RT Conference Proceedings T1 Literatura infantil y animación a la lectura A1 Del Cañizo, José Antonio K1 Animación a la lectura AB Empiezo afirmando plenamente convencido de elloque sin la lectura no puede surgir en nuestra mente el gozosodescubrimiento de todas sus posibilidades de emoción, imaginación,conocimiento y sentimientos. Y desde el principio quiero dejar claro queyo ofrezco una gran ventaja respecto a otros conferenciantes, y es quecuando me preguntan algo que ignoro sé pronunciar las cuatro palabrasque otros jamás pronunciarían: ESO NO LO SÉ. ¿Parecen fáciles, no? Puesa algunos les resultan dificilísimas. Y empiezo. *** Muchos tuvimosmucha suerte, y fuimos iniciados en ese descubrimiento cuando éramosniños y nos contaban cuentos. Y multitud de lectores de todas las edadeshemos disfrutado muchísimo leyendo La isla del tesoro y El extraño casodel Doctor Jekyll y Mister Hyde, novelas por las que debemos eternoagradecimiento a Alison Cunningham. Y que nadie piense: -¡Vayaequivocación más grande, si son de Robert Louis Stevenson! Pero de esonada. En realidad se las debemos en gran parte a la niñera del pequeño yenfermizo Robert, la cual le contaba cuentos y recitaba himnos y poemasen las frías y lluviosas noches escocesas. Ella leía, contaba ydeclamaba con tanta entonación y tanto sentido dramático que aquelfascinado niño se aficionó muchísimo a ese gran placer de que noscuenten historias, y ello le animó cuando ya era adulto a lanzarse ainventar otras con su vibrante y poderosa manera de escribir. Y lo máscurioso es que al pequeño Robert le gustaba tanto escucharla que retrasóel momento de aprender a leer, para prolongar el placer y la admiraciónque le causaba el comprobar cómo una simple voz humana podía creartantos ambientes y dar tanta vida a lo narrado. *** Pero no solamenteles han contado historias a los niños, sino también a muchos adultos.Esto se ha hecho, por ejemplo, para acompañar con lecturas piadosas eltiempo de la comida en conventos y monasterios. Y para entretener yculturizar a los obreros durante trabajos repetitivos, como en Cuba amediados del siglo XIX, cuando la gran mayoría de los cigarreros erananalfabetos. Y más adelante los que emigraron a Florida continuaron conesa costumbre, hasta el punto de que una de las más prestigiosas marcasde puros o habanos se llamaba y se sigue llamando Montecristo por lomucho que disfrutaron al escuchar durante numerosas jornadas laboralesla obra de Alejandro Dumas titulada El Conde de Montecristo. Y muchasveces alguien les leía a otros simplemente porque durante largos siglosy en dilatadas regiones eran muy pocos los que sabían leer, y rarísimala casa en que había libros. *** Hay un caso concreto que me gustamucho, pues lo protagonizó hace unos tres siglos uno de los mejoresanimadores a la lectura de que tengo noticia. Vivía en una comarca ruraldonde no había más que un libro, un ejemplar editado en 1720 de unafamosa obra del historiador romano de hace veinte siglos llamado FlavioJosefo. Dicha obra se titulaba Historia de la guerra de los judíoscontra los romanos y de la ruina de Jerusalén, y él fue testigo dealgunos de sus acontecimientos. El dueño de ese libro único en aquellacomarca iba de aldea en aldea y de finca en finca para leer unas páginascon tanto apasionamiento que sus rústicos oyentes vibraban con aquelloshechos sucedidos hacía dieciocho siglos como nosotros podemos escucharciertas noticias importantes de última hora. Me encanta imaginarledándose largas caminatas por montes y llanuras para declamar aquellascrónicas de una guerra tan ajena, remota y olvidada, y suspenderastutamente la lectura en cada casa en el mismo punto, para que ningúnvecino pudiera contar a otros la continuación. Así los mantenía en vilohasta su próxima visita, de manera que cuando se acercaba a cada casasalían a recibirle preguntando ansiosamente: -¿Qué noticias nos traes?-Malas, muy malas. Van a pasar cosas terribles. ¡El Emperador Tito hapuesto cerco a Jerusalén! -A ver, a ver, cuenta, cuenta – le pedían,frotándose las manos, como si se tratase de noticias de última hora. ***Y también hay quien ha leído libros a otros, y sin parar, porque no hatenido más remedio, ya que existen personas tan amantes de la lecturaque son capaces de cualquier infamia, con tal de tener a alguien que leslea, o al menos eso pasa en algunas novelas. Por ejemplo, el agudoescritor británico Evelyn Waugh, autor de novelas importantes, como Unpuñado de polvo, Decadencia y caída y Retorno a Brideshead, presenta enla primera a un viejo que ha vivido siempre en las profundidades de unaPágina 1selva americana, pues nació allí de padre inglés y madre nativa. Supadre leía en voz alta obras de Dickens, y tan absorbido estaba endisfrutarlas y en contagiar a su hijo su entusiasmo por ellas que nisiquiera se molestó en enseñarle a leer, con lo cual el después huérfanoadolescente y luego adulto se desesperaba al ver que muchas de aquellaspáginas iban siendo devoradas por insectos y hongos en vez de por élmismo. Y un día apareció en aquella zona de la selva un joven que sehabía alejado del grupo de ingleses del que formaba parte y se perdió, ynuestro desesperado viejo le acogió y le alimentó. Y a cambio le hizoleer sin parar varias obras de su amado Dickens. El recién llegado lee ylee y lee, dándose obligadamente unos atracones de Dickens tremendos,mientras espera con una impaciencia creciente que vengan a salvarle. Elinsaciable oyente está feliz y le elogia diciendo que leeestupendamente. Y cuando se ha deleitado con David Copperfield, Historiade dos ciudades, Grandes esperanzas y alguna más, el viejo oye un díavoces que se acercan. Rápidamente emborracha al lector, le droga y leesconde, y a los que vienen a salvarle les dice que ha muerto, y semarchan consternados. ***^ Y ahora cambiamos de tema. Hace unos cuantosaños los organizadores de la Feria del Libro de Málaga me dieron unpremio por mi labor en pro de los libros y la lectura, y en midiscursito de agradecimiento hablé en plan de broma de la importantísimaliteratura de la concisión que caracteriza a nuestra época. La componenvarios géneros literarios insuficientemente valorados por críticos yeditores, como son los minúsculos textitos que acompañan a los anuncios,las banales frases de famosos y famosas, y la literatura de camioneros,constituida por esas pocas palabras que caben en el único renglóndisponible encima del cristal de la cabina, lo cual otorga a esas obrasun mérito grandísimo. De esa literatura a cien por hora los textos quemás me han gustado y que tengo apuntados incluyen manifestaciones deamor paternal tan entrañables y de tan rica sonoridad como “Por miVanesa, mi Ainhoa y mi Iván”, hasta pensamientos tan consoladores como“Más deben otros”. ¡La cantidad de plazos del cuantioso importe total desu camión que le quedarían por pagar a ese pobre hombre! Pero un amigome contó que ha visto circular por una carretera andaluza una breve obramaestra que en solo cuatro palabras entre signos de exclamación encierratoda una novela de amor. “¡Ahí viene mi Pepe!”, proclama en letrasblancas sobre la carrocería oscura ese inspiradísimo renglón. Y ahítenemos la novela de ese sencillo matrimonio de provincias, camionero ély hacendosa ama de casa ella, que cuando calcula que su marido estápisando a tope el acelerador porque está a punto de llegar a casa sube ala terracita y se pone a otear el horizonte. Y oteando, oteando yoteando durante horas, alargando el cuello con el corazón galopando ensu pecho, ve al fin emerger sobre el perfil del cambio de rasante elrenglón deseado. -¡Ahí viene mi Pepe! – grita gozosa nuestra Penélopeandaluza, y baja corriendo las escaleras repitiendo ese texto hasta queel camión llega y su marido baja y la coge en sus brazos. *** Y paraterminar preguntémonos: ¿De qué les sirvió leer o bien oír leer a esaspersonas? A Robert Louis Stevenson el que le contasen y leyesen cuentosde pequeño le sirvió para crear obras maestras que ahora disfrutamosnosotros. A los confeccionadores de habanos y a los que oyeron contar ladestrucción de Jerusalén con mil ochocientos años de retraso les sirviópara despertar sus mentes y sentir el placer de saborear una historia, yello en medios poco propicios, iluminando así sus vidas duras yrutinarias. Al insaciable oyente de obras de Dickens le sirvió parasoportar mejor la soledad y la incomunicación con sus semejantes y paravivir otras vidas muy distintas. Y a nuestra ingenua y anhelantePenélope andaluza le bastaba ese único renglón para sentir las mayoresalegrías de su vida. *** He seleccionado solamente unos pocos ejemplosinteresantes y curiosos; pero a un número casi infinito de lectores detodos los tiempos esta afición les ha servido para ampliar su horizontemental y vivir otras vidas, conocer otros países, otras costumbres,otras maneras de pensar, y con ello hacerse más comprensivos y menosracistas o intolerantes. Y a quienes tengáis menos costumbre de leer, oconsideréis que con leer los libros de texto tenéis de sobra, osrecomiendo muy afectuosamente que probéis, que pidáis a los profesores,y también a los compañeros que sí lean, que os recomienden algunoslibros que les parezcan idóneos. Muchas personas han enriquecido graciasa la lectura su vida interior y su vocabulario y su imaginación, hanPágina 2logrado que su conversación sea más interesante y variada, han aprendidomuchas cosas del mundo y de la vida sin el esfuerzo que requieren loslibros de texto y ensayo, se han divertido, emocionado e intrigado, yhan desarrollado su imaginación. ¿Hay quien dé más? YR 2016 FD 2016-05-09 LK http://hdl.handle.net/10630/11301 UL http://hdl.handle.net/10630/11301 LA spa NO Universidad de Málaga. Campus de Excelencia Internacional Andalucía Tech. DS RIUMA. Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga RD 20 ene 2026