridge. ?Here poor women could receive medical attention for a fee of a few pence.? 3 El dispensario cont? enseguida con un alto n?mero de pacientes externas, cien aproximadamente en la primera quincena. Cuando Sophia, tras la muerte de su madre y de una de sus ayudantes, se tom? un per?odo de vacaciones entre 1881 y 1883, cerr? su consulta privada, pero el dispensario sigui? funcionando, atendido por otras doctoras. En 1885, fue trasladado a un nuevo edificio, en el n?mero 6 de Grove Street. Se ampli? entonces la consulta de pacientes externas con una sala de cinco camas para pacientes que requiriesen hospitalizaci?n, y pas? a denominarse Edinburgh Hospital and Dispensary for Women. Sophia contrat? una enfermera jefe encargada del peque?o hospital ?and a year later Dr. Catherine Urquhart, who had trained at the London School of Medicine for Women, was appointed the first Resident medical Officer. The Edinburgh Hospital and Dispensary was Scotland?s first hospital for women staffed by women.? 4 Este hospital mantuvo una pr?ctica floreciente, haci?ndose necesaria su ampliaci?n. En 1895, se form? un subcomit? dedicado a planificar el traslado a una sede m?s amplia. En 1897, a?o del Jubileo de Diamantes de la Reina Victoria, se lanz? una petici?n p?blica en los peri?dicos escoceses, para obtener el apoyo econ?mico necesario: ?The Edinburgh Hospital and Dispensary for Women and Children now in Grove Street has existed first as Dispensary then as a Hospital for nearly 20 years. The Dispensary in the first 16 years was attended by 2,621 patients who paid 25,773 visits. The present building affords one large ward of 4 beds and another small private ward. In the first 10 years the Hospital 3 Shirley Roberts. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth-Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 165 4 Idem., p. 171 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 433 admitted 340 patients. It is now proposed to raise a fund of 10,000 pounds in order to build a really adequate and satisfactory hospital and it has been suggested that in honour of the present year a special Jubilee Ward should be erected to be free to all needy patients.? 5 Al tiempo que se realizaba esta colecta popular, Sophia Jex-Blake tomaba la decisi?n personal de retirarse de la pr?ctica m?dica y trasladarse de nuevo a Sussex. El Comit? del Hospital decidi? que Brunstfield Lodge podr?a adaptarse perfectamente para constituir la nueva sede. Sophia acept? venderlo a un precio que permitiese al Comit? su adquisici?n, y el 27 de marzo de 1899, se firmaba una nueva constituci?n del hospital cambiando su nombre al de Brunstfield Hospital, y manteni?ndose la condici?n inicial que se dedicase a la atenci?n de mujeres y ni?os, dispensada ?nicamente por doctoras. Sophia fue nombrada doctora asesora del Brunstfield Hospital. III. The Hospice, fundado por Elsie Inglis A finales de la d?cada de los noventa, Elsie Inglis promovi? la creaci?n de un Medical Women?s Club, cuyas reuniones se celebraban en el 8 de Walker Street, del que formaron parte muchas de sus antiguas amigas, incluidas las hermanas Cadell. Un objetivo de este grupo era la creaci?n de un hospital por y para mujeres. Al tener noticias por la Dra. McGregor sobre el proyecto relativo a la ampliaci?n del hospital de Sophia Jex-Blake, Elsie Inglis escribi? al Comit? del hospital el 29 de enero de 1899, ofreciendo cubrir la mitad de los gastos exigidos por las obras de ampliaci?n, a cambio de que el Club ostentase el cincuenta por ciento de los cargos del Comit?. Tres d?as m?s tarde volvi? a escribir especificando la suma que estaban dispuestas a ofrecer: cuatro mil libras esterlinas. El Comit? respondi? agradeciendo el ofrecimiento pero manifestando que no era posible aceptar la condici?n propuesta, ?the request to nominate committee members could not be granted, even had the Hospital wished to agree, the proposed new constitution would have prevented it.? 6 Elsie Inglis discuti? la respuesta del hospital con sus compa?eras y escribi? nuevamente, en un tono que no dejaba lugar a dudas sobre la voluntad de no ceder en la intenci?n de ostentar el cincuenta por ciento de representatividad en el Comit?: 5 Idem., p. 184. Tomado del documento SA/MWF/C23. Contemporary Medical Archives Centre, Wellcome Institute for the History of Medicine. Londres. 6 Margot Lawrence. Shadow of Swords. Michael Joseph. Londres, 1974, p. 73 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 434 ??It was unanimously decided that if the Club was to give the promised aid, their condition must stand ? The club will not undertake to collect this money for the Hospital unless they are assured by your Committee that the half representation will be conceded to them when the money is collected? The Club has the fullest intention of establishing a Woman?s Hospital in Edinburgh and feels that it would be much better both for your interests and theirs to form one strong Hospital than to divide forces. If your Committee see their way to considering our proposals favourably, our delegates are authorised to meet your sub-committee at any time or place your name.?? 7 Bien por causa de su tono impositivo, bien por influencia de Sophia Jex-Blake, el Comit? no cedi? a las exigencias de Elsie Inglis, quedando rota de momento la posibilidad de establecer una colaboraci?n entre Brunstfield Hospital y el Medical Women?s Club: ??Dear Madam. Our executive committee have considered your letter? and can only account for its tenor by a belief that you are labouring under a misapprehension of the wishes and intentions of your Exc. Committee. Under these circumstances they think it best that the present correspondence should cease.?? 8 Se suger?a en la misma carta la posibilidad de mantener conversaciones sobre el tema, pero finalmente el hospital adopt? una nueva constituci?n quedando de momento cortada la posibilidad de colaboraci?n entre Elsie Inglis y su grupo y el hospital fundado por Sophia Jex-Blake. Elsie Inglis inici? entonces decididamente el proyecto de creaci?n de un hospital propio. Cont? con el apoyo de sus amigas doctoras y su hermana Eva, quien iba a contraer matrimonio con el cirujano John Shaw McLaren. Asimismo convenci? al doctor Hugh Barbour para que les cediese gratuitamente la casa del n?mero once de George Square, como sede del nuevo hospital. Entretanto Brunstfield Hospital hab?a cambiado de opini?n y a finales de junio de ese mismo a?o de 1899 dirigieron una carta a Elsie Inglis ofreciendo ?two seats on their committee to the Medical Women?s Club.? 9 Elsie respondi? en cierto modo dejando abierta la puerta a una posible colaboraci?n en el futuro, que se har?a realidad a?os despu?s: ??for the next three years all the energies of the Club ?both in the way of work and money ?must be devoted to making the George Square home a success... The club in no way desired to start a rival institution to the Edinburgh Hospital for Women and Children and? it appears to them quite possible that eventually the two schemes might be worked into one. 7 Idem., p. 73 8 Idem., p. 74 9 Idem., p. 74 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 435 Even if this were not found feasible the Club might at the end of three years find itself able to take an active part in helping both.?? 10 En noviembre de 1899, se inaugur? el peque?o hospital de George Square. Contaba tan solo con siete camas, distribuidas en tres habitaciones privadas y una sala de cuatro camas, y estaba atendido por una enfermera residente y una doctora en pr?cticas. Durante los a?os siguientes, este modesto hospital, que estaba abierto a las pacientes (mujeres y ni?os) enviados por cualquier doctora de Edimburgo, trat? todo tipo de enfermedades. La asistencia en habitaci?n privada costaba una guinea a la semana, y en la sala de cuatro camas, media corona. El comit? m?dico estaba compuesto por Elsie Inglis, y las doctoras Cadell y McGregor. Jessie McGregor ejerc?a tambi?n como doctora del Brunstfield Hospital, siendo en cierto modo el nexo de uni?n entre ambos hospitales de mujeres. Para Elsie Inglis su labor en el hospital era tan importante que en doce a?os tan s?lo falt? a tres reuniones del comit? m?dico. En 1901, se produjeron algunos cambios en la constituci?n del Brunstfield Hospital que proporcionaron mayor poder a los miembros no-m?dicos del comit? en detrimento del poder ostentado por Sophia Jex-Blake y el resto de doctoras. Esto fue aprovechado pro Elsie Inglis para solicitar un puesto de doctora asesora en Brunstfield, y cuando se celebr? la siguiente reuni?n del comit? no-m?dico para proceder a nuevos nombramientos, se concedi? el cargo de doctora jefe a Mona Chalmers Watson (sobrina de Elizabeth Garrett) y quedaron empatadas, para el cargo de ayudante, las doctoras Elsie Inglis y Marion Erskine, siendo preciso proceder a una nueva votaci?n. Han desaparecido varias hojas del libro de actas del Brunstfield Hospital a partir de este punto, lo que impide tener constancia exacta de lo sucedido pero s? sabemos que Elsie Inglis no fue elegida. En 1902, terminaba el contrato de cesi?n de George Square. Elsie Inglis no estaba dispuesta a aceptar la desaparici?n del hospital, y se procedi? a su traslado a una nueva sede. ?As the work that seemed to her most valuable was the attending of poor women during their confinements, it was decided to take premises in the Royal Mile.? 11 Se eligi? la casa situada en el 219 de High Street, que hab?a sido una posada respetable anteriormente. La mayor atracci?n para Elsie Inglis era el saber que su hospital, que pas? a denominarse ahora The Hospice, quedaba situado en la mejor zona para luchar contra la pobreza y la ignorancia. 10 Idem., p. 74 11 Idem., p. 76 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 436 The Hospice abri? sus puertas en enero de 1904. Dispon?a de quir?fano y fue utilizado como hospital quir?rgico, obst?trico y ginecol?gico. Fue uno de los primeros hospitales en proporcionar a las mujeres pobres la posibilidad de un parto con anestesia. Ofrec?a tambi?n un dispensario de medicina general y un departamento de atenci?n a pacientes accidentadas. En diciembre de ese mismo a?o se nombr? a la doctora Alice Hutchinson doctora residente. En 1908, The Hospice abri? el primer banco de leche infantil de Edimburgo, y comenz? asimismo la revisi?n m?dica sistem?tica de los beb?s, ?which laid the foundation of future child welfare services in the city.? 12 En octubre de 1909, una serie de hechos llevar?an finalmente a la fusi?n de los dos hospitales de mujeres de Edimburgo, el Brunstfield Hospital, fundado en su d?a por Sophia Jex-Blake y el Hospice, fundado por Elsie Inglis. Elise hab?a sido doctora del Bruntsfield desde 1905, a?o en que se le ofreci? el puesto dejado vacante por Jessie McGregor. En octubre de 1909, el Brunstfield se vio envuelto en una reclamaci?n judicial por supuesta negligencia de una enfermera. En su sentencia contra el hospital, el juez declar? que el comit? hab?a aprobado una carta ?which was not ?fair and honest? and seemed determined to clear itself at all hazards.? 13 El hospital no apel? contra dicha sentencia y Elsie consider? que ello supon?a una negligencia en el apoyo que la instituci?n deb?a prestar a un miembro de su personal, por lo que decidi? presentar su dimisi?n. El Comit? no pod?a aceptarlo. Por sugerencia de una de sus miembros, la sufragista Miss Margaret Houldsworth, el Comit? propuso a Elsie Inglis la posibilidad de incluir su protesta en las actas a cambio de que retirase su dimisi?n. Algunos d?as m?s tarde, antes de que Elsie Inglis hubiese cursado respuesta alguna, muri? Margaret Houldswroth, dejando 3.000 libras ??for the advantage of medical women and in pursuit of gynaecology and midwifery?? 14 Algunas semanas m?s tarde, Elsie Inglis acept? su continuidad como doctora y al d?a siguiente de su aceptaci?n el Comit? aprob? por unanimidad la decisi?n de aplicar la donaci?n de Margaret Houdlsworth para llevar a cabo la uni?n de Brunstfield Hospital y The Hospice. Brunstifield Hospital se ampli? dedic?ndose a la atenci?n de las pacientes m?dicas y quir?rgicas y The Hospice se utiliz? como maternidad y hospital infantil. Estas obras se completaron en febrero de 1911. A partir de esta fecha los dos 12 Idem., p. 84 13 Idem., p. 86 14 Idem., p. 87 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 437 hospitales de mujeres de Edimburgo, creados por las principales pioneras en Escocia, Sophia Jex-Blake y Elsie Inglis, quedaban fusionados. IV. Otros hospitales por y para mujeres en Gran Breta?a y Australia El New Hospital for Women fue el primero de una serie de hospitales por y para mujeres en toda Gran Breta?a. En 1881 la Dra. Mary Marshall abri? un dispensario para mujeres y ni?os en Portobello Road. En el a?o 1882, exist?an Dispensarios para Mujeres y Ni?os en las ciudades de Bristol, Edimburgo, Leeds y Manchester, as? como un Hospital para Mujeres en Birmingham. En 1885, la doctora Mary McCall, que hab?a sido alumna de la LSMW y hab?a obtenido su titulaci?n en Dubl?n y posteriormente en Berna, se uni? a la trabajadora social, Mrs. Meredith, creando una cl?nica para mujeres en el local que ?sta ?ltima hab?a adquirido en Clapham Road. Anni McCall estaba convencida de que la mejor prevenci?n para las madres y los hijos se basaba en la educaci?n de las mujeres: ?women must be taught to live healthyly, to have plenty of fresh air, to take exercise, to have a wholesome diet.? 15 Puso en marcha la primera cl?nica de tratamiento prenatal, seguida por un servicio asimismo de atenci?n a los reci?n nacidos. En 1887, se separ? de Mrs. Meredith y, con la ayuda de un comit?, abri? un Maternity Hospital en el Sur de Londres, considerado la primera maternidad con plantilla ?nicamente compuesta por mujeres de Gran Breta?a. La Maternidad de Annie McCall fue cerrada en 1979. En Glasgow, a partir de un peque?o hospital de tan s?lo ocho camas, se cre? en 1924 el Redlands Hospital for Women. El auge de los hospitales por y para mujeres fue tal que en 1927 ?there were 183 women?s hospitals in Great Britain, staffed and run by women.? 16 Se extendieron asimismo a otros puntos del Imperio, no s?lo a la India, como hemos visto en el cap?tulo dedicado a LSMW, sino tambi?n a Australia. En 1899, se inauguraba el Queen Victoria Hospital, promovido por un grupo de mujeres relacionadas con el New Hospital for Women de Elizabeth Garrett. Entre ellas se contaban la doctora Constance Stone y la sufragista Annette Bear Crawford. La oposici?n al acceso de las mujeres a la medicina fue mayor en Sydney que en Melbourne, lo que hizo que no fuera posible la apertura de 15 E. Moberly Bell. Storming the Citadel. The Rise of the Woman Doctor. Constable & Co. Ltd. Londres, 1953, p. 145 16 Idem., p. 148 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 438 un hospital similar hasta 1922, en que se inaugur? el Rachel Forster Hospital, que tom? su nombre del de la esposa del entonces gobernador-general. La tendencia a la creaci?n de hospitales especializados y la incorporaci?n de un amplio n?mero de mujeres al estudio y pr?ctica de la medicina, tuvo como resultado durante las primeras d?cadas del siglo XX, la apertura de diversos hospitales de mujeres y ni?os especializados, creados y dirigidos por doctoras. ?The first of these grew out of a general hospital for women and children in Brighton and, under the charge of Dr. Helen Boyle and Miss Louisa Martindale, dealt entirely with cases of early nervous breakdown? 17 La doctora Jane Walker cre? el East Anglian Sanatorium en Naylands, para pacientes de tuberculosis, utilizando un tratamiento basado en el valor terap?utico del aire libre y la terapia ocupacional. La Dra. Chisholm cre? un hospital para ni?os en Manchester, denominado The Duchess of York?s Hospital desde 1935, pionero en tratar los trastornos de alimentaci?n. Otro ejemplo importante de hospital por y para mujeres especializado es el Marie Curie Hospital, creado por la Federation of Medical Women, a instancia de la Dra. Chambers, quien propuso la conveniencia de concentrar en un mismo hospital, los casos de pacientes con c?ncer a ser tratadas con radioterapia. ?All the gynaecologists of the Elizabeth Garrett Anderson, the Royal Free, the New Sussex and the South London Hospitals were invited to co-operate, and under the direction of Dr. Hurdon the scheme was carried out.? 18 En todos estos hospitales especializados se realizaba una importante labor de investigaci?n, lo que permiti? demostrar la capacidad de las mujeres doctoras para trabajar en este campo. V. Caracter?sticas de los hospitales por y para mujeres Una primera caracter?stica es el hecho de que todos estos hospitales eran instituciones de tipo ben?fico, ?run as philantropic ventures by upper and middle-class committees for sick working-class women? 19 , comenzando la mayor?a de ellos como dispensarios para atender mujeres de las clases m?s necesitadas. Esto entronca con la actividad filantr?pica y de preocupaci?n por la consecuci?n de mejoras sociales de muchas mujeres de clase media. Pretenden mejorar la salud y la vida de las mujeres, no 17 Idem., p. 148 18 Idem., p. 149 19 Alison Bashford. Separatis Health. Changing meanings of Women?s Hospitals in Australia and England, c. 1870-1920 en Lilian R. Furst. Women Healers and Physicians. Climbing a Long Hill. The University Press of Kenctucky, 1997. p. 206 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 439 s?lo curando sino ayudando a prevenir mediante la educaci?n, la mejora en la higiene y alimentaci?n, etc. Este aspecto de instituci?n ben?fica que prestaba un servicio social a mujeres y ni?os desfavorecidos permiti? que muchas mujeres de clase alta, contrarias al sufragio universal y toda forma de feminismo m?nimamente radical, apoyasen decididamente los hospitales de mujeres y la pr?ctica de la medicina por mujeres. Valores tradicionales como el pudor de la mujer o sus habilidades para el cuidado y los quehaceres dom?sticos, propios de la esfera masculina, quedaban identificados con la pr?ctica m?dica y el control y organizaci?n de un hospital de mujeres. En la reuni?n anual del Comit? del New Hospital for Women de 1897, Louise Creighton, esposa del obispo de Londres, manifestaba ?that women were ?naturally fitted for hospital control, both by possession of the charitable qualities essential to philanthropic work and by their home training in household economy and management.?? 20 Este concepto del hospital de y para mujeres como una instituci?n ben?fica y la justificaci?n de su existencia bas?ndose en valores tradicionales, permiti? que tuviesen una amplia aceptaci?n social, incluso cuando siguiese existiendo una fuerte oposici?n a las mujeres doctoras y otras reivindicaciones sociales y pol?ticas de las mujeres. En segundo lugar estos hospitales ofrec?an un lugar id?neo para el aprendizaje y pr?ctica de las mujeres doctoras, y para el ejercicio de otras profesiones, tales como dentistas, farmac?uticas, masajistas, terapeutas, secretarias, administrativas, a que no ten?an acceso habitualmente las mujeres, cumpliendo as? una doble misi?n al servicio de las mujeres: una atenci?n m?dica de calidad, con el debido respeto y dignidad no recibidos habitualmente en los hospitales generales, para las pacientes, y la posibilidad de ejercer dignamente una profesi?n liberal para las doctoras, las enfermeras y el resto del personal. ?All of these women?s hospitals functioned importantly as places where women?s medical education and practice was legitimated, rendered socially viable and respectable, connecting the image of the woman doctor intimately with her suffering sisters.? 21 Los informes anuales del New Hospital de las tres ?ltimas d?cadas del siglo XIX, inclu?an informaci?n sobre las escuelas, universidades y hospitales que permit?an el acceso de las mujeres a la educaci?n m?dica en Gran Breta?a, los hospitales fundados por mujeres e incluso, en algunas ocasiones, listas de las doctoras que ejerc?an en 20 Idem., p. 208 21 Idem., p. 207 Mujer y Salud Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 440 distintos puntos del pa?s, llevando a cabo as? una labor indirecta de apoyo a la causa de las doctoras. Otra caracter?stica de estos hospitales de mujeres es su clara vocaci?n en apoyo a la atenci?n a la maternidad. El cuidado de la mujer durante el embarazo y el parto, as? como el cuidado del beb?, disminuci?n de la mortalidad infantil, prevenci?n de las enfermedades infantiles mediante mejora de las condiciones de higiene y alimentaci?n, etc., eran temas prioritarios de atenci?n en los hospitales por y para mujeres. Mujer y Salud Anexo I 441 ANEXO I Juramento que deb?a formular ante el obispo la aspirante a comadrona licenciada, en Gran Breta?a, en el siglo XVII. 1. You shall swear, first, that you shall be diligent and faithful, and ready to help every woman labouring of child, as well the poor as the rich; and that in time of necessity you shall not forsake or leave the poor woman to go to the rich. 2. Item, You shall neither cause nor suffer any woman to name or put any other father to the child, bur only him which is the very father thereof indeed. 3. Item, You shall not suffer any woman to pretend, feign or surmise herself to be delivered of a child who is not indeed, neither to claim any other woman?s child for her own. 4. Item, You shall not suffer any woman?s child to be murdered, maimed, or otherwise hurt, as much as you may; and so often as you perceive any peril or jeopardy, either in the woman or the child in any such way as you shall be in doubt what shall chance thereof, you shall thenceforth in due time send for other midwives and expert women in that faculty, and use their advice and counsel in that behalf. 5. Item, That you shall not in any way use or exercise any manner of witchcraft, charm or sorcery, invocation or other prayers that may stand with God?s laws and the king?s. 6. Item, You shall not give any counsel, or minister any herb, medicine or potion, or any other thing to any woman being with child whereby she should destroy or cast out that she goeth withal before her time. 7. Item, You shall not enforce any woman being with child by any pain or by any ungodly ways and means to give you any more for your pains or labour in bringing her to bed than they would otherwise do. 8. Item, You shall not consent, agree, give or keep counsel, that any woman be delivered secretly of that which she goeth with, but in the presence of two or three lights ready. 9. Item, You shall be secret, and not open any matter appertaining to your office in the presence of any man, unless necessity or great urgent cause do constrain you so to do. 10. Item, If any child be dead born, you yourself shall see it buried in such secret place as neither hog nor dog nor any other beast may come unto it, and in such sort done, as it be not found nor perceived, as much as you may; and that you shall not suffer any child to be cast into the jakes or any other inconvenient place. Mujer y Salud Anexo I 442 11. Item, If you shall know any midwife using or doing any thing contrary to any of these premises, or in any other way that shall be seemly or convenient, you shall forthwith detect, open to show the same to me or my chancellor for the time being. 12. You shall use yourself in honest behaviour unto the woman being lawfully admitted to the room and office of a midwife in all things accordingly. 13. That you shall truly present to myself or my chancellor all such women as you know from time to time to occupy and exercise the room of a midwife within my aforesaid diocese and jurisdiction of ?without my license and admission. 14. Item, You shall not make or assign any deputy or deputies to exercise or occupy under you in your absence the office or room of a midwife, but such as you shall perfectly know to be of right and discreet behaviour, as also apt, able, and having sufficient knowledge and experience to exercise the said room and office. 15. Item, You shall not be privy, or consent, that any priest or other party shall in your absence, or in your company, or of your knowledge or sufferance, baptise any child by any mass, Latin service or prayers than such as are appointed by the laws of the Church of England; neither shall you consent that any child born by any woman who shall be delivered by you shall be carried away without being baptised in the parish by the ordinary minister where the said child is born, unless it be in case of necessity baptised privately according to the Book of Common Prayer; but you shall forthwith upon understanding thereof either give knowledge to me the said bishop or my chancellor for the time being. All which articles and changes you shall faithfully observe and keep. So help you God and by the contents of this book. Mujer y Salud Anexo II 443 ANEXO II 1. Solicitud de ingreso en Harvard. 11 de marzo de 1867. Carta dirigida por Sophia Jex-Blake y Susan Dimock al Presidente y los miembros de la universidad. 1 March 11th 1867 GENTLEMEN, Finding It impossible to obtain elsewhere in New England a thoroughly competent medical education, we hereby request permission to enter Harvard Medical School on the same terms and under the same conditions as other students, there being, as we understand, no university statue to the contrary. On applying for tickets for the course, we were informed by the Dean of the Medical Faculty that he and his coadjutors were unable to grant them to us in consequence of some previous action taken by the corporation, to whom now therefore we make request to remove any such existing disability. In full faith in the words recently spoken with reference to the University of Harvard.- ?American colleges are not cloisters for the education of a few persons, but seats of learning whose hospitable doors should be always open to every seeker after knowledge? ? we place our petition in your hands and suscribe ourselves, Your obedient servants, Sophia Jex-Blake Susan Dimock 2. Respuesta de la universidad de Harvard. 8 de abril de 1867 2 Harvard University April 8th 1867 MY DEAR MADAM, After consultation with the faculty of the Medical College, the corporation direct me to inform you and Miss Dimock that there is no provision for the education of women in any department of this university. Neither the corporation nor the faculty wish to express any opinion as to the right or expediency of the medical education of women, but simply to state the fact that in our school no provision for that purpose has been made, or is at present contemplated. Very respectfully yours, Thomas Hil 1 Todd, Margaret. The Life of Sophia Jex-Blake. MacMillan. Londres, 1918. p. 190, y Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 66 2 Idem, o.c. p. 66 Mujer y Salud Anexo II 444 3. Carta dirigida a Sophia Jex-Blake por los cirujanos de la Massachussets Charitable Eye and Ear Infirmary, neg?ndole la posibilidad de continuar realizando pr?cticas en dicha instituci?n. 3 Massachussets Charitable Eye and Ear Infirmary June 28 th 1867 DEAR MADAM, The surgeons of this Infirmary are, at the same time, members of the Massachusetts Medical Society, and bound to respect the opinion of its Councillors. And in view of the recent action of that Board, we are of opinion that we cannot continue to allow female students to attend our cliniques. Ungracious as is the task, we therefore feel compelled to ask you to suspend your visits. We have no hesitation in adding that our intercourse with yourself and companions has been throughout most pleasant to us personally. Very truly yours, Hasket Derby, for the Surgeons. 4. Borrador de la segunda solicitud de admisi?n a Harvard, dirigida por Sophia Jex-Blake en enero de 1868 4 GENTLEMEN, Having during the past year been granted access to the clinical advantages of the Massachusetts General Hospital, bur finding it impossible anywhere in New England to obtain adequate theoretical instruction in Medicine, we now earnestly entreat you to reconsider the subject of the admission of women to the lectures at Harvard Medical School, - such admission being, as we understand, forbidden by no past or present statute of the University. We do not wish to enter on the vexed question of the capability or non-capability of women for the practice of Medicine, as we believe that time and experience only can furnish its true answer, but we now present our urgent petition that some opportunity may be afforded us for the thorough study of the medical science and art, that we may be granted at least some of the advantages that are not denied to every man, and allowed to show whether we are or are nor worthy to make use of them. We are willing, Gentlemen, to submit to any required examination, to qualify ourselves according to any given standard, to furnish any personal references, and to abide by any restrictions and regulations which may seem proper to the Corporation or to the Faculty. Several of the Professors having expressed their personal willingness to allow us to attend their lectures, we earnestly request that the Corporation will authorize our admission to those classes into which the respective Professors do not object to receive us, and that, in any case where the Professors does so object, we may be allowed to receive private instruction from some medical gentlemen approved by the Faculty, whose lectures shall in our case be held equivalent to those given to the College classes in the same subject. 3 Idem, p. 192 4 Idem, p. 195-196, y Roberts, Shirley. Sophia Jex-Blake. A Woman Pioneer in Nineteenth Century Medical Reform. Routledge. Londres, 1993, p. 69 Mujer y Salud Anexo II 445 5. Solicitud dirigida por Sophia Jex-Blake al decano de la facultad de medicina de la universidad de Edimburgo, Dr. J.H. Balfour, en marzo de 1868 5 SIR, As I understand that the statues of the University of Edinburgh do not in any way prohibit the admission of women, and as the Universities of Paris and Zurich have already been thrown open to them, I venture earnestly to request from you and the other gentlemen of the Medical Faculty permission to attend the lectures in your Medical School during the ensuing session. I beg to signify my willingness to accede to any such conditions, or agree to any such reservations as may seem desirable to you, and indeed to withdraw my application altogether if, after due and sufficient trial, it should be found impracticable to grant me a continuance of the favour which I now request. You, Sir, must be well aware of the almost insuperable difficulty of pursuing the study of Medicine under any conditions but those which can be commanded by large colleges only; and, in view of the increasing demand for the medical service of women among their own sex. I am sure that you will concede the great importance of providing for the adequate instruction of such as desire thoroughly to qualify themselves to fulfil the duties of the medical profession. Earnestly commending my request to the favourable consideration of yourself and your colleagues, I am, Sir, Yours obediently, Sophia Jex-Blake. 6. Extractos de diferentes peri?dicos relacionados con el caso de la beca Hope. abril de 1870. 6 A very odd and very gross injustice appears to have been attempted in the University of Edinburgh. In that University the lady medicals are taught in a separate class ?not from any wish of their own, but through the delicacy of the professors. In the chemical class, Miss Edith Pechey gained the third place, and was first of the first year?s students, the two men who surpassed her having attended the class before. The four students who get the highest marks receive four Hope Scholarships ?scholarships founded by Dr. Hope some years ago out of the proceeds of a very popular ladies?class of chemistry, with the success of which he had been much gratified. Yet Miss Edith Pechey was held by the professor not to be entitled to the third scholarship, and omitting her name, he included two men whom she had beaten, and who stood forth and fifth in the examination, his excuse being that women are not part of the University class, because they are separately taught. Yet Dr. Crum Brown awards Miss Pechey a bronze medal, to which only members of the University class are said to be entitled! It is quite clear that such a decision cannot stand. To make women attend a separate class, for which they have to pay, we believe, much higher fees than usual, and then argue that they are out of the pale of competition because they do so, is, indeed, too like the captious schoolmaster 5 Todd, Margaret, o.c. p. 235, y Roberts, Shirley, o.c. p. 82-83 6 Jex-Blake, Sophia. Medical Women. A Thesis and a History. Oliphant, Anderson y Ferrier. Edimburgo. Hamilton, Adams & Co. Londres, 1886. Appendix, p. 60 Mujer y Salud Anexo II 446 who first sent a boy into the corner and then whipped him for not being in his seat. Spectator, April 9, 1870. The letter Miss Pechey addressed to us the other day was written in an admirable spirit and must insure her the hearty sympathy of all, whatever their opinion upon the points in questions. She had done her sex a service, not only by vindicating their intellectual ability in an open competition with men, but still more by the temper and courtesy with which she meets her disappointments. Under any view of the main question, her case is a hard one, for it is clear both she and the other lady students were led to attend the classes under the misapprehension of the privileges to which they were admissible. If the University intended to exclude ladies from the pecuniary advantages usually attached to successful study, the intention should have been clearly announced. Miss Pechey, in the spirit of a true student, says she is abundantly repaid for her exertions by the knowledge she has acquired; but it is none the less hard that, having been encouraged to labour for a coveted reward, and having fairly won it, she should be disqualified by a restriction of which no warning had been given her. Times, April 25, 1870. The Senatus has, by a small majority, confirmed Professor Crum Brown?s decision with regard to Miss Pechey and the Hope Scholarship, on the grounds previously resumed by us. But these grounds, if so they may be called, are in our opinion insufficient to deprive Miss Pechey of the Scholarship. Whatever may be our views regarding the advisability of ladies studying medicine, the University of Edinburgh professed to open its gates to them on equal terms with the other students; and unless some better excuse be forthcoming in explanation of the decision of the Senatus, we cannot help thinking that the University has done no less an injustice to itself than to one of its most distinguished students. British Medical Journal. April 16, 1870. 7. Extracto de la carta del Dr Henry Bennett, publicada en el Lancet, el 18 de julio de 1870 7 The principal feature which appears to me to characterise the Caucasian RACE, to raise it immeasurably above all other races, is the power that many of its male members have of advancing the horizon of science, of penetrating beyond the existing limits of knowledge ?in a word, the power of scientific discovery. I am not aware that the female members of our race participate in this power, in this supreme development of the human mind; at least I know of no great discovery changing the surface of science that owes its existence to a woman of our or of any race. What right then have women to claim mental equality with men? 8. Respuesta de Sophia Jex-Blake a la carta del Dr. Bennett, publicada en el Lancet de 9 de julio de 1870 8 After saying that women are ?sexually, constitutionally, and mentally unfitted for hard and incessant toil?, Dr Bennett goes on to propose to make over to them as their sole share of the medical profession what he himself well describes as its ?most arduous, most wearing and most unremunerative duties?. In the last adjective seems to lie the whole suitability of the division of labour according to the writer?s view. He evidently 7 Roberts, Shirley, o.c. p. 100 8 Idem, p. 100 Mujer y Salud Anexo II 447 thinks that women?s capabilities are nicely graduated to fit half-guinea or guinea midwifery cases, and that all patients paying a larger sum of necessity need the superior powers of the ?male mind of the Caucasian race.? Let whatever is well paid be left to the man; then chivalrously abandon the ?badly remunerated? work to the women. 9. Escrito presentada por Sophia Jex-Blake y sus compa?eras, dirigido al Comit? de Directores de la Royal Infirmary, solicitando su admisi?n para realizar pr?cticas en la misma. 5 de noviembre de 1870. 9 My Lord and Gentlemen.- We, the undersigned registered students of medicine, beg to lay before you the following facts, and to request your kind attention to them: On applying in the usual course for student?s tickets of admission to attend the practice of the Royal Infirmary, we were informed by the clerk that the Managers were not prepared to issue tickets to female medical students. We earnestly request you to reconsider this decision on the following grounds: 1. That the authorities of the University of Edinburgh and of the School of the College of Physicians and Surgeons have admitted our right to study medicine with a view to graduation. 2. That an important and indispensable part of medical education consists in attending the practice of a medical and surgical hospital, and that the regulations of the Licensing Boards require, as part of the curriculum of study, two years? attendance at a ?general hospital which accommodates not fewer than eighty patients, and possesses a distinct staff of physicians and surgeons?. 3. That the only hospital in Edinburgh possessing the required qualifications is the Royal Infirmary, and that exclusion from that institution would therefore preclude the possibility of our continuing our course of medical study in this city. 4. That, in the present state of divided opinion on the subject, it is possible that such a consummation may give satisfaction to some: but we cannot suppose that your honourable Board would wish to put yourselves in the attitude of rendering null and void the decisions of the authorities of the University of which we are matriculated students, and of the School of the College of Physicians and Surgeons, where we are now attending the classes of anatomy and surgery. 5. That it has been the invariable custom of the Managers to grant tickets of admission to students of the University and of Surgeons? Hall, and that, as far as we are aware, no statute of the Infirmary limits such admission to students of one sex only. 6. That the advertized terms on which the wards of the Infirmary are open to all registered and matriculated students were such as to leave no doubt on our minds that we should be admitted; if, therefore, our exclusion should be finally determined, we shall suffer great pecuniary loss and damage by this departure of the Managers from their advertized regulations. 7.That if we are granted admission to the Infirmary by your honourable board, there are physicians and surgeons on the hospital staff who will gladly afford us the necessary clinical instruction. And find no difficulty in doing so. In support of the above assertion, we beg to enclose the accompanying papers, marked A and B. 8. That we are fellow-students of systematic and theoretical surgery with the rest of Dr, Watson?s class in Surgeons? Hall, and are therefore unable to see what legitimate objection can be raised to our also attending with them his hospital visit. 9 Jex-Blake, Sophia, o.c. Appendix, p. 62 Mujer y Salud Anexo II 448 9. That a large proportion of the patients in the Infirmary being women, and women being present in all the wards as nurses, there can be nothing exceptional in our presence there as students. 10. That in our opinion no objection can be raised to our attending clinical teaching, even in the male wards, which does not apply with at lest equal force to the present instruction of male students in the female wards. 11. That we are unable to believe it to be in consonance with the wishes of the majority of the suscribers and donors to the Infirmary (among whom are perhaps as many women as men) that its educational advantages should be restricted to students of one sex only, when students of the other sex also form part of the regular medical classes. We beg respectfully to submit the above considerations to the notice of your honourable Board, and trust that you will reconsider your recent decision, which threatens to do us so great an injury, and that you will issue directions that we, who are bona fide medical students, registered in the Government Register by authority of the General Council of Medical education and Registration of the United Kingdom, be henceforth admitted to your wards on the same terms as other students.-We are, Lord and Gentlemen, yours obediently, Sophia Jex-Blake, Mary Edith Pechey, Isabel J. Thorne, Matilda C. Chaplin, Helen Evans, Mary A. Anderson, Emily Bovell. Paper A.- We, the undersigned physicians and surgeons of the Royal Infirmary, desire to signify our willingness to allow female students of medicine to attend the practice of our wards, and to express our opinion that such attendance would in no way interfere with the full discharge of our duties towards our patients and other students.- J. Gughes Bennett, George W. Balfour, Patrick H. Watson. In paper B two other medical men expresed their readiness if suitable arrangements could be made, to teach the female students in the wards separately. 10. Carta de los doctores Handyside y Watson, dirigida al Comit? de Directores de la Royal Infirmary, solicitando la admisi?n de las mujeres. 5 de noviembre de 1870. 10 My Lord and Gentlemen.- As lecturers in the Edinburgh Medical School we beg must respectfully to approach your honourable Board, on behalf of the female students of this school whom, we understand, you object to admit to the practice of the Royal Infirmary. On their behalf we beg to state:- 1. That they are regularly registered students of medicine in this school. 2.That they are at present attending, along with the other students, our courses of anatomy, practical anatomy, demonstrations of anatomy, and systematic surgery, in the school at Surgeon?s Hall. 3.That, as teachers of anatomy and surgery respectively, we find no difficulty in conducting our courses to such mixed classes composed of male and female students, fitting together on the same benches; and that the presence of those female students has not led us to alter or modify our course of instruction in any way. 4. That the presence of the female students, so far from diminishing the numbers entering our classes, we find both the attendance and the actual numbers already enrolled are larger than in previous sessions. 10 Idem, Appendix, 64-65 Mujer y Salud Anexo II 449 5. That in our experience in these mixed classes the demeanour of the students is more orderly and quiet, and their application to study more diligent and earnest than during former sessions when male students alone were present. 6. That, in our opinion, if practical bedside instruction in the examination and treatment of cases is withheld from the female pupils by the refusal to them of access as medical students to the practice of the Infirmary, we must regard the value of any systematic surgical course thus rendered devoid of daily practical illustration, as infinitely less than the same course attended by male pupil, who have the additional advantage of the hospital instruction under the same teacher. 7. That the surgical instruction, being deprived of its practical aspect by the exclusion of the female pupils from the Infirmary, and therefore from the wards of their systematic surgical teacher, the knowledge of these female students may very reasonably be expected to suffer, not only in class-room examinations, but in their capacity to practice their profession in after life. 8. That our experience of mixed classes leads us to the conviction that the attendance of the female students at the ordinary hospital visit, along with the male students, cannot certainly be more objectionable to the male students and the male patients than the presence of the ward nurses, or to the female patients than the presence of the male students. 9. That the class of society to which these female students belong, together with the reserve of manner, and the serious and reverent spirit in which they devote themselves to the study of medicine, make it impossible that any impropriety could arise out of their attendance upon the wards as regards either patients or male pupils. In conclusion, we trust that your honourable Board may see fit, on considering these statements, to resolve not to exclude these female students from the practice of, at all events, those physicians and surgeons who do not object to their presence at the ordinary visit along with the other students. Such an absolute exclusion of female pupils from the wards of the Royal Infirmary as such a decision of your honourable Board would determine, we could not but regard as an act of practical injustice to pupils who, having been admitted to the study of the medical profession, must have their further progress in their studies barred if hospital attendance is refused them.- We are, my Lord and Gentlemen, your obedient servants, P.D. Handyside, Patrick Heron Watson. 11. Acta de creaci?n del Comit? de apoyo. Enero de 1871. 11 Committee for Securing a Complete Medical Education to Women in Edinburgh. In view of the determined opposition from certain quarters which has met every effort made by ladies to obtain a medical education in Edinburgh, it was resolved, in January 1871, that a Committee should be formed, comprising all those who felt the injustice of the present arbitrary exclusion of women from the medical profession, and who desired to co-operate in the following objects: (1) To arrive at a thorough understanding of the real difficulties of the case, distinguishing clearly between those hindrances which are interposed by prejudice or self interest, and the real obstacle (if any) which are inherent in the question. (2) To secure the admission of women to Edinburgh University on the ordinary terms, though not necessarily in the same classes with men. (3) To co-operate, from time to time, with the lady students, whenever necessary, and especially to aid 11 Idem, Appendix, p. 68 Mujer y Salud Anexo II 450 them in obtaining such legal assistance as may be required to ascertain and assert their rights as matriculated students of the University, and as registered students of medicine. Of this Committee the Lord Provost of Edinburgh consented to act as chairman; and the following constituted the original Executive Committee: The Right Hon. The Lord Provost; Dr. G. Walfour; Professor Bennettt, M.D.: Dowager Countess of Buchan; Mrs. Hill Burton; Professor Calderwood; Treasurer Coiston; Andrew Coventry Esq.; James Cowan, Esq.; Mrs. Fleeming Jenkin; Mrs. Henry Kingsley; Professor Lorimer; Professor Masson; Miss Agnes M?Laren; David M?Laren; Dr.Macnair; John Muir, Esq., D.C.L.; Mrs.Nichol; Dr.Niven; Alexander Nicholson, Esq.; Admiral Sir W. Ramsay, K.C.B.; Dr. Heron Watson; Miss Eliza Wigham. W.S. Es. Hon. Treasurer; Miss L. Stevenson, Hon. Sec. 12. Manifestaciones de Sophia Jex-Blake durante la reuni?n de Contribuyentes de la Royal Infirmary, celebrada en St. Giles el 2 de enero de 1871, publicadas en el peri?dico Scotsman de 3 de enero. 12 Miss Jex-Blake:I want to point out that it was certain of these same men, who had (so to speak) pledged themselves from the first to defeat our hopes of education, and render all our efforts abortive ?who, sitting in their places on the Infirmary Board, took advantage of the almost irresponsible power with which they were temporarily invested to thwart and nullify our efforts. I believe that a majority of the managers desired to act justly in this matter, but the presence of those bitter partisans, and the overwhelming influence of every kind brought to bear by them, prevailed to carry the day ?to refuse us not only admission on the ordinary terms, but also to refuse us every opportunity which could answer our purpose. I know of the noble protests made against this injury by some of the most respected and most learned members of the Board, but all their efforts were in vain, because strings were pulled and weapons brought into play of which they either did not know or could not expose the character. Till then, during a period of five weeks, the conduct of the students with whom we had been associated in Surgeons? Hall, in the most trying of all our studies, that of Practical Anatomy, had been quiet, respectful, and in every way inoffensive. They had evidently accepted our presence there in earnest silent work, as a matter of course, and Dr. Handyside, in answer to a question of mine after the speeches made at the meeting of the General Council, assured me that in the course of some twenty sessions, he had never had a month of such quiet, earnest work as since we entered his rooms. But at a certain meeting of the managers, when our memorial was presented, a majority of those present were, I understand, in favour of immediately admitting us to the Infirmary. The minority alleged want of due notice to the question, and succeeded in obtaining an adjournment. What means were used in the interim I cannot say, or what influence was brought to bear; but I do know that from that day the conduct of the students was utterly changed, that those who had hitherto been quiet and courteous became impertinent and offensive; and at last came the day of that disgraceful riot, when the college gates were shut in our faces and our little band bespattered with mud from head to foot ? (shame). It is true that other students, who were too manly to dance as puppets on such ignoble strings, came indignantly to our rescue, that by them the gates were wrenched open and we protected in our return to our homes. But nonetheless was it evident that some new influence (wholly distinct from any intrinsic facts) had been at work. I will not say that the rioters were acting under orders, but neither can I disbelieve what I was told by indignant gentlemen in the 12 Idem, Appendix, 69-70 Mujer y Salud Anexo II 451 medical class ?that this disgraceful scene would never have happened, nor would the petition have been got up at the same time, had it not been clearly understood that our opponents needed a weapon at the Infirmary Board. This I do know, that the riot was not wholly or mainly due to the students at Surgeons? Hall. I know that Dr. Christison?s class assistant was one of the leading rioters ?(hisses, and order) ? and the foul language he used could only be excused on the supposition I heard that he was intoxicated. I do not say that Dr. Christison knew of or sanctioned his presence, but I do say that I think he would not have been there had he thought the doctor would have strongly objected to his presence. Dr. Christison: I must again appeal to you, my Lord. I think the language used regarding my assistant is language that no one is entitled to use at such an assembly as this ?where a gentleman is not present to defend himself, and to say whether it be true or not. I do not know whether it is true or not, but I know my assistant is a thorough gentleman, otherwise he never would have been my assistant; and I appeal to you again, my Lord, whether language such as this is to be allowed in the mouth of any person. I am perfectly sure there is not one gentleman in the whole assembly who would have used such language in regard to an absentee. Miss Jex-Blake: If Dr. Christison prefers? Dr.Christison: I wish nothing, but this foul language shall be put an end to. The Lord Provost: I do not know what the foul language is. She merely said that in her opinion? Dr. Christison: In her opinion, the man was intoxicated. Miss Jex-Blake:I did not say he was intoxicated. I said I was told he was. The Lord Provost: Retire the word ?intoxicated?. Miss Jex-Blake: I said it was the only excuse for his conduct. If Dr. Christison prefers that I should say he used the language when sober, I will withdraw the other supposition (laughter).- Scotsman, Jan. 3 rd . 1871. 13. Resoluci?n presentada por el Dr. Alexander Wood en reuni?n del Consejo de la universidad de Edimburgo de octubre de 1871. 13 That, in the opinion of this Council, the University authorities have, by published resolutions, induced women to commence the study of medicine at the University; that these women, having prosecuted their studies to a certain length, are prevented from completing them from want of adequate provision being made for their instruction; that this Council, without again pronouncing any opinion on the advisability of women studying medicine, do represent to the University Court that, after what the Senatus and Court have already done, they are at last bound, in honour and justice, to render it possible for those women who have already commenced their studies, to complete them. 14. Solicitud dirigida por Sophia Jex-Blake al Tribunal de la universidad de Edimburgo en enero de 1872. 14 That, as the main difficulty before your honourable Court seems to be that regarding graduation, with which we are not immediately concerned at this moment, we are quite willing to rest our claims to ultimate graduation on the facts as they stand up to the present date; and in case your honourable Court will now make arrangements whereby 13 Jex-Blake, Sophia, o.c. p. 118 14 Idem., p. 137 Mujer y Salud Anexo II 452 we can continue our education, we will undertake not to draw any argument in favour of our right to graduation from such future arrangements, so that they may at least be made without prejudice to the present legal position of the University. 15. Respuesta de la University Court a la solicitud enviada por Sophia Jex-Blake en enero de 1872. 15 I am desired to inform you that you appear to ask no more than was offered by the Court in their resolution of the 8th ultimo, in which it was stated that, while the Court were restrained by legal doubts as to the power of the University to grant degrees to women from considering ?the expediency of taking steps to obtain, in favour of female students, an alteration of an ordinance which might be held not to apply to women?, they were ?at the same time desirous to remove, so far as possible, any present obstacle in the way of a complete medical education being given to women; provided always that medical instruction to women be imparted in strictly separate classes.? On the assumption, therefore, that while you at present decline the offer made by the Court with reference to certificates of proficiency, you now ask merely that arrangements should be made for completing the medical education of yourself and the other ladies on behalf of whom you write, I am to state that the Court are quite ready to meet your views. If, therefore, the names of extra-academical teachers of the required medical subjects be submitted by yourself, or by the Senatus, the Court will be prepared to consider the respective fitness of the persons so named to be authorized to hold medical classes for women who have, in this or former sessions, been matriculated students of the University, and also the conditions and regulations under which such classes should be held. It is, however, to be distinctly understood, that such arrangements are not to be founded on as implying any right in women to obtain medical degrees, or as conferring any such right upon the students referred to. 16. Carta del Dr. Joseph Lister en respuesta a la cuesti?n planteada por el Secretario del Royal Infirmary respecto a la admisi?n de las mujeres, en octubre de 1872. 16 Sir, The two queries of the Managers?Commitee transmitted by you I beg to reply as follows. First, I do not ?consider it practicable to admit female students to the Hospital on exactly the same terms & at the same hour as the male students?. The reasons which are generally held to make it inexpedient for ladies to attend lectures on medical subjects along with male students in the college class-rooms apply with tenfold force against such mixed attendance in the wards of an hospital, with the treatment of the living human body takes the place of theoretical discussion and inanimate illustration, & the students instead of being placed under the eye of the teacher are necessarily crowded together & withdrawn more or less from his control. Secondly, I an unable to ?suggest any scheme to enable female students to obtain a qualifying course of instruction at the Infirmary.? Proceeding on the assumption that mixed attendance is inadmissable, it seems to me highly improbable that any of our Physicians or Surgeons would willingly sacrifice entirely their opportunities of teaching male students in order to devote themselves to the instruction of a few ladies. At the same time considering the very large numbers of 15 Jex-Blake, Sophia, o.c. pp. 137-138 16 Roberts, Shirley, o.c. p.133 Mujer y Salud Anexo II 453 young men who study medicine in Edinburgh, for whom the means of clinical instruction in the Infirmary are already too limited, it would be a very serious thing to deny them access to the eighty beds which would be necessary in order to satisfy the regulations to the examining boards. Even if the hospital were sufficiently large to justify the creation of additional physiciancies and surgeoncies on the condition that those appointed to them should restrict their teaching to ladies, it is not likely that the Managers would on such terms secure the services of those best fitted for the treatment of patients. On the other hand no physician or surgeon in extensive practice could afford time to make a second visit in the day in order to teach the ladies; while such a plan would have the obvious objection that in surgical cases, an operation or daily dressing once done could not be repeated. There is another arrangement that may at first sight suggest itself, viz. that each physician or surgeon might have some of his beds devoted to the teaching of men & the rest in another part of the building restricted to the instruction of women, & that he might divide his visit between those different parts of the institution. But independently of the great inconvenience that would be involved in having the services of the medical officers so scattered, it will be obvious to the medical Managers that such a scheme would prove quite unworkable in consequence of the uncertain duration of the hospital visits. Sometimes the state of the patients may be such that a few minutes may suffice for the purpose, while at other times unforeseen occurrences may make the visit extremely protracted. There are some other difficulties attendant on this question to which, as my opinion has been asked, I feel it needful to allude. One is that if ladies are admitted as students they must also be allowed to hold hospital offices, without which no studentship can be regarded as complete, while at the same time without female junior officials the avoidance of mixed attendance would be an impossibility. Thus we should have not only female Dressers & Clerks, but female House-Surgeons & House Physicians, on whom would devolve the charge of the patients in the absence of their superior officers. And it must be a matter of serious consideration for the Managers whether they would be prepared to entrust to young ladies duties which often tax to the utmost the energies of men. Again any regulations for the admission of women to study in the Infirmary must apply not only to the exceptionally high class of ladies whom the present exceptional circumstances have brought forward, but to ordinary specimens of students, good, bad, & indifferent, such as are met with in the male sex. Such persons when appointed to the junior hospital offices of Dressers & Clerks would claim as an essential part of their privileges admission at all times of the day to the Infirmary where they could not be prevented from mixing with young men in similar positions. And in the case of the female House Surgeons and House Physicians, the fact of these young people residing under the same roof with the corresponding officers of the other sex, & being thrown into intimate association with them for consultation & aid in professional emergencies, would, I fear, lead in the long run to great inconvenience & scandal. Hence it seems to me clear that if women are to be taught to practise medicine, it must be done in entirely separate institutions. Lastly, I would remark that even if hospitals be formed for the exclusive education of ladies, I believe it can never be right for young women to study in male wards; and the Managers would, in my opinion, incur a very grave responsibility if they were to introduce such a practice into the Royal Infirmary of Edinburgh. I am, Sir, Yours truly, Joseph Lister. Mujer y Salud Anexo II 454 17. Escrito firmado por los Profesores John Hughes Bennet, Profesor de lso Institutos de Medicina, David Masson, Profesor de Ret?rica y Literatura Inglesa; Henry Caderwood, Profesor de Filosof?a Moral; James Loringer, Profesor de Derecho P?blico; Archibald H. Charteris, Profesor de Cr?tica b?blica y Antig?edades b?blicas; y William Ballantine Hadgson, Profesor de Econom?a Pol?tica, manifestando su negativa a actuar como defensores en la causa de las mujeres contra el Senado de la universidad de Edimburgo, marzo de 1872. 17 We dissent from and protest against the resolution of the Senatus of March 27, 1872, to undertake the defence of the action. This we do for the following reasons: -1) Because we see no just cause for opposing the admission of women to the study and practice of medicine; but, on the contrary, consider that women who have honourably marked out such a course of life for themselves, ought to be forwarded and aided in their laudable endeavour as much as possible, by all who have the means, and especially by those having authority in any University or other institution for education; 2) Because, in particular, we feel such aid and encouragement, rather than opposition and discouragement, to be due from us to those women who have enrolled themselves in the University of Edinburgh, and we entirely concur, with respect to them, in the desire expressed by Sir William Stirling-Maxwell, the Rector of the University, that they should obtain what they ask ?namely, a complete medical education, crowned by a degree; 3) Because we have seen no sufficient reason to doubt the legal and constitutional powers of our University to make arrangements that would be perfectly adequate for the purpose, and we consider the public questioning of such powers, in present circumstances, by the University itself, or any of its component bodies, unnecessary, impolitic, and capable of being construed as a surrender of permanent rights and privileges of the University, in order to evade a temporary difficulty; 4) Because, without pronouncing an opinion on the question now raised, as to the legal rights which the pursuers have acquired by matriculation in the University, admission already to certain examinations, or otherwise, to demand from the University continued medical instruction and the degree on due qualification, we yet believe that they have thereby, and by the general tenor of the proceedings, both of the Senatus and of the University Court in their case, hitherto acquired a moral right, and created a public expectation, which the University is bound to meet by the full exercise of its powers in their behalf, even should it be with some trouble; 5) Because, with these convictions, and notwithstanding our utmost respect for those of our colleagues from whom we may have the misfortune to differ on the subject, we should individually feel ashamed of appearing as defenders in such an action, and should account any such public appearance by us in the character of opponents to women desiring to enter an honoured and useful profession, a matter to our discredit. 18. Extractos de la carta de Elizabeth Garrett publicada en el peri?dico The Times de 5 de agosto de 1873. 18 The real solution of the difficulty will, I believe, be found in Englishwomen seeking abroad that which is at present denied to them in their own country. By going to Paris, female students can get, without further difficulty or contention, at a very small cost, a first-class medical education, a choice of all the best hospital teachers of the place, a succession of stimulating and searching examinations, and a diploma of recognized 17 Jex-Blake, Sophia, o.c. pp. 142-43 18 Roberts, Shirley, o.c. pp. 138-39 Mujer y Salud Anexo II 455 value. The one serious drawback to the plan is, that the Paris degree, in spite of its acknowledged worth, does not entitle its holder to registration as a medical practitioner in this country???????. ?Nothing succeeds like success?, and if we could point to a considerable number of medical women quietly making for themselves the reputation of being trustworthy and valuable members of the profession, the various forms which present opposition now takes would insensible disappear, and arrangements would be made for providing female medical students with the advantages which it appears hopeless to look for at present in this country. 19. Extracto de la carta publicada por Sophia Jex-Blake en el peri?dico The Times de 23 de agosto de 1873, en respuesta a la publicada por Elizabeth Garrett. 19 We live under English law, and to English law we must conform, so far as lies in our power, if we are arbitrarily precluded from such compliance, it is to the English Government that we must look for a remedy. I can imagine few things that would please our opponents better than to see one Englishwoman after another driven out of her own country to obtain medical education abroad, both because they know that, on her return after years of labour, she can claim no legal recognition whatever, and because they are equally certain that, so long as no means of education are provided at home, only a very small number of women will ever seek admission to the profession. I do not say that a woman may not be justified in going abroad for education if her circumstances make it imperative that she should as soon as possible enter upon medical practice; but I do say, and I most firmly believe, that every woman who consents to be thus exiled does more harm than can easily be calculated to the general cause of medical women in this country, and postpones indefinitely, so far as in her lies, the final and satisfactory solution of the whole question. It is no easy thing to remember at all times that: ?They also serve who only stand and wait?, but I do believe profoundly that at this moment the very best service we can do to the cause in which we are all interested, is to make use of every opportunity open to us in this country to qualify ourselves as thoroughly as possible for the profession we have chosen, and then (refusing resolutely to be driven into byways or unauthorized measures) to demand, quietly but firmly, that provision for our ultimate recognition as medical practitioners which we have a right to expect at the hands of the Legislature. 20. Carta de Isabel Thorne, publicada en The Times de 18 de junio de 1874, en defensa de Sophia Jex-Blake. 20 Sir,-... It is so notorious to whom you refer, and so much capital has already been made by the opponents of the medical education of women out of this fact, that, in justice to Miss Jex-Blake, I shall be glad if you will allow me to state what I believe was the true cause of her failure- i.e., her unselfish devotion to the interests of her fellow-students. Those who had watched her career, read her books, seen the ease with which she passed the preliminary examination in Arts, and the honours she had gained in the class examinations, knew that with due preparation she could also reach the standard of proficiency required of medical students in the first professional examination? Had she consulted her own interest, she would have allowed all matters that distracted her attention from her studies to take their course; but, faithful to her purpose of 19 Idem, p. 139 20 Idem, pp. 141-42 Mujer y Salud Anexo II 456 allowing no personal interests to interfere with those of her fellow-students, she responded to the call upon her time and attention with the heartiness which always characterized her exertions on their behalf, and her preparation for her examination became, in consequence, a secondary consideration; hence, it is nor surprising that under these circumstances she failed to satisfy the examiners; but, while regretting our friend?s non-success, we, her fellow-students, feel that it was devotion to our cause which led to her failure, and are more surprised at what she accomplished than at what she left undone. I am, Sir, yours truly, Isabel Thorne. 21. Carta de Sophia Jex-Blake publicada en The Times de 20 de junio de 1874, rechazando la defensa realizada por Isabel Thorne. 21 Sir,- I regret extremely that my name has been brought, as I think most unnecessarily, before the public in connexion with my alleged failure to pass an examination held two years ago at Edinburgh University, and I regret still more that my friend and fellow student, Mrs Thorne, should in your columns have now given to the public an explanation of the circumstances which I feel constrained to say I believe to be entirely erroneous. I think it due to myself to state that my preparation for the examination in question was not made secondary to any other object whatever, but was, on the contrary, as I still believe, thoroughly adequate; and, further, that my success in answering the papers set was, at any rate, not less than that which had in previous years enabled me, as Mrs Thorne truly asserts, to obtain a place in the prize lists (after examinations generally considered more difficult) in every one of the subjects in question. As, however, I was subsequently refused all information respecting the extent, and even the nature of my alleged failure, and, as I found that the Examiners were practically quite irresponsible except to a Court of Law, I resolved, after much consideration at the time, to take no steps whatever with a view to my own vindication, and I am extremely sorry to have the matter brought up again, much to my surprise, at the present moment. I had even resolved to take no notice of the allusion contained, Sir, in your leader of the 13 th . Inst., but I feel that Mrs Thorne?s letter (written, I am sure, with the kindest motives, but during my absence and without my knowledge) leaves me no choice but to express my own emphatic dissent from the explanation she suggests, and to say distinctly that it never has been the one generally accepted by those most competent to judge or who best know the circumstances of the case in Edinburgh at that time. I am, Sir, yours obediently, Sophia Jex-Blake. 22. Carta firmada por los profesores A. Crum Brown, W. Drumbeck, B. Bell, W. Robertson y J.H. Balfour, publicada en The Times de 29 de junio de 1874, en respuesta a la carta de Sophia Jex-Blake de 20 de junio. 22 Sir,-... It is unusual for an Examining Board to give a public account of what led to the rejection of a candidate examined by them. But ordinary customs must yield to extraordinary circumstances. For the first time in the history of our University its medical examiners have been openly charged with injustice to a rejected candidate. Miss Jex-Blake has insinuated ?for no other meaning can be attached to her words- that our decision was at variance with the evidence furnished by her examination papers. We 21 Idem, pp. 143-44 22 Idem, pp. 144-45 Mujer y Salud Anexo II 457 feel compelled publicly to declare the contrary. The subjects of examination were chemistry, botany and natural history. Her papers were carefully examined by six examiners (three of whom were professors) and they unanimously agreed that the answers were extremely defective on every subject. Miss Jex-Blake, however, insinuates that this was not the cause of her failure, but that there was another, ?the one generally accepted by those most competent to judge, or who best know the circumstances of the case in Edinburgh at that time.? But no one can be competent to judge who had not the opportunity to perusing her examination papers; and, to our certain knowledge, the only person, not a member of our Board, who has perused the papers delivered by her to her examiners is one of our colleagues, who is satisfied that the examiners did no more than their imperative duty. Miss Jex-Blake further says she ?found the examiners were practically quite irresponsible except to a Court of Law?, to which, however, she declined to apply for redress. Had she done so she would have found how much she was mistaken. She would have been told that, by Act of Parliament, the University Court was established as a special Court, among other purposes, expressly to try and punish any delinquencies on the part of professors in the discharge of University duty. Moreover the older constitution of the University still remains so far in force that she might have appealed to the Medical faculty or to the Senatus Academicus, either of which has power to deal with their erring brethren, and to put them right when in the wrong. 23. Texto del ?Memorial? redactado en la reuni?n del Comit? for Medical Education of Women in Edinburgh, el 2 de marzo de 1875, dirigido al Primer Ministro. 23 That a strong and increasing desire exists among women for the services of physicians of their own sex; and that , in the opinion of your Memorialists, there is every reason that such a desire should meet with sympathy and attention from a considerate Legislature. That the present monopoly of the medical profession by male practitioners does not depend on any absence of demand for medical women, nor on any deficiency of female medical students, nor on any inability on their part to attain the ordinary professional standard of knowledge, but solely on artificial hindrances, which at present prevent women from taking a proper and equal position with men as duly-qualified medical practitioners? that a real injustice is thus committed, both towards those women who desire to practise medicine, and towards those who wish to employ physicians of their own sex; and your Memorialists most respectfully beg you, as Head of Her Majesty?s Government, to consider the facts as above stated, and as substantiated at greater length by the accompanying printed documents and to devise with all convenient speed such remedy as to your wisdom may seem proper. 24. Texto del escrito presentado por 471 graduados de la universidad de Londres, al Ministro del Interior, Mr. Lowe, en enero de 1874, solicitando se facultase a los Senados de las universidades del Reino Unido para admitir mujeres como estudiantes y otorgarles la correspondiente licenciatura. Sir.- We, the undersigned Graduates of the University of London, and your Constituency, beg most respectfully to draw your attention to what we understand to be 23 Jex-Blake, Sophia, o.c. pp. 154-155 Mujer y Salud Anexo II 458 the present state of law concerning the admission of women to graduation in the various Universities in the United Kingdom, but more especially as regards their admission to graduation in the University of London. It appears that the Senate of the University of London finds it impossible, under the existing charters, to grant degrees to women, and that, however anxious it may be to confer this distinction upon all, without regard to sex, who shall comply with the regulations and be found fit for it by examination, it possesses the power of granting its degrees to men only. As a consequence of this, the benefits of the University are limited to less than one-half of the community. At the present time, although, there are many persons who, by their literary and scientific attainments, are fully competent to take a degree, yet, for no other reason than that they are of the female sex, these persons are excluded from graduating in any University in the United Kingdom. Your Memorialists beg most emphatically to express their opinion that, as regards the University of London, such an unjust limitation should no longer be allowed to exist, that its degrees should be given as rewards for merit, and for merit alone, without regard to sex. Your Memorialists further believe that nothing will tend more to the future advancement of the higher education of women, than the knowledge that their attainments will meet with the reward of a University degree. Your Memorialists therefore pray that you will find it convenient to introduce into Parliament, in the forthcoming session, a measure which will enable the Senates of the several Universities of the United Kingdom to grant their degrees to women, should they find it expedient so to do. Mujer y Salud Anexo III 459 ANEXO III Contenido del Prospectus de la London School of Medicine for Women correspondiente al curso 1891-1982. I. The Winter Session will begin on Thursday, October 1st, 1891, and will end March 31st, 1892. Mrs. Dowson, L.R.C.P. and S.I. will deliver the Opening Address, at 3.30 p.m., October 1 st . The Summer Session will begin on May 1 st , and will end on July 31 st , 1982. II. VACATIONS.- From Wednesday, December 23 rd , 1891, to Tuesday, January 3 rd , 1892, inclusive; the whole of April, August and September. White-Monday also is a holiday. Students who hold Hospital Appointments will be able to take only portions of these recesses, and will be required to provide satisfactory substitutes from among their fellows during their absence. ADMISSION OF STUDENTS.- Intending students are requested to apply to the Secretary for a form of application for admission to the School. After an interval of absence students are required to send in a second application before readmission to the School or Hospital. No student will be admitted to the study of Medicine who has not completed her eighteenth year. Every student on entering is required to sign an undertaking to conform to the regulations of the School. The admission of students rests exclusively with the Executive Council. Students who have passed the necessary preliminary examinations, can be signed for registration as medical students, after paying their fees. The Sub-dean can be seen by appointment to give advice or information to Students or their friends. The Secretary, Miss Heaton, may be seen daily (except Saturday), from 10 to 4. With regard to particular points in their special branches, the Lecturers will always be glad to see Students. The School opens at 8.30 on every week day and closes at 6.0 p.m. on Monday, Tuesday, Wednesday, Thursday, Friday, and at 2 p.m. on Saturdays. III. SYLLABUS OF LECTURES 1.- ANATOMY Lecturer.- STANLEY BOYD, M.B., B.S. Lond., F.R.C.S., Surgeon to the Charing Cross Hospital. Demonstrator.- MISS WOOD. Assistant Demonstrator.- MISS APPEL Four Lectures on SYSTEMATIC ANATOMY are given each week during the Winter Session They are illustrated as fully as possible by specimens from the Dissecting Room and from the museum, by plates, models, &c., Mujer y Salud Anexo III 460 and every occasion is taken to point out the bearings of Anatomy on Medicine and Surgery. After a general description of the human body, the first portion of the course is devoted to a detailed description of the skeleton, an accurate knowledge of this being of fundamental importance in the study of Human Anatomy. The various forms of articulation will then be described and illustrated, and after some general remarks upon muscles and fasciae, the descriptive anatomy of a limb will be fully discusses, the Lecturer?s object being nor merely to teach the anatomy of the part under consideration, but to show the Student how best to study all parts of the body and to indicate the uses of such study. As it is impossible to include the whole subject in one year?s course, the rest of the session will be spent variably in considering other regions ?the thoracic and abdominal viscera, the organs of the central nervous system and those of special sense. At the end of the Session an Honours Examination is held for Junior and Senior Students respectively. The Juniors are expected got have an accurate knowledge of the bones and of the anatomy of the limbs; one simple question my be asked outside this scope. The Seniors will be examined upon the whole subject. During the lectures on Osteology, Tutorial Classes are held by the Assistant Demonstrator to aid Students in acquiring a knowledge of the bones. Every Student is recommended to procure a ?Student?s set of bones,? and, if possible, a disarticulated skull. Fee, ?8.8s., each course. PRACTICAL ANATOMY.- The Dissecting Room is open daily from 9.a.m. to 5.30 p.m. Here the Lecturer is assisted by the Demonstrators, there being, at all times, at least one of them present to superintend the practical work. The Demonstrators give daily demonstrations during the Winter Session. Students preparing for examination who have taken the winter course can take practical anatomy in the summer, for which a small fee will be charged. Fee each course, ?8.8s., including parts. 2.- PHYSIOLOGY AND HISTOLOGY W.D. HALLIBURTON, F.R.S., M.D., B.Sc., Lond. Professor of Physiology, King?s College. This course is theoretical and practical. The instruction given consists of the four following courses: A. Course of lectures on Physiology; three lectures a week during the Winter Session. B. Course of lectures on Histology; three lectures a week during the Summer Session. C. Practical Physiology; this class meets once a week from January to March. D. Practical Histology; this class meets twice a week during the Summer Session. In addition to the foregoing, demonstrations and examinations will be held occasionally. Mujer y Salud Anexo III 461 Fees. Compounding fee for the Winter courses, ?8.8 s.; for the Summer courses, ?5.5 s. Separately- Four course A, ?7, 7 s. For course B, ?3.3 s. For course C, ?2.2s. (can be repeated for 12s.6 d.) For course D, ?4.4s (can be repeated for ?1.5s.) Students desiring to study special subjects should apply to the Lecturer. 3.- CHEMISTRY Lecturer.- C.W. HEATON, F.I.C., F.C.S., Lecturer on Chemistry and Toxicology in the Charing Hospital Medical School. Demonstrator.- MISS BOOLE. The course is divided into two parts ?theoretical and descriptive, given during the winter and practical during the summer session. The fee for the first part is ?8.82; for the second, ?5.52. The second part can be repeated for a fee of ?2.2s. 1. The Theoretical and Descriptive portion embraces the following subjects: Elementary Physics.- Weights and Measures. Specific gravity. Pressure. Diffusion. Heat. Voltaic electricity. General Principles of Chemistry.- Chemical constitution and change. Molecular and atomic theories. Classification of elements and compounds. The Chief Non-metals and their compounds. Hydrogen. Oxygen. Nitrogen. Chlorine. Bromine. Iodine. Fluorine. Sulphur. Phosphorus. Boron. Silicon. The Chief Metals and their Compounds. The Chemistry of Carbon. Organic Chemistry.- Analysis of carbon compounds. Determination of molecular weights. General principles of classification. Carbon and its compounds with oxigen, sulphur and nitrogen. The hydro-carbons. The chief alcohols, ethers, salts and allied bodies. The chief acids and allied bodies. Benzene and its derivatives. The derivatives of ammonia. The alkaloids. The albumenoids. 2. Practical.- Identification and experimental study of the chief metals and acids and their salts. 3. Examination and identification of a few important organic substances. UNIVERSITY OF LONDON M.B. EXAMINATIONS. Special courses of lectures on chemistry and practical chemical instruction are provided for this examination. 1. Students preparing for the degrees of the University of London, who enter on the first of October, should read Organic Chemistry diligently before Christmas. 2. After Christmas they should attend the ordinary lectures on Organic Chemistry, which are illustrated by experiments, and will confirm and extend their elementary knowledge. If they have been well trained in chemistry they might also attend the advanced course. 3. In the following summer session they should attend the demonstrations in practical Organic Chemistry. Mujer y Salud Anexo III 462 4. In the second winter session they must attend the course of 30 advanced lectures in Organic Chemistry, even if they have taken it in the first, and they should repeat the course of Practical Chemistry in the summer session. Without such preparation there is much risk of failure at the intermediate M.B. Examination. 4.- MATERIA MEDICA AND THERAPEUTICS Lecturer.- HARRINGTON SAINSBURY, M.D. Lond; M.RE.C.P.; Physician to the Royal Free Hospital. Fee: ?5.5s. In these Lectures the order and selection of subjects will follow as closely as possible the Tables of Materia Medica by Dr. Brunton. In the Lectures chief stress is laid on Physiological Action, whilst Therapeutic Action is treated of only so far as Physiology can render it intelligible in the 1 st and 2 nd year of the Student?s curriculum. 5.- PRACTICE OF MEDICINE Lecturers.- ELIZABETH GARRETT ANDERSON, M.D. Paris; L.S.A.; Physician to the New Hospital for Women. H.B. DONKIN, M.A.; M.B.A. Oxon.; physician to the Westminster Hospital. The course extends over two years. The fee for each year is ?8.8s. In the order of Lectures, the nomenclature of the College of Physicians will be followed. The causes of disease will be taught, and also the application of the general principles of pathology and treatment to the special morbid states enumerated. 6.- MIDWIFERY AND DISEASES OF WOMEN Lecturers.- JOHN FORD ANDERSON, M.D.; C.M. Mrs. SCHARLIEB, M.D. Fee, ?8.82. 1. Midwifery includes: Obstetric Anatomy. Symptoms and Diseases of Pregnancy. Natural Labour ? Midwifery Operations. Puerperal State and its Diseases. Hygiene and Diseases of newly-born Children. 2. Diseases of Women includes: Methods of Examination, and Instruments. Disorders and Diseases of the Uterus and its appendages. Diseases of the Ovaries. Mujer y Salud Anexo III 463 A course of twelve demonstrations in Practical Ginaecology is also given by Mrs. Scharlieb, M.D., at the New Hospital for Women. This course includes preparation of Instruments, Examination of Patients, and Performance of Minor Operations. PRACICAL COURSE OF OPERATIVE MIDWIFERY Lecturer and Demonstrator.- Miss A. McCALL. M.D. Fee for a Class for four Students, ?3.3s each Student. This class is held whenever a sufficient number of Students present themselves. The course includes: Forceps: History and Description of Instruments. How applied to normally rotated head in pelvic cavity.- Practice. Forceps to Occipito-Posterior positions of head in pelvis and when partially rotated.- Practice. Forceps to Face Presentations.- Forceps to Breech presentations. Manuelhilfe and Extractions in Breech-Footling Presentations, and after Versions. Treatment of Contracted Pelvis. Version ? External ? Various methods of operation and when likely to be successful ? Indications. Combined Version ? External and Internal methods ? dangers of Internal Operation. Treatment of Placenta Praevia and Accidental Haemorrhage. Methods of Induction of Labour with Indications for Operation. Forceps at Pelvic Brim or just within it. Description and use of Axis Traction Forceps ? Tarnier and Breuss ? Dangers of high operation ? How best to avoid them ? Practice. Craniotomy ? Embryotomy ? Indications ? Dangers ? Practice. 7.- FORENSIC MEDICINE Lecturers.- Dr. DUPRE, F.R.S.; F.C.S., Westminster Hospital. Mrs. DOWSON, L.R.C.P. and S.I. Fee, ?5.5s. (a) Toxicology.- The Lectures on this subject include the medical, chemical and general evidence of Poisoning by all the important Irritants, Narcotics, and Narcotico-Irritants, and will be illustrated by Diagrams, Chemical Tests and Microscopic Preparations. (b) Medical Jurisprudence.- Medical Evidence, Documentary, oral and Experimental ? Personal Identity. Sudden death ? Signs of death ? Modes of death by accident and personal violence ? Wounds and personal injuries. Infanticide ? Life Assurance ? Feigned Diseases. Unsoundness Mind ? Varieties of mental derangement ? Civil and criminal responsibility of the Insane, and the legal enactments relating to their care and treatment. Mujer y Salud Anexo III 464 (c). Hygiene.- Food, air, water ? Notification of Infectious Diseases ? Prevention of Infection ? Drainage. 8. SURGERY Lecturer.- A.T. NORTON, F.R.C.S. Surgeon to St. Mary?s Hospital. Fee: ?8.8s. The Principles and Practice of Surgery are considered under the following heads: 1. General Surgery. 2. Local Injuries. 3. The Surgical Diseases of different parts of the Body. 4. The Use and Application of Surgical Instruments and Remedies. 9. OPERATIVE SURGERY Teacher.- STANLEY BOYD, M.B., B.S. Lond.; Surgeon to the Charing Cross Hospital. This course is held at the School at the end of March. Names must be given in at least one month beforehand. Where a certificate is required a student must take a half course or two quarter courses. The latter is a good plan, half the operations being done in the first year of clinical work and the remainder in the second year. Fee for a class of two students, ?5.5s. each student. For a class of four, ?3.3a. each student. Those who do not require a certificate can form a class of four, six or eight students. Fee for the class, Twelve Guineas. 10. OPHTALMIC SURGERY Lecturer.- J. GROSVENOR MACKINLAY, F.R.C.S.E.; Ophthalmic Surgeon, Royal Free Hospital; Surgeon, Royal South London Ophthalmic Hospital. Fee, ?2.2s. The Course of Twelve Lectures on this Subject is devoted to the Study of the Diseases of the Eye and its appendages; the Use of the Ophthalmoscope, and the general Principles of Ophthalmology, with instructions respecting the use of the various instruments of Ophthalmic Surgery. 11.- PATHOLOGY Lecturer.- QURRY SILCOCK, M.D. Lond., Lecturer on Pathology, St. Mary?s Hospital Medical School. Fee, ?5.5s. Lectures are given during alternate Summer Sessions, the subject being divided as follows: Part I.- General Pathological Anatomy. Mujer y Salud Anexo III 465 Part II.- The Special Pathology of different organs. The subject will be rendered as practical as possible, and illustrated by microscopic and other specimens of diseased tissues and organs. It is important that every student attending this class should possess a microscope. 12. MENTAL PATHOLOGY Lecturer.- CHAS. MERCIER, M.B. Lond. The course of twelve lectures on this subject includes: Functions of the Nervous System. Physical ? Physiological ? Psychological. The Organism and the Environment and their adjustment to one another. Phases of Conduct ? Constitution of Mind ? Thought ? Feelings. Nature of Insanity. Forces of Insanity. Treatment of Insanity. Legal Aspects of Insanity. IV. DEPARTMENTS FOR PRACTICAL STUDY Practical Anatomy.- The Dissecting Room is open daily during both Winter and Summer sessions, under the superintendence of the Lecturer on Anatomy and the Demonstrators. The physiological and the Chemical Laboratories are open daily, under the care of the respective Lecturers and their Assistants. Special tutorial teaching is given at the School by the Demonstrators of Anatomy. At the Royal Free Hospital tutorial, medical and surgical classes are held by Dr. Calvert, Dr. Andrews, Mr. Battle and Mr. Dodd. Pathological Demonstrations are given by Dr. W.H. G. MacKenzie. Mrs. Scharlieb, M.D., B.S., gives special gynaecological teaching at the New Hospital for Women to students preparing for their final examination. A course of instruction, theoretical and practical, on the administration of anaesthetics is given by Dr. Silk, at the Royal Free Hospital. V. THE SCHOOL LIBRARY Contains one or more copies of all standard medical text books, and many valuable works of reference. It is open daily. Students are allowed, under regulations, but without any extra fee, to take books out of the Library for use at home. Librarian.- Miss. GORDON, L.R.C.P. and S. Edin. Mujer y Salud Anexo III 466 VI. THE MUSEUMS The Anatomical Museum at the School is open daily, under the direction of the Curator, Mr. Boyd. The museum also contains a valuable collection of gynaecological preparations. The Museum of Materia Medica contains a complete set of pharmaceutical specimens, including chemical and botanical drugs, together with a collection of dried medicinal plants. The Museum at the Royal Free Hospital contains a large number of Pathological specimens, which have recently been catalogued, and are available for teaching purposes. The Curator, Miss Hatch, attends daily. VII. SCHOLARSHIPS AND PRIZES The Executive Council offers annually a Scholarship of ?30 to women preparing for the medical profession. The following Scholarship will be offered for competition on the 22 nd and 23 rd September, 1892: The SCHOOL SCHOLARSHIP, value ?30, open to all candidates who have passed a Preliminary Examination in Arts recognised by the General Medical Council. Examiner.- G.S. CARR, M.A. Cantab. The subjects of the examination for the Scholarship will be as follows: I. English.- Essay Writing, derivation of Words from the Latin and Greek. II. Latin.- Translation from Cicero?s ?De Arnicitia?, Grammar, Translation of short sentences from English into Latin. III. Arithmetic.- Vulgar and Decimal Fractions, Extraction of Square Root, Reduction, Practice, Interest, Gain and Loss per cent. IV. Euclid.- Books I, II, and III, Shortened demonstrations admitted (Hall and Steven?s Euclid, published by MacMillan is recommended). V. Algebra.- Fractions. Equations of the First Degree in one and two unknown quantities. TIME TABLE: Thursday: English: 10-11,30 a.m. Arithmetic: 11.30 - 1 p.m. Latin: 2-4 p.m. Friday: Euclid: 10-11.30 a.m. Algebra: 11.30 ? 1 p.m. The successful candidate will be required to enter on a full course of Medical Study at the London School of Medicine for Women, and the Royal Free Hospital. Applications to be sent in by the 15 th September, 1892, to Mrs. Thorne, Honorary Secretary, London School of Medicine for Women, 30, Handel Street, Brunswick Square, W.C. Mujer y Salud Anexo III 467 The STUART MILL SCHOLARSHIP, value ?30 a year for four years, is offered to ladies willing to practice medicine in India in connection with the National Association for providing Female Medical Aid to the Women of India. The next ward will probably be in October, 1894. The JOHN BYRON BURSARY, value ?20 a year for four years, is offered to Students requiring assistance for the prosecution of their medical studies whenever the Scholarship expires. The next award will probably be in 1894, at the beginning of the Summer Session., The name of candidates to be sent to the Secretary at the end of the previous March. The FANNY BUTLER SCHOLARSHIP, value ?20 a year for four years, in accordance with the wishes of the donor of the Endowment Fund, is open only to candidates willing to practice in connection with the Church of England Zenana Missionary Society, of Salisbury Square, London, E.C., and who have been approved by this Society. The United Kingdom Branch of the National Association for supplying Female Medical Aid to the Women of India, provides funds for the DUFFERIN AND JUBILEE SCHOLARSHIPS, each of the value of ?25 a year, at the School, to Students who will enter into a legal arrangement to practice in India under the Countess of Dufferin?s Fund on the completion of their course of study. Three SCHOLARSHIPS, each of the value of ?100 a year for three years, will be offered yearly to girls under nineteen years of age on the first day of the examination, whose parents reside within the Metropolitan area as defined in the Elementary Education Act, by the Trustees of the St. Dunstan?s Charities. The holders must fit themselves for the practice of a profession, medical or otherwise. The Scholarships will be tenable at any place of higher education approved by the Governors. The HELEN PRIDEAUX MEMORIAL FUND 8?505) has bee invested and the income derived from it will be given as a Prize every third year to a Graduate of the School, for the further prosecution of her medical studies, at the discretion of the Trustees. The first award was made in 1888, the second in 1890. The Trustees propose to make the next award of this Scholarship (value?50) in June, 1892. Candidates must be registered medical women of not more than three years standing on 1 st June, 1892. Each candidate is invited to send in to the Trustees, under cover to the Secretary, Miss Heaton, 30, Handel Street, W., an essay on some medical subject, on or before 15 th May, 1892. The subject chosen by each candidate may be connected with any department of medical or surgical practice. In estimating the relative value of the essays, the Trustees will attach special value to the evidence afforded of clinical work and of direct and personal experience. Each essay is to be distinguished by a motto, and must be accompanied by a sealed envelope enclosing the writer?s name and address, and bearing outside the motto attached to her essay. Mujer y Salud Anexo III 468 PRIZES and CERTIFICATES OF HONOUR are awarded in each Class at the end of the Session. The WOOD PRIZE for Operative Midwifery, value ?5.5s., will be offered at the end of the Winter Session, 1892. Examiner, Mrs. Stanley Boyd, M.D. There is also a small fund from which assistance can occasionally be given to Students and to Graduates who specially require pecuniary help to obtain additional experience in operative midwifery. The Society for Promoting Christian Knowledge is prepared to give assistance at a rate not exceeding ?75 a year for a period not exceeding four years for a complete course of Medical and Surgical Training to Ladies offering themselves for work as Medical Missionaries in connection with some Missionary Society of the Church, or under the direction of a Bishop of the Church among Heathen or Mohammedan Races. For further information address, the Secretaries, S.P.C.K., Northumberland Avenue, London, W. The London Missionary Society desires to obtain the services of ladies possessing medical qualifications for work in India and China. Apply to Miss Bennett, 22, Cavendish Square. The Zenana Medical Mission Society, 2, Adelphi Terrace, W.C., assists Ladies who wish to go to India as Missionaries. VIII. ROYAL FREE HOSPITAL. Gray?s Inn Road. Students at the London School of Medicine for Women are admitted for their practical instruction to the Royal Free Hospital. MEDICAL OFFICERS AT THE ROYAL FREE HOSPITAL Consulting Physician ???JOHN COCKLE, M.D., F.R.C.P., F.R.C.S. Consulting Surgeons???. THOMAS H. WAKLEY, F.R.C.S. ALEXANDER E. MARSDEN, M.D., F.R.C.S. WILLIAM ROSE, F.R.C.S.; Professor of Surgery, King?s College. FREDERICK GANT, F.R.C.S. Physicians and Lecturers SAMUEL WEST, M.D. & M.A. Oxon. F.R.C.P. on Clinical Medicine??.. Assist.Phys., St.Bartholomew?s Hosp., Exam. In Anat. And Phys.Univ. Oxon. HARRINGTON SAINSBURY, M.D., Lond.; M.R.C.P.; Physician City of London Hospital For Diseases of the Chest. Mujer y Salud Anexo III 469 Surgeons and Lecturers???. ALBERT BOYCE BARROW, F.R.C.S.; on Clinical Surgery????? M.B. Lond., Asst. Surgeon King?s College Hospital. JAMES BERRY, M.B., B.S. Lond., F.R.C.S.; Surg. Alexandra Hosp. for Hip. Disease ;Professor of Surgery and Pathology Royal College of Surgeons; late Demonst. of Anatomy St. Bartholomew?s Hosp. Physician for the Diseases T.C. HAYES, M.D., M.A. Dublin; F.R.C.P. of Women????????.. Assist. Phys. Acc. And Phys. for Diseases of Women and Children, King?s Coll.Hosp. Ophthalmic Surgeon????. J. GROSVENOR MACKINLAY, L.R.C.P. F.R.C.S. Edin.; Surg.Royal South Lond. Ophth. Hospital. Assistant Physicians????.. H:W:G: MACKENZIE, M.A., M.D.Cantab. M.R.C.P., Lond.;M.R.C.S. Eng.;Asst. Phys. Brompton Hosp. for Consumption; Med. Registrar Sty. Thomas?s Hosp. JAMES CALVERT,B.A.,B.Sc.,M.D. Lond. M.R.C.P., Asst. Phys. Royal Hosp. for Diseases of the Chest; Casualty Phy. St. Bartholomew?s Hosp. F.W. ANDREWS, M.B., B.S. Oxon., Asst. Demonstrator of Anatomy at St. Bartholomew?s Hospt. Assistant Surgeons?????. WILLIAM HENRY BATTLE, F.R.C.S.; Asst. Surgeon East Lond.Hosp. for Children Shadwell; late Professor of Surgery and Pathology Royal Collg. Surgeons of Eng. HENRY WORK DODD, F.R.C.S, Assst. Surg. Westminster Opht. Hosp. EDMUND W. ROUGHTON B.S.,M.D. Lond., F.R.C.S.; Senior Demonst. of Anatomy and Warden of the College of St. Mary?s Hop.; Visiting Surg. National Dental Hosp. Dental Surgeon??????.. FREDERICK RODD, M.R.C.S, L.D.S. Anaesthetist????????. J.F.W. SILK, M.D.Lond., M.R.C.S.,L.S.A. Registrar?????????.. W.H.EVANS, B.S.,M.D.Lond., B.Sc. Lond.; F.R.C.S., L.S.A. Pathological Demonstrator??. H.W.G. MACKENZIE, M.B. Mujer y Salud Anexo III 470 Medical Tutor???????.. JAMES CALVERT, M.D. Demonstrator of Auscultation and Physical Signs........................ F.W. ANDREWES, M.B., B.S. Oxon. Surgical Tutor???????? W.H. BATTLE, F.R.C.S. Demonstrator of Minor Surgery? HENRY WORK DODD, F.R.C.S. Resident Medical Officer???.. ERNEST C.SOLLY, F.R.C.S. Superintendent of Museum??? JAMES BERRY, F.R.C.S. Curator of Museum?????? Miss HATCH INSTRUCTION AT HOSPITAL The Hospital contains 160 beds, of which 74 are reserved for surgical, 64 for medical, 12 for gynaecological, 6 for ophthalmic, and 4 for isolation cases. The number of out-patients treated during the past year was 28,076, and of in-patients 2,138. Clinical lectures are given once a fortnight by each of the four senior members of the Hospital Staff; that is, two on Clinical Surgery and two on Clinical Medicine alternate weeks. Special Clinical Instruction in the Diseases of Women and in Diseases of the Eye is given twice a week. A Course of six demonstrations for Junior Students on Auscultation and Physical Signs is held by Dr. ANDREWS in October and January. The classes are strictly practical and include a demonstration of the physical signs of the normal chest and of the more important conditions of the heart and lungs, illustrated by such cases as are available from the wards or from among the out-patients. Each course concludes with a scheme for the thorough examination of the chest for purposes of note-taking. A Class for instruction in Medical Clinical Ward Work is held at the Hospital during the Winter Session by Dr. CALVERT. The class work consists of a demonstration given weekly and criticism of papers written by the senior students on cases allotted to them in the wards. A prize in Clinical Medicine is given for the best series of notes on cases. Ten Demonstrations in Minor Surgery will be given by Mr. DOPP, beginning in October. The course includes instruction in the uses and mode of application of the various kinds of bandage, splint and surgical apparatus. The reduction of fractures and dislocations. The treatment of wounds, antiseptic treatment, various modifications, antiseptic substances, other methods of wound treatment. The arrest of haemorrhage, primary, secondary and reactionary. The treatment of surgical emergencies. Twelve Demonstrations in Practical Surgery will be given by Mr. BATTLE, beginning in January. The course is intended to embrace instruction in the application of anatomical facts to surgery on the living person. The methods of proceeding and the manipulations necessary for the diagnosis and treatment of surgical diseases and accidents. The use of surgical instruments and other apparatus. The examination of Mujer y Salud Anexo III 471 diseased structures as illustrated by specimens chiefly from the museum. Special attention will be paid to the requirements of Students preparing for examinations. The post-mortem examinations are made by Dr. MACKENZIE, and demonstrations are given on each case. In addition pathological demonstrations are held once a week, when morbid anatomy is illustrated by museum and other specimens, or by sections for the microscope. An endeavour is made to make each Student practically acquainted with the methods of conducting post-mortem examinations as well as familiar with the appearances and nature of the commoner morbid changes. A course of instruction on the administration of Anaesthetics will be delivered by the Anaesthetist of the Hospital whenever six or more Students give in their names to the Sub-Dean, Miss COCK, M.D., as desirous of attending the course. Fee ?1.1s. Practical Pharmacy is under the superintendence of Mr. J.S. BARBER. IX. REGULATIONS FOR STUDENTS AS TO ATTENDANCE AT THE HOSPITAL. Students begin their attendance at the Hospital upon entering the School by taking a post as Clerk or Dresser to the out-patients. Each Student must hold these two posts in succession for three months, attending the Hospital at least once a week. The first year?s Students are required to attend a Demonstration on Minor Surgery once a week during the first three months of the Winter Session. Students can attend the Hospital during their Second year, but are not recommended to do so. They are expected to devote themselves at the School to the subjects required for the second professional Examination, and to pass this Examination before attending the in-patient practice of the Hospital on their third Winter Session. Third Year Students attend the in-patient practice, Demonstrations on Auscultation and Physical Signs, Clinical Lectures, Pathological Demonstrations, and the Tutorial Classes, and they take posts as Clinical Clerks and Surgical Dressers to the in-patients. Each Student holds in turn a post for four months under each member of the senior staff, keeping for eight months to surgical and for eight months to medical practice. Clerks and Dressers requiring leave of absence must apply to their respective officers, and notification of its having been granted must be made to the Sub-dean of the School if the absence extend over two days. Clinical Clerks and Dressers are admitted to the wards for the performance of their duties from 10 to 12 a.m. and from 2 to 4 p.m. Special leave from the Medical Officers will be required for admittance at other hours. During their Fourth Year, Students take posts as Clerks in the special departments (Ophthalmic Surgery, Diseases of Women, and Pathology), and devote as much time as possible to every branch of hospital work. In the course of this year, Practical Midwifery is taken at a special Hospital. A record of the attendance of each Student is kept by the Medical Officer whose practice she attends. Students who are prevented by any cause from following the prescribed course of study must write to the Executive Council stating the reasons for the variation. Arrangements connected with the Student?s Hospital appointments are under the special care of the Sub-Dean. Students are also admitted to the following Hospitals, subject to the regulations of the respective Hospitals and of the medical Staff: The New Hospital for Women, 144, Euston Road. The Resident medical Officers, Clinical Assistants to the out-patient Physicians, and the Anaesthetist, are appointed Mujer y Salud Anexo III 472 from among the Students and Graduates of the School. The hospital contains 42 beds, and there is a large Out-Patient Department and an Ophthalmic Department. A maternity in connection with the Hospital is in course of organisation. Students desiring information in regard to it should apply to Miss Crosfield, Hon, Sec. L.R:C:P: and S., Edin., 23, Manchester Square Mansions, W. The Committee of Management of the Alexandra Hospital for Hip Diseases, Queen?s Square, W.C., permit Students to attend the Hospital without fee. The Hospital for Sick Children, Great Ormond Street. The Ophtalmic Hospital, Moorfields. The National Dental Hospital, Great Portland Street. The London Fever Hospital, Liverpool Road, N. Queen Charlotte?s Lying-in Hospital, Marylebone Road, N.W. British Lying-in Hospital, Endell Street, W.C. Rotunda Lying-in Hospital, Dublin. Clapham Maternity Hospital, 41, Jeffreys Road, S.W. City of London Lying-in Hospital, City Road, E.C. X. ARRANGEMENTS FOR THE INSTRUCTION OF STUDENTS IN VARIOUS SUBJECTS. (a) The Preliminary Scientific Examination of the University of London and that of the Royal University of Ireland require the Student to be well acquainted with Physics, Botany and Zoology. The conjoint Examination of the Irish Colleges requires a knowledge of Physics. Special classes in preparation for the Matriculation Examination of the University of London are held at Bedford College, York Place, Portman Square,W.; at Westfield College, Kidderpore Avenue, Finchley Road N.W., a residential College; at the Camden School for Girls, Sandalls Road, N.W.; and at the Notting Hill and other High Schools for Girls. Students are also prepared at these institutions for the Preliminary Examination in Arts of the Society of Apothecaries, London, and for the College of Preceptors. Students receive full instruction for the Preliminary Scientific Examination of the University of London at the Shaen laboratories, Bedford College; at University College, Gower Street, W.C., fee, 34 guineas; and at Westfield College. (b) The Physicians at the New Hospital for Women give weekly clinical lectures to the Students of the School without any fee, and a course of Practical Gynaecological Instruction is also given by Mrs. Scharlieb, M.D. A limited number of Students are permitted to attend the out-patients practice. (c) Practical Midwifery. The Students get this by living in or near one of the Lying-in Hospitals or Institutions for three or six months, and taking cases under the direction of the resident Medical Officers. Fee, ?25.15s. for three months, ?26.5s. for six month?s instruction. At the School of Midwifery, 131, Clapham Road, S.W. (Resident Medical Officer Dr. Annie McCall), Students have the advantage of both In-patient and Out- patient work. In-patients are taken at the Clapham Maternity Hospital, 41, Jeffreys Road, S.W. Out-patients are attended at their own homes. The fees are, for one month?s instruction, ?5.5s; three months? instruction, ?10-10s-: six month?s instruction, ?16.16s. Residence, ?1.1s. a week. Special courses of Obstetric Operations are also arranged by Dr. McCall. Mujer y Salud Anexo III 473 (d) Vaccination. This is learnt from one of the Public Vaccinators. Fee, ?1.1s. (e) Attendance for three months in a ward specially devoted to Fever is required by the Royal University of Ireland and by the conjoint Colleges In Ireland. Students are admitted to the London Fever Hospital in order that they may comply with this regulation. Fee, ?3.3s. (f) At the Hospital for Sick Children, Great Ormond Street, senior students are occasionally appointed as clinical clerks and surgical dressers. Perpetual fee, ?4.4.s. (g) Practical Pharmacy at the Royal Free Hospital. Fee, ?3.3s. Mujer y Salud Anexo IV 475 ANEXO IV APPENDIX Prepared at the request of the Executive Committee of the Women?s Institute by M.B. Douie, M.B. Lond., M.A. Ed., Secretary to the London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women. APPENDIX A. MEDICAL SCHOOLS OPEN TO WOMEN a. Schools for Women only 1. London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women (Opened 1874). No. of students 1897-98???????????????????.????.. 170 Studying for University Degrees?????????????????.. 119 Studying or other Medical Qualifications ????.?????????? 42 No. of past students holding University Degrees?????.?????????. 68 No. of past students holding other Medical Qualifications.. ??...??????? 149 The London School of Medicine for Women is the only medical school in England for women only. The Royal Free Hospital, with which it is associated, admits only women students, and all departments in the hospital are open to them, as well as all the appointments usually held by students in hospitals. Various appointments in the hospital are also open to students after qualification. Among other hospitals open to the students are the New Hospital for Women; the hospital for Sick Children, Great Ormond Street; Brompton Consumption Hospital; various Eye Hospitals and Maternity Hospitals, and all the Hospitals for Infectious Diseases of the Metropolitan Asylums Board. The course of study includes all the subjects necessary for the degrees of the Universities of London and Durham, (one year?s attendance at the College of Medicine, Newcastle-on- Tyne, is required) and of the Royal University of Ireland; also for the diplomas of the London Society of Apothecaries, and of the Conjoint Scotch and Irish Colleges. Many of the classes are recognised by the University of Glasgow. Scholarships and Prizes to the amount of about ?170 are given annually. There is no residence actually connected with the School, but many of the students live at College Hall, not far from the School, and there are various homes for medical students in the neighbourhood. The Medical School is now being rebuilt, and it will shortly be completed. A new wing has already been opened, containing laboratories for Anatomy, Physiology, Chemistry and Physics. These are lighted with electric light, and fitted with modern apparatus, thus affording opportunity for full teaching in these subjects. A second wing, to contain three lecture theatres, and a Biology laboratory is at present being built. The work of the school is meanwhile uninterrupted. Mujer y Salud Anexo IV 476 2. Medical College for Women, Edimburgh, (1889). No. of students 1897-1898???????????????????????. 89 Studying for University Degrees????? ??????????? 68 Studying for other Medical Qualifications?????????????? 21 No. of past students holding a University Degree ?????????????? 3 No. of past students holding other Medical Qualifications ??????????.. 31 All the classes in the medical College are for Women only. By permission of the University, mixed classes in Physics, Chemistry, Botany, and Materia Medica, are held either in the University, Surgeon?s Hall, or the new Medical School. The Medical College for Women is recognised by the University of Edinburgh as qualifying for graduation in Medicine and Surgery, and by the Royal Colleges of Physicians and Surgeons, Edinburgh. The course of study qualifies students for graduation at any of the Universities open to women. Students are also prepared for Dental and Pharmaceutical examinations. The Royal Infirmary of Edinburgh admits the students of the College to Clinical Instruction, including Clinical Medicine, Clinical Surgery and Hospital Practice. The Library of the University of Edinburgh is open to all medical students of the College, and there is also a Library Club in connection with the College. There is a Hall of residence for Women Medical Students near the College. 3. Queen Margaret College (University of Glasgow) (Medical classes opened 1890). No. of medical students 1897-1898??????????????????? 85 Studying for University Degrees ????????????????? 80 Studying for other Medical Qualifications ?????????????. 4 No. of past Students holding University Degrees ?????????????.. 29 No. of past students holding other Medical Qualifications??????????. 10 Queen Margaret College was founded in 1883, and for the first few years its classes were for Art and Science students only; in 1890 the School of medicine was added, and was organised with the aid and advice of Medical Professors of the University of Glasgow. In 1892 the College was incorporated with the University as the University?s Department for Women; the college buildings, grounds, and endowments (?25,482) were handed over to the University Court, and the Medical School thus became part of the University, governed by the University Court and Senate, and staffed by Professors and Lecturers appointed by the Court. It has a full medical curriculum of five years, and prepares students for the degrees of the Universities of Glasgow and London, and for the Triple Qualification of the Scottish Colleges. Its students have Clinical and Dispensing work in the Royal Infirmary (where wards are set apart for the instruction of women) and its Eye Hospital, in the Royal Hospital for Sick Children, the Royal Asylum, Gartnaval (for Mental Diseases), and the Hospital for Infectious Diseases, Belvedere. The college buildings are large and handsome, and well equipped with apparatus; a special department for Anatomy and Physiology was recently erected. The students have the use of the University library, apparatus, and museum, and of the museum of the Royal Infirmary. Mujer y Salud Anexo IV 477 b. Schools open to Men and Women alike 1. College of Medicine, Newcastle-on-Tyne (University of Durham) (Opened to Women in 1895) No. of women medical students ????????????????????? 6 (All studying for the Degree of the University of Durham) No. of past women students holding Medical Qualifications??????????. 1 Women are admitted to the College of Medicine on the same terms as men, all classes and hospital practice being open to them. Hospital practice and clinical instruction is obtained at the Royal Infirmary, Newcastle. Four years out of the five years curriculum may be taken at other schools of medicine. Scholarships to the amount of about ?500 are given annually, and are open to men and women alike. Eslington Tower, close to the College, is recognised by the Council of the College as a residence for women students. 2. University of South Wales and Monmouthshire, Cardiff (University of Wales) No. of women medical students????????????????????? 5 Women are admitted to all medical classes on the same footing as men. The course of study is recognised by the Universities of London, Durham, Edinburgh, Glasgow and Aberdeen, and by the Examining Boards of the Conjoint Scotch and Irish Colleges, and of the London Society of Apothecaries. By the foundation of Chairs of Anatomy and Physiology, and of the lectureship in Materia Medica, it is now possible for students of medicine to take the first three years of their course at the Cardiff Medical School. Arrangements have been made with the London (Royal Free Hospital) School of Medicine for Women, by which students can proceed there for their final two years. Students can attend the Cardiff Infirmary during their course of study at University College. Aberdeen Hall is provided as a hall of residence for women students. 3. University of St. Andrews. All the medical classes are open to women. Two of the five years? medical study must be spent at the United College, St. Andrews, or at University College, Dundee; the latter years may be taken at any university or recognised medical school. Scholarships to the amount of ?430 annually can be competed for by women. 4. University College, Dundee (University of St. Andrews) (Opened to Women in 1892) Women are admitted to all the medical classes in University College and to hospital practice and clinical instruction in the Dundee Royal Infirmary. Scholarships to the amount of ?100 annually are open to all students of medicine; the holders are expected to proceed to graduation. Two years of the five years? medical course must be taken at University College, or at the United College, St. Andrews, the remaining years may be spent at any university, or under any teachers, recognised by the University of St. Andrews. Mujer y Salud Anexo IV 478 5. University of Aberdeen (Opened to Women, 1892) Women are admitted to instruction in the medical classes and to graduation on the same terms as men. Hospital practice and clinical instruction is also open to them, and is obtained in the Royal Infirmary, Aberdeen, and other hospitals. 6. Royal College of Surgeons, Dublin (Opened to Women, 1885) No. of women students ????????????????????????. 12 No. of past women students holding Medical Qualifications?????????? 15 Women are admitted to all lectures and practical instruction in the Schools of Surgery attached by charter to the Royal College of Surgeons. Separate dissecting-rooms and other rooms are provided. Women are eligible for all the diplomas granted by the college. The buildings have been reconstructed and lighted with electric light, and special pathological, bacteriological, public health and pharmaceutical laboratories have been fitted with modern appliances. Scholarships and prizes to the amount of about ?130 are given yearly. Hospital practice and clinical instruction can be obtained at any of the Dublin hospitals. 7. Medical School, Cecilia Street, Dublin (Opened to Women, 1897) No. of women medical students ????????????????????? 5 All studying for the Degrees of the Royal University of Ireland Women are admitted to this school on the same terms as men. A special dissecting- room is provided. With the exception of dissections they attend all classes with the men students, and they are present for certain courses in the general dissecting-room. All scholarships and prizes are open to them. Hospital practice is taken at any of the Dublin hospitals. 9. Qeen?s College, Belfast (Opened to Women, 1881) All medical classes, scholarships and prizes, are open to women. Eight Junior Scholarships of ?25 each, and two Senior Scholarships of ?40 each, are offered annually. Clinical instruction and hospital practice can be had at the General Hospitals of the City and County of Cork, and at various Special Hospitals. 10. Queen?s College, Galway Women are admitted to all medical classes and are eligible for all scholarships and prizes. Eight Junior Scholarships of ?25 each, and a Senior Scholarship of ?40 are given annually. Hospital practice and clinical instruction can be had at the General Hospital, the Fever Hospital, and the Union Hospital of Galway. Students of the Queen?s Colleges can proceed to the medical degrees of the Royal University of Ireland, or of the University of London, or they can take the diplomas of the Conjoint Examining boards of Dublin and Edinburgh. Mujer y Salud Anexo IV 479 c. Schools Open to Women for Classes in the Faculty of Science In London there are three colleges for women only where teaching is given in the preliminary scientific subjects of the medical course. These are Bedford College, Holloway College, and Westfield College. They are all residential, but extern students can also attend the classes. Similar work can be done at Girton and Newham, and at the four women?s colleges at Oxford. In many colleges where the medical classes are closed to women, the classes in the Faculty of Science are open. University College, London, admits women to the classes of Zoology, Botany, Chemistry and Physics. Similarly, the three constituent colleges of the Victoria University: Owen?s College, Manchester, University College, Liverpool, and Yorshire College, Leeds, admit women to all classes preparing for the medical degree, up to the Preliminary Scientific (M.B.) Examination of the University of London, or the first medical examination of Victoria University. In Yorkshire College, Leeds, applications from women for admission to the classes in the medical school are considered separately, and women have been admitted to classes in Physiology and Materia Medica. In Mason University College, Birmingham, the classes in the Faculty of Science are open to women equally with men, but there are at present no facilities for their admission to the medical classes. Other colleges where the preliminary scientific part of the medical course can be taken, are the University Colleges of Bristol and Sheffield, Aberystwith and Bangor, and Alexandra College, Dublin. Mujer y Salud Anexo IV 480 APPENDIX B MEDICAL DEGREES AND OTHER MEDICAL QUALIFICATIONS OPEN TO WOMEN I. University Degrees Opened to women University of London, M.B., B.S., M.S. , No residence required 1878 University of Durham, M.B., B.S., M.S. One year? s residence required 1895 Victoria University. M.B., Ch.B., M.D., Ch. M., Two years? residence required 1882 (Two years of the course for this degree must be spent at one of the three colleges of the University , which have not yet admitted women to their medical classes, therefore this degree is practically closed to women at present). University of Edinburgh. M.B., C.M., M.D. Two years? residence required 1892 University of Glasgow. M.B., C.M., M.D., Two years? residence required. 1892 University of Aberdeen. M.B., C.M., M.D. Two years? residence required 1892 University of St. Andrew?s. M.B., Ch.B., M.D., C.M. Two years? residence required 1892 Royal University of Ireland. M.B., B.Ch., M.D., M.Ch. No residence required. 1892 In 1876, Queen s University passed a resolution admitting women to Examination for the medical degree, but as it was necessary that four classes should be taken in one of the affiliated colleges, to which women were not then admitted, the degree could not actually be obtained. 2. Other Medical Qualifications License of the Society of Apothecaries, London. L.S.A. Triple qualification of the Royal College of Physicians and Surgeons, Edinburgh and the Faculty of Physicians and Surgeons, Glasgow, L.R.C.P.S., Ed. 1886 Conjoint Diploma of the Royal Colleges of Physicians and Surgeons, Ireland. L.R.C.P.I; 1876 L.R.C.S.I.; F.R.C.S.I. 1885 Mujer y Salud Anexo IV 481 APPENDIX C MEDICAL APPOINTMENTS OPEN TO WOMEN The posts filled by medical women in Hospitals, Asylums, Infirmaries, and other institutions, vary so constantly that accurate statistics regarding them are almost unattainable. The following is merely an attempt to give some idea of the appointments open to them in Great Britain and India. In England there are a few hospitals for women and children, where the visiting staff and medical officers are medical women, while in others various staff appointments are held by them. In India, the Dufferin Hospitals and some others are officered by women, and the women?s side of the Plague hospital at Poona was under the charge of a medical woman during the last outbreak; there are also several medical women appointed as physicians to native states. In several hospitals the posts of Anaesthetist and Registrar are held by women, and resident appointments in infirmaries, fever hospitals, and lunatic asylums are also available. Many such appointments have already been made, both in the hospitals under the Metropolitan Asylums Board, and in hospitals under County Council management. In some Sick Children?s Hospitals is has become practically a tradition to have a woman as resident medical officer, and in many others, as well as in special hospitals such as Ophthalmic Hospitals, many of the clinical assistants are women. Others hold appointments as Medical Officers to the Post Office and to the School Boards, Inspectors of Schools and of Boarding out Homes, Lecturers and Examiners in Medical Schools and under the County Councils. In India and China there are of course many medical missionaries carrying on important work in Mission Hospitals. Mujer y Salud Conclusiones 483 CONCLUSIONES Esta tesis ha pretendido aportar informaci?n sobre el acceso de las mujeres a la medicina oficial en Gran Breta?a en el siglo XIX, las dificultades halladas, y su recurso a la creaci?n de escuelas de medicina de mujeres, a fin de conseguir la preparaci?n profesional que se les negaba. Asimismo, se ha procurado realizar un an?lisis de los argumentos esgrimidos para negar el acceso de las mujeres al estudio y pr?ctica de la medicina en las mismas condiciones que los hombres. Este an?lisis nos lleva a entroncar estos argumentos con una visi?n de la mujer como ser d?bil y enfermizo, predominante en el siglo XIX. En los primeros cap?tulos de la tesis hemos pretendido mostrar c?mo esta visi?n tiene tambi?n sus ra?ces en una valoraci?n anterior de la mujer a lo largo de los siglos. Asimismo, se ha pretendido mostrar la significaci?n hist?rica del movimiento de mujeres doctoras: su relaci?n con el movimiento de mujeres y con el papel tradicional de la mujer como cuidadora de la salud, y las aportaciones espec?ficas que ellas realizaron. Hemos mencionado a distintas doctoras, aunque nos hemos centrado fundamentalmente en Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett y Sophia Jex-Blake. Ahora bien, los comentarios vertidos en estas conclusiones, son extensivos a las doctoras pioneras, tanto en Estados Unidos como en Gran Breta?a. Ello no significa que no mantuvieran posturas diferentes en distintas materias, tales como la vivisecci?n, la cirug?a ginecol?gica, el aspecto filantr?pico frente al especializado y cient?fico, etc. No analizamos aqu? estas diferencias individuales, sino la aportaci?n que realizaron, como movimiento de mujeres, a la historia de la mujer. El campo de las mujeres pioneras de la Mujer y Salud Conclusiones 484 medicina moderna es amplio y rico, y permitir?a estudios muy variados desde diferentes puntos de vista, que podr?an ser objeto de otros trabajos de investigaci?n, a partir de la bibliograf?a aportada por esta tesis y otras fuentes. Asimismo la traducci?n al castellano de las numerosas obras escritas en lengua inglesa sobre el tema, enriquecer?a la bibliograf?a de estudios de la mujer en nuestra lengua. En estas conclusiones resumimos brevemente las aportaciones principales realizadas por el movimiento de mujeres doctoras, desde el punto de vista de la historia de la mujer y su acceso a mayores cotas de desarrollo personal y su significaci?n hist?rica, tal como hemos intentado mostrar a lo largo de la tesis. I. Aportaciones de las pioneras de la medicina a la historia de la mujer Acceso a la universidad y al ejercicio de la medicina para la mujer. Las dificultades e injusticias encontradas por las mujeres en Estados Unidos y Gran Breta?a para acceder a la universidad y, posteriormente, al ejercicio de la medicina, fueron similares en otros pa?ses. En Austria, la escuela de medicina de Viena no abri? sus puertas a las mujeres hasta el a?o 1900, siendo la primera licenciada Rosa Kerschbauer. Otra doctora austriaca, Gabrielle Possaner von Ehrenthal, hab?a obtenido el t?tulo en Suiza, pero hubo de repetir los ex?menes en Austria antes de que se le permitiera ejercer. En Alemania, la profesi?n de comadrona estaba regulada legalmente y se hab?an creado escuelas para su formaci?n. Sin embargo, este pa?s fue uno de los que tard? m?s en aceptar la presencia de las mujeres en las facultades de medicina, por lo que muchas mujeres alemanas estudiaron en Zurich hasta entrado el siglo XX. Las dos primeras alemanas graduadas en Zurich, Franziska Tiburtius y Emilie Lemus, encontraron grandes dificultades burocr?ticas cuando intentaron comenzar su pr?ctica privada y, posteriormente, instalar una peque?a cl?nica. En Espa?a, Mar?a Elena Maseras Ribera fue la primera en matricularse en la carrera de Medicina, en la universidad de Barcelona. Dos a?os m?s tarde lo hizo Dolores Aleu Riera. Ambas hab?an tenido que solicitar un permiso especial para cursar el Bachillerato. En 1877 se matricularon dos nuevas alumnas, asimismo en la universidad de Barcelona, Martina Castells Ballesp? e Isabel de Andr?s Hern?ndez. Elena Maseras, termin? todos los estudios correspondientes a la licenciatura en junio de 1878, y se traslad? a Madrid para realizar el Doctorado. Pero el hecho de que una mujer hubiera cursado la totalidad de los estudios de medicina caus? tal estupor a las Mujer y Salud Conclusiones 485 autoridades madrile?as que le fue negado el t?tulo de Licenciatura, a que, evidentemente, ten?a derecho. Obtuvo, finalmente, el grado de Licenciada en 1882, pero renunci? a examinarse de la ?nica asignatura que ten?a pendiente para finalizar los estudios de doctorado, por la presi?n a que se vio sometida por parte del profesor de la misma, Tom?s Santero. Elena Maseras, que deber?a haber sido la primera doctora de Espa?a, no ejerci? nunca la medicina. Ante las dificultades encontradas, aprovech? los a?os en que imped?an su obtenci?n de la licenciatura, para cursar Magisterio, profesi?n a la que se dedic? posteriormente. Dolores Aleu, consigui? ser admitida a los estudios de Doctorado en 1881, tras tres a?os de espera y solicitudes. Dolores Aleu ley? su tesis doctoral el 11 de octubre de 1882. En esta tesis, titulada, De la necesidad de encaminar por nueva senda la educaci?n higi?nico-moral de la mujer, trataba de rebatir el argumento de la falta de capacidad de las mujeres para los estudios profesionales. Ella s? pudo dedicar su vida profesional al ejercicio de la medicina. Todas estas doctoras pioneras realizaron como aportaci?n b?sica, el hecho mismo de conseguir que las escuelas y facultades de medicina y los hospitales cl?nicos, modificasen las trabas legales que imped?an el acceso de las mujeres a la ense?anza. Ello constituye, por s? mismo, una importante contribuci?n a la educaci?n de las mujeres y a su acceso a una profesi?n liberal de alto nivel social. Importancia de la creaci?n de las escuelas de medicina de mujeres Las escuelas de medicina de mujeres de Estados Unidos y Gran Breta?a facilitaron en gran manera el acceso de muchas mujeres a la profesi?n m?dica, incluso cuando ya disfrutaban de la posibilidad de estudiar en la universidad. El alto n?mero de mujeres que ejercieron la medicina en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX, y en Inglaterra durante las ?ltimas d?cadas del XIX y primeras del XX, se debe, indudablemente, a la actividad de las escuelas de medicina de mujeres. Adem?s, como hemos visto en los cap?tulos correspondientes, estas escuelas se distinguieron por el alto nivel acad?mico de los estudios impartidos. Con esta preparaci?n, se pasa de la mujer que realiza una labor ben?fica, filantr?pica, de la mujer administradora de cuidados, sin preparaci?n cient?fica, a la mujer profesional, especialista, con preparaci?n cient?fica y acad?mica. La existencia de las escuelas de medicina de mujeres propici? la realizaci?n de proyectos tales como la preparaci?n de mujeres doctoras para la India, o la creaci?n de los hospitales de campa?a durante la primera Guerra Mundial, que Mujer y Salud Conclusiones 486 representaron una importante incorporaci?n de la mujer doctora a un campo eminentemente reservado al hombre. Los dispensarios y hospitales por y para mujeres Desde el punto de vista del desarrollo profesional de la mujer, este tipo de hospitales proporcionaron una important?sima salida profesional a muchas mujeres, no solamente doctoras y enfermeras, sino administrativas, trabajadoras sociales, etc. Y ofrecieron la posibilidad de que la mujer desempe?ase cargos de direcci?n y organizaci?n, sin depender de la autoridad masculina, como en otros hospitales. Los dispensarios son un exponente de una caracter?stica de la visi?n de la medicina de estas pioneras: su inter?s por las mujeres de las clases sociales m?s desfavorecidas, su identificaci?n con los problemas y necesidades de las mujeres, su preocupaci?n por las causas sociales de la enfermedad, y, por la prevenci?n de la misma. Todas estas mujeres aportan a la medicina un sentido social y humanitario, no lejano, en parte, de la acci?n filantr?pica que algunas mujeres de clase media hab?an desarrollado en siglos anteriores. Otra aportaci?n de los hospitales por y para mujeres es su sentido maternalista. Fueron precursores de la moderna atenci?n pre y post natal. En ellos se conced?a una gran importancia a la atenci?n de la maternidad: atenci?n a la mujer durante el embarazo y el parto, y atenci?n al ni?o. La visi?n de la mujer en las doctoras pioneras Estas mujeres, con su propia vida, su pr?ctica profesional, y su palabra, en conferencias, art?culos y libros, rebaten el argumento de la debilidad de la mujer, su dependencia de los procesos fisiol?gicos y su consecuente incapacidad para el estudio y el ejercicio de una profesi?n de responsabilidad. Como hemos visto en los cap?tulos correspondientes, en el siglo XIX, la clase m?dica, en general, trata a la mujer como un ser enfermizo, que debe mantener como paciente, al igual que en otro campo de relaciones, una actitud de pasividad y obediencia, siendo quiz?s uno de los exponentes m?s claros la llamada cura de reposo. Sin embargo, las doctoras aportaron una visi?n positiva de la mujer, y de sus procesos fisiol?gicos. Frente a la visi?n de la mujer, pasiva, reducida al ?mbito dom?stico, las doctoras definieron a la mujer capaz de llevar una vida profesional, social y pol?ticamente activa. La causa de la enfermedad, del malestar de las mujeres, se Mujer y Salud Conclusiones 487 desplaza de una tendencia enfermiza innata, a unas causas sociales que la limitan y la fuerzan a llevar una vida sin sentido. Sus recomendaciones m?dicas son, por tanto, distintas. En vez del reposo y la pasividad, se recomienda la actividad f?sica e intelectual, el ejercicio y el contacto con la naturaleza. Intentan que su propia actividad profesional sea parte de un movimiento para mejorar las condiciones de vida de las mujeres. Con su labor de divulgaci?n, y en su pr?ctica diaria, tratan de mejorar la formaci?n de las mujeres, el conocimiento de su cuerpo, de su sexualidad, y de sus derechos. Al no abordar el uso de m?todos anticonceptivos, aportaci?n que realizar?n Margaret Sanger y Marie Stopes d?cadas m?s tarde, el ?nico m?todo de control de natalidad que pueden recomendar a las mujeres es la abstinencia sexual. Su aportaci?n consiste en considerar que tal decisi?n debe depender de la mujer, y resaltar el derecho de ?sta a rechazar la relaci?n sexual teniendo en cuenta su salud. En vez de un ser pasivo que reposa absolutamente en el juicio del m?dico, procuran que las mujeres se hagan cargo de su propia salud. Ahora bien, al minimizar los trastornos provocados por la menstruaci?n y el parto, estas mujeres de clase media, quiz?s olvidaban la atenci?n que deb?a dispensarse, y las medidas de justicia social y laboral, que deb?an tomarse para garantizar el derecho a la salud de las mujeres obreras. Y frente a la exaltaci?n de la mujer carente de deseo sexual, preconizada por muchos doctores del siglo XIX, las doctoras defienden la capacidad sexual de la mujer, y critican la doble moral sexual. Las doctoras pioneras y el movimiento sufragista Ninguna de las doctoras pioneras fue ajena al movimiento sufragista, y, algunas de ellas, tomaron un compromiso y una acci?n militante decidida. En cualquier caso, es imposible separar la lucha de las primeras doctoras, del resto del movimiento de mujeres que se dio en su ?poca, sino que, m?s bien, constituye parte fundamental del mismo. El acceso de las mujeres a la ense?anza y el ejercicio de la medicina oficial, en el siglo XIX, es un episodio m?s de todo un movimiento de mujeres de la ?poca, en distintos frentes: acceso a la educaci?n superior y universitaria; acceso a un trabajo profesional digno para la mujer de clase media; acceso a la acci?n pol?tica, fundamentalmente mediante el voto; expresi?n de la palabra de las mujeres a trav?s de la literatura; mejora de las leyes relativas al matrimonio; b?squeda de una moral sexual Mujer y Salud Conclusiones 488 m?s igualitaria para hombres y mujeres, etc. Por tanto, el movimiento de las mujeres doctoras queda absolutamente entroncado dentro del movimiento feminista del siglo XIX. Las doctoras pioneras como escritoras Tanto Elizabeth Blackwell, como Garrett y Jex-Blake escribieron. Bien sabemos que para la mujer feminista tomar la pluma y la palabra es un acto casi subversivo, es encontrar el camino de su voz, de su expresi?n, en parte, de su liberaci?n. Elizabeth Blackwell nos leg? una obra autobiogr?fica, que constituye un importante estudio hist?rico, al proporcionar informaci?n detallada sobre su acceso a la profesi?n m?dica y la creaci?n del New York Infirmary and College for Women, y brindar una ampl?sima descripci?n de la escuela de comadronas de La Maternit? de Par?s. Blackwell realiz?, asimismo, una amplia labor de divulgaci?n. Sus escritos, que resultan hoy en d?a excesivamente puritanos, fueron avanzados en su momento, al pretender la educaci?n sexual de los j?venes de ambos sexos, y la aplicaci?n de una sola moral sexual, al igual que otras l?deres feministas. Cierto es, sin embargo, que ninguna de ellas formula planteamientos de libertad sexual para ambos sexos, como hicieron otros grupos radicales mencionados en esta tesis. Elizabeth Garrett public? diversas obras, que se mencionan en la bibliograf?a. Su dedicaci?n estuvo m?s centrada en la pr?ctica m?dica y la atenci?n a la London School of Medicine for Women y el New Hospital for Women, que a la divulgaci?n m?dica. En el cap?tulo dedicado a su biograf?a se han rese?ado algunos ensayos de inter?s. Queremos recordar ahora su r?plica a Henry Maudsley, publicada en la misma revista Fortnightly Review. Y ello porque representa el punto de vista respecto a la fisiolog?a de la mujer que aportaron estas pioneras. En contra de la visi?n de la mujer dominada por sus procesos fisiol?gicos, excluida de la actividad acad?mica, profesional, pol?tica y social, por las debilidades atribuidas a su naturaleza, Garrett, Mary Putnam Jacobi y otras autoras, defienden la capacidad de la mujer para incorporarse a la vida de estudio y actividad profesional. Sophia Jex-Blake, en la segunda parte de su libro Medical Women, titulada The Medical Education of Women, nos dej? un extenso testimonio de los hechos acaecidos en la universidad de Edimburgo, que constituyen una p?gina importante en la historia de la lucha de las mujeres. En su obra recogi? una ampl?sima cantidad de documentos referentes a estos hechos, por lo que supone una valiosa aportaci?n hist?rica. Tambi?n Mujer y Salud Conclusiones 489 Isabel Thorne y Elizabeth Garrett contribuyeron a mantener vivo el testimonio de la lucha por el acceso a la universidad y la creaci?n de las Escuelas de Medicina de Mujeres. La primera parte de Medical Women, titulada Medicine as a Profession for Women, est? dedicada a la historia de las mujeres dedicadas al cuidado de la salud, con anterioridad al siglo XIX. Es este un campo de investigaci?n que despierta un gran inter?s para las doctoras pioneras escritoras. Lo trat? asimismo Mary Scharlieb; fue objeto del ?nico concurso de textos organizado por la LSMW; y lo trataron, posteriormente, otras autoras, como M?lina Lipinska, Muriel Joy Hughes y Kate Campbell Hurd-Mead. De esta forma, las doctoras pioneras se convirtieron en historiadas de las mujeres sanadoras, contribuyendo as? a esta importante faceta del movimiento de mujeres: rescatar de la sombra la historia de la mujer. II. Significaci?n hist?rica del movimiento de mujeres doctoras Esperamos haber mostrado a lo largo de la tesis, la relaci?n del movimiento de mujeres doctoras con la historia anterior de la mujer, en un doble sentido. Por una parte, los prejuicios que impiden su acceso a la ense?anza y ejercicio de la medicina, se entroncan en la visi?n de la mujer de su ?poca, que, a su vez, se fundamenta en una tradici?n de visi?n de la mujer como ser disminuido. La realidad biol?gica de los procesos fisiol?gicos propios de la mujer, la dedicaci?n real que le supon?a la maternidad, y el alto riesgo para su vida y su salud que representaba el embarazo y el parto, no justifican por s? mismos, la visi?n deshumanizada, que brindan de la mujer los textos religiosos, filos?ficos y cient?ficos. Como se ha expuesto en los distintos cap?tulos, han sido muy variados los razonamientos que se han esgrimido, bajo la forma de argumentos religiosos, filos?ficos e incluso cient?ficos, para demostrar la limitaci?n f?sica, moral o psicol?gica de las mujeres: magnificar la influencia del ?tero hasta atribuirle facultades de movimiento dentro del cuerpo y de control de todo el comportamiento femenino; negarle a la mujer la dimensi?n espiritual al no poseer alma; considerar que la fecundaci?n se deb?a ?nicamente al var?n de cuya semilla se derivar?a enteramente el nuevo ser, siendo la mujer s?lo el lugar de desarrollo del mismo. Y, muy especialmente en el siglo XIX, mantener una imagen negativa de la mujer extra?amente ambivalente seg?n a qu? clase social perteneciera: las mujeres de clase media y alta se consideraban d?biles, Mujer y Salud Conclusiones 490 enfermizas, casi inv?lidas y se les recomendaba la inactividad, el confinamiento, y la ausencia de actividad intelectual que mermar?a su capacidad para la maternidad. Sin embargo las mujeres de clases inferiores, las sirvientas, las esclavas negras, eran consideradas fuertes, inclinadas a la pr?ctica de la sexualidad, y trasmisoras de enfermedades. Cuando se analizan estos argumentos con la objetividad que da la distancia en el tiempo y en el espacio, se advierte r?pidamente que no resultan l?gicos ni racionales. Y s?lo pueden comprenderse, como otros tantos argumentos utilizados para justificar distintos prejuicios de unos grupos humanos respecto a otros, como la expresi?n m?s superficial de motivaciones mucho m?s profundas e inconscientes. Algunos autores han insistido en que, con el nacimiento de la propiedad privada, surge el intento por parte del hombre de lograr el control de la sexualidad de la mujer, y, con ello, la seguridad de que los herederos de sus bienes, son sus aut?nticos descendientes. Pero, probablemente, a un nivel m?s profundo, reflejen tambi?n el mismo estupor o temor ante la sexualidad femenina, por su cercan?a al misterio de la reproducci?n de la vida, que pueden sentir culturas primitivas cuando obligan a las mujeres menstruantes a retirarse del poblado y alejarse de los guerreros. Queda fuera del campo de investigaci?n de esta tesis, el estudio de las posibles y variadas razones hist?ricas, psicol?gicas y sociales, que subyacen a la desvalorizaci?n y alienaci?n de la mujer a lo largo de los siglos. Numerosas obras de autoras y autores de las ?ltimas d?cadas hasta la actualidad, tratan de estudiar los or?genes de la sociedad patriarcal, las causas del desplazamiento de la mujer a una posici?n de dependencia y desvalorizaci?n, desde distintas perspectivas hist?ricas, antropol?gicas, psicoanal?ticas, etc. Muchas de estas obras se recogen en la bibliograf?a que completa esta tesis. Por otra parte, hemos tratado de mostrar, asimismo, c?mo el movimiento de mujeres doctoras queda entroncado con una largu?sima tradici?n de actividad de la mujer como sanadora y cuidadora. Y, tambi?n, c?mo el movimiento por los derechos de la mujer no surge aislado de otras inquietudes sociales, sino, por el contrario, unido a otras luchas por la libertad y la dignidad humanas, como la abolici?n de la esclavitud. El movimiento de mujeres del siglo XIX, como todo movimiento hist?rico, tiene unos antecedentes, al igual que unas consecuencias posteriores. Hemos procurado mostrar en la tesis c?mo el movimiento de mujeres encuentra sus primeros cimientos en la acci?n filantr?pica de las mujeres de clase media y alta, en los movimientos disidentes protestantes, en la preocupaci?n por los derechos de los seres humanos de la Ilustraci?n, Mujer y Salud Conclusiones 491 en los movimientos revolucionarios e independentistas del siglo XVIII, y en el socialismo ut?pico. III. Comentario final Ahora bien, al final de este estudio, queremos hacer unas reflexiones finales, dejando abierta la posibilidad de posteriores investigaciones e interpretaciones. El logro de Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett, Sophia Jex-Blake y otras pioneras, al conseguir graduarse como doctoras de forma ortodoxa, oficial, tiene un doble aspecto positivo y negativo. Es un paso m?s en la lucha contra los falsos prejuicios ejercidos contra distintos colectivos sociales y de forma muy clara y marcada contra las mujeres, por el hecho de serlo, que ocultan motivaciones m?s inconfesables como el temor a la p?rdida de la hegemon?a, el poder y el control social. ?Cu?l es el aspecto negativo? Siguiendo el pensamiento de B?rbara Ehrenreich y Deirdre English, el triunfo de la medicina oficial supuso aumentar los privilegios de un grupo social: los m?dicos y m?dicas regulares, ortodoxos, y aniquilar los movimientos populares de salud. Al incorporarse a la medicina oficial, la mujer derriba una peque?a parte de la barrera que la margina de la autorrealizaci?n profesional, pero al mismo tiempo lo hace incorpor?ndose al mundo de los varones privilegiados, m?s que contribuyendo a una sociedad m?s global e integradora, m?s humana, m?s justa, que segregue y divida menos a las personas, bien sea en raz?n del sexo, de la raza, del poder econ?mico, o de cualquier otra diferencia. Finalmente, creo que el estudio de la vida de Elizabeth Garrett o Sophia Jex- Blake, como quiz? cualquier otro estudio en la historia reciente de las mujeres o el movimiento feminista, tiene inmediatamente una serie de consecuencias relevantes para el momento actual. Es f?cil juzgar como injustificados, o incluso absurdos, los argumentos esgrimidos para impedir su acceso a las escuelas de medicina o a la pr?ctica hospitalaria, pero en nuestra sociedad, aqu? y ahora, seguimos aceptando como naturales, argumentos igualmente absurdos, para justificar la atribuci?n de funciones y tareas en lo privado y lo p?blico a hombres y mujeres, provocando con ello situaciones de alienaci?n para ambos. Sigue siendo muy inferior el n?mero de mujeres que ocupan cargos de responsabilidad en distintas ?reas de la vida social y evidentemente dentro de la medicina. Mujer y Salud Conclusiones 492 El argumento de que la maternidad puede impedir a la mujer una dedicaci?n profesional muy exigente se aplica cuando tal dedicaci?n profesional es de alto nivel y prestigio social, no cuando es mon?tona, fatigosa y de poco prestigio social. El trabajo m?s duro y menos cualificado de los hospitales, el de los y las auxiliares de cl?nica, que comprende la limpieza de los enfermos, la atenci?n a sus necesidades fisiol?gicas, etc., sigue estando mayoritariamente en manos de mujeres. Sus horarios de trabajo son tan exigentes o m?s que los de un m?dico especialista y no es f?cil pensar que resulta m?s llevadero un embarazo amortajando un cad?ver que diagnosticando o investigando. Se sigue hablando de m?dicos, en masculino, a?n para referirse a una mujer doctora, y cabr?a preguntar si no queda a?n una cierta inseguridad, casi inconsciente, en hombres y mujeres, ante una doctora cirujana, traumat?loga o ur?loga. A?n hoy, es f?cil comprobar mirando el cuadro m?dico de cualquier compa??a de servicios m?dicos, o de la Seguridad Social, que el tratamiento espec?fico de la salud sexual de las mujeres est? mayoritariamente en manos de doctores varones. Sin embargo es casi imposible hallar mujeres ur?logas, especialidad que atiende, entre otros aspectos de la salud, los relacionados con la sexualidad masculina. Quiz?s nos enga?emos creyendo que tenemos todo lo que queremos, como las damas del XIX a quienes criticaba Elizabeth Cady Stanton. Al igual que en la ?poca victoriana ciertas profesiones: enfermera, institutriz, se consideraban adecuadas para las mujeres y otras constitu?a una aberraci?n el osar acceder a ellas; aqu? y ahora sigue causando sorpresa, cuando menos, la incorporaci?n de las mujeres y de los hombres a ciertas actividades que se consideran impropias de cada sexo. Y, por ?ltimo, creo que es preciso apuntar otro tema tambi?n relevante actualmente para las mujeres. La posibilidad de dos opciones feministas: una incorporaci?n al mundo de los varones privilegiados, es decir conseguir las mujeres acceder al modelo de mundo occidental, competitivo, clasista, de triunfadores, de consecuci?n de poder social, pol?tico, econ?mico, una incorporaci?n al modelo social oficial. O una opci?n de intento de construcci?n de un mundo m?s solidario, m?s justo, con menos barreras de sexo, edad, raza, clase social, donde las reivindicaciones de las mujeres est?n profundamente enraizadas en la reivindicaci?n de la justicia, de la dignidad de todas las personas, hombres y mujeres; donde no s?lo algunas mujeres privilegiadas logren alcanzar el poder del que gozan algunos hombres privilegiados, sino donde, al menos se intente, la realizaci?n total, plena, de hombres y mujeres en una sociedad m?s humana. Mujer y Salud Conclusiones 493 Quiero terminar esta tesis con las frases finales del libro de Riane Eisler, que encierran una esperanza de futuro para mujeres y hombres: ?...este mundo gil?nico ser? un mundo donde las mentes de los ni?os ?de ambos sexos- ya no estar?n aprisionadas. Ser? un mundo donde la limitaci?n y el temor ya no se ense?ar?n de manera sistem?tica a trav?s de mitos que nos digan cu?n inevitablemente malos y perversos somos los humanos. En este mundo, a los ni?os no se les ense?ar?n epopeyas sobre hombres que son celebrados por ser violentos, o cuentos de hadas acerca de ni?os que se pierden en bosques pavorosos donde las mujeres son brujas mal?volas. Se les ense?ar?n nuevos mitos, epopeyas y cuentos en los cuales los seres humanos son bondadosos, los hombres son pac?ficos y el poder de la creatividad y el amor ?simbolizado por el C?liz sagrado, el santo recept?culo de la vida- es el principio supremo. Pues en este mundo gil?nico, nuestra inclinaci?n por la justicia, la igualdad y la libertad, nuestra sed de conocimiento e iluminaci?n espiritual y nuestro anhelo de amor y belleza ser?n finalmente liberados. Y despu?s del sangriento desv?o de la historia androcr?tica, tanto mujeres como hombres descubrir?n al fin el significado de ser humano.? 1 1 Eisler,Riane. El C?liz y la Espada. Mart?nez de Murgu?a. Madrid, 1990, p. 231 Mujer y Salud Bibliograf?a 495 BIBLIOGRAF?A I. Obras de Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett y Sophia Jex-Blake Libros Blackwell, Elizabeth. Laws of Life or the Physical Education of Girls. Putnam. Nueva York. 1852 Blackwell, Elizabeth y Blackwell, Emily. Address on the Medical Education of Women. Baptist and Taylor. Nueva York, 1864. Conferencia pronunciada en una reuni?n del Hospital de Nueva York el 19 de Diciembre de 1863 Blackwell, Elizabeth. The Religion of Health, Counsel to the Parents on the Moral Education of their Children. Moral Reform Union. 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Conclusi?n sobre la visi?n del cuerpo de la mujer en la Grecia cl?sica 41 XII. Sorano y Galeno 45 Cap. II. Construcci?n de sexo y g?nero desde la Antig?edad hasta el siglo XIX 49 I. La creaci?n de la mujer en la tradici?n judeocristiana 49 II. La defensa de la virginidad en la Antig?edad 53 III. Construcci?n del conocimiento sobre cuerpo y sexualidad en la Edad Media 55 IV. El sexo ?nico 56 V. Anatom?a del cuerpo femenino 57 VI. Menstruaci?n y lactancia: etapas de una purificaci?n 63 VII. La semilla femenina y el placer en la mujer 67 VIII. El control de la fertilidad 69 IX. La mujer enferma 70 X. El descubrimiento de los dos sexos 77 Cap. III. La visi?n de la mujer en la ?poca victoriana 81 I. La diferencia anat?mica de hombres y mujeres 83 Mujer y Salud Indice 522 II. Las aportaciones del evolucionismo 90 III. Influencia de la f?sica y la mec?nica. La ley de la conservaci?n de la energ?a 95 Cap. IV. La mujer seg?n la ginecolog?a del siglo XIX 101 I. La menstruaci?n 103 II. Enfermedades de la mujer 109 III. Tratamientos aplicados a las mujeres 115 Cap. V. La otra cara de la moneda: la lucha por los derechos de la mujer 129 I. El movimiento de mujeres en la Edad Media: las Beguinas 130 II. Mujer y Renacimiento 131 III. Los siglos XVI a XVIII 134 IV. Nacimiento del feminismo 147 V. Algunos hechos que contribuyeron al comienzo del movimiento feminista 159 Cap. VI. Las mujeres en la historia del cuidado de la salud 163 I. La Antig?edad 164 II. La mujer sanadora desde la Edad Media hasta el s. XVI 175 III. Las mujeres sanadoras en el siglo XVI 192 IV. Las mujeres y el ejercicio de la medicina en el siglo XVII 194 V. Las mujeres en la medicina del siglo XVIII 197 VI. Consideraciones finales: a las puertas de la ciudadela 200 Cap. VII. Organizaci?n de la clase m?dica y de la ense?anza de la medicina 203 I. Doctores, cirujanos, boticarios y curanderos 203 II. La ense?anza de la medicina en los grandes hospitales 209 III. La escuela de Medicina de St.Thomas? Hospital 212 IV. La organizaci?n de los hospitales 214 V. Status social y formaci?n de las comadronas 216 VI. La formaci?n de las enfermeras 220 Cap. VIII. Elizabeth Blackwell y las escuelas de Medicina de mujeres de Estados Unidos 233 I. Infancia y adolescencia de Elizabeth Garrett 233 II. Las escuelas de Medicina de mujeres de Estados Unidos 247 Cap. IX. Biograf?a de Elizabeth Garrett 257 I. Infancia y adolescencia de Elizabeth Garrett 257 Mujer y Salud Indice 523 II. El nacimiento de la vocaci?n m?dica 259 III. Los a?os de preparaci?n (1860-1865) 261 IV. La obtenci?n del Doctorado en Medicina en la Sorbona de Par?s 270 V. Aportaciones como profesional de la Medicina 271 VI. Elizabeth Garrett y el movimiento de mujeres: encuentros y desencuentros 276 VII. Los ?ltimos a?os de su vida 284 Cap. X. La vida de una luchadora: Sophia Jex-Blake 293 I. Infancia y adolescencia 293 II. Quen?s College 295 III. Sophia Jex-Blake y su vocaci?n por la educaci?n de las Mujeres 297 IV. La visita a las instituciones educativas norteamericanas 299 V. El nacimiento de su vocaci?n m?dica 300 VI. La batalla de Edimburgo. La batalla legal por el acceso de mujeres a la formaci?n y pr?ctica como doctoras 303 VII. Obtenci?n de su t?tulo de doctora 304 VIII. Doctora en Edimburgo 306 IX. La creaci?n de la Edinburgh School of Medicine for Women y el Edinburgh Hospital and Dispensary for Women 307 X. La vuelta a Sussex 310 XI. El final de su vida 311 Cap.XI. Sophia Jex-Blake y la lucha por la causa de las mujeres doctoras en Gran Breta?a 317 I. Solicitud de ingreso en la facultad de Medicina de la universidad de Edimburgo 317 II. Las siete de Edimburgo 320 III. Primeros conflictos: las becas Hope y la revuelta de estudiantes 322 IV. La batalla por el acceso a la Edinburgh Royal Infirmary 326 V. La batalla legal en la universidad de Edimburgo 335 VI. La batalla legal en el Parlamento 342 VII. La apertura de los Tribunales Examinadores y las universidades brit?nicas a las mujeres 346 Cap. XII. La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres 349 I. Fundaci?n de la London School of Medicine for Women 349 II. Financiaci?n 353 III. Los primeros a?os: de 1874 a 1877 355 IV. La fusi?n con el Royal Free Hospital 358 V. La ruptura entre Sophia Jex-Blake y la London School of Medicine for Women 360 Mujer y Salud Indice 524 VI. La contribuci?n de Elizabeth Garrett a la London School of Medicine for Women 363 VII. La formaci?n de las alumnas 369 VIII. Las mujeres como profesionales dentro de la escuela 374 IX. La sede de la London School of Medicine for Women 377 X. El destino de las pioneras de la London School of Medicine for Women 386 XI. La aportaci?n de la escuela en la Primera Guerra Mundial 395 X. Consideraciones finales 398 Cap. XIII. Las escuelas de Medicina de Edimburgo y Glasgow 405 I. La Escuela de Medicina de Mujeres de Sophia Jex-Blake en Edimburgo 405 II. La decana y la comisi?n para la revisi?n de los estatutos de las universidades escocesas 411 III. Fin de la Edinburgh School of Medicine for Women 412 IV. Elsie Inglis: la fundadora de los Scottish Women?s Hospitals 413 V. La creaci?n del Medical College for Women 423 VI. Queen Margaret College en Glasgow 425 VII. Las escuelas de Medicina de Irlanda 426 VIII. Escuelas donde pod?an realizar estudios de Medicina las mujeres a finales del siglo XIX 427 IX. Consideraciones finales 428 Cap. XIV. Los hospitales por y para mujeres 429 I. El New Hospital for Women o Elizabeth Garrett Anderson Hospital 429 II. El Edinburgh Hospital and Dispensary for Women de Sophia Jex-Blake 432 III. The Hospice, fundado por Elsie Inglis 433 IV. Otros hospitales por y para mujeres en Gran Breta?a y Australia 437 V. Caracter?sticas de los hospitales por y para mujeres 438 Anexo I 441 Anexo II 443 Anexo III 459 Anexo IV 475 Conclusiones 483 I. Aportaciones de las pioneras de la medicina a la historia de la mujer 484 II. Significaci?n hist?rica del movimiento de mujeres doctoras 489 III. Comentario final 491 Mujer y Salud Indice 525 Bibliograf?a 495 I. Obras de Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett y Sophia Jex-Blake Libros 495 Art?culos 497 II. Fuentes primarias Libros 499 Art?culos 509 III. Fuentes secundarias Libros 514 Art?culos 518 Indice 521 Relaci?n de figuras. Fig. 1. Estatua griega 47 2. Monumento funerario a Florence Nightingale 127 3. Escudo de la Sociedad de Boticarios de Londres 230 4. St. Bartholomew?s Hospital, en Londres 230 5. Quir?fano en la torre de St. Thomas?s, Londres 231 6. Casa de Elizabeth Blackwell enHastings 256 7. Placa de la casa de Elizabeth Blackwell en Hastings 256 8. St.George-in-the East, de Londres 285 9. London Hospital, en Londres 287 10. Casa de Elizabeth Garret en Londres 287 11. Placa de la casa de Elizabeth Garrett en Londres 289 12. Elisabeth Garrett Anderson Hospital, en Londres 289 13. Placa de la casa donde residi? Millicent Fawcett en Londres 291 14. Casa donde naci? Sophia Jex-Blake en Hastings 313 15. Placa de la casa donde naci? Sophia Jex-Blake 313 16. Tumba de la familia Jex-Blake en Ovingdean 315 17. Estatua de Louisa Aldrich Blake en Londres 399 18 y 19. Sede de la London School of Medicine for Women 401 20 y 21. Placas de la London School of Medicine for Women 403